Aquí viene el capítulo cuatro :D

Sin más: ¡READING WAS SAID!

*Soul eater no me pertenece


*Capítulo 4: 'EL MUNDO CAYENDO SILENCIOSAMENTE EN TUS MANOS'


La fiesta estaba por acabarse debido a la borrachera que abundaba en el departamento. Tsubaki recogió del suelo a BlackStar quien tenía una botella casi vacía en sus manos. Él no quería irse. Patti estaba en las mismas. Al lado suyo le dejaron un florero puesto que ella no alcanzaba a llegar al baño a vomitar. Liz la cogió de los hombros.

-Ya nos tenemos que ir, Patti.

-¡No! la fiesta aún no acaba.- Al hablar, se agitaba hacia todos los lados del sillón. Kid no quería que siguiera moviéndose puesto que volvería a vomitar.

-Patti, en casa hay más botellas de cerveza y ron.- Le dijo Kid. Esa era la única forma de hacerla mover. Al llegar a casa le darían una taza de café y luego la mandarían a dormir.

Patti se puso de pie a duras penas y entre Kid y Liz la cogieron de cada brazo para ayudarla a caminar. Antes de salir por la puerta, Kid volteó y con un gesto de manos se despidió.

-Muchas gracias por la invitación, chicos. Les deseo lo mejor.

El único que se salvaba de la resaca de la mañana siguiente era Soul. Debido a la constante mirada de Spirit sobre él, no pudo beber tranquilo. Se sentía nervioso y acorralado, él sabía desde un principio que el padre de Maka jamás lo aprobaría. Desde que lo conoció presentándose como el arma de su hija que no lo aprobaba, mucho menos como su esposo lo haría.

Sus profesores también se habían retirado junto con sus amigos. El que desistía en irse era Spirit. Él esperó tranquilamente a que todos se fueran para quedar a solas con su hija y su prometido. Soul ya veía venir eso desde el inicio de la fiesta.

Maka cerró la puerta de su departamento y volteó a ver hacia el living y se encontró con su padre aún instalado en el sofá. Caminó hacia él y le preguntó.

-¿Sigues aquí? creí que te irías junto con Stein-Hakase y Marie-Sensei.

Spirit suspiró y se puso de pie. Dió un par de vueltas entre los sillones para lograr poner más nervioso a Soul. Y lo conseguía. Maka se mantenía serena. Con o sin su bendición se casaría igual con el hombre a quien amaba.

-No estoy de acuerdo con esto.- Habló al fin.- Hija, él no es el hombre indicado para ti.

Maka respondió.

-Es el hombre que amo y quiero en mi vida. Ya lo sabes, ¿por qué sigues insistiendo con que no lo es? ¿acaso te ha demostrado lo contrario? se ha quedado a mi lado todos estos años sin marcharse.

-¿Cómo serán sus hijos? ¿cómo los mantendrán si apenas tienen para ustedes?- Maka se ruborizó un poco. Si bien aún eran jóvenes y tener hijos a esas alturas les vendría en contra. No hacía falta que su padre le recordara su situación económica. Sin embargo se emocionaba al pensar en bebés.

-Creo que exageras mucho, padre. No lo veas por ese lado, piensa en mi felicidad.

-Claro que pienso en tu felicidad.-Le respondió.

-¿Sì? ¿sabes una cosa?- Maka caminó hacia Soul y le cogió del brazo.-Mi felicidad está con él.- Lo último lo confirmó. Le afirmó con la mirada dura. Spirit no podría hacer que cambiara de opinión. Los sentimientos de su hija le iban en contra. Tenía que hacerse la idea de cómo era e iba a ser la realidad, ya que si seguía oponiéndose terminaría perdiendo completamente a su hija.

Spirit suspiró resignado. Desde que le presentó a Soul hace muchos años atrás que estuvo intentando convencerla de que él no era el indicado. Siempre fracasó y ese día por fin entendió que siempre lo haría. Llevó ambas manos a los hombros de su hija y le preguntó.

-¿Estás segura de esto?

-Sí. Segura.-Le respondió firmemente.

Spirit bajó la cabeza y luego la levantó con una sonrisa.

-Bien, pues confío en ti y que hayas tomado una buena decisión.

Maka le sonrió contenta mientras tomaba las manos de su padre.

-¿Entonces nos das la bendición?- preguntó emocionada.

-Así es.- Le costó responderle pues iba en contra de lo que siempre quiso. Sin embargo ahora tenía que hacerse la idea y por mucho que le costase lo lograría.

Maka le abrazó fuertemente agradeciéndole la aceptación. Soul suspiró botando todo el aire que mantuvo guardado en sus pulmones. Era como si estuviera aguantándose la respiración todo el momento tenso de la charla de padre e hija.

Spirit miró serio a Soul y le exigió que cuidase bien de su hija y que la protegiera. Él le prometió aquello. Después de eso Spirit se marchó del departamento.

Soul y Maka volvieron a quedar solos en casa. La última abrazó a Soul por la tranquilidad y felicidad que tenía en ese momento.

-Ya todos lo saben y al fin mi padre te aceptó. No te imaginas como me siento en este momento.

Soul la envolvió en sus brazos y le besó la frente.

-Creo sentir lo mismo.-Le respondió.- ¿Te parece si ordenamos todo este desorden?

-De acuerdo, pero tú limpias el florero.


Maka se ató el cabello con una cola de caballo y agarró el trapero. Se dedicó a limpiar bien el suelo y los muebles. Soul cambió la música y le subió el volumen. Detestaba limpiar y más aún si era sin música. Soul llevó los platos y los vasos a la cocina y mientras los lavaba recordó el caso de la familia desaparecida. Aquello le resultó extraño e interesante. No dudó en hablarlo con Maka.

-Oye, Maka, extraño es lo del caso de los amigos de Stein, ¿no lo crees?

Maka levantó la cabeza y le respondió.

-Sí. Es muy lamentable eso. Qué lástima por Stein-hakase.

Soul dejó los platos a un lado y secó sus manos con una toalla y se aproximó hacia ella.

-¿Te parece si nos involucramos en la búsqueda?-Le preguntó con una sonrisa.

-¿Eh?- Maka no entendía por qué Soul quería hacer eso. Era repentino. Creía que ya se había acostumbrado a la vida cotidiana y no a las batallas.- No entiendo.

-Piénsalo. Así hacemos algo divertido. Hace muchos años que no hacemos misiones y no nos divertimos en eso por la estúpida regla de Kid. Además si lo hacemos bien y damos con los amigos de Stein quizá nos den dinero. ¿No te parece fantástico un poco de acción?

-¡Claro que no!-Le respondió tajante.- No ganaremos dinero de esa forma, ya lo sabes. Tienes que trabajar. Kid no nos ha pedido ayuda y meternos sin permiso nos complicará más las cosas. Dejemos así. Kid verá cómo solucionar ese problema.

-No entiendo, Maka. Antes te gustaba hacer misiones. Te divertías. Ahora estas aburrida.- Le confesó.

-Yo supe adaptarme a esta nueva vida. Además si ayudamos, ¿Cómo nos casaremos?, prefiero la boda. Es más importante para mi.- Le respondió.

Soul no quiso iniciar una discusión por esa misión de modo que aceptó y le dio la razón a Maka.

-Está bien, como digas.

Soul tomó más platos y algunas botellas y se dirigió a la cocina a seguir lavando.


Cerró la puerta detrás de si y rechinó de tal forma que se escuchó por toda la casa. Netyel se había marchado de Death City y se encontraba en una de las casas de veraneo que tenía con su familia. Ésta estaba abandonada, un poco deteriorada su madera por la humedad, los muebles y decoraciones empolvados y hasta no dudaba que por las noches se escuchara el chillido de las ratas mientras roen las paredes.

De su bolsillo sacó una llave que lucía un poco oxidada. Se agachó en el pasillo de la casa y corrió la alfombra, encontrándose con una puerta que daba hacia el subterráneo. Sonrió como un demente por volver a ver esa puerta, como si ésta pudiese haberse movido de ahí en todos los años que habían pasado. Introdujo la llave y abrió la puerta lentamente. Se veía todo oscuro hacia dentro pero eso ni le importó a Netyel, él se introdujo de un salto.

Una vez dentro buscó en dónde encender la luz y dejó caer el saco con los cuerpos de su familia brutalmente al suelo. Se encontraba en su laboratorio secreto favorito. De todos los que tenía por cada casa, éste era el laboratorio más grande que cualquiera. Anteriormente Netyel realizaba necromancia e investigaba los cuerpos de los kishines intentando que volviesen a ser humanos. El gran tamaño del laboratorio se debía a las cantidades de jaulas que poseía dentro para encerrar a los kishines activos.

Ahora tenía otros planes. Otros objetivos y otra mentalidad.

Netyel abrió el saco y arrojó los cuerpos encima de una gran mesa en donde realizaba cirugías en otros tiempos. Abrió un cajón y de éste recogió sus lentes y unos instrumentos de cirujano. Cogió del perchero una bata un poco arrugada por el tiempo que llevaba ahí y examinó rápidamente los cuerpos.

-Están bien feos. No me sirven.- se quejó mientras movía los cuerpos de sus hijos.

Los tomó de los brazos y los arrojó al suelo deshechandolos, dejando en la mesa sólo el cuerpo de su esposa. Llevó su mano delicadamente hacia la barbilla de ella y la acarició suavemente.

-Oh querida, estás preciosa.- Le confesó casi en un susurro.- Pero quedarás más hermosa aún cuando te transforme en un kishin.- Lo último se lo mencionó con un grado de locura y excitación en sus palabras. Apretó con fuerza su barbilla y se acercó a ella y la besó en sus fríos y duros labios. Brutalmente le enterró un cuchillo en su abdomen y la destrozó desfigurándole las caderas y cintura.

Netyel estaba consciente que por mucho que modificara sus cuerpos, órganos o implantara, necesitaba algo más fuerte, imprescindible y esencial: Locura, almas humanas. Cualquier esfuerzo sería inútil sin esos factores.

Dejó a un lado sus instrumentos y corrió hasta un estante el cual abrió brutalmente para encontrar lo que buscaba.

-Aquí están.- mencionó mientras cogía en sus manos uno de esos frascos que yacían ahí guardados.-Me alegra tanto no haberme deshecho de ustedes. Ah,-exclamó.- cuanta locura.- Respiraba cerca de los frascos y creía sentir el mismísimo olor de la locura.

En tiempos de antaño cuando realizaba investigaciones y examinaba kishines, a los cuantos que pudo liberar de la locura, lograba encerrar a ésta en frascos, guardando cada uno de ellos en aquel estante. Prácticamente era la locura de los kishines comprimida en sangre negra.

Movía y examinaba el frasco que poseía en sus manos y no pudo evitar reír desenfrenadamente por todo el poder que pronto tendría en sus manos. Su sonrisa enferma se reflejaba en el vidrio pequeño frasco que apretaba con sus manos.