Fighting for the Malfoys

-Luchando por los Malfoys-


Capítulo 18 – Infiltrados.

Draco estaba sentado en su sala sintiéndose bastante nervioso. Él y Hermione se habían prometido mutuamente sinceridad y ahí estaba él, dándole la espalda a esa promesa nuevamente, incluso aunque sabía que Sophie tenía razón en que Hermione y Phillip nunca conseguirían comprender. Ambos eran naturalmente buenos, y solo llegarían a creer que todo era una injusticia que jamás llegaría a solucionarse. Todo lo que podían imaginar era a alguien logrando salir impune de lo que era, esencialmente, un asesinato. Pero había cuatro personas en la oficina de Draco ese día, y si delataban a Pansy, la asesinarían mucho antes de que tuviera la oportunidad de abrir la boca. Porque Draco, al igual que todos los demás, sabía que indudablemente delataría a todos. Pansy era egoísta. Siempre lo fue. Bueno… no en todos los aspectos, recordó Draco.

Sophie fue la primera en llegar. Fue bastante sencillo, considerando que Phillip había decidido ir a trabajar y ella no. Y como Draco estaba en su hora de almuerzo, Phillip no tenía por qué salir de su oficina. No hasta que fuera hora de volver al trabajo. Ahora, solo necesitaban que alguien más llegara…

Llamaron a la puerta. Draco se sobresaltó. Estaba tan convencido de que Hermione los atraparía allí que se sentía un tanto al límite. Sophie rodó sus ojos y fue a abrir la puerta.

-Buenos días, Haggy – dijo ella, saludando con dos besos en las mejillas al mago pelinegro.

Él se sonrojó – Uhh… hola, Sophie. No esperaba… es decir, Malfoy no me dijo…

-Yo soy la que solicitó tu pggecencia aquí hoy, en ggealidad.

-Oh.

Harry miró a Draco, quien los observaba desde la entrada de la sala. Había sido extraño cuando Draco se le acercó la noche anterior en el Caldero Chorreante, mientras Hermione se acercaba a la barra a pagar la cuenta. Él le dijo que tenía que hablar sobre algo muy importante con él, y le pidió que lo buscara al día siguiente al mediodía. Antes de que Harry tuviera la oportunidad de preguntar cualquier cosa, Hermione había regresado y era bastante evidente que Draco no quería discutir sobre eso frente a ella.

-¿Para qué me pediste que venga, Malfoy? – preguntó Harry después que todos volvieran a acomodarse en la sala. Él estaba en el sofá con Sophie, mientras que Draco se sentó frente a ellos en una elegante silla que se parecía mucho a las que solía tener en la Mansión Malfoy.

Draco no dijo nada. Solo miró a Sophie. Ella suspiró – Te mentí, Haggy. En el hospital, cuando fuiste a integggogaggme, te mentí.

Harry parpadeó sin entender - ¿En qué mentiste?

-Cuando te dije que no conocía a ninguno de los que me atacaggon. Eso no es cieggto. Si vi uno. Cuando ella dio un paso al fggente pagga detenegg a los otggos pude veggle el ggostggo, y la ggeconocí.

-¿Lo hiciste? – dijo Harry, con los ojos abriéndose detrás de las gafas - Bueno, ¿quién es?

Sophie estaba a punto de contárselo, pero Draco levantó una mano para detenerla. Ella se calló inmediatamente.

Harry estaba descolocado – No lo entiendo. ¿Por qué mentirías sobre ello?

-Porque no queremos que la encierren todavía, Potter.

-¿Por qué no? – preguntó Harry, frunciendo el ceño.

-Poggque está comenzando una gueggga, Haggy. El asesinato de anoche dejó eso peggfectamente en claggo.

-Y el otro lado no es particularmente compasivo, Potter – dijo Draco – Si la delatamos ahora, su nombre quedará arriba en todas las listas de los siguientes objetivos. Pero, si esperamos, quizás será suficientemente estúpida como para revelar quiénes fueron los otros. Quizás hay más, incluso.

Harry miró a Draco y respiró profundamente - ¿Por qué me cuentan esto? Saben que yo, como un auror, tengo que…

-¿Velar por el bienestar de las personas? Seh, sabemos eso – dijo Draco, posando sus brazos en sus muslos e inclinándose hacia delante – Es por eso justamente que te lo contamos. Sabes que tenemos razón. Incluso aunque delatarla sería lo correcto, solo terminará por afectarnos al final.

-Te lo contamos poggque egges un auggogg, y confiamos en ti – explicó Sophie – Si esta gueggga es paggecida a la anteggiogg, significa que tendggemos que segg extgga cuidadosos pagga saber en quién se puede confiagg y en quien no.

-¿Pero qué pasa con Hermione y Phillip? – preguntó Harry –Adivino que no están aquí porque no saben que reconociste a alguien. ¿Estoy en lo correcto?

-Lo estás – dijo Draco con la voz contenida.

Sophie suspiró – Phillip nunca podggía entendegg pogg qué hacemos esto, Hagggy. Él no puede sabegglo.

-¿Y Hermione? – preguntó él, mirando a Draco.

-Ella nunca podría apoyar esto – fue todo lo que dijo Draco.

-Aunque puede que no apoye la idea, ella te apoya y confía en ti – dijo Harry, frunciéndole el ceño – Realmente deberías darle un poco más de crédito, Malfoy.

-No quiero que ella lo sepa, ¿de acuerdo? – exclamó Draco, mientras se levantaba. Una sola mirada de Sophie hizo que volviera a sentarse – Mira, solo quiero mantenerla lejos del peligro. ¿Eso está bien contigo, Potter?

Harry hizo una mueca – Ella va a enojarse.

-Lo sé – dijo Draco, enterrando su cabeza en sus manos.

Hubo un largo silencio. Durante esos minutos, Harry levantó la mirada hacia el reloj sobre la chimenea y miró largamente el nombre de Hermione, que actualmente estaba apuntando al "Trabajo". Él sabía que Draco solo buscaba lo mejor para ella, pero realmente pensaba que mantenerla fuera de esto era un error. Hermione era más inteligente que ellos tres juntos. Sería capaz de elaborar un plan mucho mejor que el que sea que se les ocurriera a ellos.

-¿Nos ayudaggás, Hagggy? – preguntó Sophie desesperadamente detrás de él.

Harry se sentía incapaz de mirarla. Jamás olvidaría lo culpable que se sintió cuando escuchó sobre el ataque en Thinx, sabiendo muy bien que Hermione también había estado allí. Todo lo que le dijeron es que una bruja había sido seriamente lastimada, y se sintió tan aliviado al enterarse que no había sido su amiga de siempre. Si Hermione se hubiese enterado que él había pensado siquiera algo como eso, aunque hubiera sido solo un segundo, jamás se lo perdonaría.

A Harry si le caía bien Sophie. Era un poco más atrevida que el resto de la gente a la que estaba acostumbrado, pero su lealtad para con sus amigos era intachable. Él no sabía por qué, pero por alguna razón, Harry sentía que le debía algo. Por haberse sentido aliviado de que haya sido ella y no Hermione la víctima del ataque, quizás. Por siempre haber estado allí para su mejor amiga. Por ver lo bueno de personas como Draco sin necesidad de pensarlo tanto, como el resto de las personas. Harry todavía incluso se preguntaba si Malfoy realmente había cambiado.

-Sí, los ayudaré. Los aurores pueden mantener un ojo sobre esta bruja tan pronto me digan quién…

-No todos los aurores – se apresuró a decir Draco.

-Solo aquellos en los que sepas que puedes confiagg… - dijo Sophie.

-Y eso no incluye a la Comadreja. No creo que pueda ser capaz de contenerse, y no quiero que vaya a desembucharle todo esto a Hermione.

-No lo haría – dijo Harry, a la defensiva - Pero Ron sigue siendo un auror en entrenamiento, por lo que si decido involucrarlo en esto, sería solo a nivel personal. De cualquier modo, por ahora, no diré nada. Solo hay dos aurores que se me ocurren ahora, que me gustaría involucrar.

-Entonces que esos dos sean – dijo Draco, firmemente – Cualquier otra persona que se te ocurra después no debes involucrarla. Si estos dos son los primeros que se te vinieron a la mente, es porque realmente son de confianza.

-Bien – dijo Harry. Esperó - ¿No van a decirme quién es?

Draco parpadeó - ¿Lo juras? Que no vas a delatarla, que no se lo contarás a Hermione, ni a weasley…

-Sí, lo juro, Malfoy. Ahora, ¿Quién demonios es?

Draco miró a Sophie. Ambos intercambiaron un asentimiento – Pansy Parkinson - dijo Draco – Sophie la vio, y yo la descubrí actuando sospechosamente en San Mungo el día del ataque. Me lo confesó, pero no quiso contarme nada más. Solo que habían estado allí buscándome a mí. Para asustarme, no torturarme.

Sophie bajó la mirada al suelo y luchó por tragarse las lágrimas.

Draco lo notó – Debí ser yo – hizo una pausa y respiró profundamente – Creo que Blaise Zabini también estaba involucrado. Pansy tenía una enorme marca en el rostro cuando la vi, y él es conocido desde antes por ponerse violento con las mujeres.

-Y esa pggesumida, pggesumida songgisa… - los puños de Sophie se fruncieron.

Draco suspiró – Anoche, cuando Zandicus vino a confrontarnos, Blaise se veía demasiado complacido.

-¿Y los otros dos? – preguntó Harry.

Draco miró a Sophie – Creo que…

-Dggaco, ¡no! – espetó ella - ¡No sabes eso!

-¡No podemos dejar de lado la posibilidad, Soph! Si existe la...

-¡Pero lo conocí! ¡Y él nunca seggía capaz de…

-Yo hice cosas de las que, estoy seguro, nunca me creerías capaz de hacer.

-Bueno, sí, peggo fueggon en el pasado. Tú jamás haggías eso ahogga…

-Creo que también deben mantener los ojos sobre Goyle y Daphne – dijo Draco rápidamente, antes de que Sophie pudiera seguir protestando.

Harry elevó sus cejas - ¿De verdad? Pero Goyle parece tan… ¿Cuál es la palabra indicada? Normal… para ser él, de cualquier modo.

-sí, pero esos cuatro viven estando juntos. No perdemos nada al considerarlos una posibilidad.

Sophie frunció el ceño – Bueno, no sé sobgge Goyle, pero si cggees que Blaise está involucggado, entonces Daphne definitivamente debe segg investigada también.

-¿Por qué dices eso? – preguntó Draco, levantando una ceja.

-Eh… - Sophie se sonrojó y rápidamente desvió la mirada – Pogg nada.

Draco entrecerró sus ojos en su dirección - ¿Acaso Hermione te contó lo que yo vi en mi despedida de soltero?

-¡No! – Sophie frunció el rostro. Sabía que había respondido demasiado rápido – Bueno, puede que me haya mencionado algo…

-¿Qué es? – preguntó Harry con curiosidad – No recuerdo haber presenciado nada divertido.

-No estabas allí en ese momento- Draco respiró profundamente. Detestaba compartir con otros los trapitos sucios de su amigo (con suerte, seguiría considerándolo uno), especialmente cuando ni siquiera le había contado a Goyle lo que había presenciado, pero parecía que ahora tendría que hacerlo – Daphne no se quedó con Pansy ese fin de semana. La vi viajar por Red Flu hacia la casa de Blaise, con valija en mano.

-Oh – dijo Harry, sonrojándose levemente – Eso es… wow.

-¡Y no llevan ni un año de casados todavía! – exclamó Sophie - ¡Completamente hoggoggoso!

-Sí, porque si hubieran llevado más de diez años juntos habría sido más aceptable – dijo Draco con sarcasmo - ¿Verdad, Soph?

Sophie lo fulminó con los ojos – Sabes a qué me ggefieggo. ¿Pagga qué te casas con alguien si vas a engañagglo a la pggimegga opoggtunidad que tengas?

Draco estuvo a punto de comentar que el matrimonio había sido arreglado, pero por suerte, se contuvo a tiempo. Si Goyle realmente era su amigo – que esperaba que así fuera – al menos podría reservarse algunos de sus secretos.

-¿Hay algo más que necesiten contarme? – preguntó Harry mirando su reloj – Quiero saber exactamente lo que hablaron Parkinson y tú, Malfoy, pero realmente no tengo tiempo para eso ahora. ¿Hay algo que resalte? ¿Algo que debo saber de inmediato?

Draco pensó en ello – No tenía la mente realmente clara en ese momento, pero creo recordar que ella me dijo algo como que Hermione y yo estamos en peligro. Que ellos tenían algo planeado para nosotros. Pero fue todo demasiado vago, nada que no sepamos ya.

-Muy bien, entonces – dijo Harry, levantándose – Tengo que irme ahora, pero ¿cuándo podríamos volver a juntarnos para hablar de esto más detalladamente?

-Probablemente consiga algo de tiempo durante el fin de semana – dijo Sophie – Le diré a Phillip que necesito despejarme o algo así – ella y Harry miraron a Draco.

-Hermione y yo iremos de compras al Callejón Diagon el Sábado – dijo él – Podría intentar escabullirme un rato, diciéndole que voy a comprar las cosas para el cuarto de juegos, o algo. No querrá ayudarme en eso.

-O simplemente podrías contárselo, Malf…

-¡Dije que no! – espetó Draco.

-Bien – Harry se encogió de hombros – Te arrepentirás después – caminó hacia la puerta. Draco y Sophie lo siguieron – Encuéntrense conmigo en la Tienda de Artículos de Calidad para Quidditch a las una y media. El dueño me debe un favor, así que podremos usar la trastienda – abrió la puerta.

-Espegga, Haggy – dijo Sophie.

Harry volteó.

-Encontggaggon… ¿pudieggon encontggagg a Zandicus?

Harry la miró y suspiró – No. Hay un auror esperando fuera de su casa, pero por ahora, no ha regresado.

Sophie frunció el ceño –Phillip no volvió a casa hasta casi el amanecer. Estuvo buscándolo pogg todas paggtes. Todavía no puedo cggeegg que justamente eligiera este día pagga igg a tggabajagg.

-Solo necesita una distracción, Soph – dijo Draco – Deberías pensar en pasarte por ahí, también…

Sophie cerró sus ojos con fuerza y negó con la cabeza - No. Cggeo que Phillip necesita… - tragó saliva - … y quiegge alejaggse de mi ahogga mismo.

-Sophie, no…

Sophie salió de la sala sin despedirse de Harry. Draco suspiró y miró al otro mago – Estoy bastante seguro que Zandicus tuvo algo que ver con lo que le sucedió a Sophie, pero no creo que haya matado a Inga.

-¿Por qué huyó, entonces? – le preguntó Harry.

Draco se encogió de hombros – No lo sé. Por miedo, quizás. Había un bar lleno de gente que lo había visto con ella toda la noche, y acababa de armar todo un espectáculo dos minutos antes. Incluso yo admito que las posibilidades no estaban a su favor.

-A esta altura ya no podemos saberlo – suspiró Harry – El Ministro dice tener a unas cuantas personas infiltradas en el otro lado. Hasta ahora, ninguna tiene suficiente influencia como para tener conocimiento de los eventos ocurridos, pero están trabajando en ello.

-¿Tienes idea de quienes son esas personas? – preguntó Draco.

-Ni una pista – dijo Harry antes de desaparecerse con un movimiento de varita.

XXX

-¿Qué es eso? – preguntó Hermione, mirando a Lucius Malfoy con las cejas alzadas. Él acababa de colocar un marco de fotografías sobre su escritorio, con la foto de él y Narcissa junto a Draco y ella en su boda.

-La última vez que estuve aquí noté que tu oficina parecía estar un poco vacía – dijo Lucius – Un viejo colega mío trabaja en Corazón de Bruja y me consiguió una copia de la fotografía. ¿No te gusta? – preguntó él, frunciendo el ceño ante el marco.

-¡No! – dijo Hermione rápidamente - ¡No es eso! – realmente si lo era – Es solo que… tú y Narcissa… es decir, ¿nunca sonríen en las fotos? Todos nos vemos tan… tensos.

Lucius levantó la foto y la estudió con más atención - ¿Lo crees? Estoy sonriendo mucho más aquí que en cualquier otra fotografía familiar. ¿Lo ves? – dijo él, apuntando a la ligerísima curvatura en los labios de su retrato. La imagen de Narcissa lo miró y le frunció el ceño, antes de salir de la imagen. El Lucius de la fotografía la siguió y la trajo de nuevo unos segundos después, mientras Draco y Hermione seguían sonriendo con incomodidad.

Hermione no dijo nada.

-Bueno, si no te gusta… Lucius comenzó a guardarse nuevamente el porta retrato.

Hermione suspiró – Por favor, déjalo, Lucius. Es un regalo muy considerado, y estaría más que complacida de tenerlo en mi escrit… - ¿Tener a Narcissa mirándola todo el día? No, gracias… - En mi biblioteca, justo allí – señaló ella – Mi escritorio suele estar repleto de cosas, y no quiero arriesgarme a derribarlo por error.

Lucius sonrió – Claro que sí – dijo él, con un guiño. Caminó hacia allí y colocó el porta retrato en la estantería repleta de libros, justo al lado de la primera foto que Draco y Hermione se habían tomado juntos, el verano anterior, en Sequoia. Esa foto también era un poco forzada, dado que apenas eran amigos en ese entonces, pero ella la amaba de cualquier forma.

-Sé que teníamos planes para almorzar hoy, pero tengo demasiado trabajo para ponerme al día, y realmente creo que no podré escaparme – dijo Hermione escribiendo algo que acababa de recordar en su lista de cosas por hacer.

-Pero te dije que tenía una sorpresa para ti hoy – dijo Lucius, quitándole la pluma de la mano.

-¿Te refieres a que no era eso? – preguntó ella, señalando la foto.

-Claro que no. Eso solo era un extra para ayudarte a que le recuerdes a todos los que entren a tu oficina que eres una Malfoy ahora.

-¿Porque el nombre de mi placa en la puerta no es suficientemente claro? – sonrió ella.

-Hermione…

-Lucius…

-No aceptaré un no por respuesta – dijo él, cruzándose de brazos.

Hermione se recostó contra el respaldo de su silla y se cruzó de brazos – Parece que la testarudez es un asunto de la familia Malfoy.

-Sí lo es – dijo él – Ya sea que nazcas con el apellido, o lo adquieras por matrimonio, nos sobra tenacidad.

Hermione se esforzó por no sonreír - ¿Podremos regresar en veinte minutos?

-Lo haremos en quince.

-Bueno, muy bien entonces – dijo ella, saliendo de detrás de su escritorio – Muéstrame esa "sorpresa". Y que sea rápido.

Lucius le sonrió, finalmente logrando que Hermione se rindiera y le devolviera la sonrisa. Él sostuvo a un lado su brazo y ella lo tomó, dejando que él los apareciera a ambos a otro lugar.

Hermione sintió un horrible estremecimiento recorrerle la espalda al notar que acababan de aparecerse en el Callejón Knockturn. Lucius dio un paso al frente y abrió una puerta que parecía pertenecer a una tienda de libros. La mantuvo abierta para ella, pero ella no se movió, mirando desconfiada a la oscura tienda.

-Te prometo, Hermione, que nada dentro de este lugar va a herirte – dijo Lucius con la sonrisa marca Malfoy – aunque quizás deberías apresurarte a entrar antes de que alguien te encuentre en el callejón.

Hermione miró a su alrededor con nerviosismo antes de entrar a la tienda. Lucius rió bajito y cerró la puerta tras ella. Levantó la mirada hacia el dependiente y ambos intercambiaron un asentimiento antes de que el hombre se girara en otra dirección. Lucius guió a Hermione a través de las estanterías hasta llegar a una descolorida cortina verde en la parte trasera de la tienda. Al atravesarla, ella notó que el dependiente los miraba de reojo, con el rostro contorsionado en una permanente mueca de malicia. Ella le sonrió radiantemente, y él, al notarlo, se ahogó y dejó de mirarlos.

-Por favor, no asustes a Nogus, Hermione. Nos está haciendo un favor inmenso – dijo Lucius mientras ella entraba en la sala detrás de la cortina verde.

-Lo siento – dijo ella, echándole un buen vistazo a su alrededor.

Todos los libros allí parecían no haberse leído en años. Una densa capa de polvo cubría la habitación como si se tratara de una manta, y las partículas dispersas en el aire le urgían estornudar. Las arañas tejían sus redes en cada esquina, altas y bajas, y cuando una particularmente grande se escurrió hacia ellos, Lucius la aplastó con su bastón.

-Criaturas verdaderamente repugnantes – dijo al tomar un pañuelo y limpiar su bastón. Evidentemente, el pañuelo era mágico porque los restos de la araña se desvanecieron instantáneamente.

-Lucius, ¿qué hacemos aquí? – preguntó Hermione, leyendo algunos títulos. Ninguno parecía ser especialmente importante.

Lucius fue hacia una de las estanterías cerca del fondo de la pequeña habitación y sacó un libro. Hermione se sobresaltó al ver que comenzaba a rotar, revelando una estantería con libros sumamente antiguos. Caminó hacia allí y comenzó a acariciar sus lomos con un dedo. Cuando uno de ellos le siseó, se detuvo de inmediato. Lucius sonrió antes de usar su bastón para señalar el tercer estante desde arriba. Los libros estaban tan desgastados que era imposible leer sus títulos.

Hermione tomó el primero libro de ese estante y comenzó a pasar las hojas. No se sorprendió al notar que era un libro sobre artes oscuras, considerando el lugar en donde estaban, pero no pudo evitar jadear un poco al darse cuenta de que se trataba de maquinarias antiguas mágicas.

-Pude divisar un atisbo del terrible dibujo que hiciste en tu diario la semana pasada – explicó Lucius – No lo cerraste lo suficientemente rápido cuando fui a buscarte para almorzar.

Hermione se sonrojó – Draco hizo uno mucho mejor.

-¿Lo hizo? – Lucius levantó una ceja – Umm… debe haber heredado ese talento de su madre.

Hermione pasó unas cuantas páginas más.

-Aunque no estoy seguro de qué planean hacer con esta "máquina" – continuó – era bastante evidente por el inmenso signo de pregunta encima del dibujo que no tienen idea de su función.

-¿Qué te hace pensar que es una máquina con fines oscuros? – preguntó ella, levantando la mirada del libro y uniéndola a los conocidos ojos grises de Lucius.

La esquina izquierda de la boca de Lucius se torció hacia arriba – No se fabrican máquinas como esas por el mero hecho de hacerlas, Hermione. Seguro que sabes eso – se estiró y tomó uno de los libros. Después de pasar unas cuantas páginas, lo sostuvo hacia ella y señaló - ¿Alguno de estos símbolos están en ella?

Hermione bajó la mirada hacia la página llena de distintos símbolos y frunció el ceño – Este puede ser – comenzó a señalar, pero Lucius cerró el libro de repente.

-No me digas cuales. No estoy seguro si esta máquina está relacionada o no con la profecía, pero si lo está, no deben revelarme ningún tipo de información sobre ella a mí. Ni siquiera a aquellos más cercanos a ustedes. Estamos en guerra, Hermione. Nunca sabes en quién confiar.

-¿Ni siquiera en mi suegro? – preguntó ella.

Los duros ojos de Lucius se suavizaron ligeramente – Eso sería bueno, ¿no? Pero, me temo que con mi historial, soy precisamente el tipo de personas en quien no deberían confiar.

Hermione frunció el ceño y bajó la mirada al libro en sus manos. Lucius colocó el que estaba sosteniendo sobre ese.

-¿Tienes medios para protegerte, Hermione? ¿En el caso de que algo te suceda?

-¿A qué te refieres? – preguntó ella, mirándolo.

-¿Sabes de Oclumancia o Legeremancia?

-Bueno, sé de ellas, pero asumo que te refieres a si soy hábil con ellas y, me temo, que no lo soy.

-¿Te gustaría aprender? – preguntó él.

Hermione parpadeó – Bueno… sí. Sí, supongo que si.

-Entonces tendremos que hacer nuestros almuerzos más frecuentes – dijo Lucius, caminando hacia la puerta – Llévate lo que quieras. A Nogus le pagamos para que no moleste. Esta habitación completa está sin ser tocada desde hace años. No desde la juventud del Señor Tenebroso. Él solía frecuentar este lugar durante los años que trabajó en Borgin y Burkes. O eso me comentaron.

Lucius regresó a la habitación principal de la tienda, dejando a Hermione sola con los libros. No habían muchos sobre máquinas, pero suficientes como para que fuera difícil elegir cuál valía la pena llevarse.

Después de un rato largo a solas con los libros, Hermione escuchó una campanita sonar en la sala principal. Lucius se acercó a la cortina y dijo – Tienes que irte.

Hermione se congeló. Lo miró en blanco, con la mano a medio voltear la página que estaba leyendo.

-¿Vas a llevarte ese?

-Yo… no lo sé aún.

-Entonces sí – dijo él, caminando hacia ella y cerrándolo de un golpe. Luego fue hacia la biblioteca y tomó varios libros más de una sección al azar, y los arrojó a la pila que ella iba formando. Y luego tomó algunos más – No queremos que ellos sepan qué sección estuviste leyendo.

Los pasos de alguien muy pesado estaban haciendo rechinar las tablas del suelo.

-Vete – le dijo él.

Hermione asintió, pero no estaba segura de que él pudiera verlo, dado que estaba escondido detrás de un gran estante de libros. Sin esperar una respuesta, se desapareció. Al instante, Lucius se acercó y volvió a colocar el libro que hacía que la biblioteca se girara y volviera a estar oculta. Ni un segundo después, alguien corrió la cortina y entró en la salita. Él sonrió al ver al recién llegado.

-Lucius, viejo amigo. Creí haber escuchado a alguien aquí atrás.

Lucius volteó y se encontró cara a cara con Gorden Goyle. Le devolvió la sonrisa – Ah, Gorden. ¿Qué te trae por aquí?

-Solo pasaba a buscar algo que Nogus me tenía preparado – dijo él, mirando al dependiente - ¿Tú?

-Arreglando algunas cosas – dijo él – Algo que estaré encantado de contarles cuando sea oportuno.

-Correcto – dijo Goyle - ¿Siguen en pie los tragos de esta noche?

-No me lo perdería.

Goyle sonrió – Bien. Me dijeron que Arron tiene una sorpresa para nosotros. Algo verdaderamente…único.

Lucius asintió.

Goyle dijo – Buen día – y regresó hacia la parte frontal de la tienda.

Lucius hizo tiempo allí hasta que lo escuchó marcharse, y luego salió a pagarle a Nogus por su silencio. Una vez que se encargó de eso, se marchó, dudando terriblemente sobre el evento de esa noche.

XXX

Un Lucius Malfoy ligeramente achispado rió con sus viejos amigos mientras caminaban por la calle de fuera del pub del que acababan de ser expulsados, por gritarle obscenidades a un par de sangresucias. Era tarde, de cualquier modo, y todos debían ya regresar junto a sus respectivas esposas, aunque Arron Greengrass quería tomar algo de aire puro primero. Todavía tenía que revelar su sorpresa.

-Dime algo – dijo Lucius entre risitas - ¿Quién de ustedes, bastardos, fue el responsable de tenderle una trampa a mi hijo?

-Ninguno de nosotros – rió Stuart Parkinson.

-Puedes agradecerle a nuestros hijos por eso – sonrió Arron – Parece que todos están un poco amargados a raíz del matrimonio de Draco con esa pequeña y asquerosa sangresucia, justo cuando planeaban volver a incluirlo en su grupo.

-Pero no podemos culpar a Draco por querer darle una probada a ella – dijo Wiley Rosier, lamiéndose los labios – Todas esas faldas apretadas que utiliza en el Ministerio me tientan a empujarla a una esquina oscura y darle duro contra la pared yo mismo. Eso, si no apestara terriblemente a sangre sucia.

-Es que tiene ese aire de pureza que te provoca corrompirla – rió Orson Crabbe.

-¿Entonces no fue el idiota ese de Zandicus, después de todo? – preguntó Lucius, ansioso por cambiar el tema de desear a la mujer de su hijo.

-Claro que no – dijo Goyle – Ese idiota no tiene las pelotas que se necesitan para cumplir las amenazas que hace. Aunque, sí que tiene una gran tenacidad para cavar su propia tumba.

-¿No estás trabajando con "ese idiota"? – preguntó Quincy Nott.

Goyle sonrió – Lo hago. Es solo que adoro a los idiotas con enormes cantidades de dinero a su disposición.

-¡Ah! ¡Aquí estamos! – dijo Arron, deteniéndose en el medio de un callejón y sonriéndole a todos – Esperen aquí mismo – corrió hacia las sombras.

-¿Alguno tiene idea de lo que se trae entre manos? – preguntó Lucius.

La mayoría negó con la cabeza, pero Goyle y Crabbe intercambiaron sonrisas de conocimiento. Eso no le pasó desapercibido a Lucius.

Arron regresó un par de minutos después, arrastrando a un hombre con las muñecas atadas y un saco de tela cubriéndole la cabeza. Las entrañas de Lucius se retorcieron, pero su exterior e mantuvo impasible.

-Lucius, nos ha llamado la atención que tus lealtades últimamente han estado un tanto… desviadas últimamente.

Lucius levantó una ceja - ¿Ah, sí?

-Bueno, no tanto como las de tu hijo – se corrigió Goyle – Pero Rosier nos ha mencionado que has estado pasando una terrible cantidad de tiempo en el ministerio con su esposa sangresucia.

-Almorzamos una vez a la semana –dijo Lucius, con calma, tratando de no mirar fijamente al hombre que no dejaba de retorcerse – Mi hijo apenas habla conmigo ahora. Aunque ella no es exactamente crédula, ha habido ocasiones en donde me ha pasado algo de información sin darse cuenta.

-Y amaríamos creerte si ese fuera el caso – dijo Arron, empujando unos pasos más hacia delante al hombre – Es por eso que lo trajimos aquí – quitó el saco de la cabeza del hombre, revelando a Wesley Granger, con una mordaza en la boca y los ojos abiertos desmesuradamente.

Lucius hizo lo imposible para evitar jadear – No entiendo qué intentan probar con todo esto – dijo él, desviando la mirada de Wesley para fijarla en Arron.

-Tu esposa tomó el té con la mía un par de meses atrás – explicó él – Le contó esta rara historia de cómo la obligaste a conocer a los padres de la sangresucia de tu nuera. Dijo que te llevas bastante bien con el padre. Mi esposa dice que Narcissa estaba horrorizada, por supuesto. Dice que no volviste a ser el mismo desde que recuperaste la salud de tu mente.

-¿Ella dijo eso?

-Sí, lo hizo. Ha estado preocupado por ti, Lucius. Todos lo estamos.

El resto del grupo asintió, todos viéndose bastante divertidos con la situación.

-Es por eso que arreglamos esta prueba para ti. Solo para asegurarnos de que tu lealtad verdaderamente reside con tus viejos amigos.

Arron tomó su varita y le lanzó un hechizo a Wesley. El muggle salió volando por los aires, quedando suspendido veinte metros por encima de sus cabezas. Lucius notó que Wesley se quedaba completamente quieto, creyendo quizás que eso evitaría de alguna forma su caída.

-Ese hechizo caducará en veinte segundos – dijo Arron – Es tu decisión. Vive o muere.

Los demás comenzaron a reír. Lucius no demostró ningún signo de movimiento, con su bastón presionado firmemente contra el suelo.

Esperaron por lo que parecieron los veinte segundos más largos de sus existencias. Luego escucharon un grito apagado. Todos levantaron la mirada para observar a Wesey comenzar a precipitarse hacia el suelo. Caía de cabeza, con todos los ojos fijos en él.

-¡Immobulus!

Los demás habían estado tan enfocados en Wesley que ninguno notó a Lucius sacar su varita de su bastón. El muggle se congeló en el aire. Antes de que ninguno pudiera sacar su varita, Lucius logró dispararle un hechizo aturdidor a Crabbe y Nott. Parkinson logró hacerse a un costado junto a tiempo, tomó su varita y falló al dispararle un aturdidor a Lucius, solo para ser alcanzado por uno exitoso un segundo después. Rosier levantó su varita, pero recibió un hechizo de piernas de gelatina disparado por Goyle, que iba dirigido hacia Lucius.

-¡Expelliarmus! – gritó Lucius, logrando desarmar a Goyle, y lanzándolo con fuerza contra la pared.

Ahora estaban solo él y Arron, enfrentados uno al otro, varita contra varita.

-Supongo que ahora sabemos la verdad – gruñó Arron – Tengo que admitirlo, jamás lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Lucius Malfoy verdaderamente se ablandó.

-Créeme cuando te digo que no me ablandé. Pero mis lealtades que cambiaron. Ahora están con Draco, como siempre debieron estar – dijo Lucius con su particular voz calmada – Y no negaré que su esposa me cae particularmente bien. Ella estaría sumamente disgustada conmigo si permito que hieran a su padre.

-¿A quién le importa?

-Obviamente, mí – dijo Lucius – o de lo contrario te habría permitido lastimarlo – hizo una pausa - ¿Por qué decidiste unirte a la lucha ahora, Arron? Nunca fuiste un mortífago. ¿Realmente haces todo esto porque tu hija te abandonó para estar con un Weasley?

-¡Jódete!

Lucius elevó una ceja – Es más que eso, ¿entonces? ¿Quién, exactamente, es el maestro de las marionetas que los mueve a su antojo ahora?

-¡Que te jodan, dije!

-¡Titillando!

Arron cayó al suelo, gobernado por carcajadas.

Lucius se acercó a él y le pateó en el costado – Deberías estar agradecido de mis cambios, viejo amigo. Mi antiguo yo no habría dudado en utilizar la Maldición Cruciatus contigo.

Volvió a patearlo mientras el otro mago no dejaba de reir por el hechizo, ni de gritar de dolor por los golpes.

Lucius se puso de cuclillas junto a él y miró al otro mago directo a los ojos, cuando las risas remitieron – Si ustedes o sus hijos vuelven a ir contra mi hijo, me aseguraré que sea lo último que hagan. Y eso se extiende a su esposa.

-¡Crucio!

Lucius volteó justo a tiempo para ver a Goyle apuntándolo con su varita – que acababa de encontrar -, lanzándolo hacia atrás con gran furia. Cuando golpeó el piso también lo hizo Wesley, solo que su caída fue de un metro y medio en lugar de veinte.

Lucius sintió varias puntadas a sus costados, y algo húmedo lo golpeó en el rostro. Cuando el dolor remitió, Lucius se limpió la escupida que recibió y se sentó para observar que todos se habían marchad ya. Miró a Wesley, que estaba sentado a poca distancia de él, mirándolo fijamente. Lucius movió su varita, quitando las amarras de las muñecas del hombre, y la mordaza de su boca.

-Vamos a llevarte a casa – dijo él, levantándose.

Wesley se incorporó sin decir nada y siguió a Lucius fuera del callejón. Seguía estando un poco débil por la maldición Cruciatus, y no creía ser capaz de aparecerlos a ambos fuera de allí. Por suerte, un hechizo localizador le permitió descubrir que no estaban muy lejos de la residencia de los Granger. Hasta ese momento, Lucius no había tenido idea de dónde estaban. Tendría que haberse dado cuenta al instante en que sus "amigos" le sugirieron salir a tomar algo, que le tenderían una trampa, pero no tenía ni idea que ellos supieran dónde vivían los Granger. Apenas lo sabía él.

-Lucius – dijo Weley, cuando finalmente doblaron la esquina de su calle.

Lucius se detuvo y volteó.

-Cuando… cuando viniste por primera vez a mi casa, mencionaste una guerra de hace años. ¿Hace cuántos, exactamente?

Lucius miró fijamente los ojos del ansioso muggle, sin saber si su lealtad implicaba mentir o no en ese momento. Pero, comprendiendo el temor de un padre desesperado, decidió que sería mejor ser honesto con él – Apenas terminó unos cuatro años atrás.

Wesley miró al suelo - ¿Durante esa época en la que, extrañamente, mi esposa y yo decidimos mudarnos a Australia? Es gracioso, pero hasta que Hermione no apareció para pedirnos que regresemos a casa, no recuerdo haber pensado en ella ni una sola vez.

-En realidad no estoy seguro de eso – dijo Lucius – pero ciertamente suena como algo de lo que tu hija es capaz de hacer. Como un medio de protección para ustedes.

-Bueno, se supone que ella no debería ser la que nos proteja - dijo Wesley, viéndose enfadado – Está… - tragó saliva - ¿Hermione está en peligro?

-Sí – dijo Lucius, con honestidad.

-¿Por haberse casado con tu hijo?

-En parte.

Wesley suspiró – Jamás llegaré a comprender su mundo.

Se adelantó a Lucius y siguió su camino hacia su casa. Lucius lo siguió un par de pasos por detrás.

Cuando Wesley llegó a su puerta, se detuvo con la mano en el picaporte. Después de lo que parecieron varios minutos de una lucha interna, volteó.

-No puedo ayudar a Hermione con lo que necesita, ¿verdad?

Lucius frunció el ceño – Me temo que no.

-¿Pero tú sí?

-Puedo intentarlo – dijo él – Ya hice unos arreglos para poder enseñarle algo muy necesario para poder protegerla.

-Bien – dijo él, mirando con desconcierto el suelo, de nuevo – Luchaste en el bando contrario a mi hija durante la guerra… ¿verdad?

-Lo hice.

-Y… ¿Y Draco?

-También él – dijo Lucius con un suspiro – Pero escucha mis palabras, Wesley. Mi hijo jamás lo habría hecho si no hubiera estado siguiendo mis pasos. Él es mejor hombre de lo que yo nunca seré, y ama a tu hija. Incondicionalmente. Hará todo lo necesario para protegerla, y yo también.

Wesley asintió, aunque no se veía completamente convencido.

-Si lo prefieres, puedo utilizar un hechizo desmemorizante para que olvides…

-¡No! – se apresuró a contestar Weley. Respiró profundamente y repitió con más calma – No. Prefiero saberlo. Siempre estoy enfermo de preocupación en lo que refiere a Hermione. Por favor, mantenme informado.

-Haré lo posible – dijo Lucius, intentando sonreír.

Wesley volvió a asentir – Gracias por evitar que me aplastaran contra el piso.

-Ni lo menciones.

Wesley se las arregló para darle una media sonrisa antes de girarse y entrar a su casa, cerrando con varios pasadores.

Lucius esperó unos cuantos segundos antes de volver a aparecerse en su casa. Cuando entró a la sala, se encontró a Narcissa en un sillón leyendo junto a la chimenea. Ella levantó la mirada al verlo entrar.

-Lucius, ¿qué sucedió? – preguntó ella, levantándose del sillón y corriendo hacia él.

Él no había tenido la oportunidad de verse a sí mismo, pero un solo vistazo ante el espejo sobre la chimenea le permitió notar que la Maldición Cruciatus no había favorecido en nada a su apariencia. Su nariz sangraba, tenía el cabello sucio y enredado, y la cara con moretones; sin mencionar las otras partes de su cuerpo cubiertas con magulladuras.

-Nada – dijo él, empujando a un lado sus manos preocupadas y encaminándose hacia su estudio.

-¿A qué te refieres con "nada"? obviamente algo sucedió – dijo ella, siguiéndolo.

Lucius respiró profundamente – Aunque entiendo que tenías que despejarte con alguien sobre nuestro almuerzo con muggles, realmente desearía que lo hubieras hecho con cualquier otra persona que no sea Delilah Greengrass.

-¿A qué te refieres? – preguntó ella, acelerando sus pasos hasta quedar a la misma altura que él - ¿Arron te hizo esto? Lucius, habla conmigo.

Lucius se detuvo y miró a su esposa - ¿Cómo se enteraron en dónde viven los Granger, Narcissa?

Narcissa palideció – Yo… no estoy segura.

-¿Tú les contaste?

-No lo creo.

-¿Ni siquiera el nombre de la ciudad?

Narcissa parpadeó – No lo recuerdo, Lucius. No creo haberlo hecho, ¿pero quién puede afirmarlo? Fue varios meses atrás. ¿Y eso qué tiene que ver en realidad con toda la sangre y suciedad que llevas encima?

Lucius la fulminó con la mirada antes de retomar su marcha hacia su estudio – Arron pensó que sería divertido ver mi reacción al presenciar como estampaban a Wesley Granger contra el suelo, con una caída de treinta metros. No hace falta decir que no estuvieron complacidos con el resultado.

-Oh, por Merlín – dijo ella, tocándose el corazón - ¿Él está bien?

-¿Acaso te importa?

-Por favor, no me hagas quedar como si yo fuera la que tiene la culpa en esto, Lucius. Arron jamás debió meter a ese sangresucia en este…

-¿Acaso tu hijo no te pidió que dejaras de llamarlos así?

Narcissa dejó de caminar, con la boca abierta – Lucius, yo…¿Por qué estás actuando así?

-Estoy furioso – dijo él, finalmente alcanzando la puerta de su oficina y abriéndola – También tú deberías estarlo. Especialmente considerando el hecho de que fue tu incontrolable necesidad de cotillear lo que puso en peligro a Wesley en primer lugar.

Lucius entró y cerró la puerta de un golpe, dejando a una descolocada Narcissa en el pasillo. Su lechuza nevada despertó y chilló al verlo.

Él caminó hacia su escritorio y tomó un pequeño trozo de pergamino. Levantó su pluma y la mojó en el tintero, luego garabateó una rápida nota.

-K-

Me descubrieron. Te lo explicaré el Lunes. Con suerte, los otros que tienes infiltrados harán un mejor trabajo que yo.

-L-

Tan pronto como terminó de escribir, Lucius dobló la nota y se la colocó en la pata de la lechuza – Sabes dónde llevarla, chica – dijo abriéndole la ventana y despachando la lechuza.

Lucius dejó que el frío aire le golpeara el rostro, permaneciendo junto a la ventana hasta mucho después de la partida de la lechuza.

-Lo siento, Draco – susurró después de que pasaron varios minutos – Lo intenté. De verdad que lo intenté. – Lucius cerró la ventana y fue a recostarse en su sofá, demasiado exhausto como para arrastrarse a la habitación de invitados. No tenía interés en ver a su esposa de nuevo esa noche. O cualquier otra noche en un futuro cercano.


Nota de la Traductora: Hola chicos! qué tal el capítulo? Este nuevo y reformado Lucius me encanta, y qué me dicen de lo que planean Draco y Sophie con Harry? Además, otra pista: los libros que Lucius le dio a Hermione. Ya veremos si sirven de ayuda o no. ¿La nota final de Lucius, la entendieron? Es bastante obvio a quien se la manda.

Sigo sin cargador. Al parecer, lo pidieron pero no lo consiguen y tienen que traerlo de vaya saber dónde, por lo que sigo sin pc, y por ende, no puedo acceder a los capítulos ya traducidos. Tengo que volver a hacer la traduccion con la vieja compu de mi abuela, y como ya les conté, es tediosísimo.

Merry Christmas, Mr. Malfoy tendrá que esperar al lunes o martes que viene, porque esta noche me vuelvo a las montañas a pasar el fin de semana, ya que el Domingo es el cumpleaños nro 87 de mi abuelo y lo festejamos ahí.

Muchas gracias a quienes me dejan comentarios, me hacen hiper feliz :)

SALESIA: jajaj el asunto con Zamba no tiene remedio. Hay que quererla como es. Con respecto a los responsables del ataque cotra Soph, bueno, aqui hay pistas. Zandicus resultó no tener participacion. Te gusta Theo? a mi me encanta, y Blaise también, pero en algunos fics los hacen tan malotes que llego a odiarlos. Puede que este sea uno de esos casos :S Y si, la máquina es importante, aqui Hermione encontro material para estudiarla mejor. Como siempre, le prestas atencion a todos los detalles. Te mando un bso enorme!

Rosy Fdez: Pareceque nadie quería a Inga jajaja el resto de reponsables ya se irá descubriendo con el paso de los capitulos, aunqueaqui hay una gran pista sobre ello :) muchas gracias por comentar!

Lily LEn: jajajaj Draky Waky! definitivamente se habrá querido matar ante eso jajaa seguro que ahora odias más a los mortífagos :P no valen nada! gracias por tus palabras, corazón. Saludos a ese bb tan lindo!

Ahora sí, me despido porque en dos horas me pasan a buscar para partir y todavía ni me duché ni preparé la valija jajaja

Recomendacion McFly: Silence is a Scary Sound.

Nos leemos, con suerte, este lunes o martes! :)

Pekis :)