Cuatro
"Arreglada".
Toothiana se las arregla para despertarme sin necesidad de abrir mi vagón, diciendo "¡Arriba! ¡Hoy es un día muy, muy importante!". Yo me las arreglo para contestarle un débil "Ya estoy despierta" sin necesidad de salir de la cama. No quiero pararme de la cama. Quiero quedarme aquí hasta que sea necesario irme. Me levanto con dificultad y veo el mismo vestido azul de ayer sobre los cajones; justo cómo lo dejé. Pero no lo tomo, ahora que estoy a punto de morir, elegiré usar todo lo que pueda. Y así, abro los cajones de nuevo, viendo toda la gama de vestidos y ropa, con sus colores brillantes. Elijo por otro vestido color verde aceituna, que me hace acordar a mi hermana. Al ponérmelo y verme en el espejo, me visualizo como Anna; con su piel más bronceada que la mía, su precioso cabello color zanahoria y sus pecas graciosas en cada mejilla. Sé que a ella le quedaría mucho mejor el vestido, y reprimo las lágrimas. No debo pensar en ella. Sólo me hago daño a mí misma. Me dejo el peinado, el que representa a mi madre, porque todavía tiene buen aspecto. Da igual, la verdad, en cuanto los estilistas pongan sus manos en mí, ya no tendré control sobre mi apariencia.
Salgo del vagón, para luego pasar por otro, hasta entrar en el vagón del comedor, dónde Toothiana se para y me pasa una taza llena de café caliente. Solo, por lo que puedo oler. Estaba en lo correcto, estoy agotada. Pero aún así, no me lo tomo, si no que me acerco a la mesa, dónde Nicholas rompe sus múltiples galletas; para después remojarlas en su taza llena de leche, y dejo mi taza en el lugar frente de él. Kristoff no está ahí. Toothiana toma el mismo lugar que acababa de dejar, justo a mi lado. Hoy, nuestra anfitriona usa un vestido color rosa chillón, aunque todavía tiene la peluca multicolor; que comienzo a creer que es su mismo cabello, pero pintado. Nicholas no cambia, tiene un atuendo color rojo, similar al de ayer. Él me mira y me sonríe.
— ¿Cómo despertó nuestra querida tributo?—pregunta, y comienzo a odiarlo. ¿Querida? ¿Ser querida es ser preparada para la muerte? Reprimo mis ganas de gritarle, porque, después de todo, el es mi conexión con mis patrocinadores, si es que llego a tener.
— Me siento bien, gracias. —contesto y el pega los labios, sin perder la sonrisa. ¿Cuándo empezaremos con los consejos? Se supone que aparte de ser mi conexión con los patrocinadores, él es mi mentor. Tiene que decirme dónde y cómo conseguir agua, que armas podré usar, cómo sobrevivir en los exteriores.
Sirvientes del Capitolio se acercan y me sirven una bandeja llena de huevos con tocino, panes de todo tipo, galletas y jugos. Sé que son jugos por los colores, que se parecen mucho a las frutas que recolectaba. Poco después, Kristoff entra. Lleva una camisa blanca, de algodón, puedo ver. Los pantalones son negros, sin cinturón. Tiene el cabello mojado. Se sienta a mi lado y me dedica una sonrisa que yo le devuelvo. No debería hacer eso, se supone que sólo uno sale de la arena. No me puedo encariñar con él. Clavo la vista en mi plato, que ahora sólo tiene la mitad de lo que me sirvieron en el principio, y pierdo el apetito. Nicholas le hace la misma pregunta a Kristoff, que le contesta con una respuesta similar a la mía.
Comienzo a impacientarme, ¿se supone que tenemos que saber cómo sobrevivir solos? Nicholas no hace ademán de querer hablar, al igual que Toothiana, que toma su jugo de zanahoria con elegancia. Luego, la multicolor sale del comedor sin decir palabra, dejándonos solos con Nicholas, que sigue troceando sus galletas. Si lo pienso bien, no todo está perdido, ya que Nicholas tiene algo de elegancia en sus movimientos; aunque es escandaloso e inoportuno, seguro que a los habitantes ricos del Capitolio les gustaría hacer negocios con él, ya que también tiene cara de bonachón. Kristoff comienza a mover la pierna, impaciente. Quizás él se siente igual que yo.
— Y bueno, ¿Qué nos vas a enseñar primero?—le pregunta finalmente Kristoff a Nicholas, que lo mira con cara de "¿me dices a mí?". Luego, al ver que Kristoff lo mira con los ojos bastante abiertos, deja su galleta a la mitad en su plato.
— ¿Quieres que te enseñe algo?—dijo Nicholas a Kristoff, y éste asiente, como diciendo "claro que quiero". Nicholas se separa de la mesa, todavía sentado en su asiento.
—Bien, pues no me sirvió intentar hacerte paciente—dijo Nicholas al fin. ¿Así que eso era? ¿Quería que esperáramos?
— ¿Qué?—pregunta Kristoff, confundido. Nicholas se pasa la lengua por los dientes, se ve en el movimiento de su boca. Yo sólo me quedo sentada en mi silla, con la espalda recta.
— En la arena, tendrás que ser paciente—le comienza a decir, y Kristoff mira atento. —No encontrarás agua a la primera, tampoco un tributo al cuál matar… —Luego, mira al techo, cómo pensando. —Pero cada cosa a su tiempo, primero tienen que ganarse al Capitolio.
— ¿Cómo hacemos eso?—le pregunto, sin poder contener la pregunta en mis labios, ¿cómo me voy a ganar a una sociedad entera?
—Bueno, primero…—dice Nicholas, y de repente, le suelta un puñetazo a Kristoff en la mejilla, éste se cae de su silla con un ruido sordo. Yo me sobresalto, ¡¿está loco?!
— ¡Mierda!—dice Kristoff, parándose y sobándose el costado de su cara. Está furioso. — ¡¿Por qué demonios fue eso?!
Se queda parado en su lugar, sobándose. Yo miro a Nicholas que mira al rubio con una expresión suspicaz.
— No te pongas hielo—le dice Nicholas y Kristoff abre mucho los ojos. Definitivamente está loco. —Te quedará un bonito moretón en la mejilla; así, la gente creerá que te peleaste con un tributo antes de venir.
Kristoff mira a Nicholas sin poder creerlo, yo tampoco puedo creerlo.
— ¿Quieres que parezca que rompí las reglas?—dijo Kristoff, pero al salir de sus labios, puso una cara de "oh, ya entendí". Luego, comenzó a reírse como enfermo. ¿Es que todos se volvieron locos? Estoy a punto de salir corriendo, hasta que Nicholas habla.
— Parecerá que rompiste las reglas y no te cacharon en el acto, lo cual hará que la gente del Capitolio te admire de una manera enferma que sólo ellos saben admirar—dice y me mira a mí, yo abro mucho los ojos, ¿me va a pegar?—Tú, querida, por otro lado, tienes que permanecer intocable; las personas del Capitolio les encantan los modales, una tributo guapa y sin rasguños son bien vistas. Los estilistas se ocuparán de que se vean perfectos. Claro, si es que no los ponen desnudos y manchados de carbón para el desfile.
Me acuerdo de esos Juegos, en dónde los tributos salieron justo como Nicholas los describió. Me mareo de pensar en que me desnudarán. Entonces, el vagón se vuelve oscuro, haciendo que las luces que había dentro del vagón se hagan más notorias. Nicholas se para de la silla y sale del vagón, dejándonos a Kristoff; que ya tiene la mejilla hinchada, y a mí solos. El hecho de que el vagón esté oscuro me hace pensar que estamos pasando por un túnel. Yo me paro de mi silla y me acerco a la ventana. La oscuridad nunca me ha gustado demasiado. No desde que mis padres murieron. Me hace acordar a las minas; su otro trabajo aparte de vender la fruta. Fue bastante difícil dejar de tener pesadillas y no quedarme en cama todo el día. Cuándo la luz volvió a aparecer por el vagón, abro la boca impresionada. El Capitolio, el lugar que siempre se ha visto por televisión. Si ya había quedado impresionada por como se ve en televisión, no tengo palabras para describir esto. Los edificios son relucientes al resplandor del sol, proyectando una luz estallando en miles de colores, los coches pasean de aquí hacia allá. La gente está vestida como si llevaran disfraces. Ningún color se ve natural, el rosa es muy chillón, el verde muy brillante y el amarillo lastima los ojos. Entonces veo como la gente comienza a señalar el tren con entusiasmo. Yo no me aparto de la ventana, si no que me quedo allí, con Kristoff a mi lado, viéndolos. Me asquea el hecho de que están emocionados por vernos morir en una arena. Así que me quedo allí. Viéndolos con una expresión que no refleja nada.
Cuándo el tren para en la estación, salgo corriendo a lo que dejará de ser mi vagón. Me meto y tomo el vestido que Anna me regaló y el sinsajo de oro, saliendo y encontrándome con Toothiana, que venía a buscarme para ya salir.
Me llevan a un lugar llamado "Centro de Renovación". Me acuestan en una extraña y muy fría "cama" de metal. Me lavan el cuerpo, sacando tanta mugre que ni siquiera sé dónde la tenía escondida. Los estilistas están conformados por tres personas tan maquilladas y teñidas de todas partes que me da miedo. Son incluso más tétricas que Toothiana. Una chica con cabello turquesa y tatuajes dorados sobre las cejas se presenta, diciendo que se llama Venia. Otra, con todo el cuerpo teñido de verde guisante claro, dice llamarse Octavia. Me sorprende que las dos no hagan caras de asco cuando toda el agua con mi suciedad cae. Proceden a restregarme el cuerpo con espuma arenosa que me quita tres capas de piel, para luego volverme a lavar. En todo ese tiempo no han tocado mi cabello, ya que no tienen permiso para hacerlo. Me han desnudado, eso es obvio, pero no me cohíbo. Tienen tanto parecido a unos muñecos, que no siento que me están viendo seres humanos de verdad. Me secan la piel, con una toalla y mucha suavidad.
— Si no fuera por mi excelente vista, diría que no tienes ni un solo pelo—comenta Venia, con su estúpido acento del Capitolio, con un tono muy agudo, apenas abren la boca para hablar, acaban todas las frases con la misma entonación que se usa para preguntar, vocales extrañas, palabras recortadas y un siseo cada vez que pronuncian la letra ese.
— ¡Concuerdo contigo, Venia!—dice Octavia, mirándome como alguien que mira un trofeo. – No te preocupes, querida, si algo sabemos hacer es que la gente quede preciosa; además, si ya eres guapa, serás hermosa en cuanto acabemos contigo.
No sé si sentirme halagada o sentir miedo, ¿cuándo acabemos? ¿Apenas han empezado?
Ellas me ponen tiras de tela que se sienten pegajosas al tocarme las piernas, ¿Qué es…
Aprieto los dientes en cuanto la arranca Venia. Dolor. Ardor. ¿Qué demonios es eso? Levanto la cabeza para ver mi pierna derecha, y puedo ver un rectángulo de piel que no tiene ni un solo vello. ¿Eso van a hacer con toda mi pierna? Siento mis ojos lagrimear y quiero salir de aquí. Pero la imagen de Anna me para de salir corriendo, necesito patrocinadores; necesito personas que me ayuden a sobrevivir para volver a ver a mi hermana. Dejo la cabeza en donde estaba y dejo que Octavia se acerque a mi cara con unas pequeñas pinzas.
— Lo estás haciendo bien, querida—dice Octavia y acerca las pinzas a mis ojos. ¿Me va a quitar las pestañas? Oh, Dios…
— ¿Qué vas a hacer?—digo con toda la duda en mi voz, Octavia sólo se ríe.
— Te quitaré los pelitos restantes de tus cejas, querida—dice y algo dentro de mí se calma un poco. Siento el primer pelito salir de mi piel y los ojos vuelven a lagrimearme, pero hago todo lo posible por no moverme. Así, Venia termina con toda mi pierna derecha (con mucho dolor) y prosigue a la izquierda. Al terminar de ambas acciones, Flavius, otro miembro del equipo se acerca. He pasado tres horas aquí, y mi estilista no tiene ningún deseo de verme hasta que esté lista y acicalada. "Lista y acicalada" se refiere a quitarme el vello de las piernas, torso, brazos, parte de mis cejas y las axilas, lo cual me deja la piel roja e irritada; darle uniformidad a mis largas uñas y exfoliar mi piel. Por no mencionar que me sacaron toda la mugre que tenía metida en las zonas más profundas de mi cuerpo; me quitaron una de las cosas que me distinguía como residente del Distrito 12.
— Me sorprende que no estés llorando—dice Flavius, aplicándome pintalabios rojo, se separa viendo el resultado y asiente con satisfacción. —Si algo no soportamos aquí, son a los lloricas. ¡Embadurnadla!
Venia y Octavia proceden a aplicarme una loción cremosa, que al principio pica y luego me calma la piel. Luego, me ayudan a pararme, desnuda, y se agazapan a mí alrededor quitando todo rastro de vellos.
Después, los tres dan un paso atrás y admiran su trabajo.
— ¡Bravo!—exclama Octavia— ¡Ya casi pareces un ser humano!
Intento no ser descortés, y les doy una sonrisa; intentando que se vea sincera.
—Gracias—digo, con la sonrisa en mi cara lampiña. —En el Distrito 12 no tengo muchas razones para arreglarme.
Ellos lanzan un suspiro de compasión y me dan miradas cómo si yo fuera un cachorrito mojado.
— No te preocupes, en cuanto Bunny acabe contigo, serás una reina—dice Flavius y luego sigue observando mi cuerpo desnudo. – De hecho, creo que ya estamos listos. ¡Llamemos a Bunny!
No sé quién es Bunny, no reconozco su nombre; quizás es nuevo en el equipo de preparación del Distrito 12. No recupero la delgada bata que me dejaban usar por momentos, ya que si Bunny es mi estilista, va a querer ver mi cuerpo desnudo. El blanco de las paredes y suelos me hace tener una linda sensación de frío, pero una asquerosa sensación de vacío.
La puerta se abre y entra una persona. Tiene el cabello negro por la parte de arriba y blanco por la parte de abajo. Parece mayor que yo, pero no más de veintiséis. Me sorprende el hecho de que no está tan modificado corporalmente, a excepción de un tatuaje color negro en la frente; son cómo dos líneas diagonales de cada lado y un rombo en el centro. Tengo razón sobre lo nuevo, no lo había visto nunca en las entrevistas de televisión. Tiene unos ojos verdes muy claros, como el césped recién cortado. Es atractivo.
— Hola, Elsa. Soy Bunny, tu estilista—dice, y puedo notar que no tiene el acento tan pronunciado del Capitolio, lo cual me hace sentir mejor.
—Hola. —Respondo, sin mirarlo demasiado.
— ¿Me das un minuto?—pregunta y yo asiento, así, él empieza a caminar a mí alrededor, observando mi cuerpo desnudo. Resisto el impulso de cubrirme con las manos. No me toca. — ¿Quién te ha peinado?
—Yo misma. —Contesté, por fin tomando un tema.
— Te queda precioso, concuerda casi a la perfección con tu perfil. Tienes dedos hábiles.
Yo asiento, tomando el cumplido. Creí que mi estilista iba a ser una persona que simplemente me haría modificaciones en cuanto llegara a verme. Qué me viera como un trofeo. Bunny no es nada de eso.
— Eres nuevo, ¿verdad?—le pregunto, por curiosidad. Él me dedica una mirada.
— Sí, es mi primer año en los Juegos—dice él y me sigue observando.
— Así que te dieron el Distrito 12—comento yo, a los nuevos siempre le dan el Distrito 12, por ser el menos deseable; supongo yo.
— Lo pedí expresamente. — Dice él, pero no entra en detalles. — ¿Por qué no te pones la bata y charlamos un rato?
Yo asiento, tomo la bata del suelo, procurando que él no me vea agacharme, y me la pongo, para después seguirlo hasta llegar a un salón con dos sofás color negro y una mesa de café blanca entre ambos. Jamás podría costearme algo así, y el Capitolio vuelve a darme envidia.
Bunny se sienta en un sofá y yo me siento en el otro, con las piernas más cerradas que puedo. Tres paredes tienen el color blanco y una está vacía, toda hecha de cristal; dónde puedo ver la ciudad, aún no es de noche, pero seguro que dentro de unas horas lo será, considerando que pasé tres horas en el Centro de Renovación. Bunny pulsa un botón que está en el lateral de la mesa y la parte de arriba se abre para dejar salir un segundo tablero con nuestra comida: pollo y gajos de naranja cocinados en una salsa de nata sobre un lecho de granos blancos perlados, guisantes y cebollas diminutos, y panecillos en forma de flor; de postre hay un pudín color miel. No tengo tiempo de fascinarme, porque Bunny comienza hablar.
— Vi lo que hiciste por tu hermana—dice él, y yo abro los ojos. – Fue lo más valiente que yo haya visto. —Bajo la mirada, no quiero que me vean llorar – esto debe ser horrible para ti.
No sé cómo lo adivinó, ya que todos los demás piensan que yo considero todo esto un honor. Se equivocan.
— Esto será rápido, Elsa— me dice, sin esperar respuesta. – Vamos a hablar de tu traje para la ceremonia de inauguración. Mi compañera, Portia, es la estilista de tu compañero de distrito, Kristoff, y estábamos pensando en vestirlos a juego. Cómo bien debes saber, el traje debe representar el espíritu de cada distrito.
Y sí que lo sé. Distrito 11: agricultura, Distrito 4, pesca, Distrito 3, fábricas. Los trajes del Distrito 12 siempre son los más horrendos y no te ayudan a conseguir patrocinadores. El Distrito 12 representa minería, y el ancho mono de los mineros no es muy atractivo, así que los estilistas tienen que usar toda su imaginación para representarlo, aunque sin mucho éxito. Cómo ya nos había dicho Nicholas, un año los sacaron completamente desnudos y cubiertos en un polvo negro, que simulaba el carbón. Inhalo asustada.
— Entonces… ¿será un disfraz de minero?—pregunto, deseando que Bunny tenga un poco más de creatividad que los otros estilistas.
— No del todo. Verás, Portia y yo creemos que el tema del minero está muy usado. Nadie se acordará de ustedes si llevan eso, y los dos concordamos que nuestro trabajo es hacer que los tributos del Distrito 12 sean inolvidables.
"Inolvidables" dijo, estaré desnuda.
— Así que, en vez de centrarnos en la minería en sí, no centraremos en el carbón.
Desnuda y cubierta en polvo negro.
— Y dime, Elsa, ¿Qué se hace con el carbón? Se quema. —Él me mira con una expresión soñadora. – No te da miedo el fuego, ¿verdad?
— No me da miedo el fuego, pero no me gusta el calor. —Le digo, sin saber muy bien hacia dónde va esto.
Él piensa por un segundo, y luego sonríe.
— Te lo recompensaré luego.
Horas después, tengo puesto un traje que no es nada de mi estilo, además de que debe ser el más sensacional de todos los trajes de la inauguración. Es una malla negra sencilla, que me cubre desde los tobillos hasta el cuello. La tela es calurosa, lo cual no me agrada, pero cómo es el mejor traje que el Distrito 12 ha tenido en décadas, no he puesto objeción. Tengo puestas botas de cuero brillante y cordones que me llegan hasta las rodillas. Pero, lo que define el traje y toda la idea de Bunny, es la capa que el viento ondea, con franjas naranjas, amarillas y rojas, y el tocado a juego. Todo es perfecto. Bunny pretende prenderles fuego antes de que la ceremonia empiece y los carros paseen las calles.
— No es fuego de verdad—dice Bunny mirándome—es fuego sintético que Portia y yo hemos inventado, estarás completamente a salvo.
Creo en Bunny, confío en él, pero lo único que no me agrada de todo esto es el calor. Apenas llevo maquillaje, toques de iluminador. Me cepillaron el cabello y me lo recogieron en una trenza para luego convertirlo en un rodete trenzado, que es bastante similar al que llevaba esta mañana.
— Quiero que el público te reconozca cuando estés en el estadio, que no seas una más. —Me dice Bunny, mirándome intensamente con sus verdes ojos. Wow, mi estilista debe ser el mejor.
Cuándo Kristoff llega, con un traje similar al mío, me siento más tranquila, como si tuviera un equipo. Su estilista, Portia, y su equipo de preparación llegan con él, hablando de las muchas emociones que vamos a causar en los habitantes del Capitolio. Todos menos Bunny, que parece aburrido de las misma conversaciones. Me alegro de tenerlo a él, a alguien que sea muy parecido a mí.
Nos llevan al nivel inferior del Centro de Renovación, que es un establo gigantesco. Literal. No logro ver a los tributos desde aquí, porque, para empezar, los están escoltando a sus respectivos carros, y segundo, los estilistas están a su alrededor sin dejar ver mucho. Me llegan algunos colores de los trajes, pero no sé cuál es cuál.
Nos llevan a nuestro carro, tirado por dos caballos negros carbón, y Bunny me ayuda a subir. Los caballos están tan bien entrenados que no necesitan de un jinete que los guíe. Luego, Portia y Bunny nos arreglan la postura del cuerpo, aunque Bunny sólo me sube la barbilla, diciendo "Tienes una postura elegante natural, me agrada". Los estilistas se apartan y comienzan a hablar entre ellos.
— ¿Te gusta la idea?—le pregunto a Kristoff, que me mira con una mueca.
— No, no me gusta el calor, soy más de hielo—contesta él.
— Yo también. —Le contesto y miro a mis pies. Bunny se sube al carro con una antorcha pequeña en la mano. Empieza la música de apertura, que la ponen a todo volumen por las calles del Capitolio. El desfile durará unos veinte minutos y termina en el Círculo de la Ciudad, donde nos recibirán, tocarán el himno y nos escoltarán hacia el Centro de Entrenamiento, que será nuestra residencia hasta que empiecen los Juegos. A este punto, ya no sé si estoy nerviosa por los rugidos de la gente del Capitolio, o porque estoy un paso más cerca de los Juegos.
Los tributos del Distrito 1 van en un carro conducido por caballos blancos, y se ven muy guapos. El chico con cabello rojo brillante y sus patillas, junto con su compañera, van rociados de pintura plateada y elegantes túnicas cubiertas de piedras preciosas. Al salir, el rugido del público es ensordecedor; siempre han sido los favoritos. El Distrito 2 se coloca justo detrás de ellos, el chico con cabello castaño; él que no parecía muy convencido de querer presentarse voluntario, y su compañera de tributo van vestidos con trajes dorados y adornos en la cabeza, como si fueran guerreros griegos modificados. En pocos minutos, nos vamos acercando a la puerta y la ansiedad me está matando. Cuándo estamos suficientemente cerca de la puerta, puedo ver que el cielo está de un tono grisáceo, cómo cuándo está a punto de anochecer. El carro del Distrito 11 sale y Bunny acerca la antorcha.
— Hora del show—dice, y antes de poder siquiera parpadear, toca con la antorcha mi traje y mis tocados, prendiéndolos en fuego. Me alarmo, porque ese es mi primer instinto al saber que estoy en fuego. Pero apenas y siento un cosquilleo. Bunny hace lo mismo con Kristoff. – Funciona. –Dice, con un suspiro de alivio. Luego, me levanta la barbilla con cariño—. La cabeza en alto, Elsa. Sonríe. Tú y tu preciosa sonrisa harán que te adoren.
Bunny se baja del carro en un salto y le pasa la antorcha a alguien del equipo. Luego, me levanta los pulgares. Sólo a mí. Miro a Kristoff, que a la luz de las llamas se ve resplandeciente. Él me devuelve la mirada y me sonríe para darme ánimos. Le devuelvo la sonrisa.
Al salir, primero se escucha un suspiro asustado, que luego se convierte en vítores que dicen "Distrito 12". La gente se vuelve loca. Las personas gritan, nos señalan. Nos aman. Me veo en la pantalla gigante y contengo el aliento. La poca luz del cielo y las llamas hacen que nos veamos llamativos, y los estilistas hicieron bien en apenas maquillarnos. Las llamas parecen dejar un rastro atrás nuestro y la adrenalina me sube al mil. "Sonríe. Tú y tu preciosa sonrisa harán que te adoren" escucho en mi mente. Y así, dejo que mi sonrisa, llena de emoción y asombro, me ilumine la cara y levanto mi mano para saludar. Kristoff hace lo mismo, puedo ver de reojo. Con cada minuto que pasa, agarro más confianza y comienzo a lanzar besos a los espectadores. ¡Dios! ¡Debe de haber alguien ahí que me quiera patrocinar! La gente del Capitolio comienzan a lanzarnos rosas, y uno que otro tira su sombrero al suelo. Gritan nuestros nombres. Nuestros nombres propios. Se han molestado en buscarlos en el programa y eso me hace sentir especial.
La música alta, los vítores y la admiración corren por mis venas como la sangre. ¡Me ven! No me olvidarán, estoy segura. Recordarán mi aspecto y mi nombre: Elsa Arendelle.
Alguien me tira una rosa blanca cómo la nieve, yo la tomo y la huelo. Después lanzo un beso a la dirección de donde vino y cientos de manos intentan capturar mi beso, como si fuera algo real y tangible.
— ¡Elsa! ¡Elsa!—suena por toda la calle. Y por fin, por fin, la esperanza llega a mí.
QUIERO REVIEWS. REVIEWS. CUATRO REVIEWS Y CONSIDERARÉ HACER UN CAPITULO DE DIEZ MIL PALABRAS.
RESPUESTAS A SUS PREGUNTAS.
Hiccup es el chico inseguro del Distrito 2, especializado en construcción, que no parecía muy convencido de presentarse voluntario. Jack y Mérida son del Distrito 7, especializado en madera. Rapunzel es del Distrito 9, especializado en granos. Los demás ya los iré llenando yo. Astrid no está en la lista de tributos de los 74º Juegos del Hambre. Hans es del Distrito 1.
MUCHAS GRACIAS AL "GUEST" QUE ME DIO DOS IDEAS SOBRE COMO PUEDEN VIVIR TODOS. TE DEBO MI VIDA. PERO NO CAPTÉ MUY BIEN LA IDEA NÚMERO DOS, ¿ME LA EXPLICAS?
Soy de México. Originalmente del Distrito Federal, pero vivo en Cozumel, México.
OTRA VEZ, MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTE FANFIC. GRACIAS POR LOS 14 REVIEWS Y LOS 3 FAVORITES. NO SABEN CUANTO SIGNIFICA PARA MÍ.
