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「Capítulo 14」
– Outcomes –
Alumbrados por las luces de los faros, separadas por cinco metros una de otra, seguían su camino entre la multitud. Evitando la mirada el uno del otro. El ambiente que les rodeaba comenzaba a parecer incómodo y difícil de llevar, sin embargo, la chica de mirada serena, no dejaría pasar aquello como un día más. Debía encontrar una explicación lógica a sus repentinos cambios de actitud impulsados, claro, por aquél joven azabache.
– Y, entonces, tu recuperación fue rápida, ¿no?
– Sí.
– Me alegro de escuchar eso –, comentaba la morena mientras su rostro dibujaba una clara inseguridad –. ¿Y tu motocicleta? ¿Ya la arreglaste por completo?
– Aún faltan detalles.
– Ya veo –, prosiguió con titubeos –. Ya veo…
Por más esfuerzo que hiciera en seguir la conversación, la menor sentía como si un gran abismo los separara; algo que le impedía seguir adelante. No encontraba las palabras correctas, y éstas parecían temerosas de salir. Lentamente, las dudas comenzaban a invadirla. "¿Es verdad que gusta de mí?", "¿Y si sólo quiere llegar a Sakura?"… "Pero, entonces, ¿aquél beso qué significó?"
El paisaje que se dibujaba frente a la morena, cuando reparaba en éste, le parecía un mundo paralelo, mientras, la silueta masculina que caminaba a su costado se convertía poco a poco en una sombra opaca e inalcanzable. Recordaba el roce de la mano ajena; cálida, y con la fuerza necesaria para sostener la propia. En cambio, podía asegurar que, al tomar la palma de aquella sombra desconocida, el frío se impregnaría en su piel hasta llegar a lo más profundo de su ser. Pensar en esa reacción le provocaba un vacío en su estómago; "¿Por qué sentía esa extraña sensación?"
Alzó la vista nuevamente, esta vez con dirección hacia su adverso. Lo observó con atención; Su cabello despeinado por el viento que soplaba a contra dirección, el carmesí que resaltaba en los pómulos y la punta de la nariz, dando color a sus pálidos tegumentos, y sus labios, aquellas carnosidades que habían tomado sin permiso un beso, usurpando a su vez un suspiro y dejando en su lugar confusión. Sin percatarse, sus dedos acariciaron con delicadeza la comisura de su labio inferior. "¿Por qué le daba tantas vueltas al asunto?"
– Sasuke… – La débil, pero tenue voz de la menor llamó la atención del Uchiha, haciendo que éste girara su cuerpo en una media vuelta, percatándose de la distancia entre su acompañante y él –. ¿Podemos sentarnos un rato? – En su vida, había visto cientos de sonrisas: Algunas radiantes de alegría, otras tantas con un deje de melancolía, existían aquellas que se fingían con el fin de lograr una armonía entre el producto anunciado o sólo las que buscaban concluir una tarea tediosa. Sin embargo, el gesto que mostraba la menor iba más allá de todas esas expresiones expuestas en cualquier álbum de muestra.
Para el moreno, el ambiente entre ambos no le era desconocido, pues a pesar de no mostrar interés alguno en nada en particular, dio oportunidad a lo que algunos llaman "amor", siendo poco gratas sus experiencias en ello. Pero, la mujer que se reflejaba en sus pupilas le significaba un mundo nuevo; algo que carecía de explicaciones y se enfocaba en inesperadas acciones. No creía en definiciones incoherentes, ficticias o, como normalmente se les describía, "cursilerías", a pesar de ello, al observar los cristalinos y vívidos ojos de su adversa, algo en su interior se hacía presente.
– Sasuke –, sin previo aviso, la voz de la menor volvió a interrumpir sus pensamientos –. Quisiera… – Con lentitud la morena alzó la vista hacia él, desviándola al instante al percatarse que éste la observaba atentamente –. Quisiera disculparme –, sin percatarse de sus acciones, el moreno volteó los ojos en blanco. Nunca había sido tan paciente con alguien que sólo sabía bajar la cabeza –. Creo que me he precipitado en tomar tu brazo y, prácticamente, obligado a tener una cita conmigo.
– ¿Estás hablando en serio? – Encaró una ceja. Ella asintió.
– Me dejé llevar por el cúmulo de emociones. Tú… Tú apareciste en un momento en el que más necesitaba el apoyo de alguien y, a pesar de haber sido un poco rudas, en tus palabras encontré el impulso necesario para seguir –, la fuerza en sus nudillos empezaba a enrojecer los mismos –. Últimamente han pasado muchas cosas a mi alrededor que me tienen confundida… Quise seguir un impulso, demostrar que podía dejar esa debilidad en mí… Pero, en definitiva, yo no soy así.
La repentina confesión de la morena dejó sin palabras a su mayor. Era como si, después de un tiempo, la mujer que le transmitió confianza y tranquilidad, hubiese aparecido de la nada. Esa enfermera que parecía tratarlo como un humano más en el planeta, y no como un ser supremo y perfecto que cualquier mujer idolatraba.
– ¿Entonces intentabas impresionarme?
– ¡No se trata de eso! – Sonrojada, trató de encararlo –. Tú y yo nos conocimos en el hospital, fuiste mi paciente y yo no puedo salir con alguien así. Lo que quería era dejar a un lado todos esos protocolos que tengo en mi cabeza e intentar conocerte más allá de un historial clínico.
– Entonces, ¿estás aceptando salir conmigo?
– N-No… – Unió ambos índices en un jugueteo nervioso –. Quiero conocerte, sí, pero no con el fin de tener una relación ahora mismo. Ser amigos, por el momento eso estaría bien… Para mí.
Algo en aquella mujer no dejaba que su mente se mantuviese despejada; esa sonrisa que carecía de respuesta lógica al hecho que, después de haber presenciado sinfín de casos clínicos, siguiera igual de reluciente todos los días; Esa dulce y tímida voz que trataba con todas sus fuerzas en obtener un deje de seguridad; Y esos ojos de un hermoso color perla, reflejaban numerosas emociones pero, sobre todo, reflejaba la sinceridad que pocas personas habían mostrado frente a él.
– Entonces… ¿Puedo contar contigo? – Unos segundos bastaron para que el moreno mostrase un gesto a su menor, una ligera pero tenue sonrisa se dibujó en sus labios mientras asentía, dándole así la pauta a pensar que todo empezaba a mejorar entre ellos.
