Tres

"Conocida".

La estación de tren está llena de reporteros y cámaras de televisión, y es en esos momentos en que espero que mis ojos no parezcan haber llorado. Tengo que verme fuerte, tal y cómo me acuerdo que los tributos de los Distrito parecen. Me paro recta, con los hombros hacia atrás, sacando mi poco busto hacia afuera, y tengo la frente en alto. Me gustaría verme de reojo en una pantalla de televisión en la pared, pero no lo hago. Por miedo a lo que pueda ver. Miro a Kristoff momentáneamente. Él no me devuelve la mirada, pero puedo ver que él no ha estado llorando, y lo entiendo, no tiene a nadie por quién llorar. No pienso más en él, por qué no quiero que termine dándome pena, así que vuelvo la vista al frente, viendo directamente en la nuca de Toothiana, que nos escolta con tanto entusiasmo; repiqueteando sus tacones en el suelo de cemento.

Jamás había entrado a un tren en mi vida, sólo lo podía ver de lejos, la rapidez con la iba y no regresaba. Pero, ahora, es bastante distinto. Cuándo me subo, me siento extraña, una mezcla de miedo y perplejidad. Las puertas se cierran en cuanto nos subimos, y el tren se comienza a mover a toda velocidad, haciendo que me mareé un poco. Repito, jamás había estado en un tren, es un delito viajar de un distrito a otro, a menos que sean tareas aprobadas por el Estado. Además, las tareas del Distrito 12 son transportar carbón. Y no estoy en un tren de mercancías, estoy en un tren de los súper modelos del Capitolio, que alcanza aproximadamente 400 kilómetros por hora. Alguna vez me dijeron, en el colegio, que el Capitolio se había construido en una zona llamada Las Rocosas; y el Distrito 12 se había construido dónde antes se llamaba los Apalaches, que incluso, ya extraían carbón de la zona; y eso por eso que nuestros mineros, actualmente, tienen que trabajar a tanta profundidad.

Eso sólo me dice que nuestro viaje no durará ni un día.

Cada vagón es precioso; y cuándo apenas entro a uno, el aire no sale, se queda ahí, dentro de mis pulmones. El tren de los tributos es mucho más elegante que la habitación en dónde vi a mi hermana por última vez. Cada uno tenemos nuestro propio alojamiento, compuesto por un dormitorio, un vestidor y un baño privado con agua corriente caliente y fría. Por un momento me dejo pensar en los malditos lujos que éstas personas pueden permitirse, en casa no hay agua caliente, a menos que la hirvamos, lo cual Anna y yo nunca hacíamos. Toothiana me acompaña a mi dormitorio y me muestra cajones llenos de ropa bonita, ropa que Anna y yo jamás podríamos costear. Ella me dice que haga lo que quiera, que todo está a mi disposición, luego, mira mi vestido y dice:

— Aunque, tengo que admitir, tu hermana y tú eran las mejores vestidas para la Cosecha—lo dice con un guiño en su ojo derecho y de repente sé que ella realmente lo ve cómo un concurso de belleza. –Tu única obligación es estar lista para la cena en una hora.

Luego, sale y la puerta del vagón se cierra, dejándome sola, dónde me derrumbo otra vez en el suelo y comienzo a llorar, todo de nuevo.

Quizás llevo cinco minutos llorando, aunque me parece que ya pasó una hora; igual nunca tuve buena noción del tiempo. Me miro en un espejo largo y veo que estoy hecha mierda. Sí, me dejo insultar. Tengo el peinado desaliñado, pero reparable sin necesidad de volverlo a hacer. Tengo la cara congestionada y roja, con los ojos hinchados. El vestido es lo único que continúa impecable; a pesar de las machas de mis lágrimas. Quito mi vestido con tanta suavidad, como si fuera uno de cristal; ya que me duele quitarme el último regalo de mi hermana.

Me meto en la ducha y me baño con agua fría, para despejar mi mente y calmar mis respiraciones agitadas. Estoy segura de que sigo llorando, pero el agua de la regadera no me deja sentirlo. Al cabo de un rato, me siento en la pared de la ducha, dejando que el agua caiga y se desperdicie; sólo tocando mis delgadas y albinas piernas. ¿Qué pasará con Anna? ¿Descubrirán que nuestra casa no está legalmente aceptada? ¿Se la quitarán y vivirá en el orfanato? ¿Eugene la dejará quedarse en su casa? Espero que todo esté bien, ya que estoy prácticamente segura que no le quitarán el ojo de encima. Además, mirar los Juegos es obligatorio para todos.

Salgo, y me pongo un vestido azul veraniego. Realmente me da igual si me ve bien o no, así que solo me arreglo el peinado y me acuesto en la cama, sin tocar el vestido de Anna; sólo tomo la pequeña insignia dorada de Gerda del vestido y la examino. Después, estoy casi segura de que es un Sinsajo. Hace algún tiempo, en los tiempos de rebelión, el Capitolio creó una serie de pájaros modificados genéticamente y los utilizó como armas. Los llamaban mutaciones, o mutos, para abreviar. Uno de ellos era un pájaro bastante especial al que llamaban charlajo. La habilidad de éste era que podía memorizar y repetir conversaciones humanas completas. Eran aves mensajeras, todas ellas machos, que se soltaron en las regiones en las que se escondían los enemigos del Capitolio. Los pájaros recogían las palabras y volvían a sus bases para que las grabaran. Los distritos tardaron un tiempo en darse cuenta de lo que pasaba, de cómo estaban transmitiendo sus conversaciones privadas, pero, cuando lo hicieron, como es natural, los rebeldes lo utilizaron para contarle al Capitolio un montón de mentiras. Así, el truco se volvió en su contra. Por esa razón cerraron las bases y dejaron a los pájaros para que muriesen en los bosques. Sin embargo, no murieron, sino que se aparearon con los sinsontes hembra y crearon una nueva especia que podía replicar tanto los silbidos de los pájaros como las melodías humanas. A pesar de perder la capacidad de articular palabras, podían seguir imitando una amplia gama de sonidos bucales.

Además, podían recrear canciones; no sólo unas notas, sino canciones enteras de múltiples versos, siempre que tuvieras la paciencia necesaria para cantárselas y siempre que a ellos les gustase tu voz.

Alguna vez, recuerdo, que salimos Anna y yo con mi padre fuera de los límites del distrito. Fue mi primera vez fuera y tuve mucho miedo; incluso Anna y mi padre tuvieron que convencerme por tres minutos enteros a que cruzara la valla, asegurándome que no estaba electrizada. ¿Cómo iba a saberlo yo, una niña de ocho años, que no estaba electrizada? Ya que siempre advertían que estaba electrizada día y noche. Fue hasta que mi papá me dijo que acercara mi oído a los alambres, para que escuchara… Bueno, precisamente, que no escuchara el sonido de la electricidad. Al hacerlo y no oír nada, recuperé el valor y pasé por los huecos entre alambre y alambre. Después mi padre me dijo que había un fresero más allá y que recogiera todas las fresas buenas, mientras Anna iba por moras y papá por manzanas. Al hacerlo, comencé a cantar una melodía, de una canción de mi propia invención, recuerdo que la llamé "Let it go". Pero no la terminé, por qué en cuanto terminé el primer verso, una melodía exactamente igual me llegó a los oídos. Volteé a todas partes, pero no había nadie; y me asusté. Fue hasta que la melodía se repitió y volteé a ver, para observar un pájaro volar a lo lejos.

Cierro los ojos, para luego abrirlos al escuchar la puerta del vagón abrirse. Es Toothiana, que viene a buscarme para la cena. Dejo el Sinsajo en una mesita de madera. La sigo, viendo el revuelo de su vestido al caminar. Pasamos por un pasillo agitado y lujoso, hasta llegar a un vagón con paredes de madera pulida; creo que jamás podría cansarme de esto. Hay una mesa, con bastantes platos de porcelana y cubiertos de plata, un mantel blanco y vasos con adornos. Kristoff, con otro traje, más elegante; pero no como los del capitolio. Al lado de él hay una silla vacía, así que, con todo el temor, me siento a su lado. Él no me mira. Yo miro mi plato vacío.

— Voy a buscar a Norte—dijo Toothiana, y sale del vagón, dejándonos a Kristoff y a mí solos. El silencio solo se hace más incómodo. Él está jugando con su tenedor antes de hablar.

— Eugene intentó ofrecerse como voluntario—dijo, y yo lo miré.

— ¿Qué?

— Dije que Eugene…— comenzó a decir, pero yo lo interrumpo.

— Sí, si oí. —Él me mira y puede leer mi expresión.

— Primero vino a hablar conmigo—dijo y lo continúo viéndolo, ¿Eugene… ofreciéndose?—Me dijo que se ofrecería si yo prometía cuidar de tu hermana… Anna, ¿no?

Mi perplejidad es grande, ¿Por qué se ofrecería? ¿Para cuidarme?

— Al principio no le entendí, así que le pedí que se explicara—siguió diciendo el rubio, mirando su tenedor, que giraba en su mano. —Me dijo "Si tú te aseguras que Anna coma, y tenga todo lo necesario, yo me ofrezco para salvarte"—dice, citándolo, me imagino.

— ¿Y… y qué le dijiste?—pregunto yo, porque realmente me importa. Kristoff no conocía a Anna, creo que ni siquiera sabía que existía, así que sí, me importaba.

— Le dije que sí, que cuidaría de la chica, pero, desconfié del plan—dice y yo estoy confundida. Hasta que entiendo, ¿de qué servía prometer algo si no iba a pasar? Eugene ya tenía diecinueve, no se podía ofrecer.

— Claro. —Contesté y vuelvo a mirar mi plato. No estoy segura de cómo hubiesen sido las cosas en casa si Eugene hubiese ocupado el lugar de Kristoff, pero definitivamente me hubiese sentido más segura con Eugene aquí.

Al cabo de un par de minutos, el vagón se abre de nuevo, dejando ver a Toothiana, con St. Nicholas atrás suyo, un metro más y Nicholas tocaría el techo del vagón. No me es difícil pensar en cómo gano. No vi sus Juegos, no había nacido todavía. Pero mis padres sí, y me contaron algo sobre ello. Él tenía dos sables con él, regalos de sus patrocinadores; ya que también se ganó al público. Me han contado, los que saben, que en realidad es muy amable, pero que igual tiene unos problemas en su optimismo. No está loco, pero definitivamente no parece una persona muy confiable. Los años le han cobrado factura, puedo ver, por sus kilos de más y las arrugas en su rostro. Él mira a nuestra dirección y sonríe ampliamente.

— ¡Pero si aquí están nuestros tributos!—exclama y abre los brazos con entusiasmo. — ¿Cómo se sienten?

Habla igual que Toothiana y no me puedo contener.

— Cómo alguien que está a punto de ser asesinada.

Se hace un silencio sepulcral. Norte y Toothiana pierden la sonrisa; ya que parece que Toothiana ignora la matanza. Ellos solo se quedan así, viéndome, hasta que Norte se sienta en la silla enfrente de mí y Toothiana toma el asiento de al lado. Nadie habla y empezamos a comer. Es pescado ahumado, con ensalada, pastel de frutas y agua; y vino. Me toma todo de mi comer poco, porque sé que luego querré vomitar. Mi estómago no está acostumbrado a tanta comida. Y la verdad, si luego volveré a morirme de hambre en los Juegos, prefiero seguir acostumbrada. Kristoff no parece importarle, así que se llena las mejillas con comida y traga sin masticar. Al terminar, Toothiana nos mira con aprobación, cómo si le gustara como comemos. Aunque Kristoff se atiborró de comida, comió con los tenedores y cuchillos, incluso usó la servilleta. Yo, pues yo, crecí en la zona comercial y Kristoff en el orfanato. Al terminar, Nicholas se para y nos lleva a otro vagón en dónde vemos los vídeos de todas las cosechas, desde el Distrito 1 hasta el 12. Es un resumen, claro. Sólo vemos como llaman a adolescentes inseguros y cómo unos se presentan voluntarios.

Intento examinar las caras y oír lo que dicen. En el Distrito 1, eligen a un chico con cabello castaño, pero entonces un chico con cabello rojo brillante y patillas, se presenta voluntario y todos le aplauden. Seguimos viendo, y la verdad no parece nada fuera de lo normal. Voluntarios en los Distritos 1 y 2, a excepción de que en él 2 el chico no parece muy contento de haberse presentado voluntario, de hecho, tiene cara de querer llorar. En el Distrito 5 un niño de doce es elegido; tiene los ojos color dorado y parece bastante valiente.

En el Distrito 7, algo en serio llama mi atención… y no es el hecho de que la tributo mujer tiene un cabello rojizo alborotado; si no que… el chico, no escuché su nombre, con cabello castaño, parece querer llorar, y no puede dejar de abrazar a una niña a su lado, hasta que los guardianes de la paz tienen que llevárselo arrastrando.

En el Distrito 9 la elegida es una chica asustada con cabello dorado y enredado en una trenza, tiene un vestido color morado, y nadie toma su lugar. Parece de mi edad y está aterrorizada.

Luego, sale mi repetición, cómo eligen a Anna y yo me presento voluntaria; me alegra saber que parezco fuerte, sin miedo. Veo cómo nadie aplaude y cómo los comentaristas dicen que siempre fuimos un poquito subdesarrollados. Lo que él no entiende es eso. Que en realidad somos subdesarrollados a lo que ellos llaman "desarrollados". Nosotros no vemos esto como algo correcto. Toothiana solo se queja de su postura, "¡Oh, Dios mío, estaba encorvada!" "¿Qué pensarán de mí los comentaristas?" "¡Y el capitolio!"

Se puede ver y escuchar lo que Nicholas dice atrás de nosotros, ya que él es muy escandaloso. Toothiana sólo lo mira con desaprobación, mientras él se ríe de cómo se puede observar al alcalde rascarse la nuca. "¡Parece un mono!"

Es ahí cuando Kristoff y yo nos miramos, con una mirada que dice: "Estoy preocupado por mis mentores".

Me hace acordar a cuando conocí a Eugene.

Cuando tenía ocho años, él tenía nueve. Era invierno, me acuerdo. Y la nieve caía sin más por todo el distrito. Estaba saliendo de la escuela, con mi suéter y mi bufanda. Acababa de salir de la escuela. Estaba pasando por una calle vacía cuando escuché un "Diablos, que frío hace", lo que me hizo voltear y ver a un niño con cabellos castaños cayéndole por la frente. Apenas tenía un suéter y estaba temblando. Me acerqué, pisando la blanca nieve a mi paso hasta que estuve frente de él.

— ¿Quieres mi bufanda?—le pregunto, y él me mira, incrédulo.

— ¿Me dices a mí?—pregunta y mira hacia atrás, para encontrarse solamente con más nieve. Vuelve la vista hacia mí y me mira con desconfianza.

— Sí. –Le digo, y comienzo a quitarme la bufanda color azul hasta que él dice:

— ¿En serio?

Yo lo miro.

— Pues claro. ¿Por qué habría de mentirte?—Él me mira y entrecierra los ojos.

— Creí que eras amiga de esas chicas…— Él dice, refiriéndose a mis amigas privilegiadas. Yo lo miro raro.

— Pues sí, son mis amigas, ¿por qué?—le pregunto y él me mira con los ojos muy abiertos.

— ¿Y por qué me hablas?—No me grita, en realidad, parece conmocionado.

— ¿Por qué no habría de hablarte?—pregunto yo, confundida.

— Porque yo no le agrado a tus amigas—dice él, triste, y baja la mirada.

—Mis amigas no son yo. —Le digo y él me mira, otra vez, sorprendido.

Me quito la bufanda y se la doy, la cual el acepta con lentitud, cómo esperando que yo se la quitara. Después, le sonrío.

— Me la puedes devolver después, cuando tú tengas una. —Le digo y me meto las manos a los bolsillos de mi pantalón. — ¿Cuál es tu nombre?

— Flynn. Flynn Rider—dice él y me mira a los ojos, los suyos son cafés como las cortezas de los árboles.

— Soy Elsa. Elsa Arendelle—le contesto y le ofrezco mi mano. Él la toma con miedo y la estrecha. Después, la retiro, comenzando a alejarme.

— ¡Elsa! ¡Espera!—oigo y paro mi marcha. Flynn se acerca por detrás, ya con la bufanda puesta, y se para a mi lado.

— ¿Adonde vas?

Estoy bastante segura de que, en la actualidad, todavía tiene esa bufanda color azul cielo.


Ya oscureció, se ve en las ventanas de los vagones. Yo sigo en el mismo vagón con la televisión en la pared, mirando hacia afuera, parada. No sé cuánto tiempo llevo ahí, quizás una hora. Sólo sé que, para esta hora, Anna ya debería estar dormida. ¿Eugene estará con ella? ¿O Anna con él? ¿Qué habrán cenado? ¿Se comieron las frutas? La cabeza me vuelve a doler de tanto pensar. Salgo de ese vagón, mirando todo; no parece real. Incluso cuando ya lo sentí real, no parece. ¿Esta mañana hablé con Eugene? ¿O quizás fue hace un año? Tengo los pies pesados. Estoy agotada. ¿Si yo muriera ahora, me sustituirían? No, no puedo pagarme una muerte rápida con uno de esos cuchillos de plata, le prometí a Anna que lucharía. Y jamás le he roto una promesa.

Entro a mi vagón y me quito el vestido color azul, dejándolo doblado encima de los cajones que seguro contienen camisones y ropa de dormir. Sin embargo, no tengo ánimos de sacarlos. Saco el vestido azul, que Anna me dio, de la cama y lo coloco en un cajón. Caigo rendida en la cama; ni siquiera me quito el peinado. Sólo quiero que acabe. No lloro. Supongo que estoy seca por dentro, aunque me gustaría llorar un poco más, todavía que puedo hacerlo. Pero no salen las lágrimas. Así, quedo tendida boca arriba, viendo el techo del vagón, hasta que el sueño viene hacia mí y me acoge en sus brazos como un recién nacido. Ésa noche sueño que estoy en los bosques del Distrito 12, con Anna cantándome.

Seguro que mañana no lo recordaré.


WOW, JESUCRISTO REDENTOR, SEIS REVIEWS EN DOS DÍAS. NO SABEN CUAN FELIZ ME HACEN. ME GUSTA QUE LES GUSTE.

YA REVELÉ DE QUE DISTRITOS SERÁN CADA CUÁL, ASÍ QUE NO PREGUNTEN. NECESITO UNA FORMA EN QUE TODOS VIVAN, ASÍ QUE NECESITO IDEAS. GRACIAS POR LEER ESTA NOVELA.

¡ATENCIÓN!: ESTA NO ES UNA ADAPTACIÓN, NO ESCRIBIRÉ EXACTAMENTE LO QUE ESTÁ EN LOS LIBROS, LE ESTOY HACIENDO MODIFICACIONES, ASÍ QUE NO CREAN QUE PEETA ES KRISTOFF NI MUCHO MENOS. PLS.