Lalalalala estuve mucho tiempo fuera de la ciudad pero siempre revisaba fanfiction por si las dudas e.e Ojalá que me hayan echado de menos! Okno u_u
Jajaja vayamos al capítulo!
Estuve descansando y viendo un nuevo anime. ¿Conocen Fullmetal Alchemist? Es genial, recién me di cuenta de ello cuando leí el manga XD muajaja
Por cierto, había mencionado que iba a hacer un one-shot de Yu Gi Oh, obviamente de Revshipping! lml Pero estuve tanto tiempo pensando que no era suficiente... Que lo transformaré en un fan fic XD Aun no lo comienzo pero llorarán como magdalenas! Estoy segura XD Nah, mentira! Jejeje
Vayamos al capítulo!
Capítulo 6: El nuevo alumno.
La joven de ojos rojos miraba el cielo en un semblante amargo. Sin que ella lo pudiese evitar, había vuelto a recordar su vida completa, su oscuridad y su sufrimiento, el sacrificio que ahora para ella no significaba nada. Culpaba al faraón de ello. Si la hubiese dejado marchar a tiempo, ella hubiera sido feliz y nunca hubiera creado el Sello de Orichalcos, ni tampoco al Leviatán que ahora la controlaba, ni tampoco hubiera perdido al niño que llevaba en el vientre. Esmeralda inhaló y exhaló lentamente, controlando su ira.
—… ¿Qué demonios quieres? — Habló en voz alta, sabiendo que había alguien a sus espaldas.
Atem la miraba con el ceño fruncido, ¿ni siquiera podía verlo a la cara? ¿Era enserio?
— ¿Qué fue eso? ¿Qué hiciste en ese momento que quedamos inconscientes?
Esas preguntas tomaron por sorpresa a la pelinegra, pero siguió sin mostrar su rostro. ¿Acaso él y Anzu…?
—… ¿No lo viste?
— ¿Ver qué? — Para la de ojos carmesí fue suficiente respuesta. Él no había visto nada.
—… Nada, olvídalo.
— ¿Por qué? ¿Por qué siempre tiene que ser un secreto o una mentira cuando se trata de ti?
— "Es mi manera de protegerlos, aunque te odie" — Pensó, pero ella le ignoró por completo.
— ¿Seguirás dándome la espalda…-?— La agarró del hombro para voltearla.
Olvidó por completo lo que le iba a reclamar, pues al ver el rostro de Esmeralda, se quedó sin palabras. La joven lloraba, las lágrimas caían sin descanso, y lo que más le sorprendía de ello, además de su cara más pálida de lo usual, era su expresión vacía.
Lloraba… Pero parecía una muñeca. Algo sin sentimientos.
Sin darse cuenta, con ambas manos que tenía posadas en los hombros de ella, la atrajo un poco más hacia él, para estar más cerca de esos ojos como la sangre. Ella le siguió mirando, sin apartarse.
—… Eres un imbécil, miserable, patético, débil… Cobarde. — Susurró frunciendo el ceño.
—… Esmeralda…-
— Me das asco, me repugnas, el solo estar cerca de ti me dan ganas de vomitar, maldito infeliz. — Lo empujó con fuerza mirándole con ira contenida. — Basura. — Sus ojos brillaron en advertencia y las lágrimas desaparecieron.
Internamente se estaba asustando, su poder estaba saliendo a flote y le estaba haciendo perder el control. El leviatán…
"Ya basta"
"Lo siento, preciosa. Tú lo quisiste"
Una espada se materializó en su mano derecha, ella mentalmente estaba paralizada, no podía creerlo. Esa maldita bestia deseaba que todos la odiaran y no confiaran en ella. Apuntó al faraón en una expresión nula. Atem le miró sorprendido, hace unos momentos parecía tan… No lograba describirlo.
—… ¿Qué pasa, faraón? — Avanzó a él en un semblante seductor, pero su voz dejaba mucho que desear. El tricolor de ojos rojos tragó saliva. — Anda, cobarde. Poco hombre… Vamos, tiembla y llora. Suplica por tu vida. — Se rió tras colocar el filo en su cuello, paralizándolo. — Lo único que no lamento de conocerte es este poder que obtuve y así puedo despedazarte.
No, no era así. Ella no quería eso… Ella quería morir para así deshacerse del sello… ¡Eso quería!
— Me causa gracia, que sigo haciéndote temblar, ya sea amándome u odiándome. Eres patético. — El tricolor soltó un gruñido, mirándola con furia contenida. — Vamos, pelea. ¿Tienes las agallas? — Apartó el arma, para luego materializar otra en su otra mano. — ¿Qué dices?
Atem la miró en un profundo silencio. Seguía preguntándose cómo demonios pudo amarla en el pasado. Solo sentía dolor cuando trataba de recordarla, ella le había hecho mucho daño… No merecía ni siquiera la compasión de él. En respuesta, apartó el arma que le ofrecía y avanzó hacia ella. La pelinegra dejó de sonreír, pero no se dejó asustar.
—… Si tan solo… No hubieras entrado en mi vida… Todo sería muy distinto. — Pronunció con un deje de odio en su voz.
—… ¿Hubiera sido menos divertido? — Sonrió una vez más.
Eso ya no lo toleró. No soportaría más sus burlas, como las hizo en el pasado. ¡No más! Del rompecabezas del milenio, se desprendió una energía que se introdujo en el cuerpo de la antigua reina de Egipto, haciendo que soltara un alarido de dolor y se dejara caer de rodillas al suelo, gimiendo de dolor.
— Dime, ¿es divertida la humillación? — Preguntó con cinismo mirándola.
Esmeralda no podía esperar aquello, simplemente se vio incapaz de verlo. Definitivamente había apagado la luz en el corazón del faraón. Sollozó por el dolor interno, no quería otro mal recuerdo…
— ¡Esmeralda…!
Alzó forzosamente la vista para ver a los otros amigos de Atem correr hacia la situación. Quien más se acercó fue Anzu. ¡No! Ella era la única que confiaba en ella… ¡No podía salir herida!
Con un poco de esfuerzo, logró empujarla con magia para apartarla y hacerla caer al suelo. La castaña le miró con sorpresa.
— ¡No vengas…!— Logró articular con la voz quebrada. ¿Qué poder del rompecabezas había usado Atem? ¡El dolor era insoportable!
Anzu no podía creerlo, primero se había despertado tratando de despejarse, luego habló con los muchachos para saber dónde estaban Atem y Esmeralda… ¿Y ahora esto? Atem se había atrevido a hacerle un gran a daño a Esmeralda… ¡Él no sabía nada! Se volvió a colocar de pie, para el horror de la pelinegra.
— ¡Tonta! ¡¿Qué haces…?!
Los demás estaban horrorizados. Nunca creyeron que el faraón sería capaz de hacerle daño a una persona… De esa manera. La castaña corrió hacia los antiguos reyes y se detuvo en frente del faraón.
Una sonora bofetada resonó por la habitación. Esmeralda miró la escena sorprendida, definitivamente eso no podía creerlo. ¡Anzu había golpeado a Atem!
Por otro lado, el dolor que sentía la mano de Anzu por la fuerza acumulada por la cachetada, no era nada comparado con el ardor de su pecho. Respiraba agitada, por lo molesta que se sentía. Tratando de mantener las lágrimas en sus ojos, siguió mirando al chico, que había quedado bastante sorprendido por el hecho. Bueno, su relación siempre fue cordial y normal, como dos simples adolescentes. Y el cambio había sido tan drástico…
Atem estaba que no cabía de la impresión. Gracias al golpe, ¡y qué golpe!, había reaccionado. ¿Qué había estado haciendo? A pesar del rencor, no tenía por qué herir a una mujer, siempre estuvo en contra de sus principios… Se horrorizó ante la verdad que hasta ahora quiso ocultar y negar.
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La oscuridad en su corazón no se había ido. Había aumentado. Se estaba convirtiendo en un monstruo como ella.
—… Piensa antes de actuar. — Volvió a la realidad cuando Anzu habló. — Es lo que siempre tenías como principio. ¿Siquiera sabes…-?— La joven estaba a punto de llorar.
— Cállate, Anzu. — La calló rápidamente la pelinegra, un poco aterrada. Al parecer… Anzu si había visto su pasado, COMPLETO. El tricolor no podía enterarse, de lo contrario… Anzu sería muy infeliz.
— ¡No! — Comenzó a llorar cuando miró de reojo a Esmeralda y luego a él. —… ¿Siquiera sabes? ¿Estás consciente de su sufrimiento? ¿Sabes de su vida? ¡¿Sabes cuánto dio por ti?!
Estaba siendo una masoquista, lo sabía, pero debía tener claro… Que… ¡Ra, ellos eran tal para cual! Eso era algo que el Destino no podía cambiar. Por más que sufriese en silencio… ¡Esmeralda merecía mil veces más ser feliz que ella!
— ¡Anzu, ya basta! — Se colocó débilmente de pie.
Atem no lograba comprender, ¿acaso había algo que él no sabía de Esmeralda? Se supone que fueron marido y mujer… ¿Qué había ocultado ella en el pasado? Apretó los puños, sintiéndose impotente, le dolía demasiado ver cómo Anzu le miraba. De esa forma tan… Decepcionada. Cerró los ojos bruscamente al ver como antes de hacerlo, la ojiazul había levantado su mano para golpearlo nuevamente. Sin embargo, el choque de su mano con su mejilla nunca llegó. Abrió los ojos y se sorprendió de que Esmeralda hubiera agarrado la muñeca de Anzu para frenarla.
Ambos estaban sumamente sorprendidos. Anzu lo estaba por el simple hecho de que Esmeralda tuviera tanta fuerza, pues le estaba haciendo daño. Incluso podía sentir su energía oscura rodearla, tanto a la antigua reina como a ella misma. Los ojos de Esmeralda estaban incendiados de ira. ¿Sería porque no quería que golpeara al chico? ¿O por otra cosa? En cuanto a Atem, no le cabía en la cabeza el hecho de que su antigua mujer lo hubiese protegido de esa forma, estaba seguro de que él se merecía la cachetada que estaba a punto de darle por segunda vez la ojiazul, sin embargo la pelinegra la frenó.
— Dije… ¡YA BASTA! — Gritó soltando con brusquedad el brazo de la chica que tenía en frente. —… ¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué me defiendes? ¿Por qué me quieres salvar?
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— "¿Huh?" — Un recuerdo llegó a su mente.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
La siguió y la vio detenerse abruptamente en los jardines. Por alguna razón, ella debía saber que estaba detrás de ella.
—… ¿Por qué lo haces? — Le escuchó la voz ahogada por el cansancio. —… ¿Por qué haces esto? Salvarme… Hablarme… Bailar conmigo… Apenas me conoces… Y…— Pausó y apretó los puños. —… Soy un peligro para todos aquí. No entiendo por qué quieres que me quede, tampoco por qué eres tan amable conmigo, podría matarte si yo quisiera… ¿Por qué? — Se giró a verlo con angustia en sus ojos.
Le dolió esa expresión en su rostro, no le gustaba verla así. Aunque… No lograba entender qué tenía Esmeralda como para volverlo tan fuera de sí.
—… No lo sé, yo… Tan solo… Quería mostrarte… Lo que era un mundo tan diferente al tuyo… Al que estabas acostumbrada… Pero sufrías… Por tu mirada, no es difícil de averiguar… Y yo solo quería ver… De más cerca... — Se acercó lentamente hacia ella, mientras esta retrocedía. Estaba perdiendo el control. — Quería ver… Esa bella mirada que tienes…— Quedó frente a ella. —… Esa bella mirada de mujer.
Sin contenerse más, poso ambas manos en las mejillas de la joven de ojos rojos y junto sus labios con los de ella.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
No podía creerlo, una oleada de emociones que estuvieron tanto tiempo dormidas en él despertaron. Cariño, compasión, dolor, pasión, amor… Un momento…
¡¿Amor?!
¡¿Seguía amando a Esmeralda?!
Miró a la aludida que estaba advirtiéndole con la mirada a su querida joven de ojos azules.
— Esmeralda…-— Trató de hablar la castaña.
— Cállate. — Le cortó. — Tengo suficiente. — Inhaló lentamente y exhaló, pero de manera ahogada. El dolor que le causó Atem hace unos minutos le había afectado bastante. —… Esto no es de tu incumbencia… Ni la de ustedes. — Miró a Yugi, Jonouchi y a Honda. Finalmente se giró para mirarlo a él. El corazón del faraón palpitó aceleradamente al ver esos ojos posados en los suyos, una vez más. — De ti no puedo decir nada, después de todo estuviste encerrado en el rompecabezas por mi culpa. — Se tambaleó un poco. Agarró su espada y la desapareció con sus manos.
Una vez hecho, se marchó del lugar en el que estaba. Al parecer una tienda de juegos. Apenas se alejó a un par de metros de allí, se dejó caer de rodillas al suelo. Comenzó a toser sangre, no le sorprendía. Se limpió el líquido rojo y quiso ponerse de pie, pero cuando estuvo a punto de caer, una mano la ayudo a incorporarse. Miró con sorpresa a Anzu.
—… ¿Qué quieres? — Hizo una mueca. — ¿No te quedó claro…-?
— Tú confías en mí, como yo confío en ti. — La miró con tristeza. — Sino… No me hubieras mostrado tu pasado. — Sus ojos se llenaron de lágrimas. — Estás tratando de protegerme a tu manera… Y no lo puedo consentir porque quiero ayudarte. — Esmeralda apartó sus ojos de ella. — Yo… No volveré a intervenir entre Atem y tú… Nunca más.
Esmeralda volvió a mirarla con sorpresa y el ceño fruncido.
—… ¡Pero lo amas! — La agarró de los hombros, sacudiéndola. — ¡Lo amas! Tienes la luz que él necesita para volver a amar, tienes el don de curar su alma… No como yo, que solo destrocé su corazón y lo dejé caer en un mar profundo de dolor y sufrimiento. — Anzu comenzó a llorar.
— ¡No puedo! — Negó rápidamente con la cabeza. —… No puedo…— Repitió sollozando. — Porque ustedes… Están unidos… Más allá del tiempo… Y yo no puedo intervenir en ello… Solo seré un estorbo.
La pelinegra la soltó con brusquedad y se acarició la cien. Tenía que haber una forma de…
—… Mañana.
— ¿Huh? — La miró.
— Quiero que nos veamos mañanas, después de clases. — La miró con tristeza. — De verdad tienes el don de leer el alma de las personas…— Sonrió débilmente. —… Te acepto como mi compañera de misión, pero si haces algo arriesgado, puedes pagarlo con tu vida… Perdí a Isis, a Mana, Mahado… A todos. — Apretó los puños. — No soportaría perder otro aliado. — Anzu sonrió.
—… ¿Querrás decir "amigo"?
—… Lo que digas. — Caminó para seguir su camino, dejando a una ojiazul con una triste sonrisa.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— Vamos, acompáñame a la escuela. — insistió el menor. Atem se acarició la cien.
—… No, Yugi… No lo haré…
— Es tu oportunidad te disculparte con Anzu. — Le miró con una mueca. — Lo que hiciste no estuvo bien…-
— ¡No puedo evitarlo! — Le interrumpió mirándolo con desesperación. — El odio y rabia que siendo por Esmeralda es inmenso, tanto que llega a aterrarme… Nunca creí que sería capaz de hacerle tal daño. — Se miró ambas manos. — Pero lo fui… Fui capaz…
Yugi apretó los labios. Estaba tenso, ninguno quedó con una buena experiencia después de lo sucedido con el Sello de Orichalcos, cada uno quedó marcado en esa guerra. Atem por perderlo a él, que era como su hermano. Jonouchi por perder a Mai, Honda y Anzu ver como poco a poco cada uno se iba desvaneciendo como si fueran las partículas que se lleva el viento… En cuanto a él mismo… Cuando se sacrificó por el faraón, nunca creyó haber estado en tanta oscuridad, estaba aterrado… Pero se mostró fuerte, aun así… Fue una horrible experiencia.
—… Vendrás conmigo, quieras o no. — Suspiró.
. . .
Anzu estaba caminando en un semblante pensativo. Quería ayudar a Esmeralda, pero de algún modo sentía que podía perjudicar a Atem. Negó rápidamente con la cabeza. No, estaba muy molesta con él, ¿cómo pudo ser capaz de hacerle daño a ella? No, no lo iba a perdonar tan fácilmente, pero más que pedirle perdón a ella, debía…
Estuvo tan distraída que no se dio cuenta que había chocado con alguien y ambos cayeron al suelo. Anzu maldijo por lo bajo, últimamente chocaba con todos…
— Disculpa, ¿te encuentras bien?
Ella alzó la vista y se encontró con un adolescente de su edad. Tenía el cabello negro y los ojos azules, como los de ella. Traía el uniforme del instituto, pero nunca antes lo había visto…
—… Sí, gracias…— Murmuró levemente cuando este le extendió su mano con una sonrisa. Esta aceptó y se puso de pie. — ¿Eres nuevo?
— ¿Se nota mucho? — Se rió. — La verdad es que quería pasar desapercibido, pero al parecer eres observadora.
—… No es eso, nunca te había visto por los pasillos. Es decir… No te ofendas, pero hay pocos con ese color de ojos.
— Como los tuyos. — Volvió a reírse. — Nosotros somos especiales. — La miró detenidamente. La castaña se rió.
— No lo creo. Para nada. — Se encogió de hombros. — ¿Cómo te llamas?
—… Soy Zafiro.
—… ¿Eh? — Inclinó levemente la cabeza. — ¿Zafiro? — Él asintió con una sonrisa. — He oído de personas con esos nombres, usualmente son mujeres, por eso…— Rió, algo apenada.
— ¿Me ves como una chica? — Bromeó. — ¿Acaso estoy usando falda?
— No, para nada. — Se rió. — Todo está bien. Yo soy Mazaki Anzu.
—… Huh… Mazaki…— Se rascó la nuca.
— Llámame por mi nombre, tranquilo. — Le interrumpió al verlo ponerse un poco nervioso. — ¿Qué sucede?
—… Anzu… Huh… Pues…— Balbuceó. — Yo soy muy torpe en las calles. Recién llegué a esta ciudad y… No he podido movilizarme… Por lo cual… No sé dónde está la escuela… ¿Me acompañas?
La castaña sonrió asintiendo, despejarse y socializar con alguien más no le haría mal…
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—… Umm… ¿Atem? — El tricolor se giró a ver a su descendiente. — ¿Por qué no vas a buscar a Anzu a su casa? Así podrás hablar con ella a solas. — Señaló un camino. — Si sigues derecho un buen rato, lograrás localizarla yendo a la escuela.
—…— Hizo una mueca. — Huh, no lo sé…— Calló abruptamente cuando el pequeño salió corriendo para dejarlo solo. —… Genial. — Bufó mientras iba sin remedio hacia allá.
Mientras caminaba, tenía su vista fija en el suelo. ¿Cómo haría para verle la cara? ¿Y si ella lo ignoraba? Se detuvo rápidamente cuando vio algo afilado, una espada, apuntándole peligrosamente en el pecho. Alzó la vista y vio a Esmeralda con una sonrisa burlona.
— Mira por donde caminas, cabeza hueca. Pudiste haber muerto.
Toda la ira que sintió el día anterior se había ido. Después de que había recordado algo de ella, lo había dejado un poco descolocado de lugar. Ahora que la veía, se sentía un poco nervioso. Se le veía cansada…
—… Lo de ayer…
— ¿Qué? ¿La pelea? — Alzó una ceja.
— ¿Te encuentras bien?... ¿Por lo que te hice…?
Esmeralda lentamente bajó la espada, demostrando su sorpresa además de su propia expresión, desapareció el arma. ¿Por qué de repente la trataba así? ¿Había bebido veneno? Se acercó a él hasta pellizcar su mejilla con fuerza.
— ¡¿Po-Por qué haces eso?! — Se apartó bruscamente, tratando de no ruborizarse.
— ¡Cállate! ¿Qué demonios te pasa? Hasta ayer me odiabas… ¿Estás drogado? — Alzó una ceja con cierta irritación. — ¿Acaso…-?
— Estuve…— Le interrumpió. — Pensando. En muchas cosas… Y lo que hice no fue correcto. — Apretó los labios. —… Y… Bueno, yo… No confío en ti, porque no te recuerdo… Sin embargo… Algo me dice que… Debes tener justificaciones para hacer… Lo que hiciste. — Suspiró y la miró en un semblante serio. — Lo siento.
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Como siempre, recordó, que nadie, además de él y sus amigos, claro, habían usado ese tipo de palabras con ella. Su vida siempre estuvo llena de insultos y palabras crueles. Pero, como se repetía mentalmente, solo él y los pocos que lograron ganarse su confianza, usaron esas palabras con ella. Tal vez, no había destruido del todo el corazón de su marido. La sorpresa se dejó ver en sus facciones cuando pensó en ello, pues sintió algo extraño en el pecho. Apretó los puños, incapaz de hablar, ¿por qué no podía? Ella siempre tenía bajo control una situación tensa, pero ahora se veía incapaz… No podía quitarse la mirada del faraón sobre la suya. Ambos ojos del mismo color se perdieron en los del otro.
Reaccionó cuando se sintió observada. Apartó sus ojos de él para voltearse, pero no había nadie… Esa sensación, esa mirada, llena de malicia y hambre… Le era muy familiar. Ella ya había combatido con esos ojos… Pero… ¿Con quién…?
—… ¿Qué pasa…?
Se giró enseguida volviendo a su asunto. Volvió a calmarse e hizo una mueca.
—… No te entiendo. — Contestó en un tono suave, el cual le gustó al faraón. Su tono tosco y cruel no le venía, prefería el inocente.
— Pues… No lo sé… Ya no eres la misma, Esmeralda… Tú eras una persona muy diferente a la que eras ahora.
—…— Tragó duramente saliva. —… ¿Cómo sabes eso?... Creí que no habías visto nada…
—… Creo que lo que vi, está procesando lentamente en mi mente. — Concluyó.
—… No lo creo, solo estás recordando lo que tuvimos tú y yo, es imposible que…-
— Creo que si vi lo que dejaste mostrar. — Le interrumpió. — Porque también pude sentir tus emociones y pensamientos en esos recuerdos.
Esmeralda apretó los puños. No podía permitir que él recordara, de lo contrario… Él volvería a enamorarse de ella. Y eso no lo podía permitir. Necesitaba cambiar el tema. ¡Y rápido!
—… ¿Qué haces aquí?
— Pues…— Apretó los puños. ¿Se molestaría si quisiera hablar con Anzu? No recordaba si su antigua esposa era celosa. ¿Lo sería? —… Yo…— Esmeralda posó una mano en su pecho, callándolo.
—… Vienes por Anzu. — El faraón abrió la boca, demostrando su sorpresa. — Leí tu mente. — Dijo simple tras apartar su mano y caminar en la dirección contraria que él.
—… ¿No estás molesta? — La miró extrañado siguiéndola. La pelinegra se detuvo para devolverle el gesto.
— ¿Por qué habría de estarlo? Estaría celosa porque Anzu es bonita, eso es un punto. — Sonrió con burla. — Pero tú no vales la pena, querido.
Atem hizo una mueca. La chica siempre lo dejaba ver como un idiota… Y por más que quisiera frenarla, no era capaz. Le causaba dolor y a la vez melancolía. Se sentía un torpe en frente de ella. Siempre lograba humillarlo y se reía de él. Si hubiera sido otra persona, no lo hubiera permitido. Sin embargo, Esmeralda era esa persona especial. Y no lo podía evitar, su corazón latía aceleradamente con solo verla. La joven era hermosa, era algo que nadie jamás iría a negar. Lo único intrigante era su personalidad. Había algo que no estaba del todo resuelto en su mente. Había recordado a una Esmeralda herida, tímida, y él estaba confundido, y la había besado…
—… ¿Adónde vas?
— A caminar. — Se detuvo nuevamente para mirarlo. — Después de clases, me robaré a tu princesita, necesito hablar con ella.
— ¿Hablas de Anzu? — Esmeralda se rió.
— ¿De qué otra princesita hablaré? ¿De tus amigos? — Se burló y siguió caminando, alejándose de él.
El chico de ojos rojos no pudo evitar devolverle la sonrisa, era la primera vez que oía a reír a la joven de cabellos negros de esa forma tan sincera. Cuando notó que se estaba alejando demasiado, corrió hasta comenzar a caminar a su lado. Esmeralda lo miró con la pregunta dibujada en su rostro.
— Te acompañaré hasta que tenga que ir con los chicos. — Habló apartando sus ojos de ella, sintiendo sus mejillas arder. — Además… Yo también tengo que hablar con Anzu.
— ¿Por qué?
—… Es algo personal. — Se mordió el labio.
Esmeralda se encogió de hombros y siguió caminando a su lado como si nada hasta que llegaron al parque. Estaba deshabitado. La chica sonrió. El tiempo perfecto. Con magia, materializó dos espadas, la suya propia, y la otra con diseños del ojo de Horus. Le extendió la última arma al faraón. Este aceptó el objeto con duda en su rostro.
— Es hora de entrenar.
—… ¿Entrenar?
— Así es. Puedo ser mucho más poderosa que tú, pero no permitiré que seas un jornalero holgazán en la pelea. — Le apuntó con la espada. — Veamos si logras recordar alguna habilidad que conseguiste al pelear con Bakura. — Sonrió con malicia.
—… ¿Bakura…? ¡¿De qué hablas…-?!
Calló abruptamente y se hizo un lado, sintiendo un corte profundo en su mejilla. Soltó un leve quejido y la miró con sorpresa. Sus ojos resplandecían en advertencia.
— No esto jugando, Atem. Tú tampoco deberías hacerlo, tómatelo enserio. Lo único que no puedo hacer con mi magia, es retroceder el tiempo y resucitar a los muertos. — El faraón frunció el ceño. — "Eso solo lo sabe hacer ese bastardo." — Pensó, recordando a la persona que había cambiado el tiempo para que ella le hiciera esa maldición al chico que tenía en frente.
—… No estaba preparado.
— Nunca vaciles, quien te ataque, debes estar listo. Todos los sentidos alerta, olor, vista, tacto, ¡todo! — Se acercó ágilmente a él, quien retrocedió torpemente y bloqueó su espada con la suya propia con debilidad. — ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡Lucha conmigo!
— ¡No puedo hacerlo! — La empujó, haciéndola retroceder. — No soy capaz de herirte de nuevo. ¡No puedo! — Apretó con fuerza la espada.
—… Tampoco puedo hacerte enfadar, provocarás más problemas. — Atem le miró con confusión. — Escucha. — Se acercó nuevamente, sorprendiéndolo, pero esta vez Atem le dio un codazo en el estómago. Ella sonrió. — Eso es, tienes que estar alerta. — Se acarició el sector golpeado. El chico hizo una leve mueca, sintiéndose culpable. — No importa quién sea, debes atacar. — Se tornó seria. — En cualquier momento, yo podía llegar a traicionarte. Repentinamente podré matarte, ¿te quedarás ahí como idiota?
—… Puedo hacerlo con otra persona, pero contigo… Soy incapaz.
—…— Se la estaba poniendo difícil. ¿Qué hizo que él estuviera tan tranquilo? —… Dime, si para salvar a Anzu, tienes que matarme a mí. ¿Lo harías?
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—… ¿Qué?
— ¡Sigues siendo un imbécil! — Gritó atravesando su estómago con la espada. El chico soltó un jadeo de sorpresa y cayó al suelo, escupiendo sangre. Esmeralda soltó el arma y se llevó la mano a la cabeza. — ¿Por qué no lo entiendes? — Su voz se quebró, pero no quiso llorar, mantuvo sus fríos ojos posados en el charco de sangre que comenzaba a formarse. Se arrodilló para posar su mano en la herida. El faraón gimió entrecortadamente al sentir una descarga recorrer sus entrañas. Mantuvo unos segundos los ojos cerrados hasta que los abrió, sorprendiéndose de que la lesión había desaparecido. Miró a Esmeralda con desconcierto. — ¿No entiendes que muchas personas dependen de ti? Un reino lo hizo. Los salvaste, ¿qué más quieres?... Hay veces que una persona merece morir, pero no una población entera que es inocente.
El corazón del chico se aceleró al sentir su vista nublarse.
"Se vio a sí mismo, como faraón, en el suelo. Una joven de cabellos negros y piel clara corrió hacia él y lo levantó. Era Esmeralda… ¿Qué…?
— ¿Cómo pudiste…?— Sollozó colocándose de pie y encaraba al extraño. — ¡¿CÓMO PUDISTE?!
Gritos desgarradores comenzaron a oírse por el salón, mientras el Sello de Orichalcos se formaba a sus pies y comenzó a expandirse por todo el lugar, llegando a destruir el palacio. La pelinegra miró a su alrededor asustada, una mujer calló al suelo. Se parecía a Ishizu…
— ¡¿Isis…?!
— Los mataste… A todos. Pronto yo también moriré si no detienes tu poder. Detenlo.
Atem tragó saliva… ¿De dónde era todo eso? Esmeralda se abrazó a su misma con una expresión de completo pánico y horror.
. . .
Se vio en una especie de mazmorra… Vio a Esmeralda encadenada y con la ropa despedazada, su espalda estaba marcada en sangre… ¿Qué estaba pasando? La vio tratando de ponerse de pie y cubrirse, pero el hombre que había visto anteriormente no se lo permitió, colocándose encima de ella.
— ¡SUÉLTAME! ¡AYÚDENME…!— Gritó con todas sus fuerzas. Ese grito de fiera herida resonó en la mente del faraón, podía sentir su desesperación, su dolor, su miedo.
El hombre abofeteó su rostro con fuerza. Esmeralda comenzó a forcejear mientras trataba de ignorar el dolor de su mejilla.
— ¡CÁLLATE!
El sujeto posó su mano contra su vientre, luego unas fuertes descargas en el sector la hicieron retorcerse de dolor. El corazón del faraón se detuvo, en ese momento… Ella estaba…-
¡¿Por qué no podía moverse y ayudarla?!
— Por favor… Por favor, por favor…— Sollozó. — Deja al niño…
— Esto te pasa por mujerzuela, como tu madre. — Le escuchó murmurar mientras desgarraba el resto de sus ropas.
¿Su madre?
Aquello fue peor que una tortura, el maldito miserable seguía destruyendo sus entrañas en su cuerpo mientras abusaba de ella.
Era enfermizo… Ese hombre estaba enfermo…"
. . .
— ¡Hey…!
— ¡ESMERALDA…!
La joven de ojos rojos calló abruptamente. Luego de que este había quedado en un estado de shock, trató de hacerlo reaccionar, pero apenas tocó su brazo, este la apartó enseguida y la envolvió en sus brazos con fuerza, tanto así que llegó a dolerle. No podía comprender por qué actuaba de esa manera…
—… Atem, suéltame. — Pidió con la voz suave.
— ¡No…!
— ¡Suéltame! — Ordenó.
— ¡NO!
— ¡YA BASTA! — Trató de apartarse y con esfuerzo lo logró, pero apenas se libró, volvió a ser atrapada en sus brazos. —… Atem, te juro que si no me sueltas, no tendré intenciones de curarte cuando volvamos a entrenar. — Le amenazó.
—…
Soltó un sonoro suspiro. Se dejó estar, aunque estaba molesta. Estuvieron varios minutos así, hasta que sintió que el agarre se hacía más ligero, pero aun no lograba librarse…
—… Suéltame. — Le pidió.
— Abrázame. — Le contestó de vuelta.
—… ¡¿Estás lo…?!
— ¡Podrás humillarme todo lo que quieras después! Pero ahora… Abrázame, por favor.
Esas visiones… Esas sensaciones… Los gritos de esa mujer, de la chica que había hecho su esposa, que había traído una vida en el vientre, siendo maltratada por ese hombre… Estaba temblando, nunca había sentido sensaciones tan horribles en su vida, ¿acaso eso era a lo que Anzu se refería…? ¿A cuánto sacrificó por él…? Pero… ¿Qué cosa? La maldición… Aun había cabos sueltos…
Apoyó su frente en su hombro cuando la sintió corresponderle el abrazo.
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Yugi estaba inquieto, Anzu había llegado con otro chico a la escuela, y ni siquiera parecía haber hablado con el faraón. ¿Adónde había ido? El chico era agradable, incluso estuvo con ellos todo el día… Pero seguía intrigado, ¿qué razón habría para no disculparse con Anzu?
— ¿Yugi?
— ¿Huh? — Miró a su amiga.
— ¿Te ocurre algo malo?
—… No nada… Es solo que… Me preguntaba que estará haciendo Atem en estos momentos. — Sonrió forzosamente.
La mirada de la ojiazul oscureció, con tristeza. Zafiro lo notó y se acercó a ambos.
— ¿Quién es ese Atem? — Preguntó con una sonrisa. — ¿Es tu hermano?
—… Huh… Pues… Sí. — Mintió.
— Se parecen mucho. — Se rió. — Yo y Anzu lo vimos con una chica muy bonita cerca de su casa.
—… ¿Una chica? — Oh no. Ahora todo estaba claro. — ¿Bonita? Dime, ¿tenía el cabello negro?
— Sí. ¿Es su novia?
— Ah, no…
— Lo es. — Contestó la castaña, para el gran desconcierto de Yugi. — Es la novia de Atem. — Miró con una sonrisa al chico de ojos azules. — Es por eso que no tienes derecho a robársela. — Bromeó. Este hizo un puchero, hasta que sonrió.
— Al menos te tengo a ti.
El timbre de receso sonó junto con un gran estruendo. Todos se miraron confundidos, hasta que alguien gritó.
— ¡Una pelea! ¡Hay una gran pelea en las calles!
Yugi, Anzu, Jonouchi, Honda y Zafiro se miraron entre los cinco, sin entender. Salieron corriendo del colegio para encontrarse sorpresivamente con dos personas que estaban peleando de muerte…
Eran Atem y Esmeralda.
Anzu no lo podía creer, hace unas hora los había visto tan calmados… ¿Ahora qué? El faraón tenía cortes en su rostro y uno profundo en su hombro. Mientras que Esmeralda tenía una profunda herida en el costado. ¡¿Se pensaban matar?! Los dos tenían espadas, peleando fervientemente, mirándose con severidad cada uno.
— ¡HEY! — Se acercó.
Atem la escuchó y se giró a verlo, un gran descuido cuando tenía como oponente a Esmeralda. Esta al notar su distracción, dio un gran saltó y estrelló su pie contra el rostro del chico, haciéndolo caer al suelo.
— ¡No te distraigas!
La castaña corrió hacia el faraón y se arrodilló a su lado.
— ¡Atem! ¿Te encuentras bien? ¡Estás sangrando!
—… Anzu…— Murmuró sorprendido. — ¿Qué…?
— ¡Deja de distraerte! — De su bota, sacó un cuchilló y se lo lanzó, logrando hacer un corte en su hombro.
— ¡Anzu está aquí, no quiero que salga herida! — Replicó. Esmeralda le miró unos segundos hasta que notó que habían formado un espectáculo en frente de una escuela. Miró al público con una mirada asesina.
— ¡¿Qué diantres miran?! ¡LARGO DE AQUÍ SI NO QUIEREN TERMINAR PEOR QUE ÉL! — Gritó a todo pulmón señalando al faraón herido.
Todos los estudiantes salieron corriendo despavoridos por cualquier dirección. Solo estaban los amigos de Atem y… Alguien más. Dejó de fruncir el ceño al verlo.
—… ¿Tú eres…? No recuerdo que fueras parte del círculo amistoso de Atem.
Atem le siguió la vista para mirar al pelinegro de ojos azules como su castaña. Frunció el ceño. ¿Quién era y él y que hacía con sus amigos?
— Es nuestro nuevo amigo, Esmeralda. — Habló la castaña. — Su nombre es Zafiro. Es un gran chico.
Esmeralda sonrió y estrechó su mano con la de él, ambos sonrieron.
—… Zafiro, ¿eh?
—… Esmeralda, ¿eh? — Bromeó.
— Me gusta tu sentido del humor. — Sonrió maliciosamente. — Un placer.
Jonouchi miró la escena confundido.
—… ¿Desde cuándo es tan educada? — Le susurró a Honda.
— Quizá porque no es Atem. — Comentó el castaño.
Atem les escuchó y les lanzó una mirada asesina a ambos, pero no dio tanto miedo como el otro cuchillo que pasó ante las narices tanto del rubio como la del castaño. Miraron a Esmeralda sonreírles con burla.
— No sean malcriados, chicos. A menos de que quieran terminar en pedazos.
—… ¡Lo sentimos! — Gritaron al unísono. Yugi suspiró, ese par nunca iba a cambiar…
Esmeralda posó una mano en su costado y la herida sanó, para sorpresa de todos. Caminó hacia Anzu y Atem. Se arrodilló y curó las heridas del tricolor. Miró a Anzu y le sonrió.
— Estaba castigándolo porque se atrevió a hacer algo que nadie se atrevió a hacer en siglos. Y estábamos entrenando, si salimos heridos, podemos curarnos con mi magia. No te preocupes.
Anzu suspiró aliviada, notó que tenía posada su mano sobre la del faraón y la apartó enseguida. Atem apartó la vista, nervioso. Esmeralda sonrió. Esos dos…
—… ¿Cómo conocieron a Zafiro? — Preguntó colocándose de pie.
— Anzu vino con él a la escuela. — Contestó Jonouchi, con todas las intenciones de ver la reacción del faraón.
La expresión de Atem fue algo divertido para Esmeralda. El chico había fruncido el ceño y miró con cierta sorpresa a la castaña. Esta apretó los labios, sin saber qué decir. No tenía nada de malo echar leña al fuego, y al parecer, Zafiro tenía los mismos planes.
— Quién sabe, encuentros del destino. — Bromeó el ojiazul.
— Amor a primera vista. — Le siguió la chica de ojos carmesí.
Atem se colocó de pie para encarar al chico, no le gustó para nada la broma. El ojiazul le sonrió sin más.
— No te enfades, viejo. Era solo una broma. — Extendió su mano para presentarse. — Ya sabes quién soy, y tú sabes quién soy yo. Un placer.
Atem le correspondió el apretón de manos, pero la rivalidad entre ambos era notoria. La seriedad en los ojos rojos del faraón, resplandecían en advertencia. Mientras que los orbes azules del otro destilaban cierta burla y astucia.
— "Esto no es bueno" — Pensó Yugi.
— "Esto ni siquiera es un triángulo amoroso, parece un cuadrado" — Pensó Jonouchi.
— "Zafiro parece estar interesado en Anzu, Anzu está enamorada de Atem, Atem quiere a Anzu pero parece que aun siente algo por Esmeralda, y Esmeralda… Es muy amable con Zafiro…"— Pensó Honda.
— "Espero que no haya ningún malentendido en esto…"— Pensó Anzu.
— "Así que un rival… Es divertido el amor a primera vista" — Pensó Zafiro divertido.
— "¿Qué se trae este tipo?" — Pensó Atem con una expresión molesta.
— "Se trae algo divertido, eso es seguro". — Pensó Esmeralda con una sonrisa burlesca apreciando la escena.
Continuará…
Esmeralda y Anzu van empatadas! D: Muajajá
Lo siento u_u Sé que desaparecí por siglos, pero estuve descansando y traté de dejar la escritura, pues se me había acabado la inspiración, me demoraré mucho pues actualizaré antiguos fics que abandoné. Espero que comprendan, porque no quiero antorchas ni trinches en mi compañía XD Si me matan se perderán el final de todas mis historias e_e
Una vez más les pregunto, ¿qué pareja les gusta más? ¿EsmeraldaXAtem? O ¿AnzuXAtem? Muajaja!
Fighting!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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