-Salomé- Habló el joven Reiji, el último de los hermanos conscientes en la habitación -Cuando termines de limpiar aquí, pasa al estudio. Necesito tratar un par de cosas contigo.

-Si, señorito.

...

(Acabó de limpiar) y salieron de la sala. Salomé iba adelante. Yui se volteó a inspeccionar la sala de corrida. Efectivamente, la había dejado justo como la había encontrado. Nadie podría decir que ahí hubo una pelea.

Incluso... Lo que se destruyó en la pelea... estaba como nuevo.


Capítulo 2:

Reiji

o

Ficha técnica


-Aquí es.

-Muchas gracias, señorita. Ahora espere aquí; no creo que tarde demasiado, pero no podré salir hasta que él me deje, asi que no prometo nada. Aún y así, grite si algo pasa; mi trabajo principal sigue siendo cuidar de usted.

-¡Bien!- Asintió Yui, en un intento tan penosamente obvio por verse segura y valiente que resultaba infantil. Salomé no dijo nada. Sólo sonrió y llamó a la puerta.

Contaba con poco tiempo. No sólo porque su señorita corría peligro estando sola, sino porque todavía tenía qué averiguar los dos nombres de los hermanos que le faltaban. Y además, según le dijo su jefe, podría encontrar a alguien, un chico a quien buscaba, en esa casa. O bueno, almenos a alguien con el mismo nombre.

"Búscalo mientras trabajas. Si hablamos de la misma persona, allá podrás encontrarlo"

Cierto era que tenía una deuda muy grande con Karlheinz por sacarla de su vida anterior, pero aún y asi tuvo sus dudas. La idea de poder encontrar a ese chico fué lo que la hizo decidirse a aceptar.

Obviamente no encontraría al chico como una linda novia del sacrificio, y esa casa nunca recibía huéspedes humanos. Nunca. Por ninguna razón. Así que, si estaba él en esa casa, estaría como parte de la servidumbre, como ella.

"Adelante" Se oyó desde el otro lado. Entró y cerró la puerta, sin hacer ruido.


Frente a ella, se encontraba el elegante señorito Reiji, sentado en una silla de piel roja, tras un gran escritorio de madera. Con una mano marcando la lectura de un libro sobre el escritorio y la otra apuntando quién sabe qué en una pequeña libreta.

-Ah, si.- Dijo el jóven Reiji, levantando la vista para ver quién había entrado.- Siéntate en esa silla y espera un momento.- Apuntaba a una silla frente al escritorio, mucho más modesta que la de él. El señorito volvió inmediatamente a su labor.

En total, esperó una hora y media, según el reloj de la pared a su izquierda. Y en todo ese tiempo, el señorito no había levantado la cabeza del libro ni dejado de escribir en la libretita, ni siquiera estaba viendo lo que escribía. Era admirable la velocidad a la que trabajaba, y el empeño que le ponía.

Por fín bajó la pluma fuente, pero sin verla a ella aún. Guardó la libreta en un cajón, y sacó un portapapeles negro. Le puso una hoja, dedcando dos o tres minutos a dejarla perfectamente centrada. Volvió a tomar la pluma y se acomodó los lentes.

-Nombre completo.- Le espetó, con un tono frío y monótono, como una máquina.

-Será mejor que me pase ese portapapeles, señorito. Es un nombre...

-Te he dado una indicación. Síguela. Nombre completo.

La sirvienta suspiró y bajó la cabeza. Lástima, pero si el señorito quería hacer las cosas de la manera difícil, ella tenía las manos atadas.

-Salomé al Azhaar Alimah binte Izhtarr al Sahmeedi.

Para su sorpresa, el jóven apuntó todo sin mayor problema. Incluso en su pueblo, algunos profesores en la escuelita rural tuvieron problemas para apuntar su nombre entero, ni qué decir de recordarlo. Y ahí estaba ese jovencito, de un país tan lejano, habiéndolo oído tan sólo una vez y apuntándolo sin más. Una pequeña hazaña digna del perfecto señorito.

-Edad.

-19 años.

-Fecha de nacimiento

-6 de Mayo.

-Nivel de estudios.

-Bachillerato concluído.

-Religión.

-Ninguna.

-Lugar de nacimiento.

-Madabá, en Jordania.

El señorito se detuvo a revisar lo que llevaba apuntado de ella, después levantó la vista del portapapeles, con un rostro perfectamente inexpresivo en todo momento.

-¿No debería tu nisbah ser, entonces, al Madabai?

Vaya. Con que el joven no sólo apuntaba nombres exóticos de maravilla, también sabía de qué iban.

-Soy sahmeedita, señorito. Tomamos más en cuenta la tribu o pueblo que el territorio.

El joven se quedó pensativo un momento, como si dudara de creerle. Pero despues siguió.

-Vale. Casi hemos terminado.- Dijo el señorito, repasando las notas con la vista. -Pasa al

cuarto de atrás. Ahí encontrarás batas de hospital colgadas en un armario a la izquierda de la puerta. Quítate los zapatos y cámbiate. Como puedes ver, soy un hombre ocupado. Tienes cinco minutos. Después de eso entraré y haré lo que tenga qué hacer para recojer la información que necesito. Así que, si de alguna manera no lo consigues, habrás creado una situación bastante incómoda para los dos.

-Entendido, señorito.- Se lavantó, hizo una reverencia breve, y se fué.

En todo ese rato, el señorito apenas había levantado la vista para ver a la sirvienta un par de veces. Estaba claro que, para él, Salomé no era nada digno de su atención.

Y por un lado, eso facilitaría mucho su trabajo. No sólo como sirvienta, también como la espía encubierta del señor Karlheinz. Pero tambien, y aunque no alcanzaba a entender de todo las razones de ese sentimiento, le molestaba un poco.


Entró, cerró la puerta y encendió la luz. El cuartito era una especie de minilaboratorio. En ese espacio de 3x3 consiguieron meter una báscula clínica con estadimetro, una mesa de laboratorio, una caminadora y varios estantes y repisas llenos de frascos de todos los tamaños. Volteó a la izquierda, abrió la puertita del armario y sacó una bata verde...

-Listo, señorito- Dijo Salomé hacia el otro lado de la puerta, y esperó. Pensaba dejar pasar un momento antes de salir a llamarlo, pues estaba segura de que el señorito ya se habría enfrascado nuevamente en sus libros y papeles, y no la habría escuchado. Pero éste volvió a darle una sorpresa cuando entró casi inmediatamente.

-Bien. Ahora pasemos a la báscula.

La chica se subió y se paró derecha contra el estadimetro. -Estatura: 1.72m- Anunció el señorito, con ese tono de máquina, mientras apuntaba. Después movió la pesa de aquí para allá, hasta encontrar el punto de equilibrio exacto.- Peso: 72.56 kg.

La habitación quedó en completo silencio mientras el jóven acababa de anotar los datos.

-Bueno, he terminado. Cámbiate y vuelve un rato al estudio. Creo que todavía tenemos un par de cosas de qué hablar.

-Por supuesto.


-Toma asiento.- Le dijo el señorito, de nuevo, desde su elegante silla de piel, y señalando con la mano abierta a la silla de enfrente. - He de decir que has tenido un desempeño impresionante hasta ahora. Algo notable, considerando lo impulsiva y descontrolada que es tu especie. En honor a eso, te explicaré un par de cosas vitales para tu trabajo, y después podrás hacerme tres preguntas. No podrás hacerme más preguntas, no repetiré nada, ni volveré a hacer algo así; nisiquiera debería estar ayudándote de esta manera. Así que pon atención:

La novia del sacrificio lleva aquí una semana. A estas alturas, ya debería haber escogido a alguno de nosotros para alimentarlo, pero la pequeña indecisa no ha podido cumplir ni con algo tan sencillo. Y lo que es peor, es demasiado frágil, y mis hermanos demasiado violentos; si las cosas siguen así, la matarán antes de que se decida. Tu tarea es mantenerla a salvo hasta que haya escogido. Después de eso, será trabajo de esa persona proteger a su presa. Tu trabajo en esta casa habrá concluido, y volverás al lugar de donde saliste.

"No. Ni loca vuelvo ahí."

Ahora bien, diciéndolo así suena muy sencillo, pero no te dejes engañar. Esa simple humana tiene sangre de la mejor calidad, y eso ya no es un secreto para nadie ¿Preguntas?

Oh, sí que tenía preguntas. Una en particular. Pero todo a su tiempo.

-No he podido oír el nombre de sus hermanos. El jóven de cabello castaño, el del sombrerito...

-Ah, si. Laito. Sigue la filosofía de hacer el amor y no la guerra... Al pié de la letra, a decir verdad; pero serías una tonta si te alegraras por eso. Tiene tanta liviandad que es difícil controlarlo. Y tampoco te recomiendo dejar a la niña sola con él. Particularmente con él.

-Entendido. Gracias por sus consejos. Ahora sobre el jóven de ojos lila...

-Ah si. Kanato.

-Lo he notado... Extraño ¿Podría preguntar qué...

-Todos estamos preocupados por Kanato. Última pregunta.

Vale. De verdad que no quería hablar de ese chico. Decidió pasar a la pregunta de verdad. Cuidando que no la notara, respiró hondo para calmarse.

-¿Trabaja aquí un chico algo parecido a mi, con ojos grises?

Apenas y podía mantener la compostura. Estaba nerviosa. Y para ahumentar el drama, el jóven amo se había quedado pensativo.

Su jefe ya se lo había dicho, sólo quería confirmarlo. Y si había alguien que pudiera confirmárselo, ese sería el joven amo, pues él era quien se encargaba de manejar la mansión.

-Es curioso que lo menciones, pues me lleva a otro punto que casi olvido tratar contigo. Tú eres la única sirvienta humana en la mansión. Todos los demás sirvientes son ghouls. Criaturas sin más capacidad mental que un zombie, hacen una tarea en específico y nada más; ni siquiera pueden hablar. Así que no esperes recbir ayuda alguna de ellos. Pero puede que encuentres a quien buscas entre la servidumbre; la verdad, lo único que me interesa de esos peleles es que todos los cargos estén cubiertos, y por eso no pierdo el tiempo en nombres ni rostros.

-Oh vaya, ya veo.- Dijo, sonriente.

Por supuesto que sonreía. Por supuesto que mantendría su perfecta calma. Nunca se permitiría perder así la compostura, y menos frente a alguien como el señorito. Pero esa respuesta la destruyó un poco por dentro.

-Bien, si no tienes más dudas, apresúrate a proteger a tu señorita. Ya la has dejado sola bastante tiempo, y será un milagro si no la han atacado.

-Muchas gracias, de nuevo, por su ayuda. Ya no lo molesto.


Reiji esperó a que la sirvienta cerrara la puerta para poder concentrarse de nuevo en su trabajo. Tenía que administrar insumos y consumos, había que revisar pagos de servicios, agendar las visitas familiares y políticas del mes, preparar la cena...

Decidir qué opinaba de la nueva.

Era extraño pero, contrario a lo que la chica dijo antes de salir de la oficina, no lo había molestado en lo más mínimo. Era muy educada, y práctica. Sólo hablaba cuando debía, y sólo decía lo que tenía que decir. Incluso cuando activamente intentó hacerle perder los estribos, haciéndola esperar por más de una hora y hablándole de muy mala gana todo ese rato, la chica no hacía más que sonreir y cooperar todo lo posible. Todo lo contrario a lo que sugería su primitiva especie, o su parecido a cierta mujer ruidosa y de dudosa moral.

Esa era otra sorpresa. La primera vez que la vió se dejó llevar tanto por las apariencias que enserio creyó que la mujer demonio había vuelto; no notó las leves diferencias, como su estatura o la piel morena, sino hasta la pelea. Pero desde entonces había ido cayendo en una conclusión: Definitivamente, esa no podía ser Cordelia.

Volvió a tomar la carpeta con los datos que acababa de apuntar. 1.72 metros y 79 kilos y medio. Eso daba un indice de masa muscular de 27, elevado para una hembra humana pero era evidente que no tenía sobrepeso, por lo que sólo le quedaba pensar que esos números se debían a una musculatura desarrollada. Y era lógico, no hubiera aguantado una pelea con Ayato si fuera una enclenque como la indefensa bolsa de sangre a la que debía cuidar.

Siguió repasando la ficha técnica. Edad. Nacionalidad. Nivel de estudios. Nada de esto le decía cosas de la chica que debía saber. Nada que indicara que no fuera peligrosa o hasta donde llegaban sus aptitudes, por ejemplo. Debía admitir que era una ficha tecnica bastante deficiente, esa que tuvo qué improvisar; porque su padre sólo llegó, la dejó y se fué, sin dar más explicaciones. Pero era su culpa, no debió pensar que las cosas se harían de manera decente y que ese inútil se responsabilizaría por tomarle los datos antes de contratarla. No, jamás podía esperar nada de los demás. Era su culpa por confiar en un niño, y punto.

Lo que quisiera saber de ella tendría que averiguarlo él mismo. Por el momento sólo sabía que era una chica alta, fuerte, ingeniosa y con una sonrisa algo pícara que insinuaba que nunca diría todo lo que pasaba por su mente.

Y pensar que su padre sólo la había contratado para gastarles una broma.


Salomé cerró la puerta detrás de ella. Oyó una vocecita familiar desde el piso y bajó la vista. Su señorita la saludaba con una sonrisa inocente. El aya suspiró aliviada. La niña parecía estar en perfecto estado, a pesar de todo ese rato sola. Se levantaron y se encaminaron hacia la habitación de Yui, para desempacar las maletas.

Yui iba contándole algo del joven castaño de mirada lividinosa, Laito, y un amigo suyo. Salomé intentaba sonreir y escuchar, pero no podía concentrarse. No podría concentrarse en nada durante un tiempo. Lo que le dijo el señorito la tenía... Atrapada.

"Tú eres la única sirvienta humana en la mansión"

Sólo ella. Todos los demás eran ghouls. Ghoul no era un término nuevo para ella; era lo que quedaba después de que un vampiro secaba a un humano. El cuerpo a veces se reanimaba, pero no volvían a ser lo de antes. Tenían muchas de las habilidades de los vampiros, pero carecían de razonamiento y voluntad, por lo que se les consideraba criaturas inferiores. Algunos expertos en el tema nisiquiera los consideraban una forma de vida.

Ahora ya ni sabía que sería más problemático: No encontrar a ese chico, después de ese viaje tan largo y todos los problemas; o encontrarlo en ese estado tan deplorable.


Bueeeeno, no hubo suerte. Lamento hacerles esperar tan ansiosamente hasta hoy, domingo. Porque sé que esperaban ansiosamente la continuación (en re-run) de la historia, seeeeh BD

Oigan, los reviews son una cosa buena. Enserio. Si me dejan algunos no me enojo :3

-Matta nee.