Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.

¡Alguien salve a Ritsu!

Capítulo Extra: Escapadas.


¿Desde hace cuánto eso se volvió una rutina diaria?

–Ritsu, ven acá. Estás equivocado si crees que puedes hacer lo que quieras.

La ira.

–¡Puedo hacer lo que quiera con mi vida!

–¡No mientras estés en esta casa!

La decepción.

–¿Y qué? ¿Piensan tenerme como su maldita marioneta toda mi vida y que haga lo que ustedes quieran?

–¡Tienes que hacerlo! Somos tus padres, te dimos la vida y nos la tienes que dedicar!

Eso era. La familia Onodera pensaba que su único hijo, Onodera Ritsu debía estar agradecido de haber nacido, y como agradecimiento se casaría y heredaría la empresa. La señora Onodera, eufórica aún le gritaba a su hijo, quien simplemente no soportaba la presión de sus padres desde que regresó de Inglaterra, y todo el tiempo era eso. El señor Onodera, por culpa del ojiverde, según su madre, prefería mil veces estar en una junta de cinco horas con infinito estrés antes de atender un asunto tan bajo como lo eran los deseos de su hijo.

¿Pero por qué no heredar la empresa? Pensaba la señora Onodera. ¿Quién no desea dinero y poder en la vida? Casarte con una chica a la que le gustas, y tener dinero era una vida regalada. Pero el ojiverde no pensaba así. La literatura le ha enseñado que más que el dinero existe una cosa que, aunque estuvieras en la calle sin un mayordomo que te haga el desayuno o una sirvienta que limpie tu ropa, es la cosa más importante en la vida, puesto que sin ella la vida perdería el sentido; Libertad.

Cosa que el ojiverde trataba de obtener con todas sus fuerzas. Pero cada vez que sus padres decían una cosa así, se daba cuenta de lo podridos que están las personas ricas y con poder por dentro. ¿Habrá alguien de familia reconocida que se gane dinero con su esfuerzo? A esas alturas, pareciera que no.

Su padre, sin decir palabra le dedico una mirada rápida antes de llamar a su chofer para que lo llevara "a una junta".

Esa edad era en especial cuando quería obtener la libertad que tiene merecida desde que nació, pero al ver que las cosas estaban como estaban…

–Bueno, ¡entonces me voy de la casa! –dijo el menor agarrando una mochila con unas cuantas cosas y yéndose azotando la puerta tras de sí, ignorando los gritos de su madre.

Seguramente su madre pensaba "maldición, ¿ahora como explico esto a los vecinos?" o algo así.

La máscara que traía siempre consigo de "heredero único" e "hijo ejemplar" ya estaba rota. El callar sus sentimientos desde el incidente de Saga-senpai hasta hoy ha sido lo mismo que cavar su propia tumba, envuelto en un infierno de llamas de egoísmo y egocentrismo de los ricos.

Matándolo lentamente…

Corrió unas cuantas cuadras para evitar que lo alcanzaran, y cuando estuvo lo suficientemente lejos sacó su celular y buscó entre los contactos el nombre "Ryou" y marcó.

¡Ricchan! No digas nada, acaban de llamar a mi madre con el rumor de que te vieron salir corriendo de tu casa después de un griterío. Supongo que es verdad. ¿Quieres que vayamos a algún lado?

Era de esperarse que alguien empezara con la cadena infinita de rumor, aunque había sido su culpa por salir corriendo así. –Llama a Brent y vayámonos por ahí. –respondió el ojiverde.

Claro, te espero en el bar de siempre entonces. –dijo el chico antes de colgar.

Así era siempre, los rumores no decían "Onodera peleó con sus padres", decían "Onodera peleo con sus padres de nuevo". Ya era conocido como el idiota rebelde que se niega a tener una vida de maravilla según ellos, aunque no le tomaban importancia pues el chico aún era joven y podría considerase como una etapa, como cualquier otra situación.

Ryou llegó pronto al lugar acordado junto con Brent, quienes no pondrían resistencia al mencionar alcohol y chicas.

–Ricchan, ¿estás bien? No quiero que tomes por tristeza, no dejes que te afecte una simple pelea.

–Estoy bien Brent, gracias. –dijo el ojiverde sonriendo lo más natural posible.

Durante toda la noche, Ritsu desapareció al menos tres veces con algunas chicas, mientras Brent y Ryou se divertían por su parte.

El acostarse con chicas solo para huir de la realidad era algo que antes de irse de intercambio hubiera considerado imperdonable, pero ahora él lo estaba haciendo. Y no era hasta terminada su labor donde el ojiverde se daba cuenta que hacerlo no le dejaba más que una sensación de vacío.

Eran cerca de las tres de la mañana, cuando Ritsu recibe una llamada. Sorprendido de ver quién era contesta tratando de no sonar alterado.

Padre…

Escuche que te fuiste después de que me fui. Ahora nuestro nombre está en boca de todos otra vez. ¿Qué piensas hacer? –temeroso de contestar algo y hacerlo enojar, el menor dejó que su padre hablara.

Ya no importa, solo regresa a casa, ya es muy tarde y te puede pasar algo. –este es el momento donde su padre, simulando o no bondad, lo hace sentirse la persona más irresponsable y estúpida del universo.

–Ryou, Brent, me voy chicos. Ya es muy tarde.

–Hey, ¿Y dónde está mi recompensa por este día? –dijo Ryou burlándose.

–Fuiste tú el que sugirió que viniéramos. –antes de que el castaño pudiera decir algo, Ryou lo llamó para hablar aparte.

–Ven, tranquilo. Te dejaré ir. Solo quiero que sepas que estaré contigo en las buenas y en las malas, ¿vale? Que no te importe lo que la gente diga, tu vida es tuya y puedes hacer lo que quieras con ella. –el pelinegro acercó sus labios a los del menor. –Siempre estaré ahí… –y dicho eso juntó sus labios con los del menor, formando un suave beso entre los dos que lo tranquilizó.

El menor salió del bar, esperando que no hubieran notado el sonrojo en su rostro, pues no era de ebriedad, si no de pena por sí mismo. Sentía atracción por Ryou, era bien parecido pero nada más. Sus besos o caricias, de él o cualquier otra persona no lograban sacarlo del tormento por el que pasaba cada día. Pero, por otro lado...

¿Qué rayos estaba haciendo? Actuando como un niño, y causándoles problemas a sus padres. Por más que sus padres dijeran lo que fuera, él seguía siendo el futuro dueño de la empresa, y nadie podía cambiarlo.

Así, el ojiverde contradiciéndose el mismo, queriendo libertad pero entendiendo a sus padres. Nada bueno saldría de ese tipo de situaciones. Podría haber cedido por que su padre intervino, pero la verdad era que si no lo hubiera llamado, hubiera llegado a casa a dormir y escapar de nuevo al caer la noche, como siempre.

…Pero cuando su padre simplemente lo ignore, ¿Qué iba a hacer?

Cuando su madre no le pida a gritos que regrese a casa, cuando sus amigos no estén disponibles en ese momento, cuando no tenga quien vea por él, ¿Qué va a hacer?

Al llegar a su casa podía escuchar los susurros de sus vecinos asomándose entre las ventanas y puertas, con voces oscuras y burlonas deseosas de tener más de que hablar. Pudo haber sido culpa del alcohol, o culpa de la agonía que estaba sufriendo por la pelea pasada.

A veces pensaba, por más inconsciente que sonase, que si hubiera sido pobre e incluso huérfano, hubiera sido más feliz.

No tendría las escapadas como rutina diaria.


Holi~

Estoy muy apenada enserio de haber faltado a la actualización de la historia tanto tiempo, pasaron muchas cosas y no me encontraba bien, pero gracias al apoyo de TrueLove-san quien me escribe constantemente (¡Gracias!) y ahora Diana-san con su comentario puedo seguirla :3

¡Gracias por leer!