Hola, chicos, cuanto tiempo! La verdad, es que he tratado de actualizar historias lo antes posible, algunas que hace tiempo que no tocaba, como estas, no puedo creer que ya son muchos meses sin tocarlas, pero ya saben, para los que escriben, les baja la depresión y les quita las ganas de escribir temporalmente, luego uno aparece renovado
Si no he actualizado, es porque no deseo escribir un capítulo a la fuerza, sería jodidamente aburrido tanto para mí como para ustedes porque escribiría estupideces
Bueno, eso quería decirles, no perdamos más tiempos y vayamos al capítulo!
ADVERTENCIA: CAPÍTULO MÁS CORTO DE TODO EL FIC!
Capítulo 8: Una Oportunidad.
De un ágil movimiento, lo logró. La espada de Esmeralda había salido disparada al lado contrario de su posición. Tanto ella como Atem estaban sorprendidos. Había hecho un gran trabajo en poco tiempo. El entrenamiento había dado frutos. Sin embargo, la pelinegra frunció el ceño y cargó su mano de energía para propinarle un golpe en el pecho, haciéndolo retroceder.
— Ugh. — Tosió sangre y la miró. — ¿A qué vino eso?
— Lo haces muy bien. — Sonrió con arrogancia. — Dominaste la espada muy bien, sin embargo tienes que utilizar también los poderes del rompecabezas, así como yo uso los del Sello.
—… No es necesario ahora.
— ¡Claro que sí! — Le regaño mientras se cruzaba de brazos. — Puedo matarte.
— Pero no lo haces.
— Atem, ya basta. Me tienes harta que seas suave conmigo solo porque fui una vez tu esposa. — Negó con la cabeza. — No tienes que restringirte. Además, si me haces daño, sabes que podré recuperarme.
—… Pero…
— Te estoy dando todos mis puntos débiles. — Miró sus ojos tan rojos como los de ella. — En algún momento, no podré controlar al Leviatán. No podré hacerlo más. Y cuando llegue ese momento, él volverá a controlarme y es probable de que te mate. — Suspiró. — Y también puede que mate a Anzu y a los otros. — Atem hizo una mueca. — En resumen, si no logras derrotarme, el Leviatán devorará todas las almas de los seres vivos que hay en el mundo, ¿entiendes? — Resopló, molesta. — No, te, restrinjas. Es lo único que te pido. ¿Por qué antes no lo hacías? ¡Creí que tenías un gran rencor contra mí! — Le espetó molesta.
—… No fue tu culpa. — La joven notó la tristeza en los ojos del faraón.
—…— Se rindió. No pudo evitarlo. Él había visto su pasado en la perspectiva de ELLA. —… Lo viste.
—… Sí.
—…— Frunció el ceño mientras alzaba la mano. La espada volvió a su palma. — Sigamos entrenando.
— Esmeralda…-
— No quiero hablar de eso.
Él iba a replicar, pero se tuvo que defender del golpe que la joven le había lanzado. Atem frunció el ceño. Cuando la pelinegra alzó la espada para atacarlo, él no se movió, Esmeralda no se sorprendió, y no tenía intenciones de frenar su ataque.
Aunque grande fue su sorpresa cuando el ataque se detuvo por la mano del joven de ojos rojos.
Sujetaba el filo con su mano, que comenzaba a sangrar con abundancia. Presionó con más fuerza y más gotas de sangre mancharon el suelo. Esmeralda lo miraba impactada. No esperaba que lo detuviera de esa forma.
—… ¿Qué haces…?— Susurró. Atem, que mantuvo una mirada dura hacia ella, suavizó su expresión para mirarla con súplica.
—… Perdóname, Esmeralda.
—… No hay nada que perdonar. — Contestó con cansancio. Hizo desaparecer su espada cuando notó que había comenzado a llover. Tomó la mano del faraón entre la suya y susurró un conjuro para curarle la mano. Mientas lo hacía, lo miró a los ojos. — No tengo que perdonarte nada. Lo único que hiciste fue lo correcto, o lo que tú creías correcto. Y lo que me pasó, no fue tu culpa. Así que deja de atormentarte por algo que ni siquiera en asunto tuyo.
—…— Cuando vio que su mano estaba intacta, aprovechó para estrechar la mano de su mujer entre la suya. Esmeralda frunció el ceño al leer su mente. — "Entonces…"
— Ni se te ocurra. — Vociferó molesta. — No lastimarás a Anzu.
—…— Suspiró. — Ella siente algo por mí, lo sé…
— Y tú también sientes algo por ella.
—… También lo sé…— Admitió. — Pero estoy confundido.
— Lo sé, puedo leerlo. — Bufó.
—… Pero estoy en deuda contigo, violaste las reglas de la vida, retrocediste en el tiempo para salvarme, a cambio de sufrir un suplicio. — La joven suavizó su mirada para mirarlo con melancolía. — Estoy en deuda contigo, te lo debo, y… Yo aún…-
— Aún me amas… Pero también sientes lo mismo por Anzu. — Sonrió.
—… Y-Yo…— Suspiró. Estaba tan confundido. Esmeralda fue su mujer, la primera mujer que había amado, su inocencia y sufrimiento le habían causado una ternura y un deseo de protegerla como jamás creyó. Y Anzu era todo lo referente a la luz, era su sol, sabía decir las palabras correctas en cada situación, era honesta, comprensiva, amorosa. Estar con ella le producía un calor en el pecho que le provocaba una gran tranquilidad. Pero tenía una deuda y un camino que recorrer por Esmeralda, porque los problemas aún no se iban. —… Esmeralda, yo…
— Bien. Acepto tu propuesta. — Sonrió mientras soltaba la mano del faraón. Ambos estaban empapados por la lluvia, aunque ninguno lo notaba. — Dejaré que estés a mi lado nuevamente, pero solo porque tenemos una misión que cumplir, cuando acabe, o te des cuenta de tus verdaderos sentimientos, tendrás que decírmelo. Serás honesto contigo, conmigo y con Anzu. Tienes que serlo, o sino provocarás una tragedia. Puedes desatar oscuridad en el corazón de Anzu, en el tuyo, o liberar El Leviatán.
—… Pero yo…
— Anzu es como esas criaturas que solo ves una vez. Por alguna razón, no encuentro odio en su alma. Es verdad, tiene un pequeño grado de oscuridad, pero se debe al sufrimiento, nada más. No hay malicia ni rencor en su corazón. Así que, por favor…— Apretó los puños. — No le hagas daño.
— No lo haré.
— Tampoco te lastimes tú. — Sonrió nuevamente. — Indirectamente, la lastimarás de todas formas.
— ¿Qué hay de ti?
— Vendí mis sentimientos para salvarte, a menos de que sienta un shock y un ataque muy grande, yo no desataré al Leviatán. Así que, ni se te ocurra pegarme un susto de muerte. — Se rió con pesadez. Él asintió.
—… Sigues muy sensata.
— Lo sé.
.
.
.
Anzu miraba tristemente la escena. Esmeralda y Atem estaban entrenando desde la mañana en el parque. La castaña había salido a trotar para distraerse un poco, pero los descubrió allí y se quedó mirándolos. Ya no usaban las espadas, ni siquiera sabía qué demonios estaban diciendo. El idioma lo desconocía y cada palabra extraña al parecer servía como conjuro. Comenzaron a pelear de esa forma, lanzándose maldiciones o conjuros para lastimarse o protegerse. Se sentó en la banca sin dejar de mirarlos.
Vio su reloj y eran las dos de la tarde. Alzó la vista para verlos dejar de pelear. Esmeralda la miró y le sonrió. Atem también la miró y se acercó a ella para sentarse a su lado.
— Hola, Anzu.
— Hola. — Le sonrió. — ¿Entrenando?
— Como todas las mañanas. — Suspiró, cansado. Anzu tenía una botella con agua para ella, pero prefirió ofrecérsela. De todos modos, no había corrido tanto como para cansarse. Atem le sonrió. — Gracias, Anzu.
La ojiazul solo se encogió de hombros y miró a Esmeralda sentada en el suelo con las manos juntas en una posición extraña. Sus ojos estaban firmemente cerrados mientras un aura verdosa le rodeaba. Se preguntaba si tenía que ver con dominar al Leviatán.
—… ¿Has hablado con Esmeralda?
— Sí. Quedamos en un… Trato. — La castaña le miró, confundida. — Anzu… También hay algo que debo decirte.
—… ¿Y eso es?
—… Yo… Sé que… Estoy consciente de tus sentimientos por mí. — La ojiazul palideció. ¿Tan notorio era?
—… Y-Yo…— Atem posó una mano en su hombro y le sonrió, tranquilizándola.
—… Tranquila, Anzu. — Se sonrojó un poco mientras miraba el suelo. —… Yo… Yo también siento algo por ti. — La ojiazul le miró perpleja. A juzgar por su mirada, no le creía del todo. El tricolor suspiró. — Estoy confundido, Anzu. Yo, olvidé por siglos la existencia de Esmeralda. Cuando volví a despertar y te conocí, fuiste la luz en mi vida, no solo Yugi lograba equilibrar la oscuridad de mi corazón. Tú también influías mucho en eso. Siempre me comprendiste y apoyaste cuando lo necesité, no me abandonaste aun cuando permití que se llevaran el alma de Yugi… Permaneciste a mi lado… Y es algo de lo que estaré agradecido toda la vida. — Tomó la mano de la castaña, quien le miró con cierta angustia. — Eres hermosa, Anzu. Eres valiente, eres honesta, y también muy testaruda. — Sonrió. — Siempre insististe en ayudarme a pesar del peligro. — Dejó de sonreír. —… Pero…
— Tus sentimientos por Esmeralda siguen intactos.
— No sé si están completamente intactos, pero están latentes en mí. — Se sinceró. — Y le tengo aprecio, fue la primera mujer que amé en mi vida. Pero tú…— Terminó por suspirar. — Estoy confundido.
Anzu no sabía cómo reaccionar. El joven que amaba le estaba diciendo que técnicamente sus sentimientos estaban siendo medianamente correspondidos. Se sentía un poco reconfortada, pero a la vez insatisfecha.
Porque el amor que le tenía a Esmeralda seguía allí.
Era doloroso que él mismo lo haya admitido.
—… ¿Comprendes?
—… Sí. — Sonrió débilmente. — Pero admito que me duele un poco…— Se rio con nerviosismo. Necesitaba largarse de allí o se echaría a llorar en frente de él.
— Anzu…-
— Agradezco tu honestidad, Atem. — El joven se estremeció. Aún no se acostumbraba a que sus amigos le llamaran así. Solo con Esmeralda se sentía natural. — La aprecio. Porque así podré estar con los pies en la tierra. No me ilusionaré más ni tampoco me deprimiré más de lo necesario. — Le sonrió con más honestidad. — Aún tengo una oportunidad, ¿verdad?
El faraón se sonrojó de golpe.
¡¿Qué clase de pregunta era esa?!
La castaña se rio suavemente para darle la espalda e irse de allí, dejando al chico en shock.
Esmeralda abrió los ojos y sintió una profunda tristeza en su corazón.
Podía sentir las emociones de Anzu.
Estaban llenas de angustia y tristeza.
Pero por otro lado no pudo evitar sentirse feliz.
Porque Anzu lo estaba logrando.
Estaba logrando ganarse el corazón de Atem.
Y no sabía cuánto se lo agradecía.
.
.
.
Zafiro cayó al suelo, sintiendo un ardor en la garganta.
Se levantó con esfuerzo y sus ojos del color como su nombre, estaban llenos de lágrimas de desesperación.
— ¡¿CÓMO PUEDES SER TAN DÉBIL?!
El joven no dijo nada.
No quería hacerlo.
— ¡SE SUPONE QUE DEBISTE HABER ELIMINADO A ESA MUJER DESDE UN PRINCIPIO!
—…
No pudo hacerlo. Ver a esos tres juntos…
Atem.
Anzu.
Esmeralda.
Esos tres…
Le causaban una sensación que…-
— ¡ERES REALMENTE UN INÚTIL! — Sintió otro zarpazo en su cuello.
Trató de incorporarse nuevamente, pero sintió como una serpiente rodeaba su cuerpo. Tembló.
—… N-No… ¡No, por favor…!— Sollozó.
— ¡ENTONCES OBEDÉCEME EN TODO! ¡Elimina a esa chiquilla! ¡Destruye LA LUZ!
Se retorció de dolor cuando la serpiente clavó sus dientes en su cuello.
— ¡YA BASTA!
— ¡Entonces…! ¡Dime cuál es tu misión!
—… Y-Yo…— Jadeó.
—… ¿Y bien?
—… M-Mi deber…
— ¡¿CUÁL ES TU DEBER?!
—… Mi deber es…— Respiró profundo. — Destruir la luz de los reyes. — Musitó, refiriéndose a Esmeralda y a Atem.
—… ¿Y quién es la luz?
—… La luz de los reyes…— Tosió sangre. — Es esa chica.
— ¿Y por lo tanto…?
Zafiro cerró los ojos con fuerza.
Él no quería hacer esto.
—… Mi deber… Es eliminar a Mazaki Anzu… Porque es la luz de los reyes.
Continuará…
Lamento que el capítulo sea tan corto, pero este fue hecho solo para esto: Dejar en claro que había una gran confusión en el corazón de Atem.
Al menos él fue honesto con Anzu y con Esmeralda.
Porque sería horrible hacerlo a espaldas de la otra.
Como pueden ver, Esmeralda shipea a Anzu y a Atem XD
Y deben hacerse una idea del por qué.
Porque Anzu es la luz de ambos.
Para Esmeralda, ella es la clave para la salvación de ambos.
Pero, ¿qué pasará ahora que se reveló que Zafiro tiene que deshacerse de Anzu?
Lo veremos en el próximo capítulo!
Rossana's Mind
