Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Sexto capítulo: Segundos eternos
Se dice que puedes ver tu vida pasar frente a ti un segundo antes de morir. El miedo de morir era algo a lo que Ritsu si bien no estaba acostumbrado, ya había sentido antes, y en ese último segundo que pareció eterno para él pudo ver su vida como él deseaba que fuera.
Felicidad.
Él sólo quería ser feliz. Quería hacer a más gente feliz ofreciéndoles buenas historias, quería sentirse feliz cuando la gente elogiara esas historias y quería ser feliz con la persona que más amaba.
Takano Masamune... Ese nombre le inundó la mente con recuerdos, y aunque lo negara, en el fondo esos recuerdos habían tomado lugar en su lista de más importantes.
Familia.
Esa palabra apareció fugaz en su mente junto con los recuerdos de su familia. Podía decir con certeza que no todos eran malos y también estaba convencido de que sus padres no eran malos, ellos simplemente estaban confundidos por haber pasado a través de tantas cosas e inconscientemente habían creado una solución más fácil a todo, que vista desde otro aspecto había sido la más difícil.
Su madre se encontraba constantemente inconsciente por el exceso de alcohol en su organismo. Ya sabía al menos de quién saco la poca tolerancia al alcohol.
Su padre... simplemente no quería pensar en él. Estaba casi seguro de que la relación con su madre era tan mala que tal vez ya había buscado otros brazos que lo calentaran para poder sobre llevarlo, o eso se pensaba.
Pero su padre no era tonto, tenía sus razones para dudar de su madre.
–¿Me odias? –preguntó el menor a su padre tratando de no mostrarle enteramente su tristeza.
–Te contaré que antes de que tu madre y yo fuéramos pareja ella salía con alguien que tenía el mismo color de tus ojos.–El menor no encontraba un lugar cómodo a su vista para desviarla y perderla ahí.
–¿Qué pretendes con esto?–El menor levantó la vista hacia su padre sin pena ni culpa.
–Pensé que tal vez el castigarte a ti haría que ella se sintiera culpable, esperaba que al menos te defendiera pero... no hizo nada, simplemente guardó silencio y dejó que cargaras tú solo con la culpa, durante todos estos años... –la mirada de su padre estaba apagada, perdida entre las flores de cerezo.
Se habían sentado a hablar en un parque un día después de que fue a visitar a su familia y su mayordomo le advirtió sobre los planes de sus primos.
–Eso es lo peor de todo... ahora no sé con quién estoy casado, aún cuando me opuse al compromiso que pusieron mis padres para estar con ella, no es la de antes...
Y ¿cómo iba a ser la de antes? Con su padre siendo tan inmaduro poniéndola a prueba durante veinte años era obvio que su madre se creía de verdad el teatro que su padre había armado, él prefería sólo no meterse y dejar que alguien diera el primer maldito paso para arreglar sus problemas. Tampoco le había contado sobre que sus primos son los espectadores más energéticos en esa obra, tanto que quería participar en ella o tomar el rol principal.
Como había dicho antes, reconocía a su padre como un muy buen actor.
Pero esos recuerdos le daban rabia, por qué esa estupidez había roto su vinculo familiar. Sentía rabia, tristeza, decepción, ¿qué nombre le podía poner a esos incoherentes sentimientos?
Esperanza...
Era algo que había recuperado seis meses atrás, desde que entró como empleado a Marukawa. A pesar de pensar que le iría de lo peor en su trabajo desde el primer día poco a poco se fue acostumbrando a la atmósfera de éste, estar con sus compañero y trabajar juntos como tal, sin que lo atacaran a cada rato como lo hacían en la empresa de su familia era algo que tomaba en cuenta bastante. Y también había aprendido sobre sus compañeros, apreciándolos como amigos.
Y todas esas cosas, ¿se irían?
Tantos lugares que quería visitar, tanto que quería aprender, tanto que quería sentir, todo eso se esfumaría en un instante.
Angustia.
El miedo a morir le hizo sentir un hueco en su corazón. Por fin fue consciente de cuanto tiempo que había desperdiciado, y todo estaba a un segundo de irse.
Resignación.
Este miedo hizo que el pequeño perdiera las fuerzas para permanecer de pie y cayó al suelo, encomendándose a Dios y esperando su fin.
¿Un gato?
El gato negro de ojos miel que antes estaba con él cerca del restaurante se encontraba parado ahí mismo, viendo expectante a lo que estaba a punto de suceder.
Ritsu...
Tantas emociones en un sólo día hicieron que el menor cerrara los ojos, sin ser capaz de ver su propio final.
Y todo esto en segundos...
El conductor del coche que podría marcar fin a la vida del menor también vio su vida pasar, pero era él quien tenía el volante. Vio como el chico delante de él se tiró al suelo como si la gravedad hubiera afectado su cuerpo mil veces más de lo normal. Sabía que si frenaba de golpe estando en una calle tan transitada provocaría una cadena de choques y más vidas que la de ese chico se verían afectadas, y como él era un ciudadano común y corriente, con un sentido de lo bueno y lo malo muy bien definido, optó por desviar su coche aún si significaba que él mismo saldría lastimado, esperando no lastimar a nadie más.
Ciertamente estaba a punto de arrollar trágicamente a otras personas, pero antes de que sucediera y como si fuera obra de magia el coche se detuvo en seco sin siquiera amenazar con volcarse.
El menor abrió los ojos y se encontró con la mirada preocupada de cientos de personas alrededor, pero la mirada que más curiosidad le dio fue la de aquel gato de ojos miel, quien no tardó en empezar a maullar como si estuviera hablando con Ritsu. Después de ver como el felino avanzaba hacia otra calle aún maullándole supo que quería decirle algo.
Agarró fuerzas de algún lugar desconocido para levantarse a pesar de que sus piernas y manos temblaban y siguió el felino a una de la calles cercanas a la principal.
El ojiverde se detuvo en seco al ver que esa calle estaba completamente oscura y solitaria, cuando escuchó que un coche se acercaba se hizo a un lado, pero se sorprendió al escuchar que alguien desde tal coche lo llamaba.
–¿Onodera? –su corazón sintió alivio al instante en que vio como su jefe y primer amor bajaba del auto para acercase a él.
–Oye, ¿estás bien? Estuve llamando a tu celular pero no entraba la llamada –dijo Masamune acercándose al menor. –Estaba mu- –el mayor no pudo terminar de hablar cuando sintió que el ojiverde lo rodeó con sus brazos rápidamente y hundió su rostro en su pecho. Éste se limitó a corresponder el abrazo, sujetándolo firmemente. Pasaron así varios segundos que parecieron eternos, pero deseó que nunca terminaran.
Al separase el menor pidió que fueran a casa y el mayor aceptó sin presionarlo a decirle nada. Recordó a felino que lo acompañó hasta allí y cuando volteo su mirada para buscarlo ya no se encontraba ahí.
Ese gato...
Ritsu recordó después que su celular lo había perdido cuando estaba entre la multitud de gente que quería ver al grupo debut. Suspiró cansado y se recargó en el cristal del coche, aún temblando por el suceso anterior.
Masamune notó claramente el nerviosismo del menor, pero no sabía qué hacer en esa situación. Había considerado seriamente también decirle al ojiverde que sabía que lo estaban acechando para matarlo pero, ¿serviría de algo? Conociendo al menor se iría de su casa jurando que lo que decía era mentira, que todo estaba bien.
Volteó a ver de nuevo a su pequeño amante en algún momento del camino y vio que éste había caído dormido.
–Tu padre no te quiere, va a acabar vendiéndote a la mafia –fueron las duras palabras de un niño que tenía apenas dos o tres años más que él, mientras sus amigos seguían buscando respaldar esos insultos.
El pequeño ojiverde se encontró corriendo hacia su casa para entrar y exigir a gritos la presencia de su padre. Sus grandes ojos verdes se encontraban levemente irritados porque no paraba de llorar desconsoladamente. Obviamente los trabajadores de la casa se acercaron a él preocupados tratando de que se calmara mientras él seguía llamando a su padre quién unos segundos después se acercó preocupado.
–¿Qué pasa? ¿Qué tienes? No llores... –trató de consolarlo su padre acariciando su cabeza y secando con cuidado sus lágrimas que seguían cayendo.
–Papá... ¿es verdad que me odias? –dijo el pequeño ojiverde con dificultad, tratando de controlar su llanto sin éxito. El dueño de la casa se sorprendió, mirando a sus sirvientes después buscando una respuesta que ya sabía. Ese jueguito de "castigar al pobre niño porque su madre no quiere admitir lo que hizo" lo conocían también lo sirvientes, quienes al ver la reacción negativa de la señora Onodera hacia el asunto se propusieron cuidar al pequeño a sabiendas de su padre. Y la mirada de respuesta que sus sirvientes le dieron fue la misma que él esperaba, "es culpa de lo que usted mismo empezó", y éste suspiró con pesadez.
–Claro que no te odio hijo, mírame –levantó el rostro del ojiverde para verlo a los ojos. – te lo estoy diciendo yo, así que no creas nada de lo que alguien más te diga. –El pequeño castaño asintió y cerró los ojos sonrojado, mientras su padre lo abrazaba con dulzura.
–No creas nada que yo no te diga –le repitió consolándolo, y ese abrazo que trataba con desesperación transmitirle el amor que le tenía logró su cometido y lo calmó, volviendo ese abrazo en uno casi eterno.
Padre...
El menor despertó encontrándose sobre la espalda de su primer amor, quien lo cargaba hasta el interior del edificio donde vivían. Dio un largo suspiro.
–¿Despertaste? –preguntó el ojimiel para asegurarse.
–Sí, puedes bajarme ya, gracias.
–No quiero, déjame llevarte así hasta la casa –ahora el departamento de Takano-san era "la casa" donde los dos vivían, acordándole al menor que tenía que irse de ahí y dejarse de tonterías.
A pesar de las replicas del menor, Masamune nunca accedió a bajarlo de su espalda y lo cargó hasta su departamento porque aunque quería hablar seriamente con él, fue más porque no dejaría que se fuera, porque no dejaría que se arriesgara de nuevo como lo había hecho, porque esos segundos de angustia que pasó al ver que el castaño no contestaba su celular fueron eternos.
¿Whaaat? Nunca pensé que lo leerían casi justo después de que actualizara, los he subestimado hermosos gatitos :'3 -llora-
TrueLove-san, gracias por comentar sobre el capítulo de hoy como siempre :3 Y bueno, Ryou y Ritsu en realidad son hermanos y los dos mueren al final :D! Noescierto xD! Amé tus posdatas :'3
Nekonoha (adoré tu nombre) Los coches tienen frenos decían, no pasará nada decían /_\ Gracias por comentar sobre el capítulo :'3 Mi color favorito es el verde~ Por cierto, sería genial saber cuál es tu personaje favorito :D
Y como es "doble actualización" (Fui a Narnia y regresé tarde porque no pensé que lo leerían tan rápido) tengo una doble petición: Ese color favorito ¿en qué lo llevarían puestos? Puede ser una blusa, una pulsera, un collar, el cabello o un accesorio para el cabello, quiero saber :3 (pido mucho, lo sé :c) Yo lo llevo en un dije de una gargantilla con picos xD!
Y ¿qué tal de otro capítulo en unas horas...? A este ritmo terminamos la historia el fin de semana x'D
¡Gracias por leer!
