Chavales este es el último capítulo de este fic y puede que dentro de poco escriba uno nuevo, pero para eso darlo por septiembre así que tranquilidad por si alguien me quiere matar. Este es más largo que he escrito de todos como es el último quiero que sea gracioso, deprimente, que haya LuNa y ZoRo, la última es la principal de esta historia porque no sería una gran fan de estas parejas. Bueno quiero agradecer a todo el mundo por apoyarme, al principio era solo un capítulo, pero como me habéis ido pidiendo más aquí está el resultado, quiero agradecer a unas personas que no conocéis, pero es muy importante para mí y son unas grandes personas, pero por causa del estudio puede que nos veamos pocos. Y por supuesto agradezco a todas las personas que me han dado la lata para continuar. Gracias. Bueno os dejo leer. La canción de este fic es: Alan Walker-Faded.

Capítulo 4.

Todo se encontraba oscuro, no había signo de vida, ni una pisada, ningún ruido, absolutamente nada a excepción del sonido de las gotas al chocar contra el suelo, los garrotes compuesto de Kairoseki crujiendo, y su pesada respiración. Su cuerpo imitaba al de un tanque de la Marine, tampoco obedecía las ordenes que le mandaba el celebro para analizar el ambiente y encontrar una solución de huida, pero era completamente inútil. Por desgracia tenía la desventaja de la oscuridad, preguntándose cuanto tiempo llevaba sin ver los deliciosos rayos de sol. El ambiente era tan húmedo que determino que se encontraba en una isla veraniega con muchas precipitaciones al año o cerca del mar, o en una cueva subterránea. No podía asegurarlo, su cuerpo la había abandonado y su mente estaba a punto de perseguir el mismo camino que su pesado cuerpo.

No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba en esa prisión imposible de romper, pero sabía exactamente como había llegado allí. Si se hubiera dado cuenta desde el principio se hubiera ahorrado esta tortura que estaba viviendo en directo.

Flashback:

El misterioso personaje se revelo delante de todos enseñando su identidad. Todos los miembros de Sombrero de Paja se sorprendieron al ver al individuo. Cada uno cogió sus armas. Zoro fue más rápido y la puso detrás suyo cubriéndola y protegiéndola de su atacante desvainando sus katanas.

-Tenryuubito…- susurro Robin asustada. No podía ser bueno, si se encontraba allí uno seguro que la Marina no estaba muy lejos.

Esto traería muchos problemas y más que hace muy poco los subieron fuertemente las recompensa a cada uno de los intrigantes, excepto Chopper que me da mucha pena el renito, ahora eran unos piratas muy reconocidos por los mares del Nuevo Mundo. Como no se había dado cuenta desde el principio. Se maldecía mentalmente por haber sido tan idiota. Tenían que tener absolutamente cuidado, aunque ahora no hubiera ningún marine, esto en poco tiempo parecería Troya y había muchos civiles inocentes alrededor. Si empezaban a atacar a lo loco esto explotaría y seguro que en menos de unos minutos el Gobierno Mundial se haría presente. Y si acataban las ordenes de (perdón por lo que voy a decir, pero es que me sale del alma) esos hijos de puta, perderían a la arqueóloga y detrás irían los demás, en especial el peliverde.

-Tu mujer…- señalo el impaciente Tenryuubito a la morena que se ocultaba detrás de un espadachín dispuesto a cortar cabezas por ella. -Ven conmigo. Es una orden. -la ordeno con una superioridad que no se la creía ni él.

La morena se tensó como una cuerda de piano a punto de romperse por la tensión sometida. No se iría con él ni loca y menos estando segura por sus nakamas y por él. Robin podía ser macabra, un poco molesta por sus bromas macabras, hermosa y psicópata, pero de tonta no tenía ni un pelo. Ahora mismo era un don nadie, aunque a él les temblaran las rodillas imposibles que respondieran a una orden de huida masiva haciendo que pareciera más insignificante. Estaba el solo y era muy sospecho, porque los Tenryuubito siempre iban acompañados por sus sirvientes, esclavos, marines, pero esta situación descolocaba, solo se encontraba el solo. Ninguno bajo la guardia, aquí había gato encerrado.

-No me iré contigo a ninguna parte. -contesto fríamente la morena cortando por lo sano y dejándole las cosas bien claras. No volvería a ser atrapada por las sucias garras por personas como el, asquerosos, saticos, despreciables, que se creen Dioses cuando no eran unos don nadie. - No me gusta los hombres tan infantiles, asquerosos, que se creen superiores cuando son basura, que maltraten a la gente inocente solo por diversión, en resumen, tu cumples todos los requisitos de lo que odio de la humanidad. -OOHH TURN DOWN FOR WHAT.

-Cómo eres tan insolente, mujer. -esto le molesto un montón. Por los gestos que se dibujaban en su asquerosa cara, parecía un niño pequeño malcriado que no se había salido con la suya, y de algún modo era cierto. Robin le había dado calabazas o, mejor dicho, le había golpeado con la puerta en las narices.

-No lo soy. -todos se quedaron con la mandíbula descolocada. Nadie se le había enfrentado, excepto Luffy, y más de esa forma. La verdad duele nena.

Todos sus nakamas pensaban que se le había ido la pinza o que se le había pegado algo de Luffy por viajar mucho tiempo juntos. Esto preocupó a Nami porque si le había pegado la enfermedad de la estupidez por solo hablar o pasar unos minutos a su lado. Entonces ella se quedaría igual de estúpida que Luffy por besarle. Empezó arrancarse de los pelos desesperadamente imaginándose que dentro de poco iría con unas sandalias y un sombrero de paja gritando a lo loco, aunque lo último ya lo hacía.

El único que no se sorprendió del todo fue Zoro, vio como una Robin fleur se encargaba de ayudar a los civiles salir de la plaza lo más silencioso posible y que no fueran detectados y bueno con ayuda del camarero ese que antes le había tirado los tejos a Robin delante de él. Lo que le molestaba ahora mismo de la situación era como el camarero de pacotilla seguía intentando ligar con su mujer, le ponía furioso a causa de los celos. Suspiro aliviado por que al principio pensó exactamente lo mismo que la navegante. Así que decidió seguir su plan de distraer a ese subnormal y que dejaran terreno libre a la batalla que fijo que acabarían batallando.

-Ya ves, incluso el Marimo tendría más posibilidad de poder ligar con ella que tu… y mira que es él ser más despreciable que me he encontrado en mi vida. -se adelantó el rubiales.

- ¿Quieres pelea, cejas afeminada? - pregunto con diente de tiburón.

-Sabes que te vencería fácilmente.

-Lo dudo y menos con esas pintas. - todos los ojos se posaron en el cocinero. Tenía razón. No podía luchar en esas condiciones, porque acabaría muriendo por un ataque de risa. Le costaba mantener la compostura, porque ver a Sanji con unas tetas postizas, un vestido muy ajustado de Nami, todo maquillada y las piernas peludas. Para no reírse.

Los dos se miraron con desprecio y rivalidad, como era habitual, pero por lo menos conseguían distraerlo. Pero poco duro la distracción, el Tenryuubito empezaba a impacientarse y pensábamos que era tonto.

-Vale ya, maldita mujer. Te ordeno que vengas conmigo y seas mi esposa. - su paciencia había llegado a su límite. -Si no vienes por las buenas, será por las malas.

Chasqueo sus dedos. En menos de unos diez segundos se encontraron rodeados de miles de marines. Sonrió maliciosamente, como si estuviera seguro de que la victoria la tenía en su bolsillo. Por el Haki de Observación detectaron a unos cuentos usuarios misteriosos, pero serian un pequeño dolor de muelas.

Todos estaban preparados para la acción, podían ser miles y ellos nueves, pero su fuerza de voluntad por proteger a sus nakamas equivalía a una cifra superior.

-TE LO VOLVERE A PREGUNTAR. -saco de su bolsillo una Bust call. -POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS.

La arqueóloga se quedó congelada, no sabía qué hacer. Si iba salvaría a sus nakamas y a los civiles de esta isla, pero si se negaba acabarían con cada habitante inocente y no iba a tolerar sus caprichos porque seguro que la trataría como una esclava y un juguete sexual. Estaba entre dos caminos. Estaba totalmente segura de que sus nakamas iban a evitar a cualquier coste que sucediera lo mismo que en Ennies Lobby, pero no quería que la gente fuera asesinada por su culpa. Como podéis ver era una carga muy pesada, pero alguien tenía la solución a su problema.

Miro el perfecto rostro del hombre que le había dado ganas de vivir, el que le hacía muy fuerte y el que le hacía gritar de placer. Observo sus ojos negros que transmitía adrenalina por salvarla.

-De acuerdo.

Robin se dirigió a él con unos movimientos muy provocativos que todas las personas del género masculino dirigieron los ojos de su despampanante cuerpo, principalmente hacia el escote y trasero, y su vestido ajustado, no ayudaba a la imaginación de cada uno de los hombres. Tan efectivo fue que Sanji le dio una hemorragia nasal desplomándose en el suelo y revelando los calzoncillos de corazones.

-OOOH. NO ME DIGAS QUE LA RUBIA ERA UN TIO. - gritaron la mayoría de los marines que se habían fijado en Sanji, siendo decepcionando. -CON LO BUENA QUE ESTABA. -lloraban casi todos. Es lógico ver que la tía que te gusta descubras que las tetas eran unas pelotas y que intentaba, con poco éxito, ocultar su pequeña erección. ¿cómo te quedaría -DESPUES DE LA MORENA ERA LA MÁS GUAPA.

- ¿ESQUE ESTÁIS CIEGO O QUE? -todos los marines posaron la mirada a la pelirroja. - NO VEIS QUE YO ESTOY MÁS BUENA QUE ESA. -grito enfadada la pelirroja apunto de matar a cada uno de ellos siendo electrocutado.

-Bueno…eres del montón. - ósea, que Sanji era más guapa que Nami. Estuvo a punto de lanzarse al cuello de los marines fastidiando el supuesto plan de la arqueóloga sino llega a ser por Luffy que le agarro de los brazos. Si llega a pasar un segundo más la hubiera liado, pero a lo grande.

-Tranquila, Nami. Tu eres la mujer más guapa del mundo. - confeso el capitán acompañado de una sonrisa radiante, provocando que Nami se sonrojara a un límite que imitaba el color de su cabello.

-Cállate, idiota. - le dio un capo en la cabeza. Su ira desapareció, cuando fijo la mirada a Robin que estaba a punto de aceptar las condiciones de ese mal nacido.

You were the shadow to my light

Did you feel us?

Another start

You faces away

Afraid our aim is out of sight

Want to see us alive.

Nadie iba hacer nada por detenerla. Cualquier estupidez pero que fuera ya.

- ¿Dónde crees que vas? -Zoro la sujeto de la muñeca deteniéndola antes que cometiera una locura, de que se arrepentiría el resto de su vida.

-Debo hacerlo.

-No. No debes. Sabes perfectamente que podemos con ellos. - lo decía con furia contenida, mientras se acercaba hacia ella, hasta estar rozando sus torsos. El ojo del peliverde transmitía seriedad y ardor por protegerla. Esa que siempre estaba presente en las batallas y cuando le hacia el amor, aunque haya sido dos veces, pero ese brillo siempre estaba presente. Le quemaba tanto que sentía que estaba sofocado, no por el clima, sino por su mirada.

-Lo sé. - todos estaban dispuestos a luchar por ella. Eso le transmitía seguridad y confianza. Claro que lo sabía, por eso confiaba en ellos.

Where are you now?

Where are you now?

Where are you now?

Was it all in my fantasy?

Where are you now?

Where you only imaginary?

Ahora mismo estaba entre besarle o abrazarle o ambas cosas, pero sería un grave error dejarse llevar por sus impulsos, revelando su relación, que no le importaba en absoluto que lo supieran sus nakamas, disfrutaría como el cocinero le daba una depresión y a la vez un infarto al corazón y que Nami se pusiera más histérica de lo que está por besar a Luffy. Pero lo que le preocupaba es que el Gobierno Mundial lo utilizaría contra ellos y no podían tener ese lujo.

Toco su musculoso pecho sintiendo la adrenalina por las venas y el acelerado ritmo cardiaco, mientras luchaba consigo misma para no lanzarse a sus labios, tanto añoraba el sabor de sus besos. El acaricio sus brazos. Los demás insinuaban algo y Nami reía por dentro.

- ¿Confías en mí? - susurro para que únicamente la oyera él. Asintió decidido.

Where are you now?

Atlantis,under the sea, under sea

Where are you now?

another dream

The monster's running wild inside of me

-Soldados…traérmela. Me estoy cansando de tantas cursilerías.

Dos soldados la zafaron de los brazos y la pusieron una esposa de Kareosike. La acercaron violentamente hasta él. Todos fueron rodeados apuntados por pistolas.

-JAJAJAJAJA. -rio como un villano mal nacido. Agarro su rostro que le miraba con asco y desprecio. -Ahora solo eres mías. Así que despídete de tus nakamas, en especial del chico ese. - giro su rostro mirando donde estaba el peliverde.

-Solo pido una condición…- él enarco una ceja de intriga. Parecía no muy convencido eso de conceder un deseo y menos para alguien.

I'm faded

I'm faded

So lost, I'm faded

I'm faded

So lost, I'm faded

-Está bien, solo porque eres mi esposa. - esta frase le molesto un montón a Zoro, que estuvo a punto de lanzarse con sus katanas y cortar todo lo que se pusiera en su camino, pero, aunque la rabia le recorría por las venas respeto su "orden."

-Me podrías quitar las esposas. Como ves, me están lastimando y luego no podre complacerle. - el tono picaron y coqueta que utilizo Robin no le gusto para nada a Zoro, pero si le preguntas a Sanji y al Tenryuubito que se sonrojaron al máximo y que cayeran en sus encantos.

-De acuerdo. Soltadla.

Un marine se acercó a ella, liberándola. Se froto sus muñecas como muestra de molestia.

-Gracias. -le sonrió radiantemente que derritió a todos los marines. Se acercó lentamente. Miro hacia el capitán que seguía sin entender nada, hasta que ella asintió antes de encarar a su enemigo. -Antes de convertirme en tu nueva esposa. Quiero decir una cosa más... - la intriga estaba en el ambiente. -Dos fluer.

These shallow waters never met what I needed

I'm letting go

A deeper dive

Eternal silence of the sea

I'm breathing, alive

Where are you now?

Where are you now?

Under the bringht but faded lights

You set my heart on fire

Where are you now?

Where are you now?

Dos manos salieron de las caderas del Tenryuubito y le quito el den den mushi dorado de sus manos, sustituyéndola por las manos reales de la morena.

Aprovecharon la distracción de los soldados para atacar y liberarse de ellos fácilmente. No le dio ni tiempo, ni para pestañear, porque antes de que pudieran disparar o defenderse ya estaban en el suelo casi muerto.

-La próxima vez, asegúrate que tu próxima esposa no sea una antigua asesina. - acorralo al Tenryuubito para definitivamente dejarle menos valido o retorcerle la columna vertebral, lo que fuera más divertido.

Pero la diversión fue interrumpida por más marines que venían corriendo hacia ellos con pistolas. No podían arriesgar a los civiles de esa isla así que tomaron la decisión correcta. Huir. Claro que podía con ellos, pero tenían sentido común.

Sin pensárselo dos veces empezaron a correr hacia su querido barco, el Sunny. Todo había salido a la perfección cada detalle. Lo de Zoro, para que los marines estuvieran más seguros de sí mismo, que pensaran que tenía la guerra ganada, para eso tuvo que interpretar lo de Zoro, indicando que se entregaba plenamente y sin oponer resistencia.

-Zoro…- llamo la morena. -Córtalo. - lanzo al aire el dichoso artefacto que provoco que su isla natal dejara de existir en los mapas. Zoro acato la orden y lo corto en miles de pedazos tan rápido como la velocidad del sonido. No dio tiempo ni para pestañear.

Observo a cada uno de sus nakamas estaban todos… a excepción de que Nami, no estaba corriendo con ellos, es decir, que se había perdido.

- ¿Dónde se ha metido Nami? - pregunto preocupado Sanji. Le costaba correr por los finos tacones. Algún trompazo se llevaba fijo.

-Ni idea. - ese fue Franky que lanzaba sus misiles retrasando a los pesado que iban atrás.

-No puede ser. No tiene otro mejor momento para empezar a imitar a Zoro. - Usoop estaba más que acojonado, como es él. Hay costumbres que nunca cambian.

-YO NO ME PIERDO. -protesto con los dientes de sierra Zoro, haciendo que Robín riera, sonrojándose al máximo.

-Gracias por seguirme la corriente, Espadachín. – corrió hacia su lado mientras utilizaba sus poderes para obstaculizar a los detrás.

-Calla y corre. Más tardes me lo agradecerás. - iba con doble sentido, pero la veía cansada y era muy lógico. Hoy tenía que ser el mejor día de su vida, porque todos sus sueños se estaban haciendo realidad.

-Lo sabía…aún tengo posibilidad con mi Robin.

Zoro iba a contestarle, pero fue interrumpida por los gritos de terror de Nami que hacia presente en escena con una bolsa enorme de dinero. Las costumbres que algunas son muy malas.

- ¿Nami dónde estabas? - pregunto el que portaba un sombrero de paja.

-Tu qué crees donde estaba, idiota

-Jo no te pongas así. Solo me preocupaba si te había pasado algo. - hizo sus típicos pucheritos.

-Me puedo cuidar yo sola. - un cañonazo dejo claro todo lo contrario. Cayo a unos centímetros de la posición que se encontraba estos dos. Suerte que Luffy fue más rápido y cogió en brazos a la pelirroja antes de que la rozaran ni siquiera. Ella por su parte no soltaba ni el dinero ni el cuello del capitán, no dejaba de gritar.

-Decías…

-Cállate…-le pego en la cabeza provocándole un chichón enorme. El puño de Nami salía humo mientras en sus sienes se hinchaba una vena notable.

Where are you now?

Atlantis, under the sea, under the sea

Where are you now?

Another dream

The monster's running wild inside of me

Delante de ellos, no muy lejos de alcanzarlo, estaba el Sunny, pero a unos pocos kilómetros del barco que recorrería todos los mares había dos barcos de los marines atacando a base de cañonazos. Debían llegar rápido al barco o sino lo hundiría y seria game over.

Llegaría a tiempo antes de que sucediera, el peor de los casos seria que batallaran un poco, pero nada más. Pero nadie se imaginó lo que iba a suceder. Que iba el más lentos de todos era el pobre Chopper, con el calor que hacia el pobre estaba sofocado y no podía transformarse, solo se permitía correr lo más rápido posible lo que podía sus piernecitas.

Robin viendo a la pobre Chopper, retrocedió en su ayuda. Zoro hizo lo mismo, tenía que protegerla de las balas.

-Chopper…-le cogió en brazos.

-Robin…me encuentro muy cansado. - le dijo con la lengua al aire como si fuera un perro.

-Tranquilo. - cogió a chopper en brazos, pero cuando iba a comenzar a correr un disparo le alcanzo en la pierna derecha y que perdiera el equilibrio. Su pierna sangraba y no podía levantarse. Se obligó a si misma a levantarse y ayudar a Chopper que se encontraba a unos cuantos metros. -Chopper…- se arrastró como pudo hacia el pequeño. Intento utilizar sus poderes, pero no reaccionaban. En ese momento se dio cuenta de que la bala estaba echo de Kareosike. Ahora entendía por qué estaba tan cansada de repente.

-Robin…- aulló Zoro furioso corriendo hacia ella. Esquivaba y despejaba cada bala y soldado. Los demás estaban defendiendo el barco para preparar la huida. Era el único que podía salvarlos. Parecía un verdadero demonio.

Pero antes de que pudiera salvarla y socorrerla, apareció el Tenryuubito, obligándola a la fuerza a que se levanta. Al apoyar su peso en la pierna no pudo emitir un rugido de puro dolor, alarmando a Zoro y al renito, que se culpaba por lo sucedido.

Sintió algo frio y metálico en su sien izquierda, cuando lo percato era una pistola y seguro cargada con balas de Kairoseki. Zoro freno en seco su rescate. Cada uno de los marines apuntaron sus armas hacia el peliverde. Era un punto blanco muy fácil.

-Si te acercas disparo. - estaba en una situación de vida o muerte.

I'm faded

I'm faded

So lost, I'm faded

I'm faded

So lost, I'm faded.

Tenía dos opciones coger a chopper y matar a ese cabron, pero no era lo suficiente rápido y le comían el terreno. Y la segunda opción era atacar directamente al mal nacido, pero pondría en peligro a chopper. Apretó su mandíbula al igual que sus katanas, le frustraba por estar en una situación de tanta presión. Atacar o huir. La veía agotada, exhausta y no podía avisar a los demás. ¿Qué podía hacer?

-Zoro…-llamo con las pocas fuerzas que tenía en su cuerpo. -Salva a Chopper. -le dio la respuesta indicada según creía ella.

-Pero…- hizo un movimiento brusco provocando que los marines resonaran sus armas indicando que estaban cargadas y listas para matar. -No voy a de…

-Sé que no lo harás…Vete, Zoro. -empezó a caerle unas cuantas lágrimas.

-Haz caso a esta muñeca.

Frustrado miro por última vez a la morena, prometiendo que la salvaría, pero ahora lo correcto era huir. Cogió a chopper y escapo mientras esquivaba los disparos. La salvaría eso estaba más que asegurado.

Fin del flashback.

Esa fue la última vez que vio a sus apreciados nakamas y la última vez que pudo sentir sus ojos oscuros y peligrosos como la noche. Los echaban de menos... sus tonterías, estupideces y aventuras. Los añoraba demasiado, tanto que temía que llevara siglos allí sola. Volvía a estar sola, de nuevo, y temía que sus amigos no la encontrasen.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una punzada en la pierna. Cuando llego se la curaron, pero de la forma más brutal y más dolorosa, que de ver curarla la pierna parecía que se la querían arrancar. Pero para colmo, esto no acaba en una infección en la pierna, comenzaba a sangrar, sino que la torturaron como si fuera un animal o un criminal. La habían obligado a servirle cada segundo del día, sin reproche, dando igual si le agradaba o no, sino la torturarían de miles de formas. La última vez que se negó a unas de sus órdenes la torturaron a latigazos dejándolas las marcas, suertes que no eran profundas y no la dejarían señales, ni cicatrices, pero aun así escocia y seguramente se infectaría.

Por lo menos el dolor la distraía del pensamiento de que estaba otra vez sola. Deposito su cabeza en el suelo mientras se acurrucaba en posición fetal para dormir. Hacía mucho frio y solo tenía para cubrirse una pequeña manta y el diminuto atuendo que llevaba puesto desde que despertó en ese lugar. Parecía más un bañador que utilizaba Nami solo que enseñaba demasiado, más de lo que se ponía ella habitualmente. Rápidamente se durmió exhausta por el cansancio mental como físico. Aprovecharía esos momentos donde le permitía unos segundos de descanso, aunque prefiriera estar en un spa, pero era mejor la prisión que estar con ese.

Sus sueños fueron interrumpidos por el chirrido de la puerta de su nuevo hogar abriéndose. Dos guardias entraron, ella con dificultad se incorporó.

-El amo te reclama. - hablo el chico más joven. Era el que siempre traía comida y algunas mantas.

-De acuerdo.

Los soldados la ayudaron a ponerse en pie, ella misma no podía ni siquiera andar y los guardias lo percataron. El más joven se ofreció a cargarla, pero ella con una sonrisa le negaba la petición, pero al primer paso se balanceaba y caiga al suelo. Así que no le quedó más remedio aceptar, tampoco poseía fuerzas para protestar, estaba en los huesos, como si fuera anoréxica, que podía ver sus huesos indicando falta de alimentación.

Después de un rato llegaron a un piso que todo parecía extremadamente caro, lujoso, es decir, sería el lugar perfecto para Nami si quería vivir en un lugar. Se apreciaba los cuadros muy caros y antiguas cosas de distintas épocas, que agradecería mucho poder tocarlas e investigar su pasado.

-Creo que deberías darte una ducha. - intento sacarle una sonrisa y lo consiguió, aunque fuera una pequeña. Pidió con un signo de manos para que la bajara y dejara caminar.

-Me encantaría.

Los soldados se lanzaron una mirada cómplice. - Pues hoy es tu día de suerte. – dijo el otro guardián.

- ¿Qué? - pregunto enarcando una ceja de confusión.

-El amo quiere que te cambies y vayas a sus aposentos.

Esto significaba lo peor, pero no tenía una posibilidad de evitarlo, por el motivo de que estaba herida y encadenada hasta los tobillos. Ella agacho la cabeza recordando los momentos similares de lo que iba a pasar.

La indicaron un baño normalito, pero de lujos. En la bañera mientras le golpeaba las gotas de agua y borraba la suciedad y daba paso a los recuerdos felices, pero en especial con Zoro. Aunque haya pasado tiempo sin sentir su esencia la sentía en cada rincón de su cuerpo. Cerro los ojos concentrándose, pudo sentir las acaricias en su cuerpo, era como si estuviera ahí duchándose con ella en la misma ducha. Añoro el momento del baño en el Sunny.

Se ducho rápido por miedo a adelantar el proceso o que la volvieran a torturar. Se puso la pequeña ropa interior muy provocativa de color negro. Esto afirmaba lo que estaba rodeando su cabeza desde que piso este lugar.

En menos de cinco minutos se encontraba delante de una puerta enorme donde estaba el Tenryuubito. Tocaron la puerta antes de recibir un adelante proveniente del individuo.

Entro con miedo acompañada de los dos jóvenes. Allí estaba en una enorme habitación muy oscura, tanto como su celda, y en el centro se encontraba una enorme cama con un montón de sabanas finas y cojines apunta pala.

-Iros. - ordeno. Los guardianes así lo hicieron, en sus rostros solo había pena, pena por la chica de ojos azules.

En ese instante todos sus sentidos se pusieron alertas que al simple toque acabaría atacando a su opresor. El Tenryuubito tiro de la cadena que conectaba con las esposas de la morena obligándola que acabara sentada en su cama al lado suyo.

-Toma. -le ofreció una copa de vino. Ella se negó a tomarla, le miro con asco, furia y deseo de asesinarle con sus propias manos. -No quieres. De acuerdo. - se lo tiro encima. Robin grito de dolor a causa del alcohol al tener contacto con las heridas abiertas de su espalda y las demás menos graves. Escocia, se retorcía de dolor y el disfrutaba como sufría la morena.

Aprovecho ese momento de debilidad para echarse encima de ella y quitarle la parte de arriba de su sujetador para morder y arañar los pezones de la morena con violencia. Le dejaba las marcas de la opresión. Mordisco, arañazos, hematomas era lo que estaba recibiendo de ese hombre. Opuso resistencia con todas las fuerzas que poseía su cansado cuerpo, pero no consigo nada, solo excitarle y que fuera más rudo. Mordió su cuello salvajemente provocando que sangrara, mientras dejaba las marcas de sus gordos dedos en sus pechos. Una de sus manos se coló entre sus piernas incitando a su clítoris y que se humedeciera, pero lo único que conseguía que la morena gritara y llorara a causa del dolor que aumentaba.

-Cállate. - la abofeteo que la dejo completamente aturdida, desorientada. Aprovecho su desorientación para quitarle la última prenda que le separaba de la desnudez. El cuerpo de la morena estaba echo un asco por las torturas causada y la falta de nutrición, pero a él no le importaba en absoluto.

Iba a penetrarla, aunque no estuviera preparada, si lo hacía le provocaría muchos daños internos como las paredes vaginales o el útero o algo peor.

De repente la enorme puerta cedió acompañado de un grave sonido alarmando al violador.

-Qu…- fue lo único que dijo antes de que pudiera voltearse y pidiera ayudas. Antes de eso, el intruso le había proporcionado un corte en todo el pecho y dejarle peor de lo que estaba Robin, e inconsciente.

El intruso corrió hacia ella. La veía fatal, tenía muy mala pinta sus heridas. Temblaba e imitaba a un tempano de hielo, estaba helada. La acurruco entre sus brazos transmitiendo el calor de su cuerpo. Percato las heridas de su espalda y los mordico y hematomas causado por ese animal. Se quitó su chaqueta verde y la tapo completamente ocultando del frio y de su desnudez, las sabanas eran muy finas para cubrirla.

-Robin. -llamo el peliverde muy preocupado. Robin reacciono a la voz de Zoro. su vista estaba borrosa y volvía a la realidad. Al final pudo afirmar que su mente no le engañaba cuando ambas facciones volvían a la normalidad.

-Zoro. - se escondió en su pecho mientras se hundía en los brazos de su salvador. Empezó a llorar desesperadamente que parecía las cataratas del Niágara. -Zoro…- le nombraba entre llanto.

Lo único que se le ocurrió a Zoro fue abrazarla y consolarla durante unos minutos antes de reunirse con los demás.

-Tranquila. No permitiré que nadie te separe de mí. Nunca más, lo prometo. - le beso en la frente.

-No me dejes nunca más sola. Por favor. No quiero que me toquen. -tembló por cada palabra mencionada.

-Lo siento…lo siento, Robin. - realmente lo sentía por no haberla salvado. Deseaba tanto volver atrás y cambiar posiciones, ser el no ella, pero sabía que si hubiera pasado todo lo contrario echa desearía lo mismo.

Y allí entre sus brazos se durmió, su cuerpo no daba más de sí. Pero no podía pedir mejor sitio para descansar y escapa de la realidad.

.

.

.

Ya había pasado un mes desde el acontecimiento del secuestro. Tardo unas semanas en recuperarse de las heridas y de los traumas del secuestro gracias a la ayuda de todos en especial del peliverde. Siempre estaba allí. Las primeras semanas tenia molestia, siempre estaba atento de los dolores de las morenas o si tenía un pequeño mareo que solía pasar algunas veces por que no se había recuperado del todo, o cuando tenía una pesadilla, la despertaba y dormía con ella para tranquilizarla como una niña pequeña. Es normal ya que había estado secuestrada durante dos meses enteros.

Según los que contaban el más preocupado de todos era Zoro, no dormía ni comía hasta que el mismo día que la encontró.

Y ahora que sale el tema de Zoro. Desde que la encontró en ese estado deprimente, su relación no era la misma. Vale que pasaban más tiempo juntos en secreto, y todos lo que queráis imaginar de como seria estos dos como parejas, si comportaba de una forma rara, extraña, no le dirigía ni una palabra, desde que se reencontraron no le había dado ni un solo beso ni, aunque fuera uno leve, ni la miraba, tenía su mente en otro lado, es decir, que la trataba como si fuera una completa extraña, como si los momentos ocurridos hubieran sido borrados de su mente y volviera al punto de inicio. No soportaría un segundo más esta intranquilidad, hasta Luffy les notaba distinto. Intentaron varias veces descubrir el motivo de su comportamiento, pero fue un completo desastre, no salía del cuarto de vigilancia ni para atrás.

Esta situación de incomodidad no podía seguir de este modo, demasiado mal rollo. Esa misma tarde, decidida fue hablar con el peliverde, aunque escupiera fuego, que era lo más probable, encontraría la solución a su problema o problemas.

Como se lo esperaba el espadachín estaba allí, pero con la puerta totalmente cerrada y apoyada por una enorme pesa. Utilizo sus poderes para teletransportarse dentro del cuarto. Zoro percato desde el principio la presencia de Robin, no la molestaba, al contrario, parecía que era el momento de hablar con ella.

Encontró a Zoro de espalda entrenando con una de sus monstruosas pesas. Observo su musculosa espalda perlado de sudor que provocaba una reacción química a Robin, que empezara arder y el deseo de besarle hasta el amanecer.

- ¿Qué quieres, mujer? - interrumpió Zoro con un tono que transmitía molestia.

-Quería hablar contigo. O me vas a ignorar como has hecho estos últimos días.

-Yo no te ignora - se volteo dirigiéndose a la morena sin soltar sus pesas.

- Claro… entonces por qué te pasas todo el día en el gimnasio. -cruzo los brazos enfadada.

-No es obvio.

-No lo es. Te conozco Zoro, sé que te ocurre algo y únicamente quiero saber qué te pasa. – bueno realmente quería que le afirmara algo que le atormentaba.

Zoro callo de repente, le habían descubierto, y ella buscaba repuestas y no sabía cómo el modo de decirlo abiertamente y con cuidado de no dañarla.

-Márchate. - corto por lo más sano volviendo a sus ejercicios.

-Así que es verdad. - sonó triste. Agacho la cabeza mirando el suelo reprimiendo las ganas de llorar. Zoro ni se inmutó en absoluto. -De que ya no me…amas. -las lágrimas empezaban a fluir, no tenía las fuerzas para seguir reprimiéndolo más.

Zoro volteo repentinamente atónico. Observo como Robin ocultaba su rostro entre sus manos, viendo como las lágrimas se perdía por sus ojos hasta el suelo. Abandono la pesa a un lado, lentamente se acercó a ella inseguro.

-Robin…-susurro apartando sus manos para ver sus ojos vidriosos.

-No pasa nada. Me he enterado lo que has estado haciendo con tu tiempo cuando no estaba y que la has estado enviando cartas a alguien.

- ¿Cómo sabes eso? - pregunto sorprendido, por lo último, pero no lo reflejo en su rostro.

-Me lo contó Nami. Solo quiero que me lo afirmes con tus propias palabras.

- Que sabes. -había sido descubierto, no valía la pena seguir ocultándolo y menos de ella.

-De que te acostaste con otra mujer.

-Que dices Robin. - esto le pillo con la guardia baja.

-Zoro no pasa nada. Entiendo que tenías necesidades y quería desahogarte conmigo. Solo me querías para…eso…ser un juguete sexual. -aparto la mirada.

-No…te estas confundiendo. - la agarro de la mano, pero no le dio el placer de tocarla.

-Tranquilo estoy acostumbrada a que los hombres se acuesten conmigo solo por placer para luego tirarme a la basura.

-Robin te a…-fue interrumpido al finalizar.

-No lo digas… te lo suplico. Solo vengo a decirte que no me vuelvas a dirigirme la palabra en tu vida. Olvida lo que ha pasado y tratémonos como…nakamas.

-Robin…

-Adiós.

Iba hacia la puerta y Zoro iba a detenerla antes de que fuera demasiado tarde, pero unas manos fluer le detuvo. Sin despedirse Robin abandono la sala, la había jodido. Pero lo solucionaría. Cuando lo libero Zoro fue corriendo en busca de Nami que la encontró donde cartografía con Luffy, discutiendo como siempre.

Entro sin permiso como un loco, esto era de lo más urgente, exigía respuestas. Porqué Nami le había contado esa mentira tan gorda. En el periodo de que Robin estuvo secuestrada se recorrió la isla entera y pregunto a cada civil si sabían algo. Desesperado encontró a la mujer que se equivocó con Robin en el capítulo anterior. Ella era una de las sirvientas del Tenryuubito que se alojaba en esa isla. Tuvo que seducirla un poco para que le ayudara, pero nada más. Ni un roce, ni una acaricia no había pasado absolutamente nada. Era fiel a Robin, la amaba y era muy orgulloso para hacer eso.

Interrumpió allí como si se le llevara el demonio. Por impulso, más por enfado, se abalanzo a la pelirroja empotrándola contra la estantería, sujetándola de la solapa de su camiseta, sorprendiendo a los dos.

- ¡SUELTAME, IMBECIL! - intento que le liberara, pero Zoro tenía en un solo brazo la fuerza de dos namis.

- ¡OE ZORO DEJALA! -interrumpió el capitán antes de que se la cargara. Le sujeto de los brazos, pero no cedió su agarre. Estaba ciego de rabia, por su culpa que no oía las ordenes de su capitán. -Detente. - a la fuerza le golpeo empotrándole contra la puerta, estaba entero y Nami estaba bien. Nami se abrazos a Luffy que le correspondió. - ¿Qué ocurre? - pregunto cuando Zoro volvía en sí y volvía a la tranquilidad mientras se incorporaba.

-No te incumbe, Luffy. Es algo entre nosotros dos y de nadie más.

-Claro que me incumbe si se trata sobre mis nakamas.

Zoro resignado dio un puñetazo a la pared para relajar su ira haciendo un boquete enorme, cuando lo viera Franky le iba a dar algo. Estaba ahora más tranquilo, pero a la mínima saltaría.

- ¿Por qué has mentido a Robin? - apretó los puños, pero su voz demostraba enfado y a la vez rota como si mantuviera las ganas de llorar.

- ¿Qué? Yo no he mentido a nadie y menos a Robin. - defendió la pelirroja aun abrazada a Luffy.

-Entonces explícame por qué piensa que yo me he acostado con otra y la estoy mandando cartas en secreto.

-Bueno…lo hice por ella. - el género masculino enarco una ceja. No entendía nada, que beneficioso seria para él o para Robin. -Lo dije para que Robin dejara de pensar en ti y que pasara página. Ya que te portas fatal con ella. Es mi mejor amiga y no iba a permitir que un idiota sin sentimiento la hicieras más daño ¿Además que te importa? . -aclaro amenazante acusándole del sufrimiento de la morena en este mes. Quería protegerla. En sus miradas había rabia y saltaba las chispas por ello. Defendería a Robin.

-Eres idiota. No sabes el problema que me has metido, bruja.

- Yo no tengo la culpa de meterte en líos, es la tuya.

-Claro que es por tu culpa por que ahora cree que me acosté con ella porque necesitaba un juguete sexual.

Todos quedaron con la boca bien abierta y con los ojos como platos. Habían oído bien. Acababa de confesar que había tenido relaciones sexuales con Robin… Robin la chica alta, morena con los ojos azules y arqueóloga… esa misma Robin.

- ¿Te has costado con Robin? - pregunto Nami sin creérselo, era muy difícil de creer. El asintió acompañado de un bufido.

-Y ahora me odia. - apoyo la cabeza en la pared. -Me ha amenazado de que no me quería verme nunca más. - agacho la cabeza. - yo la amo. - dijo la verdad.

-Dios…que he hecho. - cayó al suelo llorando. Había metido la pata, pero bien. Ahora mismo no podía imaginar lo que estaba sufriendo Robin. -Soy imbécil.

-Tranquila, Nami. - Luffy se había agachado hasta ponerse a su altura, la sujeto de la barbilla y le mostro una gran sonrisa. -Has cometido un error, pero se pude solucionar. – despacio la obligo a ponerse de pies mientras la abrazaba. -Te ayudaremos para reconquistar a Robin.

-No tengo ningún plan. Además, es demasiado tarde ella lo ha dejado claro.

-Te vas has rendir tan pronto Zoro. -lo dejo claro cuando vio sus ojos acuosos.

-Pues yo tengo un plan. - Nami ya había calmado su llanto. -Lo pondremos en marcha mañana cuando lleguemos a la isla. - sonrió maliciosamente. Esto prometía.

.

.

.

Como dijo Nami llegaron a una isla de invierno. El más agradecido de llegar a una isla de invierno era Chopper que para algo le servía su suave pelaje. Por decisión de Nami ordeno alojarse en unas cañas de maderas súper rurales donde cerca de allí había unas termas, para poder descansar y relajarse. Por supuesto investigaron si había peligro y por suerte el peligro que había en esa isla, que deberían preocuparse, era de Luffy. Así que no había problema, excepto Luffy, pero Nami tenía armas para domarle.

Desembarcaron a todo gas para dejar sus cosas en cada cabaña que le pertenecía, ya que dormirían por separados. Después de colocar todas las cosas, Robin decidió tomar una ducha bien caliente y bien larga, necesitaba despejarse y aclarar sus ideas. Se pasó allí un largo tiempo pensando lo que le había dicho Nami sobre Zoro. No se lo creía, conocía perfectamente a Zoro y no era ese tipo de hombres que se dejan llevar por un impulso como el sexo. Había cosas que no cuadraban como la cara que puso Zoro cuando le encaro, parecía confundido. No podía ser. Pero tampoco Nami sería capaz de mentirla en una cosa tan grave como esa. Por una vez en su vida no sabía que decisión tomar.

Salió de la ducha y se cubrió su cuerpo con una mini toalla de color azul cielo, iba totalmente mojada y tampoco le importaba mucho que las gotas la recorriera su cuerpo hasta caer al suelo. No tenía ni ganas de secarse, además la habitación era muy cálida, para ser una cabaña pequeña que dependía de una habitación, un salón y cuarto de baño.

Se aseguró que la toalla estuviera bien apretada, nunca sabría cuando había un desliz, pero que importaba si estaba sola como en la celda.

Salió del baño. Se sobresaltó cuando vio que no estaba sola allí. Encontró a Zoro delante de la chimenea disimulando que no la había visto. ¿Qué hacia el en su habitación? Apretó la toalla creyendo lo que tenia por mente al peliverde.

- ¿Qué haces aquí? - reacciono al final después de soportar la tensión que se había formado en el ambiente de repente.

Giro dirigiendo hacia Robin que iba con una mini-toalla, la iluminación de la chimenea era lo único que iluminaba la habitación, le hacía más hermosa de lo que era y las gotas que le recorría la hacía ser una diosa.

Camino lentamente a su dirección mientras seguía hablando. - Te esperaba. - su voz sonó tan ardiente, tan peligrosa y decidida que volvería loca a cualquier chica.

-Te advertí de que no me volvieras a dirigir la palabra. Lo deje muy claro. – retrocedió mientras el avanzaba.

-Y lo dejaste, pero tú me distes la oportunidad de explicártelo.-dijo con ironía.

-Explicar el que, Espadachín. De que me engañaste con otra cuando más te necesitaba. - dio un paso hacia atrás mientras Zoro le comía terreno. – De que me mentiste solo para aprovecharte de mí. - retrocedió tanto que choco contra la pared. Ahora le tenía acorralada, pero no la presionaría. Temblaba y contenía el llanto haciéndose la fuerte. Todo era mentira y se lo desmentiría. -Fui una…

No pudo terminar la frase, los labios de Zoro se lo había impedido antes de que siguiera haciendose daño. Robin opuso resistencia no permitiría que le ganara y que se saliera con la suya. Le odiaba por todo el daño que le había hecho, pero no se lo creía ni ella, por qué negarlo, en el fondo no le odiaba, le amaba y es por eso que no pudo más y le cedió a su beso.

Metió su lengua en la boca de Robin consumiendo a su pasión. La devoraba mientras se aferraba a su cadera por seguridad de que escapara de sus manos. El beso era ardiente, excitante, lento y venenoso, pero para que negarse, echaba de menos sus labios.

Acaricio su pierna derecha con delicadeza obligándola a que se apoyara un poco la pierna en su cadera sintiendo lo que llevaba tiempo deseando. No dejaban de besarse, permitía unos segundos para que sus pulmones se oxigenaran, pero volvían al ataque. Habían cedido al deseo y la pasión.

Zoro recorrió su cuello a base de besos que subían de intensidad. Donde pasaba sus labios o lengua ardía y provocaba que jadease y respirase difícilmente.

No entendía como había cedido con tanta facilidad, un solo beso había necesitado para tenerla de ese modo. Le había engañado con otra, pero para que seguir engañando, le necesitaba y solo sus besos la hacían olvidar todo.

-Robin…-siguió jugueteando un rato con su cuello teniendo escusa de ordenas sus ideas que se le había olvidado por completo que lo había estudiado delicadamente. Ella no paraba de jadear y gemir, sintiendo los besos y mordiscos de Zoro en su cuello.

Robin estaba excitada, le molestaba demasiado la toalla, por una vez no hacía caso a su cabeza sino de su instinto, por una vez quería que la tratara como un juguete sexual por el motivo de como la besaba, no podía ser un simple objeto, sino una persona amada, y es como se sentía.

Desesperada le quito su abrigo verde para acariciar su esbelta figura. Toco cada musculo de su pecho con ansia, mientras seguía saboreando sus labios o su cuello.

Permitieron que sus pulmones tuvieran unos minutos de tregua, con la respiración de pesada. Cuando se separaron se quedó sorprendida, su ojo no transmitía, en un momento como este pasaba siempre, lujuria, sino apagados, no encontraba la chispa que siempre veía en él, había desaparecido y esto le preocupo, pero le asunto más lo que iba hacer.

Excitados ambos, Zoro termino lo que no había empezado. Se separó de ella, confusa. ¿Que estaba ocurriendo'? la habitación quedo en completo silencio, Zoro analizaba sus pensamientos tan rápido como su celebro le permitía.

-Lo siento. - se disculpó el peliverde, se había dejado consumir por el beso. El plan era darle uno muy corto, pero algo dentro de él se descontrolo. Robin aprovecho para ajustarse la toalla, no entendía nada de lo que estaba pasando, demasiada excitación cerebral.

-Creo que deberías irte. - escapo por unos de los laterales poniéndose enfrente de la chimenea para calentarse esperando que cruzara esa puerta y según por los pasos Zoro obedeció a su petición sin rechistar. Pero todo cambio cuando sintió sus fuertes brazos aferrarse a su cintura mientras ocultaba su rostro entre hombro, ocultando cualquier contado visual. -Te he dicho que te marcharas. - ordeno luchando contra sí misma para no voltearse y acabara secundando a la pasión.

-No me iré hasta que me escuches. - Robin reprimió un gemido al notar lo cerca que estaba sus labios de su piel.

-Te escuchare a cambio de que me digas quien es ella. – necesitaba saberlo, aunque sabiendo que le iba doler el golpe.

-Una chica que me encontré en la isla que estuvimos. -le dolió más de lo que pensaba, quería llorar, pero era demasiado orgullosa para concederle ese placer. Quiso decir algo ofensivo o doloriente pero la voz masculina de la habitación se lo impidió. – Esa chica era esposa del guardia que te cuidaba…- la morena recodo al chico tan joven que siempre le ayudaba en todo. - llegamos a un trato… yo le daría todo el dinero que me pidiera a cambio de que te cuidara. Pero no ocurrió nada, es por eso que Nami se pudo confundir, porque muchas veces me ha visto con ella para saber cómo estabas. Ella está felizmente casada con su esposo y esperan a un hijo. -esto solucionaba lo de la confusión de Nami.

Ella volteo furiosa. Había solucionado una de sus dudas, pero también se formulan unas cuantas preguntas que urgentemente necesitaban respuestas.

-Entonces por qué no viniste antes a por mí si sabias donde me encontraba…- lo dijo entre llanto y golpeando el torso del peliverde. -Casi me viola ese cerdo. - ceso su arrebato, quiso seguir golpeándolo, pero Zoro la abrazaba como nadie lo había hecho.

-Era el primero que quería ir a por ti. Pero Sabo nos advirtió que era un hombre muy poderoso y que traficaba con armas, es por eso que nos avisó de que esperásemos a la ocasión para salvarte. -apretó más su agarre. - Podía haber muerto mucha gente incluida tu. -sintió la tensión de Zoro. –Y no estaba dispuesto a tomar ese riego. El riesgo de no volverte a ver. - hizo una pausa. -Sabo nos ayudó a salvarte y pregunta por tu estado todos los días, es por eso que le he enviado unas cartas para tranquilizarlo. Aunque tengo que reconocer que es igualito que Luffy. – ella rio en bajito. Todo había sido una confusión.

De repente empezó a sentir como los brazos del peliverde la liberaban y se iba hacia la puerta como le había ordenado antes. Volteo hacia él, sin recibir ni una mirada ni una palabra. Vio como Zoro agarraba el pomo y se marchaba de allí sin ninguna despedida, ni un adiós, ni una mirada asesina.

A los dos segundos de que desapareciera de la habitación, Robin reaccionó. Rápidamente cogió el abrigo del peliverde, se lo puso y salió corriendo hasta salir de la cabaña. Le detuvo unos segundos el frio que hacía y la pequeña nevada que iba aumentando por segundos. Miro por todos los lados, pero estaba completamente vacío. Donde podía estar, podía haber ido a su cabaña, o al balneario o se había perdido. Había muchas opciones, pero ninguna respuesta.

Si seguía un minuto más fuera iba coger una hipotermia, pero sus piernas estas congeladas que no podía moverlas. Una fuerte ventisca hizo que cayera en las capas de nieves. Estaba completamente congelada, sus labios tenían un color morado y su piel tiritaba violentamente. Iba morir por congelación sentía como los copos de nieves golpeaban su rostro y se acumulaba ocultando su cuerpo. Cada segundo iba cediendo a cerrar los ojos, pero no abandonaba la esperanza de que alguien escuchara sus gritos de auxilio.

Pero algo o alguien la cogió en brazos. Sentía una calidez agradable, enfoco mejor su mirada y vio a Zoro. Zoro era quien la cargaba. Sin decir nada la llevo dentro de su cabaña.

Rápidamente fue al salón que por suerte era la sala más caliente y poseía una enorme chimenea acompañada de una alfombra blanca de piel, era perfecto para que entrara en calor. La tumbo encima de la alfombra y corrió hacia su habitación agarrando todas las mantas que tenía.

Quito todas las prendas que tenía Robin dejándola completamente desnuda, la cubrió con todas las mantas que encontró, pero no eran suficiente aún seguía temblando y su cuerpo imitaba a un tempano de hielo. Desesperado utilizo lo primero que le vino en mente.

Su cuerpo era cálido y le iba dar todo su calor corporal. Se desnudó, la coloco encima de él, apoyando la cabeza de Robin en su pecho, mientras un montón de mantas los cubría. Se asunto cuando sintió su cuerpo congelado.

Parecía que no hacia efecto, pero poco a poco empezó a sentir su temperatura aumentar, pero no lo suficiente.

-Zoro…lo siento por haberte acusado de esas cosas. - dijo tiritando, se acurruco más a él. -Cuando...

-Calla. Necesito que entres en calor y ya. - no podía avisar a Chopper, la tormenta de nieve se había desatado y había muy poca posibilidad de que saliera vivo de allí. La coloco encima de la alfombra cerca de la fogata dispuesto a ir por algo más caliente, una sopa o un chocolate caliente. Pero fue interrumpido, las manos de Robin le sujetaron el rostro del peliverde deteniéndolo y tranquilizándolo un poco.

Acerco su rostro al suyo y le beso lentamente indicando lo que realmente quería en ese momento para entrar en calor. Zoro cedió sin escusa porque ahora mismo su mente le podía indicar una cosa, pero como que pasaba de ella.

Profundizaron al máximo el beso hasta que sus pulmones les exigían un poco de aire, pero esto no seguía así, se volvieron a besar con más intensidad y sin cortarse nada, la volvería loca.

Se besaban como locos, desesperado por el simple roce de sus labios. Se separaron durante unos segundos con la respiración agitada tanto que sus pulmones quemaban.

-Creo…que no…-intento soltar Zoro, pero la respiración no le concedía que liberara una palabra decente.

-Sigue. - le rogo. Apoyo su pierna izquierda en la cintura del peliverde afirmando lo que pedía no era mentira.

-Espero que no te arrepientes, porque no podre detenerme. -amenazo Zoro a punto de perder el control.

Ataco sus labios antes de que se arrepintiera, metiendo su lengua hasta la campañilla disfrutando de su boca. Lentamente fue bajando por su cuello hasta su hombro a base de besos y mordidas leves dejando unas pequeñas marcas. Su mano derecha bajo hasta alcanzar su pezón derecho haciendo que liberara un pequeño gemido de placer.

Esta vez iba a ser diferente, iba ser más lentos, sin prisas, sin interrupciones y se tomaría todo el tiempo del mundo disfrutando de su cuerpo perfecto que pocas veces pudo apreciar. Ahora sería su oportunidad.

Cada movimiento era lento y a la vez excitante que pedía rapidez temiendo que su cuerpo ardiera más que la fogata.

Zoro estimulo sus dos pezones hasta estar completamente erectos. Siguió bajando hasta el sur saboreando la piel sudada y salada de la morena que intentaba retener sus gemidos, pero no hubo ningún éxito.

Llego en un momento que estaba perdida en el placer que le brindaba Zoro que no se dio cuenta cuando su cuerpo volvió a una temperatura normal e iba aumentando rápidamente.

El peliverde beso despacio su ingle, acercándose a la zona que palpitaba y se humedecía con cada movimiento maestro del joven.

Al joven peliverde le costaba demasiado mantener su juego, demasiada excitación y dolor en la entrepierna. Quería hacerla suya pero ya, no lo soportaría por más que lo intentara soportar. Pero lo principal ahora para él era que se retorciera de puro placer.

Se hundió entre sus piernas abiertas penetrándola con la lengua, torturando a su clítoris sin llegar al maltratarla, pero brindando un placer que nunca había experimentado en su vida. Oía como Robin gritaba de placer por cada lamida en su clítoris, se estaba derritiendo entre sus brazos mientras pedía más y sentía sus dedos enterrarse en su cabello indicando que iba por el buen camino.

Siguió con su trabajo hasta escuchar el enorme chillido que grito Robin cuando le vino su orgasmo. Realmente se asustó que de repente alejo su rostro de su interior preocupado de que le hubiera hecho algún daño por perder casi todo el control que tenía en su cuerpo.

-Robin…-la llamo preocupado incorporándose. La miro como sudaba y desesperadamente sus pulmones luchaban por respirar, pero le era inútil, le ardía los pulmones y las gotas de sudor provocaba que su piel tuviera una reacción que se viera como una diosa para los ojos de Zoro.

Ella dirigió su mirada a él transmitiendo algo más que no fuera lujuria y deseo, él lo entendió a la perfección. La beso profundizando el beso al máximo, Robin aprovecho y se abrazó a su cuello mientras él se incorporaba y se quedaba sentada entre sus piernas. Finalizo el beso cuando sintió la erección del chico entre sus nalgas.

Zoro siguió con su destino y su misión darla placer como ningún hombre lo había hecho, aunque aún fuera un poco inexperto pero el nerviosismo había desaparecido y ya no eran desconocidos sino algo más, pero quien daría el paso.

-Robin…- beso todo su cuello sin dejar ningún pedacito de piel, mientras torturaba un pezón con la mano. Solo recibió un mmm por parte de Robin demasiado engullida en el placer. Arqueo su cuello para más accesibilidad. Pero ocurrió algo que no esperaba. Zoro agacho la cabeza hasta tocar su frente contra su clavícula izquierda, donde latía su corazón. Le veía demasiado serio y a la vez arrepentido, pero de qué.

-Quiero que solo seas mi mujer. - noto entre sus brazos como ella se tensaba entre sus brazos. Esto le preocupo al principio, pero desapareció cuando las manos de Robin acariciaron sus cabellos verdes de una forma que era entre maternal y ternura, se dejó hacer mientras se acurrucaba mejor.

- ¿A qué quieres referirte? - esa pregunta no le sorprendió a Zoro porque se la esperaba desde el primer segundo que pronunciaría esa pregunta. Es por eso que no le costó tanto decir la respuesta a la pregunta.

-Te amo. -beso una mano, que había entrelazado con la suya cuando pronuncio esas dos palabras. - No quiero verte nunca más triste, que esa sonrisa no pertenezca a otro o algo peor de que desaparezca de tu rostro. Quiero que tus ojos brillen cada segundo de lo que te queda de vida. Quiero verte luchar y si un día caes, me da igual si me tengo que enfrentar al ser más fuerte y no tenga ninguna posibilidad y muera en el intento, yo iré a por ti.

-Quieres decir que quieres que sea…

-Mi novia, mi pareja, mi nakama especial, mi sueño, mi amante, puedes llámalo como quieras solo deseo que me permitas estar a tu lado. - elevo el rostro encontrándose los ojos vidriosos de la morena. Lloraba de felicidad y por eso y por una vez en su vida permito que unas lágrimas cayeran hasta desaparecer.

-Eres un tonto lo sabes.

-Eso es un sí. - limpio sus lágrimas con el pulgar, indicando que realmente la amaba hasta perder su vida por ella. Robin asintió con una sonrisa y sin parar de llorar. Era la sonrisa más hermosa que había visto en su vida.

Se besaron varias veces mientras Zoro jugaba con unos de sus pechos mientras Robin gemía desesperada y restregaba su intimidad en la erección del chico. Llego a un punto de que los dos no podían soportar más el deseo de fusionarse.

-Zoro…-llamo pesadamente y sin aliento. El entendió todo de inmediato. Sin oponer resistencia y sin ninguna queja dejo que Robin hiciera con él lo que más le viniera en gana.

Agarro su miembro y lentamente, mientras se abrazaba a él y clavaba sus uñas en su espalda, lo introdujo. No sabía porque, podía ser que estaba demasiada excitada o que el pene de Zoro era demasiado grande o necesitaba estar más lubricada, pero le costaba mucho que su pene entrara en ella, produciendo que le doliera un poco y preocupara al peliverde.

Zoro percato la preocupación de Robin, estaba nerviosas por los nuevos sentimientos a flor de piel. Acaricio su columna vertebral trasmitiendo seguridad. Esto tranquilizo a la morena que hizo que al final su miembro llegara al fondo. Empezó su vaivén, cabalgándole como una experta mientras el devoraba sus labios. Tiro de su pelo cuando una mano estimulo uno de sus pezones llegando a un límite de placer que no aguanto sus gritos de puro placer y que sus orgasmos les golpearán a ambos en el mismo segundo, llenando el interior de Robin del semen de Zoro.

Quedaron unos segundos así recibiendo los últimos coletazos de su orgasmo. Fue tan brutal sus orgasmos que resbalaron en el interior de la morena sin salir aun Zoro de ella.

Despacio y con suavidad salido de su interior y la coloco boca abajo viéndola respirar con dificultad. Beso desde su nuca toda la columna vertebral hasta llegar a sus nalgas que las dio un pequeño beso. Se tomó su tiempo porque no tenía ninguna prisa. Robin no tenía fuerzas para decir nada solo se dejaba hacer y le gustaba lo que hacía.

Con la ayuda de una mano apoyada en el vientre, hizo que más o menos quedara en cuatro patas, solo que los codos estaban ligeramente flexionados y la cabeza apoyada en la alfombra.

Restregó su intimidad en la entrada de Robín, haciéndola estremecer de placer por cada roce. Sin hacerla más esperar entro en ella en una simple embestida que la dejo sin aliento. La agarro de las caderas embistiéndola cada vez más fuerte dejándolos sin alientos y que las cuerdas vocales de Robin se rompieran por cada gemido que liberaba. Aun no sabía cómo no se había quedado afónica. Agarraba con fuerza la alfombra a punto de romperla.

Estaba a punto de correrse los dos en esa posición, pero de repente al peliverde se le ocurrió algo que podía ser más cercano su orgasmo.

La agarro de las caderas empujándola hacia el sin llegar a un contacto visual, ni estar de enfrente. Espalda contra pecho. Robin rodeo con sus brazos el cuello del peliverde para no perder el equilibrio y profundizar el contacto contra sus pieles. Cogió la pierna derecha y la obligo que la flexionara y la apoyara en su brazo derecho como soporte mientras la seguía penetrando cada vez más fuerte. Mientras la mano que tenía libre se entretenía con su clítoris haciendo que gritara aún más fuerte y que liberara lágrimas de placer.

-ZORO…ZORO…DAME MAS POR FAVOR. -había enloquecido.

Zoro atrapo el pezón y lo mordió como si fuera de chicle con cuidado de no hacerla daño. Oírla gritar le estimaba más hasta que al final los dos llegaron, sus nombres de ambos cuando llegaron al gran final. Robin cayo rendida al suelo recibiendo el delicioso semen que le ofrecía Zoro, quedo en la posición inicial, es decir, a cuatro patas. Agarro la pierna izquierda de Robín y la estiro hacia arriba mientras él se ponía detrás de ella. Sin dejarla respirar empezó a penetrarla a embestirla desde ese Angulo que le mataba en su interior. No sabía cuántos orgasmos habían tenido pero su vista estaba nublada desde el segundo orgasmo y solo pedía más y más.

Estuvieron así durante horas haciendo el amor, de distintas formas. Perdieron la cuenta de cuantos orgasmos tuvieron en total, pero daba absolutamente igual pedían más ambos.

Después del décimo orgasmo, Robin cayó encima de Zoro, por fin, sacados. Había que reconocer que creía que Zoro no pudiera aguantar más pero como se equivocó, ella no pudo más desde el quinto orgasmo así que le dejo todo a Zoro, sumado 5 orgasmos maravillosos. Le había hecho tocar el cielo y le había gustado que por una vez los dos perdieran el control.

Zoro abrazo a la morena que apoyaba su cabeza en su pecho sudoroso y agitado por la sesión realizada. Con ayuda de unas manos fluer los cubrió a ambos sus desnudos cuerpos. Sus cuerpos no podían más, estaban más que exhaustos, ni siquiera cuando lucharon en dressrosa se habían sentido tan cansados.

Por fin había terminado todo, solo había silencio, tranquilidad, no tenían ni idea si la tormenta de nieve seguía en activo, pero poco le importaba según ellos.

Pero de repente y sin venir a cuento la puerta se rompió entre gritos y una patada que fue la causante de que se rompiera la puerta y dejaba acceso a…

-YA ESTOY AQUÍ ROBIN-CHWAN. - el que rompió la puerta fue Sanji.

La pareja se giró violentamente, Zoro fue más rápido que nadie y abrazo a la morena protegiéndola y ocultando la desnudez de la morena.

-QUE HACES GILIPOLLAS. - ese fue Zoro totalmente furioso.

Que sucedió a continuación, pues la mayoría os lo imaginareis. Sanji quedo en coma con una depresión por el susto al ver como el Marimo y su Robin-chwan estaban abrazados, desnudos y que les cubrían una manta la mayor parte de su cuerpo. Al parecer el más cercanos de las cabañas era la de Sanji y al escuchar el ultimo gemido de placer de Robin él lo tomo como que estaba en peligro y como cocinero del amor, tenía que ir a salvar a la morena. Quien diría que se lo encontraría de esa forma, esto es karma.

Robin se acercó al rubiales preocupada de que al verlos en esa situación le producirá un daño celebrar, pero no pudieron asegurarlo ya que estaba inconsciente.

-Sanji…- le agito un poco para que despertara. Lentamente fue abriéndolos, pero al ver a Robin cubierta por una manta y que a duras penas esa manta estaba cubriendo su cuerpo desnudo, le provoco una hemorragia nasal que salió como un cohete de la cabaña.

-Ese cocinero pervertido. Eso le pasa por entrar sin llamar antes. – dijo acercándose un desnudo Zoro, ya que Robín reparaba la puerta para que no se escapara el calor y no murieran de hipotermia, aunque creo que lo último nunca ocurriría.

-Tú crees que estará bien.

-Me importa una mierda. -la abrazos por la espalda. - Sabes que... yo creo que me va a matar cuando me vea. -ella rio por el comentario. Él en cambio beso su cuello provocando un ronroneo por parte de la morena. -Y si es así no quiero verte con esa maltita manta.

-Fufufufu. Aun tienes fuerzas para seguir, Espadachín. - le encaro con ojos que transmitía deseo y desafío.

-No, pero tengo fuerzas suficientes para hacértelo en la cocina. - dio un paso hacia atrás Robin y el uno hacia delante. - En la enorme habitación. - el proceso se repitió. - en ese sofá que parece cómodo, en el baño, en las termas…- todo lo decía con una voz demasiado insinuante, pero siguió así hasta tenerla acorralada y que cayera contra el sofá y que el quedara encima de ella quitando la manta. - A sí que elige.

-Cállate y házmelo aquí mismo. - sujeto su miembro y se lo introdujo.

-Impaciente. - gruñó como un animal.

-Es por eso que soy tu mujer.

-Eres insaciable. - y empezaron el 11 round de este capítulo.

-Es por eso que me amas.

-No.-Robín Enarco una ceja. - Te amo por ser tan odiosamente perfecta.

-Eres un tonto… futuro papa. - le abrazo el cuello y soltó la bomba.

- ¿Qué? - Zoro quedo sorprendido con los ojos bien abiertos, pero rápidamente la beso desapareciendo la cara de miedo que tenía Robin en ese momento. - Ahora sí que me mata el cocinero pervertido. -rio Zoro imaginando la cara de Sanji cuando soltará que había dejado embarazada a una de sus damas, pero contento por las tres cosas que más le importaba: sus nakamas, su sueño y la persona que amaba que dentro de poco le daría algo más por luchar.

Fin

Al fin lo he terminado, dios mío después de sudar como un pollo estos días por que no se me ocurría nada y lo único que quería era acabar este fic, pero bueno es que no sé por qué. Me estaré enamorando de alguien o que me estoy enamorando más de esta pareja. No sé qué decir es, que me has pasado cosas muy raras, demasiadas incluso para mí. Desde hoy dejo de escribir y no sé cuándo volveré con más historias, pero tengo que estudiar porque quiero ir a la universidad y mucha gente me está ayudando y no quiero traicionar a nadie y menos a mí. Así que lo siento, pero espero que os paséis por los demás fic míos que no me enviáis nada mala gente. Gracias por seguirme. Bss y abrazo. Siento por las faltas de ortografía soy un poco disléxica. Se me está haciendo duro esto de empezar un dic y luego terminarlo, no es justo.

RESPONDER REVIEW.

-NicoRobin2130: ya no sigo más ¸que sino sigo y no termino nunca. Pero aquí este es el final y esperó que te haya gustado. Y me envíes un review. Yo realmente no me considero una buena escritora porque no lo soy. Solo soy una pirada que le gusta ver sufrir a esta pareja para luego acabar juntos. Y gracias por leerte todos los lemmon. Bss y abrazos.

-Scarlet-KD: espero que no te hayas muerto por la espera, me alegro que te hayas reído, pero este es el final y me alegro que te guste. Yo también te sigo y leo tus fic porque esta genial. Sigue así y no me dejes con la espera.

-nn: Gracias por darme ánimo, pero a mí me recomendaste que hiciera una historia muy parecido y lo intento por qué es lo que quiero y no sé y si voy bien porque he leído fic que hacen todo lo contrario que haría esta pareja. Gracias por animarme desde siempre. Bss y abrazos.