AU Moderno

Editado: Enero 31, 2019


You'll always be my son

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―Hiccup.

Hiccup abrió sus ojos al momento en que sintió que alguien lo movió y vio borroso por unos segundos. Se quitó un audífono y luego bostezó. Cuando su vista se aclaró, por un momento olvidó el lugar en donde se encontraba y sintió un mini-infarto. Luego vio a la mujer que estaba frente a él sonriéndole de un modo maternal.

Y entonces todo le vino de golpe.

En lugar de regresarle la sonrisa, Hiccup arrugó su nariz y frunció un poco sus labios.

―Deberías tener más cuidado―dijo Valka luego de unos segundos de silencio, ignorando esa mueca que su hijo le dio―Pudieron haber robado tu equipaje.

Hiccup no volvió a responderle y simplemente se levantó para después desviar la mirada y llevarse una mano detrás de su cuello incómodamente. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Abrazarla? ¿Darle un beso en la mejilla? ¿Un apretón de manos? ¿Fingir estar emocionado de verla luego de tantos años?

No pudo pensar en otra cosa porque Valka se le había adelantado y lo abrazó fuertemente.

―Como has crecido―dijo ella con un tono que indicaba que estaba a punto de llorar.

Ugh, no. Todo menos eso. Muy apenas y puede tolerar a Camicazi llorar.

―Sí, sí. Los efectos de tener dieciséis, supongo―comentó Hiccup algo antipático mientras la abrazaba incómodamente.

Cuando se separaron, lo cual se tardó, Hiccup miró el reloj digital de la Central que estaba detrás de ella y jadeó al ver la hora.

―¡¿Son las nueve de la noche?! ―exclamó casi en un grito.

―Lo sé, lo sé. Lo lamento―se disculpó Valka apenada mientras discretamente de secaba unas pequeñas lágrimas con sus dedos―Mi trabajo me detuvo más de lo que pensé.

―¿A qué te dedicas?

Hiccup notó el cambio de melancolía a emoción ante la pregunta.

―Soy la Jefa de Veterinaria del zoológico de Berk. Por ahora tenemos a un jaguar enfermo y una jirafa embarazada, así que deben ser monitoreados minuciosamente.

―... De acuerdo.

Valka hubiera esperado más emoción por su parte, pero decidió dejarlo pasar. Hiccup todavía debe de estar un poco conmocionado por este brusco giro en su vida.

Pasaron unos momentos en silencio, los cuales Valka los tomó para examinar a su adolescente hijo a más detalle.

―Todo este tiempo y saliste a mi―dijo ella sin pensarlo y queriendo volver a llorar.

Hiccup debía admitir que sus similitudes eran más notorias con ella que con su papá. Mismo tono de cabello, misma mirada verde, complexión delgada, estatura promedio... Se parecían más de lo que quisiera admitir.

―Ajá―contestó Hiccup secamente.

Valka se limitó a sonreír de nuevo pero ahora con cierto nerviosismo.

―¿Tienes todas tus cosas?

―Sí.

―Muy bien, entonces salgamos de aquí.

Si el camino hasta el auto de Valka fue impregnado por un incómodo silencio, Hiccup no quería imaginarse cómo sería el recorrido hasta la casa de ella. Mucho menos pensar en cómo serán las cosas aquí en Berk.

―¿Tienes hambre? ¿Te parece bien si pasamos por una pizza? ―preguntó Valka mientras encendía el coche.

―Sí, como sea.

―¿Cómo estuvo tu viaje?

Hiccup dejó salir una queja. Él no es así, de verdad, pero estaba irritado por estar irritado con Valka y eso lo irrita aún más. Miró a la mujer de reojo mientras ella iba conduciendo y notó que lucía tensa y nerviosa, como si se hubiera hecho a la idea de que jamás iba a volver a verlo pero aquí está él, en contra de su voluntad. Hiccup no estaba en el ánimo de tener una plática, pero será mejor acostumbrarse a la idea de que tiene que tenerlas.

―Estuvo bien―le dijo simplemente.

Mientras continuaba el recorrido, Hiccup ahora pasó la mirada hacia la ventana viendo todos los diferentes edificios que había en Berk. El lugar tenía mucha vegetación y algunos lugares lucían rústicos, mientras que otras construcciones eran más modernas.

Era tan diferente a Bog-Burglars.

―¿Estás enojado?

Lentamente, Hiccup dejó de ver hacia la ventana para verla otra vez.

Enojado se quedaba corto.

―¿Por qué nunca me lo dijeron? ―dijo de forma agresiva. No tenía filtro, las palabras comenzaron a fluir sin que las pensara con detenimiento―Uno no espera enterarse por servicios infantiles que sus padres jamás se divorciaron y que ahora resulta que tengo que irme a vivir con mi madre porque legalmente ella tiene mi custodia, a una ciudad que no conozco y donde no conozco a nadie.

Stoick siempre dijo le dijo que él era un aventurero de corazón y que no le tenía miedo al cambio, pero en estos momentos a Hiccup no le gustaba este cambio. Hiccup esperaba una respuesta de Valka, pero cuando ella se rió nerviosamente, sintió su sangre arder.

―¡¿Te parece gracioso que-?!

―Lo siento, hijo―interrumpió ella―Es sólo que... nunca pensamos que esto iba a pasar.

¿Pensamos? ¿En plural? ¿Quienes pensaron qué y por qué?

―¿Qué cosa exactamente? ¿Qué me iba a enterar o qué...?

Hiccup guardó silencio. La miró por unos segundos más y luego regresó su mirada hacia la ventana del auto.

Todavía no podía decirlo en voz alta.

Pasaron por el servicio de ventanilla para pedir la pizza y el olor de la comida hizo que el estómago de Hiccup gruñera con fuerza. No se había dado cuenta del hambre que tenía hasta ahora.

En lo que quedó de camino no dijeron nada más.

Llegaron hasta una zona residencial de departamentos. Condominios para ser más exactos. Hiccup estaba asombrado por el lugar, lucía costoso y algo elegante. En los últimos años, él y Camicazi siempre se imaginaban a su madre en escenarios donde ella o estaba muerta, o vivía en un lugar de bajos recursos.

―Es aquí―anunció Valka mientras apagaba el auto y tomaba la pizza―El condominio está en el sexto piso, que es el último.

Bajaron todas las cosas y subieron hasta el sexto piso en elevador. Hiccup estaba seguro que Camicazi ya se hubiera aventado del elevador ante tanto silencio incómodo. Cuando llegaron al piso indicado, Hiccup la siguió hasta una puerta que estaba al fondo a la izquierda.

―Hogar, dulce hogar.

Sí, claro. Pensó Hiccup apáticamente.

El lugar era todavía más impresionante por dentro. Todo era blanco. Lo primero que se veía al abrir la puerta era la sala que consistía en unos sillones color gris y uno más largo donde fácilmente alguien podía dormir ahí; detrás de la sala estaba la cocina que parecía totalmente nueva (Hiccup apostaba que lo era, después de todo recuerda que Valka no era buena cocinando); luego estaba el comedor lleno de papeles y lo demás era espacio sin utilizar. Todo el lado izquierdo eran unos enormes ventanales y una puerta que daba hacia el balcón, y la vista se veía increíble.

Las escaleras estaban pasando el pasillo de la puerta y a simple vista Hiccup podía ver tres puertas arriba solamente.

―Tu habitación está arriba, es la primer puerta―dijo Valka sacando a Hiccup de lo asombroso que era el lugar―La puerta que está debajo de las escaleras es un baño, aunque nuestras recámaras tienen baño propio. La puerta que sigue de tu habitación es mi oficina y la que sigue de ahí es mi cuarto. La lavandería está en el primer piso. Y, um, esto es todo.

Hiccup dejó caer su mochila en la entrada y siguió admirando el lugar.

―¿Qué hay de esta puerta? ―señaló una que estaba frente a las escaleras

Valka se rió con suavidad y un toque de nerviosismo.

―No es nada. Vamos a cenar.

Se sentaron en la mesa y Valka sacó dos refrescos en lata.

La cena fue totalmente incómoda. Valka se empeñaba en hacerle un montón de preguntas, desde su color favorito hasta si ha tenido novias, como si fuera la primera vez que se conocían, aunque de cierto punto de vista eso era cierto. Hiccup se limitaba a responder lo más corto que podía, a veces veía el rostro de Valka como si esperaba que dijera algo más y cuando veía que no iba a decir otra cosa, hacía otra pregunta.

―¿Te molesta si ya me voy a dormir? ―le preguntó Hiccup luego de haber terminado de comer, pues no soportaría otra pregunta más.

Valka pareció lucir decepcionada y se notaba que todavía tenía intención de continuar hablando.

―Claro―terminó diciendo la mujer―Te dejé la contraseña del internet en tu habitación.

―Gracias.

Hiccup se dio la vuelta pero permaneció inmóvil. ¿Debería marcharse así nada más?

Gruñendo internamente, volvió a girarse para ver a Valka y le dio un abrazo forzado. No por ella, sino por Stoick. Cabe mencionar que Valka se emocionó mucho ante el acto y alargó el abrazo más de lo que a Hiccup le hubiera gustado. Finalmente lo liberó del abrazo y luego tomó su mochila y otras dos maletas.

―Buenas noches―susurró Hiccup pero Valka lo oyó.

―Buenas noches, hijo―respondió ella feliz.

Tan pronto como Hiccup cerró la puerta de su nueva habitación, soltó un jadeo frustrado. Miró la blanca habitación que solamente tenía una cama individual, un amplio escritorio y un clóset vacío. Se talló su cara con ambas manos cuando un extraño sentimiento de vacío lo invadió e hizo que su corazón se acelerara. Luego se dejó caer en la cama

Esto era horrible.

Sacudió su cabeza y luego sacó de su mochila su laptop y tan pronto la encendió entró al video chat, antes de hacer otro movimiento ya tenía una video llamada entrante.

En la pantalla apareció el rostro de una muy bonita chica de ojos azules, de cabellera rubia y recogida en una trenza de lado; estaba usando una blusa de tirantes azul que le hacía resaltar sus enormes pechos.

¡¿Por qué tardaste tanto?! ―le reclamó la chica luciendo molesta pero con tono preocupado―¡Creí que te había pasado algo! Intenté llamarte como veinte veces a tu celular pero me mandaba directo al buzón.

Hiccup revisó su celular y notó que estaba apagado.

―Veo que ahora si se quedó sin batería.

¿Qué? ―preguntó ella confusa―¿De qué hablas?

Hiccup sonrió tristemente.

―¿Quién crees que me dejó olvidado en la Central por cinco horas, Camicazi?

Camicazi jadeó con ofensa.

¡No! ¿Valka no pasó por ti a la hora acordada?

―No lo recordó. Me llamó dos horas después para preguntarme que a qué hora llegaba el autobús y que todavía la esperara una hora más por su trabajo. Quise irme en taxi y no tenía suficiente efectivo y los malditos cajeros automáticos no servían y la tuve que esperar. Llegó a las nueve.

Camicazi había escuchado atentamente a Hiccup y cuando él terminó, ella volvió a jadear.

¡¿Qué le pasa a esa mujer?! Como si once años no hubieran sido suficiente tiempo de espera―Camicazi se mordió la lengua y luego lo miró con pena―No quise decir eso... Lo siento, Hiccup.

―No dices mentiras―se limitó a decir el joven castaño―Este lugar no es para nada como lo imaginábamos.

¿Acaso es peor?

Hiccup rió un poco. Él y Camicazi siempre se planteaban escenarios horribles cuando se trataba de Valka.

―Es... asombroso, lo admito. Vive en un condominio muy lujoso.

Continuaron platicando por más de media hora sobre Berk y otras cosas más. Hablar con Camicazi siempre relajaba a Hiccup.

Ha pasado a penas un día y ya te extraño.

―Yo también―dijo Hiccup con sinceridad―Créeme, si fuera por mí yo me hubiera quedado en Bog-Burglars.

Lo sé. Por cierto, hablé con mi mamá y llegamos a un acuerdo. Si me comporto en este semestre, me dejará ir a Berk a pasar el año nuevo.

―¿De verdad? Será mejor que no me haga ilusiones entonces, no creo que logres comportarte.

Camicazi jadeo de nuevo pero en modo de juego.

¡Tienes suerte de que no te pueda pegar, Haddock!

Hiccup volvió a reírse. Una femenina e impotente voz se escuchó, la cual gritaba "ya apaga eso". Hiccup estaba sorprendido por la potente voz de Bertha.

Mamá ha hablado―dijo Camicazi medio molesta―¿Hablamos mañana?

―Seguro. Buenas noches, Cami.

Buenas noches, Hiccup.

La video llamada terminó e Hiccup apagó su computadora. La dejó sobre el escritorio y volvió a aventarse a la cama, alzando sus piernas hacia su pecho.

A partir de mañana, su vida va a dar todo un giro.

Otra vez.


Notas de la autora: Qué tal! Aquí algo de prisa. Entre mi escuela y mi trabajo, las actualizaciones en todos mis trabajos serán mucho más irregulares. Les pido paciencia por favor.

Muchas gracias a todos por tomarse un tiempo de leer y por dejar un review! *reverencia*

Tengan una muy bonita semana.

Saludos~