Aclaración: Ningún personaje se Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Segundo Capitulo: No vaya solo a ningún lado.
El taxi se detuvo enfrente de una mansión. Tenía que ver a su madre, pues aún no era momento de decirle sobre Takano porque realmente no eran nada en ese momento, y empezaría a sospechar algo si no lo veía a él y a An-chan por lo menos hablar normalmente.
–¡Ritsu! –exclamó su madre, sorprendida de verlo. –No dijiste que vendrías –dijo la mujer levantándose del sofá para recibirlo.
–Ojalá no hubieras venido –dijo una profunda voz molesta saliendo de un cuarto. Inmediatamente Ritsu bajó la mirada. Si se atreviera a ver algo más de su padre que no fuera su pecho a sus pies seguramente sería reprendido.
Pero… no lo he visto en tanto tiempo… Solo un poco… un poco más…
El de ojos verdes alzó lentamente la mirada, esperando que el hombre frente a ellos no lo notara. Mala suerte, en señor Onodera se dio cuenta antes de que el menor pudiera ver más que sus labios y enojado lo golpeó en el rostro, no siendo tan brusco como otras veces. El señor Onodera le reclamó su osadía, pues no quería ver sus ojos.
–Buenos días padre –dijo Ritsu tratando de no sonar molesto después de haber recibido un golpe. –Disculpa mi insolencia. –decía difícilmente el ojiverde, mientras su madre volteaba la mirada hacia la ventana del lado contrario, tomando un sorbo de su café.
–Te dije que no lo hicieras, eres muy necio. –decía el señor de la casa. El castaño solo asintió y el señor de la casa salió junto con su chofer. Al salir Ritsu suspiró, y seguido de él escuchó tres suspiros más. Levantó la mirada para ver a dos mayordomos y una sirvienta en una esquina de la casa.
–Bienvenido de nuevo, joven amo –decían los tres al unísono. Ritsu sonrió y se acercó a ellos, abrazándolos fuertemente, ignorando la severa mirada de su madre, olvidando que existían jerarquías en esa casa.
–Joven amo, para celebrar su visita le prepararé su platillo favorito –dijo la sirvienta en tono alegre, Ritsu sonrió y asintió, mientras todos se preparaban para hacerle más que un platillo a su querido amo.
–Ritsu, compórtate. ¿Qué diré si algún vecino te ve abrazando a los sirvientes? –le reprochó su madre con dura voz. El pidió disculpas, y la señora Onodera le pidió que se sentara. Ella sabía lo que ocurría. Su esposo no entendía que es solo un error genético el tener los ojos verdes, pero él decía que era un error que él hubiera nacido, y le exigía a su esposa que pensara que había sido una equivocación el estar con ese amante inexistente, sin embargo tenía la mitad de su esposa en él, o eso pensaba el señor de la casa, y por eso no lo había desheredado. Aunque tampoco podría hacerlo ya, pues la señora Onodera era incapaz de concebir otro hijo. Desde el principio la señora Onodera se negó a tener un hijo a tan temprana edad, pero su esposo quería tenerlo, o bueno, quería hasta que nació. Ella tampoco lo quería así que dejaba que lo cuidara la sirvienta, aunque para dar buena imagen, ella era la madre más cariñosa y amable en las fiestas.
–¿Sientes curiosidad por cómo es tu padre después de un tiempo?
–Algo… –Dijo reprimiéndose un gran "¡Si, tengo una curiosidad del demonio, dile que me deje verlo solo una vez!"
–Ya veo, bueno te enseñaría alguna pero no tengo permitido hacerlo. –dijo despreocupada la mujer, revisando varios papeles sobre la mesa.
–Bueno, ¿ha paso algo nuevo?
–No, bueno. Solo que fui con mi marido a pasear a un lugar lleno de animales por una negociación.
–¿Una negociación en un zoológico?
–¡Sí! ¡Eso mismo era! Un lugar horrible, pero tuvimos que ir porque el hijo de los dueños de la empresa quería ir –dijo irritada.
–Ya veo, fue tu primera vez en un lugar así –dijo en voz baja Ritsu recordando como la sirvienta de cabello claro se había arriesgado a perder el trabajo por llevarlo a un zoológico a escondidas.
–¿Tú has ido? –Ritsu se sobresaltó, no era bueno mintiendo pero pensó algo rápido y lógico para salvar a la sirvienta que era su amiga y casi su familia, si no fuera por el apellido o la sangre.
–Sí, nos llevaron en la escuela de intercambio en Inglaterra –dijo el castaño tratando de no sonar alterado.
–¡Oh! Y no me pidieron nada de dinero para eso, que buena escuela era esa. Por lo menos podemos decir que fuiste a una buena escuela –dijo la señora Onodera pensado ya en la mentira que diría en la siguiente fiesta, algo como "le pagamos una buena escuela a nuestro hijo", mientras Ritsu veía como la sirvienta de cabello claro baja los hombros en señal de relajo. Aunque hubiera sido una buena escuela, la verdad es que recordaba poco de lo que hacía mientras estuvo allá, pues al parecer él y su jefe se mantuvieron haciendo lo mismo; tomar alcohol, saltarse clases, acostarse con cualquiera, un lío total.
–¿Has hablado con An-chan? –Preguntó su madre cambiando de tema.
–Sí, hemos hablado de algunas cosas –No estoy mintiendo. Habían hablado hace algunos días, pero solo sobre cómo iba su relación con su jefe.
–Ya veo, tal vez esta algo ocupada con su familia, porque no la he visto por aquí hace tiempo –decía la señora con tinte preocupado.
–Sí, me dijo que estaba ocupada con la tienda de su familia pero ahora está bien –y esa vez no estaba mintiendo. An-chan venía de una famosa familia que tenía su propia marca de ropa, un estilo parisino y muy usando entre gente adinerada.
–Estaba ocupada pero hace tiempo que ya está libre, ¿No será que tu propia prometida no quiere verte, Ritsu? –dijo una voz proveniente de la puerta principal. Ritsu se quedó helado. Quien estaba ahora parado en la entrada era Iemochi Ryousuke, con quien tenía una amistad a los ojos de su madre y de medio mundo de la fama, pero era su peor pesadilla desde niño.
–R-Ryou… ¿Qué haces aquí? –Dijo el castaño con dificultad.
–¿Qué? ¿No le vas a dar un abrazo a tu amigo de la infancia? –Ritsu dudoso se acercó, temiendo que hiciera algo pero con su madre ahí era seguro que no haría nada, a menos que…
–¡Tía! ¿Puedo subir con Ricchan a su cuarto un rato? Deje un juego en él, aparte que le quiero platicar muchas cosas –decía alegre el chico de ojos violeta.
–Sí, pero como es eso de que An-chan no est-
–Gracias tía, vamos Ricchan –se apresuró a decir el ojivioleta arrastrando al castaño a su antiguo cuarto. Con cuidado cerró la puerta y puso seguro. Para Ryou, el antiguo cuarto de Ritsu era muy aburrido, puros libros y posters sin sentido.
El de cabello oscuro, apenas aseguró la puerta se abalanzó contra Ritsu, aventándolo en la cama, tratando de quitarle la camisa de inmediato. Pero las cosas habían cambiado, Ritsu no iba a dejarse tocar como antes, como esos primeros días en los que parecía tan deprimido en Inglaterra, y la verdad no le importaba quien tocara su cuerpo. No, esos días habías pasado.
Ritsu lo golpeó, y Ryou cayó al suelo, mientras Ritsu lo golpeaba varias veces más, pero Ryousuke cambió el lugar, se puso encima de él y lo golpeó solo una vez. Espero a que Ritsu se calmara y lo soltó.
–No nos conviene que la tía se entere que peleamos –dijo limpiando la sangre de sus labios.
Ritsu se limitó a callar. Ryousuke agarró el juego que había olvidado, pues él venía de una familia con una empresa de videojuegos, y ese juego era una demostración. –No creo que te importe un juego de niños, ¿cierto?
Así era él. Era un niño de veintisiete años jugando con fuego. Si alguien se entera que la familia Iemochi tenía un hijo homosexual, se haría un escandalo. Lo mismo pasaba la familia Onodera y con todas las familias adineradas que vivían alrededor. –Vamos con la tía –dijo el pelinegro abriendo la puerta.
–Qué rápido eres para hablar de tantas cosas que querías decirme –dijo con sarcasmo el castaño.
–Me tengo que ir, no tenía mucho tiempo para jugar contigo de todos modos –dijo con altanería. –pero solo te diré, ya tienes veintiséis años, cada año es un paso más hacia heredar tu empresa, y nuestros primos cada vez se ponen más furiosos. Tener un tipo de padres tan despreocupados y tan cariñosos con todos los demás menos contigo les da esperanzas, así que ve con cuidado. Ellos que son de escasos recursos no dudarán en ir tras de ti de ahora en adelante, no dudarán en torturante y llevarte a la locura y la oscuridad, y eso no me deja a mi atrás. ¿Sabes en que pienso cada minuto libre de mi día? ¿Qué haré para ser multimillonario? Y la única respuesta eres tú, Ritsu.
Todo lo que había dicho lo dejó helado. Era verdad que de niño, cuando sus primos llegaba a jugar con él todos le tenían envidia por tener una familia rica, pero también sus padres los trataban con cariño, y aunque fuera fingido eso les dio esperanzas, y ahora que eran adultos podían pensar más claramente en cómo…
–Cómo matarme… –susurró el ojiverde, quedando solo en el pasillo del segundo piso.
–Joven amo –lo llamó un mayordomo que subía sigilosamente por la escalera cercana. –¿Qué pasa? –dijo el ojiverde saliendo de sus pensamientos.
–Es verdad lo que el amo Iemochi dice, he escuchado en las fiestas que se hacen a menudo en la casa como sus primos se juntan para platicar sobre como lastimarlo, lo más fuerte que escuche fue que lo agarrarían saliendo del trabajo, o que lo drogarían y lo secuestrarían –el mayordomo se escuchaba ya demasiado angustiado. –Amo, por favor tenga cuidado, no vaya solo a ningún lado.
Ritsu aún choqueado solo asintió, y bajó las escaleras para encontrarse a Ryousuke saliendo por la puerta.
–Que mal que se fue, quería hablar con él un poco más –decía la señora de la casa desanimada.
–Ya vendrá pronto de nuevo.
Después de eso se mantuvo hablando con su madre de muchas cosas, entre ellas el trabajo, sobre sus compañeros de trabajo, lo sádicos que podían llegar a ser pero le aseguró a su madre que era muy cómodo que a ellos no les importara que "tuviera dinero", aunque su madre realmente no lo escuchaba. También trató de hacer parecer que hablaba mucho con An-chan, y muchas cosas más pero en todo el día no pudo sacarse las advertencias que le habían dado su mayordomo y Ryousuke.
Cada año es un paso más hacia heredar tu empresa, y cada vez se ponen más furiosos.
He escuchado como sus primos se juntan a crear estrategias para lastimarlo. No vaya solo a ningún lado.
Ritsu despertó respirando con dificultad, sentándose a la orilla de la cama. Estaba en la casa de su jefe, más específicamente en su cama, junto a él. Recordó como hace algunas horas lo encontró en un parque y lo llevó a casa. Muy en el fondo deseó que eso fuera solo una pesadilla, que se pellizcara y despertara de nuevo en la editorial, dormido bajo montones de papeles, con su jefe buscándolo furioso. Pero lamentablemente aquel pellizco dolió, y todo lo que tocaba era real, incluso la cálida mano que sintió que lo abrazaba por la cintura cariñosamente.
–¿Te sientes bien? –preguntó el mayor abrazándolo por detrás.
–S-Sí, estoy bien, me iré a mi departamento ahora –dijo dispuesto a marcharse.
–¿A dónde crees que vas? ¿Recuerdas cuando me pediste quedarte conmigo y que no te retractarías? –dijo Takano abrazándolo aún más firmemente.
–¿Eh? Yo nunca dije algo como… –paró en seco, su mente tratando de recordar le llevó recuerdos de cuando se lo pidió estando semi-dormido. –Ahora recuerdas.
–Sé lo que dije, p-pero ya es necesario quedarme contigo, así q-que por favor déjame…
–¿Necesario? ¿Pasó algo? –preguntó rápidamente preocupado el mayor.
–N-No, no es nada, así que déjame ir por favor –luchó el menos por sonar menos nervioso y zafarse de los brazos del ojimiel.
–Si dices que era necesario, menos te dejaré ir. Vamos, no seas cobarde y pasa unos días conmigo, no haré nada que tú no quieras. Además de que casi toda tu ropa está aquí. –apuntó el mayor, acostando de nuevo a su casi amante, dándole un cálido abrazo. Ritsu incapaz de controlar los acelerados latidos de su corazón, y el gran rubor en sus mejillas, lentamente correspondió el abrazo, dejándose llevar con la calidez de ese cuerpo.
Tal vez permanecer con él le convenía, aparte de que de ese modo podría saber más cosas sobre Takano-san. Así que sin más que pensar, simplemente cayó dormido en esos brazos.
Ya había pasado un mes desde que visitó su casa, un mes desde que su padre lo golpeó. Un mes yendo a ese árbol de cerezos, y solo unas horas desde que le pidió a su primer amor y su jefe un espacio en su casa para él. Tal vez inconscientemente sabía que estar con él era lo más conveniente, aparte de que muy en el fondo era lo que más deseaba, aunque lo negara o aún no pudiera decirlo.
Un mes sin saber nada de nadie. Ni de su madre, ni de An-chan, ni de Ryousuke o de los que trabajaban en la casa, y obviamente ni la sombra de su padre. Eso lo hería en cierto modo, y era estúpido sentirse así sabiendo que su amor no es más que teatro. Entonces…
¿Qué le hizo pensar que ese día sería diferente?
El vibrar del celular en su bolsillo lo despertó, y se vio a sí mismo abrazando y siendo abrazado por el mayor. Un sonrojo llenó sus mejillas al sentir que tan enlazadas estaban sus piernas y como se aferraban uno del otro. Tratando de no despertar a su acompañante, sacó el celular de su bolsillo y vio que era un número desconocido, así que desvió la llamada, pero al ver que seguían llamando se obligó a contestar antes de que Takano-san despertara.
–Ritsu, estamos en la estación cerca de tu casa, al parecer a tu padre quiere hablar contigo –era la voz de Ryousuke, no sonaba preocupado, más bien calmado así que pensó que no sería grabe.
–¿Conmigo? –preguntó bajando la voz lo más que pudo.
–No sé, dice que tiene que verte, y se le ve muy enojado la verdad, así que apúrate y ven. –dijo el pelinegro y antes de poder decir cualquier cosa, este ya había colgado.
Genial, como si tratar de escapar de un lobo fuera mi actividad favorita.
Como pudo escapó del abrazo del lobo de ojos dorados y salió con sigilo del departamento. Ya inventaría una excusa para Takano-san de porqué se fue, porque no regresaría al departamento de Takano.
Caminó hacia la estación más cercana, disfrutando el abrazador aire de esa hora, no era ni frio ni hacía calor, era calmante con simplemente sentirlo. Mientras estaba caminando el castaño pensó algo que era muy raro, ¿Por qué no han atacado sus primos? Tal vez ahora estaban peleando entre ellos por quién lo mataría, o tal vez decidieron hacer lo mejor y calmarse. No recordaba que fueran tan malos pero así como lo contaba Ryousuke parecía los criminales más despiadados de Tokio. Pero ya había pasado mucho tiempo y no sabía nada de nadie, todo permanecía abrumadoramente tranquilo, tanto como el alumbrado de las calles, tanto como esa noche calmante y silenciosa, sentía que todos escondían algo, sentía que algo iba terriblemente mal, las calles, el alumbrado, los árboles, las estrellas, todos lo veían susurrando a sus espaldas.
No vaya solo a ningún lado. El viento le parecía susurrar esas palabras. El gato negro quien era su nuevo amigo estaba al final de la calle, viéndolo fijamente, pero en vez de acercarse dejó salir un maullido infernal, como si estuviera enojado, como si le estuviera gritando, como si le estuviera advirtiendo.
Algo va terriblemente mal.
No había nadie en la estación, ni fuera de la estación ni en los alrededores. Escuchó su celular vibrar, lo cual por un momento lo sacó de la ansiedad, hasta que escuchó la voz de su emisor.
–Te estoy viendo –dijo la voz del otro lado. El castaño en un extremo confundido y en otro asustado. No conocía la voz de esa persona, pero decía… ¿Que lo estaba viendo?
–¿Quién eres? –preguntó forzándose a lo titubear.
–Oh, tranquilo, no tengas miedo. Soy amigo de tu padre, estamos en el callejón a tu izquierda –dijo con voz juguetona.
–¿Si están ahí por qué no salen? –preguntó Ritsu tratando de controlar su respiración agitada por la angustia.
–¿No confías ni en tu padre? Solo ven chico, no pasa nada… –Ritsu tan desconfiado como asustado se obligó a sí mismo a caminar hacia allá, aún con el celular en la mano, hasta que se le ocurrió pedir hablar con su padre, aunque ya era demasiado tarde.
A quien vio en aquel callejón no era a su padre queriendo hablar con él, sino a un grupo de hombres enmascarados, vestidos de negro, y con navajas en mano, viendo directamente a él.
–Sí, ese soy yo –dijo su emisor a quien el de ojos verdes apenas pudo distinguir con la mano a la altura de su cabeza.
–Buenas noches. –dijo por último el hombre enmascarado guardando su celular lentamente. Eso era, era su fin. Ahora dormiría por siempre, en manos de un grupo de asesinos pagados, en vez de salir del abrazo del lobo entró una cueva llena de lobos hambrientos.
Era su fin.
Antes de que esos hombres hubieran dado un paso si quiera, alguien interrumpió con su labor.
–Onodera, ¿Qué haces ahí parado, viste un fantasma? –dijo una voz profunda que bien conocía, esa voz profunda que tanto amaba, esa voz que le acababa de salvar la vida.
–T-Takano-… –dijo con mucho esfuerzo el ojiverde, viendo cómo se acercaba a él. Volteó de nuevo hacia el callejón de muerte, y no vio nada, nada más que oscuridad.
–¿Qué pasa? No me digas que de verdad viste un fantasma –dijo Takano volteando a ver hacia donde su pequeño casi amante veía, y vio lo mismo que él; nada.
–Hey –llamó Takano tocándole el hombro, y el menor volteó a verlo con lágrimas en los ojos y las manos temblorosas. El mayor se sorprendió ante las palabras del menor.
–Takano-san… –apenas podía respirar bien. –Regresemos a casa –dijo guardando su celular en el bolsillo.
–Sí pero ¿estás bien? ¿Por qué estas llorando? –preguntó el mayor tratando de buscar los ojos en la mirada agachada del menor.
–No estoy llorando… solo… creo que me voy a enfermar.
–En ese caso regresemos a mi casa y te cuidare, te dije que dormir ahí haría que te enfermes. Pero dime ¿Qué demonios hacías aquí? –Ritsu se sintió bien ante ese "yo te cuidaré".
–Nada, solo paseaba pero… me enteré… de una cosa que pasó en mi familia, pero ya todo está bien.
En mayor trató de insistir en que le dijera que ocurrió, pero el menor se negó, diciendo que todo estaría bien. Takano incluso sugirió que si se le estaba haciendo costumbre al menor pasear por la mañana, que no debía ir solo y que le permitiera acompañarlo, o más bien que lo iba a acompañar así él se escapase para ir solo. Eso alegró a Ritsu, en cierto modo. Tener a alguien que te apoye de esa manera, que te cuide de esa manera, no tenía precio. Ni sus propios padres lo hacían. Era sorprendente como Takano se entregaba de tal forma a él que no le importaba cuanto lo negara, seguiría junto a él, cuidándolo, amándolo. ¿Tal vez era hora de decirle de una vez lo que siente?
No, claro que no. Nunca podría decirlo solo porque sí. ¿Y si es mal momento? ¿Qué pasaría después? Además, Ritsu estaba preocupado por su jefe, pues tal vez le podrían hacer daño a él también. Tal vez en vez de pensar en tonterías del amor debía alejarse de Takano, para poder protegerlo. Debía dejar de hablarle y seguir con su relación de jefe y subordinado.
Pero, como hacerlo si cada cosa que Takano hacía para él era jodidamente amable, cada detalle, cada roce de manos, cada beso era adictivo. ¿Cómo desintoxicarse a esa altura de él?
No sabía, él solo sabía que esa persona lo amaba de verdad, y que necesitaba decirle a lo que se estaba exponiendo.
Al entrar al departamento, Takano abrazó efusivamente a Ritsu, reprochándole por irse sin decir nada y que si lo volvía a hacer lo amarraría a su cama. Ritsu se mostró molesto, aunque el rubor en sus mejillas decía lo contrario y en el interior estaba riendo. Así era él, cuando amaba lo hacía con todo su corazón, pues no tenía a nadie más a su lado.
–Te quiero –susurró Takano en su oído, y el rubor en las mejillas del menor creció más. –Oh, claro, también te amo, pero como castigo hoy te quiero –dijo burlonamente.
–¿Quererme en q-qué sentido? –Ritsu ya conocía esa historia, "te quiero" después la ropa en el suelo y… el menor si se pudiera sonrojar más lo haría, pero ya no podía, su rostro estaba completamente rojo ante ese pensamiento. Takano rió.
–En este sentido –dijo besándolo, besando su cuello, quitándole el suéter y desabotonando su camisa, tocándolo en sus lados más sensibles. Ritsu luchaba por liberarse pero sorprendentemente el mayor se detuvo.
–Lo siento –dijo el mayor recargándose en su hombro. –dije que no haría nada que no quieras, así que si quieres hacerlo solo dímelo.
¿En verdad pensaba que podría decirle que quería hacerlo? Claro que no. En parte por orgullo y en parte porque enserio no quería hacerlo.
–S-Solo vamos a dormir, ¿vale? –pidió Ritsu y Takano aceptó. Los dos estaban cansados después de que uno durmiera en un húmedo pasto y el otro lo buscara desesperadamente por toda la ciudad.
Takano lo agarró de la mano y lo llevó al cuarto, donde durmieron abrazados, sintiendo el calor del cuerpo del otro.
Ritsu no necesitaba ayuda, sabía defenderse pero contra tantos enemigos era imposible salir vivo sin ayuda. Solo quedaba la vaga promesa de Takano-san de cuidarlo, de no dejarlo huir, y su amor. Pero el odio que tienen sus primos es mucho peor. ¿No se conformaban con que su padre siempre los ayudara económicamente? Tenían que tener toda una empresa para ser felices, aun si eso significaba mandarlo a matar. Es así como los criaron, listos para luchar a la más mínima posibilidad de ganar algo. Ellos han sido corrompidos, pero simplemente hablar o hacerles ver lo que tomar una empresa realmente significaba no bastaría, debe regresar el golpe, ¿pero cómo? ¿Cómo cuidarse a sí mismo, a Takano-san y atacarlos?
Suspiró cansado, mientras Takano acariciaba amablemente su cabello y lo miraba dulcemente. –Te protegeré –dijo Takano como si hubiera leído la mente de su amor. Ritsu ahora se sentía más que avergonzado, aliviado de tener a alguien como él a su lado, pero;
¿Cómo estar junto a él y protegerlo?
Cerró los ojos y cayó en un profundo sueño, donde ese tipo de incógnitas no existían, un sueño que compartía con su primer amor. Mientras el viento aún le susurraba;
No vaya solo a ningún lado.
¡Gracias por leer y dejar comentario!
TrueLove-san, gracias por dejar tu comentario, me alentó muchísimo a seguir con la historia, no pensé que mi primer lector dijera cosas tan bonitas c': 3 Espero que continúes siguiendo la historia nwn
