「Capítulo 7」
– Distress –
La ligera lluvia que envolvía la ciudad, los murmullos y risas de los consumidores, el ruido de la radio que trasmitía diversas canciones de algunos años atrás y el burbujeante hervir de los fideos, todo ello, era ignorado por el Uzumaki y su acompañante, Haruno.
Con el móvil apegado a su oreja derecha, el rubio sólo veía de reojo a su adversa, sintiendo la presión que su expectante mirada le otorgaba, junto con un continuo golpeteo en la mesa con su dedo índice. Era la cuarta vez que marcaba al azabache. Esperó en la línea, dejando que el tono de espera resonara en su oído hasta que una voz artificial contestó en su lugar y, resignado, terminó la llamada. Inhaló profundamente, llegando hasta sus fosas nasales el aroma de los platillos recién preparados y aguardando a ser consumidos. Pero, a pesar de tener frente suyo un tazón de Ramen de res, su apetito no lograba presentarse. Desanimado, exhaló en un sonoro suspiro, desviando la mirada hacia el asiento vacío en su costado.
– ¿Ves? Te lo dije, no me contesta y no lo hará.
– Bueno, ¿y si me das su número? ¿Crees que me conteste? – Sin dejar de hablar, buscó en el bolso su móvil. Desbloqueó la pantalla, creando un nuevo contacto.
– Sakura, ¿segura que todo esto es por Hinata? – Al ver la reacción de su adversa y escuchar la duda en sus palabras, el rubio comprendió la situación –. Ah, no importa… Su número es…
En la escuela elemental, su atención sólo era dirigida hacia la chica de ojos jade. Desde el primer instante en que la vio cruzar la puerta del salón, le pareció una niña bastante linda. Sin embargo no todo fue físico. Con el pasar de los días, las razones por las que gustaba de ella aumentaban, dejando de lado su apariencia, enfocándose en sus virtudes y defectos: Las sonrisas llenas de entusiasmo al hacer sus actividades favoritas, aprobar un examen o pasar tiempo con sus amigos, las lágrimas que evitaba derramar cuando caía, fallaba una prueba o peleaba con su mejor amiga. Pero, no había nada en el mundo que quisiera más, que el ver esa reluciente sonrisa en su rostro. Sus pensamientos no podían ser dirigidos a nadie más, a pesar de no ser correspondido de la misma forma.
Y el sentimiento perduró aun cuando el rubio se encontraba en el extranjero. A pesar de haberse topado con bastantes chicas, unas más atractivas, otras más comprensivas, él sólo tenía en su mente a una: Haruno Sakura.
Cuando veía el viejo álbum fotográfico, sus ojos buscaban por instinto a la peli-rosa, encontrándola en segundos. La nostalgia lo invadía. En ocasiones dejaba que su mente volara, imaginando o planeando encuentros con la menor, dejándole saber a su mejor amigo, el Uchiha, sobre estos, sin importarle lo imposibles que pudieran ser. ¿Cuánto habrá crecido? ¿Me recordará? ¿Seguirá igual o más hermosa que antes? Eran cuestionamientos que pronto respondería por sí mismo. Una nueva menta había surgido en su camino.
Sin embargo, todas sus ilusiones se vieron derrumbadas aquella tarde en la que su compañera, su amor platónico, dedicaba sus pensamientos hacia otra persona. Había olvidado la sensación que dejaba esa situación, había idealizado tanto un encuentro que no tomó en cuenta los gustos y sentimientos ajenos. Sin querer, dejó que la emoción de entablar una conversación con ella, vía mensaje, guiara sus acciones, por lo que no culpaba a nadie más que él mismo por una ilusión pasajera.
– Toma, éste es el número de Hinata – La voz femenina sacó de su ensimismamiento al rubio, tomándolo por sorpresa. Observó el pedazo de papel que extendía su adversa hacia él y, ligeramente extrañado, lo tomó –. Para que sea recíproco, por haberme dado el número de Sasuke.
– Ah, gracias, creo…
– Deberías hablarle. No sé, quizá le guste tu llamada y tengan una agradable conversación – El rubio sólo asintió, con un gesto con el que intentaba expresar una sonrisa.
Después de haber recorrido la ciudad en busca de dispersar sus pensamientos, regresó a su departamento. Dejó caer su cuerpo sobre la cama y, sin ánimos de continuar ese día, cerró sus ojos.
En sus pensamientos, o lo que él conocía como sueños, el rostro sonriente de la peli-rosa aparecía como una imagen lejana. Por más que corriera, exigiendo a sus piernas una mayor velocidad, o por más que estirara sus brazos, pidiendo que estos fueran más largos, no podía alcanzarla. Desesperado, abrió los ojos de par en par. Observó por algunos minutos el grisáceo techo de su habitación y dejó que un desanimado suspiro llenara la habitación.
Por reflejo buscó su celular entre el bolsillo interno de su chaqueta, desbloqueó la pantalla y abrió la lista de sus contactos. Por unos instantes dejó su mirada clavada en el nombre de su enamorada, pensando en llamarle o seguir la conversación pendiente, pero desistió. Quizá ella esperaba el mensaje de alguien más. Fue entonces que recordó el papel con el número de la oji-perla. Lo buscó entre sus bolsillos, encontrándolo en la parte trasera de su pantalón. Anotó el número, lo guardó y observó por unos momentos, dudoso de lo que pensaba hacer.
"¡Hola, Hinata! Sakura me dio tu número y, bueno, me preguntaba si podía llamarte… ¿Puedo?... ¡Ah! Soy Naruto." – Presionó el botón para enviar el mensaje y, al hacerlo, un nuevo suspiro escapó de sus labios. De una, u otra forma, tenía que sacar a la peli-rosa de sus pensamientos, por lo menos esa noche. Poco tiempo después recibió la respuesta de la oji-perla.
– ¿D-Diga? – Al otro lado del auricular se podía escuchar una dulce y temblorosa voz, causando un poco de gracia hacia su receptor.
– Disculpa que te haya llamado a esta hora. Dime, ¿llegaste bien a tu casa? – A pesar de no tener una idea concreta para su conversación, dejó que las cosas tomaran su propio rumbo.
– No, no. No tienes por qué disculparte, estaba despierta de todas formas – Una risa nerviosa escapó de los labios de la morena –. Y estoy bien. Un poco empapada, pero bien.
– ¿Eh? ¿Por qué empapada? ¿Sasuke no te dejaba ir? ¿Quieres que lo golpee?
– ¡No, nada de eso! Sasuke… – Al pronunciar aquél nombre, su corazón palpitaba cada vez más acelerado –. Él no hizo nada malo.
Su ritmo cardíaco presentaba ligeras alteraciones, su nerviosismo le hacía perder temperatura en sus manos y daba color a sus mejillas. Algo no andaba bien, sus sentimientos eran confusos y sus pensamientos sólo empeoraban su situación actual.
