¿Saben qué…? Se me formó TODA la idea de este fic, así que… Lo siento XD LA DESICIÓN DE ESTE FINAL ES MÍA! MUAJAJAJA

No seré mala XD Pero no les diré obviamente nada, Ambas parejas estarán firmemente competidas al mismo nivel e.e Bueno, Esmeralda tiene su buen pasado con Atem, y Anzu tiene un presente con él, a él le toca elegir, pero claro, yo elijo los diálogos e_e

PD: Hagamos un pequeño trato, ustedes disfrutan mi lectura, pero yo también quiero disfrutar lectura! D: Algunos que me comentan aquí, escriben historias que yo catalogué como favoritas, espero que actualicen o yo no actualizo nada, leyeron? 7_7

XD Lo siento, pero no tengo nada que leer, salvo que leo los fic una y otra y otra vez… Y otra y otra y otra vez… Así que quiero leer algo nuevo :c, ni siquiera nuevos fics me alientan u.u

Otra cosa más, aquí comienzan los recuerdos, los momentos pasados entre Atem y Esmeralda, solo que todo estará en perspectiva de Esmeralda.

VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Capítulo 3: Lo sucedido entre nosotros, ¿o solo yo? (Parte 1)

Anzu caminaba lentamente al igual que él, quien iba a su lado, en un incómodo silencio. Había llorado mucho, pero el simple hecho de recordar lo que Esmeralda le había mostrado de sus memorias, le destrozaba el alma. Se detuvo cerrando los ojos con violencia. Esmeralda no le había relatado nada, solo le colocó el collar con el dije en forma del Sello de Orichalcos y vio casi todo, algunas cosas, ella preguntó, pero la azabache no le quiso contestar. Le había mostrado todo, excepto toda su relación con el faraón. Eso lo entendía, eran marido y mujer, ¿no? Aunque ambos lo negaran, seguían siéndolo sin importar nada. La castaña sabía muy bien que la joven de ojos carmesí seguía amándolo, eso estaba más que claro, sin querer había contestado a su pregunta, y respecto a él… Bueno, él se mostraba bastante reacio con ella, el rencor era más que obvio en su mirar.

—… ¿Anzu?

Se dio cuenta que estuvo parada mucho tiempo y que el faraón estaba a unos cinco metros de distancia. Sus mejillas ardieron de la vergüenza. Claro, ella tan distraída que lo ignoró por completo. El tricolor se acercó a ella lentamente hasta quedar frente a frente.

—… Dime. — Forzó una sonrisa.

— ¿Te asusta?

—…. ¿Asustarme? ¿Qué cosa?

— La oscuridad. — Aclaró mirando el suelo. Anzu analizó su mirada unos segundos. —… Yo… Aunque estuve encerrado siglos en ella, y me he acostumbrado… Le tengo terror. — Se sinceró. — En un principio no lo tenía, porque sabía manejarla, pero… Con lo sucedido hace unos días… Yo ya no sé si soy realmente fuerte como para seguir protegiéndolos.

—… Atem…— Susurró su nombre. Él la miró a los ojos, le agradaba como sonaba su verdadero nombre en la voz de la castaña. —… Eres fuerte. — Sonrió. — Lo eres para mí, para Yugi, Jonouchi, Honda… Para todos… Si salvaste al mundo una vez… ¿Por qué no ahora?

—… Lo que dijo… Ella…— Su expresión se volvió rencorosa, un poco triste. — Me tiene… Muy conmocionado. — Anzu apretó los labios. — Esmeralda habló contigo, y después te encontré llorando. ¿Qué te dijo Esmeralda? ¿Era sobre el pasado? ¿O acaso te hizo daño?

—… ¿Por qué crees que me puede hacer daño?

— Porque si me lo hizo a mí, a un rey de Egipto, dudo mucho que tenga compasión contigo, una persona que pertenece a la Luz. — Le miró con cierto reproche y de manera seria. No le gustaría si Esmeralda le hiciera daño a Anzu, por más que la hubiera amado en el pasado, JAMÁS se lo perdonaría. Los orbes zafiros de la castaña se llenaron de lágrimas. Atem se confundió aún más. ¿Qué le sucedía?

—… Dudo mucho… Que Esmeralda sea capaz de hacerle daño a la gente que ama. — Contestó mirándolo con melancolía. Esos dos se parecían bastante. Solo que Esmeralda era un poco más… ¿Cómo decirlo? Tosca podría ser…— Yo la creo… Una persona muy leal.

— ¿Es enserio? — Le miró desconcertado. — Anzu… Yo… No puedo fiarme de ella, lo que hizo en el pasado y lo que puede hacer ahora… Es peligroso. Simplemente, no puedo volver a confiar en ella. En su alma hay una bestia, ella no tiene un corazón puro.

—… Dices esto… Porque aun la amas. — Susurró tras dejar escapar un par de lágrimas. El faraón la miró con suma sorpresa, quedándose mudo por la repentina confesión. — Tu silencio delata que mis palabras son ciertas.

—… Anzu…-

— No lo niegues. — Le interrumpió secándose las lágrimas. — Porque me estarías mintiendo, y yo… No soportaría que me mintieras, ni tampoco que te mientas a ti mismo. — Caminó pasando a su lado y comenzó a alejarse de él.

. . .

No podía reaccionar, era cierto que aún quedaban vestigios de lo que sintió por Esmeralda, pero… Ra, ¿por qué tenía que ser tan observadora? Y lo peor era que estaba consciente de lo que ella sentía por él, lo sabía muy bien…

— Anzu, espera…— Se acercó a grandes zancadas a ella y la sujetó del brazo. —… ¿Acaso ella te lo dijo? Porque si crees en eso…-

— No tengo que mentirle en nada, Atem.

Ambos se giraron para mirar a Esmeralda, que miraba al faraón con furia contenida. Se acercó lentamente a él.

— Típico de ti. — Miró la mano de él sujetando el brazo de la castaña. — Piensas lo peor de personas que desconfías, creyendo siempre tener la razón. — Sonrió con burla. — Y a propósito, le estás haciendo daño. — Borró su sonrisa al ver el gesto de dolor de la castaña. El faraón la soltó sintiéndose culpable. — No tengo por qué poner a Anzu en contra tuya, eso solo me traería problemas. Si por algo estamos aquí y no es la época en la que pertenecemos es por algo.

—… No te creo, y no sorprende esta desconfianza. — Frunció el ceño. Esmeralda le sostuvo la mirada unos segundos, hasta que finalmente se rio. — ¿Cuál es tu problema? Ya me tienes aquí, dime qué es lo que tenemos que acabar, además de lo que sucedió entre tú y yo.

— Lo de nosotros ya está dicho, tú me odias como yo a ti. — Anzu miró a ambos con los ojos llenos de lágrimas, además del temor. El aura oscura de ambos era notoria. — Aunque todo esto es tu culpa, tú de buen corazón que eras, apiadándose de alguien que merecía morir…-

— Esmeralda, no digas eso. — Se acercó la castaña.

Atem frunció el ceño, sorprendido de que Esmeralda, la chica que siempre hirió a los demás, o eso recordaba, se expresara de esa manera hacia sí misma. Entonces por primera vez en mucho tiempo, vio dolor en sus ojos.

—… Tú… Eres un maldito miserable. — Susurró apretando los puños. — Yo no pedí misericordia, tampoco piedad. Tú mismo me acogiste… Si no lo hubieras hecho… No pasaría odiándote, ni odiando a todos, ni odiándome a mí misma. Todas esas palabras que me decían… Eran palabras huecas.

— ¡Eso no justifica el hecho de haber…-!

— ¡NO JUSTIFICA EL HECHO DE MATAR AL NIÑO! — Le interrumpió con un grito. Atem y Anzu la miraron con cierto terror. Los ojos de Esmeralda resplandecían en sed de venganza. — TUS MISERABLES GUARDIAS… MATARON AL NIÑO, SETH TAMBIÉN… ¡TÚ TAMBIÉN!

—… Esmeralda, todo lo sucedido entre nosotros fue culpa tuya. No tuviste por qué estar con alguien más, siendo que te habías casado conmigo. — Anzu miró sorprendida al faraón ante la revelación. Esmeralda se rió con sorna.

— Ni yo tampoco tuve que haber estado en tu cama. — Le rebatió. — Solo dices eso por despecho de hombre, de orgullo herido. — Apretó los puños. — ¡COMO TODOS LOS HOMBRES! Cada maldito miserable pensando nada más que en él mismo…

— Esmeralda, por favor…— Intervino la castaña. — Debes aclarar esto, lo que en verdad pasó…-

— ¡NO LO DIGAS! — Le interrumpió llevándose las manos a la cabeza. — "Él no debe saberlo nunca… Y si llega a saberlo… Yo me muero de verdad…"

El sello de Orichalcos se formó bajo sus pies, aterrorizando a ambos que la miraban.

—… Oh, no…— Susurró la castaña.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

—… Anzu. — Una vez terminado su relato, la azabache miró a la castaña que seguía llorando. — No creas… Que yo… Sigo sintiendo algo por Atem.

—…— Le miró confundida. — Pero tú…-

Anzu. — Le interrumpió. — Yo ya no… Puedo amar.

—… ¿Cómo?

Ese… Monstruo… El Leviatán… Cuando creé el Sello de Orichalcos…— Apretó los puños. — Arrebató toda luz en mí. Quitó todos esos sentimientos puros que logré tener gracias a Atem… Por eso lo desprecio, odio todo a mi alrededor…— Sonrió con tristeza. — Incluso a ti te detesto, y ni siquiera tengo motivos para hacerlo. — Anzu sollozó. — ¿Sabes por qué lo hice? — La castaña negó con la cabeza. — Porque Atem tenía un Destino escrito, y yo lo cambié. Él estaba destinado a morir injustamente, y eso no lo podía permitir. Iba a ser asesinado por… Un miserable. — Ocultó su mirada de Anzu. — Lo cambié a uno más… Prudente, no quería que muriera, así que lo sacrifiqué todo… Y de esa manera extendí mi poder más allá del tiempo, como muchos siglos antes, cayó en Dartz.

—… Esmeralda, tú…-

Ahora que lo pienso… Siento que nunca debí hacerlo. — Murmuró con un deje de odio en su voz. — Aunque claro… En ese tiempo tenía corazón. Ahora no, cada vez que sienta dolor por esos recuerdos, significa que hay esperanza de que pueda recuperar mi corazón, pero el Leviatán se alimenta de mi dolor, así que lo desaparece rápidamente, solo hay una forma de volver a ser yo, y dejar salir al Leviatán.

—… ¿Y esa es…?

Volver a sentir amor. De mi primer amor.

—…

Pero eso es imposible. — Se rió con cinismo. — Atem me odia y no haré nada por traerlo de vuelta… Además, hay otra forma. Si él me mata con sus propias manos... no solo yo moriré, también la bestia… Y esta pesadilla acabará.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

— ¡Esmeralda! — Trató de acercarse, pero Atem la sujetó.

— ¡¿Qué haces, Anzu?! — La ojiazul se giró a verlo con los ojos llorosos.

— ¡Se está haciendo daño! ¡El sello de Orichalcos…! ¡No lo puede manejar!

Miró nuevamente a la pelinegra, que agarró el collar con fuerza. En un instinto, se dejó llevar y corrió hacia ella, al entrar en el Sello dibujado en los pies de ambos, miles de gritos lo rodearon, gritos familiares, y otros desconocidos.

"¿Por qué me odia tanto…?"

"¡TE CONCEBÍ CON ASCO Y TE PARÍ CON ODIO!"

"Sí… Esmeralda… Yo soy tu mamá… Y solo YO, y nadie más… NINGÚN HOMBRE te va a faltar el respeto, solo yo puedo, porque eres mi niña, mi hija… Si un hombre se te acerca demasiado, debes despreciarlo…"

"¡MAMÁ…!"

"Eres preciosa, Esmeralda"

"Esta mujer hay que sacrificarla, tiene poderes que ni usted… Faraón… Puede manejar."

"No, Seth… Déjenla a mi cuidado"

"Eres un infeliz"

"Cásate conmigo"

"A mí mátame si quieres, pero al niño que llevo… No le pongas ni un dedo encima…"

"Eso lo veremos…"

"SUÉLTAME, AYÚDENME…"

"¡Yo no te amo!... ¡Yo solo quiero verte muerta!"

"MÁTAME, SI TANTO ME ODIAS"

. . .

¿Qué era todo eso? Era su voz, la de Esmeralda, la de un hombre que le era familiar… Una mujer… Sintió la mano de Esmeralda posarse en la suya. La miró a los ojos y vio el miedo en ellos. Llevó su mano a su collar. Con solo tocarlo, el resplandor se hizo más fuerte.

—… No, por favor... — Escuchó el susurro de ella.

-M-i-l-e-s—D-e—A-ñ-o-s—A-t-r-á-s-

Su profesor, que era también un hechicero, le daba magia para que soñara realidades en la noche, para que se hiciera una idea de cómo era la vida de allá afuera, para que no solo viviera de oscuridad, pero también tuvo sus pesadillas. Y ahora mismo, veía como una persona… Con… ¿Su magia? Mutilaba el cuerpo de su madre, esta no dejaba de mirarla mientras le despedazaban el cuerpo, sus ojos… Sus ojos eran azules, y brillaban más que nunca.

¡MAMÁ…!

Un líquido rojo la machó, provenía del cadáver. Miró al responsable de tal atrocidad. Su piel era morena, a diferencia de la suya propia y la de su madre. Pero en algo se parecía… Pero ella aún no lo sabía. Los ojos del hombre eran rojos, como el líquido que se había desprendido del cuerpo descuartizado de su madre.

—… Vaya, vaya, vaya… Tú debes ser… Mi hija. Eres preciosa, Esmeralda.

Ella le miró pestañeando varias veces, lágrimas resbalaban y se mezclaban con lo rojizo. Se puso torpemente de pie y comenzó a correr, o eso trató de hacer. ¡Era la primera vez que caminaba! ¿Cómo le haría? Se sintió jalada del cabello por atrás y ella gritó de dolor. Cayó al suelo mientras el extraño se posaba encima de ella.

Vaya preciosidad…

—… No me toque… Suélteme… ¡SUÉLTEME!

Algo empujó al hombre a dos metros de ella, la fuerza había sido potente. No había sido ella, ¿cómo salió disparado hacia allá? Volvió a ponerse de pie y siguió corriendo. Miró el cielo. Tenía un color similar a la oscuridad de su lugar donde solía vivir, solo que tenía unos puntos luminosos… Y uno muy grande, aunque tenía una forma rara. No se dio cuenta que corría en una colina de arena. Resbaló y cayó hasta estrellarse con algo sumamente extraño. Estaba sumergida en ello, se parecía a lo que le daban de beber cuando sentía que desfallecería. ¿Cómo le llamaban a eso? Agua, ¿verdad? Por un momento, detestó el líquido, por caerse, se había golpeado mucho, y sentía esos sectores arderles con violencia. Siguió hundiéndose mirando que arriba, para su vista, se había vuelto borroso. ¿Sería a causa de ese líquido?

Perdió por completo el conocimiento cuando sintió unos brazos sacarla de ahí, volviendo a respirar como antes.

.

.

.

Ra… Esta muchacha… Su poder es impresionante. — Logró oír. — Es muy peligrosa. Hay que matarla ahora mismo.

Pero, Seth… Hay que llevársela al faraón. Él sabrá qué hacer.

No hay previas, Mahado.

— "¿De qué estarán hablando?" — Pensó.

Seth, necesito… ¿Y ella quién es?

¡Faraón!

No pregunte, ahora mismo la elimino…-

¡Espera! ¿Qué haces? Es una chica, debe ser más joven que yo. Tiene una vida por delante.

Esta mujer hay que sacrificarla, tiene poderes que ni usted… Faraón… Puede manejar.

—… No, Seth… Déjenla a mi cuidado. — Se removió un poco incómoda. — La llevaré a mi habitación. — Lo siguiente que sintió fueron unas cálidas manos tomarla con delicadeza.

No se moleste, faraón. Yo al llevo…-

No te preocupes, Mahado.

. . .

Abrió lentamente los ojos, nunca había dormido tan cómoda en su vida. Aunque sus heridas aun dolían, pero ya no tanto, parecía haberle tratado. Se puso lentamente de pie y se levantó del lugar tan satisfactorio. Tenía que salir de allí, había oído voces… Voces de… Hombres. Su madre le dijo que NUNCA, dejara que un hombre se acercara a ella. Tenía que ser cruel… Como ella…

Miró la pared de color diferente al resto y trató de ver la manera de como abrirla. De verdad, ser ignorante a la vida era de lo peor, tanta oscuridad no era agradable. Empujó la pared cuadriculas y esta se abrió para su sorpresa. Acercó su cabeza a la salida. No había nadie. Apenas salió, se mareó enseguida y se apoyó pesadamente sobre la pared. Sus piernas también temblaban.

¡Hey! — Su corazón comenzó a latir rápidamente del miedo. — ¿Por qué te levantaste siendo que estás así de débil? — Ella agachó la mirada, incapaz de mirarle. — ¡Dime algo…!

Ya cállate, haces mucho ruido…— Lo encaró finalmente.

Entonces lo miró bien, o más bien, trató de hacerlo. Su vista no estaba del todo acostumbrada a vistas tan luminosas, se sentía débil. Los ojos del chico presente eran amatistas, pudo distinguir el color, también notó lo demás, los adornos brillantes, brazaletes, quizá, algo colgando de su cuello, también su cabello, le hubiera llamado más la atención de no ser por la debilidad de su cuerpo y ser incapaz de apartar sus ojos con los de él. Era más alto que ella, otro punto que anotar.

—… ¿Cuál es tu nombre?

Déjeme ir…— Suplicó, no quería que se le acercara más. Tenía miedo, pero no lo demostraría.

No te haré daño, yo no lo permitiré.

Tenía que admitir, que el color de sus ojos era tan inusual… Y bonito, muy lindo el color… Iba a contestar, pero se tambaleó. Pensó que caería, pero sus fuertes brazos la rodearon y ambos cuerpos se pegaron. Ella lo miró con suma sorpresa. Su corazón bombeaba como nunca. Sus párpados temblaron al no soportar la luz, pestañeó una vez más con fuerza.

¿Qué pasa? ¿Hay mucha luz?

Entonces recordó… Que nunca supo lo que era realmente la luz, de sentir como el Sol acariciaba su piel, no. No sabía nada de eso. Lágrimas traicioneras escaparon de sus ojos, devastada.

—… Es la primera vez que veo la luz.

¿Cómo…-?

Solo por esa vez se dejaría mandar por un hombre. Descansaría, estaba hecha pedazos. Bueno, estaba agradecida, así que le daría un regalo.

Esmeralda.

¿Eh? — Lo sintió detenerse.

Mi nombre es Esmeralda.

Tras un segundo de silencio, él siguió caminando.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Mi nombre es Isis. — Se inclinó la morena de cabellos negros y ojos como la noche.

Ella le miró confundida.

—…

¿Tú eres Esmeralda?

—… Y si lo sabe, ¿para qué pregunta?

Quería cerciorarme. — Sonrió. Ella frunció el ceño, sin entender la última palabra. La mujer pareció comprender, pues se rió. — Según me contó el faraón, carece de mucho conocimiento. De ahora en adelante, usted será mi alumna de magia, aunque también le enseñaré parte de al vida. — La azabache de piel como la nieve simplemente asintió mirando el suelo. — También… Debe asearse un poco, si no lo hace, sus heridas también se infectarán.

—… ¿Asearme?

Limpiarse. — Aclaró. — Hoy mismo comenzamos las clases. — Suspiró con una sonrisa. — Necesito que tenga un concepto básico de la vida, y luego veremos lo demás.

Unas cuantas mujeres la ayudaron a bañarse, pues apenas podía mantener se pie. Insistieron en vestirla, pero ella se negó. Quería aprender por su cuenta…

Luego de tanta batalla con el ropaje, se miró a sí misma. El atuendo se parecía mucho al que Isis traía puesto, solo que ese era de un color verdoso, junto con su calzado. Con sus dedos, peinó su cabello, que además de estar húmedo, estaba un poco enredado. Bueno, ¿qué esperaba? Años con escasos tiempos de aseo a sí misma. Mientras se "peinaba", miró el enorme lugar en el que se encontraba. Era muy grande, para ser una sola habitación. Se sentó en la mullida cosa en la que había dormido y suspiró.

—… Hey.

Se giró para encontrarse con el mismo sujeto de hermosos ojos amatistas. Se puso de pie rápidamente, retrocediendo. Él, en cambio, avanzó hacia ella.

¿Cómo te sientes?

—…— Apretó los labios. — Bien… Gracias. — Contestó lo más normal posible.

—… Ya veo. — Sonrió. — ¿Tienes hambre? — Esmeralda lo miró en silencio unos segundos, hasta que asintió, apenada. — Bien, ven conmigo. — Ofreció su mano. Volvió a mirarle con cierta duda y desconfianza en su mirada. — Aun no caminas del todo bien, yo te ayudaré.

Finalmente aceptó su mano, que la llevó a la salida, sujetándola con su mano en la suya propia, y la otra posada en su espalda. Alzó la mirada a todos lados, admirando los colores nuevos que le traía la vida. Finalmente posó su vista a las piernas de su compañero, que caminaban con normalidad y notó el error que ella cometía, ella flexionaba las rodillas, por eso le era tan difícil. Imitó el movimiento del tricolor. Este pareció notar que ya había aprendido a caminar, pues le soltó la mano, pero no quitó su otra mano de su espalda.

—… Es muy lindo. — Susurró inconscientemente, estaba tan feliz de ver tanto brillo, luz, colores.

—… ¿Hablabas enserio? — Se detuvo, Esmeralda le imitó. — ¿Es la primera vez que ves… esto? — Ella apretó los puños, mirándolo con cierto temor.

—… Sí. Yo solo… He estado rodeada de oscuridad. — Miró el suelo, recordando a su madre.

—… Esmeralda…— Le escuchó susurrar. —… ¿Sabes quién soy?

—… Un hombre. — Él sonrió. — Pero… Además de eso… No sé.

Yo…-

Faraón.

Ambos se giraron a ver a un anciano con el rostro cubierto, solo dejando ver sus ojos.

La señorita ya puede venir al comedor. — Posó sus ojos en ella. — Sea bienvenida al reino.

Ella asintió, sin entender muy bien. Miró al chico mientras el anciano se retiraba.

—… ¿Faraón? ¿Reino? ¿Usted es Rey? — Sentía una enorme vergüenza, ella, la niñata ignorante hablándole de esa manera, y él solo se rió. — ¡No-No se ría de mí! — Se sentía tan… Molesta e indignada. Comenzó a caminar más rápido, alejándose de él.

¡Esmeralda!

Entonces al oír su voz reaccionó y se detuvo. ¿Avergonzada? ¿Molesta? ¿Indignada? Nunca en su vida había experimentado emociones como esas… Ahora se sentía… Tan feliz… ¡Otro sentimiento que jamás había sentido! Se giró a ver al faraón con lágrimas en los ojos cuando él tocó su hombro. Él le miró con cierta sorpresa, y ¿miedo?

Solo bromeaba, no tienes que ponerte así…-

Se calló cuando ella se rió. ¡Estaba tan feliz! Se secó las lágrimas mientras seguía riendo, aunque terminó siendo un entrecortado sollozo. Se cubrió los ojos con ambas manos, una oleada de emociones que nunca había experimentado la hacían temblar.

—… ¿Esmeralda?

—… Yo…— Su voz volvió a quebrarse.

Lo sintió acercarse, pero ella retrocedió. Nuevamente lo escuchó acercarse. Ella apartó sus manos de sus ojos y esta vez las posó en su pecho, tratando de apartarlo a tanta cercanía. Era tan cálido, y ella era tan fría…

Suspiró tras soltarlo y darle la espalda, sintiendo un poco de vergüenza. ¿Cómo pudo llorar así en frente de él? Se secó el resto de lágrimas y entrelazó sus propias manos, sin saber qué hacer.

—… Está bien, Esmeralda.

Sintió las manos del tricolor girarla para mirarle. Él le sonreía.

Entiendo que estés feliz de sentirte libre contigo misma. — Abrió los ojos más de la cuenta, con sorpresa. — Está bien. — Tomó su mano y la apretó con suavidad. — Anda, vamos.

.

.

.

Has aprendido mucho, Esmeralda. — Comentó Isis al ver a su nueva alumna mirando el jardín trasero.

—… Gracias. — Sonrió, pero había algo que le inquietaba. — Pero… ¿Puede hacerme saber algo?

—… ¿Qué es?

No se lo diga a nadie, prométamelo. NUNCA… Lo mencione ante nadie. — Se sorprendió que su voz sonara tan amenazante. — ¿Lo hará?

La mujer se veía sorprendida, pero asintió.

Lo prometo, ahora… ¿Qué es lo que quiere saber?

—… Mi mamá…— Susurró dolorosamente. — Me contó que un hombre le hizo algo malo… Y no sé qué significa… Y dice que de eso nací yo.

—… ¿Habla enserio? ¿Y dónde está ella? ¿Su madre…?

—… La mató el mismo hombre. — Apretó los puños.

—… Ya veo. — Inhaló lentamente. — Una violación, ¿verdad?

—…— Asintió con la cabeza. — Y yo… Creo que tengo algo aquí. — Se llevó una mano al pecho. — Que no me deja en paz, que por más que me sienta yo… Hay una cosa mala que hay… Y me siento muy mal.

—… Yo le explicaré lo que quiso decir su madre, pero necesito más detalles de qué es lo que le pasó a usted.

—…

También analizaré su alma.

.

.

.

Se sentía un poco débil, Isis le había quitado su energía vital para analizarla. Estaba perdida, en parte, le veía el lado positivo, podía ver cosas nuevas en el palacio, iba a ir a su habitación, pero… Bueno, el lugar era enorme. Se detuvo cuando terminó en un salón realmente grande, más que la habitación anterior. Había una gran silla bañada en oro al final. Se acercó lentamente a ella y se sentó. Vaya, sinceramente… Vaya.

Escuchó unos pasos acercarse y se asustó. Se puso de pie y se escondió detrás de la gran silla, agradecía que fuera grande para ocultarla por completo.

Bien, Isis. Aquí no hay nadie. ¿Qué sucede? — Reconoció esa voz. Era el faraón.

—… Pues… Faraón… Acabo de analizar el alma de la señorita Esmeralda… Y las noticias que traigo no son muy buenas.

—… ¿Por qué lo dices? Yo no le veo ningún mal a Esmeralda, parece una buena muchacha, bastante ingenua, pero buena.

Faraón… Ella tiene más de un monstruo en su interior.

Esmeralda de paralizó, ella conocía el concepto de la última palabra. ¿Tenía eso dentro de ella?

¿Cómo?... Pero eso es imposible…-

Así es… Es imposible. Y me preocupa que tenga la fuerza al nivel de los Dioses egpcios.

¡¿Qué?!... Pero… Isis, no puedes decirme esto, yo…-

Faraón… El corazón de la muchacha aún está a tiempo de…-

Lo sabía.

Esmeralda reconoció esa tercera voz, era Seth, ese tipo que había querido sacrificarla.

Yo se lo dije, faraón… Y con todo respeto, usted fue el que no quiso escucharme. — Escuchó un sonido extraño que la hizo temblar. — Además…

Se asustó cuando el hombre encontró su escondite y la agarró cruelmente del cabello, hasta soltarla. Chocó su rostro con el suelo y gimió de dolor. Alzó al vista para encontrarse con los ojos de Isis y del faraón, ambos inspiraban sorpresa en sus miradas.

Nos estaba escuchando…-

¡Nos estaba espiando! — Gritó el sujeto de ojos azules. — Esta mujer no merece seguir viviendo…-

¡SETH!

El hombre tenía un objeto extraño que parecía un bastón pequeño, pero de oro. Tenía un ojo extraño y se asustó. De este se desprendió un destello que la hizo cubrirse la vista un poco, hasta que cuando volvió a mirar al hombre, detrás de él había un demonio extraño. Se puso rápidamente de pie, sintiendo pánico. ¿Qué era eso?

¡Seth, detente! — Se interpuso Isis entre el hombre y ella. — Esta niña no tiene la culpa de nada…-

No te metas, Isis.

Usando ese monstruo, atacó a la mujer, que cayó al suelo. Esmeralda, asustada, trató de correr, pero la criatura la alcanzó.

¡ANDA, MAL NACIDA! ¡MUÉSTRAME TUS PODERES!

"¡TE CONCEBÍ CON ASCO Y TE PARÍ CON ODIO!"

¿Por qué estaba recordando esa frase? ¿Solo porque le dijo que era una malnacida? Hace unas horas había descubierto lo que le habían hecho a su madre y eso sí que había sido horrible. Ahora entendía por qué tanto odio hacia ella.

¡CONTESTA!

¡Seth, te lo advierto…!

¡No se entrometa, faraón! ¡Que yo mismo acabaré con ella!

—…— Ella sollozó, sin saber qué hacer.

Entonces lo sintió, un increíble odio creció en su interior, que la hizo apretar los dientes, aguantando las ganas de llorar. ¿Por qué ella? ¿Por qué ella era la única que tenía que sufrir? No lo permitiría, estaba cansada de sufrir… ¡Lo mataría a él!

¡NO TE ME ACERQUES! — Gritó al cerrar los ojos.

Unos gritos invadieron su cabeza… ¿Gritos de su madre? La risa de un hombre. Esa voz la conocía, era el miserable que había matado a su madre. Finalmente comprendió las palabras de su madre… Que ella había quedado embarazada… De como sintió rencor y odio cuando le sucedió aquello,era una hechicera, el tipo también… El odio, el satanismo, el rencor, malicia… Todo… ¡Todo lo había heredado ella!

Abrió los ojos para encontrar al ojiazul tirado en el suelo, sangrando. Reaccionó… ¿En qué había estado pensando? Retrocedió lentamente y salió corriendo de allí. Ella… ¡Ella era el único monstruo allí!

¡Esmeralda!

El faraón la había alcanzado y la había jalado del brazo. Ella esperaba que la golpeara, que la regañara, ¡lo que sea con tal de lastimarla!

¿Te encuentras bien?

—…— Lo miró como si estuviera demente. — ¿Qué…?

No pareces lastimada. Lo siento… Seth es muy impulsivo cuando se lo propone.

—…— Se soltó de su agarre con los ojos llorosos. — ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ NO ME GOLPEAS?! ¡¿Por qué no me castigas…?! ¿Por qué…?!

¿Por qué debería hacerlo? Fui yo el culpable por dejar que Seth te hiciera daño.

—… ¡Pero yo se lo hice a él…!

No sabes controlar tu fuerza. No te preocupes.

—… Tengo que irme. — Le dio la espalda, pero él volvió a agarrarla del brazo.

—… Esmeralda, por favor… Quédate conmigo.

Ella tardo solo un segundo en contestar. No, no podía ser verdad. ¡Le había agarrado cariño! Pero… No podía seguir sacrificándolo con su poder imposible de controlar. Lo miró con el mayor despreció posible.

Eres patético, sabes muy bien que resulto un peligro para ti y este reino, aun así quieres que me quede, ¿qué clase de miserable eres tú? — Se arrepintió enseguida de decir eso, pero no podía flaquear… ¡Necesitaba que él la odiara!

Eso no significa nada para mí.

¡Debería estar bromeando! Se lo estaba poniendo muy difícil… Se acercó lentamente a él. Tenía unas enormes ganas de abrazarlo y suplicarle que le arrebatara esos demonios de su alma… Pero no podía… Necesitaba que la despreciara para que pudiera irse y dejar en paz ese reino que no tenía la culpa de su miseria.

—… Eres un infeliz. — Murmuró cerca de su rostro.

Se apartó rápidamente con el corazón desbocado. Pero seguía mostrando su máscara de hielo.

Yo podré ser un infeliz… Pero es porque si te vas… Siempre me culparé de no haberte salvado de esa oscuridad.

Su expresión cambió a una de sorpresa. Él no podía estar diciéndole eso… Palabras bonitas… Nunca nadie le había dicho eso…

—…

Quédate, Esmeralda. Déjame salvarte.

Continuará…

O_O Bueno, creo que los recuerdos durarán dos o tres capítulos, no sé… Bueno espero que les haya gustado!

Rossana's Mind Cambio y fuera!

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