Perdón por el año de retraso. No soy una chica creativa, y he estado ocupada (mas que las otras veces). Ya saben, si a alguien todavía le interesa esto, bla bla bla, subo cuando puedo yadda yadda yadda. Nuevo capitulo :D

Respuestas a reviews:

skarllet northman: Esto. Esto es lo que pasa :3

SofiAlex15: Sipi-dippi. Y no está muy feliz.

Rosa Silvestre: Si, si se parece :v cuídate y come mucha verdura, linda.

OtakuDL: Awwww tambien te extrañeee :D Yay! Me es leal (aunque igual y ora si ya te harté). Y no te disculpes, no es deber comentar (es mas un gusto para mí leer que me comenten). Si, si que lo es, pero no muy listo, por lo que veo. Y siiii, ha vueeelto.


Capítulo 10:

Ayato (2)

o

Una salvación inesperada.

La señorita se encontraba a barricada en el baño, lanzando pequeños grititos de terror cada vez que algo grande se rompía contra la puerta de éste. Salomé apenas había conseguido meterla ahí antes de que la batalla comenzara en serio.

Y pensar que antes de que esto comenzara todo estaba tan tranquilo. Yui estaba terminando su tarea mientras Salomé le preparaba el baño. De hecho, todo el día fue tranquilo. Lo único que rompió esa paz fue un poco de tensión en la cena, pues el joven Ayato debía haber despertado hacía ya 3 noches, y los hermanos (sobretodo Laito y Kanato) comenzaban a molestarse.

Pues bueno, ellos ya no tenían de qué preocuparse.

Ayato, de momento, se encontraba en una especie de modo de furia; y se dedicaba a lanzar ataques tan certeros como los de la primera pelea, pero mucho más rápidos. Salomé luchaba por esquivarlos, y era todo lo que podía hacer de momento. La velocidad del chico era sencillamente impenetrable. La estrategia, de momento, era esperar a que se cansara y agarrarlo desprevenido. Por ahora, sólo mantendría un perfil bajo; pero cuando llegara el momento...

-A... Ayato... Crees que pued... ¡EEEK!- Gimió Yui, tras la pared, cuando algo grande casi destroza la puerta que la mantenía con vida.

-Se supone que estás escondida ¿No? ¡Silencio entonces!

-La... La verdad... Creo que es más... un ¡EEEK!... U... Un fuerte...que un escondite ¡EEEK!

-¡Que te calles!-

El espejo se hizo añicos.

-Joven, deténgase. La señorita ni siquiera le ha dado permiso de entrar.

-¡CIERRA LA MALDITA BOCA! ¡A TI NADIE TE DIO PERMISO DE MEDIO MATARME!

Llevaban más de una hora así. El cuarto de la señorita estaba completamente de cabeza. No había nada que no hubiera sido destrozado o arrojado por lo menos una vez, pero sí que había repetido. La cajonera y el escritorio parecían ser los favoritos del vampiro.

Definitivamente, hoy era diferente. El chico estaba alterado. La primera noche el señorito asestaba golpes y patadas con precisión, y razonaba cada golpe antes de darlo. Era efectivo, pero tomaba su tiempo. Ahora, sin embargo, era una máquina de ataque. Esto no era ninguna pelea; esto era un desastre natural encarnado en un híbrido muy molesto.

Apenas se cansara el niño, lo pagaría caro...

-¡Quédate quieta, maldita sea!

-BAM-

Se oyó un fuerte golpe desde el baño, y en toda la casa. Después, completo silencio. Yui estaba muriendo por el suspenso, pero sabía que era demasiado peligroso salir sin que Salomé le dijera que era seguro. El silencio seguía y seguía. Hasta que la chica ya no pudo más, y abrió la puerta. Sólo hasta ese punto que ya tenía memorizado, justo antes de que comenzara a rechinar.

El cuarto parecía zona de desastre. Los muebles volteados, algunos destrozados; el papel tapiz rasgado de aquí y allá por los impactos ¡Valga! ¡Hasta el desastre en el cuarto de Subaru palidecía al lado de todo eso!

Salomé estaba tirada en el suelo. Luchaba por levantarse, así que estaba consciente. Su cabeza y su hombro derecho sangraban, y se veía bastante feo. El otro hombro se veía... Mal. Como desacomodado. Pero desde la pequeña abertura de la puerta, no podía ver a Ayato.

"¡Ah, ahí está!" Se dijo cuando lo vio, y no con alegría. El vampiro se había acercado caminando ("quizá no se ha recuperado del todo" pensó Yui) y se paró sobre Salomé, una pierna a cada lado de ella. Se agachó, y la tomó toscamente por los hombros. La sirvienta lanzó un ruido lastimero, algo entre un gruñido y un gemido.

-¿Gemidos de placer, asquerosa? No me digas que ahora te va el maso.

-Su... Suelte...me...

-¡CÁLLATE!- El rostro tan apuesto del muchacho estaba completamente oscurecido por la ira. Era obvio que no estaba pensando con claridad.

Lentamente, ese rostro de furia comenzó a cambiar para mostrar una sonrisa retorcida. Una sonrisa sádica y algo demente, con todos los músculos tensos.

-Eh... ¿Recuerdas esto, perra?...-

La tomó de la nuca, jalando bruscamente su cabello. Y la mordió.

Apenas la sangre tocó su lengua y bajó por su garganta, se detuvo; como si hubiera salido de un trance. Alejó a la sirvienta, sin soltarla. La miró fijamente a los ojos.

Esos ojos seguían reflejando ira, pero ahora también confusión. Y, en la opinión de Salomé, había pocas combinaciones más peligrosas que aquella de la confusión y la ira. Por primera vez en mucho tiempo, Salomé sintió miedo. Puro e instintivo.

Ese chico… Estaba completamente fuera de sí.

La arrojó contra la pared. Salomé lanzó otro gemido, más fuerte que el anterior. Pero Ayato hizo caso omiso. Antes de que cayera al piso, el vampiro la tomó por el cuello con una sola mano. La alzó por encima de su cabeza. Salomé intentaba soltarse, pero era inútil.

-Joven… No soy esa mujer… ¡Reaccione!

Intentó hacerlo entrar en razón. Pero no escuchaba. Sólo apretaba más y más, y mientras más apretaba, más sangre salía de la garganta de la sirvienta, y bañaba esa mano pálida de rojo.

No le quedaban fuerzas para pelear, pero si tan sólo la soltara por un momento, podría usar alguno de los hechizos de recuperación que tenía preparados "por si acaso" habiendo aprendido de la pelea anterior. Pero así, le era imposible concentrarse.

Yui miraba impotente desde su escondite, llorando del miedo y la impotencia, sin poder hacer nada mientras le arrancaban a la única amiga que tenía en esa mansión. Era definitivo.

-Joven… Lo digo enserio… Va a matarme…

El vampiro sonrió. Si, iba a matarla, lo sabía bien. Y con toda intención.

-Adiós… Para siempre.

Salomé ya no podía pelear por zafarse. Se sentía débil, y cada vez más desorientada. Después, un frío comenzó a subirle por el cuerpo. La sutil hipotermia por pérdida de sangre "Vale, al menos podré irme sin dolor", se dijo; abandonando sus últimas esperanzas y dejándose caer en los brazos de la muerte. Y al final, todo se volvía negro. El llanto de la señorita se oía cada vez más y más lejano…

PUHM

Cuando la sirvienta despertó, estaba en el suelo, igual de molida que antes. Pero viva. Ayato seguía frente a ella, pero más lejos, y en el suelo también; mirando con ira y desprecio hacia arriba, a un punto entre ellos dos. La sirvienta levantó la mirada hacia donde miraba ese chico. Y entonces vio a quien se interponía entre el vampiro y ella.

Subaru.

-¿Pero qué haces, idiota?- Siseó Ayato, a punto de perder los estribos.

-¿Yo? ¿Qué haces tu, demente? Una cosa es que bebas de la humana de vez en cuando ¡Pero esto ya es demasiado!

-...Quítate...

-No.

No podía creérselo. De verdad la estaba defendiendo. El mocoso de verdad estaba dispuesto a pelear contra él por defender a la sirvienta.

"Vale. Conque así será la cosa. Maldito traidor" Se dijo Ayato en silencio. Riendo con desprecio.

Ayato no necesitaba más provocación para lanzarse contra su medio hermano. Se puso de pié, luego completó una pose de cuclillas, y por fin brincó sobre el albino; apuntando a derribarlo y molerlo a golpes en el suelo.

Casi por instinto, Subaru tomó a Ayato por los hombros, antes de que este pudiera tocarlo si quiera, y lo arrojó a un lado.

Se sorprendió a sí mismo una vez que se dio cuenta de lo que había hecho. Era un movimiento que había aprendido de memoria esa noche que estuvo peleando con Salomé. Sabía que había tenido algún progreso esa noche; pero hasta ese momento no le había tocado comprobarlo por su cuenta. Y se sentía bastante bien.

Pero claro que no con eso iba a dejar al pelirrojo fuera de combate. El chico reaccionó y volvió a atacarlo. Pronto estuvieron rodando por el piso, matándose a golpes.

"Me ha soltado" Se dijo la sirvienta.

Estuvieron forcejeando por más de diez minutos. Ayato, siendo mayor y más grande que Subaru, golpeaba más duro y rápido, y tenía mucha más facilidad para mantener retenido a su hermano que viceversa. Parecía que esa pelea iría a favor del furioso pelirrojo.

-No te engañes, Subaru. No porque la defiendas ahora va defenderte a ti después.

Ouch. Justo en la herida.

-¿Qué sabes de defender a otros?- Dijo, sacudiéndose la sensación incómoda como si fuera polvo -Bebes de la humana hasta hacerla llorar, y ni así se sacia tu sed de sangre; y ahora que la sirvienta se puso en tu camino, vienes a matarla. No eres sino una bestia egoísta a la que sólo le preocupa su próxima comida.

-¿Y tú te crees mucho mejor? También has bebido de la humana, sin importarte lo que piense. Bebes igual de cualquier humano. Si, Subaru, soy una bestia. Y tú tambien. Somos depredadores.

Es obvio que lo que Ayato quería conseguir diciendo eso era apelar a la empatía de Subaru

Lamentablemente, tambien dijo

Estando el pelirrojo tan entretenido en su discurso, Subaru no tardó mucho en zafarse lo suficiente de su agarre y quitárselo de encima con una buena patada. Apenas consiguió separarse, sacó su cuchillo y se puso en posición.

"Bien" suspiró Ayato, casi lamentándose por las complicaciones. Si el albino no cedía, no había nada que hacer. "Esto va a ponerse interesan-" todo pensamiento abandonó su cabeza en cuanto sintió el cañón de la pistola rozándole la sien. Ese extraño arcabuz, de modelo anticuado y a la vez, de aspecto complejo, casi . Esa maldita arma que le había robado una semana de su vida.

-Será mejor que se relaje y se retire as su habitación, si no quiere otra semana de descanso forzoso.

Estaba acorralado. La maldita le apuntaba con su estrafalaria arma desde atrás. Y Subaru, quien estaba decidido en actuar como un idiota amante de los humanos, estaba en posición de combate, apuntándole con ese cuchillo blanco.

Normalmente, se habría teletransportado fuera de ese arrinconamiento, hacia el punto más ventajoso según la situación. Pero la sanación de los poderes es un proceso complejo. Todavía no había recuperado todas sus habilidades. Estaba acorralado.

La batalla había terminado.

-Tsk… Par de cabrones…- Dijo el pelirrojo, rindiéndose por fín. Y se desvaneció sin más.

Ahora estaban ellos dos solos.

Salomé había pensado antes en ese momento, un reencuentro a solas, y lo había esperado. Se disculparía por su cruel engaño y manipulación, hablarían las cosas, trataría de explicarle mejor el plan y volverían a estar en paz.

De verdad quería hablar. Pero no era facil. No supo cuanto tiempo duró el silencio incómodo. Y luego, como para presionarla más, el muchacho se guardó su cuchillo. Iba a irse, sin decirle abdolutamente nada. No pudo más, por fín se armó de un poco de valor...

-¡Joven Subaru!

-Perdóname.

-¿Eh?- Escapó de su boca por la sorpresa.

-Perdóname... Por reaccionar como reaccioné... Y por... Ya sabes.

-Realmente no lo sé.

-Lo que dije... De que tu y Reiji... ¡No me hagas decirlo, maldita sea!

-Oh... OOOOOHHHH... Eso...

-Si. Eso. Perdón.

Guardaron silencio de nuevo. No sabian qué decir. Y luego, Salomé comenzó a reír despacio, pronto las rizas se volvieron fuertes e incontrolables. Subaru le siguió, sin entender ni jota de lo que estaba pasando en ese momento.

La verdad es que ni la propia Salomé estaba segura de por qué reía. Tal vez era lo ilarante de toda esa situación, incómodos que podía hacerlos sentir esa tontería. Quizá era simplemente una respuesta a la pérdida de sangre. Quizá una mezcla de ambos. Fuera lo que fuera, era perfecto para romper el hielo.

-Convengamos en volver al viernes en la mañana ¿Qué dice, joven?

-Por mí perfecto. Aunque, de todas formas, extraño los entrenamientos. Por lo menos recuperar el tiempo perdido no caería mal ¿No lo crees?

-De eso no estoy tan segura. Estuvo fantástico hoy ¡En verdad, habría muerto sin usted! Estoy segura que hará un trabajo excelente con la señorita.

Subaru no podía creerlo. No podía creer que la sirvienta siguiera onsistiendo con lo mismo ¡Pero si había que ver tal desfachatez!

"Tsk" tronaron sus pálidos labios. -Eres increíble...- Dijo el chico, sonriendo. Pero era obvio que no le hacía ninguna gracia.

-No lo entiendo.

-Nunca dije que fuera a ayudarte.

La sirvienta se quedó confundida.

-Creí que eso ya estaba... Acordado...

-Claro que creíste eso. Si todo estaba excelente contigo. Yo no acordé nada; pero eso no importa ¿Verdad? Todo lo que importa es lo que pienses tu. Y te vas muy segura con tus planes. ¿Por qué? Dime ¿Porque tú eres buena? ¿Porque lo que haces es lo justo? ¿Porque eres lista, y solo lo que tu pienses vale?

-Si.- Dijo ella, firme y segura; habiendo recobrado la compostura mientras el chico hablaba. Y ahora, su palabra traía toda seguridad. -Si joven. Es por todo eso. No voy a decirle que soy más lista que usted, ni mucho menos que sea buena. Pero en esta casa hay una chica inocente con un corazón de oro, pero si algo no cambia aquí, esa chica dulce morirá. Yo le he prometido que no dejaré que eso pase, y no tengo ninguna intención de faltar a mi promesa. Lamento el dolor que le ha causado todo esto. Y sepa que yo realmente lo sigo considerando mi amigo. Pero no espere que me disculpe por lo que he hecho, porque no lo haré.

Subaru cerró los ojos y bajó la cabeza. Maldita sea, la mujer tenía un buen punto.

-Vale- Dijo. Con todo el dolor de su alma. -Entiendo por qué lo has hecho. Yui no merece morir.

-Entonces... Joven...- Dijo ella, con la mirada llena de ilusión.

-No confundas las cosas, mujer. Las cosas se quedan como iban. Volvemos a entrenar y a estar bien. Pero nunca, por ningun motivo seré tu perro guardian.

Salomé quería decir algo, lo que fuera para detenerlo y volver a ganárselo. Pero era inútil. El chico tenía razón, y no le estaba fallando a nadie por ejercer sus libertades.

Después de otro incómodo silencio de un par de minutos, Subaru se dió media vuelta, en seña de que no escucharía más. Y se desvaneció.

"Yo no haré tu trabajo sucio. Grábate eso." Dijo, al tiempo en que se iba, Sus palabras quedaron flotando en el ambiente.


Pues bueno, nadie es enteramente bueno aquí. Y créanme que cuando digo que nadie, es nadie.

Capítulo 11:

Haleem

o

Reencuentros agridulces.

Dejen un bonito review :D

~Matta nee.