Fighting for the Malfoys

-Luchando por los Malfoys-


Capítulo 16 – Débil.

Draco, Hermione, Phillip, Seth y Caroline estaban sentados en la sala de espera de San Mungo, esperando a que alguien les dijera algo sobre Sophie. Cualquier cosa. Buena o mala, no les importaba. Solo necesitaban saber qué estaba pasando.

Chastity había subido al comedor para las Visitas hace un rato ya, para conseguir café para todos, mientras Reginald se quedaba en las oficinas de Thinx para hablar con los Aurores sobre lo que había sucedido.

Phillip estaba sentado en una silla con el rostro enterrado en sus manos, negándose a que alguien notara el horrible temor reflejado en sus ojos. Hermione descansaba su cabeza en el hombro de Draco, mientras él la abrazaba por la espalda. Seth solo permanecía en silencio, mirando fijamente un punto en el suelo, sin siquiera parpadear. Caroline era la única que se veía sumamente enfadada. No podía quedarse sentada, por lo que no dejaba de caminar de un lado al otro mordiéndose las uñas y mirando a las puertas por las que había entrado Sophie.

-Esto tiene el nombre del jodido Zandicus escrito encima – espetó cuando escucharon un sonido, pero las puertas siguieron cerradas.

-No sabemos eso – dijo Draco, apretando a Hermione más cerca suyo.

-Oh, sí que lo sé. Todos lo escuchamos amenazarte antes de irnos, ¿y en qué oficina ocurrió el ataque? ¡En la tuya!

Draco respiró profundamente – Sí, me doy cuenta de ello.

-¿De verdad? Porque para mí, estás demasiado pendiente de tu pequeña historia de amor como para notar lo que sucede a tu alrededor.

Hermione se removió incómoda en su asiento, pero Draco no aflojó su agarre en ella.

-¿Por qué demonios tardaron tanto en la oficina de Phillip, de cualquier modo? – continuó Caroline, cruzándose de brazos - ¡Y no te atrevas a decir que estabas buscando el whiskey de fuego!

-Reconciliándonos – fue todo lo que dijo Draco. No parecía un buen momento para mencionar su venganza sobre Phillip y Sophie por follar en su sala.

Caroline dejó salir un fuerte - ¡Ja! – y bufó en dirección a la pareja - ¡Debieron llevarlo a su propia oficina!

Los puños de Draco se tensaron – Caroline… te lo advierto…

-¡Debieron ser ustedes dos! ¡El único crimen de Sophie fue ser su maldita amiga, cuando nadie más se atrevería a serlo! Y ese bebé… - Caroline sollozó - … ese bebé ni siquiera tuvo la oportunidad…

-¡Caroline, DETENTE! ¡Joder, solo detente! – exclamó Phillip, levantándose.

Caroline lo escuchó, con el labio inferior temblándole al intentar mantener la boca cerrada.

-¡No es culpa de ellos! – dijo él, señalando a Draco y Hermione – no es culpa de nadie, ¡excepto de quien sea que esté detrás de todo esto!

-P-pero ya oíste sobre la profecía, Phillip. Esto jamás habría sucedido si…

-¿Si qué? – se encogió de hombros? - ¿Si nunca los hubiésemos conocido? ¿Si ellos nunca se hubieran enamorado? ¿Por qué deberían unas malditas palabras mantener separadas a dos personas que se aman?

-¡Porque como esas malditas palabras nos condenaban a nosotros también, debieron comenzar a pensar también en los demás, y no solo en ellos mismos!

-¿Por qué? – Esto sucedería sin importar lo que ellos hicieran. ¿Por qué deberían cambiar algo?

-¡Porque cosas como estas suceden, Phillip! – exclamó Caroline, señalando hacia las puertas que seguían sin abrirse - ¡Debieron cancelar la boda al momento de enterarse de la profecía! ¡Todos debimos distanciarnos de ellos al momento de saberlo!

Phillip suspiró – Eres libre de hacer lo que quieras, Caroline, pero yo no me iré a ningún sitio. Y, puedo asegurártelo, que Sophie tampoco lo hará.

-Pero… Phillip…

-Quizás no son los sentimientos de Hermione y Draco los que deben cambiar. ¿Acaso pensaste en ello? – preguntó Phillip, mirando intensamente los enrojecidos ojos de Caroline – A pesar de lo que creas, el mundo no puede seguir así. Todas estas peleas, este odio… ¡Es asqueroso! – hizo una pausa, y tomó una profunda respiración, dolorosamente consciente de que no podía soltarlo – No. Definitivamente no son los sentimientos de ellos los que deben cambiar. Son los del mundo. Y voy a asegurarme, maldita sea, de que eso suceda.

-¿Sr. Prior?

Todos voltearon para encontrarse a la Jefa de los Sanadores parada en el marco de la puerta, con Astoria justo por detrás, viéndose un tanto deprimida. Todos las miraron con esperanza.

La Jefa de los Sanadores intentó sonreír, aunque no había mucha felicidad en su intento – Su esposa estará bien. Acaba de despertar, y está preguntando por usted.

Todos dejaron escapar largos suspiros de alivio. Excepto Phillip.

-¿Y el bebé? – preguntó desesperado, sin querer pensar en lo inevitable.

La sonrisa de la Sanadora se desvaneció. Astoria giró el rostro para que nadie notara la lágrima que acababa de escaparse de la esquina de su ojo – Me temo que no pudimos salvar el bebé. Lo siento mucho, Sr. Prior.

Phillip se dejó caer en su silla. Se quedó sin aire, al sentir un fuerte y punzante dolor atravesándole el corazón. Pero no lloró. Por alguna razón, no lloró.

-¿Le gustaría verla? – preguntó la Sanadora.

-Por supuesto. La señorita Greengrass le mostrará el camino tan pronto esté listo.

El Sanador desapareció nuevamente por el pasillo.

Caroline se secó varias lágrimas de los ojos antes de decir – Iré a ver como van las cosas por la oficina. Yo solo… regresaré después – desapareció.

Seth seguía en silencio. Sus ojos no se habían movido del mismo punto de antes, y Draco comenzaba a preguntarse si acaso comprendía lo que había sucedido.

Draco levantó la mirada y vio a Chastity parada con varios cafés en dos bandejas lejos en el pasillo. Él codeó a Hermione y luego la señaló. Ambos se levantaron y caminaron hacia ella.

Chastity no los miró mientras se aproximaban – Es malo, ¿no es así? – preguntó.

Draco y Hermione fruncieron el ceño – Sophie está bien, pero perdió al bebé – respondió Hermine con la voz débil.

Chastity jadeó. Sus piernas flaquearon y se tambaleó hacia atrás. Hermione se apresuró a tomar los cafés mientras Draco se estiraba a agarrarla, pero ella logró estabilizarse antes de necesitar su ayuda. Su rostro demostraba el gran dolor que sentía, al mirar a su ex esposo.

-Saben, Phillip siempre soñó con ser padre – una lágrima cayó por su mejilla – Fue parte del problema de nuestro matrimonio. Él estaba listo para serlo, y yo no – más lágrimas cayeron. Se las secó y vio a Phillip desaparecer a través de las puertas con Astoria. Luego sus ojos se movieron hacia Seth - ¿Cómo la lleva él?

-No muy bien, creo – dijo Draco – No ha dicho más de dos palabras desde que todo sucedió.

Chastity suspiró – Nunca ha sido capaz de lidiar con este tipo de cosas – hizo una pausa – Sé que era muy joven cuando sucedió, pero Seth pasó por mucho durante la Primera Guerra. Es el hijo bastardo de un Mortífago y una Hija de Muggles. Su madre intentó esconderlo, dado que estaba muy avergonzada por lo que había hecho, pero por supuesto Ya-Saben-Quién se enteró. El padre de Seth fue asesinado poco después, y él y su madre fueron torturados. Algunos dicen que duró unos días, otros, meses. Solo Seth sabe la verdad, pero nunca habla de ello. Eventualmente, la tortura de su madre la llevó al punto de la locura.

Chastity hizo una pausa, tragando con fuerza para luchar en contra de las lágrimas.

-Ella está aquí, ¿saben? – dijo ella, sin despegar sus ojos de Seth – Su madre. En el cuarto piso, en la Planta de Daños Provocados por Hechizos. Creo que jamás la ha visitado desde entonces. Ni siquiera una vez.

Draco y Hermione miraron a Seth, quien seguía sin mostrar señales de movimiento. ¿Cómo es que nunca se habían enterado de estas cosas? Conocían a Seth desde hace casi un año ya, y recién se daban cuenta de lo poco que sabían de su pasado. Todo de lo que hablaban era del presente. Quizás era porque él no tenía ningún recuerdo memorable para compartir de su pasado.

-¿Cómo sabes sobre esto? – preguntó Draco con voz contenida, casi sintiéndose enfadado por el hecho de que ella sabía algo que él no.

Chastity volvió a secarse los ojos, negándose a permitir que más lágrimas cayeran – Sé que ahora no lo parece, pero Seth y yo fuimos muy buenos amigos en el pasado. Nos conocemos desde hace mucho tiempo. Él fue el primer amigo que hice en Hogwarts. Estábamos en el mismo año, en la misma casa. Incluso me presentó a su nuevo compañero de trabajo, Phillip, justo después de graduarnos. Y, bueno… ya saben como sigue la historia.

Todos se quedaron en silencio por un momento, sin saber qué se suponía que debían hacer – Sabes, no tienes que quedarte, Chastity – dijo Draco después de que pasara unos cuantos minutos.

Los ojos de ella se abrieron - ¡No! – espetó ella, moviendo su cabeza hacia él – No, quiero hacerlo – Chastity tomó los cafés de las manos de Hermione y exhaló varias veces – Sé que no soy de sus personas preferidas, pero quiero estar aquí para ellos. No puedo simplemente dejarlos.

Chastity fijó sus ojos en Seth y caminó hacia donde él estaba. Dejó los cafés en una pequeña mesita antes de tomar asiento junto a él. Él se sobresaltó levemente al sentir la mano de ella envolviendo la suya, pero incluso después de ver quién era, no la alejó. En su lugar la aferró con más fuerza, dándole un ligero apretón antes de reenfocar su mirada en el mismo punto del suelo.

Draco y Hermione los miraron por un momento; Hermione apretándole el brazo y manteniéndolo cerca de ella. Sus ojos permanecieron fijos allí, pero él desvió primero su mirada al oír un ruido detrás de ellos. Volteó justo a tiempo para ver un rostro desaparecer al rodear la esquina. ¿Qué hacía ella…

-Hermione, iré a tomar algo de aire.

-Bueno. ¿Quieres que vaya cont…

-No, no pasa nada – dijo él rápidamente – Alguien debería quedarse aquí y vigilarla de cerca – hizo una seña en dirección a Chastity – Si Zandicus realmente está detrás de todo esto, no puedo imaginar que él estará feliz con que esté con nosotros.

Hermione asintió antes de acercarse y abrazarlo con fuerza. Respiró su esencia por un momento y dijo – Ten cuidado ahí fuera, ¿quieres?

-Siempre – dijo él, besándole la mejilla.

Hermione estaba reacia a dejarlo marchar. Mantuvo apretada su mano durante un largo rato antes de girarse rápidamente y, sin mirar hacia atrás, se alejó. Caminó hacia los otros y tomó uno de los café de la mesa antes de sentarse al otro lado de Seth y comenzar a sorberlo lentamente.

Tan pronto como Draco la vio segura con los otros, recorrió el pasillo y dobló la esquina. Alguien estaba presionada contra un pequeño recoveco de la pared, justo detrás de un expendedor de agua. Draco caminó hacia allí y colocó ambos brazos contra la pared, para impedir que la persona se alejara.

-¡Parkinson!

Los ojos de Pansy se abrieron de repente. Lo miró aterrorizada.

-¿Qué haces aquí? – le preguntó él.

-Yo… yo solo… uhh…

Ella giró el rostro solo un poco para mantenerlo oculto en las sombras, pero al hacerlo le dio a Draco una buena vista del moretón en su mejilla.

-Que bonito tesoro tienes ahí – dijo él - ¿Quién te lo hizo?

Sin saber de qué estaba hablando, Pansy estiró su mano y se tocó el rostro, estremeciéndose al sentir el dolor – ¡Oh! Yo… no me di cuenta…

-¿No te diste cuenta de qué? ¿De que alguien te golpeó?

-No… yo…

-¿Quién te golpeó, Parkinson?

-N-nadie.

-¿Fue Zabini?

-N-No. B-Blaise y yo… no somos…

-Eso no significa que no pueda hacerlo. ¿Es por eso que estás aquí? ¿Para que te revisen el golpe?

-N-n…sí. Sí, esa es la razón por la que estoy aquí.

Los ojos de Draco se convirtieron en delgadas rendijas al fulminarla con la mirada – Estás mintiendo. ¿Qué haces aquí, Parkinson?

Varias lágrimas cayeron de su rostro – No estoy… no estoy mintiendo.

-Sí lo estás. Ni siquiera sabías que tenías eso en el rostro hasta que te lo señalé. ¿Qué haces aquí?

-Yo… yo solo… quería… - Pansy comenzó a llorar. Levantó la mirada por un breve instante y atrapó los ojos de Draco, solo para volver a desviar la mirada al segundo. Aún así, ese breve momento fue todo lo que le tomó a él notar la culpa que la carcomía. Fue todo lo que le tomó a él comprenderlo.

Su corazón se saltó un latido, y luego se detuvo por completo – No – negó con la cabeza, incrédulo – No, no lo hiciste.

-Yo…

-Pansy, ¡dime que no lo hiciste!

Ella lloró con más fuerza.

-¡No! – Draco le tomó del brazo y abrió la puerta más cercana. Era una habitación vacía. La arrojó adentro y entró él también, cerrando la puerta detrás de ellos. Después de un movimiento de su varita para colocar un hechizo silenciador, preguntó - ¿Qué carajos hiciste?

-N-nada… yo…

-¡No me mientas, joder! – todos los músculos de su cuerpo se tensaron - ¿Estuviste allí? ¿Tuviste alguna participación en todo esto?

-Yo… no fue… ella… ¡no se suponía que ella estaría allí!

Esa fue toda la confirmación que Draco necesitaba. Tomó a Pansy y la golpeó contra la pared, apretándola mientras mantenía su varita contra su garganta - ¡Te mataré, maldita sea! ¡Voy a jodidamente MATARTE! ¡Sophie no les hizo nada! ¡Ella no merecía esto!

-¡Draco, por favor! ¡Por favor, déjame ir! Nosotros… ¡nosotros no estábamos allí por ella! ¡Estábamos allí por ti!

-¿Para torturarme?

-¡Para asustarte! ¡Jamás nos dijeron que te torturásemos! ¡Solo debíamos asustarte! Pero luego ella entró y… ¡y él enloqueció! ¡Enloqueció y todos le siguieron la corriente! ¡Intenté detenerlos! ¡Le quité el hechizo silenciador a la habitación para que ustedes vinieran!

-¿Quién es él? – preguntó Draco con claras y afiladas palabras - ¿Quién estaba contigo?

-Yo… yo no puedo decírtelo.

-Después de todo… de todo lo que tú y yo pasamos juntos… ¿esto es lo que tú me deseas? ¿Realmente me odias tanto?

-Draco, no – lloró ella – Jamás te odié. Yo solo… estaba preocupada por ti. Desde que comenzaste a salir con esa maldita Granger. Nada bueno puede salir de eso. ¡Tienes que alejarte de ella! ¡Tienes que dejarla! ¡Si no lo haces, ambos estarán en peligro! Por favor… por favor, ¡solo aléjate! ¡No sabes lo que tienen planeado para ustedes! Tú no…

-¿Cuándo se les meterá esa idea en sus jodidas y duras cabezotas? ¡Nunca voy dejarla! ¡Prefiero morir, maldita sea!

-Draco, por favor…

-¿Quién está jodiendo contigo, Pansy? – preguntó de nuevo, presionando con más fuerza su varita contra su garganta.

-Draco, ¡sabes que no puedo decírtelo! ¡Me matarán! ¡Me matarán, mierda!

-¡Yo te mataré primero!

-¡No! ¡Tú no lo harás! – dijo ella con voz temblorosa - ¡No eres así! Tu eres…

-Avada…

-¡DETENTE! ¡DETENTE! – gritó ella, retorciéndose para intentar alejarlo de él – Draco, ¡por favor!

Draco respiró pesadamente contra el rostro de Pansy. Quería hacerlo. Quería asesinarla en ese mismo momento, solo por haber estado allí. Pero a una parte dentro de él – una que nunca comprendería – todavía le importaba la bruja, y sabía que nunca podría hacerlo.

Él era débil.

Aunque jamás había sido fuerte, solo hace poco se estaba permitiendo volverse tan frágil, con las emociones controlándolo. Hace tiempo había sido muy bueno embotellándolas dentro suyo, pero ya no más. Ahora llevaba el corazón en la manga. No podía esconder el amor que sentía, ni siquiera si así lo quisiera. Lo único que deseaba ahora era proteger a sus seres amados, y ninguna parte de él deseaba herir a los que no lo eran. No como antes. Antes de que Hermione cambiara su vida.

¿Qué pasó con los días en los que había deseado las cosas normales por encima de todo? Dinero, poder, estatus. Eso fue para lo que lo criaron. Para creer que eso era lo importante. ¿Pero el amor? Ni siquiera lo había considerado una opción hasta que lo tuvo mirándolo directamente a los ojos, e incluso entonces intentó negarlo. Intentó ignorar lo que sentía por Hermione hasta que fue terriblemente doloroso hacerlo. E incluso entonces, la alejó de él, causando que fuera prácticamente imposible respirar del dolor por su ausencia. Parte de él se preguntaba si disfrutaba del dolor. Quizás era por eso que le había permitido consumirlo por tanto tiempo.

Draco dejó ir su agarre en Pansy, y ésta cayó al suelo. Él tomó varios pasos hacia atrás, sin despegar su mirada de la de ella – Vete – espetó sin contemplación.

-Draco, yo…

-Cometiste un error al venir aquí, Pansy – dijo él, guardando su varita – Te dejaré ir, solo esta vez, porque meter en prisión tu patético culo no me daría ningún beneficio. Pero te mantendré vigilada de ahora en adelante. Y dile a quien sea que estuvo esa noche contigo, que estaré buscándolos también. Y una vez que averigüe quienes son… - la miró hacia abajo, como siempre lo había hecho, directo hacia esos destruidos ojos, negándose a creer en la pena que cargaban, y torció el rostro ante el enfado - … Voy a destruirlos – dijo con la voz contenida y fría – Serán condenados a un destino incluso peor que la muerte. Haré que deseen jamás haber nacido.

Draco se movió hacia la puerta.

-Draco, ¡espera!

Él se detuvo con la mano en el picaporte, pero no volteó.

-El… el bebé. Por favor, solo dime… ¿Cómo está el bebé?

El agarre de Draco se tensó a cerrar sus ojos con fuerza – No hay bebé – dijo con palabras rotas y secas – Tú y tus amigos se aseguraron de que así sea.

Draco abrió la puerta y se alejó, asegurándose de golpear la puerta detrás de él. Pansy no se movió del suelo. Permaneció sentada en el suelo, llorando mientras se consumía en la devastadora miseria en la que sola se había metido.

XXX

Varias horas después, todos estaban sentados en la habitación de Sophie, intentando sonreír mientras ella pretendía que todo era normal. Fingía un optimismo falso, mientras el resto fingía que se creían su optimismo.

-De veggdad, estoy bien. Pueden dejagg de pggeocupaggse. Al menos estoy aquí ahogga. Eso es todo lo que impoggta, ¿veggdad?

Todos asintieron, poco convencidos.

La Sanadora ingresó a la habitación - Lo siento, pero la hora de visitas acaba en quince minutos. Sr. Prior, usted puede quedarse, pero me temo que el resto tendrá que irse.

Todos volvieron a asentir. La Sanadora le dio a Sophie una mirada de pena antes de alejarse.

Justo entonces, el teléfono de Seth comenzó a sonar. Lo abrió.

-¿Quién es? – preguntó Sophie, aunque sabía perfectamente que Caroline era la única persona que no estaba en la habitación, y que podría haberle mandado un mensaje. No había regresado desde que se había marchado a la oficina, y los otros la cubrieron lo mejor posible, pero aún así Sophie no comprendía por qué una de sus mejores amigas no estaba allí para verla.

-Uhh… es Caroline – dijo él, renuente – Necesita algo de ayuda, umm… para acomodar la oficina.

Todos permanecieron en silencio.

-¿Hablas de limpiagg? – preguntó Sophie después de una larga pausa.

Seth no respondió – Debo irme. De cualquier modo, las horas de visita ya acabaron – Se levantó – Me alegra que estés bien, Soph – dijo él, besándole la frente.

-¿Mi padre sigue en la oficina? – preguntó Chastity.

-Debería estar allí – dijo Seth – Los Aurores acaban de marcharse. Estoy seguro de que pasaran por aquí en breve.

-Entonces debo irme también –dijo Chastity, levantándose de su silla – Iré a ver que todo marche bien – miró a Sophie – Eres… tan fuerte – le apretó la mano levemente antes de desaparecer con Seth.

Tan pronto como se marcharon, Phillip se incorporó – Iré rápidamente a casa a buscar algunas cosas, querida – dijo, acariciando el cabello de Sophie - ¿Les importaría quedarse aquí con ella mientras yo estoy lejos? – miró a Draco y Hermione – No quiero dejarla sola.

-Phillip, estoy bien.

Él suspiró – De igual forma, me sentiría más cómodo no dejándote sola.

-Claro que sí, colega – dijo Draco, acercando su silla a la cama de Sophie.

-Gracias – Phillip le dio un beso a su esposa antes de desaparecer hacia su casa.

Sophie miró a Draco y dijo – Ve con él. No quieggo que esté solo ahogga mismo.

Draco miró a Hermione, quien asintió – Volveré en breve – dijo antes de darle a ambas un beso en la mejilla.

Se apareció en la casa que los Prior habían comprado varios meses atrás. De hecho, habían salido en busca de casas juntos. Recién ahora se daba cuenta de que debió ser justo después del anuncio de su embarazo que habían tomado la decisión final, y se preguntó si no lo habían planeado así, en realidad.

Phillip no estaba en el recibidor – si así podía llamarse a una entrada tan pequeña. Draco caminó por la casa buscándolo, finalmente notando una leve luz que se colaba por una de las habitaciones del segundo piso. La siguió y echó un vistazo adentro de ella. Phillip estaba en el centro de una habitación de bebé a medio terminar, dándole la espalda a él. Sostenía entre sus manos un osito de peluche, mientras un móvil daba vueltas arriba de la cuna, al ritmo de la nana que Hermione y Draco bailaron en su boda.

Draco intentó permanecer en silencio, pero accidentalmente rozó su hombro contra la puerta, haciendo que esta rechinara al abrirse. Phillip volteó – Draco… ¿qué haces aquí?

-Sophie me pidió que viniera contigo – dijo él, entrando a la habitación.

-Claro que sí lo hizo – Phillip volvió a mirar el oso de peluche.

-¿Qué tienes ahí? – preguntó Draco, parándose junto a él.

Phillip suspiró – Compré esto para Sophie el día que nos enteramos que estaba embarazada. Quería contármelo en persona, pero no pudo contener su emoción y terminó por llamarme por teléfono – su respiración se aceleró – Me metí en la primera tienda que encontré y compré esto. Es solo un juguete barato, pero Sophie lo adoró. Dijo que el primer oso de peluche de un bebé es "muy impoggtante". Que era el juguete que conservaría por siempre. ¿Todavía tienes tu primer oso de peluche, Draco?

Draco parpadeó.

-Ni siquiera creo haber tenido un oso de peluche – dijo él, honestamente – Los animales de relleno no son algo en lo que mi familia gastaría dinero.

-Seh… tampoco la mía. Jamás fui particularmente cercano a mi familia. No como Sophie con la de ella – Phillip sollozó, con su respiración haciéndose cada vez más errática – Pero… estaba determinado a darle a este bebé una buena familia… mejor que la que yo tenía – sus ojos comenzaron a inundarse – Una donde… donde las pequeñas cosas como este osito fueran atesoradas, no dejadas de lado al considerarse infantiles – las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, hasta caer en el osito que presionaba con fuerza entre sus dedos – No te culpo, Draco.

-Lo sé.

-Y no desearía que les hubiera ocurrido a ti o a Hermione. Jamás les desearía algo como eso. Pero… ¿por qué? ¿Por qué tuvo que pasarle a ella? Cuando ella intentó buscar el whiskey de fuego de mi oficina, tú no se lo permitiste. Fuiste en su lugar. ¿Por qué, cuando ella fue a averiguar por qué tardaban tanto, no fui yo en su lugar? ¡Debió ocurrirme a mí! ¡Debí ir yo en su lugar! ¡Debí ser yo el que entrara en esa oficina!

-Phillip… no. Sophie jamás te perdonaría si te escuchara hablar de esa forma.

-¡No me importa! ¡Ella jamás debió ser torturada! ¡Mi bebé debería seguir aquí! ¡Mi… mi bebé se fue! Mi bebé está…

Phillip colapsó en sus rodillas, mientras presionaba el osito contra su pecho. Había algo terriblemente doloroso sobre ver a alguien quien siempre había sido el epítome de la fortaleza, en un momento tan devastador y viéndose tan vulnerable.

-Ni siquiera supe si sería un niño o una niña…

Draco cayó al suelo con él. No sabía qué hacer, pero se negó a no hacer nada. Pasó un brazo alrededor de su amigo y le permitió llorar en su hombro, algo que nadie excepto Hermione había hecho antes. Y se quedó allí. Con su amigo. Durante el tiempo que fue necesario.

XXX

Hermione se secó completamente sobre el inodoro de la habitación de Sophie. Era la tercera vez en la noche que se encontraba apoyada sobre la tabla del inodoro, y todavía no estaba ni cerca a sentirse bien. Todo el asunto era repulsivo. Quien sea que le hubiera hecho esto a Sophie realmente estaba mal de la cabeza. Astoria había venido y les había dicho que al parecer, Sophie había sido torturada numerosas veces con la Maldición Cruciatus, y con vairas varitas al mismo tiempo, por lo que fue un disparo tras otro, sin darle tiempo siquiera a respirar entre las olas de dolor. Y si sabían que estaba embarazada y aún así lo habían hecho… Oh, Dios, Hermione volvía a querer vomitar. Se inclinó sobre el inodoro y tuvo arcadas hasta dejar su estómago vacío, nuevamente.

Una vez que ese round terminó, Hermione se limpió con su varita, se mojó el rostro con agua fresca y caminó de regreso hacia Sophie – Lo siento – dijo ella, esperando que el hechizo silenciador que había colocado en el baño hubiera funcionado bien, a pesar de su débil estado.

-¿Todo está bien? – preguntó Sophie, viéndose preocupada.

-Sí, estoy bien – Hermione tomó asiento – No te preocupes por mí, Sophie. ¿Cómo estás tú?

Sophie se encogió de hombros – Estoy todo lo bien que me es posible, supongo.

Hermione frunció el ceño – Sophie… Phillip no está aquí ahora. No tienes que mostrarte valiente conmigo. Así que, por favor, dime cómo te sientes.

Sophie hizo una pausa y jugueteó con las sábanas. Cerró los ojos – Mi cueggpo me duele, Heggmione. Tanto pogg dentggo como pogg fuegga. No sé como descggibigglo.

-Bueno, podemos comenzar por la parte de afuera – dijo ella, tomando la mano de su amiga entre las suyas – Dime qué te duele.

Sophie abrió los ojos y los bajó hacia su cuerpo. Se enfocó en el vendaje de su brazo, escondiendo el profundo corte que había sido abierto para escribir el mensaje de sangre en la ventana. Lo había curado con un hechizo sanador, pero era tan profundo que igual tuvieron que colocarle vendaje.

Sophie movió sus manos enlazadas y apuntó con ellas su brazo – Esto duele de difeggente foggma. Aunque el ggesto de mi cueggpo me duele y se siente débil como gelatina, este me aggde – Una lágrima cayó de sus ojos y sobre el vendaje – Cuando te … - pasó saliva - … toggtuggaggon, también te dejaggon una maggca, ¿veggdad?

-Sí – dijo Hermione, levantando su manga para darle a Sophie un buen vistazo por primera vez de la cicatriz de "Sangresucia" en su brazo.

-Todavía… ¿todavía te duele? – preguntó entre sollozos contenidos.

-¿La cicatriz? – Hermione la recorrió con sus dedos y los de Sophie – No. No me ha dolido en mucho tiempo. Pero el recuerdo… todavía me duele de vez en cuando. Mucho menos desde que Draco está en mi vida de nuevo. Me ayudó a darme cuenta de que esta cicatriz no es algo de lo que debería estar avergonzada, porque me ayudó a ser quien soy hoy en día. A causa de ella soy incluso más fuerte de lo que fui en ese entonces. La persona que me la hizo quería que al verla, me sintiera derrotada. La dejó como un recuerdo constante del dolor que pasé una vez. Pero me negué a dejarla ganar, y la vencí. Y, un día, también tú lo harás. Eres fuerte, Sophie. Nunca te olvides de eso.

-Peggo… - Sophie hipó – Peggo tengo una cicatggiz que duele más – bajó la mirada hacia su estómago, acariciando una línea a través de la bata del hospital. Una que Hermione sabía que le habían hecho para remover el bebé muerto. No había ningún hechizo para hacerlo, y los Sanadores tuvieron que hacerlo al estilo Muggle. La cicatriz era delgada, y se curaría con los hechizos debidos, pero el recuerdo… el recuerdo nunca se desvanecería.

-Lo sé. Pero no puedes dejar que el dolor te consuma. No los dejes ganar, Sophie.

-Peggo mi… mi bebé ya no está aquí. Me estiggo y ya no lo siento. Justo ayer lo sentí pateagg pogg pggimegga vez y ahogga… ya no está. Una paggte de mí desapaggeció. Y me siento… vacia. ¿Eso es noggmal? – preguntó, mirando desesperada a Hermione por una respuesta.

-Creo que sí – dijo Hermione, secándose algunas lágrimas de sus ojos.

Llamaron a la puerta. Ambos voltearon para encontrarse a Harry con un auror mayor, quien Hermione solo reconocía por su nombre de pila, Quinn – Lamentamos interrumpir – dijo Harry, notando rápidamente las lágrimas en los ojos de ambas brujas – pero necesitamos preguntarte algunas cosas, Sophie.

-¿Investigaron a Zandicus? – preguntó Hermione – Porque amenazó temprano a Draco…

-Sí, Sra. Malfoy. La Srta. Hanson ya nos puso al día sobre eso – dijo Quinn – Desafortunadamente, el Sr. Thinx tiene una coartada. Estuvo con una reportera llamada Inga Utkin toda la tarde.

-¿Inga Utkin? ¿Y ella la confirma? – exigió ella.

-Sí, lo hace. Al igual que varios otros testigos que estaban en el mismo lugar con ellos.

Volvieron a llamar a la puerta, y la Sanadora ingresó. Miró a ambos Aurores hasta que sus ojos reposaron en Hermione – Sra. Malfoy, me temo que la hora de visitas acabó. Podrá regresar mañana por la mañana.

-Pero Phillip todavía no regresó. ¿Puedo quedarme hasta que él vuelva?

Ella frunció el ceño – Me temo que no. San Mungo es muy estricto en este tipo de cosas. Los Aurores tienen un permiso especial para sobrepasar los horarios de visita, pero no los invitados.

-Pero… - Hermione jamás se había maldecido tanto a sí misma por no volverse un auror cuando pudo.

-No pasa nada, Heggmione. No estaggé sola – dijo Sophie, apretándole la mano, recordándole que seguían unidas – Y estoy segugga de que Phillip volveggá muy pggonto.

Hermione la miró y frunció el ceño – Bueno, muy bien. Si estás segura…

-Lo estoy. Ggacias pogg espeggagg conmigo.

Hermione se levantó y dejó ir la mano de su amiga con renuencia. Le dio un gentil abrazo a Sophie, para no lastimarla y dijo – Cuando regresen, dile a Draco que estaré en la sala de espera. Ambos sabemos que estará furioso si me marcho a casa sin él.

Sophie asintió. Hermione la besó varias veces en la mejilla antes de salir de la habitación, dejando que Harry le tomara y apretara la mano en su camino.

Hermione esperó sentada por lo que parecieron horas. Finalmente, Draco atravesó las puertas y se sentó junto a ella. Sin levantar la mirada, preguntó - ¿Cómo está él?

-Nada bien – dijo Draco - ¿Cómo está ella?

Hermione suspiró – Nada bien.

Una larga pausa.

-Hermione, yo… estuve pensando y quiero… quiero abrir la puerta.

Las manos de Hermione se apretaron en sus rodillas – Pensé que habíamos decidido no hacerlo.

-Sí, bueno, eso fue antes.

-¿Antes de que te dieras cuenta de que esto es real?

Draco se estremeció – Sí.

Otra pausa.

-No estoy diciendo que debemos encontrar ese "hechizo" que describe el libro. Solo quiero ver qué hay ahí dentro. Quizás encontremos algo más. algo menos poderoso para… para proteger a quienes amamos. Me sentí tan vulnerable hoy. Tan increíblemente débil cuando no pude hacer nada. Sophie estaba siendo torturada y yo no podía abrir siquiera una maldita puerta.

-Ninguno pudo hacerlo – dijo ella, estirando su mano y tomando la de él – Ellos no estuvieron allí unos minutos, Draco. Estaban esperándonos desde temprano. Tuvieron tiempo suficiente como para colocar varios y poderosos hechizos.

-Lo sé, y sé que estaban esperando a que yo llegara. Es mi culpa lo que le sucedió a ella.

-Draco, no es…

-¡Si lo es! – exclamó él, soltando su mano y levantándose de un salto de su silla - ¡Todo es mi culpa! ¡Yo soy el que debería estar en esa cama ahora mismo! ¡No Sophie! ¡Ella no merecía esto!

-¡Tampoco tú! – lloró Hermione – Draco, por favor. Piensa esto racionalmente.

-Ya lo hice – dijo él – Y por eso debo hacer esto. Nosotros debemos hacerlo. Necesito que hagas esto conmigo, Hermione.

-Draco, yo… - pasó saliva – Tengo miedo de lo que pueda haber tras esa puerta. Siempre lo tuve. Y una vez que la abramos, no habrá vuelta atrás. ¿Estás segura de estar listo para eso?

-Sí – dijo él de inmediato, arrodillándose frente a ella – Sí, estoy seguro. No comenzamos esto, Hermione, pero obviamente está sucediendo.

-No lo sé…

-Es como lo que dijiste antes – dijo él, tomándole las manos – Necesitamos ganar ventaja, estar por encima de ellos. Si no hacemos algo ahora, ¿qué los detendrá después antes de volver a atacar? Viste el mensaje en la ventana, Mione. Sabes lo que están planeando.

-Sí, pero eso fue solo para asustarte, Draco. ¡No van a lastimarme! No todavía, de cualquier modo. No hasta que ese poder o lo que sea de lo que habla la profecía esté creado.

Él suspiró – Quizás tienes razón. Pero hasta entonces, ¿qué los detendrá de ir tras cada una de las personas que amamos? Como lo hicieron esta noche…

La respiración de Hermione se aceleró, mientras su cuerpo comenzaba a temblar del terror. Sabía que Draco estaba en lo cierto. ¿Qué los detendría de atacar de nuevo? Le quitaron a Sophie lo más preciado que tenía. Algo incluso más importante para ella que su propia vida.

-Muy bien – Hermione se escuchó decir a sí misma, incluso aunque sus labios, y el resto de su cuerpo, se sentía entumecido.

Draco se reclinó y la besó – Deberíamos ir ahora – le susurró.

Los ojos de Hermione se abrieron - ¿Ahora? ¿Estás loco?

-No sé si tendré el valor de esperar hasta mañana – dijo él – Por favor, Hermione. solo quiero ver.

Pero, yo no… el Ministro… él tiene la llave.

-Y estoy seguro de que sabes en dónde está.

-Bueno, sí, pero no podemos solo…

San Mungo desapareció y segundos después, Hermione se encontró a sí misma en el centro de la oficina de Kingsley. Miró a Draco y negó con la cabeza, antes de ir hacia la biblioteca del Ministro, sacar una copia de Historia de Hogwarts y abrirla. Parte de las páginas habían sido cortadas para contener una pequeña llave. Una vez que la tuvo, Draco la tomó del brazo y los apareció en el noveno piso. Él y Hermione se quedaron allí, mirando boquiabiertos a la puerta sencilla y negra al otro lado del corredor.

-¿Estás segura de hacerlo? – preguntó ella.

Draco asintió – Absolutamente.

Esto, por supuesto, era una mentira al cien por ciento. Parte de él seguía creyendo que venir aquí era un completo error, pero empujó esa parte a lo más profundo de su ser y la enterró allí. Necesitaba ver lo que había detrás de la puerta. Necesitaba probar que no era débil. Que era fuerte, y que podía manejar lo que sea que esos intentos de Mortífagos le arrojaran.

Draco tomó la mano de Hermione y ambos atravesaron el corredor. Abrieron la puerta y entraron, cerrándola suavemente detrás de ellos. La habitación comenzó a girar, pero Hermione levantó su varita y la detuvo de inmediato. Localizó la puerta y caminó hacia ella. Solo ahora Draco recordaba que no tenía un agujero para la llave.

-Hermione, cómo vamos…

-No importa. Conozco el truco – dijo ella – Pero tengo que preguntártelo una vez más. ¿Estás seguro?

Draco miró la puerta y luego a ella. fijó la mirada en sus hermosos ojos ámbar – todavía enrojecidos y manchados con el rímel corrido – y se preguntó por qué nada entre ellos era sencillo. Por qué no podían vivir sus vidas juntos y tranquilos… ser felices… que no torturaran a sus amigos… ¿Era mucho pedir, acaso?

Draco tomó una profunda respiración – Prométeme que nada cambiará entre nosotros. Que lo que sea que suceda… no logrará vencernos.

Su corazón se alivió cuando Hermione le sonrió – Claro que no. Se necesitará más que una guerra y un nuevo e inconmensurable poder para poder separarme de ti, Draco Malfoy.

Draco le devolvió la sonrisa – Bien. Eso es lo que quería escuchar.

-Necesito que vengas aquí – dijo ella, haciéndole una seña con un dedo.

Draco caminó hacia ella, dándole la mano cuando ella se la pidió. Colocó la llave en la palma de la mano de él y la presionó con la suya. Una cálida y cosquilleante sensación los recorrió a ambos. Cuando separaron sus manos, la impresión de una llave quedó grabada en ambas palmas.

-¿Y ahora qué? – preguntó él.

-Ahora tocamos la perilla.

Su rostro se tensó.

-Solo recuerda, Draco, que hay una posibilidad de que esto no funcione. Si no somos considerados como los indicados, la puerta no se abrirá.

Draco asintió. Él y Hermione se miraron mutuamente. Compartieron un tierno beso, con lágrimas cayendo de ambos rostros al presionarse uno cerca del otro. Cuando se separaron, Draco descansó su frente contra la de ella y le acarició la mejilla, sin despegar la mirada de sus ojos – A la cuenta de tres, ¿bueno?

Hermione asintió, tomándose un momento para soltar el aire contenido.

-Uno – comenzó él.

-Dos – sus labios temblaron.

Una pausa. El único sonido de la habitación era el de sus corazones retumbando contra sus pechos, mientras ambos contenían el aliento. Y entonces, lo soltaron.

-Tres – dijeron al mismo tiempo, cada uno tomando con fuerza el picaporte de la puerta. Giró.

Draco y Hermione no sabían que esperar de eso. Fuegos artificiales… una lluvia de vino… una orquesta Muggle… pero nada de eso apareció. Todo lo que se oyó fue el sonido de una vieja y maltratada puerta rechinando al abrirse, abriendo el paso a una habitación oscura.

-¿Estás listo? – preguntó Hermione, mirando a su esposo.

-No – respondió él – pero no tenemos otra opción, ¿verdad?

Draco y Hermione se tomaron de las manos. Miraron la puerta por un largo rato antes de volver a respirar profundamente, y atravesarla.

La puerta se cerró de un golpe tras ellos.


Nota de la Traductora: Hola! Seguimos tras la racha de capítulos amargos, pero no hay forma, hay que leerlos igual. ESPERO QUE TODOS HAYAN TENIDO UNA INCREIBLE NAVIDAD, JUNTO A SUS FAMILIAS, SERES QUERIDOS, AMIGOS, NOVIOS, VECINOS, COLEGAS DEL TRABAJO O CON QUIEN SEA. LO IMPORTANTE ES PASARLA BIEN. Y los regalos, obvio, aunque a mi no me hayan traído el Pegaso que le pedí.. :( (para quien no lo sepa, un pegaso es un caballo alado). No era tan difícil de conseguir, pero no me dieron con el gusto. Por lo menos a Zamba si le trajeron algo que disfrutó. El hueso está reducido a nada ahora ajaja

Perdon! no tuve tiempo de contestar reviews. Fueron (y siguen siendo) unos días ajetreados, no paramos con los festejos y, como aqui en Argentina se decretó el 26 también como día de asueto, mi familia decidió preparar el cohete y provisiones e irnos a las montañas hasta el domingo. Sí. Yo también estoy así de feliz. Así que bueno, no hay respuesta a rr ni actualizacion por el fin de semana, porque es dificil hacerlo desde el cel. Prometo que, de cualquier modo, contestaré los rr del capi pasado el domingo o lunes apenas pueda. Promesas, promesas, promesas... Soy como Germán anunciando que subiré video todos los viernes. (por favor díganme que saben de quien hablo jajaja)

De cualquier modo, GRACIAS! por la respuesta a la historia. Cada vez se pone más interesante, y van a ir descubriéndose nuevos factores con el avance de los capítulos.

GRACIAS también por el apoyo a Merry Christmas, Mr. Malfoy! Woww! me sorprendió muchísimo el nivel de aceptacion. A esa historia la retomaremos cuando regrese de mi viajecito a las montañas.

Recomendación McFly/McBusted de hoy: Back in Time.

Sunset 82 subió una traducción de un OS de Bex Chan hiper mega fantastico! y encima navideño, así que lo hiper mega recomiendo: DEBIDO A LAS CASTAÑAS Y A LAS MANCHAS DE CEREZA. Hermoso. Simplemente Hermoso.

Nos leemos pronto!

Pekis :)