Salomé cerró la puerta detrás de ella. Oyó una vocecita familiar desde el piso y bajó la vista. Su señorita la saludaba con una sonrisa inocente. El aya suspiró aliviada. La niña parecía estar en perfecto estado, a pesar de todo ese rato sola. Se levantaron y se encaminaron hacia la habitación de Yui, para desempacar las maletas.

Yui iba contándole algo del joven castaño de mirada lividinosa, Laito, y un amigo suyo. Salomé intentaba sonreir y escuchar, pero no podía concentrarse. No podría concentrarse en nada durante un tiempo. Lo que le dijo el señorito la tenía... Atrapada.

"Tú eres la única sirvienta humana en la mansión"


Capítulo 3:

Yui

o

Desempacando

Eran las tres de la mañana con diez minutos cuando salió del elegante estudio, y para las tres con veinte ya se encontraba perfectamente instalada en el cuarto de la señorita Yui. La verdad de no ser por un par de incidentes, estaba segura de que habría acabado incluso antes, pues tan sólo cargaba con dos maletas.

Eso era todo. Todo lo que podría llamar realmente suyo en esa mansión y en esa nueva vida, contenido en dos maletas. Aunque quizá no fuera tan extraño. Después de "lo desagradable" no había quedado casi nada. Ni siquiera quedaba gran cosa de ella misma...


-Este es mi cuarto.- Dijo su señorita, abriendo la puerta.- Hay una sola cama; pero está bien, porque es grande y blandita. Ven, vamos a poner las maletas aquí, y guardaremos tus cosas en el armario.

Como ya se ha dicho, Salomé traía dos maletas. Una tan grande que podría esconderse en ella; y otra más pequeña, de un brazo por un codo, más o menos. Puso la grande sobre la cama. La más chica ni siquiera debía ser abierta por nadie, sólo por ella; por lo que hizo a un lado esta última mientras desempacaba.

-Por cierto, también vamos a compartir el armario, y el baño.- Anunció la niña. Dicho esto, hizo una pausa y clavó una mirada acusatoria en su sirvienta. Fue un cambio tan brusco, y tan inesperado en esa linda carita, que el aya casi se altera.

-¿Su... Sucede algo, señorita?

-¡No puedes abrir el primer cajón!- Dijo, apuntando al la cajonera en el armario.

-¿Por qué no?

-Porque... Ahi guardo... Mis... ¡No lo abras y ya!

"Ah, vale" Se dijo la sirvienta, aguantando la risa. Con esas mejillas tan rojas de la niña era obvio que hablaba del cajón de la ropa interior.

-Puede estar tranquila. Nunca cometería tal indiscreción con mi señorita.- Dijo Salomé, con su perfecta sonrisa.

Yui sostuvo esa mirada de desconfianza un momento, pero cedió al final.

-Esque a Laito le encanta molestarme con eso. Yo le digo que deje mis... Mis cosas, pero el dice que son demasiado lindas y que por eso las tiene que ver.

-No me diga...

-Sí te digo ¿Y sabes qué mas? A veces me las roba. Ya me ha desaparecido tres o cuatro de cada.

-Bueno, pues no se preocupe, señorita. Me aseguraré de que no vuelvan a salir bragas de la habitación.

-¡No lo digas!

-Oh... Oh, claro. Discúlpeme.- Susurró la sirvienta. Era exagerado lo remilgada que podía ser la señorita. Pero al menos Yui asintió con una sonrisa.

Viendo que el asunto estaba resuelto, Salomé se volteó hacia la gran maleta frente a ella y comenzó a sacar sus cosas con cuidado.

-¿Qué es esto?- Oyó a la señorita decir desde el suelo. Para cuando volteó, la niña ya tenía la maleta chica abierta...

-Pero cuando...- Exclamó la sirvienta, incapaz de contenerse ¿En qué bendito momento agarró la maleta esa niña?

Oh maldición, ya la había abierto. Pero si le había puesto un candado que nadie más sabría abrir ¿Cómo diantres pudo esa niñita... ¡Oh maldita sea! ¡Ya había visto el libro!

Apenas y alcanzó a llegar y tomar la maleta de esas pequeñas manitas de princesa, tan traviesas, antes de que tocara su preciado contenido.

-Señorita, mejor ayúdeme a desempacar.

-¿Qué es?

-Un libro.

-Eso ya lo sé, pero se ve misterioso ¿Es un libro de magia?

Se le heló un poquito la sangre al oírla. Esa niña tenía demasiada imaginación. Pero con la cubierta de piel y pedrería roja, y el disco dorado con símbolos del abjad grabados en la portada, tenía que admitir que ese libro ofrecía un aspecto bastante... Llamativo. Por suerte, era tan grande que cubría todo lo que tenía debajo.

-Es sólo un viejo libro de cuentos, señorita. Lo traigo conmigo por el valor sentimental.

-Oh... ¡¿Puedo leerlo?!

-¿Puede leer sahmeedita?

-Pues... No.

-Entonces ahí lo tiene.

-Pero... Pero tu si puedes ¿Me leerías cuentos de ese libro?

-Le contaré cuentos a la hora de dormir si quiere. Pero ese libro es muy viejo y frájil, y se quedará en la maleta.

-Noooo.

-Si.

Y ahí estaba de nuevo esa carita de niñita regañada, con las mejillas infladas y el ceño fruncido. Aparentemente, y a pesar de haber pasado ya una semana en ese infierno, la señorita todavía no estaba muy acostumbrada a no salirse con la suya.

-¡La abriré apenas vuelvas a distraerte!

-Entonces tendré que inspeccionar ese cajón.

-¿Qué? ¡Mi cajón no tiene nada qué ver en esto!

-Oh, pero tengo qué verificar si son de verdad tan adorables sus bragas ¿No lo cree?

-¡Que no lo digas!

-Y sus corpiños. Como su aya, definitivamente tengo qué saber de qué tamaño los necesita...

-NOOOO.

-También tendré que saber de qué forma y colores... Dígame ¿Usa de esas con dibujitos?

-¡BASTAAA!

-...

-...

-¿Dejará en paz mi maleta?- Dijo Salomé, sonriente como siempre.

-...

-Señorita...

-¡Aléjate de mi cajón! De esas cosas me encargaré yo.

-Entendido, señorita.


Siguieron desempacando, y hablando de otras cosas. Hablaron de las cosas del día, algunos recuerdos de Yui, y cosas que le habían pasado en la mansión. También de algo de la vida de la sirvienta en Sahmeedi.

-Pero, entonces ¿Qué le dijo su padre?

-No mucho. Sólo que tenía qué mudarme a esta dirección, que aquí vivían unos parientes, y que el pronto mandaría por mí. Ni siquiera me dijo que ellos eran... Bueno, ya sabes.

-Ah si. Entiendo... Bueno, esto es lo último.- Dijo, guardando una caja de madera, nada llamativa, en el clóset.- ¿Hay algo en lo que pueda ayudarla, señorita?

-No. Creo que haré mi tarea.

-Vaya, es usted muy responsable ¿Verdad? Bien, entonces yo iré a darme una ducha. Si sucede algo...

-Gritaré-

Salomé no responió a eso mas que con una sonrisa. Tomó sus cosas y entró al pequeño pero elegante baño correspondiente a esa habitación.


Bajó la guardia por completo en cuanto cerró la puerta y se dió cuenta de que, por fín, estaba sola. Dejó correr el agua caliente hasta que tomó una temperatura de su agrado y puso el tapón. Se levantó a esperar, tardaría aún un par de minutos en llenarse. Soltó su larguísimo cabello lila.

-¿Entramos juntos?- Oyó una voz grave atrás de ella, vagamente familiar. La había oído antes, pero probablemente sólo una o dos veces.

Se giró para ver a la otra persona, apenas acabó de hablar; y se encontró con esos ojos verdes de mirada libidinosa. No llevaba la trilby morada, pero su mirada estaba tan cargada de deseo como siempre. Inconfundible.

-Joven Laito... ¿Qué hace en el baño de la señorita?

-Iba camino a la pastelería y me he perdido. ¿Pues tú que crees?

-Bien... Pues lo dejo. Ocupe el baño el tiempo que necesite.- Se apresuró a decir, haciéndose la eludida. Se giró a cerrar la llave del agua, y...

-Pero no huyas...- Dijo Laito, con tono juguetón, atrapándola por la cintura. La sorprendió, así que fue presa fácil de sus rápidos brazos. Acercó sus labios a la oreja de la chica. -...Te he extrañado...

-¿Perdone usted?

-¡Oh, no sigas con esa tonta fachada de humana! Puede que hayas engañado a la perra, pero a mí, jamás. Sobre todo considerando nuestra historia... O es que...- Pasó una mano por su vientre bajo, jugueteando con el lazo que ataba el vestido. Después, con la misma mano y un movimiento rapidísimo, tomó su cabello por la nuca para obligarla a echar la cabeza atrás, y lamió su cuello -¿Necesitas que te refresque la memoria?

-Joven, no quiero que la señorita me oiga si lo ataco. Ya ha tenido suficientes emociones por hoy. Suélteme por las buenas.

-Anda. Sigue fingiendo frialdad, como siempre. Yo se lo que te gusta...

-Lo dudo mucho- Y apenas dijo esto, le dió un fuerte pisotón para distraerlo, se lo pasó al hombro y lo aventó al suelo. Mientras Laito seguía tirado, Salomé se acercó a su oreja, imitándolo; y con su sonrisa y voz anormalmente calmada, murmuró -Verá: A mí me gustan los hombres. No los niños.

Laito no dijo nada. Sólo le lanzó una mirada irritada, y una especie de gruñido. Estaba molesto. Nadie rechazaba a Laito Sakamaki. Mucho menos una criada. Ni siquiera si la criada resultaba ser esa mujer.

Salomé se levantó, se alejó del chico y se dirijió a la puerta.

-¿Eso es todo? ¿Tan fácil te retiras?

La sirvienta exhaló, un poquito frustrada.

-No soy su madre. Y, si usted piensa que sí lo soy, déjeme decirle que el trato que me está dando es un trato muy enfermizo para alguien así. Si realmente quiere pensar que soy su madre, hágalo. No tengo ningún problema, mientras no me falte al respeto. Me retiro.

El chico lanzó una sonora carcajada.

-Respeto... ¿En serio, mujer? ¿Tu, entre todos, hablándome a mí, de respeto? Tienes que estar de broma ¿Pero es que no tienes vergüenza?... No me respondas eso.

-¿Disculpe?

Laito levantó la vista, para verla a ella. No había notado sus ojos hasta ahora. Esa mirada llena de confusión, con la guardia totalmente baja. Era todo cierto, en verdad que la mujer no estaba actuando.

-No puedo creérmelo ¡Pero si de verdad no recuerdas nada!

-No sé nada, joven.

-Pues verás, Salomé; para empezar tu nombre no es ese, sino Cordelia. Y más importante, no eres una humana, eres la hija del señor de los demonios, primera esposa del rey de los vampiros, y mi madre. Y aún mas importante, desde que yo era un crío, tú me...

-Laito, hazme el favor de explicarme qué haces en el baño de la humana.- Interrumpió otra voz grave, tras ella. Esa voz de seda, refinada pero viril.

-Después de que me expliques que haces tú aquí ¡Oh, respetable hermano mayor!

-Retírate. Y te quiero en mi estudio a las 4.

-En un momento. Estábamos picadísimos recordando el pasado...

-Ahora, o me veré en la penosa necesidad de informar a nuestro padre del asunto de la chica en Barcelona.

Laito lanzó su segundo gruñido del día. Extraño, el señorito le había descrito como una persona extremadamente liviana.

-Tsk. Como siempre, exageras hermanito. Deberías calmarte. - Volteó a ver a la sirvienta. -Bueno, al parecer ya no nos dejarán divertirnos. Me retiro, querida madre.

Y se desvaneció, dejando a la sirvienta sola con el señorito. En un pequeño baño, dominado por un silencio sepulcral. El cual parecía que no se rompería si ella no decía nada.

-Señorito...

-No vayas husmeando por ahí. De hecho, no hables más de lo necesario con ellos. Ocúpate de tu trabajo, que no es poco.

-De acuerdo, pero...

Se detuvo a media oración, al sentir el golpe de la mirada asesina del señorito. Ardía como un latigazo.

-¡¿Vas a protestar?!

-No. Disculpe mi imprudencia.- Se disculpó, calmada y seria, haciendo una profunda reverencia. Reiji suspiró y relajó el rostro.

-Ibas a tomar un baño ¿No? Apresúrate para que puedas volver con la niña.

-Si, señorito. Gracias.

-Y, Salomé...

-¿Si, señorito?

-Es enserio. No vayas husmeando donde no te llaman.- El señorito la miraba a los ojos de manera muy dominante. Y esos ojos... Simplemente no podía ignorarlos.

-Entendido,señorito.

-Me retiro.

Y, de nuevo, estaba sola.


Al salir del baño, su señorita la inundó de preguntas sobre lo que había oído tras esa puerta. Salomé le explicó las cosas de manera resumida, omitiendo detalles que ella no tenía que saber, como el comportamiento tan desagradable del joven Laito y la extraña indicación del señorito Reiji.

Después volvieron a caer en el tema del padre de Yui, y su papel en todo este asunto de la novia del sacrificio. Aparentemente la señorita no tenía noticias de él, ni de su hogar, desde que llegó a la mansión. Todo lo que él dijo era que lo esperara ahí.

-Y ¿Eso es todo?

-Es todo lo que me ha dicho.- La chica sonrió. Una sonrisa triste. -Pero ¿Sabes? Ayato ya me ha contado la verdad.

-¿La verdad?

-Yo... Voy a morir aquí. Vine a morir aquí. Ellos beberán de mí, hasta que muera...

Apenas y pudo disimular su cara de conmoción.

No. No le sorprendía el hecho de que fuera a morir. Era el hecho de que lo supiera... No. Era más bien que lo supiera, que supiera que iba a pasar sus últimos días en ese infierno tan elegante, y que aún así tuviera la fuerza de reír y jugar así como lo hacía.

La sirvienta nunca podría olvidarse del pasado. Siempre volvía por ella, a mitad de la noche, cuando todo estaba en silencio, en cuanto bajaba la guardia y esos pensamientos oscuros volvían a atraparla. "Lo desagradable". Eso que la había dejado marcada de por vida, como el hoyo que deja el clavo en la madera.

Para la sirvienta, eso ya nunca volvería. Pero su señorita... Ella no estaba marcada.

Salomé tomó una decisión.

Sin pensarlo más, caminó hacia su señorita y la rodeó con los brazos, acercándola, como si quisiera que nadie la tocara. Y ésta lloró sin restricciones, abrazándose también y escondiendo su rostro en la morena.

-No morirá aquí- Susurró. Ellos no debían oír. La señorita seguía llorando desconsoladamente en sus brazos, desahogando lo que ya no podía contenerse. Quizá ni siquiera había oído lo que dijo Salomé, pero no por eso dejaba de ser real ni perdía peso su palabra.

Viviría. Haría su vida fuera de esa mansión. Cumpliría todos sus sueños, tendría una gran familia, o lo que ella quisiera. Pero Yui Komori no moriría en esa mansión. De eso se encargaba ella.

Con lo que, lo siguiente en la lista, era que la señorita escogiera al hermano que bebería de ella. Alguien con carácter, que supiera oponerse a sus hermanos para proteger a su presa; pero dócil y razonable, para que se pudiera... Llegar a un acuerdo.

No. Eso sería lo cuarto. Lo primero sería buscar un buen escondite para esa maleta y su preciado libro. Lo segundo, buscar un buen lugar al aire libre para volver a habilitar las energías de dicho libro y recargar su magia.

Y lo tercero, encontrar a Haleem.


Yyyyyyyy eso es todo por hoy. Amenme porque de nuevo fué capítulo doble. De hecho, creo que el viernes ya habrá capítulo nuevesito nunca antes visto :D Y si se puede, desde el martes.

Recuerden: Actualizaciones todos los martes, viernes y domingos.

Dejen reviewssssss, porfaaaa, si no no me pagannn (bueno no me pagan nunca, pero como quiera)

-Matta nee.


Mansión Sakamaki

Estudio

4:02 am.

-Al fín te apareces hermanito mayor. Es de pésimo gusto citar a alguien y hacerlo esperar ¿Sabes?

-Tienes razón. Pido disculpas por mi descortesía. Fue un asunto sin remedio.

-Oh, vaya. ¿Me has dado la razón? ¿Y te has disculpado? Debí grabar eso como mi nuevo timbre para el móvil.

-Déjate de tonterías o te quitaré ese condenado aparato. Y más te vale alejarte de la nueva sirvienta.

-¡Qué oportuno que toques el tema! ¿Por qué narices me has interrumpido de esa manera?

-Eso no importa. Aléjate de ella.

-Mira, me hablas tú, o yo le hablo a ella. Y a ver como me detienes. No puedes vigilarme todo el día ¿O sí, futuro señor empresario?

-Breve silencio. Miradas intensas-

-Bah. Haz lo que quieras. No entiendo cómo puedes buscar involucrarte con la servidumbre de esa manera.

-Así es mejor, querido Reiji.

Nunca trates de entenderme, sólo déjate llevar.