Fighting for the Malfoys

-Luchando por los Malfoys-

Secuela de Summer of the Dragon

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL


Capítulo 1: La Cita Caliente

Draco Malfoy miraba en blanco por la ventana de su oficina, completamente ciego a las calles del callejón Diagon bajo ésta. Tenía dificultades para concentrarse hoy. No solo por el hecho de que era Domingo y estaba trabajando, de nuevo, sino, porque hoy era un día muy especial y no podía dejar de pensar en lo que sucedería en solo un par de horas.

-¿Estás pensando en tu cita caliente de esta noche, veggdad? – Draco levantó la mirada para ver a Sophie Prior, antes Labelle, sentada en la silla del otro lado de su escritorio y sonriéndole ampliamente. Él no se había dado cuenta de que había entrado.

Draco le devolvió la sonrisa - ¿Cómo lo adivinaste?

-Oh, pogg nada en paggticulagg. Es solo que tuviste esa miggada de cachoggito enamoggado todo el día. Phillip dice que estás hecho un flojo.

-¡No dije eso! – espetó Phillip Prior, su esposo enorme y duro como una roca, entrando en la oficina – Eres tú la que dijo que él estaba completamente desenfocado durante nuestra reunión estratégica en la mañana.

-Peggo lo dije con una songgisa en mi ggostggo. ¿Lo ves? – dijo ella, señalando el modo en que no dejaba de sonreír - ¡Feliz!

Phillip rió – Tienes suerte de ser adorable, porque eres una jefa terrible.

Sophie rodó sus ojos – De cualquiegg modo, Dggaco, Phillip queggía que yo viniegga a pediggte que comiences a concentggaggte. Tenemos todas las ggeuniones con los inveggsogges justo después de las vacaciones, y no hay tiempo que peggdegg, ni siquiegga por un día. Pogg un muy especial día…

-¡Sophie!

-Bueno, ¡lo siento! ¡No puedo evitagg segg una ggomántica empedeggnida!

-Saben, no es necesario que pasemos por todo ese proceso de reuniones. Ya les dije que estoy más que dispuesto a darles el dinero para…

-¡No! – los recién casados le gritaron al unísono.

Draco rió – Muy bien. Lo entiendo. Quieren hacerlo "de la manera correcta".

-No es solo eso, Draco – dijo Phillip – Esta es una compañía que se especializa en ayudar a los hijos de muggles a mantener el contacto con el mundo exterior.

-No me digas… - se burló el rubio.

Phillip lo ignoró – Seguimos trabajando en revitalizar el nombre Thinx después de que Zandicus casi lo destruyera. No creemos que aceptar dinero, que esencialmente le pertenece a tu padre, sea bueno para su imagen.

Draco asintió solemnemente – También comprendo eso.

Aunque todavía le molestaba un poco, Draco entendía el punto de Phillip y Sophie. Su padre había hecho un ligero desastre el verano anterior cuando se volvió loco y trató de matar a la bruja hija de muggles más famosa en el mundo mágico, Hermione Granger. Por suerte, había recobrado su lucidez desde entonces – o gran parte de ella – pero aún así el daño estaba hecho. Todo el trabajo que Draco había hecho para mejorar el nombre de los Malfoy ahora no significaba nada, y tendría que comenzar desde el principio nuevamente.

Por eso había aceptado su posición en Thinx, una compañía en la que ni en un millón de años se habría imaginado a sí mismo trabajando. No solo porque estaba orientada a los hijos de muggles, un detalle menor al que él más o menos se había acostumbrado, sino porque los dueños eran Phillip y Sophie y, por lo tanto, sus jefes.

Justo unos cuantos meses antes habían sido colegas trabajando para el Sr. Ollivander, pero ahora él tenía que responder ante ellos. Aunque Sophie no era tan mala, dado que se pasaba la mayoría de su día laboral metida en la oficina de él conversando sobre trivialidades, Phillip se tomaba todo en serio. Esta compañía era más suya que de Sophie – dado que él había sido muy cercano con el anterior dueño, el viejo Zanzar Thinx – y estaba determinado a recuperar su anterior gloria.

-No pretendía ofenderte – dijo Phillip, bajando sus ojos llenos de culpa hacia el suelo.

-No me ofendiste, Pip – dijo Draco, usando a propósito el apodo que Phillip odiaba – Mi padre es un maldito idiota. Soy el primero en admitirlo.

-¿Has hablado con él o con tu madgge en los últimos días? – preguntó Sophie, moviéndose hacia su lado del escritorio y posando una mano confortante sobre el hombro de él.

Draco negó con su cabeza – No desde el mes pasado.

-¿Les enviaggás una lechuza… después de lo que pase esta noche?

-Solo si la noche termina bien – le guiñó un ojo.

Sophie sonrió – lo haggá.

-Eso espero… - dijo Draco, mirando nuevamente por la ventana.

-¡Draco, concéntrate!

-¡Lo siento! – dijo él, regresando a la realidad.

-Todo lo que necesito es que termines ese reporte sobre el sistema de correo electrónico Muggle antes que acabe el día. Si lo terminas temprano, eres libre de marcharte y prepararte para tu "cita caliente".

-¡Yey! – Sophie aplaudió con felicidad antes de arrojarse a los fuertes brazos de su esposo.

Phillip aprovechó su oportunidad para arrastrarla hacia la puerta. Tan pronto como consiguió sacarla de la oficina, le gritó a Draco - ¡Y no te preocupes! ¡Todo saldrá bien!

-¡BUENA SUEGGTE! – le gritó Sophie mientras Phillip cerraba la puerta.

Bueno, dejando de lado todo lo demás, al menos las palabras de Phillip eran positivas. Con la posibilidad de salir temprano del trabajo, rápidamente se puso a trabajar en el reporte que debía haber comenzado dos horas atrás. Había estado tonteando con el correo electrónico Muggle desde hace un par de semanas y había mejorado mucho su manejo. Aunque tenía que admitir que era algo muy útil, y mucho más rápido que mandar una lechuza, seguía negándose a creer que era mejor. Nada superaría jamás el recibir una carta escrita a mano. Especialmente cuando era firmada con esos hermosos "xoxo" que se había acostumbrado a amar.

Draco finalmente terminó su reporte con media hora de anticipación y se apresuró a entregárselo a Phillip. Su compañera de trabajo, Caroline, ya estaba parada en el pasillo fuera de su oficina. Ella sonrió cuando lo vio salir corriendo – Sophie me mandó a controlarte, ¿terminaste todo?

-Sí – dijo él, con la voz acelerada.

-Yo se lo llevaré, entonces – dijo ella, tendiendo su mano – Tienes una "cita caliente" a la que debes llegar.

Draco rió y se lo entregó – Gracias Caroline. Dile a Sophie y Phillip que les mandaré una lechuza después.

-¡MANDAME UN MENSAJE DE TEXTO! - escuchó que Sophie le gritó desde su oficina - ¡Es mucho más ggápido!

-¡La velocidad no es lo que importa, Soph! – gritó Phillip desde su oficina, justo frente a la de ella - ¡Necesita mejorar en eso!

-¡Seh, seh, seh! ¡LOS TEXTOS SON MÁS GGÁPIDOS!

Draco y Caroline intercambiaron una mirada divertida antes de separarse en direcciones opuestas. Draco regresó a su oficina a juntar sus cosas. Estaba a punto de desaparecerse de allí cuando algo golpeteó su ventana. Una enorme y blanca lechuza estaba aleteando afuera. Él gimió, sabiendo exactamente de quién era la lechuza y qué significaba.

Contra su buen juicio abrió la ventana y dejó entrar la lechuza, leyendo rápidamente la pequeña nota atada a su pata. Era justo lo que sospechaba.

Después de prácticamente empujar la lechuza fuera de la ventana y cerrarla con fuerza, Draco se puso la capa y salió de su oficina hacia las escaleras, encaminándose hacia la chimenea más cercana. Ahora tenía un nuevo destino, lo que requería una forma de transporte diferente.

Mientras bajaba las escaleras, Draco pasó junto a una bruja que trabajaba en el segundo piso, pero siempre se aseguraba de llegar al piso de Thinx para usar el baño. Ella le sonrió brillantemente mientras pasaba junto a él. Incluso aunque todos supieran que él ya no estaba en el mercado, Draco todavía tenía una reputación, y las brujas fáciles querían que la recuperara. Nadie había tenido éxito todavía. Por primera vez en su vida, Draco Malfoy era completamente fiel. Algo que incluso lograba sorprenderlo a él. Y, lo que era más increíble, era que él estaba feliz con ello.

Draco ni siquiera hizo el intento de devolverle la sonrisa. Nunca lo hacía. Honestamente, no podía esperar a que se terminaran todas las reuniones con inversionistas para que Thinx Corporation pudiera finalmente mudarse a un edificio más grande. Preferiblemente uno en donde no tuvieran que compartir el espacio con empresarios inadecuados, como el que empleaba a brujas como esa. Ella le había dicho quien era una vez, tratando de atraerlo a una conversación, pero él no estaba escuchándola. Todo lo que sabía era que si su trabajo era importante, le habría prestado atención.

Finalmente llegando a la chimenea del primer piso del edificio, Draco arrojó algo de polvos flú y entró a las llamas verdes – Mansión Greengrass – dijo antes de ser absorbido por las llamas, para llegar después a un elegante recibidor decorado con colores verde esmeralda y plateado. Se encaminó directamente hacia la puerta frente a él.

-¡Querido, llegas temprano! – una bruja de pelo oscuro con rostro sorprendido se levantó del sofá en el que había estado sentada y corrió a sus brazos. Draco le dio un beso en la mejilla, mirando de reojo al viejo mago al que ella tanto se le parecía, quien les sonreía desde su sillón.

-Lo siento, querida. Me dejaron salir temprano del trabajo, así que me pensé que podríamos comenzar nuestro paseo más temprano.

-¡Absolutamente! Solo dame cinco minutos, ¿de acuerdo?

-Apresúrate – le dijo Draco, en un susurro.

La bruja se reclinó y pretendió darle un beso, susurrándole en secreto – Lo siento – antes de salir de la habitación.

Una bruja rubia, similar en apariencia, entró en la habitación tan pronto la otra desapareció – Oh, Draco – dijo ella, viéndolo parado allí - ¿Estás aquí para llevarte a Astoria a otra "cita caliente", verdad? – ella le sonrió.

Draco le devolvió la sonrisa – Sabes que sí. ¿Y dónde está Gregory en esta hermosa tarde?

-Sigue en el trabajo – dijo ella, caminando hacia el sofá y repantigándose en él.

-Por favor, siéntate como corresponde, Daphne. Ninguna hija mía debería repantigarse, especialmente cuando tenemos compañía – regañó el Sr. Greengrass.

-Lo siento, padre – dijo Daphne, enderezándose en su lugar – Estoy segura de que Draco está enormemente ofendido por mi forma de sentarme.

-Terriblemente – Draco le guiñó un ojo.

-No deberías ser tan informal con el señor Malfoy, querida. A pesar de que es una visita asidua, no es parte de nuestra familia… todavía – el Sr. Greengrass miró a Draco y sonrió.

Un estremecimiento recorrió a Draco por toda su columna. Trató de devolver la sonrisa pero salió muy extraña. Daphne notó eso y rió detrás de su mano. Era una de los pocos miembros de su casa que sabía sobre su preciosa Astoria y su relación con el infame Draco Malfoy.

-¡Estoy lista! – exclamó Astoria, corriendo hacia la habitación y hacia Draco. Ahora tenía puesta una capa verde oscura, que parecía estar usando para cubrir un vestido gris muy pequeñito. Draco atrapó un vistazo de él y supo que alguien iba a ser muy feliz esa noche. Astoria le tomó la mano y lo arrastró hacia el vestíbulo - ¡Buenas noches, Daphne! ¡Buenas noches, Padre! ¡No llegaré muy tarde!

-¡Buenas noches, Stori! ¡Diviértete con Draco esta noche! ¡Con nadie más! ¡Solo tú y Draco!

Astoria le disparó una mirada dura. Daphne le sonrió ampliamente, sin disminuir la dicha de su rostro hasta que vio desaparecer a Astoria y Draco.

Ambos usaron la red flú para llegar al Callejón Diagon. Astoria salió primero. Cuando Draco aterrizó, ella comenzó a arrojar disculpa tras disculpa – Draco, ¡lo siento tanto! Probablemente tú tenías planes y yo los estoy arruinando, pero cuando recibí esa lechuza pidiéndome venir aquí esta noche no pude negarme. ¡Lo siento tanto! Gracias por venir tan rápido. ¿Me odias?

-Un poco – dijo él, honestamente.

-Oh – El rostro de Astoria cayó un poco - ¡Lo siento mucho!

Lo cierto era que él y Astoria habían salido brevemente en septiembre, pero todo había terminado antes de que incluso comenzara. Brevemente después, ella había comenzado a salir con alguien más, alguien que ella estaba segura que su padre no aprobaría, por lo que había decidido no mencionar que ella y Draco habían roto. Solo su hermana, Daphne, y su cuñado, Gregory Goyle, sabían la verdad. Y por eso, Draco estaba constantemente obligado a llevar a citas a Astoria, solo para entregársela a alguien más. Normalmente, él jamás haría algo así, pero su verdadera novia había insistido. Ella todavía trataba de volver a buenos términos con el verdadero novio de Astoria.

Astoria y Draco caminaron en silencio por las calles del callejón Diagon. Llegaron al Caldero Chorreante, en donde Astoria inmediatamente encontró una mesa vacía y se sentó a esperar. Draco pensó en dejarla sola, pero cuando notó el modo en que los hombres en el lugar la miraban mientras ella se quitaba la capa, revelando el vestido que tenía abajo – que era incluso más pequeño de lo que había pensado con anterioridad – supo que debía quedarse. Gimiendo, Draco se sentó junto a ella.

-Entonces, ¿qué tenías planeado para la noche? – preguntó Astoria, tratando de entablar una conversación.

-Es nuestro aniversario – dijo Draco, mirando el reloj – Ella cocinaría la cena en nuestro apartamento – cena a la que ahora llegaría tarde.

-Oh, ¡que tierno! – dijo Astoria, sonriéndole - ¿Es una buena cocinera?

Draco se encogió de hombros – No lo sé. Su madre le estuvo enseñando durante los últimos meses algunas cosas. Todavía no me dejó probar nada, más que el desayuno – Astoria intentó decir algo más, pero Draco sostuvo en alto una mano para silenciarla. Luego la miró seriamente y le dijo – Necesito que sepas esto, Astoria. Esta es la última vez que voy a hacer esto por ti. Después de esta noche, no podré seguir pretendiendo que soy tu novio, por lo que te sugiero que cuando llegues a casa esta noche, le digas la verdad a tu padre.

-¿No podrás seguir pretendiendo? – repitió ella - ¿Qué significa eso?

Antes de que tuviera la oportunidad de responder, la entrada trasera del Caldero Chorreante se abrió y un conocido pelirrojo entró. Sus ojos azules escanearon la habitación hasta que aterrizaron en Draco, siempre viéndose visiblemente decepcionado por más que sabía que él estaría allí.

-Tu novio está aquí – dijo Draco, asintiendo en su dirección.

Astoria volteó y sonrió. El pelirrojo le sonrió en respuesta.

-El motivo por el que sales voluntariamente con Weasley es algo que nunca comprenderé.

-Oh, no seas así, Draco – dijo ella, volteando nuevamente y sacándole la lengua – En realidad es muy dulce. Y si no fuese por tú, nosotros jamás nos habríamos conocido, por lo que puedes agradecerte a ti mismo eso.

Draco rodó sus ojos – No tomaré el crédito por eso – se levantó, sabiendo muy bien que Ron no se acercaría hasta que él se hubiese marchado.

-Entonces, sobre este asunto de no poder seguir aparentando… ¿Eso significa que tú estás…

Draco sonrió – supongo que te enterarás mañana.

Eso fue tan bueno como un "sí" para Astoria. Le sonrió ampliamente – Oh, ¡eso es tan emocionante! ¿Te molesta si lo preparo un poco? – preguntó ella, señalando hacia Ron.

-Haz lo que sea que consideres necesario – dijo él, enderezándose para partir – Te veo pronto, Astoria – le guiñó un ojo y rápidamente se desapareció de allí, reapareciendo en su propio salón.

-Bueno, ya era hora, maldita sea. – escuchó que alguien se burlaba con su mejor imitación de la voz de Draco.

Volteó, para encontrar su rostro invadido por un tupido cabello de arbusto, mientras su dueña se arrojaba a sus brazos. Antes de que sus ojos tuvieran siquiera tiempo para enfocarse, ella acunó su rostro en sus suaves manos y lo besó. Él le devolvió el beso con vigor, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y levantándola del suelo.

Cuando la bajó, él se alejó y miró con adoración a los ojos ambarinos de Hermione Granger – Feliz aniversario, mi amor – dijo él, besándola de nuevo.

Era justo ese mismo día, seis meses atrás, cuando los dos habían partido juntos en un viaje de trabajo de verano, recolectando elementos para la construcción de varitas de Ollivander. Y aunque el amor no había surgido de inmediato, ambos coincidían en que deberían celebrar por siempre el día en el que el verano había comenzado. Hermione todavía no lo sabía, pero Draco también tenía intenciones de celebrar su primer "follaniversario" en un par de semanas más. por supuesto, esa sería una celebración completamente diferente. Una donde la cena sería completamente innecesaria.

Cuando dejaron de besarse, Hermione permaneció entre los brazos de Draco pero le dio un pequeño golpe en el pecho - ¿Por qué llegas tarde? Le mandé una lechuza a Sophie para ver si el tirano que tiene por esposo seguía haciéndote trabajar hasta tarde, pero me dijo que en realidad saliste temprano. Más te vale que hayas estado buscándome un regalo o algo. Aunque, claro, si realmente has esperado hasta último momento, posiblemente tendría que matarte.

Draco rió, abrazándola con más fuerza – No será necesario asesinarme. Tu regalo está listo y empaquetado desde hace semanas.

-¿Y por qué llegas tarde?

-Astoria me mandó una lechuza justo cuando estaba por marcharme. Otra escapada secreta con la Comadreja – se burló él – Y dado que la recogí temprano, por supuesto, esperé como el caballero que soy a que él llegara.

-¿Al menos se acercó mientras tú seguías allí, o esperó en la esquina hasta que te marcharas?

-¿Qué crees tú?

Hermione frunció el ceño – Bueno, estoy segura de que será cuestión de tiempo hasta que se ablande. Después de todo, si tú no hubieras roto conmigo, salido con ella, y luego la hubieras llevado a la boda de Harry para conseguir que yo regrese contigo – extraña jugada, por cierto – ellos dos jamás se habrían conocido.

Draco todavía no reconocería el crédito por esa pareja, ni aunque se fuera al infierno Muggle.

-Harry cree que Ron se casará con ella algún día, pero los Weasley… bueno, todavía están en seria negación sobre él saliendo con una Slytherin.

-¿Todavía creen que volverás a ellos? – bromeó él.

Hermione rodó sus ojos – Estoy bastante segura de que ya saben que no lo haré. Y, lo más importante, no creo que me quieran en su familia mucho más que a Astoria. Posiblemente me quieran menos.

Draco sabía que eso era cierto. Él y Hermione habían hecho su primera aparición pública como pareja al final de la boda de Potter y la Comadrejita. A pesar de que no salió todo mal, tampoco salió exactamente bien. Ron tomó el camino fácil – bueno, para él, al menos – y los ignoró, eventualmente desapareciendo hacia las sombras con Astoria. Pero los otros Weasley fueron mucho menos indulgentes.

Charlie fue el único que no hizo nada. Se había encontrado con Draco y Hermione varias veces durante el verano, y sabía que los sentimientos que se tenían eran legítimos. Además, notó que Ron lo había superado, a medias.

Bill trató de echarlos de la boda – bueno, solo a Draco, pero Hermione dijo que si él se tenía que ir, ella también se marcharía – pero su esposa Fleur lo contuvo y lo tranquilizó. Ella también los había visto juntos en la boda de Sophie y Phillip, y sabía que estaban, de hecho, enamorados.

George trató de hechizarlo, por supuesto, pero Phillip – quien estaba jugando a ser guardaespaldas – le quitó su varita antes de que pudiera hacerlo.

Luego estaban el Sr. Y la Sra. Weasley, quienes no dijeron nada pero negaron con la cabeza en apabullante decepción. Eso fue lo que más hirió a Hermione. Draco todavía recordaba el modo en que ella no dejaba de presionar su mano, para evitar romper en llanto.

Ginny – quien también era muy consciente del amor que se tenían, incluso sin entenderlo del todo – regañó a sus padres por ser tan críticos y fue a abrazar a Hermione. sabía que su amiga había sido miserable sin Draco. Harry incluso llevó todo a otro nivel al estrechar la mano de Draco, pero su rostro estaba un tanto rígido al hacerlo. Ninguno de los dos magos disfrutó particularmente eso, pero ambos sabían que era necesario.

-Vamos – dijo Hermione, arrastrándolo hacia la cocina – quiero que veas.

Draco sonrió mientras ella usaba su varita para apagar las luces y encender dos velas encantadas que flotaban por encima de la mesa. Ella la había decorado con un mantel de seda verde y servilletas a juego, con cubiertos, copas y platos dorados.

A Hermione le gustaba combinar el verde con el dorado en todo el apartamento, viéndolo como su propio modo de unificar las casas. Un estilo que ella había nombrado "Gryfferin". Cada vez que ella decía esa palabra, Draco se estremecía de horror.

La cena ya estaba lista. Era algo así como carne roja quemada, vegetales salteados que se veían dorados de más, y algo que él solo podía asumir – y rogar – que fuera puré de patatas.

-Se ve perfecto, Mione – dijo él, abrazándola por la cintura desde atrás y dándole un beso en el cuello.

Ella volteó su rostro y unió sus labios a los suyos. Draco comenzó a pasar sus manos a lo largo del ceñido vestido negro que ella estaba usando. Eventualmente, una de sus manos consiguió deslizarse hacia el muslo de ella, desde donde comenzó a subir poco a poco entre sus piernas, mientras la otra mano atendía sus pechos.

Hermione trató de alejarse, pero él no la dejó mover – Draco… no… la comida se enfriará…

-Podemos calentarla luego – dijo él, desabrochándole el vestido y abriendo el cierre, dejándolo caer al suelo y revelando un sexy conjunto de encaje verde. Él sonrió – Oh, amor, ¿es por mí?

Hermione rodó sus ojos antes de usar su varita para quitarle la ropa a él y empujarlo al suelo. Él le tomó la mano y la atrajo hacia él, rodando ambos hasta quedar él encima de ella. ella rió mientras él le hacía cosquillas en la parte interna de los muslos, antes de quitarle cuidadosamente las bragas.

-Te amo, Hermione – dijo él, como siempre hacía antes de comenzar.

Hermione sonrió – Te amo también – dijo ella, mirándolo a sus cálidos ojos grises.

Siempre feliz de oír esas palabras, Draco se reclinó y la besó, mordiendo su labio inferior mientras comenzaba a mover su cadera contra la de ella.

Hermione gimió feliz sobre sus labios. Era lindo saber que, después de esos meses, no habían perdido ni una pizca de la pasión que los caracterizaba. Todas las veces eran tan increíbles como la primera, sino mucho más.

Draco y Hermione se pasaron gran parte de la noche completamente consumidos el uno por el otro, olvidándose de la comida que los esperaba a solo unos metros de allí.

XXX

Varias horas después, Draco estaba sentado en una silla vestido solo con sus bóxers mientras Hermione estaba en su regazo, todavía desnuda bajo la sábana en la que se había envuelto el cuerpo. Ella le iba convidando pequeños bocados de la comida que había preparado, mientras él pretendía disfrutarla.

No era que Hermione fuera una mala cocinera. Solo era nueva en ello. Después de que Ron y ella hubiesen roto, regresó a vivir con sus padres y su madre finalmente pudo enseñarle todas las cosas que las madres usualmente les enseñan a sus hijas en la juventud, como a cocinar.

Ella se había mudado con Draco solo un mes atrás, pero todavía pasaba muchas tardes en casa con sus padres. Draco la había acompañado un par de veces, principalmente para aprender sobre los muggles y sus costumbres, para su trabajo. Al menos, eso era con lo que Hermione había logrado convencerlo. En realidad ella solo quería que él conociera a sus padres, quien sorprendentemente lo adoraban. El sentimiento no era exactamente mutuo, pero era un comienzo.

-¿Está bien si te doy mi regalo ahora? – preguntó Hermione mientras bajaba el tenedor.

Draco la besó en la mejilla – Claro. Y luego yo te daré el mío – su corazón comenzó a latir al tiempo en que se imaginaba su reacción ante su regalo. Esperaba que ella no se hubiese dado cuenta.

Si lo hizo, no le dijo nada. Hermione usó su varita para mover una cajita bellamente envuelta desde debajo del sofá y la levitó hacia ellos. Se la entregó y sonrió.

Draco mantuvo sus brazos alrededor de ella todo el tiempo mientras desenvolvía el regalo. Odiaba destruir el hermoso trabajo que el perfeccionismo de ella había creado. Hermione trató de esperar con paciencia, pero eventualmente terminó por rendirse y comenzó a desgarrar el papel por él.

Él rió antes de alejarlo de ella – Este es mi regalo, Mione, y lo abriré con toda la calma que quiera.

Hermione rodó sus ojos antes de mover su mano hacia la pierna de él, acariciando la piel desnuda justo debajo de la parte final de sus bóxers – Yo me apresuraría, si fuera tú – dijo ella, guiñándole sugestivamente.

Draco arrojó el papel de envoltorio a un lado y abrió la caja, revelando un conocido reloj de oro de bolsillo. Él lo miró con curiosidad.

-Sigue abriéndolo – dijo ella.

Draco levantó el reloj de la caja y lo abrió. En un lado había ahora una fotografía de él y Hermione besándose en la boda de Sophie y Phillip. Él siempre había amado esa foto. Y, del otro lado, notó que las manillas del reloj se movían por primera vez en meses, pero no había sonido de tic-tac.

-Me llevó algo de tiempo, pero finalmente conseguí un hechizo silenciador permanente – dijo ella, jugueteando con la cadena que caía por sus piernas – Sonó como grillos durante un largo tiempo hasta que conseguí el correcto.

Draco sonrió. Incluso aunque solía ser de su padre, siempre había adorado ese reloj. Solo había dejado de utilizarlo porque el sonido de tic-tac atormentaba a Hermione. Ella le explicó una vez que la primera vez que su padre le arrojó una maldición asesina, la habitación estaba en completo silencio a excepción del sonido del reloj. Desde entonces, Draco se aseguraba de que no hubiesen relojes a su alrededor. Tenía suerte de que esos celulares muggles vinieran con alarmas "electrónicas", porque de otro modo jamás conseguiría llegar a tiempo al trabajo.

-Gracias Mione, me encanta – dijo él, besándola con adoración.

Hermione sonrió – Ahora, ¿dónde está el mío? – preguntó.

Draco rió antes de levantarla, con la sábana y todo, y llevarla hacia el sofá. La dejó allí y le dijo – Cierra los ojos.

Hermione hizo lo que él le indicó. Él salió de la habitación, y ella trató de espiar para ver qué estaba haciendo, pero él le gritó que mantuviera los ojos cerrados. La conocía demasiado.

Lo escuchó regresar a la habitación y arrodillarse frente a ella, pero se obligó a seguir con los ojos cerrados, incluso aunque se moría por saber qué estaba haciendo.

-Bueno, puedes abrirlos ahora.

Hermione lo hizo. Jadeó. Draco ahora estaba en una rodilla frente a ella, sosteniendo una pequeña cajita con un anillo con un enorme diamante y esmeraldas. Luego ella miró a través del anillo, hacia el mago que lo sostenía. Él la miraba, nervioso.

-Hermione Granger, desde el momento en que regresaste a mi vida, fui incapaz de pensar en nadie más. Me haces más feliz de lo que nunca me imaginé poder ser, y sería un idiota si alguna vez hago que te me escapes de las manos.

Los ojos de Hermione comenzaron a nublarse mientras él seguía con el discurso que había preparado con tanto cuidado.

-Entonces, habiendo dicho eso, Hermione, mi Mione, ¿me harías el honor de ser mi esposa?

-¡Sí! – exclamó Hermione sin dudar. No paraba de sollozar ahora, con las manos temblándole mientras Draco sacaba el anillo de la cajita y se lo colocaba en su dedo anular izquierdo.

Tan pronto como estuvo en su sitio, Hermione saltó del sofá hacia sus brazos, besándolo apasionadamente mientras reía y lloraba al mismo tiempo.

-¿Quién te enseñó cómo proponen los muggles? – le preguntó ella, entre respiraciones agitadas.

-Sophie y Phillip – respondió Draco - ¿Hice todo el asunto de la rodilla en el suelo de manera correcta? Al principio me arrodillé con las dos, por accidente.

-Sí, ¡todo fue perfecto! – dijo ella, abrazándolo con fuerza – Excepto…

-¿Excepto qué? – preguntó el, preocupado.

Hermione sonrió – Bueno, en realidad no podremos contarles a nuestros hijos que papi le propuso matrimonio a mami mientras ella estaba desnuda…

Draco se alejó de ella y rió ante el modo en el que Hermione intentaba asegurarse de mantener la sábana alrededor de su cuerpo. Él le quitó la parte que le cubría un hombro y comenzó a besarla gentilmente en la piel recién revelada – Bueno, si no me hubieras seducido al instante en que llegué aquí, podría haber hecho esto antes de la primera ronda de sexo.

-¿Yo, seducirte a ti? ¡Difícilmente! - bufó ella – Podría haber estado usando una bolsa de papas en el cuerpo, y aun así habrías estado listo para hacerlo.

-Estás en lo cierto – dijo él, quitándole la sábana del otro hombro – Soy fácil. Lo admito.

Él movió sus labios hacia arriba por su hombro y hacia su cuello, chupando su dulce y suave piel con un poco más de agresividad. Las manos de Hermione cayeron laxas mientras comenzaba a gemir, y Draco tomó la oportunidad de deslizar la sábana hacia abajo y arrojarla al suelo.

-¿Deberíamos celebrar, entonces? – dijo él, posicionándola en el sofá mientras ella lo tomaba por el cuello y lo atraía junto a ella.

Y sí que lo celebraron. Ambos lo hicieron por toda la noche, ignorando completamente el continuo sonido del celular perdido en alguna parte, entre los montículos de ropa esparcidos por el suelo.


Nota de la Traductora: ¡Primer capítulo a la orden! Y recién salido del horno, asíque ni bien terminé de traducirlo, lo subí. Seguro hay errores, pero no quería demorarme más. prometo que cuando tenga más tiempo me busco a alguien que le de una revisión final, pero por ahora estoy siempre en carrera contra reloj.

¡GRACIAS POR EL APOYO A ESTA NUEVA HISTORIA! Simplemente no puedo creer el número de RR, alertas y favoritos que me fueron llegando al correo cada día durante la semana, y n se imaginan lo feliz que me hicieron! GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! A los que me acompañaron desde Summer of the Dragon, y a quienes se unen recién ahora :)

Espero llegar a subir capítulo antes del miércoles que viene, haré lo posible! :)

Recomendación McFly del día: Down By the Lake

No olviden pasarse por el increiblifabulufantástico fic Cruel y Hermoso Mundo, también de Lena Phoria y traducción de la aún más increiblifabulufantástica Sunset82, aka Sandra. No se arrepentirán! Sorpresa tras sorpresa en cada capítulo!

También, y para quienes no se pasaron por ahí todavía, dense una vuelta por otra de mis traducciones: A Wonderful Caricature of Intimacy, de Countess of Abe. Es muuuuuy linda!

Y por las dudas, si llegaste hasta aquí y no tienes idea de lo que és Summer of the Dragon, estás en problemas. Porque repito, esta es la secuela a ese fic. Así que si no lo leíste, corre a leerlo y después nos vemos por aquí. Solo agrego esto por si hay alguien despistado :P

Nos leemos pronto!

Pekis