Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Tercer Capítulo: Como una marioneta.
Al despertar, Takano Masamune se vio a si mismo abrazando fuertemente por la cintura a su primer amor, este se veía más intranquilo al dormir que tranquilo, y él sabía porque.
Unos días antes en el trabajo, cuando estaba por llegar el final del ciclo, el director y presidente de Marukawa Shoten, Ryuuichirou Isaka se acercó al departamento de edición de Esmeralda mientras se asomaba para ver si había alguien.
–¿Isaka-san? –dijo una voz detrás de él, este se dio vuelta y saludo al editor en jefe.
–¡Takano, justo contigo quería hablar! Vamos a otro lado a platicar –dijo el presidente mientras caminaba para que el editor lo siguiera hasta una sala de reuniones.
–¿Tan importante es lo que tienes que hablar que necesitas una sala de reuniones entera?
–Nah, no tanto –dijo el pelinegro tratando de sonar lo más natural posible. –En realidad solo quería preguntarte algunas cosas sobre Onodera –dijo calmado.
–¿Qué cosas? –pregunto el de lentes extrañado pues normalmente es el tipo de persona que si quiere saber algo va directamente a preguntarlo.
–Pues, primero quiero saber quién del equipo de edición es el más cercano a él.
–¿Enserio? –solo con esa primera pregunta el editor sabía que algo no cuadraba. –Pues la verdad yo soy el más cercano a él, pasa más tiempo conmigo aparte de que somos vecinos.
–Hey, que conveniente. ¿Puedes hacerme un favor sin preguntar por qué? –pidió el presidente, pero obviamente el editor no se iba a quedar con la duda.
– ¿Es sobre Onodera? Si es así mejor es mejor que me cuentes para saber de qué se trata.
–Pues… solo quería pedirte que te quedes junto a él ya sea al salir o entrar al trabajo.
–¿Por qué? –preguntó curioso el editor. –O mejor pregunta, ¿Por qué crees que yo querría acompañarlo a todas horas del día? –dijo tratando que ese asunto no sonara como su Onodera y él estuvieran juntos, aunque así fuese.
–No quieras tomar el papel de indiferente, no te queda, menos si es un tema que involucra a Onodera. Sé que están juntos, por eso te lo pido. –fue un día como cualquiera cuando Isaka-san caminaba entre las oficinas, y al pasar por Esmeralda vio como el pelinegro se abalanzó contra Ritsu para besarlo aprovechando que no había nadie cerca, después de eso va con cuidado por los pasillos esperando no encontrarse con una escena bochornosa, aunque claro, si se trataba de él y su secretario no era bochornoso para nada.
Y el editor en jefe entendió que fuera como fuese, su jefe ya sabía lo de él y Ritsu, así que no ganaba nada con tratar de contradecirle.
–Bueno, si sabes que me importa dime de una vez de que se trata todo este asunto.
Isaka se quedó callado unos segundos, y con gran pesar en su corazón tuvo que decirlo, aunque eso significara que pudieran vengarse de él por difundirlo.
–Escucha con atención, no lo repetiré dos veces. Ayer fui a una fiesta en la casa de los Onodera, y por desgracia ahí me enteré que parientes suyos tratan de quitarle la herencia que le van a dar sus padres a Onodera sea como sea, incluso si significa lastimarlo para lograrlo. –el editor sintió que su corazón se congelaba, haciendo notar su preocupación en el rostro. ¿Lastimar a Onodera? ¿Por qué llegar tan lejos?
–Si te estas preguntando por qué llegarían tan lejos es simple, la mayoría de ellos son hijos segundos y adoptados, y sus familias solo hacían eso para que pareciera que son muy bondadosos al proponerse cuidar a un segundo, tercer o incluso cuarto hijo, y esa falta de interés a su persona es la que hace que estos chicos quieran pelear contra la gente que según ellos tienen la vida hecha con la herencia. Ya todos tomaron sus puestos en sus respectivas empresas, excepto Onodera.
–¿Pero qué tipo de personas son esas? ¿No es mejor ganarte el dinero con trabajo? –preguntó el de lentes sorprendido por el grado de estupidez que tenían sus razones para actuar así.
–Porque aunque trabajen, ellos siempre serán los que fueron dejados atrás, y quieres demostrar que son tan capaces como los demás y claro que en otro lugar no les van a dar lo que ganarían por trabajar heredando una empresa.
–Que idiotas. –respondió Takano enfurecido, sin creer aún que ese tipo de personas le podrían hacer algo a Ritsu.
–Lo sé pero no se puede hacer nada, pero una cosa sí sé; ellos no quieren involucrar a nadie más. No quieren que alguien más salga lastimado, en especial alguien como tú que tu puesto en la empresa se considera alto. Porque si dos grandes caen sería hora de meter a la policía, y supongo que no quieren llegar a matarlo, solo un idiota lo intentaría.
Takano se quedó perplejo ante asunto tan estúpido, pero a la vez tan peligroso. Sintiéndose mareado se apoyó en la mesa. ¿Cómo saldría de esa? El editor solo esperaba que no fueran tantos para poder vencerlos cuerpo a cuerpo.
–Solo tú puedes salvarlo, hasta que él resuelva los problemas con su familia y tome una decisión. –el editor se limitó a asentir, sintiéndose acorralado. Pero si estar con él era lo que lo salvaría, entonces estaría bien.
–Una última cosa –dijo Isaka-san para llamar su atención. –Si Onodera decide heredar la empresa de una vez por todas, ¿Qué harás tú? ¿Podrás vivir sin él a tu lado por el tiempo que estas con él aquí? Takano guardo silencio. Esa era si incógnita hace tiempo, ¿Qué haría si se fuera? ¿Verlo por unos minutos bastaría? Isaka al ver que el editor no respondía suspiro cansado, mientras salía de la sala de reuniones.
–Te lo encargo entonces. –dijo agitando su mano en forma de despido.
Y así fue como el editor en jefe se encargó de cuidar de él de la casa al trabajo y al revés, pero él no contaba con que el pequeño idiota se escapara justo después de entrar a su departamento. Cuando salió de nuevo para tratar de hablar con él, o más bien forzarlo a pasar tiempo juntos, se percató de que su puerta estaba abierta y en el departamento no había nadie.
Lo buscó durante horas, hasta que lo encontró debajo de un árbol de flor de cerezos, tras amenazar con una escoba al pobre conserje que se negaba a contar a quién había visto ahí, pues él estaba seguro que era un criminal en fuga.
Se sorprendió de que él mismo le pidiera pasar unos días en su departamento, tal vez ya estaba al tanto de su situación, así que sin más lo llevó a su departamento, y después seguirlo para ver como él y su inconsciencia lo llevaban casi a la muerte, lo llevó de vuelta a su departamento, lo abrazó fuertemente y se dispuso a no soltarlo durante toda la noche.
Pero algo aprendió de esa noche, sus atacantes son tan idiotas como para querer matarlo, y tan "listos" para no involucrar a nadie más. Un arma de doble filo; no se sabía cuándo se le acabaría la paciencia y terminara con la vida de los dos, y aunque el editor estaba seguro de que se encontrarían de nuevo en el cielo o en el infierno, o en otra vida, morir solo por dinero no tiene precio. Tras ese pensamiento el pelinegro acercó al ojiverde a su pecho y cayó dormido impregnado en su calor.
El celular del castaño vibraba en la mesa, pero este no despertó para contestarlo, había sido un día muy largo y el descanso muy poco. Así que el pelinegro, que aún no lograba conciliar el sueño por la actual situación, con cuidado de lo despertar al castaño contestó la llamada pero sin hablar, esperando la voz del lado contrario.
–Hey, Ritsu, me enteré que en realidad tu papá no quería hablar contigo, y que mal, parece que me dieron mal la información pero oye, ve el lado bueno, sigues vivo –tras esto el emisor soltó una carcajada, haciendo que el pelinegro sintiera odio por esa persona. No sabía que había pasado exactamente pero era obvio que Ritsu cayó en una trampa. Estuvo a punto de contestar y hacer que el emisor se retorciera de rabia, pero si lo hacía despertaría a Ritsu y sería un problema, así que se limitó a morderse la lengua para no blasfemar y colgó.
Tres horas después despertó de nuevo el ojimiel por un pequeño ruido de los vecinos, era seguro que si no lograba descansar esos días al inicio de semana estaría de un humor digno de un ogro, pero se encontró con la grata sorpresa alguien feliz por la mañana, era normal que a veces se amaneciera así, pero eso lo ponía jodidamente excitado. Así que haciéndole un favor a su pequeño Ritsu, bajó el cierre del pantalón de este y comenzó a tocarlo.
El castaño suspiraba y gemía entre sueños, pero para sorpresa del ojimiel, el castaño decía su nombre entre suspiros.
–Mierda, prometí no hacer nada que él no quisiera pero… en teoría si amaneció así es porque quiere.
Y con esa excusa el mayor aprovecho el descuido del menor para satisfacerlo al máximo, entre embestidas y gemidos el menor despertó para entregarse a un frenesí de sentimientos y emociones, olvidándose de todo lo demás.
Al medio día se encontraba un refrescado Takano y un enojado Ritsu.
–Dijiste que no harías nada que no quisiera –replicó enojado el ojiverde, quien ahora padecía de un severo dolor de cadera.
–Te hice un favor, además querías, si amaneciste du–
–¡No era para que te aprovecharas! Eso es normal… –dijo sonrojado el menor.
–Deja de quejarte, ¿te gustó o no? –pero al final lo que el castaño trató de detener anoche lo hicieron en la mañana. –Ritsu, ¿Qué tal si les das una respuesta a mi confesión? –dijo el ojimiel acostándose sobre la espalda de Ritsu.
–Hey, bájate, no quiero más favores –dijo el ojiverde evadiendo la pregunta. Si bien había estado a punto de declararse también, había muchas cosas que aún no sabía de Takano. Por ejemplo Haitani-san. ¿Le habría hecho algo a Takano para que se saliera de su antigua empresa? Y si no, entonces ¿Por qué Takano-san lo odia tanto? Tan inquieto lo traía ese tema que llegó a pensar que tal vez Haitani era su medio hermano, ya que Takano-san había dicho que quien creía era su padre no lo era. Claro que descartó esa idea pues si hubiera sido así se habrían encontrado de niños tan siquiera una vez.
–Entonces dime, Takano-san, ¿Qué significa para ti Haitani-san? ¿Cuál es tu historia con él? –claro, eso desearía decir, pero cada que preguntaba el pelinegro lo atacaba o se enojaba, así que mejor se guardó sus preguntas y aparatando a su jefe se dirigió a la ducha.
¿Por qué Takano-san es tan egoísta como para pedir saber todo sobre él, pero no querer decir nada sobre él mismo? Será que…
–¿No confía en mi…?
Pero si no confiaba en él, ¿Cuál es el chiste de tener una relación con alguien en quien no confías? La única respuesta es…
–Está jugando conmigo –susurró el ojiverde a las gotas de agua que caían por su cuerpo. Sus padres lo usan para seguir dando la imagen de buena empresa y relación familiar, sus primos se divertirían viéndolo sufrir, incluso a Isaka-san le conviene que trabaje en su editorial, y ahora su primer amor, jurando que lo ama para solo divertirse.
Al final, todos están jugando conmigo, como con una marioneta.
Truelove-san, no sabes que felicidad me da que leas mi historia, quiero decirte que jamás he escrito así tan seguido, así que considéralo un honor (se las da de muy famosa)
Nah, mentira xD Pero enserio gracias, siempre que comentas me animas a seguir escribiendo :3!
¡Gracias por leer!
