Holaaaa

Perdón. Otra vez bien tarde. he estado teniendo problemas de nuevo. Y es facil perder la motivación para escribir cuando las cosas andan mal...

Bueno, perdón. Sin excusas.

Respuestas a reviews:

SofiAlex: Holaaaaa :) te extrañaba hahaha. Se siente bien ver nicks conocidos. Ya te he respondido por PM, pero por si alguien todavía tiene dudas, lo pongo aquí. Salomé tiene 19 años, y no estoy segura de cuándo despertará el cabeza de menstruación; pero una cosa si te digo, su papel en esta historia no va a ser el de un héroe. Gracias por leerme hasta ahora. Ojalá oiga de tí mas seguido :)

skarllet northman: Hehehehe, "demonio" manipulador... Curioso que lo digas de el, cuando... Bueno, hehehe, dejemos esas cosas por el momento. Ahora a la historia. Muchas gracias por leerme, ojalá tmb siga oyendo de ti.

Gracias a los que no se han olvidado de esta historia. Y bienvenidas las nuevas :D


Capítulo 8:

Subaru (2)

o

Verdades dolorosas


Salomé no pudo dormir mas que un par de horas ese día. Y ese fue, ciertamente, el menor de sus problemas.

Para empezar, esa conversación, aunque iba excelente, no pudo terminar peor.


-¿Y... Si le dijera que yo se una manera de curarla?

No estaba segura si debiera hablar con el joven Subaru de esto, pero ya no podía echarse atrás. Podía verlo en la mirada del chico, le había dado una esperanza.

¡Bah! Ya los dos se habían dicho demasiado esa mañana ¿Qué mas daba?

-Joven, dígame... ¿Cree en la magia?


...

...

...

-Es... Es una broma...

-Es en serio.

Subaru se quedó en silencio, dudoso y algo irritado, estudiando la expresión de la sirvienta por pistas. Tal vez le estaba hablando de alguna manera críptica, o insinuaciones o algo así. Quizá no entendió lo que dijo, o hasta pudo alucinarlo todo. Estaba ya muy entrada la mañana, y la falta de sueño le juega trucos a todos.

Pero no. Su mirada era firme y segura. O ella había perdido el juicio, o para allá se dirjía él. Pero Salomé hablaba en serio.

-No.- Gruñó el vampiro.

-¿Disculpe?

-Dije que no. No vas a hacer esto... ¡Simplemente no! Te hablé de todo esto porque tu también confiaste en mí, y porque me agradas, pero eso no significa que te dejaré jugarme el dedo en la boca así. No se si sólo sea una broma estúpida o si piensas sacar algo de esto, pero hasta aquí. Esto es lo que vamos a hacer: Vamos a salir del gimnasio y caminaremos directamente hacia nuestros cuartos, vamos a dormir todo lo que queda del día y seguiremos con nuestras vidas. Y nadie va a volver a hablar de...

Salomé le quitó la vista de encima, y lanzó un largo suspiro.

-Tenía la más vaga esperanza de que creyera sólo en mi palabra. Pero es cierto, es mucho pedir que me crea algo así sin pruebas. Siendo así, sígame por favor.- Dijo, poniéndose de pié y caminando hacia la puerta. -Vayamos al bosque.

-¡¿Me estás jodiendo?! ¡¿En serio pretendes seguir con esta locura?!

Salomé se paró en seco y volvió a verlo a los ojos. Se veía cansada y un poquito molesta.

-Joven, en lo que a usted concierne, puede que tenga razón; puede que sólo quiera jugarle una broma muy inapropiada, o puede que haya perdido el juicio por completo; o puede ser que, sólo quizá, haya algo que pueda hacer para ayudar a su madre. Pero de momento, sólo le estoy pidiendo un paseo por el bosque. No tiene nada que perder ¿O si?

Pues sí. De hecho sí tenía bastante qué perder. Podía, por ejemplo, estar perdiendo el tiempo en esta tontería. O quizá podía perder su vida, yéndose al grandísimo bosque de la mansión, a solas con esa asesina experta.

Y sin embargo ahí iba, maldita sea. Caminando tras la sirvienta hacia el jodido bosque.


-Bien, hemos llegado.- Dijo ella, acercándose para quitarle la venda de los ojos. Se la había sacado de la maleta (que había pasado a recoger del cuarto de la humana) al salir del jardín de rosas, se la puso y después caminaron unos buenos veinte minutos. Estaba perdido desde los primeros cinco, pero la sirvienta aparentemente quería estar segura. Los dos estaban enloqueciendo por la falta de sueño. Ella con su obsesión y él por seguirle el juego.

Cuando le quitó la venda, estaban en una parte tan espesa del bosque que la luz del sol no traspasaba las copas de los árboles, al lado de un arroyo que él ni siquiera conocía. Pero lo que de verdad le llamó la atención, fueron las ropas árabes de la sirvienta. Eran iguales a los trajes vistosos que las chicas usaban en las películas, y del rojo más vivo que había visto.

-¿Cuándo... te cambiaste?

-Justo antes de quitarle la venda, joven ¿le gusta?

-Si que te has tomado esto enserio... Y me supongo que hay mas ¿Verdad?

La sirvienta le lanzó su famosa sonrisa enigmática.

-Dé unos pasos atrás, por favor.

Subaru obedeció sin chistar. Quizá era otro efecto de la falta de sueño, pero el mal humor se había ido, y había dado paso a nuevos ánimos y una extraña curiosidad. Esa zona del bosque se sentía bastante... Etérea.

La sirvienta sacó un gran libro forrado en piel roja de la maleta, y lo recargó al pié del arbol más grande a la vista, que estaba justo frente a ellos. Después se arrodilló frente al libro, puso la mano derecha, abierta, sobre el disco de la portada. Cerró los ojos un momento antes de hablar...

-غاية الحكيم افتح يا (iftah yā, Ghāyat al-Ḥakīm!)

Acto seguido, la tapa del libro se abrió como si hubiera sido accionada con resorte. Una ráfaga de viento cálido sopló a toda potencia, y las hojas del libro empezaron a girar y girar. Y mientras el viento las iba pasando, Subaru pudo ver cómo esas hojas, antes vacías, iban llenándose de palabras y dibujos incomprensibles.

"Ok... Eso es interesante" Pensó el chico.

El libro se paró de golpe en una de las páginas de en medio, el viento también cedió bastante, pero no del todo; no supo por qué, pero no pudo evitar pensar que ese viento se sentía sobrenatural. Salomé lo miró sobre el hombro. Y le sonrió ¿Le habría leído la mente?... No... Era humana... Quién sabe qué rayos estaba pasando ahí, pero no podía...

حرم ظهر (zahar, haram!)

Apenas dijo esto, los símbolos de las páginas que mostraba el libro, así como mas símbolos similares grabados en el tronco del gran árbol (que el vampiro no había notado hasta ahora) comenzaron a brillar en dorado; y una docena de árboles tras el gran árbol desaparecieron, descubriendo un hermoso claro.

Subaru seguía a unos pasos del claro, donde estaba cuando todo esto comenzó. No podía moverse. Estaba muy ocupado tratando de comprender lo que acababa de ver. Miraba el claro, luego a Salomé, luego al libro, y luego otra vez al claro.

-E... Esto...

-Supongo que he dado suficientes pruebas.

El vampiro volteó a ver a la sirvienta de nuevo.

-Supones bien.

Subaru estaba maravillado. En todos sus años viviendo en esa casa no se había encontrado nunca con ese bonito claro que parecía salido de un cuento de hadas. Y ahora ahí estaba, hermoso y brillando con luz cálida. No se hizo del rogar para entrar...

-Oh, no le recomendaría entrar ahí.

-¿Por qué?

-Es algo complicado. Asuntos políticos... Y familiares... Y de especie... Y de historia... Y de energía... El punto es que este claro es haram, es terreno sagrado, y es peligroso que los vampiros entre ahí. Podrían lastimarse seriamente.

Subaru volteó a verla, incrédulo, luego al terreno, y otra vez a ella.

-¿Cómo? ¿Sólo por entrar?

-Así es. Se quemaría o saldría disparado hacia afuera, si no me equivoco. Como si el terreno tuviese un campo de energía.

-Vale. Gracias por presumirme este lugar tan bonito al que nisiquiera puedo entrar.

Salomé no pudo contener una risita. El chico no podía ser más transparente. Era extraño; al igual que ella, había pasado por cosas que nadie debería pasar; y aún así, podía creer tan fácilmente en cosas como la magia. La mayoría de la gente se inventaría alguna explicación burda, o olvidarían el tema por completo, y este chico no había necesitado ni una hora para creer a sus ojos. Aunque no lo admitiría ni por su vida, Subaru seguía siendo inocente y bueno... Ciertamente, era perfecto.

Y hablando de eso... Ese parecía un buen momento para traer a la luz ese asuntito para lo que era tan perfecto...

-Y... ¿Crees que podrás...? Ya sabes...

-No dudo de mis habilidades, y ciertamente su madre se oye como una candidata viable, por decirlo de alguna manera. Pero primero hay un par de cosas que quiero hablar con usted.- Bajó la mirada. Estaba muerta de nervios por dentro. Ahora era el momento, todo o nada. -Yo también tengo algo qué pedirle, joven Subaru. Ayúdeme y yo lo ayudaré.

-Claro ¿De qué se trata?

Respiró hondo. Volvió a levantar la vista.

-Necesito que sea el escogido por la señorita.


-¿Que...¡¿QUE?!

-No se niegue, por favor. No es por mí, es ella quien lo necesita.

-¿Y por qué necesita que sea yo? Igual se va a morir ¿Que diferencia hay?

-Precisamente. Por que no quiero que muera, no puede ser ninguno de sus hermanos. El joven Shuu no levantaría un dedo por ella. El joven Laito es demasiado... Pasional. El joven Ayato es un abusivo y un egoísta. El joven Kanato es demasiado inestable; y lamentablemente, a pesar de todas sus cualidades, sospecho que es el mismo caso con el joven amo. Mas que una ayuda, cualquiera sería un peligro inevitable para ella. Usted es el único que tiene potencial , y que se preocupa por ella.

Debió saberlo, maldita sea. No se puede confiar en los humanos.

-...¿Desde cuándo?...

- ¿Disculpe?

-¡¿Desde cuando has estado planeando todo esto?! ¡¿Desde que me conociste?! ¡¿Desde que me viste?! ¡¿Desde que te conté mis problemas?!

Salomé se quedó estática. Era un chico listo. Ya no había nada que ocultar.

-Desde que lo vi. Cuando salió a reclamarme en medio de la sala.

-Lo sabía. Por eso pediste este castigo para mí ¿Verdad? Para poder acercarte a mí. Y esas pláticas. Tu vida pasada, tus problemas con Laito... Sólo mas mentiras para manipularme. Porque yo era el único idiota que iba a hacerte caso ¿Verdad? Sólo un chico idiota...

-¡Espere! ¡Eso no...

-¿Qué rayos le dijiste a Reiji para convencerlo del castigo? ¿Acaso lo embrujaste con tu librito de letras brillantes y tus palabras raras?

-¡No! Yo no...

-No, claro que no. Ya sé lo que hiciste. Seguramente te lo llevaste a su cuarto, te le acercaste con esa bonita ropa, le bajaste los pantalones, te pusiste de rodillas y...

El golpe rápido de la bofetada se oyó tan fuerte que seguiría resonando en los oídos del vampiro por mucho tiempo. Ahora estaba en el suelo, con la mejilla adolorida. Incluso sentía dos pequeños hilitos de sangre que comenzaban a bajar.

Se levantó. Su cuerpo mirando a la distancia, pero viéndola sobre el hombro.

-De verdad te creí ¿Sabes? Quizá si hubieras sido mejor... No sé... Quizá mas discreta... Pude haber sido tu perfecto idiota.

Se desvaneció. No asistió al siguiente entrenamiento, a pesar de lo que le dijera el joven amo. Probablemente lo había perdido.


Pero volviendo a esa noche...

Era hora de limpiar la habitación de la señorita, mientras ella estaba en sus clases nocturnas, con el resto de los hermanos. No tenía más obligaciones que protegerla y atenderla. Mientras estuviera en la escuela, no tenía otra cosa qué hacer; y era un trabajo muy sencillo, pues era una chica responsable, y limpiaba por su cuenta. Pero Salomé estaba completamente agotada, tanto física como mentalmente.

Ni hablar, nada mejor que el trabajo para olvidar las penas. Ese era su mantra. La había salvado de enloquecer con Lo desagradable, y había estado con ella el resto de su vida. Y ahora, a barrer y aspirar la alfombra, recoger el escritorio, sacar la ropa sucia, ordenar el armario...

Faltaban las bragas de conejitos.

Maldito joven Laito.

No necesitaba eso. Enserio que no. Tener que ir hasta el cuarto de ese jovencito tan... ¡AAAAARRRGGGHHH! Y encima habría que poner la habitación entera de cabeza, pues el chico tenía los lugares más ingeniosos para esconder sus pequeños trofeos. Probablemente lo hacía sólo para jugar con la sirvienta, ese pervertido ¡Honestamente! Tener que hacer todo esto sólo para recuperar la ropa interior de la señorita...

Pero, como dicen, nada pudo prepararla para lo que vería en esa habitación.


Aparentemente el joven Laito había faltado a la escuela. Y ahora se encontraba durmiendo plácidamente en su cama. Con nada mas que una delgada sábana cubriendo su desnudez. Pero ese no era el problema. A la sirvienta no podía importarle menos lo que hiciera o dejara de hacer ese joven con su educación. No, ese no era el problema, ciertamente.

-Oh ¡Buenos días, Sa-lo-mé!- Dijo el chico, en un tono adormilado. Zafándose de los brazos de un chico al que reconoció como Jarimu-kun, y despertándolo.

Apenas la notó, el larguirucho muchacho entró en pánico y se quedó viéndola. El misterioso Jarimu-kun... Quien ya no era ningún misterio. ¿Pero cómo pudo ser tan ciega?

...El cabello lila...

...La piel tostada...

...Los ojos plateados...

"Jarimu" no era sino la pronunciación japonesa del nombre "Haleem"

Ese chico, el misterioso Jarimu-kun. No era otro mas que Haleem Anam al Ankabūt bin Izhtarr al Sahmeedi.

Su hermanito.


Pero qué mañana tan activa en la mansión Sakamaki :B

~Matta nee.