El Portal de los Perdidos
El tiempo desde hacía siglos parecía lento, y ella era consciente de por qué era así y no de otro modo. Se había acostumbrado y no le resultaba incómodo, vivía con ello con normalidad, hasta que apareció ella. Entonces el tiempo se volcó sobre Susan haciéndola débil, tornándola minúscula. A penas se alimentaba, parecía sobrevivir con hasta ahora los recuerdos que poseía de aquella humana que estaba agotando su existencia poco…, a poco.
Se aprovechaba de su maldición, de la parte que hasta ahora le había parecido la más odiosa, y ahora sin embargo, era la única que practicaba con frecuencia. Ellos eran seres exclusivamente creados para proteger a la especie humana de otros seres similares a ellos que al contrario, querían la extinción de la raza humana. A Susan no le gustaba eso, siempre había odiado a la humanidad, y por eso era que detestaba su "oficio". Habría deseado pertenecer al bando contrario, aunque sus compañeros intentaban consolarla con recelo diciendo «Si nosotros no estuviésemos aquí, no tendríais humanos contra los que luchar. Si luchases contra ellos, ¿entonces qué os quedaría? La destrucción a largo plazo no crearía más que vuestra propia destrucción.»
Al fin y al cabo tenía razón, pero desde humana había odiado a su propia raza, había soñado con destruirla y fue precisamente por eso por lo que fue escogida. Hasta ahora se había sentido divergente ante sus nuevos allegados, pero desde hacía un par de semanas, las cosas habían empezado a cambiar de un modo drástico, y los suyos lo habían notado. Algo no iba como siempre, algo había hecho a Susan cambiar de la noche a la mañana.
Kratos estaba de espaldas al Portal De Los Perdidos justo cuando escuchó la gran puerta de entrada abrirse de par en par y chocando con las paredes hasta rebotar y cerrarse. Los pasos acelerados de Susan hacia el Portal, como cada día ya no eran una novedad.
—¿A dónde vas? —preguntó él sin girarse, agotado por la situación. Susan no le contestó, siguió caminando—. ¿Cuánto tiempo más vas a estar así? —nadie contestó—. ¿Y todo por una "simple" humana? —Kratos la provocó, pues él era un devoto fiel a la raza humana, y supo que así, Susan hablaría.
—¿Simple humana? —contestó agitada y molesta—. ¡¿No sois vosotros los que siempre dais a entender que nuestra raza existe por y para ellos?! ¡¿Ahora me criticas por hacer bien por lo que me crearon?!
Kratos sonrió mientras se volvía.
—Ahora me estás prestando atención…
Susan bufó y miró hacia otro lado.
—¿Vas a contarme qué te pasa? —alzó la ceja, curioso.
—Ya sabes lo que me pasa, no vas a torturándome diciéndolo en voz alta.
—Oh, vamos… Estás a la defensiva… Sólo te estoy preguntando qué es lo que te ocurre. Ya sabes —se fue acercando poco a poco—, me extraña ver a una de las compañeras más feroces de mi estirpe dejar de alimentarse cuando lo que más le gusta de todo esto es el sabor a la sangre. Y…, sobretodo me alarma el hecho de que mi querida compañera odiase y detestase acercarse siquiera al Portal antaño y hogaño se dedique únicamente a frecuentarlo… Pasando por alto el acto de alimentarse. ¿No te parece algo extraño?
—No. En absoluto.
—Si no te preocupas por alimentarte, entonces que sea por las largas horas expuestas al Portal. Sabes lo peligroso que es —dijo esta vez con un tono alto, molesto y al mismo tiempo preocupado.
—¡Sé perfectamente lo peligroso que es! Si pasas expuesto altas horas.
—¿Y cuántas horas crees que estás tú ahí dentro?
Susan se quedó en silencio, frunciendo el ceño preocupada.
—¿Crees que estaría ahora perdiendo mi tiempo echándote un sermón si pasases 3 horas ahí dentro? ¡El problema contigo es que no conoces el límite! ¿Acaso te parece comprensible estar encerrada ahí durante 7 horas diarias? ¡Es desmesurado! Y además peligroso. Y el problema es que tú no lo ves.
—Exageras —se excusó aún preocupada.
—¿Exagerar? ¿De verdad no te das cuenta? Sea lo que sea en lo que estás envuelta te está consumiendo. A penas comes, no hablas. La mayoría del tiempo de lo pasas ahí metida, y cuando sales, nadie te ve el pelo. Lo único que sabemos es que no sales para alimentarte.
Susan se acercó a Kratos con rabia y se colocó justo delante de su rostro, apretando los dientes, arqueando el labio hacia arriba.
—Vosotros…, no sabéis nada.
Se dio la vuelta, y se dirigió de nuevo hacia el interior del Portal. Colocó la mano sobre el interruptor, y lo pulsó. Giró la cabeza mirando a Kratos, desafiante, mientras la puerta a una oscuridad se abría ante ellos. Los cabellos de ambos se agitaban salvajemente sobre sus cabezas. Kratos achicó los ojos, molesto por el aire y colocó su brazo sobre su frente, protegiéndose. Susan no se inmutó, permaneció quieta hasta que la puerta se abrió por completo, le retiró la mirada, se colocó frente al portón, alzó la barbilla, y entró hasta que tras ella, se cerró el Portal seguido de un sonido pesado de roca arrastrándose por el suelo de piedra y cerrándose junto al grave eco vibrante.
El aire cesó tanto fuera como en el interior de aquel lugar, en el que todo estaba en silencio. Al menos, durante un segundo en el que Susasn cerró los ojos y respiró profundamente. Entonces, abrió los ojos y ante ella apareció aquella imagen. La imagen de la humana, pasando frente a ella. Y aquellos ojos azules brillaron en su plenitud ilumminándole el rostro. La imagen se repetía constantemente: una vez se alejaba, se volvía acercar por el mismo lugar. Pues era un recuerdo. Un recuerdo que se repetía una y otra vez. Susan podía seintir su corazón allí dentro latir. El mismo recuerdo de la primera vez que la tuvo tan cerca. Justo cuando pasó frente a sus ojos para bajar las escaleras. Estiraba su mano acariciando la visión, y podía imaginarse el tacto de su piel bajo sus dedos. Sonrió sintiendo dentro un sentimiento que igualaba la grandeza de la oscuridad que ahora la arropaba. Dio dos pasos más dejando atrás aquella visión que no dejaba de reincidir y se acercó a otra más lejana que se limitaba a girarse y fruncir el ceño, una y otra vez. Susan se puso justo frente a su mirada intentando fingir que sus ojos la miraban a ella, pero estaban perdidos en el horizonte. Miles de imágenes ahora a su alrededor y cada una de ellas, más bella aún que la anterior.
Dio un par de pasos más, hasta que se quedó quieta, pues empezó a escuchar una lejana voz. Aguzó el oído y arrugó la frente pues aquellas voces que ahora se hacían más claras, eran las que siempre se presentaban al final de aquella oscuridad. Realmente allí era donde todos sus compañeros iban realmente, donde verdaderamente debían quedarse pues para eso servía aquel lugar. Para escuchar las súplicas de sus humanos, aquellos a los que debían protección. Ahí fue donde Susan escuchaba la voz de Vanessa y gracias a eso, pudo reconocerla. Pero hasta ahora no había poseído ninguna imagen de recuerdo, ahí es donde iba en lugar de alimentarse, a por más imágenes que luego la arroparían en su soledad… Se acercó a la voz en la oscuridad hasta que ésta se hizo más presente y entonces, se detuvo.
—Pater Noster, qui es in caelis, sanctificétur nomen Tuum, adveniat Regnum Tuum, fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra —suplicaba una voz atormentada. La voz atormentada de Vanessa.
Al otro lado de la sala pudo escucharse un lamento, un sollozo que logró calar hasta lo más profundo en Susan, quien se sintió temblar. De pronto la oscuridad se adueñó de voces y gritos que reclamaban piedad y rogaban ayuda. Voces que desgañitaban gargantas y que arrancaban la vida. Susan cayó de rodillas rodeada de sufrimiento, sollozando por no poder ayudarla. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo ayudarla sin hacer peligrar su vida?
De pronto una de las voces se oyó extraña, cercana, una voz que nunca antes había escuchado hasta ahora. Susan giró la cabeza rápidamente en dirección a aquella voz entremezclada de graves y agudos. Una voz preocupada y angustiada con un eco extraño procediente del interior de otra voz macabra. En seguida lo supo…, algo se había adueñado del cuerpo de Vanessa y ella desde la oscuridad arrojaba sollozos pidiendo ayuda.
Susan se levantó rápidamente y se secó las lágrimas con el dorso de la palma de la mano, moviéndose hacia el principio del Portal para poder salir. Corrió hacia la salida y justo en aquel momento, algo se interpuso en su camino. Algo robusto y fuerte, más oscuro que la propia oscuridad, que sin manos ni puños la empujó hacia atrás.
