NANANANA! La última parte al fin! Aunque este cap es muy triste, lloren
Vayamos al capítulo!
Capítulo 5: Lo sucedido entre nosotros, ¿o solo yo? (Parte 3)
— Ay, mi niña…— Isis abrazó a la menor, quien correspondió su gesto. — Fue difícil para ti, ¿verdad?
Esmeralda solo sonrió. Atem demostró su felicidad a todo el reino, celebró la boda ese mismo día. Ahora solo seguían festejando. Seguía sin poder quitarse esa felicidad tan grande del pecho… Atem la había hecho muy feliz con su protección y cariño.
— ¿Qué le pasan a tus ojos, Esmeralda?
Ella parpadeó sin comprender.
—… Tienen… Ven acá. — La tomó de la mano y fue a la habitación del faraón. Dio unos leves golpes.
— ¿Sí?
— Disculpe, faraón… Pero necesito que me ayude a revisar a su joven esposa.
Esmeralda se sonrojó ante lo dicho por Isis. Atem abrió y miró a ambas.
— ¿Qué sucede con Esmeralda?
Ambas entraron a su recamara. Isis hizo que la muchachita se sentara en la cama.
— Observe sus ojos, por favor.
Atem se acercó a su rostro y frunció el ceño.
—… ¿Por qué…?
— ¿Qué hay con mis ojos…? ¿Acaso tienen… un poco de azul? — Preguntó dudosa. Ambos la miraron con sorpresa.
— ¿Sabías de esto?
—… Huh… Quería preguntarte, pero lo había olvidado…
—… ¿Será posible que…?— Murmuró la mujer. — Esmeralda, ponte de pie.
Ella asintió. Isis cerró los ojos unos segundos hasta que los abrió y sonrió.
—… Están pasando demasiadas cosas buenas, Esmeralda.
— ¿De qué hablas?
— Las criaturas se están desvaneciendo, están muriendo porque tu corazón está comenzando a tener una luz. — Esmeralda le miró con sorpresa.
—… ¿De verdad?
— Así es. Aun no comprendo qué tiene que ver esto con tus ojos, pero pronto lo veremos. — Sonrió. — Con permiso. — Se retiró, dejando a ambos solos.
. . .
—… Los ojos de mamá. — Susurró.
— ¿Qué? — Atem se acercó a ella, quien había ido al espejo a ver su rostro.
—… Los ojos de mamá. — Repitió. —… Estoy adquiriendo… Los ojos de mamá. — Se llevó sus manos a su pecho, sintiendo algo cálido en su interior. Se estaba sintiendo… Humana. — Ella los tenía azules. — Sonrió. —… Si algo cambia en mí…— Miró al faraón con un poco de vergüenza, sintiendo arder sus mejillas. — ¿Me seguirás queriendo? — El faraón la miró con suma sorpresa unos segundos hasta que finalmente sonrió.
— ¿Por qué me preguntas eso? — Finalmente la abrazó. Esmeralda correspondió el gesto con mucho nerviosismo. — Siempre, Esmeralda… Siempre, siempre te voy a amar. No importa la situación…
—… Gracias. — Lo abrazó con fuerza.
—… Pero hay algo… Que aún no me hace del todo feliz. — Esmeralda, al oír eso, se separó de él para verlo confundida. — Desde que llegaste, nunca me llamaste por mi nombre. — Se rió en el mismo momento en que ella se sonrojaba. — Anda, dilo. — Esmeralda se iba a soltar, pero el faraón rodeó su cintura con sus brazos, pegándola hacia él con fuerza. — Dilo. — Susurró contra sus labios.
Esmeralda no sabía qué hacer, el corazón le latía a todo galope y tenerlo cerca nublaba sus pensamientos coherentes. Además, que esa mirada violeta estuviera sobre ella, la hacía estremecerse aún más… Finalmente sonrió tras cerrar los ojos, derrotada.
— Atem.
Lo sintió sonreír contra su aliento antes de que él la besara. Ella no lo detuvo, estaba harta de alejarlo, sabiendo que lo necesitaba para sanar su corazón herido por el mundo.
Simplemente… Se dejó amar por él.
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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— Buenos días, su alteza.
Se giró rápidamente para encarar a Isis, que la miraba con una sonrisa. Ella se sonrojó furiosamente y miró el suelo.
—… No me llames así. — Murmuró, presa de la vergüenza. — Solo llámame Esmeralda…
— Es un poco cruel que te hayas levantado primero de la cama y dejarlo solo. — Opinó riéndose. Esmeralda se cubrió el rostro con ambas manos. La vergüenza y pena que sentía no le cabía ni siquiera en todo su cuerpo. — En unos minutos más te alcanzará. — Se inclinó con respeto e irse del comedor.
Esmeralda salió corriendo al jardín y se sentó en el suelo, admirando las flores exóticas que había. Cerró los ojos enterrando su rostro en sus rodillas… Era… feliz. Era muy feliz, la felicidad no le cabía en el pecho…
— ¡Hola, su majestad!
Alzó la vista para encontrarse con una muchachita morena.
— Soy Mana, un placer conocerla. Perdón si no me ha visto antes, pero estuve entrenando mucho tiempo, por lo cual ni siquiera tenía tiempo de respirar. — Se sentó a su lado. — ¿Le importa?
—… Claro que no. — Sonrió, un poco tímida.
— El faraón tenía razón. — Se rió. Esmeralda le miró sin entender. — Usted es muy hermosa. Cuando me iba a visitar a cómo iban mis clases de magia, siempre me hablaba de usted. — La joven de cabellos negros no se lo podía creer… ¿Era enserio? — La primera vez que vino a hablar de su majestad, lo primero que me dijo de usted fue esto. "Es una chica muy bella". — Imitó su voz. Esmeralda se rió con ella. — Tienes la misma edad que yo, dos años menos que Atem. — La joven reina le miró sorprendida por haberlo llamado por su nombre. — Ah, perdón. Olvidé decirle que soy su amiga de la infancia también. Pero no te preocupes, siempre lo vi como un hermano. — Sonrió. — Yo me enamoré de mi maestro de magia. — Esmeralda le escuchaba atenta. No sabía qué decirle. La muchachita era muy agradable. — Es Mahado. ¿Lo conoces?
—… Sí, lo conozco. — Contestó al fijar nuevamente sus ojos en las flores. —… Deberías decirle. — Mana le miró sorprendida. — Porque… Nunca se sabe. Quizá, el tiempo que pase y tú sigas en silencio, todo cambiaría…
— ¡Tiene razón! — Se puso rápidamente de pie. — ¡Gracias, su majestad! — Se inclinó y salió corriendo. — ¡Ahora mismo le digo…!
La vio salir corriendo con una sonrisa, sin contar que alguien más les había escuchado.
— Ya era hora. — Alzó la vista para encontrarse con el faraón. — Esos dos siguen ocultándolo mucho, alguien necesitaba darles el empujón. — Se arrodilló en frente de ella con una sonrisa. — Ahora este faraón quiere saber… Por qué su bellísima esposa lo abandonó apenas amaneció después de lo de anoche. — La miró con una sonrisa burlona. Esmeralda se avergonzó nuevamente y escondió su rostro de él.
—… Déjame en paz…— Murmuró. — Siento mucha vergüenza, ¿y qué?
— ¿Por qué? — Se sentó a su lado. — Te dije que quiero formar una familia contigo, ser feliz a tu lado, como tú lo quieres ser.
La joven de cabellos negros alzó la vista para mirarlo. Cuando ambos pares de ojos de encontraros, Atem le miró con sorpresa.
—… Esmeralda…
— ¿Qué?
Atem se puso de pie de un salto, agarrándola del brazo y salieron corriendo por los pasillos. La joven no entendía qué le pasaba y su repentina acción. Abrieron la puerta y se encontraron con Isis, arreglando unas cuantas cosas.
—… ¿Sucede algo, faraón?
— Mírala, Isis. — La agarró de los hombros y la puso en frente de la mujer.
—… Esmeralda. — Sonrió. — Tus ojos.
—… ¿Mis ojos…?
— ¡Tus ojos son completamente azules! — Dijo Atem tras abrazarla y elevarla en el aire. — ¡Los monstruos que te atormentaban se han ido!
—… ¿De verdad? — Preguntó, incapaz de creerlo. Era… Libre… ¡Era libre!
Finalmente sonrió y rodeó el cuello de su marido, abrazándolo con fuerza. Cuando sintió sus pies en el suelo. Se soltó y abrazó a Isis, sorprendiéndola.
— ¡Gracias, Isis! De verdad… Fuiste como una madre para mí…
Lágrimas de alivio escaparon de sus orbes, ahora azules, y sintió como la mujer correspondía su gesto.
. . .
Un mes después, Esmeralda parecía ser alguien muy diferente a lo que solía ser desde que había llegado. Pareciese como su hubiese vuelto a ser una niña, o por lo menos eso le decían toda la gente que quería, Mana, Mahado, Isis, Atem… Pues siempre iba a aprender magia con Mana, Mahado e Isis, y cuando el faraón le pedía que se detuviera y que pasara más tiempo con él, ella salía corriendo, mientras este corría tras ella. Era una rutina que para todos fue maravillosa, la llegada de Esmeralda, según ellos decían, le habían dado vida al reino…
— ¡Te tengo! — La joven de ojos azules dio un respingo cuando sintió unos brazos abrazarla por atrás.
— ¡Me asustaste! — Se soltó de él y le golpeó el pecho mientras se reía.
— ¿Por qué te escapas del palacio? — Le regañó.
— Me gusta estar aquí. — Miró el río Nilo con una sonrisa. — Es inevitable. — Lo miró. — Creí que tenías una reunión importante, por eso me escapé.
— No quiero ir a ella si no me acompañas.
—…— Hizo una mueca. — Ve, siempre estás atrasado por mi culpa. — Lo empujó dirigiéndolo a su caballo. — Yo volveré pronto, así que vete ya.
Atem le dio un corto beso en los labios y se fue. Esmeralda volvió sentarse en la arena y cerró los ojos, sintiendo como el sol acariciaba su piel. Las cosas que estaban viviendo habían sido maravillosas…
Borró su sonrisa cuando recordó que desde que Atem le había pedido matrimonio, sentía un malestar. Eso no se había ido, había tratado de borrarlo, pero le era imposible. Sospechaba que era algo que tenía que ver con Seth, pues hace unos días habían descubierto que el comportamiento cruel con ella había sido porque había estado siendo controlado por un hechicero. Es decir, que había un espía en el palacio… Tanto ella como Atem habían buscado hasta debajo de las piedras… Pero aun nada…
Fijó su vista azulada a su cicatriz que estaba en su brazo, ese sello… Esa extraña estrella…
Entonces lo recordó.
—… Tú eres…
— Cuánto tiempo, Esmeralda…
Ese hombre… Era quien había matado a su madre, el que la había violado, que de eso había nacido ella, un fenómeno…
Su padre…
Se zafó de su agarre, presa del pánico.
— ¡¿Qué haces tú aquí?! — Le miró con resentimiento. —… ¡¿Qué quieres?! Ya mataste a mi madre, en frente de mi… ¡VETE!
— Tranquila, hija…-
— No me llames, hija. — Le cortó. — Yo no soy tu hija, eres un maldito bastardo… Que no merece siquiera ser recordado como padre.
Al parecer, este había perdido la paciencia, le había agarrado rudamente del cabello, chocando su cabeza contra la pared. Esmeralda soltó un gemido de dolor.
— Quieras o no, mujerzuela… Soy tu padre, pero tienes razón… No quiero ser recordado como uno… Prefiero… Ser recordado por ti… Como tu amante.
—… ¿Qué estás diciendo…?— trató de zafarse, sin éxito. —… ¿Quieres hacerme lo mismo que le hiciste a mi mamá? — Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando él solo se rió, entendiendo su respuesta. —… No lo harás… No te lo voy a permitir…
— ¿Y por qué? ¿Acaso hay alguien que te quiere aquí?
—…— Sollozó.
— Buenas noches, muñequita. — Fue lo último que escuchó cuando un extraño destello la cegó y la hizo perder el conocimiento.
Miró su reflejo en el río y se asustó cuando vio que el color sangre había vuelto a batallar con el color del cielo en sus ojos. Sacó una conclusión de todo aquello, quizá ese hombre había sellado esos monstruos… Para engañarla… Para hacerle creer…
—… No puede ser… ¡Atem…!
Se puso torpemente de pie y salió corriendo de vuelta a la aldea cerca del palacio. Se maldijo a sí misma por haberse ido sin algún caballo. Tenía que contarle y prevenirlo… ¡Le contaría toda la verdad de su vida! Él siempre le preguntó y ella siempre prefirió cambiar el tema… Pero ahora era distinto… ¡Era una emergencia!
Se mareó un poco y cayó al suelo. ¿Qué le estaba pasando? Se mareaba con facilidad y comía muy poco… Después vería cómo estaba su estado de salud, lo importante era salvar a su gente.
Corrió por los puestos de mercado, todos la veían con sorpresa. ¿Cómo no? La gran Reina de Egipto, corriendo en la aldea como si la vida le dependiera de ello, aunque era verdad.
Entró por el pasadizo secreto que le había mostrado Mana cuando se escapaba de las clases de Mahado, entró en él y entró al palacio. Todo estaba muy silencioso, demasiado para su gusto… Siguió corriendo hasta que encontró a una mujer en el suelo.
—… Isis…—Susurró tras arrodillarse a socorrerla. — ¡Isis…!— La movió un poco, hasta que esta abrió los ojos.
—… Esmeralda, mi niña… Vete de aquí… Ese hombre… Al que temes… Está aquí… Vete…— Respiró lentamente.
¡Lo sabía! Entonces sus suposiciones eran ciertas… Con la magia que había aprendido, curó las heridas más graves de la mujer y cuando la encontró mejor, se puso de pie, en busca del faraón, pero Isis la agarró de la falda del vestido.
—… ¿Isis?
— Vete, Esmeralda… En tu estado… No puedes enfrentarte a él.
— ¿En mi estado?
—… Estás esperando un hijo, Esmeralda…
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.
.
—… ¿Cómo? — Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—… Adormeció a los monstruos de tu interior… Todo fue una trampa… Y el faraón lo descubrió…-
— ¡¿Cómo…?!
—… Vete…
Ella negó con la cabeza mientras Isis se ponía de pie.
—… ¡No me iré hasta asegurarme de que Atem esté bien…!— Sollozó.
—… Bien, pero luego… Prométeme que te irás…
—… No puedo hacerlo… Tengo que saber que Atem está bien… Y después… Veré si podré irme.
Ambas, tomadas de las manos, salieron corriendo hacia el salón general donde estaba el trono. Abrieron las puertas y encontraron a dos sujetos.
Esmeralda se llevó una mano a su boca al encontrar al faraón en el suelo, sangrando. Mientras que otro hombre de pie, miraba divertido su estado. Ese hombre era…
— ¡Tú…!— Caminó hacia él.
— Te lo dije, hijita… Tú eres solo mía, de nadie más…
Esmeralda se arrodilló en frente de Atem y lo recostó en su hombro. ¿No estaba consciente? Tampoco respiraba… El pánico la invadió y posó su mano en el pecho del joven faraón, teniendo la esperanza de que su corazón estuviese latiendo aunque sea de forma débil… Pero… No.
Atem estaba muerto.
—…— Dejó escapar todas las lágrimas que había acumulado en sus ojos.
Lo que estaba pasando no podía ser verdad… No después de tanta felicidad… No de tanta alegría en su vida… ¿Y ahora esto? Era incapaz de reaccionar…
Entonces lo sintió… Otra vez, ese odio que tanto le horrorizaba sentir, volvía a emerger en su alma. Mataron… Mataron al hombre que amaba… Hirieron a la gente más importante de su vida…
—… ¿Cómo pudiste…?— Sollozó dejando el cuerpo de su marido a un lado mientras se ponía de pie. — ¡¿CÓMO PUDISTE?!
Nuevamente esa sensación, en su mente volvieron esos desgarradores gritos de su madre, la risa siniestra de su padre que tenía en frente. Miró el suelo y se sorprendió de encontrar el Sello que estaba en su muñeca, ahora, alumbrado en el suelo de un extraño color verdoso, se hacía más y más grande, podía ser por el dolor de su alma. Se asustó cuando aquel círculo comenzaba a expandirse más y destruir el palacio, se había incrementado de tamaño hasta cubrir el reino, incluso el pueblo. Isis cayó al suelo, llamando la atención de la azabache.
— ¡¿Isis…?!
— Los mataste… A todos.
Vio a su padre, que era protegido con su propia magia.
I feel it deep within, it's just beneath the skin (Lo siento dentro, está debajo de la piel)
I must confess that I feel like a monster! (Debo confesar ¡que me siento como un monstruo!)
I, I feel like a monster! (Yo, ¡me siento como un monstruo!)
I, I feel like a monster! (Yo, ¡me siento como un monstruo!)
— Pronto yo también moriré si no detienes tu poder. Detenlo.
—…— Se abrazó a sí misma. ¿Los había matado…? ¿A todos? ¿Pero cómo?
— Has creado un poder impresionante… Es capaz de arrebatar almas que tienen oscuridad. Aunque todos los humanos poseen una migaja de oscuridad en sus corazones…— Se rió.
—… No sé cómo detenerlo…
— Tendrás que saberlo. O destruirás todo el mundo.
Esmeralda se dejó caer de rodillas al suelo. Tenía que hacer algo, o personas que no tenían la culpa de nada morirían…
— "Basta, basta, basta… Por favor, basta…"— Sollozó. — "No quise crear este maldito sello… Haré lo que sea para que todo vuelva a la normalidad…"
Repentinamente todo se detuvo. El hombre cayó de rodillas al suelo, soltando suspiro de alivio.
"Así que… ¿Harás lo que sea?"
Esa voz… No parecían todos los monstruos… Era uno solo… ¿Cómo…?
"Todos los demonios se fusionaros hasta que me convirtiera en esto, felicidades…"
—… "No quería esto".
"Quieres… Darlo todo, para salvar a este miserable reino y a ese faraón."
—… Daré todo lo necesario. — Habló en voz alta.
— ¿Todo? — Miró a su padre.
—… Así es.
— Tengo la habilidad de retroceder el tiempo, solo tú y yo no nos veremos afectados por él… Pero a cambio… Te esperaré en el río Nilo, y te irás conmigo… No podrás reusarte si en verdad los quieres salvar.
Esmeralda miró a su alrededor, todo estaba destruido… Atem, Isis… Todos estaban muertos por su culpa… Era un monstruo…
—… Lo haré.
Tomó el brazo de su progenitor y una extraña energía los rodeó.
. . .
Cerró los ojos, no queriendo ver esa escena otra vez. Cuando los volvió a abrir, se encontraba sola en el río Nilo, viendo como Atem, una vez más, se alejaba con su caballo. Apretó los puños… ¿qué quería ese hombre con ella?
— Es hora.
Se giró a ver al culpable de su miseria y asintió. Este la agarró con violencia del brazo y se teletransportaron.
Se encontró en un lugar similar a la mazmorra oscura en la que solía vivir en su niñez. Estaba… ¿Atada? No, estaba encadenada, alzó la vista para ver unas cadenas sujetarla desde arriba, haciéndola tener alzados los brazos. Sus piernas también…
El pánico la invadió… ¿Qué…? ¿Qué quería hacerle?
— Hubiera sido más… Piadoso contigo de no ser por tu desprecio y que te enamoraras de otro. — Escuchó una voz a sus espaldas. Quiso voltearse, pero por su amarre, era incapaz. — Además… Esperas un bastardo de él en el vientre… ¡MERECES QUE MUERA!
—… A mí mátame si quieres, pero al niño que llevo… No le pongas ni un dedo encima. Deja que mi hijo nazca… Y podrás hacer conmigo lo que quieras…— Suplicó.
— Eso lo veremos…— Escuchó sus pasos cerca de ella. — Descubrí que el monstruo formado en tu interior, puede matar al niño. — Esmeralda se paralizó al oír eso. — O… Tal vez… No estoy seguro, pero podría ser que una vez que naciera ese bastardo, aquella bestia traspasara a su pequeño cuerpo, dejándote libre a ti… Pero tú no querrías eso, ¿verdad? — La joven de ojos, ahora rojos, lloraba en silencio. Estaba entre la espada y la pared. — Así que… ¿Para qué querer al bastardo si ya tiene un destino sellado? Será mejor deshacerse de él.
Sintió las manos del hombre despedazar su ropa por atrás, dejando al descubierto su espalda. Lo siguiente fue algo azotar contra su espalda, un látigo. Soltó un sonoro grito de dolor, mientras venía el segundo golpe. Aquello era horrible…
Cuando le dieron el séptimo latigazo, se dejó caer de rodillas, o al menos eso quiso, pero gracias a su agarre de cadenas, hizo que gimiera de dolor. Trató de volver a ponerse de pie, pero cayó cuando él finalmente la soltó. Trató de ponerse de pie y cubrirse, pero él no se lo permitió, colocándose encima de ella.
— ¡SUÉLTAME! ¡AYÚDENME…!— Gritó con todas sus fuerzas.
El hombre abofeteó su rostro con fuerza. Esmeralda comenzó a forcejear mientras trataba de ignorar el dolor de su mejilla.
— ¡CÁLLATE!
El sujeto posó su mano contra su vientre, luego unas fuertes descargas en el sector la hizo retorcerse de dolor.
— Por favor… Por favor, por favor…— Sollozó. — Deja al niño…
— Esto te pasa por mujerzuela, como tu madre. — Le escuchó murmurar mientras desgarraba el resto de sus ropas.
Aquello fue peor que una tortura, el maldito miserable seguía destruyendo sus entrañas en su cuerpo mientras abusaba de ella.
Era enfermizo… Ese hombre estaba enfermo…
Mientras todo eso sucedía, recordó que una vez le había preguntado a Atem que era tener un buen padre. Él le había contestado que era aquel que siempre te iba a proteger, a pesar de todo, que siempre te brindaría el calor necesario en tus días de invierno…
Pero era incapaz de creerlo cuando tenía a ese tipo de hombre como padre.
Era un sádico.
Como su madre le había dicho una vez.
It's hiding in the dark, it's teeth are razor sharp (Está escondido en la oscuridad, sus dientes son muy afilados)
There's no escape for me, it wants my soul, it wants my heart (No hay escape para mí, quiere mi alma, quiere mi corazón)
No one can hear me scream, maybe it's just a dream (Nadie puede oírme gritar, tal vez es solo un sueño)
Maybe it's inside of me, stop this monster! (O tal vez está dentro de mí, ¡Detengan este monstruo!)
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— Ten.
Le lanzó otro vestido, igual al que solía portar hace unas horas atrás. Ella no se movió, seguía tirada en el suelo, como una muñeca.
— Haz lo que te digo, así podrás protegerlo. Y no lo mataré… ¿Hecho?
Él desapareció. Apenas lo hizo, Esmeralda se colocó lentamente de pie. Se vistió y posó sus manos en el vientre.
—… "Sigue vivo…"— Se sorprendió al sentir una leve vitalidad en su interior. —… Pero…
Aprendió teletransportación y volvió al palacio. Apenas lo hizo, se encontró en la habitación que compartía con Atem. Este último estaba en sentado en su cama, pero se sorprendió de verla.
— ¡Esmeralda! — Se puso de pie. — ¿Qué pasó? Te esperé por horas y nunca llegabas… Me tenías muy preocupado.
La muchacha le siguió mirando en aire ausente. Lentamente lo envolvió en sus brazos, cuidadosamente. Sintió al faraón tensarse por su tacto, pero luego correspondió su gesto. Evitó soltar un gemido de dolor, pues seguía sangrando, ese hombre… Le había dejado una herida muy profunda en el hombro.
Aunque le daba igual… Después de lo que haría… a Atem le importaría muy poco si ella seguía estaba herida o no.
—… me quedé dormida cerca del río. — Mintió. — Y tuve una pesadilla. — Lo estrechó más fuerte. — Estabas muerto. — Comenzó a llorar.
No le contaría del pacto que hizo, tampoco del niño… No lo haría, todo, para protegerlo. A él… Y a todos. Atem besó sus mejillas húmedas por las lágrimas.
— No pienses eso, Esmeralda…— Se detuvo cuando la vio detenidamente. —… Tus ojos…
—… Yo tampoco sé cómo pasó. — Se mordió el labio. — Pero le preguntaremos a Isis mañana… Estoy muy cansada.
Él solo asintió, podía ver en sus ojos que no estaba del todo convencido. Apenas le dio la espalda, usó su magia para dormirlo enseguida. Lo recostó en la cama con una dolorosa expresión… Se llevó una mano a su hombro, donde estaba sangrando. Cuando retiró su mano, sus dedos estabas manchados de sangre. Seguido de ello, dibujó con su sangre en el pecho del faraón, el sello.
— Maldigo a esta persona por amor, escucha mi oración, por favor… Con tal de que tenga otro destino, daré todo por este individuo… Con mi nombre, haré el pacto… Mi nombre es Esmeralda. — Sollozó tras terminar el juramento y que el sello los rodeara a ambos. — Sello de Orichalcos… ¡YO TE MALDIGO! — Gritó con todas sus fuerzas, aunque sabía que nadie la oiría.
Estrechó con fuerza el chico inconsciente, no sabía que pasaría. Su padre le había pedido que lo maldijera para salvarlo… ¿Pero qué pasaría después…?
"Bien"
Su pecho ardió de dolor al oír la voz del monstruo.
"Ahora, usaré tu maldito cuerpo para hacer que todos te odien y la maldición pueda completarse…"
— ¡¿QUÉ?! — Gritó. — ¡Eso…! ¡No era parte del trato…! ¡No dejaré que me uses como a tu muñeca…!
"YA ES TARDE"
I feel it deep within, it's just beneath the skin (Lo siento dentro, está debajo de la piel)
I must confess that I FEEL LIKE A MONSTER! (Debo confesar ¡QUE ME SIENTO COMO UN MONSTRUO!)
I hate what I've become, the nightmare's just begun (Odio en lo que me he convertido, la pesadilla recién ha comenzado)
I must confess that I feel like a monster! (Debo confesar ¡que me siento como un monstruo!)
I feel it deep within, it's just beneath the skin (Lo siento dentro, está debajo de la piel)
I must confess that I feel like a monster! (Debo confesar, ¡que me siento como un monstruo!)
I've gotta lose control, here's something radical (Tengo que perder el control, hay algo radical)
I must confess that I feel like a monster (Debo confesar que me siento como un monstruo)
A medida que el sello de Orichalcos desaparecía, todo el dolor estaba aumentando. No sentía cariño, tampoco amor por Atem, no quería proteger a Isis, no quería a Mana ni a Mahado, no sentía respeto por las disculpas de Seth… No sentía nada… ¿Esos eran los poderes de su bestia?
A excepción de odio, rencor, resentimiento, rabia, ira, aborrecimiento, sufrimiento, dolor a todas las personas que había conocido. Gracias a ellas, había conocido el infierno. Odiaba a Isis, por hacerla recordar a su maldita madre que la maltrató por años, sentía resentimiento por Mana y Mahado por haberla hecho confiar en estupideces, sentía rabia e ira por el miserable de Seth que se había atrevido a hacerle daño, siendo que ella es más fuerte que todos ellos…
Pero toda esa mezcla de emociones se habían fusionado ante lo que sentía por Atem… Lo aborrecía, lo despreciaba… Por haberlo amado, ahora era esclava del Leviatán… De esa serpiente que ahora poseía su vida… Era un hipócrita… Solo quiso lo que también quiso su padre… Estar en su cama. Y ambos lo lograron. Atem, tras manipularla… y su padre, a la fuerza, maltratándola mientras abusaba de ella.
I, I FEEL LIKE A MONSTER! (Yo, ¡ME SIENTO COMO UN MONSTRUO!)
Soltó al faraón, dejándolo en la cama. Salió de la habitación con una expresión vacía… Entonces, una enorme gracia le causó de esto… ¡Pudo vengarse de Atem cuando su padre la violó! En parte podía usarlo para hacerle daño. Comenzó a saltar por los pasillos mientras se reía sádicamente. Aunque en el interior, estaba la verdadera Esmeralda, necesitaba salir de allí…
Estaba siendo manipulada por el Leviatán.
— ¡Bastardo miserable! — Gritó mientras se reía. — ¡Gente hipócrita e imbécil que cree que pueden derrotarme! ¡Acabo de cometer pecado! — Gritó a los guardias, que la miraban con sorpresa. — ¡Engañé al desgraciado ese de su faraón! — No, no quería hacer eso… No quería. — ¡Me acosté con otro…!— Con su energía, atacó a los guardias. — ¡Y ahora los mataré a ustedes…!
Uno de los hombres la sujetó por las muñecas mientras la arrastraban a los calabozos. Ella se seguía riendo a pesar de que la golpeaban para callarla, ignoraba las heridas recientes de su padre. Esmeralda por dentro estaba horrorizada, se había quedado con los sentimientos más oscuros, entre ellos, el terror que estaba sintiendo ahora… El monstruo que la estaba manipulando estaba yendo demasiado lejos… ¡No podía permitirlo!
La encerraron y la encadenaron. No supo cuánto tiempo estuvo en la oscuridad, las lágrimas y las carcajadas no se iban. Estaba asustada, pero seguía bajo el control del Sello. La risa cesó y miró un punto muerto del suelo.
. . .
Luego unos hombres la estaban arrastrando nuevamente, pero…
— ¡Suéltenla! — Todos la soltaron con brusquedad, haciéndola caer al suelo. Ella conocía esa voz. —… Yo me ocuparé de ella.
Todos los guardias abandonaron la prisión, la azabache se rió, aunque en el fondo no sabía qué hacer, no sabía cómo enfrentársele.
— Vaya, Atem… Hiciste lo que querías, me golpearon y casi me mataron después de que me metiera en tu cama… Muy bien hecho…-
Fue interrumpida cuando el estampó su mano con la mejilla de ella, haciéndola tambalearse. No podía creerlo… La maldición funcionó… Había logrado que el faraón sintiera resentimiento por ella… Para salvarlo. Tenía unas enormes ganas de llorar, pero lo sucedido fue todo lo contrario.
—… Vaya, vaya, vaya… Ya casi… Te vuelves un animal como los que tienes como guardias.
— Eres tan despreciable…— Susurró. — ¿Qué me hiciste? Incluso yo he notado mi cambio, ¡¿qué me hiciste?! — La agarró de los hombros, pero Esmeralda se zafó enseguida, no le podía decir...
— Quita tus sucias manos de mí, hipócrita. Dejaste que me quedara por inspirar lástima… Luego me quisiste como tu mujer… Y ahora me reclamas, te advertí que me parecía patético retenerme, y me aburriste, tanto así, que preferí irme con otro bastardo.
—…
— ¿Estás celoso de que me tenga y tú no? — Se acercó lentamente a él, quien comenzó a retroceder por su cercanía. —… Eso lo comprueba, tienes miedo de admitirlo, porque por más resentido que estés conmigo…— Se volvió a reír con cinismo. — Tú me amas… Es increíble… No puedo creerlo…— No, no quería que la amara. Necesitaba acabar con ella… ¡Quería morir!
— ¡Yo no te amo! — La empujó. — ¡Yo solo quiero verte muerta!
—… Así que muerta…— Ante esas palabras, logró recuperar un poco el control de su cuerpo… Era todo o nada… Tenía que hacerlo, de esa manera todo acabaría y no había más dolor… Subió las faldas de su vestido maltratado y sacó una navaja, se la entregó al faraón, que le miró confundida. Lo obligó a ponerla en su cuello. — Apostemos algo, hazlo, mátame, desgraciado. ¡MÁTAME, SI TANTO ME ODIAS!
—…— Atem no reaccionaba, miraba el arma y luego a ella. Ella suplicaba internamente que lo hiciera.
— ¡SÉ UN HOMBRE, COBARDE! Acaba conmigo… Con esta cualquiera que tanto odias…— Logró recuperar su voz… Le faltaba que la matara. ¡Ra, por favor que la matara! No podía seguir con eso… Pero nuevamente el Leviatán hizo que ella desistiera. Y fue peor cuando Atem mostró dolor en su mirada. — Qué decepción, Atem… Creí que en verdad me odiabas. — Dejó de hacer presión en él y guardó su navaja. ¿Ahora qué?... Le dio la espalda y en la celda encontró una fusta para maltratar a los prisioneros, acarició el cuero del arma con cuidado. En su interior se paralizó ¿Qué le iba a hacer…? —… Perdiste tu oportunidad…— Susurró antes de que ejerciera su energía maligna y hacer que el cuerpo del faraón se paralizara. Esmeralda estaba aterrada, no quería que le hicieran aquello… No a él.
— ¡¿PERO QUÉ HACES…-?!
—… Fuiste… ERES… Y siempre serás… Un infeliz.
— ¡Esmeralda…-!
Con el poder que lo inmovilizaba, no pudo evitar el fuetazo que le dio la azabache. Su brazo temblaba.
"¡BASTA! Tienes lo que querías, tienes poder sobre mí… YA BASTA"
"Solo ve el espectáculo"
— ¡ESTE ES POR EL GOLPE QUE ME DISTE! — Segundo fuetazo. — ¡ESTE POR POCO HOMBRE! — Tercer fuetazo. — ¡ESTE POR PATÉTICO! ¡Y ESTE POR…-!
Seth había llegado y le había disparado una flecha en el estómago, haciéndola tomar control nuevamente de su cuerpo… Le había dado en el estómago… Cerca del vientre. Se llevó las manos al vientre… Ya no sentía vida. Lo había perdido… ¡Lo había perdido…!
No podía con semejante dolor… No podía, primero Atem, Isis… Los demás… Pero su hijo, su niño… Ya no podía… Simplemente se dejó manipular y ya… Todo estaba acabado para ella.
—… Vaya, Seth… Vaya que estupidez cometiste…— Susurró la joven. — Mataste…— Llevó su mano a la flecha. — Al futuro faraón de Egipto…— Arrancó el arma con fuerza, haciendo que sangrara más.
Deshizo el hechizo inmovilizador del faraón, haciéndolo caer al suelo, su rostro estaba manchado de sangre por los maltratos de la joven. Le vio sorprendido, al parecer se había dado cuenta.
—… ¿Estabas…?
— Sí. Estaba embarazada, y sí, aun así, me acosté con otro hombre, aun así, dejé que tus salvajaes me golpeara, aun así, deje que TÚ me golpearas, aun así… Deje que Seth matara al bastardo que esperaba, porque era lo único que me seguía atando a ti… Pero ya no hay nada… Todos me desprecian… No tengo NADA… Que hacer aquí… Infelices. — Susurró antes de desaparecer con su poder.
Apareció en la nada del desierto. Cayó al suelo, recuperando su cuerpo. Comenzó a llorar mientras se abrazaba el vientre, le dolía, había comenzado a sangrar debido a la pérdida. Quería morirse…
¿Y si ella misma se quitaba la vida?
"Si lo haces, el Sello de Orichalcos seguirá en esta vida"
Esmeralda le escuchó. ¿Entonces…?
"Si la misma persona que amas te asesina… El sello desaparecerá para siempre"
—… No puede ser…— Sollozó.
"Ahora te quitaré esos asquerosos sentimientos para que sigas trabajando para mí. Expande este poder por todo el mundo, por diferentes épocas… ¡POR TODOS LOS LUGARES!"
Un destello la cegó y la hizo desmayarse.
. . .
Despertó y vio que era de día. Estaba completamente curada, ¿sería por el Leviatán? Miró el reino de Egipto en un aire ausente.
Una vez más, no sentía nada.
Pero eso no cambiaba el hecho de que era esclava de la bestia. Ella buscaría una forma de ser libre.
Comenzó a aprender por su cuenta aún más magia, con tal de dominarla a su antojo. Por los extranjeros, se había enterado que un tipo llamado Bakura había desafiado a Atem. Hubo una gran guerra, de la cual este último salió victorioso. Él moriría, ella lo sabía, pero la maldición seguía allí. Ella y Atem se volverían a ver, de alguna forma. Lo harían…
Viajó al pasado para influenciar el poder del sello de Orichalcos cuando hizo una piedra preciosa con la forma del sello. Luego, con el mismo material, lanzó una piedrita a un reino para que alguien la encontrara, que resultó ser un tal príncipe Dartz.
Ahora le tocaba viajar al futuro, donde volvería a ver al joven que amó, pero que ahora no sentía nada más que resentimiento por él, pero sufría… No quería sentir eso por él.
Caminó por las calles nuevas, se había enterado de toda la historia del mundo a medida de su viaje. Consiguió ropa de acuerdo a la época, así que pasaba desapercibida. Estuvo sumida en sus pensamientos hasta que chocó con alguien e hizo que cayera al suelo.
— ¡Lo siento mucho! — Escuchó una voz femenina.
Fijó sus ojos en la joven. Sus cabellos castaños y cortos, de ojos azules. Esa muchachita… No tenía casi nada de oscuridad en su corazón… Casi nada. Y supo enseguida… Que ella conocía Atem…
Lo sabía.
-P-r-e-s-e-n-t-e-.-.-.-
— ¡Atem!
El chico de ojos ahora carmesí, abrió los ojos y se reincorporó. ¿Qué había pasado?
— Nos asustaste, amigo.
Miró a Yugi sin entender.
—… Huh…
— Te encontramos a ti, a Anzu y… a Esmeralda. Estaban desmayados en plena calle. ¿Qué pasó?
—… ¿Anzu se encuentra bien?
— Sí, despertó hace poco… Estuvieron inconscientes por cuatro días. — El faraón miró al pequeño con sorpresa.
—… ¿Y Esmeralda?
— Ella se fue. A decir verdad, los tres se despertaron casi al mismo tiempo. Primero Esmeralda, que se fue, luego Anzu, que se fue a lavar la cara, y ahora tú. ¿Ahora me dirás que pasó? — Le miró con reproche.
—… No lo recuerdo.
Continuará…
¡HOLA! Espero que les haya gustado este capítulo
Rossana's Mind cambio y fuera!
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