Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.

Semi-universo alterno, basado hasta el capítulo 586 manga.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.

Introspección: Una suave caricia como despedida. Un adiós sin palabras. Promesas rotas, falsas palabras... Así es, como hoy vivimos. Donde perdimos todo lo que debió de haber sido, porque no hubo esperanza alguna para el futuro. Y sin embargo, el pasado se revelará, en el día prometido.

Sumary: Admira, el precio de tu pecado.


Φ

Φ

– Torre de Babel –

Φ

Por Ireth I. Nainieum

Φ

Capitulo II

Naranja amargo

Φ

Puede que aquella noche de luna llena fuera la mejor de mi vida.

Sentí que la vida me estaba dando todo lo que podía desear.

La noche estaba llena de sueños y esperanzas, el futuro parecía tan brillante.

Algo me dice, que jamás volveré a sentir alto tan perfecto.

– Nana–

Φ

Φ


El cielo ennegreció por completo, una larga línea llameante en rojo resquebrajó el perfecto edén azulado de aquella tranquila tarde. Las nubes rojas humearon peligrosas y de entre estos, restos de una materia desconocida cayeron al suelo; separándose en incontables direcciones. Casi podría parecer que el cielo mismo se estaba cayendo, la perfecta antesala para el Armagedón. De pronto, una par de figuras se alejaron en cuatro direcciones completamente opuestas, solo uno de estos individuos se mantuvo firme, los otros tres parecieron caer inertes al suelo. Uno de estos, se convirtió en polvo al ser atravesado firmemente por una poderosa Zanpakutō que no titubeó en un solo instante, las otras dos sombras se acercaron para atacarlo. Sin embargo, todo fue en vano.

—¡Kin! —Gritó el hechizo de Bakudō y una de las figuras fue atada firmemente al suelo. Con un suave movimiento, esquivó tranquilamenteel segundo ataque que se le cernía— «Límite de miles de manos, por respeto no se puede tocar la oscuridad. La mano de tiro no se refleja en el cielo azul. El camino de la luz del Sol, el viento que aviva las llamas, tiempo que se reúne cuando ambos están juntos, no hay necesidad de dudar, obedece mi orden. Luz de bala-Ocho cuerpos-Nuevo artículo-Libro de los cielos-Tesoros-Grandes ruedas-Fortaleza gris. Guarda la distancia, disperso y limpio cuando dispara» ¡Senju Kōten Taihō! —La onda explosiva del Hadō fue tal que incluso en la distancia, aquellos que observaban tuvieron que sostenerse con fuerza. Y ahora, el único que restaba, yacía atado— No te preocupes, tu agonía acaba ahora —le dijo a la figura que con desespero intentaba liberarse.

—Eso asusta —soltó con su suave vocecita sirviendo la segunda ronda de sus siempre apetecibles manjares.

—¿Le temes acaso, mujer? —Preguntó el Demonio de las Aguas Termales, mientras se inclinaba ligeramente hacia delante—. Es solo un niño.

—Lo has visto con tus propios ojos —Shutara respondió mirándolo brevemente por sobre su hombro—. Cada día es más fuerte —exclamó sirviéndose un poco más de carne de cerdo—, un día, no podremos controlarlo.

La mano izquierda de Tenjirō alcanzó a Shutara y la detuvo antes de que tomase la salsa para bañar su carne—. Por eso mismo opino —le dijo a la mujer que no pareció para nada contenta con el contacto físico al que era sometida—, que deberíamos matarlo —explayó ante el rostro horrorizado de Hikifune.

—Es más inteligente el mantenerlo de nuestro lado, Tenjirō-san y que sea nuestro amigo —el sabio hombre alzó su vista una vez más, para acabar de ver el entrenamiento del joven sobre el cual se hablaba—. Puede que en este momento, sea capaz de derrotar a más de uno —Oshō les sonrió a modo de advertencia.

Los temibles oponentes acababan de ser derrotados y el inexpugnable joven una vez más se llevaba la victoria. Solo había usado una de sus espadas. Menos de la mitad de su fuerza física. Las gastadas Asauchi ya no le representaban esfuerzo alguno. Cogiendo todo el aire que pudo e hinchando más sus mejillas —si eso podría ser posible—, gritó la regordeta mujer con todas sus fuerzas.

—¡Ichigo-kun, se enfría tu comida!

La rutina diaria en el los límites del Palacio Real, era el goce de una comida diaria entre sus pocos miembros. En punto al límite del anochecer, estos seis individuos se congratulaban con sus respectivas presencias. Como era de esperarse, Hikifune era la encargada de preparar los deliciosos manjares. Ichigo llegó justo detrás de su silla, con algunas leves contusiones que bien podrían ser rápidamente sanadas por el Demonio de las Aguas Termales y sin embargo, Ichigo siempre prefirió dejarle a la naturaleza el cause de la curación.

—Gracias… —dijo él, recargando su Zanpakutō en una pared cercana.

—… ¡Esa cara y esas manos están sucias! —Chilló Hikifune al momento de darle un suave, pero severo manotazo en la mano que había sujetado la silla—. ¡Anda a ponerte decente para que comas, Ichigo-kun! —Le reprendió tal como si fuese su propia madre.

De muy mala gana y siendo siempre el único que lo hacia fue a limpiarse. La regla número uno de La gobernante del grano era "la limpieza absoluta de los comensales en la mesa". Oshō sonrió con gusto ante tan peculiar y tranquila escena, aunque, detrás de aquel suave gesto se escondía la antesala al día prometido. Shutara solo se limitó a mirarlo de soslayo, con toda la prudencia que pudo.

—¿Intentas suavizar la noticia? —Tenjirō murmuró bebiendo otra pequeña copa se sake y de inmediato Ichibē ofuscó con severidad su mirada—. No creo que de entre nosotros, él sea la mejor opción —terció despreocupado su clara intención—. No está preparado para volver —su mirada se encontró por escasos segundos con aquel que los lideraba— ,deberíamos matarlo ahora, que aún podemos…

—… —Oshō guardó total silencio.

—¿A quién? —Dijo llegando inoportunamente y sobre todo, pareciendo confuso. Ya que lo único que había escuchado fue la última oración dicha por Tenjirō—. ¿A quién deberíamos matar?— Repitió su pregunta al momento de sentarse y mirar hacia ambos lados de la mesa. Evidentemente, comprendió que hizo una pregunta que no le sería respondida.

Todos estaban mudos.

—¡Responde, Tenjirō! —Canturreó el Dios de las espadas con evidente burla por la incomoda situación que se vaticinaba— ¿A quién deberíamos matar?

El Demonio de las Aguas Termales terminó su conversación con un tosco y grosero gesto hacia Ōetsu, acto severamente castigado por Hikifune que le negó el postre a los dos hombres. Aunque, pareció que no le dio importancia, la verdad es que sí lo había hecho.

—Al aburrimiento, Ichigo —Shutara fue la primera en aventurarse en tratar de arreglar la pesada situación—, proponíamos organizar una serie de juegos… solo para pasar el rato —exclamó con su suave y delicada voz—. ¿Qué opinas?

Y algo en su tono, le evidenció a Ichigo su advertencia. Casi pareció decirle «No preguntes más…»

—Propongo un karaoke… —Ichigo exclamó fijando su entera atención en Tenjirō y así como en Ōetsu.

—¡Olvídalo, las modas humanas son demasiado extrañas ahora! —Expresó Ōetsu —, ya no hay buena música —se quejó el hombre de gruesas gafas, entregando su plato vacío a Hikifune.

La tensión era obvia, así, que lo mejor era retirarse e irse de ahí lo más pronto posible.

—Gracias, Hikifune-san —expresó con gratitud el más joven de los reunidos.

—Siéntate, Ichigo-kun —la voz de Oshō tuvo un muy marcado aire de autoridad—. Hay un asunto que serio que debe ser tratado hoy, aquí en la mesa —el tenso silencio se mantuvo mientras Hikifune limpiaba y al terminar, entregó seis diminutas tasas de un exquisito té, aunque Tenjirō prefirió otra botella se sake—. Gracias —le dijo a la regordeta mujer y aspiró el delicado aroma de la infusión por algunos segundos, como si tratase de ordenar claramente sus ideas—. Uno de nosotros, debe ir a la Sociedad de Almas —masculló en plural, aunque era a Ichigo a quien realmente miraba.

—¿Uno… o yo? —Preguntó secamente el joven.

El Monje de la Percepción guardó silencio, casi como si estuviese analizando sus propias palabras—. Tienes razón, Ichigo-Kun, debes ir a la Sociedad de Almas.

—¡Me rehusó! —Se levantó molesto de la mesa— Me lo prometiste una vez, Oshō… ¡que nunca más tendría que volver!

Se escuchó una estruendosa carcajada, molesta, en especial para uno de ellos. Sordina e irónica.

—¡Te lo dije —Soltó de pronto ebrio el Dios de las Aguas Termales—, que no iba a querer ir! —Le miró con franca burla en sus ojos—. Bien, supongo que tendré que ir a estarme un rato con los bebés de ahí —dijo al momento de medio levantarse, ya que sus piernas parecieron flaquear. Ante esas palabras Ichigo giró medio cuerpo, tan solo para mirarlo—. He escuchado, que Yuzu-chan se ha vuelto una jovencita realmente hermosa…

A pesar de su gran velocidad, Ichigo fue incapaz de golpearlo. Ichibē intervino, alejando a uno del otro con evidente fuerza y severamente molesto con uno de ellos en especial. Ambos recibieron fuertes golpes de advertencia, uno en la cabeza y el otro en la boca del estómago. El apacible y sereno gesto de Oshō se había ido.

—Tenjirō-san, le debes una disculpa a Ichigo-kun —le dio la espalda al hombre que hacía grandes esfuerzos por respirar y que yacía en el suelo—. No fue correcto lo que dijiste —exclamó suave, pero peligrosa fue su advertencia—. Ichigo-kun —habló mirándolo directamente a sus ojos—, no es una petición de mi parte y recuerdo perfectamente lo que te dije aquel día. Pero, "aquellas" no fueron mis palabras exactas. Esta es una orden de tu superior y desde el momento en que te convertiste en uno más de sus miembros, estás sujeto a los deseos de nuestro Rey. No tienes derecho a opinar sobre lo que él disponga, esa es la ley, no lo olvides Ichigo-kun.

—Bien —Ichigo murmuró apretando sus dientes.

El Dios de las Aguas Termales finalmente pudo levantarse y arrojó su palillo al suelo, se marchó seguido de Shutara.

—Creí, que nosotros ya no debíamos de intervenir en los problemas que rodeaban a la Sociedad de Almas —Habló Ichigo, sintiendo que no le estaban diciendo toda la verdad del asunto— ¿No la Cámara de los 46 fue restituida para tomar la responsabilidad del gobierno?

Oshō caminó hacia Ichigo y su gesto amable regresó de inmediato—. Es ahí donde radica el problema, Ichigo-kun —colocó su pesada mano sobre la espalda del joven y de esa manera se alejó de ahí con él—. La Sociedad de Almas no está del todo recuperada, luego de la Guerra Santa y en esta cuestión… hay Capitanes y Tenientes involucrados. Viejos amigos tuyos podrían verse implicados en una rebelión contra las leyes —suspiró llenó de cansancio—, y ejecutar a un Capitán no es algo que beneficie a la Sociedad de Almas. Sobre todo, ahora que aún se está recuperando.

Cuando Hikifune los perdió de vista, fue entonces que se aventuró a hablar.

—¿Lo sentiste? —Le preguntó a Ōetsu.

—¿Su sed de sangre? —Reformuló el hombre la pregunta, bastante serio y sin el dejo de juego que tanto lo caracterizaba— ¿Su instinto asesino? —Sus miradas se cruzaron ya que ambos pensaban exactamente lo mismo—. ¿O su increíble reiatsu en ese brevísimo instante?

El dueño de los incontables secretos de las Zanpakutō alzó su vista al cielo, a ese sitio donde aún era visible el corte que lo atravesaba.

—¡Ichigo-kun estuvo a punto de matarlo! —Chilló horrorizada la mujer.

—…Si… —Ōetsu bajo su mirada y sus rasgos faciales de pronto eran difíciles de comprender.

—Hacía mucho que no sentía tanto miedo, tanto miedo —dijo ella con voz temblorosa.

.

.

—Entonces, ¿qué debo hacer? —Ichigo sujetaba a Zangetsu y la blandió suavemente en el aire— ¿Atrapar a un criminal? ¿Pelear contra alguien?

Volvió a ser el Ichigo amable y cándido de siempre, aun así, Ichibē claramente se debatía si era correcto el enviarlo de vuelta a la Sociedad de Almas, con sus Zanpakutō y la increíble fuerza que había adquirido en esos pocos años que había estado viviendo con ellos en la Dimensión Real. En realidad, no prestaba atención alguna a las palabras del joven, su mirada se centró por un instante en el Palacio Real y en la orden que había recibido.

—Te lo dije antes —repitió con parsimonia—, tú único deber es tomar una decisión de suma importancia —por un instante estuvo a punto de pedirle que dejase sus espadas, pero al final desistió.

—Te entiendo a la perfección, Oshō —le dijo—. Eres más que consciente de que necesito saber porque voy, no puedo llegar a la Sociedad de Almas sin ningún tipo de información de por medio.

—Ichigo-kun, no necesito que te hagas juicios antes de conocer el problema —su rostro se relajó y le regaló la mejor de las falsas sonrisas que podía obsequiar—. Lo único que puedo decirte por ahora, es que si Shunsui-san o la misma Cámara no pueden tomar la decisión, es porque realmente no pueden. Ya lo comprenderás una vez que llegues. La situación en muy sería en realidad, Ichigo-kun.

—… ¿Y sí lo hago mal? —Le tembló ligeramente la voz.

Nadie podía negar que tal vez, tuviera razón. Tal vez… de hecho de entre los seis, era la peor opción por optar. Por un instante se mantuvo el silencio, hasta que los pesados okobo (1) se hicieron sonar.

—Es el momento, para que te reencuentres con tu pasado —le dijo al tomarlo por completo desprevenido y terminó arrojándolo en su Camino a la Sociedad de Almas.

—Un miembro de la División Cero, solo debería de ir como asesor en una situación que ponga en peligro la existencia de esta sagrada dimensión —Shutara dijo al momento de llegar junto a Oshō—. La decisión tomada el día de hoy es incomprensible, Ichibē-dono.

—Se necesita una razón —respondió el hombre ocultando su vista.

—¿Una razón para qué?

—Para una ejecución —fue su única respuesta al darle la espalda a una muy sorprendida y contrariada mujer. Entonces, fue que percibió la esfera que sostenía una de sus manos de madera.

—¿Eso…?

—Yo también, cumplo con los deseos de nuestro Rey —expresó al arrojar dicha esfera por el mismo agujero por el cual Ichigo se había marchado—. No nos debió dejar cuidar de ese pequeño, Ichibē-dono —ese fue su reclamo al hombre que ahora miraba el Palacio Real—. Dígame entonces, Ichibē-dono ¿qué es lo que él realmente quiere? Ambos hemos recibido órdenes completamente opuestas en relación a ese chico. Usted tiene el deber de ejecutarlo y a mí se me dio la misión de salvarlo. Incomprensible…

Torre de Babel

No había luna aquella noche, pero si un precioso manto de estrellas sobre el tranquilo cielo en la Sociedad de Almas. Innumerables antorchas estaban encendidas en uno de los recintos del Seireitei. Y en un área bastante apartada, justo a las afueras del 15 distrito en el Oeste una figura cubierta por un manto especial, descendió del mismo cielo. Cayó formando un enorme hueco en el suelo, tanto, que tuvieron que pasar un par de minutos para que este se volviese a asentase. Solo entonces, los que aguardaban pudieron ver al visitante.

No le gustaba en lo absoluto el regresar al Seireitei, ni mucho menos volver a pensar en esos dolorosos recuerdos. Le tomó un momento —y valor— el retirar la capucha que cubría su rostro, revelando así su identidad. No necesitaba una amplia comitiva y no es que tampoco la esperase, pero su llegada fue recibida con demasiada inequidad por parte de sus viejos amigos, a los que no veía desde hacía mucho tiempo. No habían cambiado demasiado, salvo por algunos detalles añadidos a sus ropas y unos cuantos cortes de cabello, por lo demás, lucían exactamente iguales a como él los recordaba. Sobra decir, que ellos eran los más impactados con la llegada de Ichigo.

Shunshui ocultó sus ojos tras su amplio sombrero, estaba incómodo y no hizo nada para ocultarlo. Molesto, mejor dicho.

—Bienvenido, Ichigo-kun —Ukitake fue el primero en hablar. Físicamente, no había cambiado nada, salvo que su rostro lucía más afable y su larga cabellera la llevaba sujeta con un cinto por debajo de su cintura, lo que le confería un cierto aspecto de samurái que Ichigo recordaba de las viejas películas japonesas.

—No te esperábamos —Shunshui fue directo al punto.

—Para mí también, fue una sorpresa el venir aquí —recalcó bastante serio—, Shunshi-san.

Rose y Love, eran los otros Capitanes que estaban presentes. Sin embargo, se mantuvieron en total silencio.

—Será mejor charlar apropiadamente en la Sala de Guerra —Ukitake irrumpió la tensa escena y señalo en dirección a la Primera División.

Ichigo no dijo nada, simplemente dio un paso al frente y de un veloz shunpo desapareció de la vista de los cuatro Capitanes. No fue una sorpresa, el que arribasen a la Primera División antes de que los primeros rayos del sol del nuevo día se hiciesen presentes. Los primeros tonos nacarados del cielo se hicieron presentes a través de la extensa ventana. Los Capitanes que ahí aguardaban, no pudieron ocultar su sorpresa al verlo. Las palabras no hicieron falta, con solo la mirada, todos pudieron comprender la excelsa tensión del momento. Los cinco hombres caminaron hacia el centro de la habitación donde ya los esperaban, con paso lento, pero firme Ichigo avanzó hacia ellos cerrando el grupo. y de inmediato, las pesadas puertas se cerraron tras de sí. Era cierto, ya no lucía como aquel joven que habían conocido hacia poco más de 20 años. Lucía más gallardo y fuerte… y en sus ojos… había un hielo con el cual ni siquiera Hitsugaya hubiese podido rivalizar. Carentes de emoción alguna, eran solo dos cuencas vacías, hechas del más fino cristal. Uno a uno lo miraron, casi sin creer que fuese el mismo chico, era un hombre diferente. Su sola presencia, ahora intimidaba.

—Lo que tú decidas, se respetará sin objeciones —argulló ante la incordia que seguramente Ukitake tenía lista en la punta de su lengua. Shunshui suspiro de pronto pareciendo un anciano—. Habría preferido que no hubieses venido tú —exclamó con total sinceridad al mirarlo y más de uno compartió su opinión—. Esto no será fácil —le advirtió al momento de señalar la única silla vacía en aquella reunión—, Capitán Kurotsuchi.

La larga mesa estaba dispuesta una vez más, e Ichigo ocupaba el extremo opuesto a la cabeza de esta. Mayuri apretó un botón y se proyectó por sobre la mesa un holograma. Los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por las diminutas ventanas del Shinshinrō (2), un lugar al que Ichigo fácilmente pudo identificar. La pantalla hacía un suave vaivén —debido al vuelo del insecto espía que revoloteaba y que tenía la cámara instalada—. Estaba recostada en el suelo, con sus ojos cerrados y con su larga cabellera esparcida alrededor suyo; respiraba lentamente, tan suavemente que hasta daba la impresión que no inspiraba. Y abrió los ojos y contempló embelesada al insecto, pero casi pareció como si mirase a los Capitanes a lo más profundo de sus almas.

—¡Imposible! —Fue lo único coherente que Ichigo pudo pronunciar dada la sorpresa recibida.

Kyōraku recargó sus codos en la mesa y entrelazo sus dedos bajo su barbilla—. Hace tres días, que el equipo de búsqueda de la Décima División, en una de sus rutinas por la puerta Hokutan la encontró deambulando —comenzó a explicarle a Ichigo, mientras fijaba su vista en la mujer que yacía postrada como una frágil flor en el suelo—. Capitán Kurotsuchi, por favor continúe con la explicación.

El siniestro hombre, enmarcó una macabra sonrisa.

—Se han realizado una serie de exámenes y por ende… —guardó silencio por un momento, solo para incrementar aún más la tensión— concluyó que es efectivamente, la antigua Capitana Unohana Retsu, o al menos… —dictaminó muy entretenido.

—… —Ichigo interrumpió— ¡¿Creí que ella…?! —Inconscientemente volteó hacia Zaraki.

—¡La maté! —Le gritó, a él y a los demás reunidos— ¡Yo la maté¡ —Sentenció furioso hacia sus colegas reunidos— ¡Y me quedé con el maldito nombre de Kempachi! —Fue lo último que dijo antes de marcharse como un bólido furioso.

—Personalmente, no creo que Zaraki mienta —Shinji dijo al cabo de unos cuantos segundos muy tensos, mirando fijamente a la mujer en la pantalla.

—¿No hay un posible error? —Preguntó esperanzado, aunque Ichigo ya sabía la respuesta.

—¡Por supuesto que no! —Soltó Mayuri ofendido— ¡Se realizaron las pruebas al menos unas doscientas veces!

Hasta ese momento, Ichigo no había prestado la debida atención a los reunidos. Y fue entonces que se percató de las tres sillas vacías. Una de ellas, recién dejada por Kempachi y las otras dos, si estaba en lo correcto, pertenecían a los Capitanes de la Sexta y Octava división.

—¿Qué dice el reporte de Kempachi? —Ichigo inquirió.

—¿Quieres que lo resuma, o prefieres leerlo? —Shunshui preguntó.

—¡Apague la imagen, Capitán Kurotsuchi! —y el hombre le hizo caso—. Creo que mejor lo leeré —llevó una de sus manos a su frente y ahí la mantuvo por algunos segundos—. ¿Qué ha dicho ella? —Alzó su vista, mirándolos en general.

—Ella no ha dicho una sola palabra —Kensei le respondió.

—¿No puede? —Ichigo volvió a cuestionar.

—Simplemente, se niega a responder cualquier pregunta que se le haga —Ahora fue Tōshirō quien respondió a la pregunta.

Un blanco pajarillo ingresó por el gran ventanal y justo se posó por debajo de donde segundos antes se proyectó el holograma. Y casi, por un instante, a Ichigo le pareció ver el vuelo de una diminuta mariposa dorada… Pero, sus ojos lo debieron de haber engañado, no existían las mariposas de alas doradas en el Seiretei. Y la discusión que estuvo a punto de cernirse nunca sucedió.

—El problema en sí, yace en la Cuarta División —Shunshui de pronto se vio obligado a explicarse—. A pesar de nuestros esfuerzos en mantener esto como un secreto, se ha escapado de nuestras manos. Ha comenzado una pequeña revuelta a manos del tercer oficial Hanatarō Yamada —la sorpresa del nombre y lo acontecido no pudo ser ocultada por parte de Ichigo—. El Seiretei en sí se está dividiendo en dos bandos, unos que piden su libertad y otros que exigen mantenerla encerrada —su voz se volvió un susurro casi inaudible—. Luego de este incidente, me vi obligado a poner bajo arresto a los miembros de la Cuarta División que se mantuvieron tras sus puertas durante el levantamiento. Pero… en este punto, me es imposible saber en quien confiar… —su atención entera se centró en los Capitanes reunidos— Se puede terminar fácilmente con la insurrección, sin embargo, con la idea ya planteada, nada de lo que se haga podrá detener la catástrofe que se avecina, Ichigo-san —el pajarillo comenzó a brincar por la mesa—. Ahora entiendes, porque no me da gusto verte aquí —le soltó con total franqueza— Después de la Guerra contra los Quincys, el Seiretei no puede darse el lujo de una lucha interna. No cuando aún hay heridas que no han sanado completamente.

—… ¡Ah…! —Fue lo único que Ichigo pudo pronunciar.

Ese era el momento de ser el héroe que salvaría una vez más al Seiretei, o tal vez, quizás… estaba a punto de convertirse en su más cruento villano. La vida de una persona, el destino del Seiretei descansaba en sus hombros. Casi de forma desapercibida, apretó sus puños, hasta que sus nudillos se volvieron completamente blancos. Lo único que le era perfectamente visible desde su sitio era el Shinshinrō que se alzaba ante sus ojos.

—…

El resto, solo permaneció en completo silencio. Ichigo suspiró pesadamente al momento de levantarse y caminar hacia el corredor por donde los rayos del sol ya lo iluminaban.

—¿Se cremó su cuerpo aquel día? —Le daba la espalda a todos, así que no importaba quien le respondiera.

—La pelea entre Unahana-san y Kempachi, se llevó a cabo en los niveles inferiores de la Cámara y recuerda que durante la Guerra contra los Quincys esta fue atacada y varios niveles quedaron inaccesibles —Rose comentó.

—En pocas palabras, nadie hizo nada para recuperar su cuerpo… —explayó con marcada ironía sus palabras al momento de voltearse.

—A casi nadie se le permite el ingreso a la Cámara de los 46, aún en tiempo de Guerra no se permite el acceso a sus instalaciones —respondió Ukitake.

—Tōshirō, ya que fueron tus hombres los que la encontraron, serán ustedes los que busquen en las ruinas de la Cámara de los 46 los restos de la batalla de aquel día —Comenzó Ichigo a dar sus primeras instrucciones.

Hitsugaya ya no lucía como un niño, sino tenía más bien el aspecto de un adolescente. Su rostro más enmarcado, aunque, ahora su cabellera lucía un corte muy similar al de Kensei.

—¿Dudas de mis palabras? —Kurotsuchi canturreó con diversión.

—No dudo, pero, tengo que tener todas las evidencias en mis manos. Para que cuando tomé mi decisión, sea en base a hechos y no a mi sentir —explicó—. ¿Quién vigila el Shinshinrō?

—La Segunda División —finalmente habló la única mujer presente.

—De ahora en adelante, la División de Kido será la responsable —Sui-Fēng estuvo a punto de replicar—. Necesito que la Segunda División mantenga el orden en el Seiretei, durante mi estadía y para ello también requiero a las Fuerzas Especiales, necesito que los cinco escuadrones se muevan por todo el Seiretei y que comiencen a ordenar la situación —le dijo en un tono que no dejaba lugar para alguna duda—. Evitando, la mayor cantidad de muertes que se puedan.

—… Por supuesto —ella respondió.

—De ahora en adelante, el Shinshinrō se mantendrá en estricta vigilancia, ¿estás de acuerdo, Tessai-san? —Le dijo al recién llegado comandante de la División de Kido—. Ningún Capitán podrá tener contacto alguno con ella, por lo tanto, cualquier cuidado que requiere recaerá en sus manos —le dijo al hombre de oscuras gafas—. Y la llamaremos por su nombre, Unohana-san.

—¿Estás seguro de darle ese nombre? —Rose fue el único que se atrevió a preguntar.

—Es ella… hasta que se demuestre lo contrario… —Ichigo replicó.

—Te has vuelto un hombre muy sabio y político, Ichigo-chan —Shunshui se vio obligado a elogiarlo, ni él mismo hubiese podido elegir una opción que por el momento dejase satisfecho a ambos grupos—. Me he adelantado y se te ha preparado una habitación aquí en la Primera División, Okikiba-san te llevará ahora, si estás de acuerdo —el joven solo cabeceó en respuesta.

Sin decir una sola palabra más, Ichigo camino fuera de la sala de reunión. Necesitaba un poco de aire fresco de aquel lugar que tanto le asfixiaba. Pero, antes de salir completamente, se detuvo—. Capitana Sui-Fēng no sea tan dura con Hanatarō… compréndalo un poco, por favor.

.

.

La fuerza del golpe, lo llevó directamente al suelo. Tenía la nariz rota y el labio reventado. Poco a poco, el polvo se fue acrecentando mostrando a los dos individuos involucrados en la pelea. Uno lucía abatido y el otro estaba furioso. Le cogieron por el cuello de su uniforme, y golpe tras golpe los recibió sin el menor indicio de querer detenerlo; de alguna forma, sentía que lo merecía.

¡Si lo hubieras matado! ¡Si lo hubieras matado! —Repitió en el medio de los golpes— ¡Ella estaría aquí! ¡Rukia estaría viva…! ¡Maldito cobarde! —Renji le gritaba— ¡¿Cómo puedes tener tanto poder y tanto miedo como para matar a alguien?! —Escupió hecho una fiera, con su cabellera desbocada, casi lucía como un león a punto de matar.

Y ese último golpe que tenía planeado nunca llegó, y fue algo que al mismo Renji impacto. Con su mano abierta, Ichigo detuvo ese último puño y con bastante fuerza lo arrojó hacia atrás. Estaban rodeados por algunos tenientes, que no tuvieron las agallas para detenerlos. Kira, Hisagi, Yumichika e Ikkaku, observaban en silencio. Ichigo se levantó, quedando en toda la gloria personificada, con un aura completamente distinta. Algo en él había cambiado, algo en su interior se quebró y el hielo en su mirada se forjó. Tal frialdad los dejó completamente pasmados. No hicieron falta las palabras… Renji comprendió, que algo muy dentro de él acababa de quebrarse para siempre y que a partir de ese día, no habría nadie que pudiese ayudarlo.

Acababa de liberar a una bestia sedienta de sangre ¡Y por Dios! Ciertamente lo había hecho. La terrible masacre de hacia diecisiete años aún le quitaba el aire a más de uno. Aquella terrible carnicería, nadie en el Seiretei quería volverla a vivirla. Aquel día, realmente del cielo llovió rojo carmesí, y solo uno de ellos se baño en sangre.

.

.

Su silla era la más apartada, inclusive estaba en completo silencio; aunque, sus camaradas no paraban de hablar. De vez en cuando, fijaba su atención en el único reloj de la pared. Se mordía las uñas, en claro nerviosismo. Un fino sudor cubrió su frente, inequívoca señal de que algo la preocupaba.

—Luces tensa —Lisa se le acercó y recargó su espalda contra la pared— ¿Tanto te preocupa la llegada de un miembro de la Guardia Real? —Exclamó al mirarla de soslayo, de forma bastante disimulada para el resto.

Un breve suspiro—. Solo pienso… que fue muy corta esta paz —aunque su voz fue un suave murmullo, fueron sus palabras lo suficientemente claras como para que todos la escuchasen a la perfección.

El ambiente de pronto se volvió pesado, de esa forma que solo se muestra cuando algo no esta en lo absoluto bien.

—¡Es fresita-kun! —Chilló Mashiro apareciéndose por la ventana— ¡Ichigo-chan es el enviado oficial!

—… ¿Esta … completamente segura Teniente Kunai…? —Nanao lentamente se acercó a ella.

—Yo lo vi…

El resto de sus palabras no fueron escuchadas, para ese momento Nanao ya corría por los pasillos de la Primera División. Tenía un deber de suma importancia que debía de cumplir. Y desde la sala de reunión, alguien más la miraba mientras se daba a la fuga. Una hermosa mujer de grandes atributos que sintió un terrible escalofrío. El shunpo de Nanao había mejorado, aunque estaba lejos de darle alcance a un Capitán. Pese a eso, solo le tomó un par de minutos el llegar a su lado. Había un pelirrojo en compañía de su superior inmediato, fácilmente distinguible desde la distancia. Estaban en lo más alto de una colina, desde ahí descendía un pronunciado escarpado rocoso hacia un llano solitario.

—¿Lo percibes? —El hombre de rojiza cabellera y en cuyo haori se leía perfectamente el "6" preguntó.

—… Si —respondió al cabo de unos segundos.

Las huellas de unos pies descalzos terminaban ahí, bajo sus pies, al final del barranco yacía el inerte cuerpo de un pobre desafortunado. Ambos lentamente se giraron hacia la joven Teniente que acercaba su paso a ellos, lucía cansada, así como ansiosa.

—¿Qué hará? —Preguntó el bermejo.

—¡Capitán… Shiba…! —Habló la mujer de gafas— Es… —su voz tembló.

—Lo sé, Nanao-chan —Isshin le sonrío con una falsa mueca en su rostro—, lo percibí claramente desde que llegó —y suspiró—. Realmente, no se como hacerle frente a mi hijo —le dijo a ambos, y en su haori se veía perfectamente la insignia de la Octava División— No sé, porque lo han enviado precisamente a él… —apretó fuertemente sus puños mientras miraba el cielo.

Torre de Babel

—Cuidas con sumo esmero a esos pajarillos —le dijo al verlo como alimentaba a unas crías abandonas por su madre.

—Me mantiene relajado, Yamada-sama —el gentil hombre se giró hacia el anciano hombre.

—Dentro de poco, la responsabilidad de este Clan recaerá en tus hombros y como mayordomo deberás de estar siempre un paso delante de las intenciones del amo… —le miró fijamente a través de sus gruesas gafas— ¿Seguro de esto? —Vaciló al preguntarle.

—Tomé mi decisión al venir a este lugar —le respondió—, haré todo lo que esté a mi alcance para proteger a mi hermana —murmuró al ver como una avecilla blanca revoloteó por la habitación hasta que se posó sobre el suelo y comenzó a brincar—. Cualquier cosa, Yamada-sama.

—Ichigo llegó a la Sociedad de Almas… —el pajarillo habló y para nada sorprendió a los hombres. Por el contrario, el anciano mayordomo se levantó lentamente— ¡Díselo! —dijo el avecilla.


Φ

La Guerra no determina quién tiene la razón, sólo quien queda

Bertrand Russel

Φ


Notas de la autora:

* Lamento tanto, tanto, esta demora.

+ Gracias de antemano a todos los que han esperado mis historias, es momento de ponerse al día.

+ La última parte de esta historia transcurre entre el mayordomo del Clan Kuchiki y este hombre misterioso del que reveleré su nombre en siguientes capítulos.

Bibliografía:

+ (1) Okobo, también llamadospokkuriykoppori, son sandaliastradicionales japonesas usadas por lasmaiko, es decir, las aprendices degeisha, similares a las getas

+ (2) Shinshinrō, Prisión de cuatro profundidades


Φ

Una chica con lentes bajo la luna…

– Akihito–Kyoukai no Kanata –

Φ