Bueno, les gustó este fic, así que lo continuaré mientras sigo mi busqueda en el país de las Maravillas en busca de mis archivos perdidos u,u Ojalá que les guste este capítulo n.n
¡Vayamos al cap!
Capítulo 2: La Luz y la Oscuridad.
Todo alrededor volvió a la normalidad, todos los presentes soltaron el aire que contenían por el temor. Anzu seguía mirando con lágrimas en los ojos a la azabache. El collar en su cuello dejó de brillar cuando cerró sus ojos lentamente. El faraón se puso lentamente de pie, tambaleándose, las descargas habían sido muy fuertes. Esmeralda tenía mucho poder, así como Dartz le había dicho una vez…
El sello de Orichalcos tenía más poder que el suyo propio.
—… No lo iba a matar de todos modos. — Sonrió despreocupadamente, desencajando a todos. — Solo quería asustarte. — Miró al tricolor. — Y como siempre… Funcionó.
Los ojos de él no habían cambiado, seguían rojos, llenos de resentimiento hacia ella, pero prefirió no decir nada, asustaría a la muchachita de ojitos azules, y eso no le gustaría. Anzu era buena chica, no merecía semejante trauma si es que comenzaban otra pelea.
— ¿Qué quieres? ¿Por qué estás en esta época? — Le preguntó el faraón con cierta molestia. — ¡No perteneces aquí! — Esmeralda frunció el ceño.
— ¡Tampoco tú, bastardo miserable! — Le insultó. — ¿Qué tanto me regañas? Yo no quería que esto pasara, es verdad, la maldición la creé yo, pero no lo hice con intenciones de volver a ver tu rostro que me causa nauseas. — Él iba a reclamarle, pero ella siguió. — Yo solo quiero terminar con esto, porque una vez que lo haga, podré alejarme de ti y seré libre.
— Pues el sentimiento es mutuo.
Anzu, que estaba entre medio de esos dos, se giraba a ver a ambos, se lanzaban dagas y fuego con la mirada de ambos pares de ojos escarlata. Pero en los ojos de Esmeralda… Ella podía ver más allá de ese muro lleno de odio y desprecio, había dolor, mucho dolor. Ella… Ella quería saber…
— Um… ¿Cómo se conocen ustedes?
El faraón se tensó, no quería contestarle, trataría de inventar una excusa, pero Esmeralda no se lo permitiría.
— Fue mi marido.
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— ¡¿QUÉ?! — Gritaron todos los demás, sin salir de su asombro, excepto Marik e Ishizu, ellos ya lo sabían.
Esa noticia le cayó a Anzu como un balde de agua fría, bastante fría, opinaba. No podía creerlo, apretó los puños, aguantando hacer cualquier cosa. Esmeralda notó la mirada de la ojiazul, se había nublado de tristeza y desesperanza. Ella sonrió, esa castañita estaba enamorada de su faraón. Eso sí que no se lo esperaba…
— No se preocupen, aquí no somos nada, y eso me alegra. — Se cruzó de brazos, la castaña se sonrojó, dándose cuenta que ella le había descubierto. Ella sonrió con malicia y se acercó a ella, hasta quedar frente a frente. — Debe ser un alivio para ti, ¿verdad? — Susurró para que no la oyeran, Anzu le miró sintiéndose intimidada. — ¿No es así? — Se rió con malicia, pero alguien jaló a Anzu del brazo, había sido ÉL, para apartarla de ella.
Admiró a su faraón mirándola con desprecio… incluso asco podía ver. Anzu le miraba sorprendida y con las mejillas rojas. Un extraño sentimiento la invadió, aunque ya estaba acostumbrada, ella le había denominado el nombre, pero nunca lo pronunciaría.
—… Tranquilo, Atem. No mataré a tu muñequita. Solo hay una persona que quiero que muera…— El antiguo rey frunció el ceño. — ¿Qué? Estoy siendo honesta contigo, como siempre lo he sido, he dicho que eres patético, un miserable, infeliz… Y a pesar de eso, me amaste, dejando de lado tu reino y fue mayoritariamente destruido. — El tricolor le miró con sorpresa y a la vez pánico, sabía lo que estaba pensando. — ¿Acaso creíste que lo que te dijo mi sirviente era mentira?
—… Dartz era tu… ¿Pero cómo…?
— No es de tu incumbencia, si los traje aquí, fue para que sepas de tu pasado, estás comenzando a recordar solo con verme, me alagas. — Sonrió con burla. — Pero no del todo, solo estás recordando lo de nosotros, y tu reino es más importante.
— ¡Un momento! — Intervino el rubio. — ¿Cómo sabemos que dices la verdad?
Ella miró al trío, pero sobre todo a Jonouchi que le había reclamado eso. Les lanzó una mirada indiferente.
— ¿Qué me beneficia mentir? No tengo nada que ocultar.
—… ¿Ah, sí?
Volvió su vista hacia él, sabía que tenía que darle las razones por la cual ella había hecho cosas tan crueles, pero no podía, no era el momento, mientras todo siguiera su curso, todo estaría bien, pero había algo que la inquietaba, y era la presencia de la castaña.
—… No. No hay nada, no niego de lo que te hice, absolutamente nada, tengo mis razones.
—…
— A los 16 años gobernaste Egipto, por la repentina muerte de tu padre, dos años después me encontraron tus sirvientes cerca del río Nilo. Era dos años menor que tú. — Caminó lentamente alrededor de Anzu y del faraón. — Descubrieron que habían grandes demonios dentro de mí… Los más peligrosos, y me ocultaron de los ojos del pueblo, quisieron matarme… Y tú no quisiste. — Lo miró a los ojos. — Mis monstruos eran tan peligrosos como los Dioses Egipcios… Pasó lo que tenía que pasar entre nosotros, no daré más detalles en frente de estos. — Señaló al público. — Y luego, con mi embarazo, poco después, todos esos demonios que se formaron dentro de mi alma, se transformó en uno solo.
Anzu, que estuvo unos segundos mirando el suelo, subió rápidamente la vista al oír eso.
— El Leviatán… ¿Verdad? — Preguntó el tricolor mayor. Anzu miró con horror a la azabache.
— Así es. Esa era una de las razones por la cual no quería al niño que estaba esperando.
¿Un niño? ¿Estaban esperando un hijo? ¿Por qué eso no pudo ser? Esa eran las preguntas de la castaña.
—… ¿Qué quieres decir?
— Quiero decir… Que si ese niño nacía… Tenía dos opciones. Moriría devorado por el monstruo en mi alma… O ese demonio sería traspasado a él.
—…
— Yo puedo ser la persona más cruel que puede existir en esta vida, pero no soy tan miserable como para permitir que un niño que no tenía la culpa de nada tuviera tal suerte. — Susurró bajando la mirada.
La mirada resentida del faraón se suavizó al ver ese gesto, pocas veces había visto, de lo que recordaba, a Esmeralda de esa forma…
—… Pero ya no hay nada que hacer. — Subió la vista nuevamente comenzando a caminar a la salida.
— ¿Adónde vas, Esmeralda? — Preguntó Ishizu. La azabache, aun de espaldas, se detuvo.
— Dije todo lo que tenía que decir, faltan detalles… Pero no quiero hablar de ellos. — Miró al faraón. — No será la última vez que me veas, Atem. Hay ciertas cosas que discutir.
Dicho esto salió del lugar, dejando un incómodo silencio, Anzu se soltó lentamente del tacto del faraón, sintiéndose culpable, ¿cómo no? Estaba enamorada de alguien… ¡Que estuvo casado! Y lo peor era que con solo verlo, se notaba que él aun sentía algo por ella… Pero las cosas seguían sin encajar en su lugar, si Esmeralda fuera malvada en verdad, habría matado al faraón, pero no lo hizo… Y si él… En verdad odiaba a Esmeralda, hubiese hecho lo mismo: provocar su muerte. Los hechos de Esmeralda se oyen aterradores, de seguro no eran fáciles de contar. Quería saber la verdad… Salió corriendo tras la azabache, ignorando los gritos de sus amigos.
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— ¡Esmeralda! ¡Espera…!— Siguió corriendo, ella seguía caminando. Aceleró el paso. — ¡Oye…-!
Cuando estuvo a punto de alcanzarla, ella se detuvo abruptamente y ella chocó su rostro contra los hombros de la joven de cabellos azabaches. Se apartó acariciándose la nariz, pues ardía de dolor. Ella se volteó con una sonrisa burlona.
— ¿Qué pasa, bonita? ¿Muy duros mis hombros? — Anzu hizo una mueca. — ¿Vas a declararme la guerra? Porque no me interesa.
—… ¿Guerra? ¿De qué?
— Yo sé muy bien… Que estás enamorada de Atem.
La castaña le miró con pánico.
—… Yo… Y-Yo… No…
— Ni se te ocurra negármelo, no sabes mentir, tampoco te gusta…
— Pero tú le mientes a él… Cuando hablaste del niño… No parecías odiarlo.
Lo siguiente no se lo espero, los ojos de Esmeralda se nublaron de dolor y su sonrisa se transformó en una mueca. Miró el suelo.
—… ¿Sabes? Incluso si me hubieses declarado la batalla, tú ganarías…
—… ¿Cómo?
— Eres la luz de las personas, la salvación. Así como es el descendiente de Atem.
— ¿Te refieres a Yugi?
— Sí… Quizá por eso comparten cuerpos, no puede haber luz si no hay oscuridad, para mantener el equilibrio. En cambio… Tú eres alguien que nunca ha sido lastimada, incluso si estuviste en peligro, te mostraste fuerte, sin miedo… En el pasado, yo y Atem estábamos aterrados.
—… ¿Aterrados?
— Nunca se sabe de lo que viene el futuro…
— Esmeralda… ¿Por qué…? ¿Por qué hiciste todas esas cosas? Bueno, sea lo que hayas hecho…
—… Crees que cometí errores… Estás en lo cierto… Pero no los hice a propósito, me vi obligada a cometerlos.
—…
— Fui amenazada de muerte, al principio me negué, pero luego del embarazo… No tuve alternativa.
—… ¿Aun lo amas? — Preguntó temerosa. — ¿A… Atem? — Pronunció su nombre por primera vez. — ¿Lo amas?
Esmeralda la miró con una expresión que no podía descifrar la castaña.
—… Las personas pueden reencarnar… Pero no los mismos sentimientos, Anzu…
— ¿Lo amaste?
—… Solo lo quise.
—… ¿Cómo a qué? ¿Hermano? ¿Amigo?
—… No lo sé. — Mintió. — Solo sé que le tuve cariño, pero eso ya no está, salvo el odio que me rodea.
—… Atem no reencarnó, su alma fue encerrada, dudo mucho que él te haya borrado de su corazón a pesar de no recordarte.
—… Estamos hablando tonterías.
— Pero… ¿Puedes contarme lo que te sucedió?
Los ojos rojos de Esmeralda brillaron en advertencia. ¿Debería confiar en ella?
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— Esa Anzu… ¿Qué tiene con la chica esa?
— Tranquilo, Jonouchi-kun. Anzu sabe lo que hace. — Le animó el tricolor.
El faraón no salía de su asombro, ¿por qué Anzu había corrido tras Esmeralda?... Además…
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—… Anzu, yo… Lo lamento…
—… ¿Por qué me pides disculpas?
Nadie pensó… Pero sucedió…
Lo que temíamos… Que pasara… Entre tú y yo…
Sus ojos se nublaron de lágrimas, cosa que le molestó, pues detestaba mostrarse así de frágil, además, estaba en frente de ella, le daba un poco de vergüenza. Anzu miró las lágrimas acumuladas en sus orbes y le sonrió de manera comprensiva.
— Si es por lo sucedido con Dartz… No es nada.
—…
— Yo sentí… Que debía protegerte de ese mal… Por eso yo…— Los ojos azules de la joven también se llenaron de lágrimas. — Lo siento…— Se rió. — Es que…— No pudo continuar pues soltó un leve sollozo. — No pude ayudarte…— Sollozó nuevamente. — Y nuevamente… Verte así… Me duele.
No se planeó… Ni siquiera lo vimos venir
Pues era tan obvio… Que nos sorprendió, a los dos.
Él, sorprendido por sus palabras, que seguían siendo sinceras, dejó escapar un par de lágrimas, frustrado, molesto consigo mismo… Porque no importaba como… Siempre lastimaba a su castaña. Se acercó rápidamente a ella y la estrechó en sus brazos. Ella se tensó, la sintió, pero luego se relajó para corresponder su abrazo.
Y cada vez que me llamas, se agita mi mundo, y vuelvo a soñar.
Y cada mañana desde mi ventana yo quiero gritarte… Así quede mal…
—… Lo lamento. — Volvió a repetir. Ella gimió contra su hombro, haciendo que él la atrajera hacia él con más fuerza.
Sabía que ya no podría alejarse de ella, Anzu era su luz, su salvación… Era lo que él había estado buscando tanto tiempo… Después de tanta oscuridad… Ella había sido la salida de su perdición. Lo había protegido de esas tinieblas…
Que me faltas, que me faltas… Cada noche… Que estoy solo…
Sin ti no puedo vivir…
Me muero de amor por ti… Por ti…
—… ¿Faraón…?
— Gracias, Anzu… Te lo agradezco… Me salvaste… Lo lograste… Y estoy eternamente agradecido…
Ella solo asintió, sin alejarse él.
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Suspiró mientras miraba el lugar donde ambas muchachas se habían ido… Esmeralda… Esa chica era alguien tan… Difícil de entender… En su corazón… Podía sentir que con solo verla, la sangre le hervía, no sabía si era por el odio… O el amor que sintió por ella una vez… En realidad… Su corazón le decía que la joven de ojos escarlatas no estaba superada en su vida, tal vez… Él aun la seguía amando… Pero, ¿qué hay de Anzu? La quería, mucho, demasiado diría él… Pero había algo más… Por más daño que le causó la azabache, no podía vengarse, eso era indigno de él… Imposible…
Pestaño un par de veces, recordando algo.
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Abrió la habitación y se extrañó de encontrar la cama vacía, creía que la muchachita estaba muy débil… Caminó por los pasillos tratando de encontrarla. Apenas caminó unos veinte metros lejos de su habitación, al girar a la derecha, la encontró arrastrándose forzosamente apoyada de la pared para seguir caminando.
— ¡Hey! — Se acercó a ella y la ayudó a ponerse bien de pie. — ¿Por qué te levantaste siendo que estás así de débil? — La chica no contesto, ocultaba su rostro por sus cabellos negros. — ¡Dime algo…!
— Ya cállate, haces mucho ruido…— Le interrumpió con la voz cansada subiendo la vista para encararle.
Él calló, incapaz de decir algo coherente, el gran faraón de Egipto… Callado por una campesina de por ahí… Pero era incapaz de hablar, admiró cada facción de su rostro. Su piel era clara, algo muy raro por aquí, demasiado pálida, apenas podía mantener sus ojos abiertos, pero el color era tan inusual… Eran rojos… Como la sangre… Como la rosa… Una hermosa flor con espinas… De esa manera podía describirla. Pero había cortes profundos en su rostro, había un moretón en su frente. Bajó su mirada mirando sus trapos como ropas, eran de mangas largas, y le llegaba más debajo de las rodillas. Sus rodillas estaban maltratadas, y temblaban, con razón apenas podía ponerse pie, y a juzgar por su ropa sucia, esas no eran todas las heridas.
—… ¿Cuál es tu nombre?
— Déjeme ir…— Susurró casi sin aliento, se le vía muy adolorida.
— No te haré daño, yo no lo permitiré.
Pudo notar miedo en su mirada, su cuerpo temblaba como si se estuviese congelando por dentro. Se iba a desplomar, pero él la sujetó firmemente de la cintura, pegándola a él. Ella le miró un poco sorprendida, pero aún no podía enfocar bien su vista.
—… ¿Qué pasa? ¿Hay mucha luz?
Ella negó con la cabeza mientras unas cuantas lágrimas escapaban de sus orbes carmesí. Él sintió un peso muerto en el estómago al ver su expresión llena de dolor.
—… Es la primera vez que veo la luz.
— ¿Cómo…-?
La joven apoyó su rostro en su hombro. Él logró cargarla en sus brazos para que lograra apoyarse con más comodidad. Se estremeció cuando ella respiró suavemente contra su cuello, luego la escuchó.
—… Esmeralda.
— ¿Eh? — Se detuvo para mirarla, pero ella no abrió los ojos.
— Mi nombre es Esmeralda.
Él solo asintió y decidió dejarla en su habitación.
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—… Era la primera vez que veía la luz…— Susurró.
— ¿Decías algo, faraón? — Se acercó Yugi.
— ¿Qué? No, nada.
—… Es cierto. — Sonrió. — Te llamas Atem. Ese es tu verdadero nombre.
Él también sonrió, pero algo no andaba bien…
— Esperen aquí… Yo… Iré tras Anzu.
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— Anzu… Anzu, por favor…— Le secó las lágrimas, pero la pobre castaña no paraba de llorar. — Sabía que era mala idea contártelo todo.
—…— Sollozó con más fuerza.
—… Lo siento.
— ¿Por… qué? — la miró sin dejar de llorar.
— No quería quedaras tan mal… Pero eso ya pasó…
—… Reencarnaste, ¿verdad?
—… ¿Qué?
— Dime… Que eres una reencarnación de la verdadera Esmeralda… Porque si eres su verdadero cuerpo… Sería imposible, además… Has vivido con eso metido en tus memorias y alma tantos siglos…
—… Lo siento, Anzu… Gracias al conjuro que hice… Este cuerpo… Sigue siendo el mismo que desde hace cinco mil años atrás…
Sí, todas esas malas experiencias se habían grabado en su memoria, pero ese cuerpo seguía siendo el mismo, sus cicatrices seguían allí, impregnadas en su piel…
—… Tengo que irme… No llores más, Anzu…
Se dio la vuelta para salir del parque, allí habían ido a conversar. Tenía que admitirlo, esa castaña se había ganado un pedazo de su corazón oscuro… Quién lo diría, ella seguía teniendo corazón… No podía creer que le hubiese contado toda su vida a una persona, ni siquiera se la había contado a Atem, él solo sabía escasos pedazos de su vida…
Por primera vez en mucho tiempo, sus ojos se llenaron de lágrimas, dándose cuenta… De lo miserable que era su vida… Toda su vida, como su corazón… Era simplemente oscuridad… Nieblas… Y ese maldito sello que creó por accidente… No fue su intención… Pero… Su familia… ¿Cómo pudo?
—… Mamá…— Susurró con la voz quebrada.
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— ¿Por qué me odia tanto…?— Logró susurrar con los ojos cerrados.
Siempre estuvo encerrada en ese sucio calabozo, no había luz, ni agua, venían a alimentarla dos veces al día… Pero nada más… No sabía si era de día o de noche… Solo cuando niña le enseñaron a hablar… Pero… no hubo más cosas nuevas… Pero cada cumpleaños… Venía a verla su madre… Y hoy… Era su cumpleaños número 13…
—…
Ella no contestó, ¿tanto la odiaba que no quería contestarlo lo MUCHO que la despreciaba? Entonces… ¿Por qué no la dejó morir?
—… Mi profesor me contó cuando tenía 8… Que todos los animales… Hasta los más malos… Se quedan con sus crías… ¡TODAS LAS MADRES, MENOS USTED! — Logró alzar la voz. No lograba ver su rostro, pero… Dios, ya no sabía qué imaginar.
— Te equivocas… Las gatas saben cuándo tienen una cría enferma y débil… ¿Y sabes lo que hacen? La abandonan, pero yo me compadecí y te encerré aquí. Con tal de que no salgas afuera… Todo está bien. Porque la vida de allá fuera es para los fuertes… ¡Para los que aguantan, no como tú, muerta de hambre!
—… Yo no soy débi… He soportado este paisaje negro por años… ¡Yo no soy de…-!
Sintió algo presionarse en su cuello en forma de advertencia, callándola.
— ¡Mírate, estás ahí llorando llena de mocos, suplicando por una madre que no vas a tener porque no te la mereces! — Escuchó la risa de ella. — Si te miraras… Solo inspiras lástima… Eres de tan poco espíritu como yo fui una vez… Entérate de una vez…
—…— Sollozó.
— ¡TE CONCEBÍ CON ASCO Y TE PARÍ CON ODIO! — Sintió un azote en su cuello, haciendo gritar de dolor.
—…
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— ¡ESMERALDA!
Se asustó al oír a esa mujer que era su madre gritar de esa manera y oír como la puerta se abría.
—… ¿Qué quiere? ¿Volver a golpearme…?
— ¡NO! — Sintió como le cortaban las cuerdas que la sujetaban.
—… ¿Qué…?
— ¡Esmeralda…!— Sintió las manos de la mujer acariciar su rostro maltratado. — ¡Solo lo diré una vez y de forma breve…! No tenemos mucho tiempo… Siempre me has importado…
—… Pero…-
— ¡Calla y escucha! — Pausó. —… Cuando naciste no podía exponerte al sol, cada vez que lo hacías, pareciera como si estuvieras a punto de morir… Decidí dejarte a oscuras… Pero… El hombre… Que es tu padre… Se enteró que te tuve… Y le hice creer que estabas muerta…
— ¿Por qué…?
— ¡Deja de interrumpirme! ¡Porque me violó, por eso…!— La sacudió de los hombros. La azabache siguió sin entender sus palabras, pero presintió que eso era horrible. — Y de eso, quedé embarazada de ti… Cuando creí que podía hacer las paces contigo porque ya no me siguió más… Justo… Él apareció y sabe que estás conmigo… ¡Tienes que irte de aquí! No sé si la luz está de tu lado… Pero hay algo que me inquieta… Y es que soy una hechicera… Y ese hombre también lo es… y por el odio que sentí hacia él, y ese bastardo con sus deseos sádicos… Hemos creado demonios dentro de ti… Por eso no iba a tomar el riesgo de que te hicieran daño, solo yo lo hice para no matar al primero que te pusiera un dedo encima, no justifica mis actos, pero quería que me temieras para que me hicieras caso en todo.
—… Ma…
— Sí… Esmeralda… Yo soy tu mamá… Y solo YO, y nadie más… NINGÚN HOMBRE te va a faltar el respeto, solo yo puedo, porque eres mi niña, mi hija… Si un hombre se te acerca demasiado, debes despreciarlo…
—… Mamá…— Susurró.
— ¡Vámonos de aquí! — Se sintió llevada en algo, o más bien en ella y corrió.
Ella nunca aprendió a caminar bien, ¿cómo hacerlo en tanta oscuridad?
—… ¿Es de día o de noche?
— De noche… No creo que te haga mucho daño.
—…
Al salir, cerró los ojos con violencia, su vista estaba tan acostumbrada a la oscuridad… Que no quiso ver nada. Luego se sintió caer al suelo al escuchar un grito de su madre. Al abrir los ojos con esfuerzo… Para ver por primera vez… Esa escena no fue nada agradable.
— ¡MAMÁ…!
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Se llevó las manos a su cabeza, negando rápidamente con la cabeza. ¿Por qué tenía que recordar semejante cosa…?
. . .
Un destello verdoso se desprendió, sorprendiéndola.
— "¡OTRA VEZ NO!" — Pensó, presa del pánico.
— ¿Esmeralda…?
Alzó la vista rápidamente para encontrarse con el faraón.
—… ¿Qué haces aquí?
—… ¿Qué haces? — Observo como sus propias energías las invadían.
Ella frunció el ceño, y sus ojos se volvieron crueles, con ganas de querer matarlo ahí mismo.
— ¡VETE! ¡VETE DE AQUÍ! ¡VETE CON ELLA!
—…— Retrocedió sorprendido.
— ¡ELLA TE NECESITA! ¡ANZU TE NECESITA! ¡CORRE!
Al oír el nombre de su castaña, el faraón reaccionó. Comenzó a correr, pero con grandes dudas en su cabeza.
Mientras tanto Esmeralda se abrazó tratando de calmar a la bestia que estaba en su interior.
— "No me vas a vencer, miserable…"
"Eso lo veremos, Esmeralda… Mientras más pienses en tu pasado, más libertad tendré de salir…"
— "No… Me mantendré al margen… Además, solo fue un momento de debilidad… NADA MÁS".
"… Eso lo veremos."
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Siguió corriendo hasta dar en el parque, vio a la castaña sentada en un columpio, con la cabeza gacha. Se acercó rápidamente y se arrodilló en frente de ella.
—… ¿Anzu? — La castaña subió la vista, mostrando sus ojos rojos de tanto llorar, aunque las lágrimas aun no cesaban. —… ¿Qué te sucede? ¡¿Acaso Esmeralda te hizo algo…?!
Al oír el nombre de la joven de cabellos negros, ella comenzó a llorar con más fuerza mientras que envolvía sus brazos alrededor de su cuello, sorprendiéndolo.
—… ¿Qué…? Anzu…
No podía creerlo, simplemente no podía creerlo… Esmeralda le había contado todo… Y ahora entendía… Por qué Atem no comprendía nada… Pero las palabras de la joven se grabaron en su cabeza.
"Las personas pueden reencarnar… Pero no los mismo sentimientos, Anzu…"
Ella le había confesado… Que en realidad… Ella nunca murió ni reencarnó, ella seguía siendo la misma, de pies a cabeza, eso quería decir… Que su corazón seguía intacto… Y eso significaba una sola cosa…
— "Aun lo amas…"— Pensó al sentir como el faraón correspondía su abrazo.
Eso era lo último que le importaba, que ella perdiera al amor de su vida, pues con el buen corazón que tenía, lo único que quería era la felicidad de Esmeralda. Incluso si Atem seguía amando a Esmeralda… Con tal de que ella fuese feliz…
Esmeralda estaba sumida en la oscuridad… Y ella en la luz…
Lugares que… Según ella, ninguna de las dos mereció.
— Yo debí ser…— Murmuró. — Yo debí vivir eso, no ella… No ella…
Continuará…
NO ENCUENTRO LOS ENDIABLADOS ARCHIVOS. ESTO ES HORRIBLE.
Bueno, no hay de otra, supongo que tendré que leer todos mis fic de nuevo para volver a inspirarme y recordar lo que tengo de mi cabeza, lo cual dudo, pues tengo memoria de corto plazo como la de Buscando a Nemo u.u
Ojalá les haya gustado!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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