Capitulo 7

Una noche en vela

Por Amelia Badguy

602 palabras según Word.

Estaba recostado en la cama que era de Lydia, ¡ESTABA EN LA CAMA DE LYDIA!. Por todos los infiernos, pensó mientras miraba aquellos números rojizos que mostraba el reloj, que marcaba que ya eran más de las tres de la madrugada, pero no podía dormir, esa era la verdad, en su mente sólo estaba una pregunta, ¿cómo rayos es que había acabado metido en esa situación realmente?.

La verdad es que no lo sabía con certeza, pero una cosa tenía realmente clara en su mente, que todos aquellos fantasmas a los que había fastidiado por más de cuatro siglos debían estar a punto de conseguir se segunda muerte gracias a la risa que los debía estar matando por su situación, porque seguramente ya todos debían saber que él, Beetlejuice, estaba en aquella situación. Vivo, enamorado y quedándose en la casa de aquella chica que había amado durante muchos años realmente, aunque para un fantasma aquellos años francamente podían ser nada.

Él estaba durmiendo en la cama de Lydia, mientras que ella dormía en el sofá, siendo que aquello no le parecía realmente bien, es decir, él era el intruso ahí, por decirlo de una forma, y aunque su pierna de verdad le doliera horrores -puta mierda de estar vivo-, sentía que Lydia debía dormir en la cama y no él, pero la muchacha de cabello negruzco había insistido que él debía dormir en la cama para recuperarse mejor.

Pensaba que apenas consiguiera un empleó arrendaría cerca de Lydia, debía estar cerca de ella, para poder demostrarle cuanto la amaba verdaderamente, porque la amaba, aunque ahora eso le daba ganas de reír, después de todo, ¿quién hubiera imaginado que él, Beetlejuice, pensaría en buscar un empleo y como conquistar a una chica realmente?

Nadie hubiera creído aquello, de hecho si hace cien años le hubieran dicho que terminaría enamorado de una chica que fue su mejor amiga y después lo olvido, verdaderamente nunca hubiera creído aquello, incluso se hubiera burlado en su cara como si nada y luego se hubiera marchado a uno de los muchos clubs que había en el Nietheworld.

Pero ahora estaba ahí, en la cama de la chica que amaba, viendo como aquellos números rojizos del reloj lentamente iban cambiando y el sueño aun seguía sin invadirlo, era como si incluso al estar vivo el sueño lo repeliera de alguna manera, seguramente fueron los siglos de pasar como fantasma, sin necesitar dormir, ni alimentarse ni nada de aquello, por lo cual realmente costaba ajustarse a la vida actual, el ritmo de vida, el hecho de que tuviera un corazón latiendo en su pecho, que ese maldito corazón bombeara la sangre que necesitaba para poder seguir vivo.

Las cosas parecían complemente en su contra, aunque claro, lo único bueno que resultaba de todo eso es que Lydia era quién lo cuidaba, después de todo la mujer se veía preocupada por él, por las cosas que ocurrían, más allá del hecho de que ella fuese la culpable de su atropello realmente.

Para cuando finalmente aquellos números rojizos marcaron más de las cuatro de la madrugada fue cuando el hombre de cabello rubio recostado ahí pudo conciliar el sueño de una manera apropiada después de todo, suspirando, pensando en los siguientes días, donde seguramente le costaría demasiado recuperar la movilidad de su cuerpo, más que nada porque no estaba acostumbrado de todo a caminar, siempre podía flotar después de todo, pero ahora era un humano, un humano vivo que se durmió cansado, esperando que los nuevos días que tendría no fueran tan mierda como los que había pasado en las últimas semanas.