Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Quinto capítulo: Frío.
–Te prometo que regresaré...– esa promesa se había desvanecido en el aire, al tiempo que el ojimiel abría lentamente los ojos viéndose a sí mismo recostado en la cama. Aún confundido la imagen de su pequeño amante pasó por su mente y por inercia estiró su mano hacía un lado para buscarlo.
Frío.
El frío de las sábanas lo hizo estremecer. No estaba, ese chico a quien tanto amaba no estaba ya a su lado. Miró al techo llevando una mano a su cabeza. Cierto... aquel chico al que tanto amaba lo pateó y salió corriendo, habían pasado días desde ese incidente y esos mismos días no sabía nada de él.
Nada.
El chico de ojos verde había desaparecido, se lo había tragado la tierra, lo habrían secuestrado, lo habrían asesinado o habría caído en coma. Habían tantas situaciones que explicarían el por qué no lo había visto esos días y aunque aún no estaba seguro de nada su ausencia le había quitado las razones para seguir levantándose cada día, caminando entre multitudes, respirar ese impuro aire, convivir con esas personas... lo único puro, sincero y hermoso en su vida, lo único que podía hacer su vida como un sueño se había ido...
Había despertado.
Y es que no eran días, eran semanas que habían pasado, horas, minutos, segundo eternos...
Al tratar de buscar a su pequeño amante se dio cuenta que no sabía nada sobre él. No sabía donde vivía ni a que clase iba, sólo quedaban esas imponentes fichas de préstamo bibliotecario dictando su nombre, restregándole en la cara que no sabía más que eso.
En soledad con las fichas que juntaban sus nombres se puso a pensar sobre él. De lo poco que sabía de él, ¿qué podía concluir? Sabía que le gustaban los libros de Usami Akihiko, autor que poseía el don de lleva al lector a un mundo de soledad y crueldad, pero ese tipo de mundos no los comprendía cualquier persona a no ser que ésta se encuentre en él, caso aplicable en el ojimiel pero... ¿cómo era que Ritsu podía aguantar el leer ese tipo de historias? Siendo él no se esperaría, a no ser que...
–Él también viva en ese mundo...– "pero es imposible", pensó. A simple vista se veía que era tratado con amor y de ahí su felicidad, ¿cómo podría entenderlo? Sin embargo fue el ojiverde, siendo un desconocido, quien notó que ese mundo lo estaba corrompiendo. ¿Será que la verdad la puede ver el ojo desnudo? ¿o tal vez sea "el ojo entrenado"? ¿cuál era? Suspiró cansado y optó por irse a casa temprano ese día también.
Había pasado casi una semana que no sabía nada de él y aunque quiso dejarlo pasar tratando de convencerse de que sería sólo un resfriado no aguantó quedarse de brazos cruzados, tenía que encontrarlo.
Si su nombre era lo único que sabía sobre él entonces lo utilizaría. El evitar convivir con otras personas o si quiera voltear a verlas había desaparecido, la indiferencia que lo caracterizaba fue rota y el ojimiel no paró de buscar ese día al menor con cualquier persona que pareciera saber. Maestros, compañeros cercanos o personas de las que se había olvidado de sus nombres, nadie se salvó de escucharlo pronunciar ese nombre con desconsuelo, con ansiedad, con pesar...
Habían pasado semanas, casi un mes y nadie sabía nada del castaño, nadie lo conocía, era un fantasma, una sombra con otro matiz.
–Ese chico al que tanto buscas...–empezó a decirle una persona a quien él no conocía aunque estaban juntos la mayoría del tiempo–...seguramente murió– el ojimiel frunció el ceño al sentir una estocada de dolor en su pecho cuando escuchó esas palabras–o se fue a otro país sin avisarte. Y si se fue sin avisarte cuando se supone que eran amigos entonces a esa persona realmente no le importas, ¿qué tal si lo dejas...?– el chico calló al sentir cómo el pelinegro le dirigía la mirada con rabia.
Esa persona a la que él no conocía dejó de hablarle después de eso.
Y es que no necesitaba inútiles "amistades" basadas sólo en la conveniencia del otro, lo único que necesitaba era la amable mirada de su pequeño amante y sus tímidos labios besándolo.
De pronto su apariencia había cambiado. En vez de dar ese sentimiento de tranquilidad al ver al ojimiel, ese transmitía más odio por el mundo, tanto pesar en sus ojos y los suspiros que soltaba a cada rato se llevaban de a poco la casi inexistente esperanza en su corazón. Si no fuera porque tenía que contestar a su profesor para verificar su presencia, cualquiera pensaría que le habían cortado la lengua y no podía hablar. Y sin más la gente empezó a tener miedo de él.
–"Las mentes calladas son las más ruidosas"–decía algún estudioso. –Siento que más bien planea un asesinato, porque ¿quién lo planearía en voz alta?–decía algún ignorante, mientras sus seguidores como cadáveres andantes sin cerebro se reían junto con él. Ya no tenía fuerzas para si quiera pensar algo al respecto.
Pasando un poco más del mes, teniendo a toda la escuela preocupada porque el chico guapo de tal grupo hubiese visto un fantasma, fue cuando cayó la gota que derramó el vaso.
–Ese niño no es mi hijo, ¿por qué razón tendría yo que cuidarlo como tal?–decía otra persona a la que el ojimiel no conocía, aunque por años le habían dicho que era su padre.
–Eres muy irritante, sólo firma los malditos papeles y termina con esto. –Masamune se quedó inmóvil en la puerta entreabierta, incapaz de moverse o decir algo, y así su último suspiro de esperanza se había desvanecido en el frío.
El frío que sintió cuando aquel que no era su padre abrió la puerta para marcharse, frío el que sintió cuando le dirigió una mirada de repugnancia para después pasar a su lado y salir, frío el que sintió cuando su madre le ordenó que empacara sus cosas para irse de ahí.
Ahí estaba él, desconsolado, deprimido, marchito entre las sábanas blancas de su cama, buscando algún resto del calor de su amante en ellas sin éxito. Y el frío de pronto le quemaba, quemaba sus pulmones y le hacía difícil el respirar. Inhaló con fuerza y este fue un jalón a la realidad; ese hombre no era su padre, vivió engañado y maltratado toda su vida y ahora ni siquiera podría buscar a su amor perdido pues le habían ordenado empacar para dejar la ciudad. Lloró por el dolor que causaba aquel frío.
Se encontró temblando en su cama, sosteniendo sus sábanas fuertemente, y ni aún con el calor de su enojo en ese momento logró producir algo de calor. Sus lágrimas salieron heladas, tanto que casi se podía escuchar cómo se rompían al caer. Y así la ausencia de la esperanza que ya había dejado ir tomó lugar en sus ojos, en su cuerpo y en su mente logrando moverlo cuan títere simplemente para obedecer a la orden antes dada.
Pero de pronto recordó la promesa del pequeño: –Regresaré...–y de pronto su corazón gritó para que sus ojos, su cuerpo y su mente dejaran de ser fríos. Es cierto, su pequeño amante, la luz de sus días y el calor de sus noches, con su cálida mirada había descongelado su mente, lo había vuelto a la vida y el vacío que dejó la esperanza dio lugar para el amor.
Porque después de diez largos años en frío por fin pudo abrigarse con el amor de Ritsu. Había regresado, y lo tenía más cerca que nunca.
Pero... ¿lo tenía cerca enserio?
Masamune despertó con la frente empapada en sudor frío. Estaba en su departamento donde hace algún rato ya había estado el ojiverde. Vio al culpable de aquel sueño, una ventana abierta a pares. Se reprimió mentalmente por siempre dejar esa ventana abierta mientras la cerraba y se encaminó al baño para lavarse la cara.
Después de despejar su mente un poco sabía exactamente qué estaba pasando: Ritsu había hablado antes con alguien para quedar en un restaurante del cual ya tenía ubicación. Esta información claramente la sacó del celular del menor, pidiéndolo prestado a su seguridad, cuando ese misterioso contacto le envió la dirección del punto de encuentro. Y lo que más le molestaba aquí era el tipo de reacción que tuvo el menor cuando contestó, de lo cual sólo podía concluir dos cosas; podía ser su amante o podía ser su enemigo. Y sabía bien la respuesta, pues estaba seguro que Ritsu no era el tipo de personas que "amaba" a varias personas a la vez.
Ya había pasado tal vez media hora desde que el castaño se fue, y aunque había tenido fiebre muy alta al parecer el frío le ayudó un poco y los síntomas del resfriado se habían ido casi por completo. Se apresuró a tomar su celular y su abrigo para salir en busca de su primer amor, pidiendo a los Dioses que lo cuidaran hasta que él llegara.
El restaurante Hime –según sabía Ritsu– era el lugar preferido para que las bandas de J-pop nuevas hagan sus debuts. Pero el J-pop es música que se esfuerzan tanto en hablar de amor que sus letras terminan siendo falsas, así que el ojiverde pidió al aire que no hubiera ningún grupo debutando esta noche.
Tomó un taxi en la calle principal y le indicó al chofer la dirección del restaurante, a lo que éste chasqueó la lengua y al ver que había parecido muy grosero se apresuró a explicarle al castaño.
–Parece que hay algún evento o promoción esta noche por esa zona que parece que está saturada, no recomendaría que fuera... ¿seguro que quiere ir? –pues el viendo le había fallado de nuevo, sabiendo de inmediato que eso se trataría obviamente de otro grupo debut. ¿Tal vez el destino no quería que fuera? ¿pero cómo excusaría su falta? Ya no había vuelta atrás.
–Sí, lléveme ahí por favor–el taxista susurró para sí mismo algo como "supongo que él no será el último".
Por obra del destino, el ojiverde tuvo que bajarse antes de llegar al restaurante pues las calles que lo rodeaban estaba repletas de gente esperando escuchar o alcanzar a ver el próximo grupo que haría su show.
–¿Cómo se supone que vaya a tener una plática con un empresario en un lugar tan repleto? –se preguntó a sí mismo sin poder pensar en una respuesta.
Se limitó a permanecer alejado de la multitud y llamar a Ryou para decirle la situación. Aún no se creía el mismo en que tipo de cosas se había metido, sabía que bien podría ser una trampa de su ex-amigo pero tampoco podía arriesgarse a quedar mal si es que existiera ese empresario y dejar mal a su familia por milésima vez ya no era opción.
La brisa nocturna acarició amablemente su rostro, haciendo que por el disfrute el menor cerrara los ojos por un momento, pero al instante sintió una mirada sobre él y al abrirlos para buscar quién era se encontró con los dos ojos miel de un felino de pelaje oscuro, al parecer el mismo que lo acompañaba en el parque pero, ¿cómo pudo recorrer tanto camino hasta allí?
De pronto alguien lo empujó haciendo que cayera de espaldas al suelo, tirando su celular. Y aunque tal vez eso fuera "el destino" también, esa vez no sirvió pues quien lo ayudó a incorporarse fue nadie más que Ryou.
–Vaya, no pensé que habría tanta gente– dijo Ryou sosteniendo un brazo del castaño para ayudarlo a levantarse. –Debiste pensarlo –dijo el menor quien sintió un mal estar en sus labios al hablar.
–Te partieron el labio –dijo Ryou llevando un dedo a los labios del castaño. –Eres muy delicado.
El ojiverde apartó su mano bruscamente y limpió sus labios de la sangre que le había salido. –¿Y el empresario que quería verme urgentemente dónde está? –dijo con sarcasmo el menor.
–Oh, está por allá. –dijo Ryou apuntando el dedo para que el menor volteara y cuando lo hizo le tapó la boca y sostuvo sus brazos por detrás.
Era un imbécil, ¿cómo no lo vio venir? –se reprochó el menor– Años conociendo a ese hombre y no pudo predecir esa estupidez. Ryou al ver cómo alguna personas de entre la multitud los veían fijamente se apresuró a soltarlo.
–Tienes que saber cuidarte mejor –le dijo levantando las manos en señal de que no iba a hacer nada más y que sólo era una broma. Pero ese tipo de bromas no tenían nada de gracia, más aún cuando dejó al descubierto que Ritsu ahora era menos capaz de protegerse a sí mismo usando la fuerza.
–Sobre aquel señor, parece que se enteró sobre el debut que se iba a hacer y canceló nuestro encuentro pero como ya venía en camino quise venir a avisarte –dijo Ryou con cierto aire molesto que Ritsu no supo era actuación o verdad.
–B-bueno entonces... es mejor que me vaya , tengo otras cosas que hacer –dijo el ojiverde dando unos pasos atrás. –Oh, vamos. ¿qué tal si nos quedamos por aquí a escuchar al grupo? Como en los viejos tiempos.
El menor frunció el ceño y mantuvo su mirada seria en el que estaba frente a él. Hablar de los viejos tiempos ahora era muy extraño tomando en cuenta que pareciera que habían reemplazado a ése hombre por su gemelo malvado.
–Dije que tengo cosas que hacer –Ritsu se volteó para marcharse pero Ryou lo sostuvo con fuerza del brazo antes de que se alejase. –Vamos, sólo unos cuantos minutos –dijo Ryou forcejeando con el menor. En ese momento se estaba reprochando mil veces por ser tan idiota como para creer cualquier cosa que le dijera la persona que lo quiere muerto.
–¡No quiero! –el menor jaló su mano con fuerza haciendo que el otro la soltara y acto seguido empujó a Ryou para que no se acercara más a él pero en el segundo después una moto entro por uno de los callejones y empujó al menor a suelo de nuevo. ¿Qué mierda estaba pasando? El chico en la moto simplemente pasó de largo después de empujarlo. Ryou aprovechó para poner un pie sobre su estomago para no dejar que se levante.
–Y bueno, querido amigo. Sólo quería pasar un rato más contigo antes de esto pero si insistes en tanta rebeldía, tendré que calmarte un poco.
El ojiverde sintió como su corazón daba un vuelco al ver que Ryou sacaba un arma de su abrigo y le apuntaba al pecho. Su respiración se empezó a descontrolar y por un segundo le pareció ver que Ryou también estaba agitado.
–Eres un idiota Ryousuke, sacar un arma en un lugar público... –segundos después se escuchó la voz de una persona pedir ayuda y gritar que traía un arma. Ryousuke efectivamente estaba agitado también y Ritsu aprovechó el momento en que éste se distrajo para ver cómo la gente pedía ayuda y agarró su pie que lo tenía contra el suelo para tirarlo después.
El menor se había incorporado y Ryou se encontraba en el suelo, tratando de calmar su respiración. Pudieron ver el miedo en los ojos del contrario e impotentes simplemente corrieron en direcciones contrarias.
Ritsu se encontraba corriendo por la calle principal, por un momento las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos pero no pasó, su adrenalina estaba a tope y apenas podía ver los rostros de la gente a la que pasaba. No podía pensar en otra cosa más que en regresar a casa. Tenía que cuidar de Takano-san, tenía que estar con él porque sabía que la vida sin el otro no tenía sentido. No quería sentir de nuevo el frío en sus sábanas, ni la fría mirada que la sociedad le daba siempre por ser de familia, quería sentir el calor de su primer amor, quería sus abrazos y su amabilidad, quería estar con él.
Sin darse cuenta Ritsu estaba cruzando la calle repleta de coches, y se paralizó al ver cómo dos luces se acercaban veloces hacia él, sintió frío de nuevo.
Medio año, ¡¿enserio?! Nunca pensé que lo dejaría así tanto tiempo, deben odiarme ahora mismo :c
Lo siento mucho por eso, pero explicar todo lo que me pasó no creo que les interese.
¡Agradecimientos por los comentarios!
Como siempre y sin falta mi querida TrueLove-san, gracias por apoyar desde el principio de la historia hasta la última actu :), espero verte de nuevo por aquí, no sería lo mismo sin ti :')
SamuneHikari, Yo también quisiera que se rindieran esos primos :c ¿qué les hacemos? xD Espero que lo disfrutaras ~
Nekonoha, que lindo ver tu comentario :3 Pero si te das el primer tiro no podrás dar el segundo... (?) Entiendo lo de los comentarios, yo misma soy una lectora fantasma también pero siento la necesidad de saber qué es lo que sienten, piensan, no les parece de la historia en especial cuando es la primera que escribo con seriedad. Así que espero que de verdad escribas sin moderación por cada capítulo que yo te tolero todo :3
Por cierto, quiero hacer algo con esta historia y para eso necesito que mis hermosos lectores comenten su color favorito. De verdad quiero hacerlo así que espero que lo comenten :c
Hoy es una doble actualización, así que esperen el otro capi más tarde :3 (Si hay algún comentario hoy)
¡Gracias por leer!
