Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Segundo Capitulo Extra: Levantarnos juntos.
El ojiverde se encontraba sentado sobre la cama de su habitación con los pies apenas tocando el suelo. Su mirada esmeralda está perdida en algún lugar inexistente de la habitación y lo ve con tal atención que pareciera real. Lo que él está viendo no está en su cuarto, ni está con él. Lo que está viendo lo atormentará por siempre, mientras aún lo recuerde; el cuerpo inerte de su amigo yacía en el suelo cuando segundos antes había soltado un último suspiro el cual le arrebató la vida.
Un suspiro
Un último suspiro por parte del castaño hizo eco en la medio vacía habitación al tiempo que un ruido horriblemente estruendoso en la puerta lo saca del vórtice mental en el que se sumergió. Alguien golpeaba la puerta, lo hacían incluso mucho más suave de lo normal y aun así Onodera Ritsu los seguía escuchando tan fuerte que pensó en cubrirse los oídos, pero su cuerpo no respondió.
—Joven amo, le traje su comida —dice una voz al otro lado de la puerta. Él sabe quién es, sin embargo su mente no lo asimila y simplemente no responde. Más que tener la mente en blanco, estaba totalmente oscura y no era capaz de encontrar la luz.
—Por favor abra la puerta, tiene que comer algo.
El ojiverde frunció el ceño, deseando rotundamente que esa ruidosa voz se callara pues ni siquiera entendía lo que trataba de decirle. Su estómago sin embargo hizo un ruido extraño, pero el ojiverde también lo ignoró así como el hecho de que la ventana de aquella habitación estaba totalmente abierta y el frío viento había atrapado aquella habitación en un gélido ambiente a pesar de que afuera se encontrara un día soleado y alegre como cualquier otro día en verano. Sin más fuerza en la columna como para mantenerse sentado, se dejó caer para atrás, recostándose boca arriba sobre su cama. Ahora el foco de la habitación estaba sobre él y le era increíblemente molesto.
Ritsu como tratando de ahuyentar el foco arrugó la nariz y apretó el puño, sin embargo seguía ahí sobre él. Escuchó un suspiro del otro lado de la puerta y también la bandeja de metal chocar contra el suelo. El mayordomo le había dejado la comida fuera de su puerta y sin embargo él seguía sin entender lo que sucedía.
Se acercó a la ventana y dejó que el frío viento le golpeara el rostro mientras cerraba los ojos y segundos después puso ambos pies sobre el marco de ésta. Si no hubiera un árbol justo enfrente, eso parecería totalmente un suicidio. Su corazón dio un pequeño salto, dando señales nerviosas mientras ésa última palabra resonaba en su mente. Sacudió levemente la cabeza y saltó hacia el árbol para bajar con cuidado y dirigirse a la salida de aquella mansión.
Rápido
Antes se había limitado a caminar torpemente mientras sentía un agudo dolor en sus músculos y aun así segundos después ya se encontraba corriendo.
Al salir respiró hondo, como si algo lo hubiera estado sofocando. De repente miró hacia atrás y no pudo ver más que oscuridad y entre ella la desagradable escena de su amigo perdiendo la cordura y limitando su personalidad. Se sintió sofocado de nuevo y corrió mucho más rápido esta vez hacia un lugar ya conocido.
Quería escapar de ése lugar, de las responsabilidades y reglas absurdas en su casa y de la sociedad.
Después del asesinado de Brent, Ryou fue hospitalizado en una clínica de salud mental y él sólo fue llevado al hospital. En cuanto sus padres se enteraron fueron por él y parecían más que enojados, victoriosos. "Te dije que pensaras dos veces sobre venir a Inglaterra, ahora mira lo que te ha pasado y no es nuestra culpa".
Tenían razón. No fue nadie más que él quien pidió ir a un país desconocido para tratar con gente desconocida en un ambiente desconocido. Ahora eso le había pasado y no podía más que culparse a sí mismo.
Ritsu escaló la gran reja del parque que le indicaba que estaba más que cerrado, clausurado pues los animales dentro de él empezaron a perecer. Sin importarle nada corrió hacia su árbol preferido desde que era niño y se sentó a sus raíces. Ahora se encontraba de regreso en Japón, en su casa y con su familia, pero ¿por qué se sentía como si lo hubiesen encerrado? Incluso a pesar de que su padre le había dicho que le conseguiría un puesto de editor en su empresa familiar, a pesar de agradecer la preocupación de su padre por él, a pesar de que se supone que ése súper-alegre y soleado día era su primer día de trabajo… ¿por qué se sentía tan infeliz? Es verdad que podía hacer algo, podía alejarse de sus dos amigos para protegerlos pues estaba consiente que si sus enemigos se enteraban de que él tenía amigos cercanos irían contra ellos también. La única forma de herir a una persona más que físicamente era destruyéndolos mentalmente, y lo habían hecho bien.
Un gato negro que pasó frente a él lo sacó de sus pensamientos. Éste se le quedó mirando tan fijamente que el ojiverde creyó que tal vez podía ver su alma.
—Si la estás viendo dime, ¿cómo es?
Pero él sabía la respuesta, era un agujero oscuro, eterno y radioactivo. Cualquier persona que quisiese mirar dentro nunca regresaría.
Ritsu se sentó en el pasto y extendió una mano al gato negro quien no dudó en acercase. Por alguna razón la imagen de su Senpai le vino a la mente otra vez de muchas más. Ya habían pasado casi siete años desde lo que pasó con su amor de secundaria y aun así nunca logró olvidarlo. Si bien la imagen de su rostro ya estaba algo empañada, no dejaba de aparecerse cuando estaba en la cama con otra persona o cuando se encontraba a solas. Probablemente su Senpai le diría "¿Te encuentras bien? Yo sé que no lo estás. Anda, te compro el dulce que más disfrutas y mientras caminamos por el parque me cuentas, me tienes para ti."
Claro que ése sólo era el falso Senpai del que se había enamorado pues después descubrió que no fue así, Saga-senpai nunca estuvo enamorado de él.
La mirada del ojiverde se perdió en los ojos miel del gatito negro. No podía dejar de verlos y no podía dejar de pensar en su Senpai aun sabiendo que tenía un amigo lejos de él en serios problemas.
Levantó la mirada al cielo y se encontró con la burla taciturna de la Luna, en el mismo cielo con el Sol. Era como si dos mundos completamente diferentes estuvieran destinados a juntarse en ése súper-alegre día. Sin embargo, el brillo de la sutil Luna le recordó a la última mirada que le había dado su amigo antes de morir. ¿Qué habrá pensando en ése momento? ¿Pensó en sus momentos buenos o en los malos? Ritsu se sostuvo el pecho con fuerza, sintiéndose mareado. Por alguna razón, siempre que se sentía perdido volteaba a ver a la Luna y era de hecho un muy agradable regalo que estuviera con él en ése momento, pero sabía que ése hábito era estúpido pues, ¿qué haría cuando sólo su lado oscuro se alzara? ¿Perecer en psicosis, como lo hacía Ryou, entre ramas y animales muertos? No era para más. Después de todo, su mejor amigo fue asesinado por acoso, como si fueran niños. Era como el típico "Si no me das de tu dulce, te pego".
Ése pensamiento lo hizo enfurecer y de repente la mirada tan apacible del gato negro a su lado lo molestaba. La furia crecía dentro de él y lo único que quería era golpear cualquier cosa que viera, y justo cuando se dispuso a golpear al árbol que le ofrecía su regazo se detuvo, pues pensó, ¿qué lo haría diferente a esos inmaduros asesinos? Exigiendo cosas con violencia no iría a ningún lado, y la verdad ya estaba bastante cansado para intentar algo. Se disculpó mentalmente con el árbol al que casi masacra y se sentó de nuevo en su regazo al tiempo que suspiraba. Ver los pétalos del cerezo caer con lentitud le recordaron inevitablemente a Saga-senpai de nuevo. Al final su vida se volvió tan oscura y miserable que el único candelabro disponible encendía un fuego llamado "el chico que rompió tu corazón en secundaria". Y ése fuego ardía en su memoria e incendiaba entero su corazón, sin embargo era la única cosa cálida en él. Cerró los ojos, recordando el día en que se le declaró sin más reparo, el día en que tuvo su primera conversación amena con él, cuando lo invitó a pasar tiempo en su casa… y perdió la virginidad con él. Por supuesto que no se arrepentía, estaba asustado y nervioso, sin embargo podía decir que sus sentimientos en ése momento eran lo más puro que jamás sintió. Así igual con los días que pasó junto a él, escuchándolo, hablándole o simplemente mirándole. Le dolía su recuerdo pues sabía que nunca sería capaz de sentir algo similar de nuevo, ni de broma.
Y es que ni siquiera lo intentaría.
De repente una idea cruzó por su mente; ¿Por qué seguir siquiera respirando si nunca volvería a sentir algo así? No volver a sentir la calidez de un amor verdadero. ¿No sería sólo prolongar su sufrimiento?
El chico de ojos verdes trató de buscar de nuevo el brillo de la Luna en el cielo, pero su mente no conectaba con su mirada y sólo vio una tensa oscuridad rodearle. Se sintió como si hubiera tenido una epifanía. La verdad, tenía razones de sobra para dejar de vivir, relativamente. Ha estado expuesto a estrés por su familia desde que nació, antes de entenderlo ya tenía responsabilidades e incluso prometida, su primer amor lo engañó cruelmente y cuando quiso hacer algo por su cuenta e irse a otro país para hacer otra historia sufre de bullying constantemente, asesinan a su mejor amigo y le dan un dos por uno en personalidad con Ryou. Todo esto mientras su madre se pierde en alcohol y su padre juega al teatro con su vida. Dejó caer su cuerpo sin gentileza contra el suelo al tiempo que cerraba los ojos. Era una decisión difícil, sin embargo no tenía a nadie más que lo apoyase y realmente no le apetecía ir a su nuevo trabajo y que lo fulminaran con la mirada día a día. Abrió los ojos y dejó que su cuerpo se moviera por sí mismo. Después de todo, en ése mundo él sólo es un monstruo con apariencia humana. La gente no aceptaba que fuera diferente a ellos, tenían que verlo en el suelo, sucio y marchito para poder pisotearlo y sentir satisfacción por sí mismos. Al caminar vio algunas flores que yacían en el suelo derrotadas por el viento y pasó sobre ellas para ver si sentía satisfacción, sin embargo se sintió mal al instante. Definitivamente era un monstruo de una especie diferente a la egoísta especie humana. Caminó por un puente que estaba sobre un hermoso lago. La altura del puente era la ideal, había muchas piedras y era lo suficientemente profundo. Si no se golpeaba la cabeza con una piedra se ahogaba. Se detuvo a mirar el reflejo de la luz del sol sobre el lago. Era muy molesto pues era un día bastante soleado, sin embargo él sentía frío, sentía neblina y sentía como si fuera de noche. Definitivamente la percepción de la vida es relativa. Volteó a ver a la Luna de nuevo y buscó una respuesta… ¿Enserio quería hacerlo? Claro que no. ¿Pensar en la gente que lo quiere? ¿Quién? Bueno, sabía que su padre en realidad no lo despreciaba, sólo estaba desesperado. No tenía idea de los sentimientos de su madre. También estaba Ryou quien estaba pasando por un rato bastante malo, no podía sólo dejarlo varado en este mundo, tenía que apoyarlo. De repente el sonido de su celular lo sobresaltó, ¿de verdad trajo consigo ése molesto aparato? Vio el nombre del contacto y supo que tenía que contestar, aunque estuviera a punto de aventarse desde un puente.
—Padre.
— ¡¿Dónde demonios estás?! Tienes que presentarte ante tus nuevos compañeros, ¿sabes? Tu retardo sólo hará que tu reputación quede por los suelos. Ven acá en éste momento.
Desgraciadamente su padre tenía razón. La verdad la idea de terminar con su vida era tentadora pero no era la respuesta. Sabía que si se esforzaba podía ofrecerle algo a la vida y ésta lo apremiaría, seguro. Suspiro y apartó la vista del lago, atravesando el puente para ir hacia la salida del parque y hacia su nuevo trabajo.
—Lo siento, el tráfico me atrapó pero iré lo más rápido que me sea posible.
La persona del otro lado guardó silencio, como si en ése momento estuviera viendo hacia la ventana y supiera que no hay nada de tráfico y que estaba mintiendo, sin embargo le contestó de buen modo.
—Está bien, ten cuidado.
Por un momento se sintió mal por siquiera haber pensado en acabar con su vida. Marcaría su nuevo trabajo como un punto de reinicio en su vida y daría lo mejor de sí.
Agh, maldito sea cada minuto existente. ¿No podían entender que simplemente se había atrasado un poco y ya? La gente es muy exigente con el tiempo, y eso que no existe. Basta con ver la dirección de tu sombra para notar que el día avanza.
En su apresurado camino hacia la editorial, se encontró con una librería que promocionaba un libro nuevo de un autor nuevo. Se sorprendió al ver que el nuevo volumen trataba de lo que estaba a punto de llevar a cabo.
"Los ojos de un suicida".
No pudo evitar quedarse viendo el libro fijamente. La portada realmente no le interesaba, era el contenido lo que le interesaba. ¿Hablará del suicidio para prevenirlo o promoverlo? ¿Tendrá trama? ¿Serán relatos o poemas? ¿Enseñará algo? Bueno, todo libro enseña algo, la visión del mundo del autor.
Un chico un poco más alto que él y de cabello castaño oscuro se detuvo a su lado.
— ¿No crees que es realmente triste? Pensar que ése tipo de cosas existen…
Ritsu no quería voltear a verlo y sólo le respondería que sí para que lo dejara en paz, pero notó que lo que dijo fue verso y por curiosidad volteó, sin embargo el chico ya había retomado su camino y ahora le daba la espalda. Oh bueno, trataría de no pensar en ello.
Retomó su camino al lado contrario del cual había ido el chico que le habló. Como no había tráfico llegó mucho más rápido de lo planeado y su retardo marcó sólo quince minutos de la más de media hora que estuvo en el parque, como si el universo hubiera conspirado para que no tuviera tantos problemas.
O eso había pensado, hasta que vio por primera vez a sus compañeros y sintió como moría cinco veces por sus miradas asesinas. Titubeó un poco pero juntó coraje y los enfrentó. Ellos rápidamente repusieron su postura y antes de que pudiera presentarse formalmente ante todos el editor en jefe se adelantó.
—Onodera Ritsu, el hijo del jefe. No te preocupes, estamos seguros de que podemos pasarla bien juntos. Nos aseguraremos de que sepas todo acerca de la edición de libros.
El castaño y el editor en jefe del departamento de Literatura de la Editorial Onodera compartieron un firme apretón de manos. En menor sintió como su rostro enrojecía por la emoción, y pensar lo que hace algunos minutos estaba a punto de hacer.
En ése momento sintió como si lo hubieran aceptado en una familia. Todos hablaban bien con él, todos le sonreían y estaba a su servicio. A veces hacían bromas sobre su puesto en la compañía pero siempre trataron de hacerle ver que no eran más que bromas.
O eso pensaba.
Como todo hijito de papi, claramente tenía que ascender o perecer así que su padre se encargó de dejarlo a cargo de los autores más prestigiosos de la empresa. Y a pesar de que los demás editores respondieron a ello con una sonrisa, sólo fue cuestión de tiempo para que Ritsu se diera cuenta de la hipocresía detrás de sus "orgullosas" miradas.
"Él no hace nada y ascendió tan rápido". "Ni siquiera es tan bueno". "Sólo está aquí por su padre". "Hace best sellers sólo por los autores y no por su talento". "Él…"
Blah, blah, blah.
Tan abrumadora fue la realidad que tuvo que tomarse un momento en el lavabo de los baños. Y es que después de todo nunca pudo escapar del teatro que era su vida, con actores que sólo se ponen una máscara, le dan palabras de aliento y reciben su pago. Ninguno de ellos estuvo nunca orgulloso de él y nadie lo apoyaría nunca. Y esas críticas le dolieron porque a pesar de que fueran verdad, había puesto todo su esfuerzo y dedicación en cada uno de los libros que editó, un pedacito de su alma se iba en cada uno de ellos y sin embargo ellos sólo podían verlo, despectivos.
Suspiró.
Entonces les mostraría.
Les mostraría que él no sólo hacía ediciones estándar como hacían todos. Se esforzaría el doble aunque le cueste y les mostraría que podía lograr best sellers sin el beneficio familiar ni de contactos. Conmovería al mundo y los haría ver su talento.
Rápidamente salió del baño y marcando fuertemente sus pasos al caminar, se dirigió a la oficina del Director, dándole un anticipo de su renuncia. Después se enteró de que a Ryou lo habían "dado de alta" o sacado a la fuerza por su familia del hospital mental. Seguramente lo habían hecho aunque Ryou no se encontrara todavía del todo bien y habían pensado en el "qué dirán" antes que en el "cómo estás". En fin, así fue criada la sociedad.
Mientras tanto Ritsu se detuvo a pensar, y es que la gente de verdad estaba tan podrida que no podía ver el arte detrás de cada texto literario que editaba. Ellos sólo buscaban su propia conveniencia pero está completamente bien, después de todo sabía que había un botón de reinicio para la vida que siempre le daría otra oportunidad si es que se esfuerza al máximo. Se salió de la empresa de su padre y entró a otra completamente desconocida en otro departamento.
Así, y de manera inesperada, se reencontró con su primer amor. No quería tener nada que ver con él, pero al enterarse de que todo fue un mal entendido y que Saga-senpai, ahora Takano Masamune, realmente lo amó hasta ahora no pudo más que sentirse como las flores que pisó en el parque. No podía decir que todo era su culpa por orgullo, pero sí sabía que precisamente por el amor que seguía sintiendo por Masamune, no lo involucraría en sus problemas sólo para lastimarlo de nuevo.
Sin embargo, precisamente por ésa razón no podía editar manga para chicas con normalidad. Masamune sabía que Ritsu no podía ver que el amor trata de apoyarse y quererse ante todo, incluso ante los diez años que estuvieron separados, pero era capaz de sentirlo pues sus sentimientos sólo se hicieron más fuertes con el tiempo, entonces sólo era cuestión de abrirle los ojos.
Así mientras tanto, Masamune nunca dejaría a Ritsu solo, puesto que sus universos se habían fusionado, desde el día que le dijo unas palabras en verso frente a la librería, desde mucho más atrás cuando lo dejó ver su alma en la secundaria, y la guerra ahora los involucraba a los dos. Sería su primer soldado y arrasaría con cualquiera que le quisiera hacer daño.
Se propuso proteger contra todo a Ritsu, sin embargo Masamune se dio cuenta que éste se seguía levantando aunque el viento soplara fuertemente contra él.
Después de darse cuenta de eso, el mayor no pudo más que entregar su corazón plenamente pues compartían un secreto y por él sabían que la esencia de su personalidad antes y ahora permanecía.
Y era que aunque la oscuridad, la tristeza, el odio y todos los malos sentimientos que siempre los habían perseguido les susurraran cada noche que nada saldría bien, que era mejor rendirse ya, ambos se veían a los ojos y sonreían pues se sentían complacidos.
¿Por qué? Porque si ése fuera el caso, se levantarían si volviesen a perecer, y la satisfacción de no sólo levantarse de nuevo, si no levantarse juntos cada día, nunca podría igualarse.
