Pigmento
por Mie Ame
Desde muy pequeño siempre imaginé, al crecer, tener una familia. Ya sabes, de ese tipo de familias que retratan en los programas infantiles: mamá, papá, niños y una mascota...
Luego mis padres se divorciaron, y todos esos sueños de infancia se hicieron añicos. ¿Cómo esperaba conseguir algo que obviamente era imposible tener? Mis padres eran el ejemplo puntual de que eso de la "familia feliz" no existe. Para mí, se hizo inconcebible el pensar en tener una familia, al considerarlo una falsa ilusión introducida en nuestras mentes por los medios de comunicación. La prueba de ello se encontraba justo delante mío.
Al pasar del tiempo, al ir madurando, pude entender que los errores de mis padres no tenían por qué ser también los míos. Volví a tener la esperanza de algún día formar una familia propia, de hacer lo posible por no perderla, por valorarla, protegerla, vaciar mi corazón en ella.
Con eso en mente, me propuse encontrar a la chica ideal con la cual caminar ese camino juntos. Por ideal, no me refiero a perfecta. Por ideal, quiero decir aquella persona con la que pueda recorrer un camino paralelo en nuestras vidas. Aquella persona que esté dispuesta a hacer el viaje a mi lado, apoyándonos mutuamente, sin convertirnos en ancla del otro; porque un ancla sostiene, pero también impide que avances. Eso fue lo que supongo que pasó con mis padres.
Irónicamente, no fue a una chica a quién encontré, a pesar de que toda mi vida creí que así sería. Fue con Taichi, mi mejor amigo, con quien decidí tomar ese camino. Él jamás fue un ancla para mí, siempre me ha apoyado, no teme corregirme cuando me equivoco, poniendo muy en claro lo que piensa cuando estoy por tomar una mala decisión. Siempre fue un buen amigo, así como un amoroso novio.
Es por eso que, cuando me propuso matrimonio hace un par de años atrás, no dudé un segundo, y acepté con lágrimas de felicidad en los ojos. Poco a poco mi sueño de tener una familia se iba realizando, y mi corazón brincaba de gozo por haber encontrado a la persona que me acompañaría en la aventura.
Unos meses después de casados, durante una de nuestras tantas salidas al parque, divisé a una pareja joven con su hija: una mujer muy bonita tomando de la mano a una pequeña niña, quien a su vez tomaba la mano del joven que era su padre. Me dio un pequeño tirón en el corazón.
Cuando acepté casarme con Tai, estaba consciente de que algunas cosas en mi fantasía de niño serían diferentes a como las había imaginado. Sin embargo, darme cuenta de ello aún dolía y conseguía sacarme lágrimas y desanimarme un poco.
Estoy seguro de que Tai notó lo que me ocurría, pues no pasó mucho tiempo después, cuando de repente llegó con un montón de folletos con diferentes opciones para hacer crecer nuestra familia… todos en inglés. Al igual que nuestro matrimonio, cualquier cosa que decidiéramos, tendríamos que hacerlo en el extranjero, ya que ninguna de las alternativas era legal en nuestro país.
Nuestra mejor opción era alquilar un vientre, para así tener la seguridad de poder adoptar al bebé. Eso terminó siendo tan complicado como una adopción regular.
En cuanto se enteró de nuestras intenciones, Mimi se propuso inmediatamente para ayudar a encontrar a la candidata perfecta. Entre sus contactos en Canadá –Sí, ¡Mimi conoce gente en todas partes del mundo!– encontró a una conocida que empatizaba con nuestra causa y, habiendo tenido dos alquileres de vientre previos al nuestro, estaba familiarizada con todo el método y papeleo pertinente. Para el procedimiento in vitro decidimos que se haría con gametos tanto de Taichi, como míos, asegurando así que tuviera relación de sangre con alguno de los dos.
Llegamos a Canadá dos meses antes de la fecha programada para el parto de Hanna, la amiga de Mimi. Amablemente nos recibió en el aeropuerto y nos acompañó a nuestro hotel, el cual se encontraba a pocos minutos del hospital. Nos mostró la ciudad y las principales vías de comunicación, para hacer más fácil nuestra estancia. Fue un constante sube y baja de emociones, en especial al enterarnos de la sorpresa que Hanna tenía para nosotros cuando llegamos: ¡tendríamos trillizos! Nos dijo que las dos veces anteriores, sólo estuvo embarazada de un bebé a la vez y estaba bastante emocionada por recibir a tres al mismo tiempo en su tercera ocasión como vientre prestado. Taichi no podía parar de sonreír y en seguida llamó a casa para dar la gran noticia. Yo... no podía quitarme el extraño nudo que se me había hecho en el estómago. Por alguna extraña razón, sentía que algo no andaba bien.
¿Por qué pensaría yo eso? Bueno, al ver a Hanna, no me parecía que tuviera el volumen dimensional de una mujer esperando trillizos, ¡Ni siquiera el de una que esperara gemelos, si había que decirlo!
Hay ocasiones, como ésta, en las que odio tener razón. Antes de cumplir una semana de haber llegado, recibimos una llamada del médico de Hanna; la mujer había llegado al hospital porque sintiéndose mal y, después de varios estudios, vieron que había entrado en labor de parto y necesitaban hacerle una cesárea para sacar a los bebés antes de que llegaran a experimentar sufrimiento fetal, el problema fue que aún eran muy prematuros y, a pesar de los esfuerzos, el más pequeño no sobreviviría.
No sé decir quién de los dos –o tres, contando a Hanna– lloró más por el pequeño. Taichi y yo no atrevimos siquiera a nombrarlo, por miedo a que nos calara más el corazón. Hanna se hizo cargo de los arreglos funerarios, y esa parte de nosotros se quedó con ella en Canadá.
Al final, después de unos meses esperando a que crecieran y se hicieran más fuertes, entre vistas al hospital y papeleo de todo tipo, regresamos a casa con Ryuto y Kohaku, nuestros dos pequeños hijos.
Fin.
Éste es mi aporte para la dinámica del Mes Taito en el topic Parejas Yaoi/Yuri del foro Proyecto 1-8 de Digimon. El tema fue "Hijos/Descendencia".
Este, siento yo, fue un tema complicado de retratar. No tenía mucha noción de las leyes en Japón para las parejas de un mismo género (digo, sabía que en algunos lugares de Tokio ya se pueden llevar a cabo bodas, pero que aun así el gobierno no las reconoce… es muy extraño). Tuve que investigar lo de las adopciones y, sinceramente, el gobierno japonés me cayó gordo. O sea, ni siquiera está permitido el alquiler de vientre para las parejas hetero, mucho menos para las de un mismo sexo. Y les ponen peros para todo, poniendo de excusa para que se casen, que la población va a disminuir porque no generarán hijos! (a alguien más le sonó a contradicción?)
Si les contara todo lo que encontré, no terminaría, así que mejor le corto aquí.
Me costó un poquito de tiempo decidir de quién sería el "padre" del bebé, así que opté por poner dos bebés, para que los chicos tengan un bebé Yama y un bebé Tai. xD
Ahora, el drama del tercer bebé… bueno, es algo que no puede evitar. Una clase homenaje o algo así.
Ya lo había pensado, que al escribir a Yama le pongo mucho de mí misma, en especial en temas familiares.
Ok, basta de seriedad, me gustaría que me dejaran sus comentarios con respecto a éste capítulo.
Prometo ponerme al corriente, pues voy atrasada con 2 temas (eso pasa cuando a uno le tocan exámenes y gripa al mismo tiempo y luego la semana se llena de pendientes urgentes).
PD. Han notado que esto está escrito como los libros de Harry Potter? Empezamos con capítulos muy cortitos, y éste quedó súper gordo. xD
