Bleach no es de mi autoría, le pertenece a KuboTite. Historia original, escrita por mí.
Semi-universo alterno, basado hasta el capítulo 586 manga.
Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.
Introspección: Una suave caricia como despedida. Un adiós sin palabras. Promesas rotas, falsas palabras... Así es, como hoy vivimos. Donde perdimos todo lo que debió de haber sido, porque no hubo esperanza alguna para el futuro. Y sin embargo, el pasado se revelará, en el día prometido.
Sumary: Admira, el precio de tu pecado.
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– Torre de Babel –
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Por Ireth I. Nainieum
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Capitulo III
El momento eterno
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Ne avertas oculos a fulgure huius sideris si non vis obrui procellis
- No quites la mirada del brillo de esta estrella, si no quieres ser aniquilado por la tempestad -
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Llegó pasada la media noche al puesto de la División y era evidente, que nadie le esperaba. Los oficiales de la Duodécima División apostados en la entrada lucieron bastante incómodos. Ichigo se detuvo por un momento, al llegar a las altas puertas que daban la bienvenida a quien quisiese atravesarlas. Hiyosu traspasó los portones mostrando una sordina sonrisa en sus delgados labios. Cargaba un extraño objeto pequeño entre sus manos, fue hasta que le prestó la debida atención, que Ichigo percibió que esa "cosa" se movía. A los guardias se les erizó la piel y desviaron sus miradas. Pero, el recién llegado no pareció inmutarse en lo absoluto con tal muestra de franco menosprecio.
—Es por aquí —Hiyosu le indicó a Ichigo.
La Duodécima División seguía siendo el mismo enmarañado laberinto que recorrió. Pero en aquella ocasión que visitó sus cuarteles, estaba más preocupado por su Zanpakutō que poca atención prestó al caminó que recorrió. Lo que si recordaba muy bien, era esa enorme espiral descendente que ahora atravesaba. Cientos de diminutos portones apostados uno al lado del otro, recorrían el camino que bajaba en un interminable conjunto de habitaciones; todas y cada una de ellos, pequeños laboratorios de investigación. Le asombró ver que todo aquel extraño conjunto lucía como una ciudad subterránea, no más bien, como un enorme hormiguero. Hubo un punto, en que Hiyosu comenzó a llevarlo por una serie de pasillos cada vez más oscuros y estrechos que en otros tiempos le habrían arrancado un grito, pero por el momento, se mantendría en total y absoluta calma. Hasta que llegaron a lo que le pareció, la parte más baja y oscura de la mismísima División, donde solo había una puerta que parecía ser de metal. Eso lo pensó, hasta que un enorme ojo los observó a ambos, parpadeó por un instante. Y luego, simplemente, la puerta se abrió. Ese, era el mismo ojo del raro Capitán de la División.
Ahora, si estaba sorprendido. El techo era tan alto como 6 edificios y el cielo era inclusive más azul que el que existía en la Sociedad de Almas, la tierra era seca, desértica. Lucía exactamente igual a uno cielo que había visto en otros tiempos. Uno que se parecía al que existía bajo una tienda en Karakura.
Lo que si era nuevo, era aquel escudo en el medio del desértico paisaje. Los ojos de Ichigo se posaron en una máquina —donde estaba Kurotsuchi—, no le quedaba la menor duda, que intentaba emular el escudo de Orihime. Hubo un pequeño descontrol, algo salió mal, una chispa fue la causante de que el experimento completo fuese un fracaso. Escucho el chillido de furia del Capitán. Aquello lo había puesto de muy mal humor.
—Capitán Kurotsuchi —Ichigo le llamo al acercársele. Fue hasta ese momento que los demás investigadores le prestaron atención—, hay algo de lo que me gustaría hablar.
Mayuri le miró de soslayó, bastante irritado — ¡Largo! —Le gritó a su gente y estos de inmediato se marcharon de ahí—. Supongo, que no has venido a visitarme —le murmuró con sarcasmo, sacando un extraño objeto de su oído izquierdo y que al parecer encendió—. Sin fisgones indeseados —le aclaró apagando la máquina en la que experimentó.
—¿Ese era el escudo de Inoue?
Mayuri le hizo una seña para que se acercase más a él—. Intento comprender la naturaleza de su poder, pero puedo decir, que ella es… única —su voz pareció excitarse—. Son simplemente, cosas mías ¿A qué has venido?
—Quiero tu opinión, para ti ¿es ella la Capitana Unohana?
—¿Dudas ahora? —Pareció divertido con la entera situación. Permaneció en silencio por unos cuantos segundos y luego, se giró hacia él con un cierto aire de locura en su mirada que lo incómodo— Si y no —respondió—. Al menos una parte de ella lo es, del resto aún tengo mis dudas —aclaró e hizo un tosco gesto son su dedo izquierdo del corazón—. Observa —señaló la enorme pantalla de la máquina que hacía breves instantes había apagado—. Fascinante, ¿cierto? —Soltó con bulla.
Cientos de pequeños botones comenzaron a parpadear rítmicamente. Kurotsuchi ocupo la silla principal y comenzó a mover las manos con tal maestría sobre esta, que Ichigo parpadeó un par de veces confundido. Una serie de datos comenzaron a mostrarse, uno justo detrás el otro. Esa era la información personal de varios miembros del Gotei 13.
—Genryūsai ordenó una revisión exhaustiva de los diez primeros puestos en cada una de las Divisiones, luego del primer ataque del ejército Quincy —comentó con calma, deteniendo la información en Retsu—. Información médica, más que nada —elucidó ante los datos proyectados—. En aquel entonces, como recodarás, la Cuarta División tenía demasiados heridos que atender. Tuve el privilegio de tomar una muestra de sangre de cada uno de los Capitanes.
Claro que lo recordó perfectamente Ichigo, inclusive de él fueron tomadas algunas muestras. Y si recordaba bien, también de Sado y Orihime.
—… Y déjame adivinar —Ichigo interrumpió—, los datos no son concluyentes —dijo al leer por tercera vez la información.
—Analicé la información de la Capitana Unohana, cuando Yamamoto lo ordenó —mostró los resultados del examen— y también lo hice cuando lo estableció el nuevo Comandante Kyōraku antes de su batalla contra Zaraki —ahora mostró la otra mitad de los datos—. Pero el primero no importa —lo desechó como si no fuera para nada importante—. Esta es la información de los datos obtenidos el día de hoy —reveló la gráfica y la pesquisa—. Son exactamente iguales —chilló con gusto, ante tal evidente contrariedad.
Tuvieron que pasar más de cinco minutos, antes de que Ichigo se aventurase a hablar. Lo que veía en ambas partes de la pantalla dividida, era exactamente lo mismo. No había cambiado absolutamente nada, ni un número o coma. Era simplemente, como si la información hubiese sido repetida intencionalmente.
—¿No hay error alguno? —Preguntó Ichigo, aunque de antemano ya sabía la respuesta.
—¡Por supuesto que no! —Explayó más que ofendido el Capitán— ¡Yo no cometo errores! —Siseó.
—… Es imposible —dijo Ichigo al fin, suspirando profusamente y poniendo toda su atención en el Capitán.
Mayuri giro su silla, para volver a quedar frente a la pantalla—. Imposible no… ilógico si —le aclaró extrañamente calmado. Se preguntó hasta qué punto su razonamiento habría madurado. Ladeó un poco su grotesco rostro y en este apareció una tenue sonrisa que bien pudo disimular—. Admito que en un principio pensé que mis subordinados habrían cometido un traspié —se divertiría poniendo a prueba el joven—. Sin embargo, cuando yo mismo realicé el análisis, supe que no había error alguno de su parte. Con total seguridad, puedo decirte que es y no la persona que una vez conocimos como Unohana Retsu —una alarma sonó, Kurotsuchi solo se limitó a apagarla.
—Aunque eso fuese cierto, es absurdo tener el mismo resultado el mismo día —habló Ichigo—. Fisiológicamente, es imposible.
—Lo sé muy bien —su voz parecía sonar pesada y cansina—. Los datos de un día, no pueden repetirse en ningún otro momento. Ni siquiera, con una hora de diferencia. Siempre habrá alguna variación, por ínfima que sea. Sin embargo, los de esta mujer, se ha repetido día tras día, desde que llegó —Mayuri saboreó con su lengua el sudor que se formó alrededor de sus propios labios—. El mismo tiempo parece no existir en ella —apretó un botón en el panel y la imagen cambió, mostraba ahora a la serena y frágil mujer sobre la cual hablaban—. No hay un pasado, presente o futuro para ella.
Retsu lucía por demás tranquila, con los ojos cerrados y sus manos apoyadas sobre el libro que sostenía con tanto ahínco.
—¿Lo sabe alguien más? —Ichigo indago.
Kurotsuchi se alzó indiferente de hombros y no le respondió.
—Solo puedo decirte, que aquí hay algunas personas que no deberían de estar —lo miró de cierta forma, que le heló por completo la sangre—. Al final, siempre obtengo lo que deseo —apretó otro botón más en el panel y la imagen que antes mostró de la mujer desapareció. Y la puerta antes cerrada se abrió, dejando pasar a los investigadores de Kurotsuchi—. He aprendido a ser un hombre muy paciente.
La prueba del escudo de Orihime, daba inicio una vez más.
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—Entonces, ¿es cierto? —Preguntó al acercársele.
—Tengo que hacerlo —le tembló la voz—. Sabes bien que tengo que hacerlo —su voz apenas fue un suave murmullo.
—Huir no será la solución ¿Has pensado en tu familia? ¿En Karakura? ¿En…? —Mordió sus labios y guardo silencio.
—¿En…? —Inquirió al prestarle verdadera atención.
—… En todo lo que dejarás —dijo al cabo de unos segundos.
Quizás le costaba entender un poco las cosas, pero bien sabía que esas palabras no eran las que en verdad Inoue quiso pronunciar.
—Me iré con la Guardia Real y Sado y tú volverán al mundo humano.
—… Supongo… —Ella musitó.
—¿Supones? —Arrugó en entrecejo al preguntar.
—Supongo que así deberá ser, Kurosaki-kun.
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Llevó su mano al puente de su nariz, al recordar la última vez que la había visto. En ese momento, debió de comprender mejor las palabras de Orihime. Tal vez, solo tal vez, habría podido evitar todo lo que sucedió después. Una nimiedad fue suficiente para enfadarlo y hacerlo salir como bólido de la Duodécima División. Debía de irse de ahí lo antes posible, tenía que abandonar la Sociedad de Almas, antes de que alguien más descubriese su oscuro secreto. Nada, absolutamente nada, terminó como debió de haber sido.
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Tan pronto como llegó a la Primera División, le ordenó al Teniente Okikiba una serie de reportes que nada tenían que ver con el asunto principal que iba a tratar. Y sin embargo, algo muy dentro de él le dijo, que de una u otra forma todo estaba conectado.
—Teniente Kurotsuchi Nemu "DESAPARECIDA" —leyó—. Tercer oficial Akon "DESAPARECIDO" —también apareció en el reporte—. Declaración oficial «MUERTOS EN COMBATE» —apareció en la última hoja del reporte. Ichigo recargó su espalda contra la silla.
Lo que llamó su atención, fueron una serie de fotografías que mostraban la blanca arena de Hueco Mundo, así como el grisáceo cielo que tanto lo caracterizaba. Y algo más, que no pertenecía para nada en ese lugar resplandecía magníficamente. Ese era el Shiten Kōshun, llevado a un punto incomparable. Parecía cubrir por completo el Palacio de Las Noches, como si estuviese resguardando algo en su interior.
—«MUERTOS EN COMBATE» —Volvió a leer.
Había un archivo de vídeo, el mismo que Ichigo comenzó a reproducir con sumo interés.
—Prueba experimental, número 637156 —Mayuri decía a quien estaba grabando—. He decidido que estos dos —señaló a Nemu y a Akon—, averigüen lo que detrás de la kēji (1) —la sola palabra captó la atención de Ichigo—. Se han enviado objetos, y seres de menor categoría —almas plus y Hollows de baja clase, había leído Ichigo con anterioridad—, sin embargo, ninguno de estos ha retornado. He de suponer que no tienen intención alguna de hacerlo. Por ello, mi Teniente y Tercer Oficial, serán los encargados de recuperarlos. Son las 13:45 horas del 5 de Abril…
Ichigo adelanto el vídeo por varias horas y tal como lo había intuido con anterioridad. Ni Akon ni Nenu, regresaron. Y a pesar del tiempo transcurrido, el escudo de Orihime permanecía activo en Hueco Mundo.
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• Torre de Babel •
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Su rostro lucía sombrío a la luz de las velas. Las sombras contrastaban fuertemente contra su rostro, las mismas que lo hacían lucir extraño e incómodo. Sus facciones lucían duras y hasta cierto punto siniestras; entrelazó sus dedos bajo la barbilla y miró por un segundo a su lugarteniente.
—¿Es lo único que te ha solicitado? —Preguntó Shunsui a Okikiba.
—Por el momento, Comandante General —respondió el hombre—. Pero, no tardará mucho en pedir el informe completo que está llevando el Capitán Kurotsuchi.
—Le dije que se controlase por el momento —le dijo al Teniente claramente molesto—, ve personalmente y dile que tengo que hablar con él, hoy mismo —sentenció firmemente la orden a Okikiba.
El anciano hombre hizo una leve reverencia en señal de respeto, tanto al Comandante General, como a los dos Capitanes reunidos. Una vez que el anciano se retiró, Shunsui habló.
—Tu hijo está aquí, ¿Qué sugiere Capitán Shiba? —Kyōraku preguntó.
Renji miró de disimuladamente a su colega.
Isshin sonrió—. Mi hijo no es tan tonto —les dijo—, solo le tomará un par de días más el averiguar todo lo que está sucediendo.
—¿Y luego que haremos? —Volvió a inquirir el Comandante.
—No lo sé —respondió el único padre presente—, me supongo que tú y Oshō ya tienen la respuesta a eso, ¿no es verdad, Comandante? —Su mirada fue desafiante.
—Nada está decidido aún —Shunsui aclaró.
—Miéntete a ti mismo —comentó al momento de levantarse—, pero no hagas lo mismo con el resto. Estoy cansado de esto —le dijo.
—Isshin… —tu hijo luce fuerte— Shunsui habló, intentando darle una aparente calma.
—Él no es tan fuerte como todos piensan, es solo un niño asustado.
El Capitán Shiba abandonó la reunión que se llevaba a cabo con el Comandante General. Renji, de pronto se sintió inmerso en una conversación de la que no tenía el más mínimo gusto de participar.
—Tengo en mis manos una orden que llevar a cabo, Capitán Kuchiki —le habló a Renji—, y desafortunadamente, su nombre está incluido. Es una orden del mismo Oshō.
—Porque siento, que esto no va a gustarme en lo absoluto —murmuró.
—Debo hallar una excusa —Kyōraku de pronto pronunció.
—¿Excusa para qué?
—Para una ejecución —le extendió una carta, que llevaba grabada el sello de la Guardia Real, escrita a puño y letra por Ichibē Hyōsube. La misma que llegó minutos después que Ichigo arribase.
Renji leyó el documento y no podía dar crédito a lo que estaba escrito. Luego, muy lentamente alzó su vista, esperando ver la burlesca sonrisa de Shunsui. Pero nada de eso ocurrió.
—Ichigo es mi amigo —respondió apoyando la carta sobre la mesa y poniéndose de pie. No dispuesto a llevarla a cabo, o al menos, a ser participe de esta.
—¿Vas contra la orden impuesta?
—Bastante estoy haciendo con la ceremonia el Harae (2) —apretó fuertemente sus puños— ¿No es acaso suficiente con lo que le están pidiendo a Byakuya-sama…? ¿Con cuántas muertes más estará satisfecho Oshō? —Espetó avanzando hacia la puerta.
—Renji… —le habló antes de que saliese por la puerta— Sabes bien que se está haciendo todo lo necesario para que podamos sobrevivir.
—… ¿Realmente, valdrá la pena? —Exclamó por lo bajo— No asesinaré a mi amigo, bajo ninguna circunstancia.
—¿Estás realmente seguro, Renji-kun? —El pelirrojo volteó hacia él— Todos tenemos oscuros secretos, todos y cada uno de nosotros —su rostro ennegreció por completo—. Tú también tienes los tuyos… —y se puso de pie— Ichigo-kun no es un hombre inocente. Su pecado, es quizás el más oscuro de todos. Sus manos, llevan la sangre de un inocente.
—Al menos, mis secretos no son tan oscuros como los suyos, Comandante General.
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La magnífica interpretación de un violonchelo acompañado de la orquesta escolar, invadió por completo el salón de música donde era interpretada la bella canción Sospiri Op 70. La interpreté era concisa y precisa, sus compañeros presentes admiraban embelesados su perfecta interpretación. Al igual que el público reunido, que no podían más que halagar a la joven interprete. Quien alzó por un momento la vista y le sonrió al joven hombre que acababa de llegar. Muy a la distancia, junto a la entrada del recinto una joven mujer recargaba su espalda. Cerró sus ojos por un momento, para poder disfrutar por completo de la interpretación. Tenía que admitirlo, era una de las cosas más hermosas que jamás había escuchado.
—Profesora Inoue —el joven susurró al llegar a su lado.
—Shirou —la dulce voz de la joven maestra llegó a los oídos del joven.
—¿Cómo se encuentra?
Levemente, esbozó una jovial sonrisa — ¿No deberías de prestar la debida atención al escenario? —Murmuró suavemente—, en especial a la jovencita que toca —Orihime calmadamente habló.
—Siempre le presto la debida atención a mi prometida —comentó al mirar al escenario—. Simplemente quisiera saber si ¿podemos vernos? —Él preguntó.
—Más tarde —ella respondió apartándose de la puerta.
Lo sabía, lo que estaba haciendo estaba mal y aun así, aun así… lo estaba llevando hacia su propio fin. Los aplausos invadieron el salón de música, la bella interpretación había finalizado y el joven con el que acababa de citarse para un encuentro, caminó hacia el escenario siendo observado por el público que lo miraba atento. Llegó al lado de la pequeña intérprete de gafas negras y le entregó un precioso ramo de tulipanes violetas.
Salió del Instituto caminando de la mano en compañía de la jovencita que llevaba muy contenta el hermoso ramillete de flores.
—Caminaremos —dijo el hombre a un guardaespaldas que se les acercó. Al mismo tiempo, le entregó el violonchelo, así como la mochila de la chica.
Si bien caminaban lentamente por la entrada del Instituto, eran seguidos muy de cerca por los guardaespaldas del joven. Reticente al ser siempre observado por gente extraña. Como una niña pequeña, ella sujetaba su mano con una enorme sonrisa que él correspondió con igual gesto. Adoraba la inocencia de sus ojos, esos hermosos orbes violáceos. Iguales al ramillete de flores que llevaba. Su larga cabellera —por debajo de su cintura— y fleco recto sobre su frente, le concebían una aire de enorme ingenuidad, además que la hacían lucir mucho más joven de lo que realmente era. Algo que ella odiaba, ya que a sus 17 años, muchos consideraban que era una estudiante de Secundaria.
—Escuché tu interpretación y fue magnifica —la elogió con franca sinceridad.
Ella suspiró y observó por un instante el cielo—. Me equivoqué en unos acordes —respondió sincera—, pero ya sabes… —volteó hacia el edificio del Instituto— aquí todos me halagan —murmuró seca, ante las falacias que tanto le dedicaban—. ¿No quisieras en días huir de aquí? —Susurró esperanzada.
Él sonrío ante su ingenuidad—. No llegaríamos ni a la esquina, cuando el equipo ya nos diera alcance —le explicó la realidad que ambos vivían y vio como de su rostro desaparecía aquel diminuto brillo de alegría—. Pero, si, hay ocasiones en que quisiera hacerlo. Y además, tu abuelo me mataría.
Una carcajada estalló en ambos. Ella lo miró de reojo, con su gran altura —prácticamente le sacaba de los hombros hacia arriba, ya que no era muy alta—. Desde hacía días, que le parecía ajeno al mundo que los rodeaba. Shirou detuvo sus pasos.
—¿Qué pasa?
Él miraba otro punto del camino, a un punto vacío—. Nada… —exclamó apresurando el paso.
—Shirou, soy tu prometida ¿si algo te pasará me lo dirías? —Lucía excesivamente preocupada por él.
—No pasa nada hermosa —besó tiernamente su mejilla—. Es… solo mi madre —aclaró y le mintió con la sonrisa que le dio.
Un gesto de los que últimamente le mostraba. Él no era sincero, pero en ese punto, no sabía qué hacer para que él volviese a confiar en ella. Como cuando eran unos niños. Cuando no tenían secretos. Decidió no darle importancia, tal vez había vuelto a pelear con su madre, tal vez estaba preocupado porque dentro de pocos serían los exámenes en la Universidad, o tal vez, solo tal vez… ya no estaba tan seguro de su compromiso. Ella misma comenzaba a tener sus propias dudas.
—¿A dónde iremos? —Ella preguntó con un hilo de voz.
—Al apartamento —le dijo, sujetando fuertemente su mano—. Solo comeremos helado, lo prometo.
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—Nos veremos mañana —dijo en señal de despedida, al llevarla hacia la puerta de su casa—. Cuídate.
—Shirou, tu madre debería de estar orgullosa de ti.
Mantuvo su inexpresivo rostro ante ella—. Nunca seré lo suficientemente bueno ante sus ojos.
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No entregó siquiera su maletín al mayordomo cuando una hermosa e imponente mujer descendió por la colosal escalera de mármol de aquella fría mansión. A pesar de su edad, aún mantenía rasgos de absoluta belleza. Hermosura con la que opacaba a muchas damas de la sociedad desde hacía varios años. Llegó ante su hijo y sin mediar una sola palabra, con un grosero gesto le indicó al sirviente que se marchará.
—¿Te has visto con ella? —Preguntó demandante.
—… Si madre.
—¿La has llevado al apartamento? —Inquirió torciendo sus labios, llenos de un intenso rojo carmín.
—Como cada día que salimos solos.
—¿Y bien…? —Se cruzó de brazos esperando respuesta.
—Como siempre y como es tu deseo, hemos terminado en la cama… Madre —intentaba controlar su tono, lo más que le fuera posible. Antes que lo hiciese estallar. Y como cada día que preguntaba lo mismo, volvió a mentirle con total sinceridad.
La fina sonrisa de sus labios, terció en un horrible gesto que transformó su rostro. Ávido por el poder y el dinero. Gestos que odiaba profusamente de sus padres.
—Perfecto, mientras la embaraces pronto… —se iba a girar, pero se detuvo por un breve momento. En el cual lo miró inquisitivamente—. ¿Sin protección?
—¡Si madre! —Ya estaba irritado.
La bofetada fue dada con tal fuerza, que lo tiró al suelo— ¡Guarda tu tono, Shirou! Haces esto para que tu padre pueda usar la fortuna de su abuelo, ¡necesitamos ese dinero para la campaña política de tu padre!
Estaba avergonzado de su actitud, de tener que usar a su prometida por la sola ambición de sus padres. De no ser más que una marioneta para ellos. La quería, ¡por Dios! ¡Sí que la quería! Pero no deseaba que las cosas hubiesen sido de esa manera. Habría preferido que su primera vez fuese mucho más hermosa, en un ambiente que hubiese sido completamente suyo. No planeado por su madre. Y fue por ello que no se había atrevido a tocarla de esa forma luego de aquel día. Por ello, iba con ella… con Orihime. Porque solo con ella podía darle rienda suelta a los deseos que lo embriagaban.
En el segundo piso, en el ala este se encontraban las habitaciones principales y para llegar a la suya debía de recorrer el extenuante pasillo de espejos. Los odiaba y a pesar de eso, su madre no los quitaba, adoraba ver su rostro en cada esquina que fuese posible. Cada vez que caminaba por ahí, no era su ser el que miraba. Muchas veces, desde hacía años que su reflejo era el de un demonio de piel blanca y alas de murciélago. Se detuvo poco antes de entrar a su recámara, tocó el reflejo con su fría mano.
—Hola, mi otro yo…
Ese demonio le miro frío e inexpresivo a través de sus ojos verdes.
Y una vez más, la imagen de Orihime se mostró como un extraño sueño en su cabeza. De ella que lloraba por él.
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• Torre de Babel •
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Fue la primera vez que se atrevía a ir a ese lugar. El largo camino le pareció extremadamente largo y sinuoso. Cientos, no miles de rojos Torii (3) le indicaban cual era la única dirección a seguir. Y cada uno de estos pilares, se podían leer perfectamente los Sutra (4) dedicados a los muertos. Era imponente tenía que admitirlo, toda la majestuosidad del Clan Kuchiki podía ser fácilmente percibida. Le tomo al menos unos cinco minutos más, el poder llegar al edificio principal; era por demás opulento, más no austero. Suspiro profusamente al tocar la imponente puerta de roble japonés rojo —con el grabado del Clan— e ingresó a ese lugar tan pacifico.
La clara luz del exterior se filtraba delicadamente, dando su magistral brillo en las incontables losas de los fallecidos y no era el primero que estaba ahí. Perfectamente pudo reconocer al pelirrojo que ahí se hallaba. Renji no se inmuto en lo absoluto con su presencia. Terminó con su breve oración y luego encendió una vara de incienso, la misma que colocó sobre la arena exactamente frente a la pequeña lápida que tenía grababa el nombre de Rukia.
—Has tardado demasiado en venir, Ichigo.
El joven hombre solo se acercó con crisantemos violáceos que se encontró por el camino y las colocó en el único jarrón disponible. El agradable aroma invadió los sentidos de ambos hombres. Las flores silvestres le generaron un extraño sentimiento al único Capitán presente. Tal vez Ichigo no lo sabía, pero esas eran las flores favoritas de Rukia. Una extraña punzada y una necesidad incontrolable por herirlo lo invadió.
—No me gustan los cementerios —Ichigo comentó con franca honestidad. Luego hizo su oración, al cabo de unos cuantos segundos, ambos permanecieron en silencio.
—Dime, ¿qué relación tenías con Rukia? —La voz de Renji sonó por demás profusa, por no decir urgida.
Ichigo mantuvo el silencio por unos segundos más, como si intentase buscar las palabras apropiadas para describir su relación con Rukia —. Solo éramos amigos, Renji.
—¡¿Qué clase de amigos?! —Volvió a exigir el pelirrojo.
Bastante irritado, Ichigo replicó—. ¡Amigos, amigos! —Sin decir una palabra más, con el paso acelerado caminaba directo a la gran puerta con la perfecta intención de marcharse.
Renji claramente, lo había puesto de muy mal humor.
—Rukia y yo éramos amantes —de pronto soltó, e Ichigo detuvo su paso.
Se giró demasiado lento —para el propio gusto del bermejo— y le miro con franca incredulidad. Como si estuviese dudando de sus palabras. Sin embargo, los yerros ojos de Renji le decían en completo silencio, que no había mentira alguna de su parte. Ichigo apretó muy fuertemente sus puños.
—¿Por qué me lo dices? —Farfulló furioso, eso era algo que no quería saber. Que no necesita saber y entonces, imágenes de ellos dos juntos llegaron como ráfagas a su mente. Imágenes que ahora no podía sacar de su cabeza— ¡Maldito! —Murmuró por lo bajo.
—Solo quería saber si te acostabas con Rukia, mientras ella vivía en tu casa.
Ichigo dio varios pasos al frente, más aún mantuvo cierta distancia con el pelirrojo—. ¡Por supuesto que no! —Espetó—. ¿De qué rayos se trata todo esto Renji…? ¡No tengo ninguna necesidad de saber tus intimidades! —Dio otro par de pasos, hasta que quedo frente a frente con el bermejo—. ¡Maldita sea! ¿Qué quieres realmente?
…
—¿Por qué te fuiste como un perro asustado? —Extrañamente, Renji lucía muy calmado. En cambio a Ichigo, parecía faltarle poco para llegar a su límite.
—¡Lo sabes muy bien —su voz ya no era un susurro, sino un grito lleno de franco desespero—, asesiné a demasiados Kushanāda…! (5) ¡Soy un maldito asesino! —La furia en su mirada clamo por un instante las palabras de Renji.
—¡Manchaste tus manos con sangre, pero fuiste incapaz de detener a Ishida! —La cólera contenida por tantos años comenzaba a brotar entre los viejos amigos. La antes calmada voz del pelirrojo se alteró de inmediato—. ¡Si hubieses actuado como un verdadero hombre, Rukia estaría aquí!
…
—¿Y qué es lo que más te duele, el Rukia esté muerta o el que ya no te acuestas con ella? —Ichigo siseo.
Fue la gota que derramo el vaso…
Un certero golpe salió de la mano del pelirrojo, con toda la intención de herirlo profusamente. Sin embargo, la agilidad de Ichigo superó con creces al Capitán. De una forma que Renji no pudo percibir, Ichigo lo derribo y su pecho golpeó el frio piso, poco después sintió como una de sus Zanpakutō se recargo directamente sobre su cuello, la otra descanso encima de su espalda muy cerca de su pulmón izquierdo. Un frío sudor recorrió su frente, el bermejo sabía que el mero hecho de moverse sería suficiente pare que ambas espadas se enterrasen. E Ichigo, en ese momento, no dudaría en hacerlo.
—… —Renji se mantuvo en total silencio.
—¡Rukia fue la persona que cambio mi mundo, Renji! Fue por ella que pude tener el poder que tanto deseaba, pero no por capricho mío —su voz sonaba agitada, cansada… dolida—, sino porque lo que más deseaba era proteger a todos —hacía mucho tiempo que no sentía esa pesada arena en sus ojos, ni aquel vacío en su pecho, mucho menos el grávido nudo en su garganta—. ¡No creas que no pasa un solo día en que no lo lamente Renji, cada día desde hace más de 20 años que no puedo olvidar que otra mujer murió por salvarme! —Su respiración se volvió aletargada— ¡No creas que no me odio lo suficiente! ¡No creas que no desearía haber muerto ese día! —Lentamente fue bajando su cabeza, hasta que su boca quedó muy cerca de su oído izquierdo y luego le murmuró— … ¡No tienes una sola idea de cómo maldigo a mi sangre!
No, ya no deseaba conocer la verdad tras esas palabras dichas por él— Ichigo… —el pelirrojo musito, pero el joven ya había desaparecido con un rápido shunpo.
Pasaron al menos varios minutos, minutos en los cuales Renji intentaba analizar las palabras dichas por Ichigo. Le tomo un poco de tiempo, el tomar la fuerza necesaria como para sentarse en la fría losa del suelo; pero las fuerzas le fallaron y no pudo ponerse de pie.
—Si Byakuya-tono se entera del alboroto que hicieron en el Mausoleo le prohibirá la entrada a este sitio de forma definitiva, Renji-sama —Tenma (*) abrió de par en par las puertas, para dejar pasar la brillante luz del exterior. El pelirrojo aún continuaba en el frío piso del edificio y tan solo se limitó a verlo pasar—. Fue muy cruel —le dijo al momento de colocar unos cuantos ramilletes de flores de ciruelo frente a la lápida de Hisana.
—No le dije ninguna mentira —exclamó al momento de levantarse— ¡Que! —Soltó al ver como su mayordomo le miraba, con franca pena hacia su persona.
—El amor es algo tan dulce, pero a la vez puede ser algo muy triste… sobre todo cuando no se es correspondido con equidad —comentó contemplando las delicadas flores dejadas por Ichigo—. Usted nunca pudo olvidar a Rukia-sama, pero ella aprendió de la inocencia y la pureza de un niño —se giró hacia el pelirrojo—. Sin llegar a intimar físicamente, ellos compartieron algo mucho más profundo de lo que usted una vez tuvo con ella —y Tenma suspiro—. Herirlo de esa forma no lo hará más débil, solo le ha dado el valor y el coraje que necesitaba —observó con atención como el pelirrojo apretujó fuertemente sus puños—. Me retiro entonces, Renji-sama…
No era tan tonto, como para comprender que desde que Rukia volvió de Karakura la primera vez, ya no era la misma. Aquel brillo de vida que mostró, fue algo que él nunca pudo darle. Y por eso, lo odio en lo más profundo de su ser. Aprendió a odiarlo en silencio, cada vez que ella hablaba de él, de las cosas que le enseñó en el mundo humano, de los chistes que hacía, de los momentos que compartieron, de esas miradas robadas, de la bella alegría que Ichigo le dio… su sangre hervía en celos ¿Por qué? ¿Por qué simplemente él no pudo darle esa felicidad que Rukia tanto merecía? ¿Por qué ella no lo eligió a él…? Habría dado todo, su vida, su alma, su ser mismo, por siquiera una sola vez haber logrado que Rukia lo hubiese mirado de la misma forma en que miro a Ichigo…
—¡Para! —Le dijo al momento de liberarse de los brazos del pelirrojo.
—¿Por qué, estamos solos? —Murmuró contra su oído, surcando con su lengua su delgado cuello—. Ha pasado tanto tiempo, Rukia —murmuró excitado, pegando su pelvis contra la de ella.
—¡Por favor! —Suplicó al sentir como rozaba su dureza contra su delicada piel.
—… —Se apartó un poco de ella, lo suficiente como para mirarla a los ojos— ¿Qué pasa Rukia? —Ella parecía asustada de él. Y exhaló—. ¿Rukia? —Volvió a repetir su nombre, esperaba una respuesta de su parte. Ella sabía bien, que no había necesidad de preocuparse, siempre había sido gentil. Lo último que quería era lastimarla…
—Ya no quiero esto, Renji… —exclamó con la voz muy baja, apartando su mirada.
Estaban en la habitación que le habían designado al bermejo luego de que Aizen se hubiese ido a Hueco Mundo. Rukia solo quería saber cómo se encontraba su amigo, pero este lo re interpretó como algo más. Algo en lo que ella ni siquiera había pensado. Traía puesto un hermoso Kimono que su hermano le había obsequiado personalmente. Uno que le había dicho que fue de los favoritos de Hisana.
—Ya no quieres esto de mí, ¿es lo que tratas de decir? —Su irritable voz la altero.
Rukia mordió sus labios—. Ya no estamos en el Rukongai —exclamó en un suave susurro, que a Renji le costó escuchar—. El pasado ya no puede volver. Ya no puedo ser, quien una vez fui… Ya no dependo de ti, Renji.
…
—¿Estas enamorada de Ichigo? —Él necesitaba saber.
Pero Rukia, jamás respondió…
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• Torre de Babel •
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Si algo caracterizaba a Rangiku —además de su generoso busto—, era su notable inconsistencia en el trabajo. Solía emborracharse constantemente, llegaba tarde a sus labores, con resaca y fuertes dolores de cabeza. Sin embargo, no era usual en ella el faltar en sus obligaciones, pero sí su primera falta desde que Ichigo estaba ahí. Y precisamente ese día él no estaba de humor. La atmósfera en las ruinas que los hombres de la Décima División limpiaban era tan irritablemente tensa, tanto que todos los oficiales de bajo rango, sudaban —y no por el calor del trabajo—; sino por la tensión acumulada. Su ceño estaba más que arrugado, sus facciones eran por demás duras. No había dicho una sola palabra desde que llegó para supervisar la operación y sin embargo, todos solo querían que se marchara.
—¿Cómo va todo? —Ichigo exigió a Tōshirō que recién llegaba.
—Avanzamos lento, pero seguimos descendiendo al lugar de la última pelea entre Unohana y Zaraki —replicó, luego de haberle preguntado al Tercer Oficial—. Esta no es una tarea sencilla, Kurosaki —ácida fue su respuesta.
Fue el intercambio entre los dos hombres de alto rango, con inquisitivos ojos Ichigo observaba la ardua labor de los oficiales. No necesitaban las órdenes de su Capitán, sus labores eran ágiles y precisas. Aun así, Ichigo sabía que esos casi treinta hombres no avanzarían más rápido de lo que lo hacían. La Chūō Shijūroku Shitsu (6), había sido demasiado inquisitiva al restringir la entrada a unos cuantos. Pocos hombres que al menos les demoraría tres meses el llegar al lugar donde había sido la última batalla entre aquellos dos monstruos.
—Hablaré con la Chūō Shijūroku Shitsu para que permita la entrada de más hombre —dijo al notar el cansancio en estos— ¿Estás de acuerdo?
—Haré mi trabajo Kurosaki, en el tiempo en el que se deba hacer. Tampoco presionaré a mis oficiales por ti —comentó al mirarlo por el rabillo de sus ojos—. Deberías irte, tu presencia aquí solo irrita a mis hombres —sugirió el joven Capitán—. No sé qué rayos te pasó el día de hoy, pero mejor vete a descansar.
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No era la primera vez que no iba a casa a dormir, mucho menos la primera vez que tenía compañía durante la noche; pero estaba feliz de volver a ese lugar. A ese sitio donde siempre sintió que todo podía ser posible. Tarareaba una cancioncilla que escuchó en la calles, mientras escogía la comida que llevaba consigo en la canastilla que pretendía dejarle. Al menos, hasta que pudiese volver sin levantar demasiadas sospechas en su División. Iba a cuidar de ese "chico", hasta que la situación se calmase un poco, luego se ocuparía de encontrarle un sitio mucho más seguro. Dejaría que Ichigo se marchase una vez más con la Guardia Real y entonces… La canasta fue a dar al suelo, cuando contempló la silueta de un hombre tras las delgadas shōji (7) de su antiguo hogar. Con el pulso acelerado y la respiración entrecortada, no dudo ni por un segundo al tomar su Zanpakutō dispuesta para atacar al perpetrador.
—Unare —gritó desplegando las cenizas.
Las shōji se deslizaron para dejar ver al último hombre a quien Rangiku esperaba ver.
—¡¿Rangiku…?!
El fiero ataque de la Zanpakutō de Matsumoto pasó a los costados del hombre que tenía una apariencia igual al adulto Gin. Presa de la sorpresa al oír su voz, fue incapaz de herirlo al reconocer que él había pronunciado su nombre, con el mismo timbre de voz la última vez que se vieron.
—¡¿Gi… Gin…?! —Balbuceó su nombre y su cuerpo entero tembló cuando dejó caer su espada al suelo.
La luz de las estrellas en el cielo era escasa, la blanca luna era la única luminiscencia que llenaba aquel diminuto hogar en el inmenso Rukongai. Hacía un par de meses —a mediados de Febrero—, una mujer con una hannya (8) se presentó ante ella, justo cuando llevaba flores al único sitio donde se las dejaba a Gin, en el lugar donde una vez ambos vivieron juntos. Su primera impresión fue de franco terror y estuvo dispuesta a "atacar" y luego preguntar. Pero, en cuanto lo vio se contuvo. Era un joven, no mayor a veinte años el chico que estaba en compañía de esa misteriosa mujer, que no pronunció una sola palabra ante ella, tan solo dejo al hombre y se marchó. Pese a los gritos de este y de ella misma. Era idéntico a Gin, al mismo Gin que había conocido en su niñez, al Gin que se convirtió en vasallo de Aizen, al mismo Gin que murió en sus brazos hacía tantos años… Solo que ahora, lucía muchísimo más joven y no solo eso, sino que el color de su cabellera antes plateada, había cambiado aun intenso azabache.
Y desde entonces lo había mantenido oculto, escapándose ocasionalmente de sus deberes como Teniente. Con la única intención de estar cerca de él. Si era o no el mismo hombre que una vez conoció, no le importó. A su lado, sentía una extraña paz que no podía comprender.
—Ahora recuerdo, lo que tanto quería hacer cuando me marché con el Capitán Aizen —él dijo acercándosele tambaleante, como si a penas hubiese aprendido a caminar—la estrechó contra sí, con todas sus fuerzas, como si tuviese miedo de perderla una vez más—. Lo siento… Rangiku. Lo siento…
Matsumoto no pudo decir nada, de sus labios no escapó sonido alguno, más que un lastimero grito que los hirió a ambos, en lo más profundo de sus almas. Y lloró, amargamente en sus brazos, como aquel día en que lo perdió. Cuando comprendió que nunca más lo volvería ver. Se aferró a él, temerosa de que pronto despertaría del sueño que seguramente tenía. La mano del hombre, recorrió con suma ternura su abundante cabellera entrelazándola entre sus dedos. Sintiendo la tersura de sus doradas hebras. Un encuentro idílico, entre los viejos amigos y amantes.
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No es un pecado enamorarte de alguien… Es por eso, que el amor es algo sublime y puro…
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Y una mariposa de alas doradas voló a través de la oscuridad, iluminando todo a su paso. Pero, al mismo tiempo, invisible para aquellos que no habían sido capaces de ver la verdad oculta en su esencia. Rangiku no pudo verla, pero Gin si lo hizo. Y comprendió lo que ello significaba. Que muy pronto, la haría llorar nuevamente y esa vez, nada de lo que hiciera podría consolarla.
Recorrió con suma ternura su mejilla, así como el delicado contorno de su figura bajo la única sábana que cubría sus cuerpos desnudos. Se asombró y se deleitó al mismo tiempo al sentirla como algo real y no como la ilusión con la que soñó durante tantas noches. Rangiku murmuró palabras que él no pudo comprender, tan solo sonrió.
—¿Te estás despidiendo? —Matsumoto preguntó con sus ojos cerrados, sintiendo un hueco en su pecho.
—Recordaba… —él dijo y ella lo miró sentado a su lado— a mis padres… —murmuró ahora cubriendo su rostro con sus manos, alterado ante las incontables imágenes que a su mente llegaban, de la vida que había vívido— La gentil voz de mi madre, el yerro carácter de mi padre, el estudio de grabación, la televisora… al Capitán Aizen… —comenzó a hiperventilarse y Rangiku se asustó terriblemente ante lo que veía— ¡Recuerdo todo lo que hice cuando estuve aquí! ¡A todas las personas que asesiné!
—Gin… —de una forma u otra, Matsumoto quería tranquilizarlo. Pero no sabía cómo, solo se limitó a abrazarlo.
—¡Las traiciones que cometí! —Y de pronto, así como estalló su agitación. Su voz se quebró— ¡¿Dónde están papá y mamá?! —La miró con el rostro descompuesto y cubierto en llanto, como un adolescente perdido— ¡Mamá, papá! —Gritó poniéndose se pie, sin importarle el estar desnudo y corrió hacia la única shōji de la casa.
Se detuvo, al ver el inmenso bosque que lo rodeaba. En anejado del sitio en donde se encontraba. Asustado.
—¡Gin! —Rangiku le dio alcance, ya vestida. Llegó con la sábana y cubrió al hombre.
—¿Qué es lo que soy? —Le preguntó y una vez más, parecía ser el mismo Gin que ella conocía— No debería de esta aquí… —dijo temblando, incapaz de controlarse.
—¡Cállate! —No quería escuchar esas palabras de él, no luego de lo que acababan de compartir— ¡Me entiendes! —Le gritó y lo obligó a que lo mirase, poco le importo el hecho de no percibir que alguien más los observaba en la distancia— ¡Tú eres Gin, eres mi fuerza, mi amigo, eres mi todo! —Se miraron fijamente. Y poco después, Rangiku le regaló la más cálida y sincera de sus sonrisas. Usando sus pulgares, ella limpió las lágrimas de las mejillas del hombre— Moriré por ti, Gin. Si es necesario moriré por ti —recargó su frente en el pecho del varón—. Así que por favor, no llores —en ese mismo momento, ella gimoteaba como una aterrada niña—. ¡Solo por esta vez, déjame salvarte!
Desde la distancia, Tōshirō había visto todo. Estaba preocupado por su Teniente, tenía meses que actuaba extrañamente y la presencia de Ichigo solo agravó las cosas que en un momento dejo pasar. Fue al único lugar donde creyó que podría encontrarla. Jamás espero ver a ese hombre a su lado. No le faltaba imaginación para saber qué había sucedido entre ellos. Y un increíble odio lleno de resentimiento atravesó su bilis. Una ira incontrolable invadió al Capitán. Su cuerpo temblaba lleno de cólera, quería matarlo, estrangularlo con sus propias manos por haber herido tan profusamente a Momo. Entregarlo… Humillarlo… Resquebrajarlo como él y Aizen lo habían hecho con Hinamori. Y sin embargo sabía, que si hacía algo así, Matsumoto nunca se lo perdonaría.
Saborea la rabia y el odio, cuando tu alma está envuelta en venganza.
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Párate en medio de las cenizas de un millón de almas muertas,
y pregúntale a los fantasmas si el honor importa... y que el silencio sea la única respuesta.
Mass Effect 3
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Notas de la autora:
+ En los siguientes capítulos se va aclarar porque Renji ahora utiliza el apellido Kuchiki, de igual forma, porque Isshin renunció al apellido de Masaki.
+ Hago una mezcla entre la religión Budista y la Hinduista.
+ Tenma es el hombre misterioso mencionado en la parte final del capítulo 3.
Bibliografía:
+ (1) Kēji, jaula en japonés.
+ (2) Harae, es el término designado en el sintonismo a la purificación. En específico se refiere al proceso de purificación del cuerpo y de la mente del tsumi (transgresión) y del kegare (impureza), considerados señales del mal agüero y deshonra ante los kamien el sintonismo. Entre los principales ritos de haraese encuentra el misogi (ablución).
+ (3) Torii, es unarcotradicional japonésque suele encontrarse a la entrada de los santuarios sintoístas (Jinja), marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado.
+ (4) Sutra, son mayoritariamente discursos dados porBuda.
+ (5) Kushanāda, son los guardianes del Infierno que vigilan las almas condenadas.
+ (6) Chūō Shijūroku Shitsu, son 40 sabios y 6 jueces que redactan las leyes y las normas de la Sociedad de Almas.
+ (7) Shōji, un tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa.
+ (8) Hannya, máscara usada en el teatro que representa a una mujer celosa demonio o serpiente.
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Que maravilloso giro del destino
– Love Live! School Idol Project –
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