「Capítulo 8」
– Intervention –
Las hojas que danzaban junto al viento, aquellas que eran arrastradas por la suela de los transeúntes o las que se mantenían firmes en las ramas, anunciaban el pasar del tiempo sobre los que estaban tan ocupados de pensar en ello. Sólo algunos que dedicaran un segundo, cada día, hacia las ramificaciones de los árboles en la gran ciudad, podrían distinguir que le otoño hacía de las suyas, robando la vitalidad de los mismos, dejando a su alrededor un paisaje desalentador. Y, como si se tratase de una tregua, las grisáceas nubes desaparecían por algunos momentos, dejando que el Sol acogiera los cuerpos, tratando de apaciguar las frías ventiscas con sus débiles y cálidos rayos y, por las noches, la Luna aprovechaba para iluminar los oscuros rincones.
– Oye, Hinata, después del trabajo, ¿me acompañarías a comprar algunas cosas?
Desde aquél día, en el restaurante, la morena había preferido mantener la distancia con su compañera, hablándole sólo para lo necesario; la atención a sus pacientes. No tenía rencor hacia ella, sabía sus actitudes y cómo era la visión que tenía sobre su persona, pues con el pasar del tiempo se había acostumbrado a las palabras arrebatadas de la peli-rosa. Pero esta vez era diferente. En esta ocasión no se trataba sobre sus sentimientos, sino los de su compañero de la infancia, el rubio por el cual sus emociones seguían alterándose.
A pesar de salir juntas en algunas ocasiones, la morena no se consideraba como la amiga más cercana a la peli-rosa, sin embargo la conocía lo suficiente. Pero, aunque anticipara las acciones ajenas, no evitó sorprenderse con su actitud en aquella lluviosa y fría tarde. Y, sin ánimos, aceptó la invitación de su compañera. De alguna u otra forma, tenía que disfrazar su desagrado y dejar de evitarla, ya que, a fin de cuentas, era una persona que apreciaba.
El término de su jornada llegó a las 19:20. Cambiaron su vestimenta y tomaron sus pertenencias del locker correspondiente. En el camino hacia las tiendas departamentales que seguían abiertas, el único sonido que se escuchaba era el eco de las pisadas ajenas, el motor de los vehículos, las voces que sobresalían con los megáfonos o la música que anunciaba sus productos, pero, entre ellas, la falta de palabras llegaba a incomodar su andar.
– ¿Sabes? Tengo planeado hacerle una fiesta sorpresa a Naruto, su cumpleaños está cerca – Extrañada, la morena fijó su mirada en su adversa –. Ya hablé con Ino, Shikamaru y todos nuestros antiguos compañeros, ¡por supuesto, tú estás invitada! – A pesar de no saber cómo reaccionar, regaló una sonrisa y agradeció el gesto, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra más, la oji-jade prosiguió –. También tengo planeado invitar a Sasuke, pero por alguna razón no contesta mis llamadas – Todo comenzaba a aclararse.
– ¿Por qué a él?
– Bueno, es el mejor amigo de Naruto, ¿no? – Aquello era cierto, sin embargo, la morena no podía creer del todo en las palabras ajenas –. ¿Cómo me queda este vestido? – Entre sus manos sujetaba un vestido a dos piezas, siendo el blusón de un rosa pastel mientras que la falda a juego mostraba un beige bajo la luz artificial del almacén. Lo observó por unos instantes y lo devolvió al estante, buscando otra prenda de su agrado.
Permanecieron en silencio mientras veían los vestidos, probándose varios modelos para elegir el adecuado. Aunque, para la morena, el estilo o color de la prenda no era lo que le preocupaba. Tenía el presentimiento que en la boca de la oji-jade aún había algo más, algo que no quería dejar fluir como cualquier palabra. Algo que, probablemente, tenía que ver con el azabache.
Pensar en ello provocaba un extraño sentimiento. Un hueco en su interior. Si ponía atención a cada una de las sensaciones que se presentaban en ella, podía descubrir que sus manos comenzaban a sudar, sentía su respiración cada vez más agitada, al igual que el latir de su corazón. No prestaba atención a su entorno y, en su mente, sólo podía divisar los rostros de los dos jóvenes que últimamente habían provocado revuelos en su ser.
En la salida del almacén, la peli-rosa buscó en el bolso su móvil, mientras, su adversa sólo esperaba a que continuaran su andar. A pesar de que el viento no soplara con la misma intensidad que los días pasados, el frío podía sentirse incluso entre la multitud, provocando que las personas abrocharan sus chaquetas o colocaran gorros sobre sus cabezas. Si la temperatura disminuyera unos grados, comenzarían a temer por una repentina nevada. Repentinamente, la mayor mostró el móvil a la oji-perla, mostrando en la pantalla el número de algún contacto. Sin entender mucho, esperó a que explicara su acción.
– Este es el número de Sasuke –. La morena seguía sin entender –. Sé que siempre te hago peticiones extrañas y que podrían incomodarte, pero en esta ocasión no es por mí, sino por Naruto – Escéptica, mantuvo el silencio. No sabía cómo afrontar a su adversa ante aquella situación, las palabras no venían a su mente. Apretó sus manos discretamente, esforzándose por no mostrar expresión alguna en su rostro –. ¿Podrías llamarlo e invitarlo? Eso haría muy feliz a Naruto –. Y con una sonrisa a medias y forzada, aceptó.
La oscuridad en su departamento nuevamente se hacía presente. La luz de luna mantenía alumbrados los muebles y alargaba las sombras de los mismos. Las ventanas permanecían cerradas por lo que ningún ruido podía irrumpir en el silencio que envolvía su alrededor.
Aferrando sus piernas a su torso, recargando su rostro en sus frías rodillas, la morena contemplaba su celular desde el ventanal. ¿Qué es lo que debería hacer? Se preguntaba con insistencia. En su mente aparecían dos escenarios distintos. En uno podía ver al rubio disfrutando de la compañía que el moreno le significaba, pues en una ciudad donde no conocía a nadie él era su único aliado. Pero, por el otro, sólo podía ver a la peli-rosa buscando la atención del mismo joven, a costa de los sentimientos que el rubio demostraba hacia la mayor.
– La próxima vez, cuando algo no te parezca, simplemente recházalo.
Como un eco, las palabras que el azabache había dedicado a la morena llegaron a sus pensamientos. Parecían haberle dado el impulso que necesitaba en aquél momento. Y, con un profundo suspiro, tomó el celular. El tono de espera retumbaba en su tímpano derecho. Con cada segundo que pasaba, su corazón se aceleraba.
– ¿Diga? – Pudo sentir como su corazón se detenía por unos instantes tras escuchar aquella voz. Había olvidado el timbre grave de su receptor, aunque por posibles interferencias, escuchaba un ligero tono rasposo en el mismo. Sintió un pequeño escalofrío recorrer su espalda.
– Sasuke… – En su hablar se hacía presente un vibrato, producto de su nerviosismo –. No sé… No sé qué hacer – Sin que lo previniera, sus sentimientos comenzaron a salir en forma de diminutos cristales que recorrían sus mejillas –. Por favor… Ya no quiero seguir así…
