Vidas pasadas
Capitulo 3
"Bridget"
Las palabras de Endymion aun resuenan en mi cabeza "Soy inmortal" son más que increíbles. Una parte de mi me grita que me miente, otra más me exige que le crea.
- ¿Inmortal?
- Inmortal…-me confirma esperando a ver mi respuesta.
- ¿cómo es eso posible? ¿naciste así? ¿qué? ¿cómo?- Estoy confundida- ¿cómo se hace un inmortal?
- Con un hechizo, pero eso te lo contaré después…cuando lleguemos a esa parte- me dice con voz dulce y precavida. Luce preocupado
- ¿me lo contarás? ¿todo?
- Todo lo que quieras saber
- ¿por qué? ¿por qué confiar en mí? Acabas de conocerme, soy solo una extraña….
- no puedo soportar que me mires así…con ese horror…como si fuera un monstruo- me dice apenado
- No debería importarte lo que opine, soy solo una mujer que no volverás a ver en tu vida ¿qué más da?
- Aun si decides irte- "¿si decido irme?" ¡cómo que "si decido irme"! yo me voy, solo vengo de paso- no quiero que te vayas viéndome de esa forma…
- ¿por qué? ¿por qué te importa?
- Porque te pareces mucho a ella, a mi Bridget…
¿a su esposa? ¡me parezco a su esposa! Maldición…
- Jamás soporté que ella me mirara de esa forma…y tú me recuerdas a mi Briss…
- Pero no lo soy- me defiendo herida
- Si, no lo eres…-murmura con amargura- ¿quieres saber cómo empezó todo?
- Por favor…
Moncrieff camp 1820
un muchacho alto de profundos ojos zafiro se miraba al espejo no muy convencido de su imagen.
- te ves bien- se burla un muchacho rubio que entra a su habitación sin tocar
- me veo estúpido - gruñe el pelinegro.
- oye, es mi traje favorito- se queja el rubio.
- no sé porqué te hice caso en vestirme de esta forma, parezco un idiota aristócrata- bufa el pelinegro cruzándose de brazos como un niño tozudo.
- eres un aristócrata, Eres "Sir Endymion Moncrieff" amigo y si vamos a Elgin a hacer negocios debes verte como tal, no como un peón.
- lo prefiero así - reniega Endymion- y no me pondré la estúpida boina, eso ni lo sueñes
- vale, vale. Me doy por bien servido con que uses el traje- se rinde el rubio- por cierto, amigo... Deberías estar atento en el viaje, tal vez en Elgin encuentres alguna muchacha para que sea tu mujer.
Endymion bufa y sale de la habitación sin decir nada, el rubio lo sigue.
- hablo en serio, Endymion. Sabes que tienes que casarte y el tiempo está pasando...
- las mujeres solo complican la existencia, Andrew. No necesito a ninguna, puedo complicarme yo mismo.
- no solo es eso, amigo. Te haría bien algo de compañía y un toque femenino en esta casa. Yo soy muy feliz con mi amada Lita...
- eso es por que tu eres un hombre cursi y sentimental.
- eso es porque soy un hombre enamorado...perdidamente enamorado- Se defiende el rubio- y a ti no te caería mal enamorarte para que te quites ese genio que te cargas siempre.
- no necesito esas tonterías. Si quiero compañía pago por ella y asunto arreglado.
- no todo es ir a un burdel, amigo
- tal vez le pague a una de esas chicas para que sea mi esposa.-Sugiere Endymion esperando a ver la respuesta de su amigo
- Endymion, Endymion...deberías de tomar esto en serio...
- regáñame de camino a Elgin... Se nos hará tarde.
El pelinegro bajó las escaleras de su propiedad topándose con una mujer castaña de hermosos ojos verdes que la miraba con el ceño fruncido
- Lady Ferguson- Saluda educado el pelinegro
- Endymion…- Gruñe no muy contenta la mujer de ojos verdes pero su ceño cambia al ver bajar al hombre rubio- Querido…
El rubio se abraza a la alta joven y la abraza emocionado besándola en los labios, Endymion solo gruñe.
- te traje panecillos para el camino- explica la castaña entregando una cesta al rubio
- Lita, mi amada Lita… tu siempre piensas en todo…
- me preocupo por ti, amor. Vuelve pronto ¿quieres?- pide con voz suave la muchacha
- Lo haré- asegura el rubio mientras su amigo suelta un par de gruñidos
- te veo en casa, pronto…
La muchacha castaña salió sin despedirse del pelinegro que sonrió al verla marchar tan molesta. Luego los dos salieron para subir a sus caballos.
- Creo que no le agrado a tu esposa- deduce el pelinegro
- no "creas" no le agradas- explica el rubio- El que me dieras de regalo de bodas un bono para la casa de citas de "madame Cherry" no le causó nada de gracia
El pelinegro rió ante el comentario disfrutando y recordando cada detalle de aquel día.
- vamos, fue hace tiempo ya.- recuerda Endymion- Además…no los usaste
- ¡Si los uso me mata! Pero mi mujer es sincera cuando dice que te odia
- Me agrada que sea sincera, lo recordaré
- Basta de bromas, Endymion…-pide serio joven de ojos verdes.
- Apresúrate, Ferguson…se hace tarde
El pelinegro se adelantó en su caballo dejando muy atrás a su rubio amigo que negaba con la cabeza. De verdad apreciaba a Endymion Moncrieff, pero solo dios sabía de dónde sacaba paciencia para tolerar todas sus bromas y sus actitudes ermitañas…
Un elegante carro con el escudo de armas del clan de los MacDougall se adentró en las calles de Elgin, aparcando en un parque con una fuente de piedra, de él. Bajó una hermosa señorita de cabellos negros como la noche, enfundada en un vestido color vino muy al estilo de la moda en Edimburgo.
- Lady Byres...está segura que no desea que la lleve hasta su casa?
- Estoy bien, Thomas. Sólo es una maleta- asegura la muchacha que baja del carruaje ayudada por el chofer- además, ningún carro entraría hasta la casa.
- vendré por usted en tres semanas- ofrece educado el chofer- cuídese mucho, señorita
- lo haré. Da mis saludos a Sir William MacDougall y a su hijo... Diles que no me extrañen mucho
- Lo haré, Lady Byres…
La pequeña joven da media vuelta caminando al lado opuesto de donde se encuentra aquel coche, al hacerlo, dos caballeros a caballo se percatan de la presencia de la muchacha que resalta como una rosa en medio del pantano.
Endymion queda hechizado al ver a la muchacha y baja de su caballo sin prestar atención a nada ni a nadie, no ve a un hombre que cae al suelo con una cesta de pan al tratar de esquivar al muchacho y tampoco escucha las burlas de su rubio amigo, ha sido hechizado como los marineros.
- señorita...- llama el joven a la chica. Ella se voltea para encontrarse con unos ojos zafiro que la miran hipnotizados - permítame ayudarle con su maleta.
- gracias, pero no lo necesito- rechaza altiva la muchacha.
- pero, señorita...
- escúcheme. No soy una damisela en apuros ni he pedido su ayuda. Métase en sus asuntos.
- disculpe usted- se excusa Endymion ofendido- la he confundido con una dama.
La joven de cabello negro frunce el ceño al escuchar al alto chico
- está usted excusado. Esos errores pasan. Cualquiera pensaría por sus ropas que es usted un caballero.- Regresa la chica dando una bofetada al alto pelinegro que se duele la mejilla ante tal fuerza.
La chica del vestido color vino se aleja dejando boquiabierto al visitante. El rubio caballero que había sido testigo de aquella discusión reía a carcajadas al ver el rostro desconcertado de su amigo que lejos de estar molesto estaba sorprendido.
La casa de la familia Byres era por mucho más pequeña que la de Endymion Moncrieff, pero no podría juzgarse de austera.
La señora Margaret Byres se encontraba en la cocina junto a la señora Smith que preparaba la cena.
- Mamá, papá...Danna...¿Donde están todos?
- Bridget, hija- corre la mujer de cabellos rubios abrazar a la joven- mírate nada más. Luces hermosa, has crecido tanto.
- Mamá no es para tanto. -murmura la muchacha que es atacada por un centenar de besos de su madre- no he cambiado mucho.
- mi pequeña- se emociona la señora- Edimburgo te ha cambiado tanto. Luces tan elegante...
- es solo ropa, mamá. Aun soy la misma- tranquiliza la muchacha- ¿ dónde está Danna?
- En su habitación, seguramente leyendo uno de los libros que le trajiste la última vez.
- voy con ella- Dice la joven de cabellos negros al tiempo que desaparece por los pasillos
- ¡Bridget, al menos cuéntanos como te fue!- grita la madre
- ¡después!- Y tal como lo imaginó, su joven hermana se encontraba sentada en su cama, leyendo uno de los libros de los hermanos Grimm que le había llevado en su última visita- Creo que necesitarás otro libro…
- ¡Bridget!- Se emociona la chica que tenía aproximadamente ocho años de edad- llegaste antes.
- Sir William retrasó un poco su viaje y pude volver antes a casa- cuenta la muchacha mirando a su hermana menor de ojos amatista- ten, te mandó una muñeca y yo te traje esto…
- ¡Charles Perrault! ¿de verdad?- interroga la chiquilla con los ojos iluminados
- De verdad…aunque debes prometerme que saldrás de tu habitación. Hace un clima precioso en Elgin para que la pases encerrada.
- ¿y si me da otro ataque?- Se preocupa la chica.
- No pasará. Además irás conmigo, tu hermana. ¿crees que dejaría que algo te pasara?- La niña negó con la cabeza- Entonces, ponte tu mejor sombrero que yo iré a ponerme algo más cómodo, iremos al campo…
El desplante de aquella bella muchacha había sido tema de conversación durante todo el día. Andrew no dejaba de hacer bromas y Endymion solo lo observaba con la mirada entrecerrada como gesto de no estarse divirtiendo, pero milagrosamente no dijo nada…
- ¿qué te parecen las tierras, amigo?- cambia el tema el rubio muchacho mientras cabalgan por las praderas.
- Son perfectas para sembrar cebada, Andrew…¿crees que quieran vendernos?- interroga el pelinegro.
- Sé que el señor Byres tiene algunos problemas financieros…tal vez acepte si la oferta es buena.
- Me gustan…me gusta que el río pase por aquí y me gusta que…-El pelinegro hizo una pausa escuchando un relinche de un caballo enfurecido- ¿qué es eso?
- ¿qué es qué?
- ven…se escucha por aquí- dice el pelinegro siguiendo el sonido mientras el rubio cabalga tras de él. Endymion sabía distinguir el peligro y ese sin duda era una alerta.
La parte trasera de la finca de la familia Byres colindaba con un río de aguas cálidas. Justo ese era el lugar favorito de Bridget, el que a ella le gustaba para ir a leer o para ir a charlar con su hermana menor. Algunas otras veces le gustaba jugar con los chicos de las casas cercanas en el agua, aunque ese día no había nadie ahí.
Danna se encontraba sentada sobre una manta mientras su hermana mayor ahora vestida con unos pantalones holgados y una camisa holgada, le leía un poco de "Caperucita Roja" pero un relinche detuvo la lectura de Bridget que cerró el libro buscando el origen, se escuchaba en el nacimiento del río, justo donde había un dique para recolectar el agua y corrió, corrió de prisa encontrándose una yegua enorme y negra que estaba dentro de aquellas aguas, aterrada.
- No te acerques, Danna- Le gritó a la hermana mientras se apresuraba a acercarse al agua.
- ¡Briss!- asustada la niña.
Los ojos amatista de la niña se abrieron desmesurados al ver como su hermana trepaba a la fiera yegua con maestría. Era obvio que era un caballo salvaje, pero la chica no tuvo ningún problema en controlarla, en calmar al animal.
Cuando la yegua estuvo tranquila. La muchacha la condujo fuera del agua. Era sorprendente ver el cambio de actitud de aquel animal. Parecía conocer a Bridget de toda la vida.
Eso sorprendió a la niña, pero sorprendió aún más a dos jóvenes de que miraban boquiabiertos el espectáculo del que habían sido testigos.
- Que mujer…-Se sorprende el rubio.
- Si, qué mujer, amigo…-Apoya Endymion que mira cautivado a la muchacha. Luego la reconoce- Es ella…
- ¿quién?
- la chica del vestido color vino…la que me abofeteó
- ¿estás seguro?
- Por supuesto…ve sus ojos…mírala. Ya no usa aquellos vestidos…pero es ella- dice el pelinegro
Andrew lo observa y luego presta atención a la muchacha. Ya no trae recogido el cabello y tampoco porta el vestido elegante. Ahora viste como un muchacho, aunque extrañamente y a pesar de los harapos sigue luciendo bella.
- Ella, Andrew…
- ¿ella? ¿ella qué?- Se extraña el rubio…
- La quiero a ella…como la futura señora Moncrieff, como mi mujer…
- ¿estás loco? ¿ella?- se aterra el rubio- no, no, no, amigo. Ésta chica si que es un manojo de problemas. ¡puedo oler los problemas desde aquí! ¿ves esta nariz perfecta de estilo griego? ¡pues huele problemas!
- Ella, Andrew…- insiste el pelinegro dando media vuelta con su caballo. Las chicas no se dan cuenta de su presencia, siguen maravilladas con la yegua.
- No, no. Endymion- chilla el rubio en tono suplicante- ¿sabes qué? La idea de casarte con una meretriz no es tan mala. Tal vez funcione ¿quieres que te ayude a elegir? Podemos buscar que se parezca a ella, o que se parezca a la misma diosa Bridget, pero por favor ¡ella!
Una risa de los labios del pelinegro que hacía años no escuchaba, luego se alejó del rubio.
- Ella o ninguna. Investiga quién es…
- Claro…claro…Esto no va a acabar nada bien…- gruñe el joven Ferguson que mira alejarse a su amigo y luego voltea hacia donde están las dos muchachas ajenas a que aquellas tres palabras acaban de cambiar sus destinos "ella o ninguna"
Luego de darse un baño para quitarse todo el lodo de encima, Bridget contaba ante el fuego de la chimenea a su pequeña hermana, a su madre y a la señora Smith sus aventuras en el río algunas horas atrás.
- Mi niña, espero que no hagas esas cosas en Edimburgo- se preocupa la madre- no creo que sea algo que una dama deba hacer
- Claro que no hago esas cosas en Edimburgo, madre…-tranquiliza la chica- allá no hay tantos campos ni yeguas salvajes.
- Ay, Bridget…-se preocupa la señora
- mamá ¿crees que papá me deje quedarme a la yegua? Es hermosa….
- Hija, sería un gasto más….
- Pero si hablo con Sir William tal vez acepte que le ayude con la correspondencia, podría enviarles dinero para Lady Mars
- ¿Lady Mars?- se extrañan todas de escucharla nombrar a la yegua
- Me gusta ese nombre para ella
- Briss…lo hablaremos con tu padre ¿quieres? Pero después, no hoy…
- Margaret, Danna. Estoy en casa- se escucha la voz del señor Logan Byres apareciendo en la sala- ¡Bridget, mi pequeña!
- ¡papá!- Saluda emocionada la chica de ojos amatista a su padre mientras corre a abrazarlo- Que guapo estas.
- Mírate. Estas hermosa- acaricia la cabellera de su hija, tan obscura como la propia.- Te extrañé tanto…
- Y yo a ustedes, papá. Sir William y su hijo les mandan saludos.
- Agradezco tanto a tu tío por ofrecerse a costear tu educación, hija…
- y yo también. Aunque los extrañé a morir- confiesa la muchacha.
- Tenemos que celebrar tu regreso, pequeña. Señora Smith…
- Ya tengo el salmón de la señorita Bridget casi listo, señor
- ¿y su tarta de moras?
- ya está casi lista
- tenemos que celebrar tu regreso, hija y tenemos que hablar de algo importante…
- ¿ qué tan importante?
- Demasiado…pero lo hablaremos más tarde, ahora vayan a arreglarse.
El único lugar donde Endymion y Andrew consiguieron morada fue en el hostal de los Dunlop que era un lugar sucio y maloliente. A Endymion no parecía molestarle mucho, pero a Andrew le estaba causando serios problemas emocionales el tener camas atestadas de chinches y un urinal sucio y maloliente en una esquina.
- Este lugar es asqueroso- se queja el rubio
- No está tan mal
- ¡Hay chinches!- gruñe Andrew
- Son chinches, no vampiros- se burla Endymion mientras se descalza las botas.
- Además no me gusta compartir la habitación contigo
- Yo soy el que debería molestarse. Tu hablas dormido
- Tal vez debimos ir a buscar tierras a Lowland. Al menos ahí deben de tener buenos hostales
- Calma, princesa. Sobrevivirás
- Mañana tenemos que resolver éste asunto ¿de acuerdo? Extraño a mi amada Lita…
- Eres una Niña, Ferguson…
- cierra la boca. Tengo hambre- chilla el rubio
- Si hubieras comido la sopa que te ofrecieron los Dunlop
- ¡olía a pies!
- No todos cocinan como la señora Ferguson…
- No todos son la señora Ferguson, mi amigo…no todos son la señora Ferguson
Endymion se recostó en su cama mientras escuchaba a Andrew vociferar maldiciones en su cama. Para él no está nada mal, salvo las chinches que de cuando en cuando lo atacan, pero la ha pasado peor, luego mira a la noche estrellada y unos ojos amatista vienen a su cara… ¿quién será esa muchacha? ¿cómo se llamará?
El salmón en casa de los Byres era exquisito, el platillo favorito de Bridget que contaba sus aventuras de media tarde con aquella yegua salvaje, Dana aplaudía cuando su hermana detallaba cada movimiento realizado.
- Por dios, Bridget. Pudiste lastimarte- se preocupa el padre
- Claro que no, "Lady Mars" solo estaba un poco asustada.
- ¿Lady Mars?
- La he llamado "Lady Mars"- cuenta la muchacha sin dejar de comer- quiero quedármela ¿puedo?
- Briss…
- papá, por favor…es tan linda…tan dulce
- Hija, es que…no sé si sea conveniente ahora- se apena el pelinegro
- ¿"ahora"? ¿qué quieres decir?
- Danna…ve a tu habitación- Pide el señor Byres
- ¿ahora?- se duele la niña- pero quiero escuchar…
- Danna…- insiste el padre y la niña luego de un puchero se levanta y se retira dejando a una desconcertada Bridget.
- ¿qué ocurre, padre?
- Briss…tal vez tenga que vender una parte de nuestras propiedades
- ¿qué? ¿por qué?
Los dos padres se miraron preocupados en silencio, luego observaron a la chica, aunque ninguno se atrevía a hablar, finalmente la mujer rubia habló.
- Briss…tu hermana volvió a tener otro ataque ayer…
- Bueno….pero había pasado tiempo ya ¿no?
- solo un par de días- explica el padre
- ¡me dijeron que estaba mejor!
- No quisimos preocuparte.
- ¡es mi hermana!- Se indigna la muchacha
- Briss. Las consultas son caras. Las medicinas…traer al médico…tal vez lo mejor sea vender e irnos a Inverness o a Edimburgo, donde podamos encontrar un médico con mayor facilidad.
- Pero, Padre…éstas son las tierras de nuestros ancestros. Todos los Byres han vivido aquí desde hace tres siglos, venderlas sería…deshonroso…
- Bridget, lo sé. Pero perder a mi hija sería insoportable. Ya perdí un hijo, haré lo que sea necesario para que eso no vuelva a pasar- asegura el señor Byres
- Pero, papá…debe haber otra forma…
- No la hay, Bridget….-dice el padre- hay unas personas interesadas en conocer las tierras. Mañana vendrán a verlas y cenarán con nosotros.
- ¡jamás!- Se indigna la muchacha poniéndose de pie- No voy a dejar que hagas algo como eso, padre.
- ¡Bridget, ven acá!
- ¡No!
La muchacha salió prisa de la casa. No quería ni podía escuchar nada más. Sabía que su pequeña hermana sufría de terribles ataques y que sus constantes enfermedades y las consultas y medicinas habían mermado el patrimonio familiar, al punto de no tener suficiente para poder sostener a toda la familia y por ello habían tenido que prescindir de la mayor parte de su servicio y también que ese era el principal motivo por el cual la habían mandado a Edimburgo a estudiar a casa de sus tíos.
Pero aun con todo ello, no dejaba de ser doloroso saber que estaban por perder lo único que les quedaba: Sus tierras.
Fue a las caballerizas y montó a Lady Mars. Necesitaba alejarse de allí, respirar…pensar, pensar mucho…
Él estaba acostumbrado a dormir solo, a vivir solo, a ser solo él. No le gustaba y no podía conciliar el sueño con alguien en el cuarto y por ello en cuanto Andrew se quedó dormido él se colocó sus botas y decidió salir a tomar un poco de aire fresco.
Ensilló a Tuxedo y cabalgó sin rumbo fijo bajo los rayos de la luna llena, hasta unas ruinas, las ruinas de la catedral de Elgin. Era un buen lugar para meditar un poco, para disfrutar su soledad, pero descubrió que no estaba solo.
En la parte baja de las ruinas, una muchacha de larga cabellera negra acariciaba a una yegua del mismo color que Tuxedo, ¡era ella! la misma muchacha que había visto por la mañana, la que subió a aquella yegua salvaje. Tuxedo pareció inquietarse, pero su amo le hizo señales para que permaneciera en silencio. Decidió esconderse entre las ruinas para contemplarla mejor, para contemplarla sin miedo.
La chica se veía triste. Muy distinta a la altiva que lo abofeteó en la mañana o la valiente que domó a aquella fiera ¿qué le ocurría?
- ¿qué puedo hacer, Lady Mars?- le preguntaba la chica a la yegua perdiendo su mirada amatista en los ojos ébano del animal- Sé que papá tiene razón, que es lo que debe hacerse, pero no me agrada…
El animal parecía entender la pena de la chica que buscaba la caricia de sus manos
- Sé que también para él es duro. ¿qué hacer? ¿qué elegir?- cuestiona la muchacha al animal del que no obtiene respuesta- No te preocupes, tal vez nuestro destino sea incierto, pero tu te quedarás conmigo, amiga…eso te lo aseguro.
El pelinegro escuchaba embobado aquellas palabras. Por la ubicación del terreno era para él como si la joven las dijera para Endymion. No era su naturaleza sentir empatía o condolerse por los demás, tal vez por Andrew, pero esto era distinto. ¿qué tenía esa muchacha que lo atraía de tal forma? ¿por qué sentía el dolor de esa chica como suyo? ¿de dónde venía esa inmensa necesidad de consolarla, de hacer todo lo posible por hacerla sonreír?
Tenía que descubrir quién era esa muchacha, sino su alma no descansaría en paz nunca. Había algo en ella, en su mirada que hacían que naciera en su alma una interminable necesidad por estar con ella, por tenerla a su lado, por cuidarla, pero ¿la chica necesitaba que cuidaran de ella? Tal vez no, pero él quería hacerlo, tenía que hacerlo…
Ha caído la noche mientras escuchaba el relato de Endymion sobre su accidentado encuentro con la "perfecta" Bridget. Yo no sé que tiene de perfecta, solo era una chica revoltosa que nació adelantada para su tiempo…tal vez es solo que me molesta ver la forma en la que a él le brillan los ojos conforme habla de ella. Dudo que alguien haya hablado con tanta pasión y tanto entusiasmo de mi alguna vez, ninguno de mis novios han hecho algo que valga la pena mencionar y no han sido tantos…menos tan apasionados como Endymion Moncrieff que cuando empieza a hablar de cómo le brillaba el cabello a su a su amada a la luz de la luna estrellada comienzan a darme nauseas y decido que para mi ha sido suficiente por hoy y me pongo de pie.
- Me voy a la cama
- ¿tan pronto?- se apena haciendo lo mismo
- Si, estoy cansada y esto ha sido demasiado- aseguro ¡claro que ha sido demasiado!
- Entonces no te irás…- dice ligeramente sonriente el tipo de perfecta sonrisa blanca.
- No, no me iré aun- enfatizo lo último- solo estoy cansada…muy cansada, necesito procesar toda esta información.
- pero no has comido nada, Rei. Permíteme prepararte algo- me dice preocupado ¿acaso cree que podría contener algo en el estómago luego de tanta información? Aun ahora siento que todo me da vueltas y solo deseo dormir.
- No. No tengo hambre, solo quiero ir a mi habitación a dormir.
- Por favor, Rei. No seas necia, te preparo algo, un emparedado, lo que quieras. Debes comer
- No, Endymion. No tengo hambre, no quiero comer, No quiero nada. Solo quiero ir a mi habitación y pensar en todo lo que he descubierto el día de hoy ¿puedo o vas a ordenarme lo contrario?- me enojo ante su insistencia, él me mira asustado y se pone de pie.
- Si fueras mi mujer no te permitiría ayunar de ese modo ni hablarme en ese tono- me dice con seriedad, una que me hace estremecer, pero mi Rei Hino interna se recupera pronto.
- Pues te tengo noticias, no soy tu adorada Bridget y no me interesa ser tu propiedad y mucho menos tu mujer, buenas noches, Endymion
- Buenas noches, señorita Hino…-se despide de mí el pelinegro quedándose paralizado en su lugar mientras yo salgo del estudio. Para ser un tipo que ha vivido más de doscientos años no está acostumbrado al rechazo, lo siento por él.
Un hombre rubio enfundado en una camisa rosa y un pantalón beige entró al estudio con una sonrisa maliciosa. No dejaba de mirar a su amigo que aun tenía el ceño fruncido.
- Así que se quedó…
- Solo un par de días. No sé cuánto más
- interesante- sonríe el muchacho de ojos verdes- te dará tiempo…
- No sé si quiera tener tiempo, Andrew. No debiste traerla aquí, te dije expresamente que no quería que la mandaras venir.
El rubio sonríe y camina hasta el escritorio de dónde saca un puro y lo enciende. Luego se gira para observar a su amigo.
- Lo sé, pero pudiste mandarla de regreso en cuanto la viste atravesar esa puerta y no lo hiciste ¿no es así?- malicioso el joven Ferguson
- ¿hiciste lo que te pedí?- interroga el señor Moncrieff
- Si, tal y como lo pediste, amigo.
- te lo agradezco
- La chica lucía furiosa ¿le dijiste algo más?- pregunta el rubio.
- Sabe quien soy, amigo…lo sabe…
- ¿qué tu qué?- interroga el rubio asustándose ante tales palabras- ¿y sabe qué…?
- Solo sabe quién soy. Y quiero que sea lo único que sepa
- ¿pero y qué tal si ella haba? ¿qué tal si?
- Nada pasará…Ahora acompáñame a comer algo ¿quieres? estoy hambriento
- No sé cómo puedes pensar en comer luego de semejante día.
- ¿me lo dices tu?- se divierte el pelinegro.
- Bueno es que yo si muero de hambre. Me mandaste a hacer una labor maratónica.
- Solo confío en ti, amigo.
- Tal vez en cierta visitante también- Murmura con complicidad el joven Ferguson haciendo que un a risa profunda salga de la garganta del pelinegro.
- tal vez…pero aun no. Vamos a cenar.
- vamos…
La noche fría envolvía todo en los Highlands. En Moncrieff camp sobre todo en una habitación donde dormía profundamente una joven de larga cabellera negra. Pensó que le costaría dormir pero no fue así, algo había en aquellas paredes que le hacían sentir tranquila y segura, a pesar de todo, a pesar de lo que acababa de saber.
Tal vez otra persona hubiera salido corriendo, incluso ella habría hecho lo mismo, pero había algo en Endymion Moncrieff que daba tranquilidad, que le hacía sentir como en casa.
La puerta se abrió cuidadosamente, como deseando no ser descubierto, tal vez así era. Luego una sombra entró a la habitación en total silencio. Dejó un paquete sobre el buró junto a la cama y luego arropó a la mujer entre las sábanas, acariciando su mejilla con delicadeza, ella sonrió ante aquel suave toque y relajó su ceño, luego salió en silencio de aquella habitación, un susurro pudo escucharse en el aire "duerme tranquila mi dulce Bridget"
¡Hola!
aquí yo, reportándome luego de un buen rato. Una disculpa, temas laborales, pero seguimos escribiendo de a poquito, de a ratitos y como se puede.
Como pueden ver, ya empezamos a tocar "el pasado" Esta historia es a dos tiempos...si, algo así. El pasado, cuando se conocieron Endymion y Bridget y el presente, con nuestra testaruda, Rei. Con todos sus defectos y virtudes (su mal genio y poca paciencia ante todo)
Espero que les esté gustando mi creación que ya tiene mucho tiempo en el horno.
Kotoko: Te apoyo, Rei puede ser irritante, pero si no irrita a Endycito, pues entonces cómo seguimos la historia :P Todo es por algo y si, ya caerá la muchacha, ya verás.
Irais: Gracias por leerme en tus ratos libres, sé que también tienes muchas cosas que hacer y te agradezco darte el tiempo. Endy no es un vampiro (inicialmente si iba a serlo) pero si es un hombre maldecido por un hechizo de inmortalidad ¿cuándo pasó? ¿cómo pasó? ya lo leerás :P
Laila: gracias por tus porras :)
Lector silecioso: sé que estás ahí...si, tú...ese mero. Dime ¿te gusta la historia? va poco a poquito, pero con mucho amor.
¡Nos vemos pronto!
La maga
