Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Décimo primer Capítulo: Anhelos.
Por mala suerte, al parecer la sospecha del menor había sido correcta y su temor se había cumplido. Su amigo y el otro estaban presentes. Primero fue una risa tórrida y burlona por parte del otro, después un quejido adolorido de su amigo. Atónito y sin poder creerlo lo observó atentamente hasta que una voz familiar lo sacó del trance.
— ¿Onodera? ¿Qué haces aquí? —era la voz de su jefe detrás de él, quien había observado la escena de hace unos instantes.
—Takano… ¿No estabas en el trabajo?
—Nunca dije que estuviera ahí, dije que te esperaría ahí.
La risa de Ryou distrajo su pequeña disputa. — ¿Él debe ser Takano Masamune? Sé poco sobre usted, pero es un gusto conocerlo —dijo Ryou quien no pudo esperar a ser presentado.
—El gusto es mío, debes ser Iemochi-san —dijo Takano sin querer quedarse atrás en las presentaciones prontas.
— ¿Ricchan le ha contado sobre mí?
Masamune estremeció ante el apodo de su pequeño casi amante, pues no había escuchado que alguien más se lo dijera aparte de Kisa-san y su prometida, pero sabía que por ninguno de los dos habría problema y que ahora saliera "su amiguito" llamándole tan cariñosamente no le agradaba. Masamune se aseguró de dejar en claro lo que era suyo y enseguida rodeó a su primer amor por los hombros y acortó la distancia.
—Bueno, un poco. Ahora si nos disculpas hay mucho trabajo por hacer y poco tiempo, hasta luego.
Sin dejar Ryou siquiera responder algo, dieron la vuelta y regresaron a la estación del subterráneo sin voltear atrás, o mejor dicho, sin dejar a Ritsu voltear atrás.
Una vez entrando al subterráneo el mayor arrastró a Ritsu a los lugares que más solos se encontraban y cuando se hubieron sentado, Onodera obligó al mayor a soltarlo su agarre.
— ¿Qué haces aquí? Pensé que ya estabas en la oficina.
—Pues te estaba esperando fuera del departamento hasta que me di cuenta que te habías ido, así que al venir pensé en comprar algunos souvenirs para los chicos.
Ritsu suspiró, acomodándose en su asiento. Permanecieron un momento callados, esperando que alguno dijera algo.
—Así que… ¿Qué compraste? —trató de averiguar el ojiverde. Masamune sin responder sacó una barra de chocolate igual a la que le había invitado antes su amigo. Por un momento sintió que le estaba hartando el chocolate, hasta que vio cómo su jefe ponía un trozo entre sus labios y se acercaba rápidamente a los del castaño, sin dejarle escapatoria. El mayor estaba manejando el chocolate con sutileza, con una delicadeza increíble tal vez para no lastimar al menor, pero esto sólo hizo que el ojiverde deseara un beso más profundo. Cerró los ojos y se contuvo hasta que el mayor se separó de él. Ritsu agachó la cabeza con el ceño fruncido pues no podía creer lo que estaba sintiendo. Realmente había estado a nada de corresponder con más fuerza el beso de su jefe, sin embargo no podía, no aún.
— ¿Qué pasa? —le preguntó el mayor.
—Realmente apreciaría que dejaras de hacer cosas como esta, más aún cuando estamos en público.
Masamune lo miró, despectivo. Sabía que eso no era realmente lo que el menor quería decir y sin embargo lo estaba diciendo. Desde que se volvieron a encontrar siempre fue así y sólo es una mísera señal de que sus intentos por hacer que le tuviera más confianza fueron más que fallidos.
Soltó un suspiro con frustración.
—Dime, ¿Qué puedo hacer para que confíes más en mí?
"Empezar por dejar de hacer cosas como esta sería muy bueno", pensó el menor sin decirlo en voz alta pues sabía que realmente no le molestaba. El problema era que ni siquiera él sabía lo que quería, así que se quedó callado dejando que el mayor interpretase su silencio.
—Así que él es Iemochi… ¿eh? Parece buena persona.
—Lo es. Sólo está… un poco abrumado por lo que ha pasado últimamente.
— ¿Y qué ha pasado?
El ojiverde miró hacia la ventana, viendo sólo la oscuridad en la que el subterráneo los había sumergido. En éste momento Ritsu se sentía como el mismo subterráneo, hundiendo a su primer amor en una oscuridad que él mismo no entendía. Si quería protegerlo, tenía que establecer límites de una vez. Es verdad que lo amaba y se estaba arriesgando a perder su oportunidad de estar con él, pero sabía que en cuando terminara con ese problema buscaría estar a su lado sin importar que.
—Takano-san, realmente me gustaría que deje de entrometerse en mi vida. Sé que quiere ayudarme pero nada de lo que hago debería importarle. Sólo somos jefe y subordinado después de todo…
Masamune lo vio por un instante, tratando de comprender lo que él pensaba, y sí que lo hizo. Sostuvo con sigilo un mechón de cabello de menor, y justo cuando éste se estaba sonrojando por la cercanía, el mayor jaló del mechón lo suficientemente fuerte para reprenderlo.
— ¿Auch? —el castaño sostuvo la cabeza temiendo por otro jalón.
—Si crees que me puede sacar tan fácilmente de esto estás equivocado. Nunca has dejado de proponer ser "sólo jefe y subordinado" y sin embargo cada día puedo notar que anhelas estar conmigo. Me has mostrado lo mucho que me quieres, y de hecho es muy obvio.
El menor suspiró aliviado, aunque trató de negarlo con un balbuceo casi inentendible. Realmente no quería alejarse de él aunque sabía que era lo mejor. Aun así agradeció mentalmente el arduo trabajo de Masamune por querer ayudarlo y protegerlo.
El ojiverde cerró los ojos un momento y vinieron a él los recuerdos de lo que pasó el día anterior.
—Por cierto, Takano-san… ¿Dijiste que había pasado algo con los gatitos?
El ojimiel sacó un café frío en lata de la bolsa donde estaban los chocolates y después de abrir le dio un sorbo, dándole tiempo para pensar cómo explicar lo que pasó.
—Bueno, digamos que pude llevar a la mayoría de ellos a salvo a la veterinaria, en este momento estarán buscando a sus dueño, supongo. A la mayoría los reconocieron por lo carteles que pusieron en los que daban recompensa por encontrarlos, aunque la veterinaria dijo que no estaba dispuesta a aceptarla pues es su deber regresarlos a salvo. Como sea, dos de los gatitos se veían muy encariñados cuando los llevé a casa, y esos mismos ya no estaban cuando desperté.
El ojiverde se sobresaltó.
— ¿No estaban? ¿Dejaste la ventana abierta o algo? ¡Puede ser peligroso! ¿Qué tal si saltaron del edificio? ¿O dejaste la puerta abierta?
—Cerré la puerta cuando entré, y estoy casi seguro de que no dejé la ventana abierta…
— ¿Casi? —le reprochó el ojiverde. —últimamente el gran Takano Masamune, editor en jefe de Emerald y primero en ventas está muy distraído ¿no lo cree?
El mayor suspiró con fuerza, mientras se frotaba la cien.
—Debo admitir que eso es verdad, no sé qué me está pasando…
De repente en los labios del mayor se mostró una sonrisa.
— ¿Tal vez es amor? —dijo acercándose más al castaño, viéndolo fijo a los ojos.
El menor estaba a punto de reprenderle por decir ese tipo de cosas en un lugar público una vez más, sin embargo viendo sus ojos, se dio cuenta que más que una broma lo decía tan enserio que eran de esas veces que podía leerlo sólo viendo sus ojos. Se preguntó ¿qué pasaría si le diera la vuelta al asunto, lo viera directo a los ojos también y le dijera que "sí, creo que es amor"? Seguramente se deleitaría con la cara de asombro que su primer amor pondría, pero no podía darse ése lujo por ahora, así que optó por desviar la mirada y preguntar si estaba mal de la cabeza o algo así. Escuchó el suspiro de resignación del mayor.
—Bueno, resulta que a uno de los gatitos que desaparecieron lo estaban buscando, es pequeño, castaño y de orbes esmeralda. El otro era un gato negro de con ojos amaranto, a ése no lo recordaba dentro de la caja y no vimos que nadie estuviera buscándolo. Supongo que en algún momento se coló en el carro o en mi departamento; se conocieron, se quisieron y huyeron. Parece una historia típica de amantes.
Onodera levantó una ceja mientras procesaba la información. Ciertamente era una historia mejor que las historias de amor de la nueva era. Pero se le ocurrió algo, ¿Y si los dos simplemente huían? Irse lejos, a las montañas, a campos de trigo y empezar otra vida. Comprar cabras que les dieran leche, queso y lana para venderla. Armar una pequeña casa de madera y vivir ahí hasta que sus corazones dejasen de palpitar.
Suspiró. Cada vez sentía que el manga para chicas ablandaba su corazón más de lo debido, aunque su pequeña simulación en su imaginación había sido digna de alguien de setenta años. Si era su forma de fusionar literatura y manga para chicas, tendría que hacer algo al respecto.
—Creo que sólo podemos confiar en el buen juicio del gato negro para guiar al castaño y que lo cuide, ¿no? Si el gato negro es callejero seguro que se sabe cuidar sólo.
Masamune vio a su primer amor un momento para después acercase a él y plantarle un beso en la cabeza. El menor se sobresaltó tanto que casi se golpea con el cristal.
— ¿Qué estás haciendo? Estamos en público…
Una vez más, parecía una invitación del menor a llevar el asunto a lugares privados, pero el mayor se tuvo que reservar el comentario pues había llegado a la estación donde tenían que bajar.
Mientras caminaban el silencio reinó en el ambiente, como siempre lo había hecho, hasta que llegaron a la Editorial. Una vez ahí, el menor intentó fallidamente no llegar junto al mayor pero este lo sostuvo de la mano hasta que llegaron al elevador. Era una suerte que la gente de alrededor realmente no les prestara atención. De hecho, el ambiente en la editorial parecía bastante movido.
Al llegar al piso de edición, Kisa-san en seguida llamó a Takano para informarle el porqué del alboroto.
—Según Isaka-san habrá un fiesta para celebrar una "Colaboración amistosa" con Japun y Shuudansha.
—Pero Shuudansha es… —el menor trató de entender la situación pero fue interrumpido por el jefe de la editorial.
—Lo sé, Japun y Shuudansha son revistas rivales. Sólo queremos mantenernos cerca el uno del otro, ya sabes, por el dicho. Y aparte creo que a Emerald le vendría bien un descanso…—explicó Isaka-san apareciendo de imprevisto al tiempo que caminaba hacia los editores.
Isaka-san se volteó hacia el editor en jefe y el novato al tiempo que susurraba "Aunque ustedes se la pasan bien en sus descansos".
Dejando al castaño sonrojado, el jefe de la editorial trató de animarlos un poco.
— ¡Vamos, les estoy dando un pequeño descanso! Esta noche los que quieran ir pueden hacerlo. Es oficial para Japun y Shuudansha pero si quieren venir otros departamentos editoriales pueden hacerlo. Mientras, necesito que tengan su trabajo listo para la seis de la tarde, el evento es a las siete.
Los chicos del departamento de edición Emerald se sobresaltaron.
—Jefe… ¿Estaría bien si dejamos sólo un poco de trabajo por terminar…? —dijo Kisa-san con un dejo tembloroso pues sabían que no terminarían el trabajo a tiempo.
—Nop. Quiero el trabajo tan hecho que quede mondo y lirondo. Suerte. —dijo el jefe de la editorial en tono cantarín, retando con la mirada al editor en jefe.
—Bueno, Isaka-san dijo que era sólo si queríamos ir… ¿no? —trató de buscar una solución en ojiverde.
—Nos vino a avisar por su cuenta. ¿Crees que es opcional? —lo reprendió el ojimiel.
—Entonces… significa que vamos a sufrir, es imposible terminar el trabajo en sólo una tarde… —dijo el ojiverde irradiando pesimismo.
—Entonces hay que hacerlo posible. Lo imposible sólo cuesta un poco más, ¿no? Empecemos. —repuso el editor en jefe irradiando positivismo a la fuerza.
Todo el piso de editores estaba realmente apurado, alguno querían ir por curiosidad, otros sólo por obligación pero al final la mayoría de los editores asistiría.
Cuando estaba a mitad de camino, Ritsu se acordó de algo; Haitani-san iba a estar ahí ¿cierto? Cierto. El editor en jefe de Emerald pasaba por ahí cuando Ritsu murmuraba eso para sí mismo, y desde entonces el aura alrededor del editor en jefe era realmente aterradora, pero eso al menos sirvió como aliento para que los demás editores terminaran su trabajo justo al tiempo.
Justo a las seis con un minuto, Isaka-san pasó por el piso de editores y les pidió que se prepararan pues iban tarde y que realmente no era necesario terminar todo el trabajo en un día, pero apreciaba su esfuerzo. Perfecto, ahora todo el piso editorial iría, aunque lo más animados ya se habían ido. ¿Enserio era buena idea ir a "hablar tranquilamente" con una revista rival? Ritsu sintió un escalofrío subir por su espalda. Se abrazó a si mismo tratando de calmarse. Sentía que tenía que sacar sus mejores logros para defenderse de cualquiera que quisiese confrontarlo, pero se encontró que realmente no tenía mucho que presumir.
El tiempo era el suficiente para regresar a casa y ponerse un traje, pero cuando estaba por irse por su cuenta se dio cuenta que sus trajes se habían quedado en el departamento de Takano-san, así que tuvo que irse junto a él. Todo el regreso a casa se la pasaron hablando de trabajo, de cómo reacomodarían sus deberes. Ya en el departamento, Ritsu sacó el traje del armario de su jefe y se dispuso a ir a su propio departamento a cambiarse, pero el mayor lo detuvo justo antes de que diera un paso fuera de la habitación.
— ¿A dónde crees que vas? Sólo perderás tiempo en ir y venir, cámbiate aquí.
El ojiverde no pudo ocultar su sonrojo ante el escenario hipotético de él desnudándose frente a su jefe, pero antes de que pudiera decir algo, se encontró con que su jefe ya lo estaba desvistiendo.
— ¿Qué crees que haces? Puedo hacerlo por mí mismo.
—No, yo creo que no. Déjame ayudarte con ésa incómoda camisa…—dijo el de orbes miel al tiempo que deslizaba sus manos debajo de la camisa del menor, rozando sus labios en su cuello. El menor sintió como su fuerza se desvanecía ante la suave caricia que le ofreció y se aferró a él, dejándose llevar por un momento. Segundos después el menor empujó con fuerza al mayor y salió corriendo a su departamento. Masamune suspiró. El tiempo que pasó con él sólo lo hacía desear estar siempre juntos, pero tenía asuntos que resolver primero.
Masamune sacó su celular, buscó un nombre entre su lista de contactos y marcó al tiempo que se acomodaba la corbata sobre su cuello.
Mientras tanto un confundido Ritsu se cambiaba rápidamente, agarraba todo lo necesario para salir, y huyó del edificio tomando un taxi para llegar al lugar.
Al llegar encontró que faltando media hora para el evento el lugar ya se encontraba repleto de gente de la editorial, y curiosos que sólo pasaban por ahí.
Al ver a tanta gente en un solo lugar, recordó que entre ése mar con ojos podrían estar su primo o el némesis de su primer amor. Rogó por no encontrarse con ninguno y caminó al salón para buscar a sus compañeros, sin embargo no logró a ver a ninguno hasta media hora después de que el evento empezó, pues no todos tenían su casa tan cerca del trabajo y mucho menos del salón.
Desgraciadamente tuvo que soportar ver una "amistosa" confrontación entre editor en jefe de Japun, Kirishima-san y el editor en jefe de Shuundasha, Haitani-san.
—Estamos agradecidos que el departamento de editores tomara nuestra invitación a última hora, siempre nos agrada aprender más de ustedes.
Yokozawa-san, quien estaba al lado de Kirishima-san susurró para sí mismo, para Ritsu quien se encontraba a su lado y para algunas personas que apenas lo escucharon "última hora literal".
Tan pronto terminaron de asesinarse con la mirada, Haitani-san se acercó a hablar con Yokozawa pues tenía curiosidad sobre las ventas que tenía Japun al momento.
—Las ventas de Japun casi nunca necesitan ser rebuscadas para ser buenas, vende por sí solas, yo sólo me encargo de hacer algo de publicidad —decía con modestia Yokozawa mientras buscaba a su amante con la mirada.
—Lo puedo notar, justo como las nuestras —Haitani sonrió mientras Yokozawa fruncía el ceño ante el comentario. El oso gruñón se encontró con que Isaka-san se acercaba hacia él y le decía algo por lo bajo. Al irse Isaka-san, Yokozawa empezó a buscar a otra persona y sin pensarlo le preguntó por ella al chico que tenía enfrente.
—Hey, ¿has visto a alguien de Emerald por aquí? Su nombre es Onodera…
—Ah, ¿El famoso Heredero del Imperio? ¿No estaba aquí hace un momento?
Yokozawa simplemente se quedó callado presintiendo que algo andaba mal.
—No es nada, gracias por la charla. —dijo el de ojos azules mientras apurado buscaba a su antiguo rival.
Desgraciadamente, Haitani encontró a Onodera antes que Yokozawa, viéndolo tratando de hablar con alguien mientras volteaba nervioso a todos lados como si alguien lo persiguiera.
— ¿Buscas a alguien? —le preguntó Haitani-san al oído, tomando por sorpresa al menor quien casi derrama la copa que le habían dado.
—Woah, un ademán de presencia no vendría mal, Haitani-san. Casi tiro la copa. —decía el de ojos esmeralda tratando de no volcar la copa. El editor en jefe de Shuundasha notó que el líquido dentro de ésta temblaba al tiempo que lo hacía la mano de Ritsu. Sin pensarlo dos veces, envolvió la mano del menor entre las suyas, parando así el temblor de la copa.
— ¿Qué pasa? ¿Estás nervioso? Se supone que era un evento casual, no hay nada que temer…
El menor se encogió de hombros sintiendo en escalofrío en la nuca. Trató de soltar el agarre de Haitani pero falló.
—No es eso, sólo tengo algo de frío… —mintió el castaño. —Haitani-san, ¿podría soltarme por favor? Es algo extraño…
El editor en jefe sólo esbozó una sonrisa y soltó la mano del menor que sostenía la copa, y acto seguido el castaño por pura inercia dio un largo sorbo a esta. Una leve risa salió de la garganta de Haitani, pero fue inaudible para el menor.
Haitani con astucia acorraló al menor entre una mesa y una esquina del salón, obligándolo así a hablar con él. Platicaron un rato sobre que sentía al estar como editor en Emerald, cuánta era la presión por trabajar con Takano y si pensaba heredar la empresa de su padre. Con esta última pregunta el editor en jefe se dio cuenta que al menor le costaba cavilar entre pensamientos, y fue ahí cuando supo que estaba listo.
—Vaya, ¿ya estás ebrio? ¿Cuánto has tomado?
El menor se sostuvo con una mano de la mesa para no caerse, y con la otra se abrazó a sí mismo.
—Sólo tomé una copa…
Haitani sonrió. Se acercó más al castaño y rodeó con un brazo sus hombros.
—Tal vez el frío que sientes es demasiado. Si te afecta tanto, podemos hacer algo al respecto…
Ritsu sintió como la sangre subía a sus mejillas, notando la doble intención en sus palabras. Trató de negar cualquier cosa que estuviera dispuesto a hacer, pero se encontró sin fuerza si quiera para generar una palabra, así que Haitani se sirvió.
—Muy bien, hay que ayudarte con ése frío entonces… —dijo sin poder contener una pequeña risa burlona.
Ritsu se encontró casi siendo arrastrado al otro lado del salón donde había algunos cuartos vacíos. Haitani abrió cualquiera, metiendo al menor en él, y cerró con el seguro de la puerta.
Lo último de lo que el chico de orbes esmeralda tuvo conciencia fue de Haitani acercándose a él, removiendo su corbata, su camisa, su cinturón... En algún momento simplemente cerró los ojos y empezó a soñar, a anhelar que aquel que estaba frente a él fuese su primer amor. Se sentía tan débil que no podía ni siquiera retarlo verbalmente. Pero en ése momento el menor estuvo seguro de algo; nunca alguien podría igualar lo que Takano-san le hacía sentir. El calor de sus manos, su olor, su respiración, todo en su primer amor era tan único que anhelaba tenerlo siempre. Sin embargo la cruda realidad lo golpeó cuando escuchó otra risa burlona de Haitani acompañada de algunas palabras que no logró entender. Como pudo, se aferró a cualquier cosa y trató de sobreponerse a él, esperando que en algún momento por la puerta se escuchara de nuevo la profunda voz de su primer amor.
Nekonoha-chan~ Me da gusto que recuperaras tu cuenta, te siento más amena de ése modo ~
Lo siento por tardar tanto con las actualizaciones pero un gran monstruo etiquetado como depresión, falta de inspiración, y no querer salir de la cama para nada me abrazó y no me soltó nunca x'D. Me encanta que hagas comentario sobre la narración, así puedo darme cuenta de lo que hago bien y lo que hago mal, gracias~ 3 Lo de Ritsu sí que es cierto, se puede decir que desde entonces no fue el mismo. Y sí, también pensé eso de Takano, tal vez porque tenía la imagen del pequeño Oda Ritsu en su mente aún, cualquiera que se pareciera sería digno de sus versos xD Uff, lo exámenes de admisión. Sólo pienso en ellos y tiemblo /3 ¡Ojalá que te vaya de lo mejor! Ánimo~
¡Gracias por comentar! Espero que nos leamos más a menudo.
