Vidas pasadas
Capitulo 20
verdades
Abro mis ojos cuando el canto de unos pájaros se escucha muy al fondo, aun está oscuro. ¿dónde estoy?
Mis manos instintivamente buscan en la cama, pero descubro que estoy sola y es eso lo que me hace despertar de golpe.
- ¡Endymion!
No, él no está y me pongo de pie para abrir las cortinas. deben ser las diez de la mañana ¿dónde se ha metido ese hombre? Me giro y encuentro sobre la cama un carta…claro…una carta.
"Rei, tuve que ir un momento a la destilería, no quise despertarte. Espero volver antes de que despiertes, pero si no… te prometo volver pronto. Come tu desayuno."
A un metro de mi está una de esas bandejas que tienen miles de cosas para comer, quizás dos Andrews y tres Makotos podrían terminar con esto, yo solo tomo una manzana y me envuelvo en mi bata para ir en busca de ropa y por una ducha.
Justo en el pasillo un sonido me atrae, es una voz femenina que canta una nana en una lengua que no es ingles ni japonés, pero me es familiar.
Sigo el sonido de la voz que me lleva a una habitación contigua a la de Endymion. Una cuna de ébano está en mitad de la habitación y un velo de tul y encajes azules cubren celosamente lo que hay dentro, luego escucho un llanto de bebé, algo más fuerte que yo me hace acercarme.
debajo de las finas telas se encuentra un pequeño niño, uno de ojos amatista y cabellos negros como los míos. Un sentimiento indescriptible hacia el pequeño me hace tomarlo entre mis brazos. e instintivamente me pongo a cantarle la nana que escuchaba hace un momento en el pasillo.
El pequeño deja de llorar y me observa complacido, camino hacia una mecedora donde me siento con él y el pequeño enreda con su pequeña manita un mechón de mi cabello, le divierte tirar de él.
mientras canto la nana tengo mejor oportunidad de verle mejor, su ropa trae bordado su nombre en las mangas "Raymond Moncrieff" ¿qué es esto?
Mis labios siguen emitiendo la nana y me siento perdida por esa dulce sonrisa, quizás podría permanecer así siempre pero un intenso olor a humo llama mi atención, cuando despego la vista de esos bellos ojos que me tienen hechizada me doy cuenta que la habitación se encuentra envuelta en llamas
- ¡Fuego!
Despierto envuelta en sudor y me doy cuenta de donde estoy: En la habitación de Endymion, él no está.
En una mesita se encuentra el mismo desayuno para medio Edimburgo y la nota de él diciendo que tuvo que ir a las destilerías ¿qué está pasando? No importa lo que sea, muy cierto es que debo darme un baño y salgo de la habitación, un olor a lavanda impregna el pasillo y el sonido de una nana proveniente de la habitación contigua a la de Endymion, cuando estoy a punto de abrir una mano se posa en mi hombro y me giro.
- ¡Makoto!
- ¿qué haces? ¿espiando al galán?
- no, no…claro que no ¿hueles eso? ¿escuchas?
- ¿qué? ¿de qué hablas?
- ¿no te da olor a lavanda? ¿no escuchas?- me quedo callada. Tanto la voz como el olor se han esfumado.
- Descuida, lo he hecho cientos de veces- me dice Makoto mientras intenta girar el pomo de la puerta, está cerrada- ah, no hay nada que una horquilla no logre abrir.
- no, déjalo así. Por favor- le pido a mi amiga que me mira extrañada- Iré a darme una ducha. ¿te veo en media hora?
- ¡Claro! Andrew y tu galán tuvieron que ir a no sé dónde. creo que estaremos solas un buen rato.
- Eso es genial. Necesito contarte unas cosas
- ¿cosas de qué? Me preocupas…
- Nada…nada importante. Te veo abajo ¿te parece?
No espero su respuesta y entro a la habitación. Mi tina está preparada ya con aceites de lavanda y una dulce música instrumental celta se escucha de fondo. Me desnudo y me meto en el agua tibia que me tranquiliza bastante.
Cierro mis ojos y siento como si el tiempo se detuviera. Un dolor llama mi atención y hay algo en mi hombro, una marca roja que no había visto. Creo que debe ser una mordida de Endymion, anoche fue demasiado pasional…yo lo fui otro tanto.
Siento un par de manos posarse sobre mis hombros, reconozco al contacto de quién se trata y sonrío con los ojos cerrados, unos labios se posan en mi frente con ternura.
- Ya te has despertado.
- Me suelo despertar temprano, Endymion.
-Yo quería volver a tiempo para seguirte viendo dormir.
- ¿me observabas?
Él asiente con timidez mientras masajea mis hombros
- No hay nada que me guste más.- Me confiesa mientras besa mi hombro, se detiene sobre la marca derecha que detecté hace unos momentos, quizás por el estremecimiento de mi piel, de verdad me duele. - ¿qué es esto?
- Creo que es una marca de anoche o de la noche anterior…no sé. Creo que estabas demasiado emocionado.
- No puedo creer que te lastimara de esta forma…lo lamento.- Me suplica mientras deposita una cadena de suaves besos en mi clavícula
- Yo no pienso disculparme por las marcas que dejé en tu espalda ni en el resto de tu cuerpo- Amenazo
- No me quejo. Lo disfruté bastante…aunque esto no me gusta.- dice señalando la marca de mi hombro
- Deja de ser tan infantil, Endymion. NI siquiera me duele tanto. No voy a morir por esto.
- No quiero lastimarte nunca. De ninguna manera.
La forma en la que lo dice me hace conmoverme ¿cómo puede ser tan sencillo para él llegar tan profundo en mi corazón?
- Solo quiero hacerte feliz…
- Yo tengo una idea para eso- digo maliciosa. La dulzura no es lo mío y tiro de Endymion haciéndolo caer en la tina, está totalmente empapado y vestido. Me propongo a resolver ese pequeño inconveniente y tiro de su camisa tirando a la tina cada botón, amo su torso musculoso- mmhhmm nadie me había dicho que los escoceses fueran tan sexys, debí haberme mudado aquí hace mucho.
Una sonrisa maliciosa en su mirada que me encanta y se sienta en la tina tirando de mi, estoy sobre sus piernas, recargada en su torso.
- ¿lo dices en serio?- interroga emocionado
- Aunque dicen lo mismo de los hombres franceses ¿será que debo ir a Francia?
Un destello furioso en su mirada que de alguna forma me emociona aparece en su rostro, luego tira de mi y siento su zona sur despertar, me siento ansiosa.
- ni en broma, señorita Hino.
- ¿qué serías capaz de hacer, Endymion?
- No quieres averiguarlo- me amenaza y yo llevo mis manos a sus pantalones, noto un respingo en él pero me deja seguir.
- sería interesante…
- Rei…
Me desconcentra ese olor que olí en el pasillo y la imagen del pequeño niño viene a mi cabeza
- Endymion…- lo nombro mientras él está besando mi cuello, de verdad cuesta concentrarse con tales distractores. Un gruñido es su respuesta- ¿cuántos hijos tuviste?
Él para de repente y se separa de mi. Creo que le duele bastante el recordarlo.
- ¿por qué me preguntas eso?
- ¿no puedo saberlo?
Veo el dolor en su mirada, pero de verdad necesito saberlo. Siento como si algo me carcomiera por dentro.
-Bridget y yo no hablamos nunca de los hijos planeados aunque yo siempre soñé con tener cuatro hijos pero eso no fue posible…
Veo la causa de su dolor. No hemos hablado de cuando murieron Bridget y su familia, tampoco el cómo y prefiero no indagar.
- ¿tuviste algún hijo varón?
Una sonrisa tierna en su rostro y luego asiente.
- Si…
- ¿cómo eran sus ojos?
- Diría que muy similares a los tuyos…Tenía unos ojos muy peculiares. Era un chico encantador.
- Endymion…te parecerá extraño pero…¿había alguna canción de cuna que le cantara Bridget en especial?
- La señora Sinclair le enseñó una de su tierra en gaélico. Era la única que lo tranquilizaba. Bridget la tocaba con su arpa y le cantaba.
¿qué está pasando? ¿cómo?
- ¿estás bien?
- Si…es solo que…- creo que no lo hará sentir mejor saber todo lo que me ha pasado en estos días- imagino que fuiste muy feliz en ese tiempo ¿verdad?
- El más feliz del mundo…
Moncrieff Camp 1820
El regreso del matrimonio Moncrieff a los Highlands luego de la visita a Escocia sorprendió a más de uno.
Endymion jamás estuvo de mejor humor y Bridget jamás fue tan dulce en su trato con el pelinegro, Endymion lo agradeció de sobremanera.
Luego de dar su diario recorrido por los campos de cebada el matrimonio Moncrieff volvió a las caballerizas, él la ayudó a abajar de su caballo temporal ya que Lady Mars seguía en estado de gestación y a pesar de que el médico había dicho que no había problema Bridget prefirió no montarla por un buen tiempo.
Endymion besó con ternura los labios de Bridget al tenerla entre sus brazos, ella respondió pero algo había en su beso que la delataba.
- ¿qué pasa?- Interroga él mientras caminan a la casa principal- luces triste…
- No es nada, descuida…
- Briss…Sin mentiras ¿lo recuerdas?
- Extraño a Danna…Moncrieff Camp luce tan solitario sin ella…
- Te entiendo…a mí también me hace mucha falta. Hacen falta sus risas y sus travesuras.
- Es verdad…-apoya Bridget con melancolía.
- Lo daría todo por verte feliz, Briss…
- Está bien…a ella le hace falta estar con nuestros padres…aunque la extraño demasiado.
- Si pudiera resolverlo de algún modo de hacer completa tu felicidad…
El matrimonio Moncrieff llegó a la puerta principal de la casa y Endymion la abrió para ceder el paso a la pelinegra, lucía resignada aunque no satisfecha con la idea de no ver a la pequeña Danna por un buen tiempo, su rostro cambió por completo al ver que alguien los esperaba dentro.
- ¡Briss!
- ¡Danna!-Abraza la joven a la niña que se lanza a sus brazos.- ¿qué haces aquí?
- Endymion mandó por mí.
- ¿cómo lo hiciste?
Una sonrisa fue la única respuesta del joven, no así de Danna.
- Le mandó una carta a papá. No sé que le puso en ella pero papá estuvo de acuerdo y me dejó venir.
- Pero si él no quería… Tienes qué decirme qué contenía esa carta, Endymion.
- Mis labios están sellados.
- Ya encontraré la forma de hacerte hablar.
- No tengo la menor duda de ello- Responde él con tono malicioso que Bridget identifica de inmediato.- Mientras tanto deberías de disfrutar la presencia de Danna.
- ¿me tienes regalo de bienvenida?
- ¿acaso crees que solo porque te traje de regreso debo tenerte un regalo de bienvenida?- interroga Endymion con seriedad, Danna y Bridget lo miran confundidas.- Claro que no.
Esa respuesta generó una mirada reprobatoria en la pelinegra y un gesto de decepción en la pequeña, un silencio se hizo en la sala.
- Pero quizás un duende tenga una sorpresa para ti en la sala de música…
La niña sonrió y corrió a la sala de música donde aguardaba por ella un cello hecho especialmente a su medida.
- ¡Gracias, Endymion! ¡Me encanta!- Grita la pequeña corriendo a besar la mejilla del alto y luego regresando a contemplar su Cello.
- ¿y esto?- Interroga Bridget
- Bueno es que un día le estaba mostrando a Danna un libro sobre instrumentos musicales ella lució particularmente interesada en un Cello… Imaginé que le haría feliz tener uno, pero uno de su medida y mandé fabricarlo hace algunas semanas…
Bridget sonrió y miró con extrañeza a Endymion
- ¿qué?
- ¿qué hubiera sido si a Danna le hubiera gustado un Palacio oriental y no un Cello?
- Pues simplemente habría tenido que conseguir a algún buen arquitecto
Bridget fingió poner mala cara, pero cualquiera que la conociera notaría que no era tan grave lo que pensaba su cabeza.
- No puedes molestarte, solo quiero hacerla feliz.
- Endymion…Me asustas. Si todo esto lo haces por Danna… ¿qué serás capaz de hacer por tus hijos?
- "Nuestros"- corrige sonriente el alto- Y no lo sé…quizás sería capaz de hacer posible lo imposible. Pero… ¿de verdad te gustaría un hijo tuyo y mío, uno con tus ojos, tu sonrisa y….mi carácter?
- ¿tiene algo de malo mi carácter?
- Lo amo como a todas y cada una de las partes de mi Bridget. Pero sospecho que Moncrieff Camp sería un lugar demasiado….explosivo con dos como tú.
- Tú no eres precisamente el hombre más dulce del mundo
- No. Pero a mí siempre hay algo que me desarma
- ¿y se puede saber qué es?
- Tú…
Fue la respuesta al oído que hizo estremecer a la pelinegra hasta el último poro. Él acercó sus labios a la mejilla de Bridget y Bridget sintió su cuerpo arder de una forma que aun no estaba acostumbrada a sentir pero que cada día le agradaba más. Quizás eses mágico momento hubiese durado más tiempo, pero fue roto por el estridente sonido del arco y las cuerdas del Cello retumbando en todo el cuarto de música.
- Le conseguiré un maestro de música. Lo prometo- Ofrece él antes de que Bridget pueda alegar nada.
- Endymion- llama la pequeña- La próxima vez que vayan a un concierto en Edimburgo me llevarán ¿verdad?
- Danna…
- Por favor…
- Solo si prometes portarte bien, pequeña.
- Lo prometo- Jura con solemnidad la niña de ojos amatista.
- Bien, con semejante promesa, quizás incluso nos demos tiempo cuando disminuya un poco el trabajo de hacer un pequeño viaje. Dicen que Londres y París tienen orquestas maravillosas, no estaría de más comprobarlo por nosotros.
- ¿de verdad te gustaría ir tan lejos solo por eso?- Se interesa Bridget a quien no le ha molestado la idea de ir a cualquiera de ambos sitios. Ella jamás ha ido más allá de Edimburgo.
- Solo por ver ese par de sonrisas iría hasta el mismo infierno…
- ¡Si!- Se emociona la pequeña- ¡Señora Sinclair, Señora Sinclair. Endymion, Bridget y yo iremos a Londres!
Grita la pequeña saliendo del cuarto de música dejando sola a la pareja que se observaba en silencio. Bridget Enredó sus brazos en el cuello de Endymion que lucía gratamente sorprendido y luego se paró de puntitas para besar la comisura de sus varoniles labios.
- Gracias…-susurra ella
- ¿por?
- Por ser tan bueno con Danna y conmigo.
Una sonrisa lasciva en los labios de él que aprisionó la delgada cintura de Bridget entre sus brazos para atraerla a su cuerpo y perderse en un beso más profundo y revelador.
- ¿y eso?
- Por hacerme tan feliz. Te amo, Briss… Amo cuando eres así conmigo.
- Prometo tratarte mejor…aunque sea un poco…
- También me gusta cuando eres ruda- confiesa el pelinegro.
- ¿soy ruda?- Finge ofenderse la de ojos amatista. Endymion solo asiente- Aun no he sido ruda contigo, querido.
- Soy materia dispuesta, Lady Bridget. Todo suyo…
- Interesante….- Murmura ella Empujando sobre un sillón a un sorprendido pelinegro que recibe con agrado la acción de la joven.
Ella se sienta en sus piernas y muerde su cuello, un gruñido se escapa de boca del hombre de los Highlands.
Existía un nuevo y divertido lenguaje mudo entre esa pareja que estaban descubriendo con agrado. Ella aprendió muy pronto lo fácil que podía ser moldear a "La bestia" a su antojo.
- ¡Briss, Endymion!- Los interrumpió la voz de Danna desde el pasillo. Bridget se puso de pie inmediatamente antes de que la pequeña entrara al cuarto de música- La cena está lista.- ¿vamos?
- Estoy hambriento- ronronea Endymion al oído de la pelinegra- ¿vamos, querida?
Endymion ofreció su brazo a Bridget que aceptó sin reparos. Una secreta conversación se mantenía entre aquellas miradas mientras la niña corría delante de ellos para ir al comedor ¿de qué estarían dialogando?
- ¡cordero, qué delicia!- se emocionó Danna mientras veía su plato. ¡mi favorito!
- Señora Sinclair. ¿usted sabía que Danna vendría?
- El señor dijo que nos preparáramos para recibir una visita importante y para él lo único importante son usted y la señorita Danna. Supuse que se trataba de ella.
- A Briss también le gusta la ensalada de patatas que hace usted, Señora Sinclair.
- Es que le queda deliciosa- apoya la pelinegra que da un bocado a su plato, pero algo no va bien al sabor porque la pelinegra frunce el seño de inmediato.
- ¿ocurre algo?- Se preocupa la mujer mayor.
- ¿agregó algo diferente a la ensalada?
- no. Es la misma receta de hace cuarenta años, Lady Bridget. Jamás la modifico.
- Sabe igual que siempre, querida.- Agrega Endymion al probarla.
- no…hay algo….algo no sabe tan bien…algo….
- ¿le repugna?
- creo que será mejor ir a la cama. Estoy muy cansada ¿no te importa, Danna?
- no, claro que no. Endymion me leerá antes de dormir ¿verdad, Endymion?
- Claro. Descansa, linda. Te hará bien.
- ¿sabe, Sir Endymion?- interrumpe la señora Sinclair la mirada zafiro que estaba clavada en la silueta que se alejaba del comedor- Lady Neris también detestó la ensalada de patatas cuando le estaba esperando. Es curioso ¿no?
Endymion observó en silencio a la mujer que había estado a su lado en su crianza, una sonrisa se puso en los labios del serio hombre, una que la pequeña a su lado no entendió.
- ¿de qué habla, Endymion? ¿qué tiene que ver tu mamá con que a Briss no le gustara la ensalada de patatas?
- Nada, pequeña. Solo fue un comentario, anda. Termina tu cena.
- ¡Si!
La señora Sinclair se retiró en silencio. En silencio también una idea pasó por la mente de Endymion. Era una idea que le alegraba y también le daba miedo. Antes de Bridget no le importó querer a nadie, luego de Bridget su vida había cambiado, luego de Bridget la vida era distinta, ¿pero sería él lo suficientemente bueno para sobrellevar ese cambio?
Bridget despertó aquella mañana cuando el sol había salido ya. Ella siempre despertaba poco antes del amanecer, junto a Endymion para poder hacer sus recorridos matutinos, ¿pero dónde estaba Endymion? ¿qué hora era?
- Buen día- Le saludó la señora Sinclair desde la puerta. Aparecía con una enorme bandeja con lo que aparentaba ser un enorme desayuno.
- Buen día, señora Sinclair. ¿qué hora es?
- Las diez, Milady.
- ¡Las diez! Pero si jamás me he levantado tan tarde. ¿dónde está Endymion?
- El señor se fue a los campos de cebada, La señorita Danna se fue con él.
- ¿pero por qué no me despertó? ¿qué le pasa?
- Mi señor notó que usted estaba muy agotada en la mañana y prefirió dejarla dormir.
La pelinegra no era la más feliz con esa información pero eso lo hablaría con Endymion ya que volviera a Moncrieff Camp. En gran parte tenía razón. Bridget tenía varios días teniendo dificultad para despertarse por las mañanas, pero por el momento todo lo que deseaba era comer algo.
- Le he preparado huevos con hongos y especias, su favorito.
- Luce delicioso, señora Sinclair- apoya sonriente la pelinegra que prueba emocionada su desayuno favorito que no dura mucho en su boca y Bridget termina regresando el cien por ciento de su desayuno.- creo que hoy no es el mejor día para comer esto. Solo tomaré el jugo.
- Tiene razón. Quizás lo mejor sea que beba su jugo. Le prepararé algo ligero para que tenga algo en el estómago, mi señora- ofrece la mujer mayor que acaricia la frente de la sorprendida joven.
- Gracias, señora Sinclair.
- Descanse un poco, mi señora. Le hará bien.
Cualquier otro día Bridget hubiera alegado que se sentía bien, pero cierto era que se sentía demasiado cansada y somnolienta, así que aceptó el consejo de la mujer mayor, de verdad necesitaba descansar.
La situación no fue única y por el contrario la salud de Bridget menguaba con el paso de los días. Cada vez se sentía más cansada y le costaba levantarse por las mañanas, su apetito era terrible y lo poco que lograba ingerir lo terminaba regresando un par de minutos después. Esto preocupó tanto a Endymion que mandó traer al doctor Sweeney. El mismo que atendiera a Danna un par de semanas atrás.
- No veo porqué tiene que venir a verme un doctor desde Londres, Endymion. No es para tanto.
- Briss. No voy a discutir sobre esto. Estas demasiado pálida y débil. Tiene que verte un médico.
- ¿pero por qué desde Londres? Bien pudo venir algún médico de Inverness o incluso de Edimburgo ¿por qué de Londres?
- Porque no confío en nadie más que el doctor Sweeney para que te atienda. Es uno de los mejores médicos y será quien te atienda.
- ¿por un simple malestar?
- Eres mi vida entera, Bridget. Nada es suficiente para ver por ti. Si algo llegara a ocurrirte….moriría.
Las palabras del pelinegro conmueven a la joven de ojos amatista que ve ante ella a un hombre realmente preocupado.
- Está bien…que me revise, aunque seguro no será nada de importancia.
- ¿dejamos que el especialista lo decida?- pide el de ojos zafiro, Bridget hace un puchero y el alto pelinegro la sujeta por la cintura atrayéndola hacia él, luego besa sus labios con delicadeza.
- te costará muy caro esto, Endymion.
- Lo que tú quieras, querida…lo que tú quieras.
- Mi señor, el doctor Sweeney ha llegado- Informa la señora Sinclair que entra sin previo aviso. Se siente apenada al ver la imagen ante ella.
- Iremos en seguida, páselo a la sala, por favor.
La mujer mayor asintió y salió de prisa del estudio, Endymion y Bridget solo sonrieron divertidos. A últimas fechas era muy común que la pobre mujer los encontrara en ese tipo de condiciones.
- Doctor Sweeney, bienvenido a Moncrieff Camp- saluda educado el alto pelinegro mientras ambos entran a la sala, los ojos verdes del doctor Sweeney se posan en la misteriosa mujer- Le presento a mi esposa: Bridget Moncrieff.
- Encantado, señora Moncrieff. Es usted verdaderamente hermosa, ahora comprendo de dónde viene la belleza de la pequeña Danna, es de familia. ¿por cierto dónde está la pequeña?
- fue a casa de los Ferguson. Se divierte mucho con el pequeño hijo de nuestros vecinos.
- Así que Danna ha hecho nuevos amigos- interviene una voz decepcionada en el sillón. Es un chico de no más de quince años.
- Helios… esa no es forma de presentarte.
- Lo siento, padre…
- Señores Moncrieff, les presento a mi hijo: Helios Sweeney. Vino conmigo con la esperanza de volver a ver a la pequeña Danna. Se hicieron muy buenos amigos en Londres durante la estancia de su pequeña hermanita.
- Ya lo veo.- Dice la pelinegra observando interesada al joven de ojos dorados ante ella y luego sonríe- Danna habló mucho de usted, jovencito.
- ¿de verdad?
- claro, ella dejó un buen amigo en Londres.
- Ahora hace amigos aquí.
- Yo no llamaría amigo a un pequeño de no más de dos años. Más bien para ella es como jugar con sus muñecas- interviene el pelinegro minimizando la charla- Pero no es de Danna de quién le he pedido consejo, Doctor Sweeney.
- ¿qué es lo que ocurre entonces?
- Nada grave, Doctor. Lo que ocurre es que mi marido tiende a exagerar las cosas. Me he sentido un poco mal en estos días, pero quizás solo sea que hemos tenido mucho trabajo en Moncrieff Camp.
El serio médico observó las ojeras bajo los hermosos ojos amatista de la muchacha ante él, su palidez y su rostro entero.
- No quisiera minimizar las cosas, Doctor. Pero su apetito ha sido muy malo y ella ha estado muy cansada a últimas fechas. ¿qué cree que tenga?
- Me gustaría revisarla, Señora Moncrieff. Quisiera descartar un par de hipótesis antes de emitir un juicio apresurado.
- ¿revisarme?
- Un simple chequeo, señora Moncrieff. Nada del otro mundo.
A Bridget no le agradó para nada el tener que ser revisada por un médico, pero a fin de cuentas sabía que era necesario.
Endymion había insistido en estar presente en la revisión, pero Bridget no lo permitió bajo ninguna circunstancia y un cuarto de hora después el doctor Sweeney bajó las escaleras encontrándose con Endymion que aguardaba por él con desesperación, era evidente que había pasado el último cuarto de hora hecho una maraña de nervios.
- ¿qué ocurre, Doctor? ¿dónde está Bridget? ¿qué es lo que tiene?
Una sonrisa pausada apareció en el serio rostro del médico al ver la preocupación del joven ante él.
- Quizás quiera escucharlo de labios de ella, Sir Endymion. Espera por usted arriba. Si no le molesta iré a la sala a esperar a mi hijo, dijo que quería recorrer su propiedad, imagino que no debe tardar en volver.
Endymion no escuchó la última parte del enunciado del médico y apresuró a ir escaleras arriba; Ahí, sentada en la cama se encontraba la joven de cabellos negros y ojos amatista que tenía la vista perdida en la nada.
- Briss, ¿qué te ocurre?- Interroga él mientras se arrodilla a los pies de la cama, su miedo por el bienestar de la joven es evidente- ¿qué te dijo el Doctor? Me dijo que prefería que tu me lo dijeras. ¿por qué tanto misterio? ¿estás bien?
Bridget quitó su mirada de la nada y la enfocó en los azules ojos del hombre frente a ella. Parecía querer encontrar en él las respuestas a sus interrogantes.
- Briss, ¿estás bien?
La joven solo asintió en silencio.
- ¿qué te dijo el doctor Sweeney? ¿qué pasa? ¿por qué tanto misterio?
- Endymion- interrumpe ella.- Vamos a ser padres…
En ese momento fue él quien se quedó perplejo. Jamás imaginó escuchar esas palabras de boca de Bridget, jamás imaginó escuchar esas palabras, jamás imaginó sentirse tan feliz.
- ¿qué? ¿de verdad?
Ella asintió en silencio esperando una respuesta de parte de él, que llegó en seguida.
El pelinegro se puso de pie levantando en brazos a la joven sentada en la cama, la hizo girar en el aire gritando de emoción, se sentía emocionado, embriagado de felicidad, jamás esperó que la vida fuera tan bondadosa con él. Bridget respiró aliviada al ver la reacción en él , aun estaba consternada pero también emocionada.
- Lo siento. Soy un bruto- se disculpa él bajándola pero sin soltar su cintura- ¿cuándo nacerá?
- El doctor espera que nazca para finales de otoño, si todo sale bien.
Endymion estrelló sus labios en los de la joven que respondió con la misma intensidad a ese beso. Quizás ninguno de los dos lo esperaba, pero en definitiva estaban muy felices con la noticia.
- No deberíamos ser groseros. El doctor Sweeney debe estar esperando por nosotros.
- Es verdad. Celebraremos más tarde- apoya no muy convencido el pelinegro que ofrece su brazos a la joven de ojos amatista.- Tenemos mucho que celebrar.
Cuando Bridget y Endymion bajaron las escaleras se encontraron al médico charlando con su guapo hijo.
- así que ya has regresado, Helios- dice cariñosa la joven pelinegra y Helios asiente
- Si, Lady Bridget...tiene una casa preciosa, tanto como usted
- Imagino que debió traer a su esposa con usted, Doctor- deduce el pelinegro
- No. Solo somos mi hijo y yo. Mi esposa murió hace muchos años
- Ha hecho un gran trabajo, Doctor. Es evidente que Helios es todo un caballero.
- ¡Endymion, Briss, ya volví!- grita la pequeña Danna que entra corriendo a la sala con algo en los brazos- Lita les envió una tarta de moras para la cena y….Helios….
La chica se paralizó al encontrarse con aquella visita en la sala de Moncrieff Camp, el joven de ojos dorados sonrió.
- Lady De Byres. Qué gusto volver a verle- Saluda educado el joven que se acerca a besar su mano y a retirarle el molde con la tarta- permítame ayudarle con esto.
- gra…gracias.
- gusto en verte, Danna- saluda el doctor Sweeney- parece que tu salud ha mejorado bastante.
- Si, doctor. Me he sentido muy bien. Ya no me he enfermado.
- Eso me da gusto.
- Danna, El doctor Sweeney y su hijo serán nuestros invitados. Espero nos ayudes a hacerlos sentir en casa- pide el pelinegro a la niña.
- Si. Helios, tienes que venir al cuarto de música, quiero mostrarte mi Cello- pide la niña tirando del brazo del joven que solo acata a dejar la tarta sobre la mesa y salir con la pequeña Danna de la sala, cuando los tres adultos vuelven a estar a solas se sientan a charlar.
- Doctor Sweeney, me gustaría que se hospedara con nosotros una temporada para que pueda cuidar de la salud de mi esposa y mi hijo.
- Endymion. Eso no es necesario. Además, el doctor Sweeney debe tener una agenda apretada en Londres.
- Yo preferiría que tuviéramos a un médico cerca por cualquier cosa.
- Es solo un embarazo. Estaré bien, millones de mujeres no tienen a un médico a su lado todo el tiempo y están bien. Yo también lo estaré.
- Tu no eres uno de esos millones de mujeres. Eres mi esposa y lo más importante en mi vida y no me voy a arriesgar a que algo les pase- refunfuña el de ojos azules mientras ambos mantienen un duelo de miradas.
- Bueno….me encantaría aceptar su oferta, Sir Endymion. Pero su esposa tiene razón, tengo algunos compromisos que no puedo postergar
- ¿lo ves?
- Pero puedo estar de regreso en un par de meses y quedarme lo suficiente para recibir a su hijo. Si así lo desean, claro.
- Si. Así lo deseo.
- Endymion…- Amenaza la voz de ella.
El sonido de un piano que tocaba perfectamente los interrumpió. Las notas venía de la sala de música a donde fueron los tres adultos dando por terminada la discusión.
Dentro de la sala se encontraba un joven de cabellos plateados sentado al piano y a su lado mirando con emoción una niña de cabellos negros que miraba fascinada la facilidad con la que el muchacho interpretaba una melodía. Bridget y el doctor Sweeney miraban complacidos la escena. Endymion no lucía tanto. Al parecer el gusto de Danna por la música no había nacido de su familia, sino de una influencia más londinense. Endymion agradeció en ese momento que el Doctor Sweeney tuviera que volver pronto a Londres junto con su hijo. En muy poco tiempo había llegado a querer a Danna como a una hija y de la misma manera se ponía bastante celoso de cualquier chico que intentara robar el corazón de la pequeña niña, Aunque Bridget se riera de sus ideas y le repitiera una y otra vez que Danna era apenas una niña y no pasaban por su cabeza esas ideas.
La señora Sinclair no tomó con mucha sorpresa la noticia del futuro miembro de la familia Mocrieff. Parecía haberlo sabido aun mucho antes que todos los demás y estaba feliz al igual que la pequeña Danna.
A partir de ese día la señora Sinclair se dedicó a preparar un sinfín de platillos para la futura madre que ella juraba que eran las mejores opciones para que el pequeño naciera sano y fuerte.
Los paseos por los campos de cebada se vieron interrumpidos y el matrimonio Moncrieff tuvo fuertes peleas respecto a los demás movimientos de la finca. Endymion insistía en que no quería que ella se preocupara por nada y Bridget en que ella podía hacerse cargo de eso y más y que por ningún motivo terminaría siendo una inútil.
Luego de varios días de batalla consiguieron conciliar el teman y acordaron que Bridget podría hacer todo lo que quisiera, siempre y cuando no se pusiera en riesgo, ni a ella ni al pequeño que llegaría con el otoño, aunque eso significaba olvidar los paseos a caballo.
Los Ferguson se pusieron felices con la noticia y llenaron de felicitaciones a la pareja, al igual que la madre de Bridget, su padre no estuvo tan feliz con la noticia pero terminó felicitándolos muy a su pesar. El señor de Byres aun tenía esperanzas de que la pareja terminara separándose, Endymion no le agradaba del todo y soñaba con el día en que su hija recapacitara, ahora no era algo tan probable y eso le calaba muy profundo.
La noticia de la futura llegada del heredero del Matrimonio Moncrieff se corrió como la pólvora aunque solo eran habladurías para muchos ya que pocos eran los que habían podido ver a Bridget Moncrieff durante aquellos meses. Todo ello debido a que a la salud de Bridget no había sido la mejor durante los últimos meses de la primavera, por fortuna entrando el verano los malestares menguaron y Bridget estuvo de mejor humor para salir a visitar a Lita Ferguson quien la convenció de usar el coche de la familia para ir a dar un paseo por Drumnadrochit, ¡hacía tanto que no salía de Moncrieff Camp!
El sol del verano tibiaba la fría piel de Bridget que se había acostumbrado bastante pronto al clima de los Highlands y su amado Moncrieff Camp, tan amado como lo era Endymion.
- Briss ¿podemos comprar papel y tinta?- Preguntó ansiosa la pequeña niña de ojos amatista.
- ¿papel y tinta? Hace un par de meses solo querías muñecas y juegos de té. ¿ahora solo quieres papel y tinta?
- Es que Helios me envió una carta y quiero responderle. Le prometí que le contaría sobre nuestra casa y que cuando viniera a Moncrieff Camp iríamos a recorrer los campos de cebada. Si podemos ¿verdad, Briss?
Una sonrisa en la mayor de las pelinegras que acarició el cabello de su joven hermana. Tal vez Endymion no estaba tan lejos de tener razón sobre sus apreciaciones sobre Helios, aunque tampoco podía ser tan radical.
- Si, Danna. Puedes ir; Aunque quizás sea bueno que yo vaya con ustedes para explicarle mejor ¿no crees?
- No. No creo que sea buena idea, Briss. Endymion dice que tu no puedes subir a un caballo de aquí a la próxima primavera y Helios volverá cuando comience el otoño.
- ¿Endymion dijo eso?
- Si y también dijo que me compraría una bola de helado inmensa si llegaba a verte montar a caballo y le contaba.
- Qué interesante, linda. Creo que tenemos mucho que hablar él y yo cuando volvamos.
- Hey, Danna. Muero por un helado ¿por qué no vas a la heladería y te compras un inmenso helado? Bridget y yo te alcanzaremos en un momento.
- ¿de verdad?
- Sí. Ten- dice la castaña dando una enorme moneda a la jovencita de ojos amatista ante ella- Compra tu papel y tu tinta y luego come todo lo que quieras. Te veremos en la heladería
- ¡Te quiero, tía Lita!
La niña salió corriendo rumbo a la heladería y las dos mujeres se quedaron a solas.
- No era necesario que lo hicieras, Lita.
- Ay vamos. Así la chica podrá distraerse un buen rato. Así podremos hablar de lo que queramos y podré maldecir sin que me veas con esa cara de estar matando a alguien.
- Intento que Danna no maldiga. Ya he conseguido que Endymion deje de hacerlo.
- Ese hombre lo haría todo por ti, Briss. Yo la verdad no podría hacer tanto. Me gusta ver el rostro escandalizado de las personas cuando hablo.
- es verdad, lo disfrutas
- Lo sé. ¿sabes? Endymion ha cambiado mucho desde que te conoció pero has hecho magia con él desde que volvieron de Edimburgo, casi es otro hombre. Juraría que tu abdomen tiene mucho que ver con ello ¿no es así?
La pelinegra solo sonrió y siguió caminando.
- Endymion le dijo a Andrew que le mandaría fabricar una cuna de ébano a Suiza. Parece que consiguió que alguien le hiciera un boceto para que fuera única.
- ¿en verdad?
- ¿no lo sabías? ¡maldición. Yo y mi gran bocota! No le digas que te dije, seguro querrá matarme
- Endymion está muy emocionado con la llegada del bebé. Está muy contento y rara vez se molesta
- Solo cuando discuten por tu salud ¿verdad?
- Si. Él tiende a exagerarlo todo.
- Siempre supe que nos cambiarías la vida a todos. Pero te juro que jamás imaginé que Endymion cambiaría tanto. Es hasta divertido. Incluso se disculpó conmigo por su actitud inicial y por arruinar la fiesta de mi boda, y por regalarle a Andrew una noche con las chicas de Madame Cherry de regalo de bodas.
- Era un chico malvado ¿verdad?
- No tienes idea. Gustaba mucho de hacerme rabiar el muy maldito. Pero parece que ahora encuentra diversión en otras cosas y eso me da mucho gusto.
La pelinegra sonrió con aquel comentario pero su sonrisa desapareció al toparse con Victoria Romans. Si, la misma mujer que coqueteara con Endymion algunos meses atrás en Edimburgo.
- vaya, vaya. Así que es cierto lo que las malas lenguas cuentan por toda Escocia.- Interviene la rubia- Así que por fin lo consiguió.
- Vámonos, Lita. Un olor repugnante invadió la calle de repente.
- Debe ser la repugnancia de ti, querida. ¿cuánto te pagó entonces? Sabía que eras baja pero prestarte a sus tretas…debí suponerlo.
- ¿de qué hablas?
- ¿fingirás no saber nada? Ese fue el acuerdo ¿verdad? ¡Claro, ahora lo entiendo todo! Se decía que Endymion buscaba tierras en Elgin…luego volvió contigo ¿qué podría interesarle más que sus negocios? ¡conservar su herencia!
- ¿qué?
- ¿acaso no te habló de ello? - se ríe a carcajadas la muchacha rubia provocando la molestia en la muchacha de ojos amatista- Eso es tan de él.
- Solo cierra la boca, bruja. Briss, es mejor irnos.
- Si. No quiero escuchar las mentiras de esta arpía.
- Ahora fingirás inocencia, pero seamos realistas, Bridget. El tuyo fue un matrimonio con ventaja. Endymion salvaría tus tierras y tu a cambio le darías ese hijo que tanto necesita para conservar su herencia.
- ¿cómo?- susurra pálida la pelinegra.
- fuiste muy astuta. Solo no olvides que el corazón de Endymion fue mío antes de ti y cuando tenga segura su herencia seguirá siendo mío. Tú solo fuiste un instrumento para conseguir sus fines.
- Salgamos de aquí, esta bruja es demasiado molesta. me provoca dolor de cabeza.
- Si. Tienes razón, tenemos cosas más importantes qué hacer que perder el tiempo con esta mujer. Vámonos, Lita.
Bridget se alejó con la cabeza en alto y fingiendo no sentirse afectada por el comentario de Victoria Romans, la verdad es que no era así. Aquellas palabras le habían calado muy hondo, muy profundo. ¿sería cierto todo aquello? Quizás no, como todo lo que ella y Mina Alliston se habían propuesto decir desde que las había conocido. Todo era mentira. Así que decidió poner la mejor de sus sonrisas y disfrutar la tarde junto a Danna y a Lita que contaban sus planes sobre la llegada del pequeño heredero Moncrieff, mejor era no perder el tiempo pensando en cosas negativas, aun cuando un dolor se había clavado muy profundo en su ser.
Por la tarde cuando Bridget y Danna regresaron a Moncireff Camp, la niña estaba emocionada por las cartas que le escribiría a su amigo Inglés. Le contaría sobre el crecimiento de su futuro primito o primita, sobre el lago que le mostraría y sobre sus avances con el Cello que le había regalado Endymion, le diría muchas cosas y no podía esperar por ello, así que en cuanto llegaron a la casa la pequeña corrió escaleras arriba para escribir su carta, Bridget la dejó hacer.
Cuando por fin se quedó a solas las palabras de Victoria vinieron a su mente ¿sería que Endymion había buscado casarse con ella y conquistarla solo para asegurar su herencia? ¿sería que de verdad Endymion la había engañado todo ese tiempo? ¿sería él capaz de caer tan bajo? No… no debía creerle a una mujer con ella.
Con el embarazo a Bridget se le habían desarrollado los sentidos, uno en especial "El olfato" y fue mediante el olfato que pudo percatarse de que un olor a tabaco salía del estudio de la casa. No podía ser Endymion ya que detestaba fumar y tampoco podía ser Andrew ya que Lita no se lo permitía. Entonces… ¿había alguien en casas? Tenía que averiguarlo.
Caminó con pasos sigilosos y pudo escuchar unas voces discutiendo, entre ellas la de su marido que estaba de verdad molesto. Tenía meses sin escucharlo tan alterado. La voz de John Romans se escucho después.
- ¡Salga de mi casa en este mismo momento!
-No hasta que no compruebe los rumores que llegaron a mis oídos, Sir Endymion. Lo lamento, así son las reglas.
- Me importa un carajo si son las reglas o no ¡esta es mi casa y lo quiero fuera!
- Endymion. Por favor…se prudente, amigo. No es necesario que nos alteremos.
Bridget abrió la puerta de pronto enfrentando su mirada con la de su marido, estaba sorprendido de verla.
- ¡mi estimada señora Moncrieff, qué gusto conocerle!- Saluda el anciano acercándose a besar la mano de Bridget, Endymion lo detuvo enfrentando su mirada zafiro a la jade del anciano.- Bueno…soy John Romans. Imagino que su esposo le ha hablado de mi ¿no es así?
- Por supuesto que lo ha hecho. Entre dos personas que se aman no debe haber secretos ¿no lo cree usted?- Comenta la pelinegra mirando de reojo a Endymion. Desde eses momento él supo que las cosas no iban nada bien.
- Lady Bridget. No he podido felicitarle por las buenas nuevas.
- ¿hasta Edimburgo viajan las noticias? El primogénito de Endymion debe en verdad ser alguien importante para usted.
- No tiene idea de cuánto, Lady Bridget.
- En realidad puedo darme una idea- Dice sonriente la joven mirando de reojo a Endymion. Luce pálido- ¿necesita constatar algo más, señor Romans?
- pues…no…nada en absoluto. Bueno…una simple pregunta ¿cuándo nace su primogénito?
- A finales de otoño
- Ya veo…Imagino que esperan a un varón ¿no es así?
La mirada de Bridget lanzaba fuego por los ojos, pero sus labios esbozaban una sonrisa tranquila que engañó a todos en esa habitación, menos a Endymion.
- Aun no podemos saberlo, ¿acaso habría algún problema si no es así?
- ¡claro que no lo habría, Bridget! Ahora señor Romans….
- Claro, claro. Debo irme. Mi tren a Edimburgo debe salir en cualquier momento.- acepta el anciano tomando su portafolios- Lady Bridget. Un placer conocerle.
- Encantada, señor Romans. Esperamos su visita pronto ¿para finales del otoño tal vez?
- Por supuesto, Lady Bridget. Me encantará venir a conocer a su heredero.
- Lo imagino.
El anciano salió sonriente del despacho, pero Bridget permaneció parada donde mismo con un terrible silencio que decía a Endymion que una tormenta se avecinaba.
- Andrew, por favor lleva al señor Romans a la estación.
- Cla…claro. Nos veremos mañana, amigo. Buenas tardes, Bridget.
- Hasta luego, Andrew.
Bridget caminó hacia la ventana observando cómo el anciano salía en compañía del rubio. Él Fingió no darse cuenta de lo molesta que estaba la joven de ojos amatista aunque era imposible no hacerlo.
Él caminó hasta donde ella estaba e intentó abrazarla por la espalda, ella rechazó el abrazo y se giró para propinar una sonora bofetada al pelinegro que lo dejó consternado.
- Briss.
- Así que todo era cierto ¿verdad, Endymion? ¡todas las malditas habladurías eran ciertas!
- Bridget, déjame explicarte.
- ¡no! ¿qué vas a explicarme? ¿qué solo me utilizaste para conservar tu maldita herencia? ¿Qué te casaste conmigo solo para cumplir con las cláusulas del testamento de tu padre? ¿Qué mi hijo es solo un instrumento más?
-no, Bridget. Las cosas no son así. Por favor…escúchame.
- no voy a escuchar una más de tus mentiras. No voy a creer una más de tus palabras y no voy a…
Un fuerte dolor se clavó en el abdomen de la pelinegra que se dobló intentando conseguir algo de aliento. El dolor aumentaba considerablemente, haciéndola palidecer, haciendo que todo a su alrededor diera vueltas y de pronto se tornara obscuro.
- ¡Briss, Briss!- gritaba Endymion- ¡contéstame, Briss. No me dejes! ¡Bridget!
Un frío recorriendo su cuerpo y el grito de Endymion llamándola fue lo último que vino a la mente de Bridget. Luego no supo más de sí…
¡Hola!
Gracias por leer un capitulo más de esta historia que me ha tomado tanto tiempo escribir. Antes que nada gracias por no desertar y por dejar Reviews, chicas, aunque sean buenos o malos los agradezco.
Por cierto, sobre el último les contaré a todas, sé que esta pareja sobre todas las demás tiende a pelear más de lo acostumbrado, pero también les he de contar que estos dos tienen la desesperación y la confusión de varias vidas acumuladas, Rei se siente confundida y frustrada entre la atracción que siente por este hombre y el coraje que le da consigomisma que todo choque contra su lógica, está enojada con ella por toda esa confusión que trae en la cabeza, algo así como un SPM inmortal. Lamento desesperarles de la misma forma, chicas y aun así espero que sigan leyendo esta historia ;)
Saluditos y hasta la próxima
La Maga
