Perdón por la tardanza, y sobre todo porque... Bueno, verán... No hay capítulo 11 todavía :D

*pone cara de nomematen*

Pero ¡Hey! Por lo menos hay... Algo. Y va con amor :3 Y el 11 lo tengo ya para el viernes.

Respuestas a reviews.

skarllet northman: ¡Esta es de las mías! :D

Sofía Alexandria Santiago:A eso vamos, precisamente ;) (y perdon lo de tu nick, pero si no lo pongo así, se borra al guardarlo) :(

OtakuDL: Siiii, es que estaba enojadillo el pelirrojo. Ya seee haha ¡Bien leeendo el momento! ◕_◕ Pensamos diferente ahaha, yo soy mas consecuencialista :P Quizá quiere quizá no, pero es un tsundere ¡Así es que o es como si la quisiera ni nada, bakka! (*≧o≦*) lolwut. Pues no sólo era la puerta, era el cuarto entero. Aunque si los hubiera oído, pues como dije, nadie es enteramente bueno aqui. Nadieeee :P

Y pues nada. Capítulo intermedio ¡Que lo disfruten!


Capítulo 10.5

Ayato (3)

o

Sentimientos guardados.


Después de la pelea, Ayato se dirigió directamente a su cuarto, y a su féretro. Ni siquiera se preocupó por poner llave a la puerta. Daba igual, nunca nadie respetaba nada en esa casa. Aunque, desde el fondo de su corazón, deseaba que lo dejaran en paz el resto de la noche. Todos, incluso Laito, a quien siempre había considerado su alma gemela. No tenía cabeza para estar aguantando nada ni a nadie. No ahora.

"¿Por qué? Maldita sea ¿Por qué?" Se repetía contínuamente.

Los recuerdos de esa pelea eran difusos. Todo lo veía como a través de un filtro rojo, algo empañado. Todo lo oía con un irritante pillido agudo de fondo. Cuando despertó de esos cinco días, estaba furioso, pero perfectamente controlado. Sin embargo mientras progresó la pelea, su ira fué tomando más y mas control.


:Flashback:

La verdadera locura empezó durante la pelea. Todo iba muy parecido a la última vez; había apaleado a ese monstruo hasta medio-matarla. Ella luchaba por levantarse, pero ya no podía más. Eso sólo lo molestó mas. Caminó hacia ella, se le puso encima y la levantó por los hombros, como a una muñeca de trapo. La maldita lanzó un gemido sucio.

-¿Gemidos de placer, asquerosa?- Le dijo, retóricamente. Pero su respuesta... En verdad que no teía verguenza.

Le dijo que la soltara. Después de todo lo que le había hecho, de atreverse a volver, y de robarle una semana de su vida. Ahora que la tenía ¿De verdad pensaba que había alguna posibilidad de que la soltara? ¿Y luego qué? ¿"Oh, si, querida madre, discúlpame por mi mal comportamiento. Ven, vamos a curarte."?

Le gritó que se fuera o se callara o algo así; no podía recordar muy bien qué fué, pero iba con todo su odio.

Después, vió su sien y su hombro, y la sangre que emanaba de las heridas, y recordó su dulce sabor. La sangre más dulce que hubiera probado jamás. Una sangre que evocaba a los bajos instintos. Lo único bueno que tenía ese demonio, sangre de la mejor calidad. Y se le ocurrió una idea muy divertda.

Le dijo otra cosa de la última vez, para molestarla. Le dió un fuerte tirón de pelo para hacerla mostrar el cuello, y mordió.

Nada. Sangre humana común y corriente.

Apenas la sangre tocó su lengua y bajó por su garganta, se detuvo. Alejó al monstruo, sin soltarla. La miró fijamente a los ojos.

¡¿Pero qué carajos estaba pasando aquí?! Esa no era la sangre que había probado hacía tanto tiempo. Esa sangre dulce y cálida, esa sangre que le hacía sentir una excitación extraña. Esta sangre era burda, pasiva, y hasta desabrida. Era como comparar cerezas confitadas o tarta de queso con... ¡Con estofado!

:Flashback end:


Y ahora en su cuarto, en la oscuridad, su mente se aclaraba. La ira lo había estado cegando desde antes de la pelea, desde mucho antes; haciéndolo actuar como un completo idiota. Pero esa sangre burda y sosa no podía engañar a nadie.

Reiji tocó la puerta de su habitación, entrando sin esperarse a escuchar alguna respuesta, y se dejó caer con regaños y regaños por lo del cuarto de la humana, una mezcla de "maldito irresponsable" y "Subaru 2.0, la máquina suprema de destrucción".

Pero la verdad, no le importó mucho. Ni que entrara sin permiso, ni los regaños ni las ofensas. Nada. Incluso aceptó enteramente a la buena su castigo de dejar ese cuarto como nuevo. Saber que su madre seguía bien muertita y que no podría tocarlo le había devuelto la paz.

.


Despertó a mitad del día siguiente. Mierda, esas cinco noches en coma le habían movido el horario de sueño. Por más que lo intentara, no podría dormir más. Y a la noche siguiente, estaría recibiendo más regaños del amante de las tazas por haberse dormido en clases. Pero ahorita eso no le importaba. De hecho, su sueño había sido interrumpido por fuerzas más grandes que la simple falta de este. Fuerzas tales como para perturbar la paz de cualquiera.

Quería mear.

Salió de su cuarto y caminó por el pasillo que conectaba las habitaciones. Oh, tenía su propio baño junto a su cuarto, como el resto de los cuartos de esa casona; pero estaba descompuesto. Y de cierta manera, suponía, era su culpa por intentar deshacerse de teddy cual pez dorado. Pero tambien Kanato debía aceptar su responsabilidad por no cuidar sus cosas.

Pues como decíamos, pasaba por el pasillo de las habitaciones, camino al baño común. Pero justo cuando pasaba frente al cuarto de la humana (el que le habían asignado mientras reparaban el otro) oyó sollosos. Pensó en entrar, pero...

-Oh no, señorita. No llore. Todo ha salido bien al final.- Se oyó desde adentro.

Maldición, estaba con Cord... No, esa no era su madre. Era la sirvienta, Salo... ¿Salo-qué?. Los sollozos seguían, por mas que la sirvienta intentara calmarla. Iba a irse, pero después se le ocurrió que arreglar las cosas con la sirvienta no caería transportó encima del dosel, y se quedó a escuchar. Después de todo, no era conveniente estar en la lista negra de una mujer así.

Sobretodo si contaba con semejantes melones.

-Es que estoy cansada, Salomé- Dijo Yui, con esfuerzo -¡Estoy harta de vivir así! ¡Quiero volver con papá, y olvidarme de los vampiros para siempre!- Exclamó arrojándose a los brazos de Salomé. Lloró un momento más. Y luego, dijo algo en voz baja que le heló un poco la sangre a quien la oyera

-Aveces... Incluso quisiera morir... Sólo para detenerlo todo.

Ayato lo oía todo muy claramente. Ok, esto era un poco más serio de lo que esperaba. Pero... Eso no era cierto ¿Verdad? Todo era un juego, y la humana lo sabía. Siempre que se le acercaba, le latía el corazón rápido. Los humanos hacían eso cuando se emocionaban ¿No? ¿Entonces no significaba eso que le gustaba jugar?

Bueno, era obvio que no ¡Pero el pensaba que era así! Todo fué una confusión. Un malentendido. No era su culpa...

La pobre chica no dejaba de llorar. La sirvienta no supo qué mas hacer. ¡Pero qué buena aya había resultado! Ni una vez había podido darle consuelo a su señorita. ¿Qué diría el amo Karl Heinz cuando se enterara? Bueno, probablemente no le importaría demsiado. Después de todo, su misión era retrasar las cosas. Y nada más... En lo que al jefe respectaba, claro.

Rodeó a la chica en sus brazos, y acarició su rubia cabeza. Después recordó un viejo "truquillo", el último que aprendió de su madre, y que usaba para tranquilizar los llantos del pequeño Haleem, cuando acababan de perderla. Todo era cuestion de dar suaves caricias en la cabeza y cantar una nana de la infancia. Y la única que se sabía Salomé era "Yalla tnam Rima"; o bueno, para este caso "Yalla tnam Yui".

Dentro de poco, los sollozos de la humana cesaron. Los oídos del vampiro captaron incluso leves ronquidos, casi ronroneos, y luego la luz se apagó. La humana había caído rapidísimo; y de hecho, él mismo había empezado a cabecearse ¡Bendita vejiga a punto de reventar! Y bueno, el descubrimiento de esa sensación llamada "culpa".

-¿Seguirá todo el día allá arriba, joven?- Oyó el susurro más quedo, desde abajo.

-...- Decidió no decir nada, y no moverse. Quizá realmente no lo había visto, quizá solamente había oído algo, y todo era un truco para descurbirlo.

-Puedo verlo en el espejo, joven Ayato. ¿Ha venido a destruir este cuarto tambien? ¿O sólo a volver a intentar matarme?

-¿Qué? ¡No! Yo solo entré porque oí...

-Ese no es mi asunto. Si tiene algún asunto conmigo, digame y lo veré afuera. Si no, por favor salga de aquí. Mi señorita necesita dormir.

¿Debería arreglar las cosas? ¿Debería hablar con ella y disculparse por todo el daño que le había causado? ¿Debería explicarle lo de su madre y la molesta guasa de ese viejo ridículo? ¿Decirle que nunca quiso hacerle daño real a la humana? ¿Decirle que todo fué una terrible confusión, y pedirle empezar de nuevo?

-No es nada.

No. Ni siquiera él era tan descarado.

Se fué. Sin dar ningún problema.

.


La noche siguiente, después de que regresaron todos del colegio, Salomé aprovechó que su señorita había conseguido hacer las paces con el joven Subaru para dejarlos un momento a solas, y quizá conseguir que alguna semilla germinara. Mientras tanto, ella daría un paseo por la casa.

Cuando pasó frente al estudio del joven amo, la puerta se encontraba abierta. Él nunca dejaba la puerta abierta; ni la del estudio, ni la de su habitación. Asomó la cabeza. El joven amo se encontraba sentado frente a su escritorio, encorvado, con una mano en la frente y una terrible expresión de dolor.

-Joven amo ¿Puedo pasar?

El vampiro apenas giró la mirada para ver quién era. E incluso eso parecía darle trabajo.

-Ah, eres tú ¿Qué necesitas?.- Decidió dejarla pasar. Después de todo, todavía tenía que discutir algo que había pasado con Yui hoy en el colegio, y el consecuente cambio de planes necesario.

-¿Se encuentra bien?

-Es sólo una migraña. Llevo dos días con ella.- Enserio, esta era una chica lista ¿No podía ver lo inoportuna que resultaba?

-Oh, ya veo. Si no le molesta, permítame arreglar el problema.

-Hmm... De acuerdo.

A Reiji le sorprendió tal atrevimiento por parte de esa mujer, que tan correcta parecía. Pensó primero en decirle que se fuera y lo dejara trabajar en paz. Con ese dolor, no quería estar aguantando cosas de humanos. Pero lo pensó mejor. La dejaría tratar, y cuando fallara, la disciplinaría de manera adecuada.

-Bien, primero deme un momento. Espéreme aquí.

Reiji esperó obedientemente. Cinco minutos después, Salomé volvió con un quemador de aceite esencial, una vela y tres botellas. Cerró la puerta tras de sí.

-Son aceites naturales, los he extraído ayer. Sándalo y palo de rosa.

Puso el quemador en el escritorio, y un poco de los aceites en la parte de arriba. Luego encendió la vela con cuidado y la colocó en el compartimento correspondiente. Pronto el calor de la llama comenzó a quemar los aceites y el estudio se llenó de su olor.

-Bien, ahora recárguese en la silla, eche la cabeza para atrás y relajese completamente.

Reiji no oponía ninguna resistencia. Casi no podía contener su sonrisa ¡Aromaterapia! No pensaba que esa mujer fuera a recurrir a la sugestión para tratarlo a él. Quizá era que no lo conocía lo suficiente. Pero lo conocería ¡Oh, vaya si lo conocería! Nadie le hacía perder el tiempo o intentaba manipular a Sakamaki Reiji y salía caminando por la puerta.

Sus manos estaban calientes, y muy suaves. Había que reconocérselo, no podía ser sencillo tener manos así de suaves con el trabajo que tenía. Y el aroma de los aceites, le iba perfecto al estudio; quizá no sería malo invertir en un poco de aceite o incienso, y un quemador. Tendría que recordarlo mañana.

La sirvienta comenzó a tararear una melodía en su lengua materna. Tenía una voz de mujer adulta, sedosa y dulce.

Era... Tan relajante.

Esa mujer ¿Qué le hacía? Se sentía tan bien.

Su dolor se desvanecía, y una paz y relajación totales lo reemplazaban. Las suaves manos de Salomé eran como compresas calientes que desacían la inflamación ¡Eran mágicas! Se estaba quedando dormido sólo con ese masaje en la sien. Era un extasis de relajación. Incluso creyó ver por el rabillo del ojo que esas manos brillaban con una tenue luz dorada...

Y luego se detuvo.

-Perdone. No quise imponerme a...- Comenzó a disculparse la sirvienta, habiendo caído en cuenta de su atrevimiento. Pero se detuvo cuando vió la mirada casi suplicante del joven amo.

-Sigue.- Fué todo lo que dijo.


El masaje continuó por otros diez minutos, hasta que el joven la detuvo de manera educada y la dejó irse. Salomé se guardó sus aceites y apagó la llama del quemador.

-Salomé...

-¿Si, joven amo?

-Gracias. Me has ayudado bastante.

Salomé le sonrió.

-Estoy para servirle joven. No dude en pedirme nada.

Por alguna razón, Reiji tuvo que resistir un impulso de voltear al suelo. Pero todavía tenía que discutir algo con ella, y lo recordó justo en ese momento.

-Antes de que te vayas, necesito un momento contigo. Siéntate en la silla. Dijo, apuntando de nuevo a la silla pequeña, frente a la de él. Salomé fué a sentarse.

-¿Si?

-Hasta ahora tu trabajo como guardiana de la humana se ha limitado a la mansión, porque somos los únicos vampiros en la escuela; y me he encargado de que los ataques se limiten a esta casa. Sin embargo, la semana entrante llegará un grupo nuevo al instituto, y no estoy en buenos tratos con esa gente, por lo que no he podido mediar nada con ellos. Es por esto que debemos hacer un cambio de planes.

A partir de mañana, nos acompañarás al colegio, todas las noches.


Ayyyyyy se me pasó la imaginación al final con el masajito hahahahahaha. Déjenme soñar :P

De nuevo, perdón, les debo el capítulo 11 para el viernes.

~Matta nee.