Capítulo 4:
Subaru
o
La primera impresión.
Extractos del diario de Subaru Sakamaki.
Jueves, 13 de junio
No me agrada la nueva sirvienta. Apenas ha llegado esta noche, pero sé que ya ha conseguido llamar la atención de todos nosotros, y dudo que para bien. O bueno, al menos no en mi caso.
No llevaba una hora aquí, y le ha disparado a Ayato.
Bueno, para ser justos, lo encontró atacando a la humana, y la sirvienta es algo así como su niñera. También hubo una larga pelea antes, así que no es como si esa hubiera sido su primera opción. Además, según dijo ella, despertará en menos de una semana; y le creo, porque Reiji nos lo ha confirmado. Pero fue algo tan frío, tan visceral...
Alguien capaz de eso, alguien tan barbárico ¿Podría cuidar de la humana?
Viernes, 14 de junio
Hoy he hecho la tontería más grande de mi vida.
Acababa de caer la noche. Yo estaba saliendo de la torre de mi madre y me dirigía al jardín. Una vez más, la visita terminó con mi madre sufriendo uno de sus ataques, y corriéndome a golpes y gritos.
Cómo quisiera que volviera a ser ella.
Pues en fin. Estaba caminando por el jardín de rosas, a tratar de relajarme y olvidar un poco; y de pronto tropecé con algo a mitad del camino. Apenas alcancé a meter las manos para evitar besar el suelo. Pero si no hay piedras en el jardín, y mucho menos de ese tamaño ¿Quién deja algo de ese tamaño tirado afuera, así como así?
Grande fue mi sorpresa cuando la vi, a la humana, hecha un ovillo y llorando desconsoladamente. Levantó la vista despacio. En cuanto se dio cuenta de quién era, murmuró mi nombre sollozando. Estaba asustada y débil, lo sé, pero esa actitud tan patética es insoportable ¿Qué hacía ahí tirada, mirándome como tonta? Encima, me había lastimado por su culpa. Quería gritarle un montón de cosas, pero ni era su culpa, ni me hubiera entendido.
"¿Qué carajo haces aquí?" Fue todo lo que dije.
Con la misma dificultad desesperante, respondió sólo dos palabras: "Yo" y "Kanato".
Igual, no necesitaba más que eso, y verla, para darme una imagen bastante clara de cómo se habían dado las cosas. Tenía la ropa rasgada, el cabello revuelto y estaba bañada en sangre y tierra. Ese maldito enano psicópata.
Por lo visto, la había dejado tan mal que no podía ni levantarse sola. Incluso la ví intentarlo de nuevo en ese momento, pero fracasó.
Si la dejaba ahí sola, el enano psicópata regresaría por ella, y la mataría. Claro que ese no era mi asunto. Y Yui es una humana, una de esos seres desagradables que destruyen lo que sea y a quien sea, incluso entre ellos, para conseguir lo que quieren.
Excepto... Que ella ni si quiera ha de saber lo que significan esas palabras.
No había remedio. La tomé en brazos. "Subaru" volvió a decir, ahora un poco más alerta. Sin pensarlo, le tapé la boca, y la llevé a su habitación.
Y ahí, de nuevo, me dominó la ira. No pude contenerme más. Le grité barbaridad y media: "¡Pero si eres tonta!" "¡Si te hubieran oído, te mataban! ¿No lo entiendes?" "¡Si no puedes ayudar, al menos no me estorbes!". Para cuando me dí cuenta, la chica estaba llorando.
A veces de verdad me odio.
Pero lo que más odié, fueron sus dulces palabras. Siguen zumbando en mi cabeza: "Lo siento" Me dijo "Sé que soy débil y tonta. Ya no volveré a molestarte ¿Bien?" Las lágrimas seguían nublando sus lindos ojos rosas, pero aun así peleaba por sonreírme. De verdad no entiendo a la humana. Le había hablado de manera horrible ¿Por qué me sonreía? Era obvio que no estaba feliz.
La abracé. No sé muy bien mi intención tras ese abrazo. Supongo que solo quería que dejara de llorar. Eso hacía mi madre cuando yo lloraba de niño, en sus breves momentos de lucidez, y era la sensación más reconfortante del mundo. Sé que Yui ya no tiene la edad de una niña, pero es una niña. Se molestaría si se lo dijera, pero es la verdad.
Y, al parecer, funcionó. O quizá fue porque la asusté. No lo sé. No pude ver su rostro. Pero dejó de llorar, y lentamente se calmó.
"No hagas nada arriesgado" Le dije, sin soltarla. "Hoy te has alejado de tu niñera ¿Verdad? No sé por qué lo has hecho, pero no vuelvas a hacerlo. Ella es lo único por lo que sigues viva. Si vuelven a descubrirte sin ella, te matarán sin pensárselo"
Bueno, algo así fue lo que dije. No lo recuerdo muy bien, porque en ese momento me di cuenta de que no estábamos solos. La sirvienta estaba ahí con nosotros. Y no tengo idea de por qué, pero me estaba clavando la mirada. Esa mirada fascinada, y esa sonrisa de intriga.
Al mismo tiempo entendí dos cosas:
Una, es que odio esa mirada.
Y la otra, es que acababa de cometer la tontería más grande de mi vida.
Sábado, 15 de junio.
Laito está bastante extraño, últimamente. Y no es que sea mi hermano favorito, ni que me preocupe él más que los demás. Muy por el contrario, siempre me ha parecido el más ridículo de esos cinco. Pero es que ¡Ahora está insoportable!
Al parecer, ha hecho un nuevo amigo, Jarimu-kun. Todo estaría perfecto si la cosa fuera así de simple. El problema es que no deja de hablar de él. Jarimu-kun, Jarimu-kun, Jarimu-kun. ¡Me zumban los oídos con ese nombre!
Eso es lo molesto. Lo extraño es que está tan obsesionado con su nuevo amigo que ya no parece prestar atención a sus chicas. ¿Será que ya se ha hartado de las mujeres? ¿Será que, como ha probado ese nuevo tipo de compañía, buscará otro tipo de placeres?
¡Asco! ¿Me habré vuelto loco? Laito jamás se cansaría de las mujeres.
Nah. Ha de estar emocionado por su nuevo amigo. O quizá busca darle celos a la nueva sirvienta, pues he notado que lo menciona más estando cerca de ella. Y la sirvienta sí que se parece a su madre...
Por cierto, hoy no he visto a la humana ni a su niñera por ningún lado. Quizá eso debería calmarme. Pero desde lo de ayer no he podido quitarme esa horrible sensación de ser observado... Acechado...
Domingo, 16 de junio.
¿Existirá algo como un medio deja-vú? Bueno, pues si no, ahora yo lo he inventado.
Era media noche, y tenía antojo de algo dulce. No me sucede muy seguido, pero hoy tenía unas ganas incontrolables de alguna de las especialidades en repostería de Reiji. Así que, esperanzado de que hubiera dejado algún experimento suyo en la nevera (de los comestibles) decidí salirme de mi habitación. Pero cuando apenas iba entrando a la cocina, cierta personita chocó de lleno contra mí.
"Su...baru..." Murmuró, incorporándose y tocando su cabeza. Y de la nada tomó mi mano "¡Subaru, tienes qué esconderme, por favor!" Seguía murmurando, pero con un tono mucho más desesperado. Sus grandes ojos rosas también dejaban ver su ansiedad.
En el piso de arriba, los trillizos (bueno, los dos conscientes) estaban armando un alboroto. No entendía muy bien lo que estaba pasando, pero no quería buscarme nada con su niñera. Me solté rápidamente de su mano "¿Y yo por qué voy a ayudarte?"
No respondió nada, y dejó de clavarme la vista de inmediato. Ya se había rendido y se iría a esconder. Eso era lo mejor, que fuera a esconderse con su niñera. Estaría más segura así. Estaba tan seguro de que se iría de un momento a otro, pero...
"Has bajado por un bocadillo ¿A que sí?"
"¿Huh? ¿Pero cómo lo sabes?"
"Te he visto cómo mirabas la nevera camino aquí. Reiji ha dejado unos parfaits de chocolate a endurecerse para la cena. Si me ayudas, puedes tomar uno y echarme la culpa a mí. Así te quedará otro para la cena, y no te meterás en problemas."
Francamente, no tenía opción. No soy bueno, y jamás pretendí serlo, pero no podía simplemente dejarla morir a manos de esos dos. Además, Reiji hace un excelente parfait.
Pensé en llevarla a su habitación y luego ir por su niñera; pero era demasiado obvio, los otros no tardarían en encontrarla. Al final, opté por esconderla en mi ataúd mientras buscaba a la sirvienta. Si conseguía que se quedara callada, quizá tendría una oportunidad.
"Silencio" Le dije antes de destaparle la boca, ya estando en mi habitación, al lado de mi ataúd. Ella asintió despacio. La solté, destapé el féretro, la metí y entré yo también antes de volver a taparlo, pero ¡Claro! La niña gritó del susto ¡Lo primero que le digo que no haga, lo primero que hace!
"¡Silencio, maldita sea!" Siseé
"Pe... Perdona... Es que…"
"Es que me has asustado" Me burlé de su vocecita. Ella bajó la mirada, sonrojada. Tengo qué averiguar cómo provocarle esa cara. Se veía linda.
En ese momento, me di cuenta de un errorcito en mi brillante plan: El ataúd era para uno. No importaba cómo me acomodara, estaba encima de Yui, y la tapa no cerraba si no estábamos completamente pegados. Jamás me había sentido tan incómodo, en más de una manera, dentro de esa caja. Espero que la niña aprecie todo lo que hago por ella.
Desesperado, abrí la tapa de un golpe. Pensándolo bien, de todas maneras, esos dos nunca le dedican tanto tiempo a una sola cosa; así que en ese aspecto, estaba a salvo. Pero quisiera no haberlo hecho.
"Vaya, joven Subaru. Pero ¿Es que no le han enseñado lo que significa llevar a una chica a la cama?"
De nuevo, la sirvienta con la sonrisa odiosa.
"Da igual. Todavía… Tiene tanto qué aprender. " Dijo, y se fue antes de que pudiera yo decirle nada. Yui me abrazó, como hace dos noches, y yo igual (aunque lo mío fue más bien un reflejo). Y se fue con su niñera.
Maldita sirvienta, y maldita su sonrisa. ¿Dónde rayos estaba hacía una hora? ¿Y hace dos noches? ¿Dónde rayos está cuando de verdad se le necesita? Y no es como si sólo estuviera observando sin hacer nada. Algo trama, lo sé. Pero sea lo que sea, no está cumpliendo su deber con Yui. Y no creo que necesite que le digan que Reiji no tardará en despedirla si incumple su tabajo así.
Lunes, 17 de junio.
Estoy asustado.
La casa estaba casi a oscuras. La limosina acababa de dejarnos de vuelta en la mansión. Yo estaba tan cabreado como siempre con la puta vida. Con la puta vida y con la puta geometría por no dárseme como materia. Pensándolo mejor, y como siempre, exageré mi reacción. Pero enserio ¡Un tres! ¡Un maldito tres en el maldito bimestral! Reiji me desollaría a latigazos. No sin antes dejarme sordo a gritos. Y eso sólo después de asesinarme con la mirada, o con uno de sus "experimentos en nombre del progreso". Pues bien, llegué con todas estas cosas rondando en mi cabeza. La ira, la frustración, el miedo. No pude evitar descargarlo todo de un golpe contra la pared a la entrada de la sala.
"¡***********!" Oí un grito, en una lengua desconocida.
Ni siquiera me había dado cuenta, pero la niñera de la humana estaba limpiando la alfombra al otro lado. -¡Joven Subaru! Me ha dado un susto de muerte.- Dijo la sirvienta, con una mano en el pecho. Pero claro, calmada y risueña como siempre -¿Puedo preguntar por qué se ha decidido a destrozar esta casa?
Sus palabras me confundieron por un momento.
"Tsk! Ese no es tu maldito asunto. Es mi casa y yo hago lo que quiero."
"Joven Subaru..." Oí su voz. Sin embargo, aunque la oía calmada, ya no estaba risueña. Me giré a verla. Un aura sombría provenía de ella. –Debería calmarse un poco ¿No lo cree?
"Creo que la que debería calmarse eres tú, sirvienta." Usé el tono más despreciable y grosero que pude al final. Me da asco recordarlo, pero si Reiji no puede hacerme obedecerlo y respetarlo así porque sí, mucho menos su empleada.
Sin embargo, cuando la vi de nuevo, se me bajaron todos los humos. De inmediato pensé en disculparme, pero el habla me abandonó. Ya no estaba sonriendo. Su rostro… Era como ver a una fiera herida. Y una fiera herida es algo muy peligroso.
Asintió, y se fue. Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
No pasó nada en toda la noche. Shu, Reiji y Kanato estuvieron encerrados en sus habitaciones; Laito salió con su Jarimu-kun de los cojones, y no llegó a cenar. Yui estuvo haciendo la tarea, sin despegarse de su niñera. Ayato sigue inconsciente, claro.
Pues bueno, terminó la cena y todo fue inusualmente tranquilo. Quizá debí tomármelo como una señal de que las cosas no iban bien. Quizá también debí tomarme como señal de esto el hecho de que la sirvienta no levantara la vista de su plato, y siguiera sin sonreír. Quizá hubo muchas cosas que debí tomarme como señal de lo que venía.
"Todos, menos Subaru, pueden levantarse." Anunció su señoría. Y nos quedamos nosotros dos en el comedor.
Así que esa era la venganza de la sirvienta, pensé yo. Seguramente vió la boleta en mi mano y le habrá ido con la noticia al capataz.
"Mira, Reiji, la geometría no se me da ¿Si? Y no importa lo…"
"Ahorita no quiero hablar de ese pequeño síntoma, sino de tu verdadero problema."
"¿Qué? ¡Yo no tengo ningún…"
"¡Silencio! No estoy discutiendo contigo, así que cállate y escucha. Tienes un problema de actitud, y eso no está a discusión. Si quieres demoler tu cuarto a golpes, adelante; pero la casa es de todos, y no es justo que destruyas lo que no te pertenece. Estás castigado por un mes por el hoyo en la pared de la sala, y con cada nuevo incidente será otro mes."
"Como sea" Dije, dispuesto a irme. "No salgo mucho que digamos"
"Y lo pasarás como asistente de Salomé"
Ni siquiera recuerdo qué respondí a eso. Pero no pudo ser mucho mas que "qué"
"Debes completar, por lo menos, tres horas al día. Ella te dirá qué hacer. Cosas que yo he autorizado. Empiezas mañana."
"¡Pero no puedes dejarla a cargo de mí!"
"Ah, no te gusta ¿Verdad? Bueno, entonces empieza a cuidar tu carácter."
"¡No! ¡Pero…!"
"Buenas noches." Dijo, y se fue.
Y es así como he caído en manos de esa sirvienta. Esa que le voló la cabeza a Ayato. Esa a la que de verdad he hecho enojar.
Y hasta aqui llegamos con lo que ya había subido. Aaaaa perdón que no les haya puesto nada nuevo hasta hoy. Pero prometo que para el viernes hay capítulo nuevesito :D
Bueno, al menos sigo cumpliendo con la fecha de entrega :$
Tuve mi primer review! (y sólo tuve qué esperar hasta el capítulo 3 .-.)
DjLoveMLP: Pues le sigo :D Te veo el vierneeees.
-Matta nee.
