Hola! Perdón, pero tenia que pensar bien profundamente esta historia, quería tocar diferentes temas y no sabia como unirlos. espero que les guste.
CAPITULO 1-
Eran esos días en los que el cielo anunciaba una inminente tormenta, todos en la calle miraban esporádicamente el cielo como esperando el momento oportuno para abrir el paraguas.
Así se sentía Gray. Esperando la tormenta, esa lluvia fría que te traspasa y se te cuela en los huesos, y esa oscuridad grisácea que traga todo rayo de luz. Estaba preparándose mentalmente para lo peor, pero nada puede manejar una tormenta, nadie sabe el momento exacto en la que se va a desatar, o cuando va a terminar, lo único que se puede hacer es esperar ese momento y enfrentarlo de la mejor manera posible.
Cada día que pasaba era un nuevo desafío. Tratar de hacer cosas que había dejado olvidadas e intentar cosas nuevas era reconfortante. Como una brisa fresca después de mucho calor. Pero a veces se sentía como si hubiera olvidado como bailar, y estuviera en medio de una pista de baile y solo pudiera dar pasos torpes sin enganchar el ritmo.
Cualquier cosa lo hacía sentir inseguro, pensaba demasiado todo antes de actuar. Haber dejado la vida que conocía desde hacía más de varios años no era fácil. El tener el día programado, la ropa, la comida, el transporte, lo que decir, lo que hacer, ¡hasta lo que pensar!
Era como haber sido comido por la tierra y escupido en un lugar lejano.
Desorientado, así se sentía, esa era la palabra. Pero a pesar de todo, lo que más le costaba era no poder saber nada sobre él mismo. Quería volver a sentirse autentico. Ya no sabía si le gustaba el helado de limón. Si su comida favorita eran los fideos con salsa, o si su color favorito era el negro o el azul. Todas esas cosas que por marketing había cambiado y repetido hasta el cansancio en entrevistas para vender una imagen en la que no coincidía.
Era una etapa de redescubrimiento para él, pero era sumamente agotadora y desconcertante.
Caminando por la calle al mediodía, se le hacía tarde de nuevo para comprar algo para almorzar. Todavía no se acostumbraba a los horarios del almacén de la esquina de su nueva casa. Al salir disparado no presto atención a la ligera llovizna hasta que no era un diluvio a toda regla cuando salía con la bolsa con las compras. Pensaba en volver a entrar para comprar un paraguas, ya que poco le servía en el tarro al lado de la puerta en su casa, cuando la señora mayor, la dueña del negocio le cerró la puerta en la cara, diciéndole que ya había cerrado.
Tomando coraje empezó a correr los metros que lo separaban del toldo de un negocio cerrado a mitad de camino. Todo estaba bien hasta que se le rompió la bolsa por saltar un charco y desperdigo todo por el suelo.
Mientras soltaba maldiciones al que había fabricado las bolsas, empezó a recoger todos los artículos, algunos arruinados por el agua estancada. Mientras se preguntaba cómo podría haber comprado tantas cosas pequeñas. Vio que una nena se le acerco desde el toldo al que él quería llegar y lo ayudo a levantar las cosas que faltaban ya que a él se le escurrían de los dedos.
Cuando termino de levantar la última caja de golosinas que estaba más alejada, caminaron los últimos metros hacia el toldo.
La niña no tendría más de 5 años, no era un experto calculando edad de niños, ya que el infante que más cercano tenia era su ahijada Nashi, que veía 2 veces al año.
-Muchas Gracias…-dijo pausando, esperando que le dijera su nombre.
-…Nina, solo Nina. – dijo mirándome con un ojo azul muy bonito, sobre el otro ojo tenía un parche negro.
-Encantado de conocerla señorita, yo me llamo Gray. Vivo en la esquina, la casa de rejas grises. – dije algo teatral, no se podía ser muy serio empapado de la cabeza a los pies, con una remera que me quedaba grande y unos pantalones cortos que se parecían a unos calzones largos que le habían desaparecido hace tiempo.
Ella no estaba mejor, vestía un simple vestido amarillo en su mejor época, pero ahora lucia opaco, sucio y gracias a él mojado. Sintió una punzada de culpabilidad cuando vio que iba descalza. Su pelo rojizo estaba suelto pero algo enmarañado.
-Donde vivís?- pregunte
-Aquí y allá. – dijo mirando para enfrente y después señalando con el mentón la esquina de donde compre recién.
Me quede de piedra.
Era una nena de calle, una huérfana.
Todo mi ánimo se vino abajo. Su simple actitud humilde de ayudarme, a mí una persona que podía tenerlo todo en este mundo, no pudo con el hecho de su simple gesto de solidaridad. Algo en mí se removió.
Ella se quedó en silencio y pareció avergonzarse por algo por que bajo la cabeza y miraba sus pies.
Gray no quería dejar todo así. Su corazón volvió a palpitar fuerte, su cabeza se llenó de pensamientos con respecto a Nina, como ayudarla.
-Querés comer conmigo? Compre cosas de más y si no las como hoy por lo mojadas que están se van a poner feas.
Ella levanto la vista y el vio el brillo en su ojito azul. Pero luego su expresión cambio a uno de cautela.
-¿No serás de esos que ofrecen caramelos y después hacen a las chicas trabajar en cosas sucias no? La vieja del orfanato siempre decía que no aceptáramos comida de extraños y menos subirnos a sus autos. –
Pase los siguientes minutos explicándole que solamente era una comida en agradecimiento y que no tenía segundas intenciones. No sabía muy bien hasta donde sabia ella con qué clase de persona lo comparaba pero prefirió no sacar conclusiones.
Cuando paro de llover, ya la había convencido de ir con él a comer. Solamente tuvo que prometerle que ella se sentaría cerca de la puerta de salida y que no cerrara la puerta con llave.
No le aclaro cuán lejos estaba el comedor de la puerta de salida, pero seguramente podrían comer en el living que estaba más cerca de la entrada que el comedor.
Cuando entraron a la casa, después de comprobar que la puerta estaba sin llave, y que colocaba las llaves en el adorno que estaba cerca de la puerta que usaba para dejar ahí cosas se movió por la casa hasta la cocina a ver que podía rescatar de las compras.
Como era bastante tarde, opte por algo rápido, unas hamburguesas completas estarían bien. También prepare en un plato frituras que había comprado y gaseosas, lleve todo al living y acomode los sillones en torno a la mesa ratona para comer tranquilos. Cuando estaba terminando de acomodar las cosas Nina cedió al hambre y se dejó caer en un sillón y empezó a comer. Debía de tener hambre porque comió casi sin parar.
Le recordé que había más y que no necesitaba respirar y tomar liquido entre bocado de vez en cuando, se rio y con los cachetes colorados empezó a comer más tranquila.
Aproveche un instante en que tenía que traer más provisiones y llame por teléfono a la única que podía ayudarme. Quería algo más que darle de comer solamente.
Cuando termino de comer se acostó sobre el respaldo del sillón con una sonrisa en la cara.
Verla sonreír despertó un aleteo en el corazón de Gray. Quería prolongar la situación por lo que le dijo si no quería ver una película, a lo que se había negado y después acepto no sin convencerla con helado y algo de golosinas.
Había pasado una tarde de risas y charlas tranquilas, como Nina no hablaba mucho de ella, empezó a hablar él. Le conto de su madre, su hermano y sus amigos. Después le hablo de la carrera que hacía poco dejo, y Nina no había parado de reírse, ya que no le creía que era un cantante famoso. Decía que un cantante famoso tendría que tener en el ropero algo más que unos calzones antiguos para ir a comprar en la esquina.
Estaba tratando de convencerla que no eran calzones sino un pantalón corto cuando tocaron timbre.
Nina se tensó un momento y se sentó en el borde del sillón.
-Voy a abrir.-
Era un comisionista con un encargue. Fue un trabajo rápido pensaba Gray mientras volvía al sillón con una caja grande en las manos.
La deposito en el sillón e hizo señas en el aire como anunciando algo importante.
-Tengo algo para ti, señorita. Si es tan amable de abrir la caja.- dijo haciendo una imitación de mayordomo, lo que su orgullo permitía al verse de nuevo los pantalones y mentalmente dándole la razón a Nina con lo que era ropa interior antigua.
La niña parecía realmente sorprendida abrió el ojito azul y levanto las cejas hasta que se perdieron en su revuelto flequillo. Con algo de lentitud levanto la tapa y miro dentro.
Un segundo después había soltado la tapa y esta había caído en la alfombra olvidada, mientras ella sacaba un vestido blanco, delicado, con volados y cintas rosa pálido, era una belleza de vestido y parecía estar bastante cerca de su talla.
Nina estaba deslumbrada, tocaba el vestido como si fuera algo finísimo que fuera a romperse.
Después de unos segundos lo puso de nuevo en la caja, y dio un paso atrás.
-No puedo usar eso.-Dijo entre lo que pareció un tono lastimoso.
-¿Porque? ¿Crees que es demasiado grande?- dijo Gray volviendo a agarrar el vestido y acercándolo a ella.
-No es eso.- dijo mirando otra vez el vestido. –Es que…- Una gruesa gota resbalo de su ojo azul, lo que lo hizo más azul si era eso posible.
Gray sintió pánico, se arrodillo a su lado y hacia señas desesperadas con las manos-No llores, si no te gusta lo podemos cambiar, le dije que trajera alguno con rosa por si te gustaba el color. A todas las niñas les gusta el rosa, ¿querías otro color? ¡Puedo comprarte otro!-dijo esperanzado.
A lo que la niña respondió con un llanto más fuerte si era posible.
Gray se sintió terriblemente mal. Quería que se pusiera contenta con el vestido y lo único que había logrado era que llorara terriblemente. Había sido una idea estúpida, no debería haber pensado solo en compensarla, debería haberla consultado primero.
Se sentía cada vez peor con cada gota que caía de su farolito azul. Así que hizo lo que su mamá solía hacer cuando alguno de ellos lloraba. La abrazo.
La niña respondió a su abrazo y lo sujeto fuerte hasta que fue dejando de llorar.
No fue hasta que se separaron que ella vio que él tenía los ojos llorosos también.
-Perdón, no quería lastimarte, solamente quería que tuvieras un vestido nuevo, unos zapatos también. No era mi intención hacerte llorar.-
-Lo lamento. No… quería… llorar. Me gusta… el vestido… -dijo entre hipidos- Es que… estoy… muy…-dijo más bajo- sucia…no quiero… ensuciarlo…-
El corazón de Gray se estrujo aún más que cuando la vio llorando. Era un idiota, tendría que haberlo previsto. Lo bueno era que había solución para eso.
-No importa, No lo vas a ensuciar, es más puedes venir las veces que quieras a bañarte, comer, dormir, lo que sea, no me vas a molestar nunca. Solamente quería ayudarte.- Cuando lo soltó se dio cuenta del impacto de sus palabras. Ambos lo hicieron. En ella surgió una esperanza viva y brillante que se dejó ver en su ojito. Y el comprendió un segundo después a que se debía esa esperanza.
-¿Me vas a…adoptar?-dijo mirándolo embelesada de nuevo.
Gray la miro serio un segundo. Su corazón retumbaba en su pecho y revivía por su alegría patente. Era algo totalmente loco, inesperado y precipitado. No estaba seguro que el fuera el indicado para ser padre, jamás lo había pensado así, de esa manera. Nunca se había visto como padre. Serian muchas cosas nuevas, responsabilidades, tareas, cuidarla cuando se enfermara, si lloraba, si reía, si se lastimara. De repente sintió el peso de sus palabras como un yunque en la nuca. Tendría que haber hablado con más cuidado. Pasó por su cabeza negarlo, pero inmediatamente se sintió el ser más despreciable del mundo, había hecho cosas bajas e increíblemente egoístas en su vida, pero romperle la ilusión a esa niña y verla irse con el corazón roto, a la calle de nuevo, en pata, con hambre, a merced de cualquier psicópata, que podían destrozarle la vida, se decidió.
No iba a dejarla sola. Se dio cuenta que no podría decirlo por más que lo intentara.
No podía. Su corazón no lo permitiría. Ya se había encariñado en el poco tiempo que compartieron y lo había comprado con su humildad y sonrisa. No iba a dejarla sola.
Haciendo a un lado su parte de la cabeza que gritaba como loca, que lo pensara mejor, que era una locura dijo con una sonrisa que lo intentaría de todo corazón.
Awww. Hermoso.
Review? Coments?
Saludos
MaR*
