"Transformada"

Lo han cambiado, ahora tiene mangas, una capa color morado y los colores más vívidos. Aunque lo recuerdo más ligero, se lo atribuyo a la capa que está sobre mis hombros.

—Gracias—le susurro a Bunny, con toda la gratitud que puedo demostrar. Me ha devuelto una parte de mí. Es impresionante como una prenda puede hacerte sentir más segura. Es como si con este vestido, Anna estuviese conmigo.

—Lo encontré en el Centro, y creí que te gustaría—dijo y me lo acomodó mejor. Me hace dar una vuelta en él, y aunque no es espectacular como el vestido del desfile, mi corazón da brincos de alegría.

Todo el equipo de preparación grita, entusiasmado. Les agradezco con una sonrisa y Bunny me toma de la mano, escoltándome fuera de la habitación y hasta el ascensor. No veo a mis mentores o a mi compañero de distrito por ninguna parte, lo cual me alivia. No podría soportar más atención de la que estoy recibiendo ahora mismo.

— ¿Y cómo va la preparación para la entrevista? —pregunta mi estilista, mientras esperamos que todo mi equipo entre—, ¿ya estás lista para contestar las preguntas que el Capitolio se muere por saber?

— ¿Eh, qué? —Pregunto, confundida—, ¿Qué el Capitolio se muere por saber? ¿Cuáles son esas?

—Pues, ya deberías saberlo—comenta, mirándome con sorpresa—, no hay tema de conversación que no te incluya allá afuera, Elsa. Tu hermana, tu ofrecimiento, tu vestido, tu once, les estás dando justo lo que quieren. Un espectáculo.

—Ah, ¿sí? —Digo, con pensamientos sobre acogedores—, pues dijo St. Nicholas que debo ser yo misma. Pero no estoy segura de quién soy.

Y era cierto, nunca tuve tiempo de pararme a pensar quién era yo. Cuando no era la hermana altruista, era la chica problemática, cuando no era la chica problemática, era la voluntaria para los Juegos. ¿Quién soy yo?

—Yo te diré quién eres—dice mi guapo estilista—, tú eres Elsa Arendelle. Y eso es todo lo que necesitas saber.

Sé que su respuesta está destinada a tener un significado más profundo que el que le estoy dando, pero no puedo pensarlo con claridad. Si me viera desde el ángulo de alguien más, ¿qué dirían? Pero ahí está el problema, cada quien tiene una visión distinta de mí. La tributo imprudente, la hermana abnegada, la niña del Distrito 12, la huérfana callada, la modelo perfecta.

No pregunto nada más, y agradezco que Bunny tampoco lo haga, así bajamos por el ascensor. Cuando éste se abre, encuentro toda una fila de tributos formados para salir al escenario. Todos van con increíbles atuendos que se ven mucho más espectaculares que el mío, pero siento a una imaginaria Anna tomarme de la mano y darme valor. Veo a Kristoff enfrente mío, con un traje decorado en llamas, lo cual me hace quedarme de una pieza. Creí que iríamos vestidos a juego. El plan de St. Nicholas siempre fue que pareciéramos congeniar o algo, lo cual me hace pensar que soy yo la que está fuera de lugar.

—Elsa, tenemos que dejarte—dice Bunny, dejándome detrás de Kristoff—, estaremos en los asientos de enfrente. Lo harás bien, hermosa. Suerte.

Todo mi equipo me da dos besos en cada mejilla y se alejan. Mis mentores me dan palmaditas y sonrisas, yéndose con ellos también.

Me asomo impaciente a la fila, pero antes de que pueda ubicar a mis aliados, nos hacen avanzar hasta el escenario. Con tan sólo poner el pie en el escenario, ya se me acelera la respiración. Noto los latidos de las venas en las sienes. Es un alivio llegar a la silla, porque, entre los tacones y el temblor de piernas, me da miedo tropezar. Aunque ya cae la noche, el Círculo de la Ciudad está más iluminado que un día de verano. Han construido unas gradas elevadas para los invitados prestigiosos, con los estilistas colocados en primera fila. Las cámaras se volverán hacia ellos cuando la multitud reaccione a su trabajo. También hay un gran balcón reservado para los Vigilantes, y los equipos de televisión se han hecho con casi todos los demás balcones. Sin embargo, el Círculo de la Ciudad y las avenidas que dan a él están completamente abarrotados de gente, todos de pie. En las casas y en los auditorios municipales de todo el país, todos los televisores están encendidos, todos los ciudadanos de Panem nos ven. Esta noche no habrá apagones. Caesar Flickerman, el hombre que se encarga de las entrevistas desde hace más de cuarenta años, entra en el escenario. Da un poco de miedo, porque su apariencia no ha cambiado nada en todo ese tiempo: la misma cara bajo una capa de maquillaje blanco puro; el mismo peinado, aunque cada año lo tiñe de un color diferente; el mismo traje de ceremonias, azul marino salpicado de miles de diminutas bombillas que centellean como estrellas.

Estando en mi asiento, puedo ver a mis aliados. Rapunzel está convenientemente colocada frente a mí y veo que su cabello ha sido recogido en una gruesa trenza con flores que brillan como gemas. No la puedo ver bien, y no estoy segura de sí sería correcto hablarle cuando las cámaras nos están enfocando.

Intento ubicar a mi estilista, pero con las cabezas de todos los tributos frente a mí, es una tarea imposible. Soy la penúltima, al igual que con las pruebas individuales y no puedo esperar a pasar y terminar con esto de una buena vez. Debería estar enfocada en el hecho de que mañana son los Juegos. Pero, no puedo pensar con tanta gente viéndome a mí y mi patético vestido a comparación de los despampanantes atuendos de mis compañeros. Incluso Kristoff está mejor vestido. No sé si debería inclinarme y saludarlo para dar una buena impresión. Pero no lo hago. Es un traidor, así que, ¿para qué molestarme?

Caesar Flickerman nos da la bienvenida y admiro su desenvoltura enfrente de toda esta gente. También noto la forma en que ayuda a los tributos; es agradable, tranquiliza a los nerviosos, se ríe con las bromas tontas y puede convertir una respuesta floja en una memorable sólo con su reacción. Me pregunto si yo necesitaré mucha ayuda. Quizás.

Primero pasa Mérida. Vestida con un precioso vestido verde con destalles de oro. Tiene el cabello recogido en un elegante moño, el cual luce diferente debido a sus incontrolables chinos. El verde le sienta bien, por el color fuego de su cabello. Es elegante, pero algo torpe. Hace bromas brillantes y no teme demostrar que es capaz de todo. Se ve decidida. No habla de temas personales y sus tres minutos se acaban, con un zumbido que indica que puede retirarse. Se sienta de nuevo en su asiento, no sin antes recibir cumplidos de Caesar y despedirse con gracia. Su compañero sube y me aprendo su nombre, Hans. Es humilde, y me sorprende, debido a que es de los distritos más ricos. No le presto mucha atención a su enfoque que sería el de un chico humilde.

Pasa la compañera de Hiccup, con un vestido café, que le combina con su piel clara. Luego, pasa mi aliado, vestido con un traje negro con líneas rojizas, como cuadros. Es torpe, y está nervioso, pero Caesar en vez de hacerlo ver como un niño idiota, lo hace ver inteligente y brillante.

— ¿Cuál es tu talento? —le pregunta, y Hiccup sonríe. Es la primera vez que sonríe así en el escenario, con todos los dientes.

—Soy bueno construyendo cosas—dice y hace ademanes con sus manos—, no es mucho, pero no me descartes tan rápido.

3, 4, 5.

El tributo hombre del Distrito 5 es un niño. Un niño con el cabello dorado. No como el de Rapunzel, ya que el de él brilla. Como si contuviera estrellas. Para su mala suerte, es mudo. El público tiene que contentarse con preguntas que solo puede contestar con sí o no. Es obvio que se aburren de la plática, pero sus estilistas hicieron un trabajo brillante con él. Literal. Su traje parece toda una galaxia dorada. Tiene una sonrisa encantadora y estoy segura de que no lo han descartado todavía. Pues, aunque fuera difícil de creer, sacó un 8 en su puntuación. Sale del centro del escenario y pasa la chica del 6, luego el chico, y finalmente la hermana del 7. Mi corazón se estruja al verla allí, tan pequeña. Le pusieron un vestido blanco de gasa brillante y le recogieron su cabello castaño en un rodete elegante.

— ¿Cuál es tu nombre? —pregunta Caesar con ternura.

—Emma.

Emma. Se llama Emma. Tiene cuatro letras, igual que Anna. Emma y Anna. Siento una necesidad de protegerlas a ambas. Le preguntan cosas sobre su casa y su puntuación.

— ¿El entrenamiento fue duro para ti?

—Algunas cosas sí se me complicaban—dijo—, pero recibí ayuda.

Siento mi estómago dar un brinco. Emma me busca con la mirada, y cuando me encuentra, me agradece con la mirada. Caesar le sigue la vista y también me mira.

— ¿Estás diciendo que tienes una aliada? —pregunta Caesar con suavidad. Emma tarda en contestar. Mira a su hermano, lo veo por sus ojos. Pero al final, me mira otra vez y voltea al público.

—Eso espero.

Zum. Otro zumbido y ella se despide con ternura. No le preguntaron sobre su hermano, no tuvieron tiempo. Pero con esa respuesta me deja atónita. Kristoff me mira, pero yo no le devuelvo la mirada. ¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer? Sin darme un descanso emocional, Jackson Overland sube al centro y sonríe pícaramente. Enfoque: divertido y pícaro.

—Bueno, Jack—dice Caesar, acortando su nombre y mirándolo atentamente, Jack sube su tobillo a su rodilla. Lleva un traje blanco, a juego con el de su hermana, pero le han puesto toques plateados asemejándose a copos de nieve. El cabello blanco se lo peinaron hacia atrás y porta elegancia en sus movimientos—. Cuéntame qué te parece el Capitolio.

—Es agradable—. La primera vez que escucho su voz. Es gruesa, ronca en las últimas sílabas y grave. El mero hecho de escuchar su voz me hace sentir extraña. Transmite seguridad con sus palabras—. Me encanta aquí. Todo es simplemente espectacular. La comida es fantástica.

—Eso me han dicho—comenta Caesar, riendo y le pregunta otras dos cosas triviales antes de cambiar el tema drásticamente.

—Bueno, todos sabemos que estás compitiendo contra tu hermana, ¿cómo se siente eso?

De repente, el Jack gracioso y relajado desaparece, dejando a uno tenso.

—Me ofrecí—carraspea—, me ofrecí porque quería participar en los Juegos, no por ella.

No puedo creer lo que acaba de decir. Y el público tampoco. Se han escuchado exclamaciones y suspiros. Jack asiente varias veces, ante la mirada atónita de Caesar. Pero incluso desde aquí, veo que la mentira le duele. Lo hizo para proteger a su hermana. Con ese 10 es un blanco seguro, y si creen que le importa su hermana, van a intentar hacerle daño a ella para llegar a él. Es lógico.

—Vaya, ya me imagino—dice Caesar y lo señala con orgullo—, ¡ése es el espíritu!

El público exclama, excitado, pero Caesar los calla con una mano. Los tiene en el bolsillo.

—Bueno, bueno—dice, intentando calmar a la gente—. Jack, eres muy guapo, ¿tengo razón, señoritas?

Las mujeres gritan en la muchedumbre.

—Pero, tan guapo, debe haber alguien que te haya atrapado el ojo, dime, ¿tienes a alguien allá en casa? ¿Esperándote?

Jack sopesa sus respuestas, y suspira, pero sonríe de nuevo. Me cruzo de piernas, incómoda.

—Allá en casa, no—dice lentamente y el público cuelga pendiente de todas sus palabras. Más sin embargo, esperando una respuesta decepcionante, jamás me imaginé lo que diría a continuación—. Lamentablemente, la encontré aquí.

Todos nos quedamos paralizados, mientras intentamos asimilar su respuesta. Frunzo el ceño. Entonces, me doy cuenta. ¡Le gusta una tributo! El público lo asimila casi al mismo tiempo que yo y susurran entre sí, consternados. Algunos incluso sueltan grititos de angustia.

—Eso es mala suerte—dice Caesar, y luce contrariado—, ¿podemos saber quién es?

—No, no creo—dice Jack, y suspira, ¿estará mintiendo? —, pero puedo decirte que ella tiene esta mirada azul electrizante y un cabello color platino, que es como si emanara luz.

Entonces, ato cabos. Al igual que el público, quienes recorren rápidamente su mirada por todos los tributos sentados. Sé que me describió a mí. Hay cinco que deben tener los ojos azules, pero, ¿ojos azules y cabello platino? Antes de que pueda recomponer mi cara de sorpresa, las cámaras me enfocan a mí. ¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué dijo eso? Me odia el tipo. No me puedes odiar y luego decir que tienes tu ojo en mí.

El público exclama con sorpresa y le preguntan con energía.

— ¿Es…?—comienza Caesar, pero lo interrumpe un zumbido. Gracias a Dios—. ¡Lo siento, querido Panem! Pero me temo que el tiempo con Jack Overland se ha agotado. Jack—dice, y le estrecha la mano—, te deseamos la mejor de las suertes. Sobre todo con Ojos Azules. Que la suerte esté siempre a tu favor.

Jack se dirige a su asiento y las cámaras se enfocan al siguiente tributo. Me toco el rodete con incomodidad, pero me sobresalto al notar que está frío. Frío como hielo. No intento tentar el peinado de Flavius, pero la curiosidad me está matando. ¿Cuál es el plan?

8, 9.

Rapunzel pasa, con un vestido morado con dorado y lila. Le queda precioso, sobre todo en su piel bronce y cabello dorado. Las gemas del cabello le dan aspecto de princesa. Su enfoque es ligera y divertida. O, más bien, lo que es ella. Habla sobre casa y sus lindos campos. Habla del entrenamiento y su vestido, el cual lo describe como "de sueño". Caesar parece agradarle, y elogia su cabello una y otra vez.

— ¿Has hecho aliados?

—Quizás, pero es confidencial.

Rapunzel se despide con una sonrisa iluminada. 10, 11. Y finalmente…

— ¡Recibamos a Elsa Arendelle del Distrito 12!

Me levanto con elegancia. Me tiemblan las manos, pero lo escondo poniéndolas frente a mí y caminando en una línea recta hasta el centro del escenario, sonriendo discretamente. Caesar me pide la mano y luego me besa los nudillos. Yo río ligeramente. Recuerda lo que te dijo Toothiana, Elsa. Sonríe y sé educada. Me siento con la espalda recta y cruzo los tobillos por debajo de la falda.

— ¡Elsa! ¡Elsa! —Exclama y sonríe más—, el Capitolio es un gran cambio comparado con el Distrito 12, ¿qué es lo que más te ha agradado?

Primera pregunta. Esa ya la habíamos practicado, pero aun así, no puedo evitar respirar antes de contestar, para no atropellar palabras.

—Definitivamente, la gente—contesto, y aunque es una verdad a medias, no puedo mencionar cosas materiales. Tengo que ganármelos y no soy graciosa—. Son todos tan amables y cálidos, ¿qué puedo decir?

El público me aplaude y chillan de emoción. Tengo ganas de callarlos, pero eso se saldría de mi enfoque.

— ¿Qué piensas de la confesión que acaba de hacer Jack Overland sobre ti? —pregunta y la gente contiene la respiración. Esto definitivamente no estaba practicado. Pienso rápido.

—Pero, Caesar, ¿quién dice que estaba hablando de mí? —siento calientes las mejillas. La gente grita, excitada de nuevo.

—Eres la única tributo con ojos azules y cabello platinado—dice, y hace un ademán a mi cara—. Además, sí que tienes una mirada electrizante.

Al decir eso, me ruborizo aún más.

—No aceptaré nada hasta que sea aclarado por él mismo—dije y supe que eso jamás iba a pasar. No solo porque no había más contacto con el público después de las entrevistas, sino porque sólo iba a quedar uno vivo. Las cámaras lo enfocan, pero él está demasiado interesado viéndome como para siquiera molestarse en ver las pantallas. Me pongo más nerviosa.

—Bueno, bueno, cuéntanos qué opinas del traje que llevaste en el desfile de inauguración—pide y se recarga sobre el respaldo de su asiento, mirándome interesado.

—Usualmente, a mí no me gusta el fuego o el calor—comento y me hago la misteriosa, hablando con un tono confidencial—, pero quedé impresionada. Fue el mejor atuendo que he usado en mi vida.

—Y, ¿qué me puedes decir sobre el que estás usando ahora? —pregunta, y se levanta, para después tenderme la mano y ayudarme a pararme. El frío de mis zapatos se me pega a las plantas de los pies—. ¿Éste no fue el que usaste en la Cosecha? Aunque algo diferente.

—Así es—contesto, sonriente y expandiéndolo—, me lo regaló mi hermana.

Entonces se me ocurre mirar a Bunny. Sentado rodeado de varios otros estilistas, me mira, me guiña el ojo y gira su dedo, lo que quiere decir que de vueltas.

Lo hago, me suelto de la mano de Caesar y doy una vuelta, pero al recorrer un escalofrío por mi espalda, sigo girando.

Entonces, el vestido se prende en fuego en las orillas. Rápidamente se va consumiendo, pero son llamas azules y en vez de ser calurosas, son frías. Miro entre asombrada y asustada, así que cuando se acercan a mi torso, miro hacia arriba. Las llamas cubren mis brazos y, al final, la capa. Tengo miedo, porque me sentí mucho más ligera, temiendo que no tenga ropa debajo. Mi cabello también se prendió en llamas, pero solo un segundo, dejando al final caer una trenza francesa con varios mechones salidos. Me quedo quieta, de mirada al público, peinándome el cabello rebelde y poniendo la trenza de lado. Es entonces cuando lo veo. El vestido de mi hermana, convertido en un precioso atuendo azul, con corte en la pierna y miles de pequeñas gemas incrustadas en el torso. Las mangas se han vuelto transparentes y la capa tan delgada como papel. Hay pequeños copos de nieve en el estampado, pero solo los verías si fueras observador. Al terminar de verme, veo al público.

Todos están pasmados, para luego gritar eufóricos. Eufóricos y excitados y emocionados y asombrados. Todo a la vez. Se han vuelto locos, e incluso se paran a aplaudirme.

Cuando se calman, Caesar me mira emocionado.

— ¡Elsa! ¡Dios mío! —Exclama y sonríe demasiado—, ¡ese fue todo un espectáculo! ¡Brillante! ¡Simplemente brillante!

Enfocan a mi estilista desde los asientos y él hace un ademán de agradecimiento.

—Pero, bueno, a pesar de tu despampanante atuendo, estábamos hablando de tu hermana—dice, adoptando un tono serio y la gente guarda silencio total—, ¿Qué te llevó a presentarte voluntaria en su lugar?

Lo pienso.

—Que la amo. Y jamás dejaría que le pasara nada malo.

Silencio sepulcral.

— ¿te dijo algo antes de irte? —pregunta, y esta vez es difícil ocultar las lágrimas que amenazan con salir.

—Sí.

— ¿Qué te dijo?

—Me hizo prometerle que intentaría ganar.

— ¿Y qué le dijiste?

—Que lo haría. Que lo intentaría por ella.