II
Y maldita sea, que no había sido Gryffindor.
Nadie se podía creer lo que había sucedido ese día en el gran comedor. Cuando James subió y se puso el sombrero en la cabeza y este grito ¡Slytherin! los dos chicos que lo esperaban abajo casi sufren un infarto.
No procesaban aún bien la idea cuando Dominique fue llamada y mandada a Slytherin también. Y a pesar de todo, de ver como sus dos primos favoritos eran mandados a Slytherin, Fred no pudo creer que esa cosa volviera a gritar el nombre de la casa de las serpientes cuando él estuvo arriba.
Aun cuando ya había pasado un año desde eso, Victorie seguía diciéndoles a James y Fred que no se les ocurriera dejar a la rubia sola en ningún momento. Ellos seguían diciendo que procurarían no hacerlo, pero que no se hacían responsables si en algún momento Dominique se escabullía por entre los sillones como el reptil que era y se escapaba. Y Victorie seguía perdiendo los nervios cada que los escuchaba.
Los tres chicos ya se habían hecho la idea de que ese era su hogar, y en el verano, en una casa llena de leones, defendían a capa y espada a Slytherin.
–Realmente no me sorprende mucho –Dijo Ginny sonriendo un tanto divertida mientras escuchaba a Ron y Percy pelear como dos niños contra los tres Slytherins.
–Mamá tiene razón, nosotros éramos Slytherins desde la cuna, solo que aún no lo descubríamos, y el sombrero seleccionador nos ayudó a encontrar el rumbo de lo que sería nuestra gloria cuando nos envió a Slytherin –Sonrió ampliamente mientras intercambiaba una mirada con sus dos primos.
–Sip, por suerte somos una decepción familiar –Dijo Dominique riendo.
–No son una decepción familiar, chicos –Les dijo Harry con una leve mirada de diversión.
–¡Oh tío, no vuelvas a decir eso, nos hieres profundamente! –Exclamó dramáticamente Fred.
Todos rieron, mientras Ron preparaba mentalmente el discurso que les daría a Rose y Hugo para evitar que algo así terminara pasándole a él.
