Hola, lectores! Bienvenidos al último capítulo de "Una Decisión", debo confesar que estuve realmente sorprendida cuando me pidieron con gran desesperación que continuara este fic. Aunque no puedo culparlos, queda un solo capítulo para finalizar esto.
En el capítulo anterior, con la ayuda especial de Yugi y Anzu, lograron deshacerse de Abasi, el padre de la Portadora del Leviatán. Sin embargo, no contaron con que los espíritus de los habitantes de la Atlántida terminaran de vengarse de Esmeralda por todo el mal que había causado. Antes de morir, le dio un último regalo a Atem y a Anzu. ¿Qué fue?
Es hora de averiguarlo.
COMENCEMOS!
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Capítulo 16: Anzu.
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—… Es su decisión, mi faraón. Y nosotros la respetaremos —Ishizu se inclinó con respeto, al igual que Marik. La mujer alzó la vista y le sonrió con melancolía—. Pero si me permite opinar, como su amiga, me siento feliz por usted.
Atem solo le sonrió a modo de agradecimiento a la joven mujer. Después miró a Marik, él asintió con la cabeza, deseándole la mejor de las felicidades. El tricolor retrocedió unos cuantos pasos y miró la gran puerta que estaba a un par de metros de él. Visualizó la Lápida del Milenio a su lado y se arrodilló a su lado. Escuchó unos pasos a sus espaldas.
Giró suavemente la cabeza y miró a Yugi acercarse a él con una sonrisa triste. Tenía un gran bolso donde tenía guardado los artículos del milenio. El pequeño también se inclinó y abrió su equipaje. En silencio, ambos comenzaron a colocar con muchísimo cuidado los Sennen Items a la lápida de piedra en cada sector correspondiente.
Solo faltaba uno.
Yugi bajó la vista y vio el rompecabezas del milenio que colgaba de su cuello. Atem también lo miró con una lejana expresión. Intercambiaron una última mirada antes de que el menor se lo retirara, le quitara las cadenas y dejarlo reposar en el lugar donde había nacido.
—… ¿Atem?
El faraón le escuchó, mas no emitió sonido.
—… ¿Estás seguro de esto?
—…— Sonrió al ponerse de pie—. Muy seguro, Yugi —Su compañero, casi hermano, también se incorporó y lo miró—. Quiero hacerlo. Además… Si no lo hiciera, sería como desperdiciar sus últimas fuerzas.
El tricolor contempló las palabras de Atem en silencio, sabiendo de quién estaba hablando.
La tierra se sacudió violentamente, provocando que se agrietara el suelo. Los gemelos, junto con los hermanos Ishtar, no se lo pensaron más y salieron corriendo de allí. Apenas salieron, contemplaron como el lugar se venía abajo en un gran estruendo. Yugi tosió un poco por la cantidad de polvo y escombros, después miró a Atem, quien observaba los destrozos con una determinada expresión.
—… Fue lo correcto —Lo miró—. Así, los artículos no volverán a caer en malas manos.
Yugi lo miró, para finalmente sonreír y asentir.
—¡Yuuuugi! ¡Aaaaateem!
Ambos se giraron cuando sus amigos corrieron hacia ellos. Jonouchi fue el primero en llegar y rodeo sus brazos en el cuello de ambos.
—¡UGH, Jonouchi-kun…!— Se quejó Yugi, adolorido.
—¡Woah! Lo siento, jeje…— Se alejó apenado el rubio. Atem hizo una mueca parecida a una sonrisa, ocultando el daño.
—Ay, Jono. Tú siempre tan baboso y violento— Se acercó Honda con una sonrisa.
—¡Repítelo si te atreves, animal!— Le miró mal el duelista.
Anzu fue la última en acercarse y fue la primera de los tres en notar el lugar destruido.
—… ¿Qué ocurrió, Ishizu-san?— Preguntó la castaña.
—Lo que debió ocurrir —La morena sonrió—. Los artículos han desaparecido para siempre, para que no vuelvan a caer en manos equivocadas.
La castaña contempló los ojos de la mujer en silencio. Sabía que ella era la reencarnación de Isis, por lo que la pérdida de la Portadora del Leviatán le había dolido muchísimo. Lo sentía en su semblante, pero veía que se sentía feliz con los deseos del faraón y las decisiones que había tomado con respecto a lo que Esmeralda le había concedido.
Pensaron que con la muerte de la Reina, Atem volvería al cuerpo de Yugi y volverían al inicio, es decir, volver a preguntarse si tendrían que separarse definitivamente del faraón.
Pero no fue así.
El último conjuro que hizo Esmeralda antes de morir fue que el tricolor conservara un cuerpo propio en esa época para obtener la vida que él se merecía, sellando el hechizo cuando Atem bebió de su sangre.
Aunque claro, no fue fácil.
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Semanas después, el joven rey de Egipto estuvo dispuesto a terminar lo que había dejado en su vida pasada, y eso era acabar con Zorc. Yugi y los demás quisieron apoyarle, y tras mucha insistencia, lograron convencerlo. Cuando Atem viajó al mundo de las memorias, pudo notar que no estaba permitido hablar de su antigua mujer, así que él ni siquiera se molestó en intentarlo.
Derrotar al señor de la oscuridad y a Bakura fue más sencillo gracias a las memorias que había recobrado con la ayuda de su difunta esposa, pero no pudo cambiar ciertas cosas del pasado, como la muerte de muchos camaradas. Experimentar nuevamente sus pérdidas fue un doloroso puñal en el corazón del faraón.
Una vez terminado el asunto, antes de volver a la época actual, tuvo la oportunidad de intercambiar por última vez unas cuantas palabras con su padre.
Es tu decisión.
Si quieres venir con nosotros, ven.
Si quieres quedarte, hazlo.
Y vaya, que estuvo en una gran encrucijada…
Podía volver con sus seres queridos, su madre podría recibirlo con los brazos abiertos, su padre con una sonrisa llena de orgullo en su rostro, anhelo de todos sus compañeros y sus más leales súbditos que fueron considerados parte de la familia.
Por otro lado, tenía el amor fraternal de Yugi, su apoyo incondicional, nunca lo abandonó aun cuando él sí lo hizo. La amistad de Honda, Jonouchi, Mai y todas las personas que había conocido durante su viaje. Su rivalidad amistosa con Kaiba. Y por último, pero no por eso lo menos importante, el amor que le profesaba Anzu, su leal amiga, su confidente y preciada bailarina.
No era capaz de abandonarlos.
Una decisión.
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Una decisión de la cual no se arrepentía ni un poco.
Se había quedado.
Por Yugi y los demás. También por él, si era honesto consigo mismo, admitía que quería seguir al lado de sus camaradas que eran sus amigos y nuevos miembros de su familia.
Y también lo había hecho por Esmeralda.
¿Para qué le habría otorgado un cuerpo propio si no hubiera sido para quedarse?
Conocía a su difunta mujer, demasiado bien. Fue difícil conocer sus objetivos, pues siempre iban con rodeos y eran poco claros, se malinterpretaban con facilidad, llegando al punto de poder ser odiada a muerte por sus acciones. A él le ocurrió eso, la odió con cada fibra de su ser por lo que había hecho.
Aun cuando había cometido tantos pecados por amor.
Pero se lo agradecía.
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—¿Estás bien?
Atem se giró al oír la voz de Anzu a sus espaldas. La bailarina le sonrió mientras se acercaba a él. El faraón le devolvió el gesto y siguió admirando el cielo nocturno junto con el mar.
Se encontraban en un barco de regreso a la ciudad Domino, a su hogar, pues ya todo había acabado, oficialmente.
Pero les resultaba extraño.
Estaban tan acostumbrados a los problemas y a las aventuras sombrías que aquella paz se les hacía irreal.
—Lo estoy —Aseguró—. Pero…
—Es extraño —Completó con una sonrisa la castaña, comprendiendo de qué hablaba—. Entiendo a lo que te refieres, es decir… ¡Se siente tan…! —Se rio, negando con la cabeza—. Parece como si estuviésemos despertando de un largo sueño.
—… —Borró suavemente la sonrisa de sus labios y contempló los ojos zafiros de la joven—. ¿Tú querías despertar, Anzu?
La castaña lo miró directamente, sus orbes resplandecían cada vez que observaba el bello color amatista de su mirada, se sentía completa.
—Sí… y no —Confesó. Se acercó al barandal del barco y se apoyó en él para contemplar las estrellas—. Porque tú estabas en mis sueños, Atem. Siempre estuviste en ellos, sin excepción… Temía despertar porque creí que desaparecerías de un segundo a otro... Ante mis ojos.
El tricolor sintió su pecho inflarse por las sinceras palabras de la bailarina.
—Pero gracias a Esmeralda —Volvió a sonreír con gran felicidad—, tuve la oportunidad de abrir los ojos y verte en el mundo real.
Atem no pudo evitar sonreír cuando Anzu lo miró con tanto amor y anhelo. Se acercó a ella y tomó su mano.
—Siempre he estado en el mundo real, Anzu.
—Lo sé, pero me parecía tan maravilloso, que de verdad creí que estaba dormida —Soltó una suave carcajada—. Cuando era niña deseaba a un príncipe para mí, y ahora que soy mayor, tengo a un faraón a mi lado.
Atem parpadeó, sorprendido. Una ola caliente de sangre invadió sus mejillas, enrojeciéndolas furiosamente. Después, soltó una risa nerviosa, algo avergonzado por el término que Anzu había utilizado. La castaña le admiraba, asombrada de verle en ese estado tan apenado.
—… Umm, ¿dije algo malo? —Se rio un poco—.
—¡¿Qué?! ¡No! —Negó rápidamente y sonrió—. Solo me sorprendió.
Anzu lo miró en silencio unos segundos, para finalmente volver a mirar el mar.
—Atem —Le llamó, insegura. El faraón la miró—. ¿Puedo preguntarte algo? —Lo miró de reojo y notó verlo asentir—.
—Dime, Anzu.
—¿No te arrepientes? —Hizo una mueca, mirando el suelo—. Ya sabes… De… Quedarte.
El tricolor frunció el ceño. ¿Por qué pensaría que se había quedado en contra de su voluntad?
—Anzu, creo que la respuesta es muy clara— La ojiazul lo miró—. Me quedé por ti— Se sonrojó un poco al contemplar el mismo rubor en el rostro de la castaña—, y p-por Yugi, los demás…— Aclaró rápidamente.
—¿También por Esmeralda?
Una melancólica sonrisa se formó en su rostro.
—Sí — Admitió—. Ella me otorgó este cuerpo por una razón. Me dio una oportunidad de elegir, de decidir, si podía quedarme aquí con ustedes. Me dio la oportunidad que pudo haber tenido ella, pero…
Anzu entrecerró los ojos con tristeza, recordando el brutal asesinato de la joven de ojos rojos. Había sido realmente cruel.
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Recordó que Atem había traído el maltratado cuerpo de Esmeralda en sus brazos cuando trataron de salir de la Atlántida, cuando cayeron en la cuenta que no tenían idea de cómo rayos salir, pues Zafiro había sido quien los había llevado. Pero, después de un gran resplandor del rompecabezas del milenio y un dolor de cabeza, se vieron nuevamente en el barco.
Sin el cuerpo de Esmeralda.
Había desaparecido.
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A todos ustedes…
A los que le debo algo
A los que hice sufrir
A los que me odiaron más allá de lo imposible
Les pago con mi muerte
Pero no se confíen
Porque voy a reencarnar en el mismísimo infierno para hacerles la vida imposible
A todos los que me hicieron daño
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Anzu recordó esas palabras que se colaron en su mente aquel día, no estaba segura si los demás habían escuchado aquello también, pero estaba segura que esa había sido la voz de la Creadora del Sello de Orichalcos.
Sus palabras no habían sonado como una despedida.
No era un adiós, sino un hasta luego.
Esmeralda sabía algo que ellos habían ignorado por completo, y nunca tuvo intenciones de revelarlo.
Y aunque quería saberlo… Sabía que jamás obtendría una respuesta.
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—Anzu.
La aludida pegó un brinco al ser sacada de sus pensamientos de esa manera tan brusca. Alzó la vista y vio los ojos violetas de Atem.
—¿Estás bien?
—… Sí —Apretó los labios.
—Hey —La llamó para tomar sus manos entre las suyas. La bailarina se ruborizó levemente, causando una tierna sonrisa por parte del faraón—. Yo… Me quedé también por mí mismo. Yo quería una vida feliz, una con mis amigos, con mi familia… Y contigo, Anzu.
Los ojos azulados de la joven se agrandaron ante esa revelación. Ni ella ni Atem habían vuelto a tocar el tema con respecto a sus sentimientos desde la muerte de Esmeralda. La joven estudiante no lo había hecho por respeto a su memoria y por el faraón. No sería tan cara dura como para simplemente saltar a sus brazos descaradamente cuando se había muerto su esposa.
—… Atem, está bien, no tienes que…—Iba a negarse rápidamente a lo que estaba por venir.
—Perdóname, Anzu —Le cortó rápidamente el tricolor, asombrándola una vez más—. Te hice esperar demasiado, a algo que probablemente nunca pudo haber sido, pero puede ser ahora — Apretó con más fuerza sus manos—… lo que quiero decir es que… Tú me entregaste tu apoyo y amor incondicionales, aun cuando yo nunca lo pedí, ni lo merecí.
La joven siguió contemplando en silencio los ojos amatistas del faraón. No quería interrumpirle, necesitaba tener claro en qué posición se encontraba en la vida del faraón, porque fuese cual fuese, ella lo aceptaría y seguiría a su lado, siempre.
—Anzu… Yo te quiero, te quiero demasiado, te aprecio, te adoro tanto… Que estos sentimientos no caben en mi pecho —Inhaló lentamente, para exhalar con cierta brusquedad. Solo con Yugi se había abierto de esa manera, en su aspecto frágil. Hacerlo ahora en frente de Anzu, causaba un gran temblor en su interior—. Tú eres una de las razones por la cual yo estoy aprendiendo cada día a ser alguien mejor, porque hay personas como tú, que valen la pena dar la vida por ellos.
—Atem…
—A Esmeralda la amé —Miró un milisegundo el suelo, para volver a mirarla—. Fue la primera, pero no la última —Acarició su rostro para apartar unas cuantas lágrimas que habían escapado de los orbes zafiros de la bailarina—. En mi interior —Tomó una mano de la castaña para posarla en el pecho de él—… Está naciendo algo que hacía mucho tiempo que no sentía. Y eso me hace feliz. Me hace feliz saber que estoy sintiendo esto por ti —No pudo evitar sonreír—. Porque quiero que siga floreciendo esto en mi interior, quiero amarte, Anzu — Confesó finalmente—. Yo sé que tomará un tiempo, por ti, por mí, y por Esmeralda… Pero yo sé que podremos tener un futuro, juntos… si me dejas intentarlo a tu lado.
Anzu miró su mano tocando el pecho del faraón. Podía sentir los alocados latidos del joven contra su mano, diciéndole que cada palabra que salía de la boca de él era honesta y cierta. Apretó los labios unos segundos, ahogando el sollozo que quería escapar de su garganta.
No pudo evitar sonreír.
—Gracias…—Musitó muy bajito mientras cerraba con fuerza los ojos.
—¿Anzu?
—Gracias…—Repitió al verlo directamente a los ojos— Por dejarme entrar a tu corazón, Atem — Se rio, sin poder contener el gozo y la alegría que sentía en su pecho.
Atem contempló los llorosos y brillantes orbes de su castaña, sonrió y la atrajo hacia él para abrazarla. Anzu correspondió el gesto, apoyando su mejilla en el hombro de él, sin dejar de sonreír, aun murmurando su agradecimiento.
Recordó las palabras de Esmeralda, quien le pedía que hiciera feliz al faraón.
—"Lo haré, lo prometo" —Le prometió nuevamente.
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—Para pagar tus pecados, emprenderás un largo viaje —Inició un espíritu de capucha violeta. Sus globos oculares completamente rojos observaron a la figura femenina con detenimiento—. Te encargarás de proteger a los inocentes que lastimaste, los guiarás en el camino correcto. Tu existencia será eterna hasta que el puñal del rey se encargue de dictar lo contrario. Habrán miles de líneas de tiempo, unas donde quizás no tengas tus poderes, buscarás la forma de protegerlos —Pausó—. No eres la única que existirá fuera de tiempo. Hay muchas almas en busca del descanso eterno como tú, porque no tuvieron opción. Irás al infierno a entrenar para domar el demonio que posees, así tu tarea se volverá mucho más fácil —Miró detenidamente el medallón que tenía en su mano, para finalmente ejercer su energía en él y acercarlo al pecho de la joven—. ¿Qué me dices? ¿Aceptas el trato?
La joven de cabellos negros abrió sus ojos rojos y contempló desde su posición al ser.
—¿Aceptas proteger a tus seres queridos en cada línea de tiempo que existan? ¿Qué decides?
Normalmente, ella hubiese preferido ser castigada hasta que su alma se redujera a la nada misma, mas la propuesta le era un tanto extraña.
—¿Puedo preguntar por qué haces esto? Veo que no eres como los otros, que simplemente se encarga de manejar el destino de los seres humanos.
Una amable sonrisa se formó en el encapuchado.
—Solo digamos que me gusta jugar con las manijas del reloj.
La pelinegra sonrió, se inclinó respetuosamente ante la criatura.
—Acepto.
—Perfecto, pero te advierto que el camino es peligroso, es posible que caigas en las manos de un poderoso adversario y estés en el bando contrario.
La joven no se quejó, se encogió de hombros con delicadeza. Jugaría en ambos bandos, como siempre lo había hecho. Debía conocer el territorio enemigo como la palma de su mano si quería cumplir con su misión.
—¿Eso es todo?
—No me equivoqué contigo, jovencita. Estoy seguro que Don Todo Poderoso te otorgará el perdón.
Sus ojos rojos se suavizaron ante esas palabras.
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—¡Al fin! —Exclamó con felicidad el rubio.
Los demás sonrieron. Caminaban juntos a la casa de Yugi. Tendrían una reunión de amigos en la casa de este último, verían unas películas y dormirían juntos. Hacía mucho que no compartían de esa manera, y ahora que tenían la compañía física de Atem, era muchísimo mejor.
—¿Qué comeremos esta noche? —Cuestionó el castaño.
—No lo sé, yo pensé en unas hamburguesas —Yugi sonrió con estrellas en sus ojos.
Atem y Anzu hicieron una mueca, no siendo muy fanáticos de la grasosa comida que el menor tanto adoraba.
—¡SÍ!
—¡HAMBURGUESAS! ¡TAMBIÉN COMAMOS PIZZA!
—¡Suena genial!
La castaña negó con la cabeza.
—¿Yugi? —Le llamó. El tricolor la miró—. Umm… ¿Te molesta que cocine algo en tu casa? No me apetecen las hamburguesas…
—¡OOOOH! —Intervino Jonouchi—. ¡ANZU COCINARÁ! ¡YO QUIERO TARTA!
—¡YO QUIERO FLAN DE QUESO!
Yugi y Atem intercambiaron unas sonrisas cómplices y se rieron del entusiasmo de sus amigos.
—¿Podemos comprar algunas cositas del bar?
—¡Jonouchi! —Le reprendió Anzu—. ¡Aún somos estudiantes!
—¡Pero quería hacer un brindis! —Se quejó el rubio—. Un brindis para Atem, porque está con nosotros —Lo señaló con una sonrisa, pero la borró al decir lo siguiente—. Y… Por Esmeralda también.
Silencio.
Todos miraron sorprendidos al rubio.
—Ya saben… Huh, fue muy corto el tiempo que estuvo con nosotros, pero… fue nuestra amiga, y yo quiero hacerle un homenaje en esta reunión de amigos que tendremos.
Yugi sonrió, enternecido por esas palabras.
—Jonouchi~ —Honda rodeó su cuello con su brazo—. ¿Desde cuando eres tan sentimental? ¡Apuesto que Esmeralda se está riendo de ti ahora!
Atem y Anzu sonrieron.
El rubio se sonrojó.
—¡C-Cállate! ¡Es solo un detalle! ¡Además, vete a molestar a Kaiba! ¡Que hasta él echa de menos a Esmeralda!
El faraón tuvo que darle la razón esta vez al rubio en su mente. Cuando el tricolor había decidido ir a la escuela como familiar perdido de Yugi, Seto se enteró, y al día siguiente apareció para hablar con él. Y, tanto en su nombre como el de su antepasado, pedía disculpas por lo ocurrido con la difunta joven. Le había presentado unas condolencias realmente frías, pero honestas. Atem realmente se había sorprendido. Y claro, sus amigos también y no tardaron en molestarlo.
Claro, Jonouchi y Honda se ganaron una gran paliza.
—¿Eh? —Soltó Yugi al ver que había alguien en la entrada de su casa esperando—. ¿Esa no es…?
El rubio se giró.
—¿Mai?
La rubia se giró al oír la voz del duelista.
—¡Oh~! ¡Ahí están! —Corrió hacia ellos con una sonrisa—. Vine a visitarlos, espero que no haya sido un mal momento —Sonrió con coquetería.
—¡No lo es! ¡Claro que no! —Dijo rápidamente el rubio, aunque se sonrojó al ganarse unas pícaras miradas por parte de sus amigos—… Huh… ¿Qué traes ahí? —Preguntó al ver la bolsa llena de latas de la rubia.
—¿Oh, esto? Unos cuantos tragos, para que bebamos juntos— Ensanchó su sonrisa.
—¡Ja! ¿Ven? ¡Necesitábamos esto! —Se rio el rubio—. ¡Gracias, Mai!
La rubia alzó una ceja, pero solo asintió, sin querer preguntar.
Los demás sonrieron, felices de ver más animada y recuperada a Mai.
La última vez que la vieron, se disculpó una vez más con ellos, todos la perdonaron y le desearon que le fuese bien en su objetivo, para finalmente encontrarse allí, en la casa de Yugi.
—Y bueno, ¿qué estamos esperando? —Se entusiasmó Jonouchi—. Anzu cocinará, y no quiero perderme la tarta.
—Yo nunca dije que haría tarta —Advirtió Anzu.
—Pero sé que lo harás.
La castaña rodó de ojos y terminó por reírse. Atem sonrió, contemplando la expresión tranquila y feliz de la joven.
Mai, por otro lado, notó las miradas que se lanzaban la bailarina y el faraón. Sonrió.
Esos dos estarían siempre juntos, lo sabía.
—¡Bien! ¡Vamos!
—¡Sí!
Dicho esto, todos se encaminaron al hogar del tricolor.
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La joven contempló desde lejos las espaldas de las personas que la quisieron, aun siendo lo que era, un demonio, un monstruo. Había escuchado las palabras de Jonouchi, que la hicieron reír. Notó las miradas de Yugi y de Honda, pero también notó las expresiones de Atem y Anzu.
Retrocedió unos cuantos pasos sin voltearse, aun mirándolos.
Tal vez habrá decidido protegerlos, pero sería a su manera, con sus reglas, así decidió ser ella, y eso no cambiaría.
Cerró los ojos.
Queridos Dioses…
No les pediré perdón
Porque son tan culpables como yo
Por hacerme como soy
Abrió nuevamente sus ojos carmines y sonrió con cinismo.
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Atem se detuvo al oír esas palabras en su cabeza. Se giró abruptamente para mirar el atardecer, esperando ver una figura femenina, a quien le pertenecía esa voz.
Pero no vio nada.
—…
—¿Atem?
El faraón parpadeó y miró a la castaña.
—¿Estás bien?
—Sí —Le sonrió—. Anda, vamos.
La joven sonrió y se adentró a la casa de Yugi, seguida por Atem.
El faraón no pudo evitar echarle una última mirada a sus espaldas.
Tal vez había sido su imaginación.
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Esmeralda los vio desaparecer tras la puerta de la casa, por lo que decidió salir de su escondite.
—Ya nos veremos, Atem.
Dicho esto, se giró elegantemente y desapareció.
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Fin.
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SE ACABÓ! OOOOOOOOH! DESPUÉS DE AÑOS (Hablo enserio, esto es literal XD), AL FIN ESTÁ TERMINADO! Este final me satisface, porque esto da a entender MUCHAS COSAS! Para los que siguen mis otros fics de Yu-Gi-Oh!, como "El fin de la Eternidad y el Comienzo del Infinito", entenderán por qué Esmeralda está allí, cuál es su propósito y el por qué de sus poderes y su extraño lazo con los demás, aunque claro, en ese fic también habían cosas que no se sabían, como secretos del Clan Anat XD Pero esto contesta la presencia de Esmeralda. Deben saber que todos los fics de YGO están conectados de una forma u otra, pues son líneas alternativas del destino.
MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS QUE ME APOYARON HASTA EL FINAL CON ESTE FIC! SE LOS AGRADEZCO CON TODO MI CORAZÓN! Había perdido la esperanza con este fic, pensé "No, no creo que hayan esperado, quizá ya ni lo lean", incluso pensé en BORRARLO! Pero tras la gran insistencia de ustedes por la actualización, mi corazón se llenó de inspiración!
Los adoro e.e
Les repito que ojalá que les haya gustado, nos leemos en mis otros fics!
Rossana's Mind!
Reviews?
Vamos, sé que quieren, déjenme reviews, lo merezco XD Estoy jodidamente enferma y actualicé de todos modos. Ámenme XD
Adiós!
