Capítulo 12

Haleem

o

Conversación entre hermanos.

Tanto había esperado por este momento. Tanto había esperado para volver a verlo, y ahora lo tenía frente a ella.

-SLAP-

La cachetada hizo eco en el patio solitario. Fué un golpe tan fuerte, que ahora era el chico quien estaba en el suelo.

-...¿Por qué?...

-¡Ni empieces a hablar! Muchacho imprudente ¿Qué rayos haces dejándote enredar por ese enfermo?

No podía dejarlo hablar. Si se le dejaba, el chico era hábil para enredar a la gente con palabras como una araña con sus hilos.

-Hermana, por favor escúchame un...

-¡Que no hables! ¿Sabe papá que estás aquí? ¿O es que encima lo abandonaste sin decir nada? ¿Qué crees que va a decir cuando se se entere? O cuando se entere la comunidad ¡Nunca vas a casarte! ¿Quién querría casar a su hija con alguien así? ¡¿Es eso lo...

Y de la nada, estaba atrapada en un abrazo. Los brazos de Haleem; largos, cálidos y tan familiares, hicieron que se olvidara por un momento de su ira.

-No hay quien pueda con tu fuego.- La soltó lentamente, y la miró a los ojos, sonriendo. - ¿Recuerdas esa vez que "castigaste" a nuestra prima?

-Bueno. Te había golpeado y tu eras demasiado pequeño para defenderte-

-¡El incendio casi acaba con esa rama de la familia!

-¿No esperarás que me disculpe ahora o si?

-Por supuesto que no. Es mas ¡Me alegro! Gracias a eso nos enteramos de tu potencial.

-Heh... Hubiera salido a la luz tarde o temprano.

-¡Ah! Pero que fiesta la que siguió, y que felices estaban todos contigo ¡Amilah al azahar estaba en nuestra casa!

Salomé comenzó a memorar esos días. Esa tarde, en la fiesta, le dieron el nuevo nombre. Y a la mañana siguiente, comenzó su entrenamiento en el baile y la magia, y por primera vez tuvo en sus manos el enorme libro rojo de su madre, ese que había llevado a la mansión en una maleta chica...

¡Maldición! La araña la había enredado de nuevo.

Ah, cómo extrañaba la labia de su hermano.

-Ey, te has puesto guapo.- Dijo, después de mirarlo un momento.

-Sólo he crecido...

-No. Sí que te has puesto guapo- Esperó un momento para ver si decía algo, pero nada. -¿Qué haces aquí con ese retorcido? Ahorita podrías estar con cualquier chica en casa.

-Realmente no lo entiendes ¿Verdad?

La sonrisa de Salome desapareció. Esa impavidez de su hermanito comenzaba a subirle por la espalda.

-¡Eres tú el que no entiende! Ese hombre es un enfermo y te está arrastrando por su depravación. Tú no eres así, Haleem. Tú no quieres esto.- El rostro de su hermano seguía relajado, y él no decía nada. Salomé ya no soportaba esa seriedad. -¡Ni siquiera le gustas!

-¿Y crees que no lo sé ya?- Dijo con una sonrisa relajada.

-¿Eh?

-Salomé, eres un poco injusta al asumir tanto de mí, siendo que hace mucho que no nos vemos. Dices que yo no quiero esto; pero no sabes que yo lo he iniciado ¿Verdad? Si, sé bien que no me quiere, ni le gusto, pero la verdad es que lo amo. Lo suficiente para seguirlo pase lo que pase. La verdad es que, si él no me lo dice, no pienso parar.- Hizo una pausa, y la vio otra vez a los ojos.- Por nada ni nadie.

-Veo que no vamos a entendernos en este punto.- La cara de Salomé había pasado de iracunda a sombría. -Regrésate a Sahmeed y ruega a padre por su perdón. No me hagas repetirlo otra vez.

-¡Pero no puedo hacer eso! ¡Intento decírtelo desde un principio!

-¿Y por qué no?

-¡Porque ya no existe Sahmeed!

-Que... ¿Que?

¿Qué acababa de decir?

-Poco después de que te fuiste, llegó la guerra. El campamento no tenía oportunidad. Yo he sido el único con suerte. Nadie más ha sobrevivido.

-Y... Padre...

Haleem bajó la cabeza. La respuesta era obvia.

La campana de comienzo de primer período comenzó a sonar. Haleem dijo algo rápido antes de desvanecerse, pero Salomé ni siquiera lo escuchó.

Vale, por lo menos ya sabía que no era un ghoul.