Vidas pasadas
Capitulo 8
"Entre tus brazos"
No puede dejar de causarme gracia el imaginar a Endymion Moncrieff. Al temible Endymion Moncrieff durmiendo en las caballerizas de este lugar. A veces esa tal Bridget me agrada, si no fuera porque ocupa un lugar insustituible en el corazón de él…tal vez podría agradarme, si estuviera viva.
Endymion recibió una llamada telefónica sobre una exportación de Whisky y preferí dejarlo hablar a solas.
Subo a mi habitación y enciendo la computadora. ¿Hace cuánto no hablo con Makoto? Ella siempre me ayuda a resolver la maraña de sentimientos encontrados, pero no tengo correos de ella y tampoco está conectada cuando siempre se conecta a ésta hora. Elijo enviarle un correo para que se ponga en contacto conmigo. Extraño a mi confidente.
Encuentro en mi bandeja de entrada otros tantos correos de "él" que depuro sin siquiera abrir. No necesito traerlo de regreso a mi vida y mejor me dedico a avanzar mi artículo. Hasta que Endymion aparece por mi puerta con un rostro preocupado que se relaja al verme sentada sobre la cama con la computadora en las piernas.
- Oh, aquí estas- sonríe
- Si, ¿dónde más podría estar? Está lloviendo afuera
- Algo me dice que tiendes a escabullirte- me explica Endymion
- Tal vez…aunque tal vez solo necesitas buscar la respuesta más obvia
- Aunque a veces no todo es lo que parece, Señorita Hino- yo le pongo mala cara y él cae en cuentas- Rei…
- ¿Resolviste tus asuntos?- lo interrogo
- Si, todo quedó listo. Soy todo tuyo
Ojalá lo fueras
él me sonríe coqueto intentando contener una carcajada ¿qué es tan gracioso?
- Con sus limitantes, por supuesto
- No pensaba tomarte entero- gruño. ¿por qué me dice éstas cosas?- Estoy aburrida…¿me seguirás contando tu historia?
- No. Mejor…-me extiende la mano- Acompáñame a un lugar…
- ¿a dónde?
- No sea curiosa, señorita Hino…La curiosidad mató al gato
- tengo más vidas de las que imagina, Sir Endymion
Él ríe abiertamente con mi comentario, tal vez para un inmortal esas palabras son graciosas, no lo sé. Éste hombre es demasiado raro, tal vez necesitaría una vida para comprenderlo, pero ¿deseo comprenderlo?
Endymion me toma de la mano, no del brazo como lo hace generalmente y me conduce a través de la casa. Yo siento como una corriente eléctrica me recorre entera y como mi piel arde. No debería, pero frente a éste hombre soy fuego.
Entramos a una sección de Moncrieff Camp que yo desconocía, aunque eso no es raro. Yo no conozco mucho de éste lugar, aunque una extraña sensación me recorre entera. Entramos al sótano de la casa.
El lugar es obscuro y solo está iluminado por unos focos en ámbar en algunas secciones y está lleno de barriles en una sección y en otra una inmensa colección de botellas, sé que no todas son Whisky, pero si su mayoría.
¿qué pretenderá hacer Endymion Moncrieff conmigo en éste lugar?
- éste es mi segundo lugar favorito de Moncrieff Camp, Rei- Responde a mi pregunta implícita
- ¿segundo?
- Si, el primero es mi habitación…tengo muy buenos recuerdos ahí- confiesa divertido.
- Tienes una gran colección de vinos, Endymion
- Soy un coleccionista. A lo largo de los siglos he conseguido hacerme de una buena colección: Champagne, Vodka, Vinos tintos, rosados, Brandys, tequilas, Sake y claro está…whisky…
- ¿tienes sake?- Me emociono y él lo nota en seguida y asiente
- Un par de botellas
Yo me acerco y localizo las botella de sake. Una es de mil novecientos cuarenta y cinco y otra del siglo pasado ¿me extraño? Claro que no
- ¿quieres probar?- me ofrece
- Se ve interesante la botella de mil novecientos cuarenta y cinco.
- No…esa botella no- Me corta las alas el hombre inmortal- quiero que pruebes éste.
Endymion toma una botella de mil novecientos lo vacía en un Tokkuri y me entrega un ochoko que yo tomo y luego él llena y me sonríe, después llena su ochoko
- Kanpai- Me dice con una sonrisa coqueta
- Kanpai- le regreso y chocamos suavemente nuestros ochoko.
El sabor de éste sake es exquisito aunque también es fuerte y siento como el alcohol recorre mi cuerpo y lo calienta. No se si sea lo añejo del sake o que bebo cinco ochoko más de las que debería.
- Gran cosecha, señor Moncrieff- halago y él vuelve a llenar mi ochoko y luego beber algo más
- solo la compartiría con una persona especial
- ¿y yo soy especial?- le digo parpadeando continuamente con coqueto cinismo.
- demasiado especial, Rei- responde sincero.
Mis ojos amatista se encienden y siento el rubor por mis mejillas ¿por qué me hace sentir así? No soy del timo de mujeres que dejan intimidar por un hombre guapo, aunque él es guapísimo.
Me sonríe
- ¿pasa algo?- le pregunto
- te quedó una pequeña gota de sake…aquí- me dice mientras señala la comisura de mi labio acercándose peligrosamente.
Endymion eleva mi barbilla y con sus labios absorbe aquella indiscreta gota de sake y yo lo miro sorprendida no te detengas suplica mi subconsciente y veo un brillo macabro en su mirada.
Aquellos labios recorren con pequeños besos mi labio inferior hasta estar nuestros rostros frente a frente uno del otro, y es inminente…me besa.
Entreabro mis labios y nuestras lenguas se unen. El sabor a deseo y sake de nuestras bocas eleva mi temperatura. Yo ardo entre sus brazos que me aprisionan, luego me aferro a su cuello y nuestro beso deja de ser precavido. Me devora, yo lo devoro, ¿qué es ésta exquisita sensación que me embriaga? ¿qué es éste calor de donde viene? Siento sus manos recorrer mi cuerpo que reacciona a su toque, siento que pierdo los sentidos y el control de mi ser, sus labios se deslizan por mi cuello hasta la clavícula y ya no soy dueña de mi.
-¡No!- Grita separándose de mi aterrado
- ¿qué pasa?- lo interrogo sobresaltada
- No, esto no puede ser, Rei. No, no, no.
No entiendo ¿de qué habla?
- No debemos estar aquí, no debemos…
- ¿por qué no?
- Porque no…nosotros no debemos…
- ¿besarnos?- me indigno- ¿sabes qué, Endymion? No te entiendo. Y tu no te esfuerzas mucho porque te entienda. ¿quieres guardar secretos? Pues guárdalos. Yo me largo
Doy media vuelta y salgo del sótano de Moncrieff Camp y siento como él corre detrás de mi, pero no me dejo alcanzar y corro a mayor velocidad hasta que llego a mi habitación, alcanzo a ver su rostro cuando cierro la puerta, pero no me importa y estrello la puerta en su rostro, luego escucho que me grita una y otra vez pero yo no le abro ¿qué demonios le pasa? ¿cree que puede besarme y luego soltarme así como así? No soy ese tipo de mujer.
Veo el reloj y son las ocho de la noche. No me importa tener que caminar hasta el pueblo o hasta el mismo Edimburgo con tal de no ver el rostro de Endymion Moncrieff de nuevo.
Arreglo mi maleta y mis cosas con una velocidad sorprendente y cuando abro la puerta, él está aquí. Sentado al pie de la puerta y mirándome con ojos preocupados, veo el miedo en su mirada y no sé por qué una parte en el fondo de mi corazón se acongoja.
- ¿te vas?- me pregunta con dolor en su mirada mientras se pone de pie, siento mi corazón destrozado.
- Si. Tengo que irme…
- No, no tienes que hacerlo, Rei. Quieres hacerlo, eso es muy distinto.
- No puedo seguir aquí, Endymion…
- Por eso no quería que esto pasara…- Se apena él.
- Si de verdad quieres irte no puedo detenerte…- me explica con dolor, una parte de mi desea que me detenga.
- No soy la clase de mujeres a las que estas acostumbrada, Endymion. No soy un juguete.
Endymion oculta una media sonrisa cuando yo digo eso y me molesto ¿qué demonios le pasa?
- ¿acaso dije algo gracioso?- Me indigno
- Bridget me dijo esas mismas palabras hace siglos…solo…tuve un deja vu.
- Pues no soy Santa Bridget, no soy "doña perfecta", no soy una mujer que acepta que beses cuando te pega la gana, así que deja de burlarte y compararme con ella.
- Rei…-Se sorprende Endymion de mi respuesta, luego piensa la suya y me mira- No estoy jugando contigo, pero no puedo hacerlo…no puedo ofrecerte lo que quieres…
- ¿qué? ¿lo que yo quiero? ¿qué crees tú que es lo que yo quiero, Endymion?
- Rei, estoy dañado. Soy un monstruo, llevo dolor y desgracia a todo lo que me rodea, no quieres ser parte de esto.
- Además de que no puedes perturbar el perfecto recuerdo de "Santa Bridget" ¿no es así?
Él vuelve a sonreír de lado
- Jamás amaré a otra mujer, Rei…solo a Bridget…solo a ella…
- No te estoy pidiendo que me ames- ¿o si?
- No quiero lastimarte, no lo mereces…
- No decidas por mí, Endymion. Puedo hacerlo yo sola…
- No me perdonaría lastimarte…- me dice sincero y preocupado el hombre pelinegro- No lo mereces…
- Tu no eliges…es mi decisión.
- Y también la mía. No volveré a tocarte…No voy a condenarte a la desgracia, Rei…no a ti.
- ¿acaso dije que deseo que vuelvas a tocarme?- ¡claro que muero porque me toques, Endymion! Más luego de todos esos sueños- Yo tampoco lo deseo.
- Bien, asunto resuelto. Lo que ocurrió hace unos instantes…no volverá a pasar… Entonces… ¿podrías quedarte?... por favor
- Endymion. No sé si sea una buena idea…
- Por favor, Rei…-Insiste con voz suplicante el hombre de ojos zafiro- No te vayas…
- Endymion…- éste no es el hombre que casi me trajo a rastras hace un par de noches, es un hombre, un inmortal que me suplica y por algún motivo no puedo permanecer ajena a sus súplicas- No lo sé…
- Rei, por favor. Tú necesitas terminar tu artículo y yo…yo sería inmensamente feliz si tu te quedas a mi lado un poco más.
- Sin tocarme
- Sin tocarte…
- Solo una relación profesional
- así es…solo eso y mi amistad…
- entonces si puedo contar con tu amistad ¿no se molestará el recuerdo de Santa Bridget?
- No, Rei...no se molestará- parece que le causa gracia que llame de esa forma a su mujer- Mi mujer no fue precisamente una santa…
- Pues hablas de ella como si lo fuera
- y tu como una novia celosa
- Claro que no estoy celosa- me indigno- pero es molesto que hables de ella todo el tiempo de esa forma, pareces tan…tan….
- ¿enamorado?- Completa la frase el maldito cínico ante mí con esa mirada coqueta
Pongo los ojos en blanco y doy media vuelta entrando a mi habitación. Maldito Endymion cínico, maldito egocéntrico. Es oficial…lo detesto.
Siento como me sigue y siento su maldita sonrisa triunfal en los labio. No soy la Rei Hino de siempre, me desconozco. Soy transparente a él, soy débil ante él y detesto eso, no estoy acostumbrada a perder la cabeza de éste modo.
- Si no te importa…estoy cansada, Endymion. Quiero dormir- le digo. Pero él no parece querer salir de mi habitación y se sienta en una de las sillas.- ¿disculpa? Quiero privacidad…
- no miraré- me responde con una sonrisa coqueta y yo bufo buscando en mi maleta mis pantalones cortos y mi blusa de dormir para entrar al baño a cambiarme, cuando salgo él ha encendido la chimenea y me mira con unos ojos brillantes- veo que ya te has puesto cómoda.
- y veo que tu no piensas marcharte de mi habitación ahora…
- Eres una chica lista- contesta él con esa bella sonrisa.
- y…¿qué pretende hacer, Sir Endymion?- le regreso la jugada hablándole con voz seductora mientras camino como felina hasta mi cama- ¿acaso va a hacerme compañía?
Veo como Endymion se queda boquiabierto ante mi actitud, pero permanece sin moverse. Yo me meto en la cama y él se pone de pie sigilosamente acercándose con cuidado hasta donde yo estoy, él se inclina y me cubre con las mantas como si fuera una niña, luego se acerca a mi rostro con ese destello turbio en la mirada y murmura en mi oído.
- No juegues conmigo, Rei… Puedo olvidarme de mi palabra- me amenaza de una forma que…me estremece.
- y…¿qué es lo que piensas hacer exactamente en mi habitación, Endymion?
- Eres una chiquilla tozuda…así que…me gustaría darte un par de nalgadas para hacerte dejar de hacer semejantes berrinches- me dice y palidezco. ¿se atrevería? él ve la duda en mis ojos y ríe- pero en vista de que prometí no volver a tocarte…creo que la mejor idea es arroparte y contarte una historia.
- No soy una niña, Endymion
-Para mí lo eres.
- No lo soy
- ¿tienes doscientos años?- me interroga con esa sonrisa cínica
- No…
- Entonces para mí lo eres.- me responde sabiendo que me ha ganado…una vez más- ¿quieres que te siga contando mi historia? ¿o quieres que te deje dormir a solas?
- ¿puedo elegir una tercera opción?- pregunto mientras hago a un lado la cobija para mostrar mi pijama.
Endymion sonríe y se acerca de nuevo en forma lenta, como un tigre listo para cazar. Se inclina y vuelve a cubrirme.
- No…compórtate- me dice acercando su rostro al mío y volviendo a su sitio- además, estas algo ebria…
- Eso no es verdad- reniego. Pero tiene razón, la cabeza me da vueltas.
Endymion se acerca a la mesita de noche y me sirve un vaso de agua dándomelo a beber
- Bebe…
- no tengo sed.
- Rei…- me llama de una forma que me parece familiar ¿de dónde?- te ayudará a no tener resaca…
- si ibas a embriagarme mínimo deberías haberme llevado a la cama.
- Te llevé a la cama…- Me dice parpadeando de esa forma especial
- Sabes de lo que hablo
- Rei…estás ebria…No más sake para ti.
- ¿es una orden?
- si
Estoy demasiado mareada para responderle y me giro en la cama para recostarme.
- será mejor que descanses, Rei.
- ese sake estaba adulterado, te engañaron- le digo mientras siento que todo me da vueltas.- espero que no te haya costado mucho esa botella.
- hazte a un lado- me dice.
- ¿tendremos sexo?
- no.
Endymion se quita los zapatos y se recuesta en la cama a mi lado. Abrazándome.
- ¿no dijiste que no ibas a tocarme?- le lanzo
Endymion acaricia mi cabello y me recarga contra su pecho. Huele a maderas, a los Highlands y cierro mis ojos. Sin darme cuenta caigo en un sueño profundo, uno en el que veo Moncrieff Camp en su mejor época, unos campos llenos de cebada, una caballeriza y un hombre con ropas de calle dormido sobre la paja, junto a una yegua negra y hermosa…
Moncrieff Camp 1820:
Bridget se levantó aquel día en la misma cama que tenía un buen tiempo despertando, pero sola. Endymion había dormido en las caballerizas, junto a Lady Mars. Muy de mañana había salido rumbo a los campos de los Highlands, sin ella.
Ella tampoco deseaba ir con él, aunque claro que apetecía dar un paseo con Lady Mars, solo que sin él.
Se puso sus botas altas y su ropa de montar, esa que había traído escondida en su maleta desde Elgin y se asomó por el balcón. No había rastro alguno de Endymion, muy seguramente estaría ocupado molestando a alguien más. Habían pasado tres días desde que lo había desterrado de la habitación y que él compartía la noche con Lady Mars, aunque no estaba segura que eso le agradara a tuxedo.
Bajó las escaleras y no encontró a la señora Sinclair, de nuevo. Desde que había tenido esa discusión con Endymion no le había visto en absoluto. Seguramente la estaba evadiendo, aunque eso no le desagradaba del todo, sabía que no le agradaba a la señora Sinclair y eso era reciproco.
Tomó un zumo de naranja y un trozo de pan pretendiendo salir de prisa a las caballerizas pero en la puerta se encontró con Alfred.
- Señora Moncrieff- Saluda animado el hombre mayor
- Alfred, buen día- regresa sonriente la muchacha.
- Señora Moncrieff, el señor salió muy de mañana a revisar los campos de cebada- cuenta el anciano como si la muchacha del cabello negro hubiera pedido una explicación.
- Muchas gracias, Alfred.- murmura Bridget y camina hacia la puerta
-Señora Moncrieff…
Bridget se giró extrañada hacia el anciano. Parecía que pretendía decirle algo y no se atrevía del todo.
- ¿qué ocurre, Alfred?
- Señora...aprecio al señor Moncrieff demasiado, le debo fidelidad y mi vida entera, yo...
El mayordomo de aquel lugar que generalmente era callado ahora sufría aun más para poder expresar lo que pasaba en su cabeza.
- Alfred…
- mi señora…lamento si soy indiscreto, pero…todos en Moncrieff Camp nos hemos podido percatar de que usted y el señor Moncrieff….bueno…que recientemente él duerme en las caballerizas.
- Alfred, yo…
- no, no…por favor. Déjeme continuar.- pide él- Supongo que el señor Moncrieff ha utilizado uno de sus "encantos personales" para ganarse tal hospedaje.
Bridget no dijo nada pero ambos parecían estar de acuerdo.
- Mi señora…El señor Moncrieff no es precisamente un hombre hábil en eso de expresar sus emociones. Mi señor es un hombre fuerte y listo, trabaja de sol a sol y no le importa darlo todo para conseguir lo que desea, pero el señor no es muy bueno para demostrar lo que siente…
- gran noticia, Alfred…
- Mi señora…el señor Moncrieff la adora- explicó el anciano con facilidad, Bridget abrió sus ojos desmesuradamente por la sorpresa de aquellas palabras- cualquier estupidez que él pudiera cometer, estoy seguro que lo siente…
- le agradezco por su sinceridad, Alfred…pero creo que si el señor se siente arrepentido deberá decírmelo él mismo
- Mi señora, el señor Moncrieff tiene la cabeza más dura que una piedra. Llegará el invierno antes de que él se disculpe…
- Entonces le mandaremos traer una cobija cálida, Alfred. Me voy a montar, tal vez visite a Lady Ferguson…volveré antes de que caiga la noche.
Bridget de Byres salió de la casa sin esperar respuesta alguna de Alfred y corrió a las caballerizas. Se dio cuenta que como Alfred le dijo, las mantas y almohadas de Endymion seguían sobre la paja de una esquina. No prestó mucha atención a la culpa que sintió en la boca del estómago y subió a Lady Mars para tomar un camino opuesto a las tierras de Moncrieff Camp.
No deseaba estar en el reino de "la bestia" y aun menos topárselo en alguna parte. Se las había arreglado lo suficientemente bien para no verlo en esos días y pretendía seguir así, al menos por unos días.
Unos metros luego de salir de Moncrieff Camp se encontró con un camino bastante agradable a la vista, decidió seguirlo para ver a dónde conducía. La condujo a un lugar increíble. La unión de dos valles, según lo poco que sabia de aquellos lugares, era la unión de las tierras de los Ferguson y los Moncrieff. Las tierras de los Moncrieff eran mucho más grandes que las de los Ferguson, pero en definitiva, no menos hermosos.
Sonrió al ubicar a una persona que no esperaba ver allí.
- Sir Damon- nombró la muchacha con ropas de hombre y una negra cabellera trenzada.
- Lady Bridget de Byres ¡qué gusto verle! Creí que su celoso marido la tenía encerrada en una torre
Bridget rió divertida mientras bajaba de Lady Mars para acercarse al muchacho que tenía sobre sus piernas una libreta y un carboncillo.
- Endymion no sería capaz de hacer algo así. Tiene mal carácter…pero nada más.
- Interesante personaje es su marido, señora Moncrieff- se burla el pelinegro mirando hacia los campos.
- No tienes idea…
- ¿ibas a algún sitio?
- Solo a despejar mi mente. Mi nueva vida puede ser tan…
- ¿asfixiante?
Bridget sonríe de lado.
- distinta.
- ¿extrañas Edimburgo?
- Bastante.
- No pareces como el tipo de mujeres que disfruten una tarde de té o un baile en alguna casa elegante durante la temporada, Bridget.
- Te sorprendería ver lo buena que soy bailando un vals, Damon
- ¿entonces por qué casarte con una bestia?
- ¿disculpa?
- No te enojes, pero todos en ésta región, no solo en éste pueblo, sino en todos los Highlands se conoce el apodo de Endymion Moncrieff, algunos temen el solo escuchar su nombre… no entiendo como una chica como tú se casó con él.
- No lo conoces, Damon ¿cómo puedes dar por hecho unas palabras como esas?
- no las creería si no lo hubiera visto aparecer como una fiera salvaje en casa de Los Ferguson. Ese no es el hombre adecuado para una dama como tú, Bridget.
- No es precisamente un ejemplo viviente del manual de etiqueta…pero no es una bestia, Damon.
- se comportó como una la otra noche, como una bestia celosa.
- ¿celosa?
- Si, ese hombre puede ser una bestia, Bridget. Pero jamás he visto a un hombre de sociedad tan enamorado de su mujer como él.
Una risa irónica en los labios de Bridget Moncrieff.
- No sé cuál es el motivo por el que te casaste con Endymion Moncrieff. Y la verdad no creo que sea algo en lo que deba entrometerme, aun cuando me gustes tanto.
Bridget se sorprendió por tal grado de honestidad. Tal vez Damon era el hombre más sincero que había conocido jamás.
- No te sorprendas, es cierto. Me gustas… tal vez si no estuvieras casada con "la bestia" te cortejaría. Pero sé que hacerlo ahora sería perder tiempo.
Un silencio de la chica con botas altas.
- Bridget. He recorrido la mitad de Europa, he conocido decenas de mujeres: princesas, duquesas, marquesas, baronesas y una decena más de títulos que terminan en la basura en la primer oportunidad. A la primer insinuación, al primer coqueteo. Me bastó solo verte en Drumnadrochit para saber que perdería mi tiempo. No sé el motivo que te llevó a casarte con Endymion Moncrieff, pero sé que respetarás ese juramento hasta la muerte, tal vez incluso hasta después.
- Soy una mujer de palabra, Damon.
- Pero tú no solo eres palabra, Bridget..tu estas enamorándote de él…
- ¡Endymion y yo, Enamorados! No…no lo creo…
- Soy un artista, Bridget. Tengo las sensaciones a flor de piel percibo los sentimientos con una facilidad que te sorprendería y lo que hay entre ustedes…arde….
- Damon…eres un hombre demasiado ingenuo, creeme.
- No, Bridget. No soy ingenuo. Soy realista y ustedes son un par de tercos. Creo que incluso tal para cual.
- ¿podemos charlar de otra cosa?- Pide la joven de cabellos negros
- Eres ágil cabalgando, Bridget. ¿eso lo aprendiste también en Edimburgo?
- no, en Elgin. Desde pequeña aprendí a montar, mi hermano Raymond me enseñó. Soy más que buena.
-podrías darme clases.
- ¿no sabes montar?- se ríe la joven, el suizo niega- Increíble. ¿cómo es que te mueves entonces, "ciudadano del mundo"?
- Jamás lo he necesitado, Bridget. Siempre he tenido medios para transportarme.
- te pierdes de una gran diversión, Damon…
- ¿ayudarías a un pobre hombre a recuperar el tiempo perdido?
- es mi deuda con la humanidad- regresa la broma la muchacha con ropas de chico- tal vez Lady Mars quiera…
Bridget se acercó a la yegua intentando acercarla a Damon, pero ésta se rehusó a acercarse siquiera y se alteró al ver aquellos ojos color miel.
- creo que no le agrado a Lady Mars…
- creí que había superado esa etapa huraña, a Endymion lo trata bastante bien…
- entonces es un caso de celos.
- No seas infantil. Lady Mars no haría eso. Tendremos que conseguirte otro caballo.
- Uno que no sea de Moncrieff Camp de preferencia, parece que no les agrado a los que viven ahí.
- yo vivo ahí y me agradas- sincera dice la muchacha.
- ¿te quedarás conmigo?- pregunta emocionado el joven Suizo
- ¿disculpa?
- ¿te quedarás conmigo mientras dibujo?
- Oh, no lo creo, Damon. Prometí a Lady Ferguson visitarla y ya es tarde. Debe estar preocupada por mi.
- lo entiendo, tal vez nos veamos luego, Lady Moncrieff-se despide ceremonial el extranjero.
- Un placer volver a encontrarlo, Sir Damon…- hace una reverencia exagerada la chica soltándose a reír para luego subir a Lady Mars. Ese hombre había conseguido ponerla de buen humor.
Aquella tarde Lita Ferguson había acaparado todo el tiempo de Lady Bridget de Byres.
Lo que había comenzado como una visita breve terminó siendo una comida que se extendió más allá de la hora del té, más allá del atardecer cuando el cielo comenzó a tornarse amatista y azul, una peculiar pero bella mezcla de colores que proporcionaba el cielo a esas horas.
Habían pasado la tarde charlando de las aventuras de Lady Ferguson en París, de donde era originaria y donde había conocido a Andrew en uno de sus viajes a la ciudad luz por asuntos de negocios. Supo que Andrew llevaba las relaciones públicas, debido al ángel de Andrew Ferguson y a la aparente antipatía de Endymion Moncrieff, eso no le sorprendió.
Tal vez la charla hubiera podido continuar hasta caída la noche, pero el llanto del pequeño heredero Ferguson la hizo caer en cuentas de lo tarde que era, por lo que tuvo que poner fin a su visita y renunciar a aquella creme brulé que Lita le había ofrecido como postre.
- Es terrible que tengas que marcharte- dice apenada la chica de ojos verdes- es difícil encontrar gente interesante en Drumnadrochit con la cual charlar. Y me siento muy sola ahora que no está Andrew.
- Deberías visitar Moncrieff Camp.
- ¿¡las tierras de la bestia, sin Andrew!? ¡olvídalo!
- Endymion no es tan terrible- defiende la muchacha con ropas de montar, aun cuando no está del todo segura de ello.
- No sé por qué no te creo del todo. Aunque claro, cuando una se enamora tiende a distorsionar la realidad- dice la castaña que consigue que Bridget se sonroje cola sola idea- yo aun veo a Andrew como mi caballero de armadura reluciente, aunque le teme a los ratones…
- Tal vez Endymion no sea un caballero de armadura reluciente, pero creo que todos los humanos tienen un lado bueno, Lita.
- Quizás… es solo que él no me agrada. Tiene un lado demasiado obscuro, amiga…demasiada obscuridad en esa alma…créeme, yo sé de hombres.
- Debo irme, Lita. Parce que hoy lloverá.
- visítame pronto ¿si?- suplica la mujer de ojos verdes
- De acuerdo…aunque la próxima vez me visitarás tu. Si Andrew supera su miedo a los ratones, tu debes superar tu miedo a Endymion.
- Bien….
Bridget se despidió de la señora Ferguson y subió a Lady Mars tomando camino a Moncrieff Camp.
como lo había predicho, a medio camino la alcanzó la lluvia, los caminos se llenaron de lodo y algunas más de unas fuertes corrientes de agua que le dificultaron en mucho a Lady Mars poder llevarlas de regreso a casa sanas y salvas. Tardaron más de lo esperado, y para cuando lograron entrar a Moncrieff Camp estaban totalmente empapadas y la noche había caído ya.
La señora Sinclair aguardaba en la puerta de entrada, lucía nerviosa y preocupada "¿tanta preocupación por mi?" se preguntó la muchacha.
La mujer corrió a encontrar a la joven que la miraba extrañada.
- ¿ocurre algo? La veo alterada, señora Sinclair.
- ¿dónde estaba usted?- Interroga con molestia la mujer mayor- ¿dónde se ha metido todo el día?
- ¿por qué me habla de esa forma?No tengo por que darle explicaciones de mis actividades.
- Calma, Señora Sinclair- Interviene Alfred que sale a encontrar con una sombrilla a ambas mujeres que estaban bajo la fuerte lluvia que extrañamente no tenía ningún rayo, solo agua, mucha agua- Lady Bridget, por favor, entre a casa. Viene empapada.
Bridget no deja de enfrentar su mirada con la de la otra mujer en Moncrieff Camp, ninguna de ellas cede, pero es Alfred quien intenta poner la serenidad entre ellas.
- Señora Moncrieef, por favor…vamos adentro. Éste pobre viejo morirá de pulmonía si nos quedamos aquí afuera- dice el anciano- por favor…
Bridget pone los ojos en blanco y entra a la casa aun con la mirada de la señora Sinclair encima. En los últimos días había sentido que no le caía bien a aquella mujer, pero en ningún momento le había hablado de esa forma.
- Señora Moncrieff, bendito sea el cielo que usted está por fin en casa, sana y salva- dice el hombre mayor mientras extiende una mata a la joven para que pueda secarse.
- ¿dónde está Endy…El señor Moncrieff?- interroga la joven extrañada de no ver a Endymion en la Sala esperándole en un ataque de neurosis.
- El señor salió a buscarla. Es usted una irresponsable por desaparecer todo el día como si fuera una…
- ¡señora Sinclair!- grita Alfred- vaya a preparar algo caliente para Lady Bridget
-Pero como…
- vaya ahora, señora Sinclair- dice en un tono autoritario que jamás le había escuchado a aquel hombre, ella obedece.
- Alfred, ¿es eso cierto? ¿Endymion fue a buscarme?
- Si, mi señora. El señor se preocupó cuando vio los cielos nublarse, sabe que los caminos de Moncrieff Camp son muy distintos a cuando no llueve, aun más de noche.
- Entonces iré a buscarle.
- Mi señora, no por favor. Ya he enviado a alguien a avisarle que usted ha regresado. Y ya se lo dije, los caminos de Moncrieff Camp son peligrosos de noche para quien no los conoce.
- Me considero un buen jinete, Alfred, tal vez no conozca estas tierras como Endymion, pero las conozco bastante bien y créeme que no me pasará nada.
- Mi señora, usted tiene mucho en común con el señor Moncrieff. Ambos son igual de impulsivos…
- ¿Disculpa?
- El señor suele ser muy desesperado y se propuso por sí mismo buscarle él solo por toda Escocia si es necesario. Yo envié a varios trabajadores a buscarle, y a avisarle al señor Moncrieff cuando la vieran entrar a las tierras de Moncrieff Camp. Supuse que usted no estaba aquí, si así hubiera sido, el señor la hubiera encontrado. No es necesario que se ponga en riesgo. El señor Moncrieff no tardará en regresar.
- ¿estas seguro?
- Así es , mi señora. No se preocupe, el señor seguro volverá en cualquier momento interrogándola igual que la señora Sinclair sobre su paradero el día de hoy.
- no se lo digas a la señora Sinclair, pero estaba en casa de los Ferfuson…
Alfred no pareció inmutarse por aquella respuesta, al parecer lo suponía ya. Bridget estaba a punto de decir algo cuando se dio cuenta que un sonido familiar se acercaba más y más a la propiedad, poco le importó que afuera siguiera lloviendo, lady Bridget corrió a encontrarse con un jinete que al igual que ella estaba empapado.
- Endymion…
- ¡Bridget!
Endymion al verla en casa, a salvo, se olvidó que estaba molesto con ella, se olvidó que había pasado las tres últimas noches durmiendo en las caballerizas y de todos los reclamos que pensaba hacerle, solo se aferró a ella, a su delicado cuerpo, a su pequeña cintura presionándola con fueras, descargando toda la tensión en aquel abrazo y sin pensarlo más, sin decir nada, elevó su barbilla y le robó un beso desesperado que ella no rechazó.
- Endymion, yo…
- debiste volver a casa antes del atardecer- reclama él ganándose un gesto confundido de la joven ausente en sus brazos- ¿acaso quieres matarme?
- morirás de una pulmonía si no entras a casa ahora- regaña ella.
- mmhhmm ¿piensa levantarme el castigo, Señora Moncrieff?-juguetea el joven.
Bridget está a punto de decirle algo, pero nota que ese Endymion no es el mismo que ella había tratado hasta ahora y lleva la mano a su frente, tal como lo supuso, él estaba ardiendo en fiebre.
- Vamos adentro- dijo con voz suave pero firme la señora Moncrieff.
- ¿ya me has perdonado?- sonríe él
- No soy una asesina, Endymion. Si te quedas a dormir en las caballerizas, mañana amanecerás muerto
- eso significa que te importo- dice él con una suave risita mientras se tambalea aun parados los dos bajo la lluvia.
- Adentro, Endymion. No lo diré de nuevo. - amenaza la muchacha, él da un par de pasos siguiendo a la señora Moncrieff con lo que le quedaba intacto de orgullo, peros sus fuerzas fallaron y casi cayó al suelo.
- ¡Alfred!- llamó sorprendida ella, el hombre mayor se apresuró a encontrarlos bajo la lluvia y entre ambos consiguen detener a Endymion y llevarlo dentro.
La señora Sinclair iba saliendo de la cocina cuando vio a Endymion entrando con dificultad a la casa detenido por Bridget y Alfred.
- ¡mi señor!- nombra aterrada la mujer al ver el rostro desmejorado de él- Mi señor ¿qué le ha ocurrido?
- Nada. Estoy bien- Responde con dificultad él- es Bridget la que está dando más importancia a esto de lo que la tiene.
La mujer de cabellos de nieve se acerca a tocar la frente del muchacho y se percata de que el alto y atemorizante señor Moncrieff Arde en fiebre.
- ¡por dios santo, está ardiendo en fiebre!
- Arriba, Endymion- Ordena Bridget sin prestar mucha atención al pánico de la señora Sinclair- debes descansar.
Tanto Bridget como Alfred dirigen a Endymion escaleras arriba y luego de mucho maniobrar consiguen quitarle las ropas mojadas a Endymion por unas secas y meterlo en la cama, la señora Sinclair los había seguido de cerca.
- Señora Sinclair, vaya por lienzos y agua fría- Ordena Bridget una vez que Alfred ha salido mientras se quita las ropas mojadas para enfundarse en un camisón tras un biombo.
- ¡todo esto es su culpa!- reclama la mujer mayor- el señor Moncrieff no habría salido en medio de una tormenta si no hubiera sido por usted y su inconsciencia.
- Eso lo hablaré con Endymion una vez que él esté bien. No con usted. Haga lo que le digo que estamos perdiendo tiempo
- Usted ya ha hecho demasiado en ésta casa, "Señora Moncrieff"
Bridget enfrentó sus ojos amatista a los verdes de aquella mujer ante ella. Eran bastante parecidas, pero la señora Moncrieff aun no conocía del todo a Bridget.
- Como usted lo dijo, soy la señora Moncrieff. Así que soy lo que decide que se hace o que no se hace en ésta casa.
- Hasta ahora le importa Moncrieff Camp y lo que pasa en él. Jamás le ha importado ejercer su lugar como señora de la casa.
- Me importa ahora- enfatiza la joven- ahora, vaya por lo que le pido.
La señora Sinclair sostiene su mirada en la de la joven mujer ante ella. Tan pequeña y tan fuerte, tan joven y tan determinada. Con más determinación en ella de la que alguna vez vio en nadie y termina por marcharse a cumplir las órdenes de Bridget.
Bridget acarició la frente aperlada del dueño y Señor de Moncrieff Camp. Había estado ausente de su pequeña discusión con la señora Sinclair y agradecía al cielo por ello.
- Estarás bien- dice con voz suave la muchacha de Elgin.
Endymion había caído en un profundo sueño a consecuencia de la fiebre. Aun así, una sonrisa pudo dibujarse en aquel rostro varonil.
La fiebre dio la misma batalla que diera Endymion cuando estaba consciente, Bridget perdió la cuenta de cuántas veces cambió los lienzos, tampoco fue consciente de la hora, pero si lo fue de que ese hombre postrado en cama no tenía mejoría alguna.
Sus razonamientos se confirmaron cuando vio a Endymion revolverse entre las sábanas que de nueva cuenta estaban húmedas por el sudor de él.
- Bridget, Bridget- llamaba una y otra vez con ansiedad el hombre inconsciente.
- Aquí estoy, Endymion.
Endymion abrió sus ojos encontrándose con los amatista de la mujer arrodillada junto a la cama
- Aquí estas…no escapaste- dice él con una sonrisa dulce acercando el rostro de porcelana de la muchacha que al tener cerca aquel aliento se separó de inmediato de su rostro.
- Demonios, Endymion. La fiebre ha aumentado ven conmigo. Debemos bajarla o colapsarás.
Ella tiró de él para forzarlo a salir de la cama y agradeció que hubieran llenado la tina con agua fría para que ella pudiera humedecer los lienzos durante la noche.
- mmhhmmm….señora Moncrieff ¿qué pretende hacer conmigo?- interroga Endymion con voz aterciopelada mientras se da cuenta que Bridget lo dirige al baño.
- deja de jugar- regaña preocupada la joven que consigue impresionantemente meter a Endymion en aquella tina de agua helada.
- puedes llegar a ser muy brusca, Bridget- Disfruta él mientras sus dientes castañean por el choque con el agua helada.
- No tienes idea…
Un brillo siniestro en la mirada de Endymion que tiró de la cintura de ella para hacerla entrar junto a él en la tina. Un respingo de ella al contacto con el agua y una risa de él.
- Nunca me dejes, Bridget- Suplica Endymion- Prefiero estar el resto de la eternidad peleando contigo que vivir sin ti un solo día.
- Nunca me iré, Endymion- Responde Bridget aun sentada en el regazo de él mientras acaricia su mejilla- no podría dejarte…
Una sonrisa tímida e infantil en el rostro de él. Endymion presiona contra su pecho el torso mojado de Bridget y roza sus labios con los de ella, uniéndose en un beso, un beso delicado, un beso suave lleno de…¿amor?
¡Amigos!
aquí de regreso después de una larga ausencia. Mucho trabajo, muchos proyectos pero todos salieron muy bien gracias al kami y al fuego de marte :)
Pues aquí luego de explicarles y contarles mis penas ¿qué les pareció este capitulo? ¿les ha gustado? ¿qué opinan?
gracias a Irais, a Tea, valentina, a Julimora, a Driyas y a Kokoto, a todos los que me han dejado review y no los menciono, les prometo mencionarlos en el siguiente.
¡nos vemos pronto!
La maga
