Capítulo 4.
¿Sesshōmaru ama a Kagome?
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Va a morir.
Esta vez es en serio.
En un momento se dirigía a la dirección que le indicó Jinenji… y al siguiente ahí estaba un muy apuesto, bien vestido y terrorífico demonio a mitad de su camino mientras ella temblaba de miedo. La miraron un par de ojos dorados entrecerrados, los cuales le provocaron escalofríos hasta el alma.
Él sólo se quedó ahí.
Observando.
¡Sólo observando!
¿Debería correr? ¿Tratar de rodearlo? ¿Ignorarlo? ¿Coquetearle?
Un vistazo a las armas que portaba tan fácilmente dejaba claro que una pelea estaba fuera de discusión. Viajar para encontrar a Kagome estaba tomando mucho más de lo que había previsto, y su vientre había comenzado a crecer más notablemente… redondo, durante el viaje. No podía arriesgar al cachorro en una pelea. No —admitió sinceramente—, pelear fue realmente una opción al principio.
Con nerviosismo cambió su peso de un pie a otro mientras jugaba con la punta de una de sus coletas.
—Hola —dijo finalmente—. Yo… necesito pasar.
Su cabello plateado destelló en la luz y después ya no estaba. Ayame parpadeó y su cuerpo suspiró aliviado, deslizó su mano hacia su estómago. ¡Eso había sido fácil!
—Busca a Kagome Higurashi.
Ayame chilló aterrorizada, dio un brinco al lado y se dio vuelta para encararlo… desde el lugar en el suelo donde cayó.
¿Cómo había aparecido detrás de ella tan rápido? ¡Ni siquiera Kōga era tan veloz!
Se echó atrás, fuera de su alcance, Ayame repasó sus opciones. Correr estaba fuera de sus posibilidades. Tratar de rodearlo no parecía muy viable tampoco. Y no era lo suficientemente valiente como para ignorarlo… no podía tomar ese riesgo. Así que sus opciones se resumían a… ¿coquetearle?
Seguro, era tan buena como un muerto.
Pero tenía que intentarlo.
—Heh… heh… hee —se rió, en lo que esperaba fuera una encantadora risilla de chica tonta a la vez que trataba de forzar sus labios a sonreír. Cuando el demonio achicó los ojos ella apretó los labios y se aseguró que fuera una sonrisa que no mostrara colmillos.
—Um… —dijo Ayame mientras trataba de ponerse de pie con gracia, pero estaba casi segura de que lucía más como una lucha contra el pánico—. Uh… sí, yo… estoy buscando a Kagome.
Agarró sus manos detrás de su espalda y se meció sobre sus talones, tratando de lucir despreocupada y encantadora. Entonces, rápidamente movió sus manos de su espalda al frente como alguna pequeña protección para su bebé.
— ¿Tú… tú sabes dónde está?
Parpadeó rápidamente en un intento fallido de batir las pestañas. Su estómago hecho un nudo por el temor y Ayame tenía un muy mal presentimiento de que su defensa contra el demonio estaba a punto de volverse un poco desastrosa… y disgustante.
¡Sé encantadora! ¡Coquetea! ¡Haz algo Ayame!
—Estoy segura que alguien tan… —atemorizante, escalofriante hasta los huesos—… umm… —atemorizante, ¡esa era la única palabra en la que podía pensar!—, uh… ¿inteligente? Como tú sabría cuál dirección debería tomar.
La miró como si fuera nada, que era exactamente la manera en la que se sentía en ese momento. Coquetearle no iba a funcionar. ¿Qué sabía ella de ese demonio? Era el hermano, no, medio hermano de InuYasha. Se odiaban. O… solían hacerlo. ¿Todavía lo hacían? Hubo rumores, cuchicheos en la manada, pero raramente les prestó atención. Había estado tratando muy duro en conseguir la atención de Kōga.
¿Querría a Kagome muerta para debilitar a InuYasha? ¿La consideraba parte de su familia? Cualquiera que conociera a InuYasha sabía que Kagome lo hizo más fuerte. Ella es su fuerza y su debilidad. Dañar a Kagome sería dañar a InuYasha. ¿Cómo tomaría tal acto su medio hermano, una vez enemigo?
A juzgar por su mirada mortalmente helada, no muy bien.
Ayame sólo tenía una opción.
La verdad.
Respiró hondo y tranquilizó sus nervios. Separando sus pies ligeramente, en caso de que necesitara pelear o huir, cuadró los hombros y miró hacia arriba… muy arriba, a esos fríos y dorados ojos. Ella podría caer pero caería lo haría peleando para proteger a su pequeño. No estaba indefensa. Exhaló.
—Necesito encontrarla. Necesito verla. Hablar con ella. Mi compañero está obsesionado con ella. Yo… necesito descubrir porqué, ¿por qué no soy suficiente?
La loba se sintió siendo juzgada. La puso nerviosa ser observada tan fríamente y por tanto tiempo, pero lo dejó. Cuando él le dio la espalda, pudo finalmente respirar aun cuando no había notado estar conteniendo la respiración. Se disculpó con el pequeño por hacerlo y le dio una palmadita a su estómago.
—Vamos, Rin —ordenó Sesshōmaru. Entonces, sin girarse, dijo a Ayame—. Sígueme.
Ayame parpadeó. ¿Él iba a… guiarla hasta ella, en serio?
—El Señor Sesshōmaru le trajo a Rin este hermoso nuevo kimono —dijo una niñita que salió prácticamente de la nada y le sonrió brillante—. Él viene y visita a Rin cada semana ahora que Rin vive en la aldea con su nueva hermana y hermano. A Rin le agradan Kagome e InuYasha… pero extraña mucho al Señor Sesshōmaru cuando se va.
Un gracioso demonio verde, Ayame no tenía idea de qué era, persiguió a la niñita, ondeando un objeto extraño. Eso hizo a Sesshōmaru más… interesante debido a su compañía. Aunque, no menos terrorífico.
—Amarás a Kagome —Rin le dijo—. Todos aman a Kagome.
Ayame los siguió, temerosa de finalmente confrontar a Kagome y conseguir respuestas.
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