Fighting for the Malfoys

-Luchando por los Malfoys-


Capítulo 7 – Avergonzada

Varias semanas después, Draco se encontraba en su oficina, sentado mirando por la ventana. Había estado de ese modo varias veces ya, y Phillip había expresado más de una vez su deseo de quitar la ventana de la oficina. Por suerte, Sophie lo había convencido de no llegar a ese punto.

Habían pasado varias semanas desde el Baile Anual del Ministerio, pero Draco no conseguía sacarse la maldita profecía de la cabeza. Había investigado un poco esas esferas, preguntándose si existía la posibilidad de que Potter hubiera conseguido engañarlo de alguna forma, pero no lo había hecho. Su falta de locura instantánea era un signo fiel de que la profecía era, de hecho, sobre él.

Y había algo más que lo estaba molestado. Dos cosas, en realidad. La primera era Blaise. En el Baile, él había mencionado algo sobre Draco molestando a mucha gente y el modo en el que ellos "no se detendrían". ¿Era solo una coincidencia de que esas fueran las mismas palabras utilizadas en la profecía, o él ya sabía de ella? Y después estaba el señor Greengrass, quien dio a entender la posibilidad de una inminente guerra. Quizás también fue otra coincidencia, o quizás los profesores no fueron tan cuidadosos como pensaban. Si el otro lado había oído de la profecía, no cabían dudas en la mente de Draco. Estaban, de hecho, jodidos.

¡Pop!

-¡YA ESTÁ AQUÍ!

Draco levantó la mirada para ver a Sophie bailoteando alrededor de la oficina con una copia de la revista Corazón de Bruja en sus manos, con el rostro de Draco sonriendo ostentosamente desde la portada. Al menos, así es como él se veía allí. Esperaba que los otros no estuviesen de acuerdo.

¡Pop!

Caroline le arrancó la revista de las manos de Sophie – Oooh, Draco, ¡te ves muy guapo!

¡Pop!

-Sí, sí, ¿pero qué tal salió el artículo? – preguntó Phillip, tomándola de las manos de Caroline y pasando las páginas hasta que encontró el artículo de Draco y su siempre encantadora sonrisa. Lo leyó en silencio, con Caroline y Sophie leyendo por encima de su hombro.

Seth entró a la oficina con calma, obviamente mucho menos interesado en el artículo que los otros tres. Draco ni siquiera se había movido de su silla. Era cierto, había estado emocionado por el artículo cuando le sugirieron hacerlo la primera vez, pero cuando esa Inga Utkin estuvo a solas con él en la oficina de ella, y comenzó a subir su mano por la rodilla de él… bueno, eso cruzó la línea. Él la habría dejado justo entonces si el editor no hubiera entrado y hubiera puesto a Inga en su lugar. Aparentemente, él no era el primer ganador de la Sonrisa más Encantadora con quien ella había intentado ligar.

-Wow. Esa inga Utkin es una escritora bastante buena como para ser una zorra – dijo Caroline, con franqueza.

La boca de Draco cayó abierta y miró acusatoriamente a Sophie, quien intentaba esconder su rostro entre los hombros - ¿Le contaste a ella?

-Bueno, ¡lo siento! ¡Tenía que contaggselo a alguien, ya que me pggohibíste contággselo a Heggmione!

-Es por eso que te lo conté a ti y a Phil. Para que, si sentías la necesidad de cotillear al respecto, pudieras hacerlo con él.

-Dggaco, eso es muy tonto. ¿Pogg qué le contaggía a Phillip sobgge esto, si él ya lo sabe?

Draco arrojó sus manos al aire, derrotado. Obviamente, nada era privado aquí.

-Sabes, dicen que esta mujer es la próxima Rita Skeeter – dijo Caroline – Supongo que el mundo mágico necesita un reemplazo asquerosamente chismoso para ella, desde que desapareció y eso. Alguien necesita alimentarnos con basura.

-¿Estás diciendo que mi artículo es basura? – dijo Draco, finalmente levantándose de su silla y caminando hacia donde Phillip leía el artículo por segunda vez.

-No, no es basura – dijo ella, tomando asiento en la esquina del escritorio - pero es un poco tonto. Muchas cosas de tortolitos enamorados y eso.

Phillip le pasó la copia de Corazón de Bruja – No está mal. Mencionan bastante a Thinx – dijo él, con orgullo – pero hace parecer que la única razón por la que cambiaste fue por haberte enamorado de una hija de muggles. No menciona en ninguna parte todas las cosas buenas que hiciste antes del último verano.

-Eso es poggque fueggon anónimas – guiñó Sophie.

Era cierto. Draco había trabajado duro para mejorar el nombre de los Malfoy, mucho antes de que Hermione regresara a su vida, pero para evitar que la gente se enterara sobre su padre – quien estaba enfermo hasta el punto de la demencia en ese momento – había evitado mencionar su nombre en la mayoría de veces. Por supuesto, la gente importante estaba al tanto de lo que había hecho, como Kingsley Shacklebolt, pero eso no era de mucha ayuda.

-Es un buen artículo, a pesar de todo – dijo Phillip, tratando de sonar positivo – Con suerte, te pondrá bajo un reflector lo suficientemente fuerte como para que la gente deje de juzgarte por tener el apellido Malfoy.

-¿Alguna vez consideraste tomar el nombre de Hermione? – preguntó Caroline con una enorme sonrisa – El Sr. Granger.

Sophie rió pero Draco rodó sus ojos – Ahora suenas justo como mis ex compañeros de casa.

Llamaron a la puerta. Todos voltearon para ver una bonita bruja pelinegra con pecas parada en la puerta – Espero no interrumpir nada.

-Chastity – dijo Phillip, con la boca abierta – Q-q-qué estás…

-¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Sophie por él, mirando a la otra bruja con desdén.

Chastity era la ex esposa de Phillip, quien lo había dejado por nadie más y nadie menos que Zandicus Thinx, el tirano hijo del fallecido Zanzar Thinx, y quien había llevado el negocio y legado de su padre a la ruina. Esos dos se habían comprometido, pero eventualmente rompieron y ella consiguió que la abuela de Zandicus autorizara el paso de la empresa al poder de Phillip y Sophie, como regalo de bodas. Aunque eso difícilmente compensaba todo lo que había hecho.

-Lo siento, sé que debí mandar una lechuza antes, pero algo realmente terrible pasó.

-¿Más terrible que dejar a tu adorado esposo por un idiota tirano? – preguntó Caroline. Ella y Seth intercambiaron una sonrisa.

Chastity ignoró el comentario y entró a la oficina – Me temo que Zara Thinx falleció anoche.

La oficina quedó en silencio. Todos conocían y querían a zara. Ella era la única razón por la que la compañía podía resurgir ahora, y venía frecuentemente a ver cómo marchaba el negocio. Para haber estado bastante pasada de los cien años, se veía muy saludable.

-¿Cómo? – preguntó Phillip después de un largo rato.

-No sé muy bien los detalles – dijo Chastity – Zara todavía me tenía en la lista de contactos en caso de emergencia. Recibí una llamada diciendo que había sufrido una terrible caída y que estaba en situación muy crítica. Para cuando pude llegar a San Mungo, ya había fallecido y no me quisieron decir nada más, dado que no soy familiar directo.

-¿Una caída derrotó a Zara Thinx? – preguntó Seth. Chastity asintió – Bueno, no se ustedes, pero yo opino que esa es pura mierda.

-¿P-perdón? – Chastity lo miró insegura.

-Ya me oíste. No hay modo de que Zara había caído así. ¿Por qué no le preguntas a tu precioso Zandicus qué le pasó? No pasaría por alto la posibilidad de que ese maldito patán hubiese hecho algo al respecto.

-Zandicus y yo terminamos hace tiempo. Sabes eso.

-Lo que sea. Todos sabemos que volverás con él eventualmente. Una vez que te des cuenta de que nadie más te quiere.

-¡Seth! ¡Este no es el momento pagga eso! – espetó Sophie.

Seth la miró disculpándose – Lo siento, Sophie. Si me disculpan. – salió de la oficina, asegurándose de golpear su hombro contra el de Chastity en el camino.

-Lamento eso – dijo Caroline, bajando del escritorio – Siempre actúa un tanto gracioso cuando se trata de alguna muerte. Iré a comprobar cómo se encuentra – ella lo siguió y golpeó el hombro de Chastity dos veces más fuerte que su amigo.

-Es lindo ver que finalmente están siendo más gentiles conmigo de nuevo – dijo Chastity, frotándose el hombro. Miró a Phillip con seriedad y suspiró – Hay algo más que necesito mencionar.

Phillip, Sophie y Draco esperaron expectantes.

-Mientras salía de San Mungo me crucé con Zandicus. Me dejó muy en claro que, ahora que su abuela no estaba en el camino, haría lo que fuese necesario para volver a tener el nombre Thinx en sus manos. Va a alegar que Zara estaba… - pasó saliva y frunció sus ojos – mentalmente inestable durante sus últimos meses de vida. Planea decir que yo me aproveché de ella después de que él rompiera nuestro compromiso y que la engañé para que ella firmara el traspaso de la compañía y nombre a ti.

-¡Peggo fuiste tú la que ggompió el compggomiso! – exclamó Sophie, claramente angustiada.

-Lo sé, pero acabo de volver de la oficina de mi padre. Él es abogado, y me dijo que se trata de un caso común de "él dijo esto", "ella dijo esto otro". No hay prueba de que fuera yo.

-Pero cualquiera que conociera a Zara podría dar fe de que ella se mantuvo completamente estable hasta el final.

-Desafortunadamente, Zara no salía mucho últimamente. Las únicas personas que ella realmente visitaba están paradas en esta habitación – todos se miraron entre sí – Ya pueden ver el problema.

-Bueno… ¡mierda! – Phillip caminó hacia la ventana, se recostó contra ella y miró hacia afuera, claramente inmerso en sus pensamientos.

Draco se acercó a él y le susurró – Apuesto a que te alegras de no haberla sacado de allí…

-¡NO ES EL MOMENTO, DRACO!

-Solo trataba de aligerar el ambiente, colega – dijo Draco, levantando sus manos en derrota.

Se escucharon gritos desde el pasillo. Todos voltearon para ver. Chastity apenas se había movido para echar un vistazo desde la puerta cuando alguien ingresó a la oficina, casi derribándola al suelo.

Una mano la estabilizó – Mil disculpas, querida.

Ella levantó la mirada para encontrarse con los fríos ojos de Zandicus Thinx.

-¿Qué estás haciendo aquí, Zandicus? – preguntó ella, alejándose de su agarre.

-Podría hacerte la misma pregunta, pero ambos ya sabemos la respuesta.

-¡HEY! ¡Dile a tu guardaespaldas que lo suelte! – una Caroline sin varita entró en la oficina y se paró frente a Zandicus.

-Él no es mi "guardaespaldas", es mi abogado. Y el señor Littleton atacó primero.

-¡Solo porque tú eres una detestable desgracia de ser humano quien no tiene derecho ni motivo para estar aquí!

-Veo que sigues igual de encantadora que siempre – bufó Zandicus.

-¿Trajiste un abogado? ¿Para qué? – preguntó Phillip, alejándose de la ventana y caminando hacia el otro mago.

-Esperaba que pudiésemos tener una conversación privada, Sr. Prior. Solo usted y yo.

-¿Y su abogado?

Zandicus sonrió – Naturalmente.

-No le digas nada más, Phillip – dijo Chastity, levantando un brazo para contenerlo. Sophie lanzó dagas con sus ojos al notar como el brazo de ella rozaba levemente el pecho de él – Dame diez minutos para conseguir traer a mi padre.

Zandicus rodó sus ojos – Bueno entonces, apresúrate, querida. No tengo todo el día.

Chastity miró a Phillip y ambos intercambiaron un asentimiento antes de que ella desapareciera.

Tan pronto como se hubiera marchado, Draco fue hacia el pasillo y disparó un hechizo inmovilizador al enorme mago que sostenía a Seth, que no dejaba de retorcerse. Caroline lo siguió y lo besó en la mejilla, antes de correr hacia el otro y tomar su varita del bolsillo del mago.

Con una sonrisa satisfecha, Draco volteó hacia Zandicus y dijo – Moveremos a tu "abogado" a la sala de conferencias.

-Mientggas espeggas, Zandicus, quizás te gustaggía leegg este aggtículo sobgge Dggaco en Coggazón de Bgguja.

Zandicus le frunció el ceño – No quiero nada que hayas tocado tú, Sangresucia.

En menos de un segundo, Draco, Phillip, Caroline y Seth habían disparado varios hechizos a Zandicus hasta dejarlo más o menos inmóvil. Todos rieron antes de moverlo a él y a su inconsciente abogado a la sala de conferencia.

XXX

Hermione estaba en su nueva oficina, trabajando en cosas de la boda en el horario de su almuerzo. Su copia de la revista Corazón de Bruja con el rostro de su apuesto futuro esposo estaba en su escritorio, junto al libro con las anotaciones de la boda, mientras que Ginny y Kreacher, el elfo doméstico de Harry, estaban sentados al otro lado. Kreacher había sido el coordinador de la boda de Ginny, y había hecho un trabajo tan excelente que Hermione lo había contratado para la suya. Dadas las nuevas leyes, él se veía obligado a recibir dinero por sus servicios, pero Kreacher, siendo el elfo anticuado que era, siempre se las arreglaba para devolverles el dinero a sus amos. Ese era un problema en el que Hermione todavía estaba trabajando para corregir, incluso aunque ya no formara parte de ese departamento.

-Realmente necesitamos elegir el color del tema inmediatamente, o todas estas decisiones serán imposibles de tomar – dijo Hermione mientras Kreacher le pasaba varias imágenes de arreglos florales.

-Dijiste que la biblioteca era dorada y con detalles en verde claro, ¿verdad? ¿Por qué no vamos por esos tonos?

-¿No crees que será demasiado? – preguntó Hermione – Hay mucho dorado ya. No quiero sobrecargarlo.

-¿Qué te parece este lazo anaranjado intenso con las flores blancas y azules? – preguntó Kreacher, pasándole algunas muestras. Él estaba más que preparado – Harían un buen contraste.

-¡Oh! ¡Lo amo! – dijo Hermione, emocionada – Kreacher, realmente eres increíble. Si solo aceptaras la ropa, estaría más que dispuesta a ayudarte a iniciar tu propio negocio de planificación de bod…

-¡NOOOO! – gritó Kreacher antes de salir corriendo de la oficina.

-Hermione, realmente necesitas dejar de hacer eso – rió Ginny.

Llamaron a la puerta. Ambos levantaron la mirada para encontrarse a Lucius Malfoy en persona – Hola. Espero no interrumpir nada – dijo él, mirando a la pelirroja – pero quería hablar contigo en privado, si es posible.

Hermione palideció. Estaba a punto de decir que no, cuando Ginny se levantó y dijo – No hay problema. Probablemente debería ir a buscar a Kreacher, de cualquier modo. Diez galleones a que está llorando en el regazo de Harry.

-Sería una tonta si aceptara esa apuesta, Ginny. Ambas sabemos que eso es exactamente lo que está haciendo.

Ginny rió – Mándame un aviso interdepartamental cuando te desocupes – se aseguró de mirar fríamente a Lucius antes de salir. Ella era la única a la que Hermione le había contado sobre lo que había sucedido en el baile, y él no le agradaba en absoluto.

Cuando se marchó, Lucius cerró la puerta y se acercó. Hermione se removió incomoda en su silla – No es una mala oficina – dijo él, mirando alrededor – Definitivamente conseguiste instalarte rápido.

-Sí, bueno, trabajé duro para conseguirla.

-Estoy seguro de que lo hiciste – dijo él, tomando asiento en la silla que Ginny acababa de desocupar. La miró por un momento, haciendo que Hermione se incomodara aún más.

-No quiero ser grosera, pero ¿qué está haciendo aquí, exactamente? – preguntó ella.

Lucius se miró las uñas casi viéndose aburrido – Mi esposa está gravemente triste. Parece que nuestro hijo decidió dejar de hablarnos.

-Oh- dijo Hermione, quien estaba realmente sorprendida – No tenía idea.

-¿No lo sabías? – preguntó Lucius, levantando una ceja.

-Eso fue lo que dije. Es decir, él sí que tachó sus nombres de la lista de invitados con tinta roja, pero solo me imaginé que se trataba de un momento de enojo y los volví a anotar.

Ella pasó las páginas de su anotador de la boda hasta que encontró el pergamino con la lista de invitados. Lucius y Narcissa Malfoy volvían a estar, una vez más, tachados con tinta roja brillante, y con una breve nota al margen que decía – Deja de anotarlos – ella levantó su varita para intentar borrar la tinta roja, pero parecía que él había utilizado tinta permanente esa vez. Escribió sus nombres nuevamente al final de la lista de cualquier modo.

-Todo solucionado.

-Escribir un par de nombres no va a solucionar esto, Srta. Granger.

-Te dije que quería que me llamaras Hermione.

Lucius sonrió – No sabía si eso seguía siendo posible.

-Por supuesto que sí – espetó ella – No estoy seguro del motivo de tu presencia aquí, Lucius, pero no le dije nada a Draco de lo que sucedió. Lo que sea que esté pasando entre él y ustedes no tiene nada que ver con…

-Mi hijo no es idiota, Her-mi-o-ne. Y tú – él la señaló – eres terrible para enmascarar tus emociones.

Hermione bajó la mirada a su escritorio y suspiró. Desafortunadamente, él tenía razón. Esto probablemente tenía que ver con ella. No había otro motivo por el que Draco cortaría la relación de manera tan súbita.

-Si sirve de algo, realmente siento mucho lo que sucedió.

Hermione levantó sus cejas.

-No me caes mal. Tampoco a mi esposa. Pero se esperan ciertas cosas de nosotros, especialmente cuando estamos alrededor de nuestros viejos amigos. Ya me entiendes.

-Sí, lo hago. Y no tengo problemas con ello, pero tú no tienes que aceptar algún tipo de apuesta para bailar conmigo tampoco. Simplemente podrías haber dicho que no.

Lucius la miró con curiosidad. Obviamente él no se dio cuenta de que ella sabía eso, pero no debería sorprenderse. Hermione no era una tonta – No te habría pedido un baile si en realidad no hubiese querido bailar contigo, Hermione. Lo que ellos vieron como una cruel jugarreta, yo lo vi como una oportunidad para conocer mejor a la prometida de mi hijo. No hemos tenido más oportunidades de hacerlo todavía.

-¿Entonces qué haces aquí? – preguntó ella de nuevo, determinada a llegar al fondo de esa incómoda conversación.

Lucius sonrió – Hablé con mi esposa, y ella y yo coincidimos en que debemos tomar tu ofrecimiento de conocer a tus padres.

-Realmente no creo…

-Ya les mandé a mi elfo doméstico con una carta, y ellos aceptaron.

Hermione jadeó – Pero… ¿cómo conocías su direcc…

-Lo sé todo – él le guiñó un ojo – Vamos a almorzar este domingo a las once. Tu madre preparará su tradicional Filete Asado de los Domingos, sea lo que sea que eso signifique.

-Uhh… - ella estaba sin palabras.

-Avísale a mi hijo, ¿podrías? Y dile que fue tu idea, para que se sienta más dispuesto a ir.

-Yo…

-Realmente aprecio tu cooperación con esto, Hermione. también Narcissa – él observó el silencioso reloj en el escritorio de Hermione – Bueno, mejor me marcho. Tengo una reunión con un viejo colega en unos minutos. ¿Te veo el domingo?

Hermione avió la boca una vez más antes de asentir. Él se estiró desde el otro lado del escritorio y rozó con sus nudillos la mandíbula de ella, para cerrársela.

-Mucho mejor – dijo él – Nunca juegues al poker mágico.

Luego se desapareció, dejando a Hermione con millones de preguntas y el presentimiento de que el Domingo sería un día horrible.

XXX

Cuando Draco llegó a casa estaba de un humor terrible. Phillip había pasado varias horas en la sala de conferencia con Zandicus, solo para que todo terminara de la misma forma en que había comenzado. Todo lo que Zandicus quería era el nombre. No le interesaba la compañía o lo que tenga que ver con ella, pero sentía que el nombre Thinx le pertenecía y quería comenzar su propia compañía con él. Phillip se negó. Sentía que le debía al menos eso a Zanzar, y se negó a que su apellido se manchara con cualquier tipo de negocio a manos de Zandicus.

Esto significaba que las cosas se pondrían feas. Pasaron la mayor parte de la tarde suspendiendo indefinidamente todas las reuniones con los futuros inversores, lo que era una pena dado que Phillip y Sophie habían logrado varios e importantes contactos en el baile, y cada uno de ellos había parecido emocionado con el prospecto de invertir en la empresa, incluso con Draco Malfoy como empleado.

Draco se apareció directamente en el dormitorio que compartía con Hermione y dejó salir a Polly antes de colapsar de cara contra el colchón de la cama.

-¿Mal día? – escuchó una voz detrás de él.

-No tienes idea – murmuró él, contra el cobertor.

Unos segundos después, sintió el peso de un cuerpo caliente treparse encima de él y posar su cabeza contra su espalda – Pobre bebé. ¿Debería besarte para hacerte sentir mejor?

-Sí, por favor – Draco volteó y ella cayó en la cama, mientras él se acomodaba encima de ella – Te ves muy hermosa – dijo él, notando el bonito vestido que estaba usando.

-Bueno, tenía pensado ir a celebrar fuera junto con el mago de la Sonrisa más Encantadora – ella le guiñó un ojo y le dio un pequeño beso.

-En realidad preferiría quedarme en casa – Draco comenzó a besarle el cuello, asegurándose de prestarle atención extra a ese punto justo encima de la clavícula que la volvía loca.

Hermione lo quitó de encima – Realmente creo que deberíamos salir. Siempre podemos festejar así más tarde.

Draco se congeló. La miró con curiosidad por un instante, estudiando su rostro cuidadsamente antes de preguntar - ¿Qué hiciste?

Las mejillas de Hermione se sonrojaron – Yo… ¿a qué te refieres?

-Solo insistes en salir cuando hiciste algo malo porque, por algún motivo, crees que no te gritaré si hay gente alrededor. Pero ya conociste a mi madre. Créeme cuando que te digo que no me importa cuánta gente nos rodee. Es mejor decírmelo ahora para que no terminemos haciendo una escena.

Hermione frunció el ceño – Bueno, no hice nada. Nada que no te esperaras, de cualquier modo.

-¿Qué significa eso?

-Significa, querido – dijo él, acunando la barbilla de él y sosteniendo con firmeza su rostro – que estamos invitados a almorzar con mis padres el domingo.

-Oh – dijo Draco, pensando que eso no era tan malo.

-Y tus padres también están invitados.

Los ojos de él se abrieron completamente mientras comenzaba a echar fuego por la nariz - ¿QUÉ? ¡No puedes hablar en serio, Mione!

-En realidad sí – dijo ella, soltándole la barbilla y alejándose de él – Tu padre vino a verme y me expresó su deseo de hacer un esfuerzo, por lo que lo invité.

-¿Lo invitaste, o se lo exigiste?

Hermione parpadeó – Yo lo invité.

-No te creo.

-Bueno, lo hice – dijo ella, casi de forma convincente. Se bajó de la cama y caminó hacia el aparador, donde estaba su álbum de la boda. Después de pasar unas cuantas páginas, levantó una y la sostuvo frente a su rostro - ¿Cómo no habría de invitarlos después de ver esto?

Draco se sentó para poder echarle un buen vistazo a lo que ella tenía en su mano. Era la lista de invitados, con los nombres de sus padres tachados con brillante tinta roja, junto a su nota al margen – Sí, yo hice eso – dijo él, despreocupadamente.

-¿Y por qué hiciste eso?

-Porque no quiero que vayan.

Hermione frunció el ceño - ¿Por qué no?

-¿Realmente necesito una razón?

-Sí, la necesitas – dijo ella, volviendo a guardar el pergamino en el álbum – Son tus padres, Draco. No puedes alejarlos totalmente de tu vida sin una buena razón.

-Seguro que puedo. Ya lo hice.

-¿Podrías ser honesto conmigo? – rogó Hermione – Tú y yo seremos marido y mujer en solo tres meses. No podemos comenzar con las mentiras desde ya.

Draco levantó sus cejas - ¿Realmente estás exigiéndome honestidad?

Hermione asintió.

-Bien, seré honesto. Siempre y cuando tú lo seas primero – Draco se aproximó hacia el borde de la cama. Atrajo a Hermione entre sus piernas y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de ella. levantando la mirada hacia sus ojos ambarinos, le preguntó - ¿Qué te dijo mi padre en el Baile del Ministerio?

-No me dijo nada.

-Hermione, tú y yo seremos marido y mujer en solo tres meses. No podemos comenzar con las mentiras desde ya – se burló Draco.

Hermione rodó sus ojos – Créelo o no, no estoy mintiendo. Tu padre no me dijo nada a mí.

-Muy bien. Déjame reformular la pregunta. ¿En qué actividad cruel y de poco tacto se vio involucrado mi padre que logró, mi amorosa prometida, molestarte tanto?

Hermione suspiró – Draco, por favor, no me hagas decírtelo.

-No entiendo por qué no quieres contármelo.

Ella envolvió sus brazos alrededor de los hombros de él y se sentó en sus rodillas. Luego le susurró al oído – Porque no quiero que los odies por mi culpa. Jamás me perdonaría a mí misma si soy la razón por la que los sacas de tu vida.

-Hermione… tu no…

-Antes de que yo entrara a tu vida, tenías una relación increíble con tus padres. Incluso cuando tu padre estaba enfermo, todo lo que pensabas era mejorar la posición de tu familia para que si él mejoraba, pudiera volver a ser él mismo. Todo lo que hiciste durante tres años seguidos fue por ellos. Y entonces, ¡BAM! – golpeó ambas manos en un aplauso para lograr el efecto dramático – aquí viene Hermione Granger y de repente, todo lo relacionado a ellos comienza a importarte una cola de rata.

-Para ser honestos, mi padre intentó asesinarte, y mi madre, quien debería estar arrojando disculpa tras disculpa hacia ti después de lo que su hermana te hizo durante la guerra, no se mostró más que cruel contigo.

-Pero esos son mis demonios, Draco. No los tuyos.

Draco suspiró – Mira, no voy a mentirte, Mione. Amo a mis padres. A pesar de todo – hizo una pausa, la miró directo a los ojos y dijo – pero te amo más a ti. Y el modo en el que te trataron… no es correcto – Draco junto sus frentes – Sé que tratas de poner cara de valiente, pero nadie espera que perdones a un hombre que intentó asesinarte, sin importar lo demente que estaba, y lo cuerdo que parece estar ahora.

-Yo ya lo perdoné, Draco. Enloqueció por dementores que se alimentaban de su vida, y lo entiendo… - Hermione hizo una pausa - … pero eso no significa que pueda evitar verlo dispararme una maldición asesina cada vez que cierro los ojos.

Draco levantó una mano y la pasó por el cabello de ella – Nadie espera que olvides.

-Pero quiero hacerlo. Quiero hacerlo por ti. Es por eso que estoy esforzándome tanto. Es por eso que tenemos que ir a ese almuerzo el domingo. Si lo mantienes lejos de mí, jamás seré capaz de seguir adelante por ti.

Draco despegó su frente de la de ella y asintió antes de besarla suavemente – Muy bien. Iré. Pero sigo queriendo honestidad. Dime qué pasó en el baile.

Hermione volteó su mirada un momento. Cuando volvió a mirarlo, dijo – Prométeme que no tratarás de diferente manera a tu padre después de que te cuente esto.

Draco frunció su rostro con desdén, pero terminó por acceder.

Hermione se presionó con más fuerza a su cuello – En el baile escuché sin querer a tu padre diciéndole a sus viejos amigos que la única razón por la que estabas casándote conmigo era para mantener el estatus social – ella notó como los ojos de Draco comenzaban a refulgir, asegurándose de mantener su agarre firme alrededor de él.

-Lo voy a matar.

-Draco. Me lo prometiste – dijo ella, apuntándolo con un dedo.

-¡Eso fue antes de enterarme de esto! ¡No hay forma de que deje pasar esto! Y él jugando a que nos apoyaba en esto. Al menos mi madre no es una hipócrita. Incuso una mentira así es una desgracia a sus ojos.

-Gracias – sonrió Hermione.

Draco sonrió a medias – Sabes a qué me refiero.

Ella se inclinó y lo besó – Lo sé – dijo – pero eso no cambia nada. No vas a cortar relación con tus padres, sin importar lo vengativos que sean.

-Honestamente, no tienen idea de la suerte que tienen de que este por casarme contigo. ¡Cualquier otra chica me habría dicho que no les volviera a hablar jamás!

-Bueno, no soy cualquier chica.

Hermione le guiñó un ojo antes de empujarlo contra la cama y colocarse encima de él. comenzó a besarlo y pasó sus manos por sus perfectos abdominales mientras él enredaba sus dedos en el cabello de ella. Ella le quitó la camisa y dejó un rastro de besos por todo su pecho mientras él gemía pesadamente.

Draco la tomó por la barbilla y la llevó al encuentro de sus labios. Le bajó el cierre del vestido y lo levantó hasta los hombros, antes de intercambiar posición para quedar encima de ella, quien forcejeó contra el botón de los pantalones de él mientras él se deshacía de su sujetador y dejaba sus pechos perfectos en libertad. Después de dedicarles una cantidad de atención decente, se quitó los pantalones mientras ella se quitaba las bragas.

Draco levantó una de las piernas de ella por encima de su hombro y apenas comenzaba a moverse dentro suyo, con las suaves vibraciones de sus gemidos presionadas contra sus labios, cuando un doble ¡pop! resonó en la habitación.

-Hey, Hermione, nosotros… ¡OH, MIERDA SANTA!

-¡AHHH! – gritó Hermione horrorizada, al mirar a los rostros sorprendidos de Harry y Ginny.

Draco tiró el cobertor de la cama por encima de ellos para cubrirse y gritó - ¡LÁRGUENSE, MALDITA SEA!

Harry volteó tan rápido que terminó por golpearse directamente contra la pared - ¡Mis gafas! ¡Creo que rompí mis gafas!

Ginny se puso de veinte tonos distintos de rojo antes de guiar a su enceguecido esposo hacia la puerta - ¡Lo siento taaaaaanto, Hermione! Draco nunca está en casa tan temprano por lo que pensé…

-¿Qué están haciendo, Potters? ¿tomando notas? – espetó Draco - ¡SALGAN DE AQUÍ! – él y Hermione gritaron al unísono. No lograban enfatizar el punto lo suficiente para dejarlo claro.

-¡Por Merlín! ¡No puedo ver!

-Es lo mejor, querido – dijo Ginny, prácticamente arrastrándolo fuera – Es para tu bien – cerró la puerta de un golpe.

Tan pronto como se hubiesen marchado, Draco miró a Hermione quien estaba escondiendo su sonrojado rostro bajo las mantas – Nunca me sentí tan avergonzada en mi vida – dijo ella, con la voz sofocada.

-¿Supongo que no querrás terminar con lo que teníamos entre manos? – preguntó él, bajando el cobertor para poder mirarla a los ojos.

Sin esperar su respuesta, comenzó a moverse de nuevo. Ella había colocado su boca de forma que iba a decir no, pero apenas se dio cuenta de que el sonido que salía de su boca eran gemidos, movió una mano para cubrírsela mientras que con la otra hechizaba la habitación con varios y numerosos hechizos silenciadores.

Lo hicieron rápido, dado que, por alguna razón, Harry y Ginny seguían esperándolos en la otra habitación. Cuando terminaron, se vistieron rápidamente y Hermione tomó varias respiraciones profundas antes de encaminarse hacia la puerta. Ginny y Harry estaban sentados en el sofá. Nadie miró a la cara a nadie.

-¿Pudiste arreglar tus gafas, Harry? – preguntó Hermione antes de sentarse en el sillón frente a ellos.

-Uhh… seh – dijo él, con las mejillas sonrojándose mientras se las reacomodaba en el rostro.

Draco se acercó y se paró junto al sillón de Hermione. Era el único que no estaba sonrojado – Por mucho que adore estas sorpresivas visitas de ustedes, Potters, ¿podrían decirnos qué hacen aquí? Y apareciéndose en nuestra habitación así…

-Esa es mi culpa – dijo Ginny, levantando una mano mientras sus ojos seguían pegados al suelo – Nunca me imaginé que llegarías tan temprano a casa, y la rutina de Hermione es bastante estándar. Normalmente, a esta hora está sentada en la cama con el pijama y hojeando su anotador de la boda.

-Bueno, por favor permíteme disculparme por llegar a casa en un horario lo suficientemente decente como para poder hacer el amor con mi prometida en mi cama, en mi habitación. Qué desconsiderado fui.

-Oh, Merlín, no lo digas así – dijo Harry, viéndose como si estuviera a punto de vomitar.

-¿Cómo preferirías que lo llame, Potter? Follar, coger, echar un polvo, joder…

-¿Realmente tenías que abrir esa puerta, Harry? – preguntó Hermione, levantándose y arrojando su mano sobre la boca de Draco - ¿Qué hacen aquí?

Ginny y Harry intercambiaron una mirada, como si ya no estuvieran tan seguros del motivo de su presencia. Eventualmente, algo iluminó la cabeza de Ginny y dijo – Queríamos invitarlos a cenar fuera y a ver una película Muggle. Para celebrar la Sonrisa más Encantadora de Draco. Junto con otras cosas felices…

Draco rió – Hermione siempre me hace feliz… - insinuó.

-Por favor, haz que se detenga. Solo haz que se detenga – murmuró Harry para sí mismo mientras movía su cuerpo hacia delante y atrás.

-Aceptamos – dijo él, disfrutando la tortura que todos temían. No podría importarle menos. Era tiempo de que Potter aprendiera un poco sobre el modo en el que un verdadero hombre trataba a su mujer.

-De verdad, podemos organizar otro día – dijo Ginny.

Draco sonrió – Hoy podemos. Vamos, Mione. Vamos a vestirnos con nuestros atuendos muggles.

Él la tomó de la mano y la llevó de nuevo a su habitación. Cada uno se vistió con ropas Muggle casuales, pero antes de que regresaran a la sala, Hermione lo retuvo.

-Hace tiempo que quiero preguntarte algo.

Draco se detuvo y esperó.

-En el baile desapareciste por un rato largo. Cuando regresaste, estabas con Harry y la profesora McGonagall. ¿A dónde se habían metido ustedes tres?

El estómago de Draco se retorció formando nudos. Puso su mejor cara de poker y la besó en la frente – Sé que nuestro grupo era muy poco convencional. No nos juzgues, pero todos fuimos al jardín para fumar un poco.

-¿Para fumar? – preguntó ella.

Draco asintió – McGonagall tenía su pipa y nos pidió que la acompañásemos. En realidad, creo que solo quería cuestionarme sobre nuestro compromiso con Potter presente, para aegurarse de que fuera real.

-Oh – dijo Hermione, no encontrando ninguna razón para no creerle. Después de todo, acababan de tener la charla sobre la "honestidad".

Draco la atrajo hacia él y la besó dulcemente. Antes de que salieran la abrazó con fuerza, con su corazón hundiéndose de inmediato al darse cuenta de lo que acababa de hacer. Le había mentido, después de prometerle que nunca lo haría. Pero no le diría la verdad sobre la profecía. ¿Qué pasa si eso hacía que ella no quisiera estar con él? Él jamás tomaría ese riesgo. La amaba demasiado como para perderla. Con suerte, algún día, ella entendería el motivo de su secreto y, con más suerte aún, podría perdonarlo.


Nota de la Traductora: bueno, oficialmente aquí en Argentina son las 2.13 de la mañana del Sábado, y estoy tres días atrasada con este capítulo. PERDÓN! juro que tuve una semana complicada, como siempre. Esta vez fue el turno de mi perrita Zamba, que a raiz de una herida en la mano izquierda tuve que amputarle desde la muñeca en adelante. Toda la semana pasó en recuperación, con los remedios y el cuidado que necesita, y eso sumado a la facultad me tuvo agotadísima. Mañana subiré foto de ella a mi Facebook, para que la conozcan jejej Recien termino de traducir este capítulo, así que como no pasó por ninguna corrección, seguro está plagado de errores.

Bueno, noticias! el 4 de Diciembre acaban las clases en la facultad (si todo sale bien) y solo me quedarán rendir examenes finales, por lo que a partir de esa fecha vamos a aumentar el número de publicaciones semanales. Por ahora, es decir este mes que nos queda, seguiremos con un capi por semana. No pongo día fijo, porque va a depender de la disponibilidad de tiempo.

¿Qué les va pareciendo la historia? parece que avanza lentamente, pero poco a poco van sumándose pequeños factores y, quienes leen a Lena, notarán que ella siempre, SIEMPRE termina haciendo eclosionar todo.

GRACIAS POR LOS REVIEWS! WOW, de verdad, son los mejores!

zzzzz me duermo, no olviden pasarse, como siempre digo, por Cruel y Hermoso Mundo, también de Lena y traducido por la genia de Sunset82.

La recomendación musical de hoy queda en una banda argentina, Las Pastillas del Abuelo: La Cerveza.

Hace cinco días soy oficialmente soltera de nuevo (todavía estoy en la etapa en la que no me decido si extraño o no a mi novio) asíque me disculpo si sueno un tanto seca :S es demasiado combinar tantas cosas durante la semana. No veo la hora de unas BUENAS VACACIONES!

Espero que hayan tenido una buena semana, y que arranquen el fin de semana con toda.

Beso grande a todos,

Pekis :)