Fighting for the Malfoys
-Luchando por los Malfoys-
Capítulo 19 – Perverso.
Draco le pidió a Sophie que fuera primero a echarle un vistazo a los alrededores antes de salir de Artículos de Calidad de Quidditch, dado que acababan de reunirse allí para hablar con Harry. Una vez que ella confirmó que no había moros en la costa, Draco salió y se despidió rápidamente antes de alejarse para encontrarse con Hermione en la Heladería de Florean Fortescue. Cuando se habían separado, ella había quedado encargada de buscar una mesa para el comedor, dado que la que tenían de su viejo apartamento era demasiado pequeña para la cantidad de espacio disponible en la nueva casa. La habían movido hacia la cocina, y Hermione estaba harta de almorzar y cenar junto al horno cuando tenían una habitación hermosa para hacerlo.
Cuando Draco legó a la heladería, encontró a Hermione sentada en una de las mesas, comiendo un Sundae dos veces más grande que el que lo esperaba a él.
-¿Hambrienta, Hermione? – peguntó él, dándole un beso en la mejilla.
-Famélica – dijo ella, metiéndose un gran bocado a la boca – Mi antojo por los dulces se ha salido de control últimamente. Creo que todo el estrés está afectándome.
-Bueno, siempre y cuando no afecte tu figura… - dijo él, tomando asiento – No puedes perderla hasta que tengamos, al menos, sesenta.
Hermione casi se ahoga con un bocado - ¿Sesenta? Planeo ponerme gorda mucho antes que eso. Tú, señor, tendrás que afrontarlo.
-No puedes engordar, Hermione. Está en el contrato Malfoy. Nada de gordos. Quizás debería quitarte el helado – intentó tomar su cuchara.
Hermione la alejó y lo miró con toda la furia del infierno en sus ojos – Si te atreves a quitarme el helado, Draco Malfoy, te juro que será lo último que hagas.
Draco rió – Lo siento, Mione – dijo él, acercando su silla a ella y comenzando a darle millones de besos en la mejilla – Siéntete libre de ponerte tan gorda como desees… siempre y cuando sea después de los sesenta.
Hermione le arrojó una cucharada de crema helada. Ambos rieron antes de que ella la lamiera de su rostro.
-¡Dwaco! ¡Dwaco!
Draco sintió algo tirándole de la pierna. Bajó la mirada para encontrarse a Teddy Lupin sonriéndole brillantemente. Cuando Draco le devolvió la sonrisa, el cabello del niño se puso de un rubio platinado de nuevo.
-Teddy, ¿dónde está tu abuela? – preguntó Hermione mientras la versión en miniatura de su esposo procedía a sentarse en el regazo de Draco.
Teddy no respondió, pero felizmente se hizo con el helado que Draco todavía no había tocado.
-Genial – dijo Hermione, dándose cuenta que era probable que el niño se hubiera escapado de su abuela – volveré en un minuto, Draco. Por favor, que no vuelva a escaparse.
-Yo me encargo – dijo él, tomando una cucharada del helado de su esposa, dado que el suyo claramente había sido robado.
Hermione encontró a una Andrómeda en pánico a media cuadra de distancia, y la guió hacia su nieto – ¡Ted Remus Lupin! – exclamó cuando tuvo a Teddy a la vista - ¿Qué, en el nombre de Merlín, estabas pensando?
-Lo ziento, Awela – dijo él, dejando caer la cuchara y aferrándose al hombro de Draco – Es que vi a Dwaco salir de la tienda de Kwinich y quería decirle hola. Camina muy wápido.
Draco, que seguía muy concentrado en el helado de Hermione dejó caer de repente su cuchara y gimió internamente. Acababan de delatarlo.
Hermione lo miró y elevó sus cejas - ¿Quidditch, Draco?
Él tragó pesado.
-Sé que tienes enormes expectativas para nuestro cuarto de juegos, pero no es tan grande.
-Lo siento, yo… me distraje – eso era fácilmente creíble.
-A este punto jamás lograremos amueblar toda la casa. ¡Eres tan irresponsable! ¿Cómo se supone que pueda confiar en ti, si ni siquiera eres capaz de comprar los malditos muebles? – en algún momento de su explosión de gritos, Hermione había comenzado a hipar.
-¿Estás llorando, Mione? – preguntó Draco, viéndose confundido.
-¡No! – estaba sollozando ahora, dejando escapar pequeños hipidos cada unos cuantos segundos.
Andrómeda se veía incómoda ante la bruja que no dejaba de llorar frente a ella. Draco se levantó, y dejó a Teddy sentado en su silla. Se acercó a Hermione y la tomó entre sus brazos.
-Lo siento, Mione. Jamás fue mi intención el molestarte tanto. Todavía es temprano. ¿Ya escogiste una mesa?
-N-n-no… - ¡hip!
-Entonces terminemos aquí y vamos a comprar una.
Hermione asintió contra su pecho – Lo siento, Draco. Es solo que últimamente estoy exhausta. Me está poniendo muy emocional. Sabes que no soy así.
-Seguro que sí, Mione – rió él, y le besó la mejilla salada por las lágrimas – Lo que digas.
Hermione se alejó de él y miró a Andrómeda – Lo siento. Por favor, puedes seguir reprendiendo a Teddy.
Todos bajaron la mirada para encontrarse al niño de cuatro años sonriendo mientras se metía otro bocado de helado en su boca ya cubierta por chocolate. Todos fruncieron el ceño.
Después de una breve reprimenda y de hacerle prometer que nunca se escaparía de nuevo, Andrómeda limpió Teddy e intentó sacarlo de la heladería.
-Pero tus twámites son aburridos. ¿Puedo quedarme con Dwaco?
-Dudo que nuestros trámites sean más divertidos, niño – dijo Draco, acariciando la mejilla de Teddy.
-Teddy, de verdad no podemos seguir perdiendo el tiempo – dijo Andrómeda, mirando su reloj – Tengo que hacer millones de cosas hoy, y muy poco tiempo para hacerlo…
-Si quieres, puede quedarse con nosotros - se ofreció Hermione. Draco y Andrómeda la miraron con curiosidad - ¿Qué? – preguntó ella, encogiéndose de hombros - Nuestros trámites no son tan exigentes con el horario como los de ella. Estoy segura de que Teddy estará encantado de ayudarnos a elegir una mesa. ¿O no?
-¡Siii! – dijo él, obviamente sin comprender lo tedioso que podría volverse esa tarea con alguien como Hermione.
-¿Estás segura? – preguntó Andrómeda.
-Sí – dijo Hermione – prometo que mis brotes de llanto terminaron por el día. Estaríamos muy contentos de que esté con nosotros.
-Bueno… muy bien – dijo ella, mirando con escepticismo a su nieto - ¿Nos encontramos aquí en dos horas?
-Claro.
-¡Yay! – exclamó Teddy, arrojando su cuchara al aire. Draco sacó su varita y la congeló antes de que pudiera golpear a algún cliente en la cabeza – Lo siento, Dwaco.
Mientras Teddy terminaba el helado, Draco fue a conseguirle otro Sundae a Hermione, dado que él ya se había comido gran parte del anterior. Ella frunció el ceño al notar que el nuevo era mucho más pequeño que el primero – Ya habías comido cerca de la mitad del otro – explicó Draco – pensé que ya estarías menos hambrienta.
-Está bien – dijo ella, claramente decepcionada.
Cuando todos acabaron sus helados, Hermione arrastró a Draco y Teddy a una tienda nueva de muebles, dado que la otra que había visto no la había satisfecho.
A Draco le gustó la primera mesa que vieron, y Teddy estuvo de acuerdo.
-¿No crees que es un poco cara?
-Hermione, ya pasamos por esta conversación – dijo Draco levantando una ceja – El dinero no es un problema.
-Pero ya sabes lo mucho que odio que gastes el dinero de tu familia.
-Entonces paga tú. Sé cuánto ganas, ¿recuerdas?
-Es solo que me parece una terrible suma para gastar en una mesa.
-Una mesa que nos durará por años – dijo él, acariciando la superficie – Siente cuán suave es. No tiene astillas – guiñó un ojo.
Hermione se sonrojó. Le frunció el ceño antes de bajar la mirada a un inconsciente Teddy, quien también acariciaba la superficie. Hermione se rindió y pasó su mano también. Era, de hecho, muy suave.
-¡Nada de astillas! – dijo Teddy, levantando sus manos.
Draco rompió en carcajadas.
-Bueno, bueno – dijo Hermione, quitando sus manos de la mesa, esperando que esa acción también removiera la imagen de su cabeza, de ella y Draco desnudos sobre la superficie – Podemos comprarla.
-¡Yay! – exclamaron Draco y Teddy juntos.
-Iré a buscar a alguien para que la reserve para nosotros. Nos encontramos cerca de las sillas.
-¡Buuu!
Hermione rodó los ojos ante los dos niños y fue a buscar un dependiente. Después de que separaran la mesa para ellos, fue hacia el sector de las sillas, pero Draco y Teddy no estaban a la vista. Obviamente.
Los encontró diez minutos después, acostados en la sección de dormitorio.
-Hermione, debes venir a sentir esta cama – dijo Draco, haciéndole señas – Es posible que sea la cama más cómoda que tuve en la vida.
-No necesitamos una cama, Draco. Necesitamos sillas para nuestra nueva mesa.
-Solo siéntela – dijo él, estirándole una mano.
-Se supone que no podemos acostarnos sobre esto, Draco. Hay carteles que lo prohíben – señaló a uno a su izquierda.
-Si no me acuesto sobre ella, ¿cómo se supone que sabré que vale la pena comprarla?
-¡Porfa, Hewmimy! – rogó Teddy – Es súper comodísima.
Ambos la miraron con ojos de cachorrito. Hermione bufó. ¿Por qué ambos tenían que ser tan tiernos?
-Bien – dijo ella, mientras se trepaba reacia a la cama y se recostaba junto a Draco - ¡Oh! Sí que es comodísima.
-¡Te lo dije! – rió Teddy.
-Pero realmente no necesitamos una cama, Draco – ella se dejó atraer más cerca de él, y se acurrucó contra su pecho. Teddy hizo lo mismo del otro lado.
-¿Por qué no? La cama que tenemos ahora era mía desde antes que te mudaras conmigo. ¿No quieres que tengamos una cama que sea nuestra?
Hmm. Hermione se mordió el labio. No había pensado en eso - ¿Acaso te gusta este cabecero?
-Amo el cabecero.
-¿Siquiera lo miraste? – preguntó ella.
-Eso fue lo que me llamó la atención en primer lugar – dijo él – es perfecta para someterte.
-¡Draco!
-¡Hermione!
-¿Qué significa someterte? - preguntó Teddy.
Draco rió – Te lo diré cuando seas mayor – volteó hacia Hermione – Entonces, ¿qué dices, esposa mía? ¿Podemos comprar la cama?
Hermione miró a sus suplicantes ojos y sonrió – Sí, podemos comprar la cama.
El rostro de Draco se iluminó.
-Pero si yo pago la mesa, de esta compra te encargas tú.
-Me parece muy bien.
-Bueno, ahora que arreglamos eso, realmente deberíamos ir a ver las sillas.
Hermione intentó sentarse, pero Draco la obligó a permanecer acostada – Solo un minuto más, Hermione. Deberíamos disfrutar de este momento de relajación. Lo necesitas más que nadie.
-¿Y eso qué quiere decir? – exigió saber ella.
-Shh – puso un dedo sobre sus labios – Nada de discutir. Solo relájate.
Hermione permaneció tensa entre sus brazos, pero cuando él no demostró señales de querer moverse, se dejó finalmente relajar un poco y acomodarse entre sus brazos. Teddy había cerrado sus ojos al otro lado de Draco. Hermione lo miró y, por primera vez, notó realmente las similitudes entre ambos, y no solo por el cabello del mismo color. Draco siempre había sido muy parecido a Lucius, pero al verlo tan cerca de su primo, podía notar que los genes Black también resaltaban. Mientras observaba a ambos respirar acompasados, notó lo ansiosa que estaba de comenzar una familia con Draco. Aunque este no era el momento ideal, cuando toda esa basura de la profecía terminara ella estaba segura que estarían listos para hacerlo.
Draco, sintiendo los ojos de ella sobre él, giró el rostro y la besó.
-¡Eww! – Teddy frunció el rostro con asco desde el otro lado.
-Tú, niño, vas a sentirte completamente distinto al respecto algún día – dijo Draco, abrazando a Teddy contra él. Todos rieron.
-Hola, Hermione.
Las tres cabezas se levantaron para encontrarse a Luna Lovegood y Rolf Scamander parados a los pies de la cama.
-Hola, Luna – dijo Hermione, sonriendo.
-Sabes, hay un signo que dice que no está permitido acostarse en las camas, pero parece tan divertido – se trepó y se acomodó casualmente con una pierna debajo de ella.
-Disculpen – todos giraron la cabeza para ver una empleada acercándoseles – No están…
-Está bien. Vamos a comprarla – espetó Draco – Así que limítate a reservarla para nosotros y continúa con tu trabajo.
-Oh – ella se sonrojó – Umm… bien – la mujer sacó su varita e hizo lo que le indicaron antes de alejarse de allí.
-Eso fue muy grosero – dijo Hermione, frunciéndole el ceño a él.
-Habría mostrado más educación si ellos no tuvieran esas ridículas reglas.
Hermione rodó sus ojos antes de mirar a Luna – Entonces, ¿qué los trae por aquí?
-Rolf va a mudarse a la ciudad – dijo ella, con los ojos brillando de encanto – Estábamos buscando algunos muebles para su nuevo apartamento. Aunque yo le intenté explicar que las mejores cosas se encuentran en las tiendas de segunda mano.
-¿Por qué habría de pagar cincuenta Galleones por un sofá roto?
-Porque tiene su personalidad – explicó Luna, soñadoramente.
-Oh, ¡eso es genial, Rolf! – dijo Hermione, sonriendo mientras intentaba cambiar de tema - ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
Rolf se sonrojó – Umm… - miró discretamente en dirección a Luna.
-Oh. Comprendido – Hermione guiñó un ojo – En realidad me alegra haberte encontrado aquí, Luna. Draco y yo acabamos de elegir una mesa para el comedor, pero no deja de distraerme de encontrar sillas. ¿Te importaría acompañarme? Estoy segura de que Draco estará más que contento de darle a Rolf un par de consejos sobre como amueblar un apartamento de soltero.
-Será un placer – dijo Draco, saliéndose de la cama con Teddy - ¿Qué buscaremos primero, colega?
-Umm… una cama – dijo Rolf, casi pareciendo avergonzado.
-Ah, mi especialidad. Por supuesto, esta ya tiene dueño – palmeó su nueva cama – pero estoy seguro de que encontraremos algo casi tan bueno. Vamos.
Draco acomodó a Teddy sobre su espalda y colocó su mano en el hombro de Rolf mientras lo guiaba por el sector.
Hermione le mostró a Luna su nueva mesa antes de ir a ver las camas. Era obvio que tenían gustos completamente diferentes. Mientras que Hermione buscaba algo simple y clásico, Luna no dejaba de arrastrarla hacia algo colorido y peludo.
-Creo que esto sería muy cómodo para tener alrededor de la mesa - dijo Luna, sentándose en una tumbona acolchada y amarilla.
-Uhh, Luna… no creo que ese tipo de sillas sea el indicado para el comedor – le recordaba a algo que ese enorme pájaro de Plaza Sésamo tendría.
Eventualmente, Hermione encontró sillas que se veían muy bien con la mesa. Localizó a Draco y lo arrastró a verlas para su aprobación. Su única queja fue que la almohadilla de los asientos era roja escarlata, pero dado que la habitación era verde, le permitió salirse con la suya.
Para ese momento, Draco ya había ayudado a Rolf a escoger una cama, un armario, un sofá y una mesita para el café.
-Oh, claro. Cuando no es para tu propia casa, haces todo rápidamente – bufó Hermione.
Él respondió sonriéndole y besándola. Era realmente la única forma de conseguir que se callara en esos días en los que su humor era tan cambiante, como había sido todo el día. Tenía suerte de ser muy bueno besando, por que sino las cosas nunca se resolverían.
Cuando acabaron con la tienda de muebles, Luna y Rolf los acompañaron a Sortilegios Weasley, dado que Teddy quería saludar a George y posiblemente recibir un regalo, dado que, aparentemente, siempre recibía mercancía gratis.
No era mentira. Teddy rogó y rogó por un Pygmy Puff y, para el disgusto de Hermione, George le regaló uno.
-Andrómeda no va a estar feliz cuando nos vea regresar con una mascota para él, George – lo reprendió Hermione.
-¡Lo amará! – dijo George, extendiendo sus brazos hacia fuera con entusiasmo, y haciendo saltar hacia arriba y abajo a Teddy. Mientras Draco ayudaba a Teddy a escoger uno, George le susurró a Hermione – No hay problema. Ella ya me consultó para comprarle uno más adelante. Solo no tuvo tiempo para venir a retirarlo. No te preocupes, Hermione.
El "no te preocupes" de George sonaba horriblemente parecido al "relájate" de Draco. Quizás estaba demasiado tensa últimamente.
Teddy terminó escogiendo el Pigmy Puff más peludito, y decidió inmediatamente que lo llamaría Pequeño Draco, o PD para acortar. Draco no sabía si estaba ofendido o halagado por ello.
Rolf también compró Cremas de Canarios y Hechizos Patentados para Soñar Despiertos para Luna – aunque difícilmente necesitara esos últimos – y un avioncito móvil para Teddy, quien estaba más que contento por recibir dos regalos.
Cuando terminaron, Draco y Hermione seguían con un poco de tiempo antes de que tuvieran que encontrarse con Andrómeda, por lo que decidieron acompañar a Luna y Rolf hacia las chimeneas antes de despedirse.
Mientras iban hacia allí, alguien escondido en una capa y cubierto por una capucha – que parecía estar muy apurado – se chocó directamente con Rolf, casi derribándolo al suelo. Él se disculpó con la persona, aunque claramente no había sido él el culpable.
Mientras seguían su camino, Rolf lo miró con curiosidad antes de controlar su bolsillo.
-¿Está todo bien, colega? – preguntó Draco, quien sostenía con firmeza a mano de Teddy, mientras el niño jugaba con el Pygmy Puff sobre su hombro.
-Creí sentir su mano en mi bolsillo, pero no me falta nada.
Luna le pasó a Hermione la bolsita con las cosas que Rolf le acababa de comprar, y fue sosteniendo las cosas que él le pasaba mientras vaciaba su bolsillo. Un bolsito con dinero, polvo flú, caramelos, una pluma, hilachas… todo estaba en orden.
-Estoy segura que solo te rozó – dijo Hermione, lógicamente.
-Seh… probablemente estés en lo cierto.
Pero Rolf no se veía convencido. Aún así, volvió a guardar todo en su bolsillo y siguieron el camino hacia las chimeneas. Después de abrazos y saludos con la mano, Hermione prometió mandarles una lechuza pronto para que pudieran encontrarse otra vez.
Rolf tomó el polvo Flú y le ofreció a Luna ir primero. Ella tomó un puñado y lo arrojó a las llamas, pero antes de que diera un paso al frente, Hermione recordó que todavía tenía su bolsita de Sortilegios Weasley y la llamó.
Luna volteó, se acercó a ella y la tomó. El fuego comenzó a hacer ruidos extraños. Draco y Rolf miraron a las llamas al mismo tiempo, que habían comenzado a formar una enorme bola verde. Eso no era normal. El ruido aumentó hasta parecer truenos.
-¡Cuidado! – Rolf gritó mientras se arrojaba hacia Luna.
Draco tomó a Hermione y a Teddy en un rápido movimiento, protegiéndolos con su cuerpo mientras la enorme bola verde explotaba, expulsando fuego en muchas direcciones, y hacia el aire. Hermione había arrojado sus brazos sobre Teddy en un intento de cubrirlo del impacto contra el suelo. Su espalda se raspó contra el piso mientras que la de Draco se quemó un poco.
Hermione intentó incorporarse, pero cuando una segunda explosión resonó detrás de ellos, Draco volvió a derribarla. Cuando todo pareció terminar, Draco se separó de ellos, pero su espalda le olía demasiado como para alejarse mucho. Hermione no estaba mucho mejor.
Pero una vez que Teddy confirmó que PD estaba bien en sus manos, miró a las llamas y exclamó - ¡Eso fue perverso!
-¡Teddy! – Andrómeda se abrió paso entre la multitud congregada a su alrededor y arrojó al suelo todas las bolsas que cargaba, antes de tomar a su nieto en brazos.
-Awela, ¿viste eso? ¡La chimenea hizo BOOM!
-¡Luna!
Hermione finalmente reunió la fuerza necesaria para levantarse y correr hacia su amiga. Draco notó que el abrigo que ella tenía puesto estaba todo desgarrado en su espalda y con sangre.
Aparte de algunos raspones en sus manos y rodillas, Luna estaba más o menos bien, pero Rolf, quien había estado más cerca de las llamas, tenía quemaduras bastante graves.
-Rolf – dijo Luna, acercándose a él.
Cuando vio en qué condición tenía la espalda, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Era la primera vez que Hermione la veía llorar.
Luna tomó su varita e inmediatamente comenzó a colocar pequeños hechizos sanadores, pero nada que ella conociera era suficientemente poderoso para hacer la diferencia.
Rolf comenzaba a perder la conciencia pero, antes de hacerlo, miró directo a los ojos húmedos de Luna y dijo - ¿Estás bien?
Luna asintió y le tomó la mano mientras él volvía a dejar caer hacia atrás su cabeza.
Poco después, varios sanadores y aurores llegaron a la escena. Antes de que se llevaran a Rolf, Draco se acercó a él y tomó el polvo flú de su bolsillo.
Neville Longbottom era uno de los aurores allí, por lo que él se lo arrojó y le dijo – Revisa eso, Longbottom. Eso se arrojó a las llamas antes de que todo saliera volando.
Rolf fue llevado a San Mungo. Mientras un sanador examinaba a Luna, Draco y Hermione se sentaron en el suelo, ambos intentando ocultar cualquier tipo de dolor físico del otro,
Teddy había querido quedarse con ellos, pero ellos le insistieron que se fuera con Andrómeda. Él los abrazó a ambos, apretando demasiado sus espaldas doloridas, y se alejó con su abuela y su nuevo Pygmy Puff.
-Ellos están tras nuestros amigos, Draco – dijo Hermione tranquilamente cuando estuvieron solos.
Draco suspiró – Lo sé.
-Y todo por un poder que ni siquiera existe todavía. ¿Acaso creen que "esto" nos motivará?
-Dudo que quien sea que haya planeado esto, lo haya pensado con lógica.
-¿Qué habría pasado si Luna hubiera estado en esas llamas…?
-Por favor, no pienses en eso, Hermione – dijo él, frotándole la rodilla – No lo estaba. Estemos agradecidos por ello.
-Pero, ¿qué si lo hubiera estado…?
Hermione acomodó su cabeza en el regazo de él, dejando que las lágrimas cayeran libremente por sus mejillas. Draco le sostuvo la mano mientras ambos esperaban pacientemente su turno con el sanador, sin dejar de mirar a Luna, quien quizás podría haber muerto ese día.
Todo por haberse cruzado con Hermione y Draco en una tienda de muebles.
XXX
-¡Ahh! – exclamó con agonía Hermione mientras sus rodillas colapsaban bajo ella.
-Estás haciéndolo de nuevo – dijo Lucius Malfoy, caminando hacia ella y sosteniendo su mano en alto.
-Lo sé – dijo ella, permitiéndole levantarla.
-¿Lo haces? Hemos hecho esto durante casi tres semanas ya, y el único momento en el que pareces hacer algún progreso es cuando tocamos algún recuerdo más… íntimo.
Hermione se sonrojó. Cuando Lucius se ofreció a enseñarle Oclumancia, había estado tan emocionada que ni siquiera se le había pasado por la mente lo embarazoso que podría llegar a ser que su suegro pudiera ver sus pensamientos más privados.
-¿Estás seguro de que no podemos buscar un Pensadero? – le preguntó ella, como todos los días.
-Claro que sí – respondió él – pero, como te dije recién, el único momento en el que muestras algún progreso es aquel cuando consigo echarle un vistazo a esos recuerdos que tan ansiosamente buscas proteger.
-Estoy casada con tu hijo.
-Y yo tengo tan poco interés en ver esos recuerdos como tú lo tienes en mostrarlos. Ahora, prepárate.
Hermione se enderezó, con la varita a la altura de su cadera. Hizo una pausa – Quizás si aprendiera Legeremancia primero…
-No funciona así. Ahora, despeja tu mente de cualquier pensamiento.
Hermione cerró sus ojos.
-Esfuérzate más, Hermione. Tu rostro habla por ti misma.
-¿Acaso "intentar despejar la mente" no es una contradicción? Si te esfuerzas en no pensar, entonces ya estás haciéndolo.
-Lo que necesitas ahora mismo es encontrar serenidad. Una paz mental que, los intelectuales emocionales como tú, tienen extremas dificultades en alcanzar – dijo él.
Ella casi podía visualizar su sonrisa de burla.
-Ahora, mantén tus ojos cerrados, y relaja el rostro. Buena chica. No te enfoques en mis palabras, Hermione, solo déjalas pasar. En lugar de imaginarte un espacio en blanco, imagina algo que te de paz. Comenzaremos por ahí. ¿Qué lugar te da paz?
-El océano – dijo ella, inmediatamente, recordando los veranos de su infancia que pasaba recolectando conchas marinas y construyendo castillos de arena.
-Entonces imagínate el océano, suave, ventoso… con pacíficas olas rompiendo contra la arena. Nadie a la vista en millas de distancia. Solo tú y ese pacífico lugar.
El rostro de Hermione se relajó completamente.
Tan pronto como lo notó, Lucius levantó su varita y gritó - ¡Legilimens!
Hermione intentó empujarlo hacia fuera y quedarse en el océano, pero sus recuerdos comenzaron a interponerse con esa imagen. Sus padres enseñándole a montar una bicicleta en medio de la arena y el mar… conocer a Harry y Ron en el expreso de Hogwarts mientras caminaban entre las palmeras del océano… Draco y ella en el viñedo… no, en la playa, preparándose para dormir juntos por primera vez…
No, gritó su subconsciente. Sin pensarlo dos veces, y sin saber lo que estaba haciendo, la varita de Hermione se levantó, apuntó a Lucius y gritó - ¡Legilimens!
De repente, estaba viendo flashes de diferentes escenas. Un joven Lucius Malfoy recibiendo la Marca Tenebrosa del mismísimo Ya-Saben-Quién… Lucius gritándole a su esposa mientras ella sostenía en brazos a un bebé rubio platinado… Lucius y otros Mortífagos gritando Sangresucia y riendo mientras aterrorizaban a un grupo de brujas… una bruja en el suelo bajo él, gritando mientras él se arroja sobre ella… esa bruja muerta en el piso, con la ropa desgarrada y torcida… una figura encapuchada susurrándole a un Lucius vacío por dentro que fuera y asesinara a la Sangresucia… Lucius parado con su bastón, apuntando a Hermione mientras exclama "Avada Kedavra"…
Y luego Hermione se sintió expulsada… no, arrancada de la mente de Lucius con una fuerza tan extrema que terminó arrojada sobre el suelo. Se levantó y vio a Lucius de rodillas, jadeando pesadamente.
-Yo… no estaba esperando eso – dijo él, mirándola a los ojos.
-Lucius, yo…
Su estómago se tensó. Se aferró al cesto de basura más cercano y vomitó en él. No era la primera vez que esas sesiones la habían hecho enfermar.
Cuando todo estuvo fuera, movió su varita para limpiar todo y dijo – Necesito aire fresco.
Hermione se apareció en el balcón de afuera de la oficina de Kingsley. Ella y Lucius habían decidido venir al ministerio para practicar ese domingo, para que pudieran tener más de esos treinta a sesenta minutos que el almuerzo de ella le permitía durante la semana. Le había mentido a Draco diciéndole que tenía que terminar algo del trabajo. Algo que no era difícil de creer, considerando todo el tiempo que habían estado pasando en la Cámara del Amor últimamente. Ella le había prometido que volvería a casa a la hora de la cena. Y ya había oscurecido.
Hermione respiró profundamente varias veces y dejó que el aire frío le golpeara el rostro. Sabía que no era una Oclumante por naturaleza, por las mismas razones que Harry, pero jamás se imaginó que sería tan complicado. Sin importar lo mucho que se esforzara, no era capaz de despejar su mente. Demasiadas cosas le rondaban últimamente.
Rolf estaba bien y ya le habían dado el alta en el hospital, menos de veinticuatro horas después del incidente. Pero, desde entonces, Hermione había estado distanciándose de todos sus amigos. No quería poner a ninguno de ellos en peligro, y el único modo de hacerlo era dejar de estar alrededor de ellos. Actuar como si no le importaran. Solo que detestaba no verlos. Especialmente a Harry y Ron. No dejaban de insistirle de salir y almorzar con ellos, pero ella siempre se negaba. En parte por sus clases de Oclumancia, porque ellos no tenían idea de esas… y no eran todos los días. Solo dos o tres veces a la semana.
No había necesidad de decir que sus emociones estaban abrumándola. Y ahora… lo que acababa de ver en la mente de Lucius… de repente volvía a sentirse enferma.
-Hermione.
Volteó y se encontró con Lucius parado detrás de ella.
-Te… te pido disculpas.
-¿Por qué? – preguntó ella, volteando de nuevo.
-Por no haberte expulsado antes – dijo él, caminando hasta quedar a su lado – Por permitirte ver eso.
Hermione suspiró – Lucius, no pasa nada. Sé que tienes un pasado. Eras un mortífago. No creas que no imagino las cosas que hiciste.
-Sí, pero imaginar y ver son dos cosas diferentes. Y luego… el recuerdo donde estamos tú y yo… seguro recuerdas que día es hoy.
-Caro que sí – dijo ella, aferrando con fuerza la barandilla – Jamás podría olvidarlo.
Resulta que ese era el día exacto en el que, un año atrás, Lucius había intentado matarla. Y había sido también el día en el que Draco le había dicho por primera vez que la amaba. Era una pena que ambos eventos coincidieran, pero no fue hasta que él la vio allí tirada, casi muerta, cuando finalmente se dio cuenta de sus sentimientos.
-¿Es por eso que querías hacer esto hoy?
-Sí – dijo ella, con honestidad – Tengo miles de recuerdos conflictivos de ese día, y pensé que eso me permitiría bloquear mi mente como corresponde.
-Es decir que pensaste que, en lugar de frenar las emociones de tu mente, sería mejor dejarlas al aire y expuestas?
-Era solo una teoría – dijo ella – Pensé que funcionaría. Al igual que el amor y el odio hacen a la gente sentir de forma similar.
-Es una teoría muy práctica. Aunque obviamente falló – dijo él, sonriendo.
Ella le devolvió la sonrisa – A pesar de todo, el océano funcionó. Al menos consiguió mezclar los recuerdos un poco.
-Y ese contraataque de Legeremancia tampoco fue malo. Penetraste mi mente con facilidad – dijo él – Pero no lo hagamos de nuevo. No aún, por lo menos.
Sus manos se soltaron de la barandilla mientras se dejaba relajar ante la fresca brisa de la noche. Por mucho que intentara odiar a Lucius por las cosas que había hecho, simplemente no podía hacerlo. Pero sabía que no quería volver a entrar en su mente jamás. Algunas cosas estaban mejor ocultas en la oscuridad.
-¿Deberíamos intentarlo de nuevo?
Hermione asintió lentamente – Muy bien, una vez más. Luego tendré que regresar a casa. Draco probablemente ya está preocupado.
Ambos volvieron a aparecerse en su oficina, donde encontraron a Draco esperándola en su escritorio. Aparentemente, ella estaba en lo cierto.
-¿Qué demonios es esto? – él le frunció el ceño a su padre cuando se apareció en la oficina.
-¡Draco! ¿Qué haces aquí? – preguntó Hermione, palideciendo.
-No quería que volvieras a casa en la oscuridad, con todos esos malditos escudos que colocaron en casa.
Hermione no había pensado en eso. después del ataque de Luna y Rolf, Kingsley hizo que el ministerio colocara varios hechizos de protección alrededor de su casa, para que nadie pudiera aparecerse o viajar por red flú hacia adentro o hacia fuera. Era una molestia, pero comprendían que era necesario.
-Pero la pregunta en realidad es, ¿por qué está él aquí? – preguntó Draco, señalando a Lucius.
Hermione miró a Lucius, quien también la miró. Cuando sus ojos regresaron a Draco, notó que los ojos de su esposo se ponían cada vez más fríos.
-No te enfades, ¿de acuerdo?
Draco hizo una mueca – No es un buen comienzo, Hermione.
-En realidad no es nada.
-Entonces ve al punto.
-Uhmm… unas cuantas semanas atrás, Lucius… es decir, tu padre, se ofreció a enseñarme Oclumancia y Legeremancia y, bueno, le dije que sí.
-Entonces, ¿decidiste reunirte con él en el aniversario del día en que intentó asesinarte?
El corazón de Hermione se hundió – No imaginé que recordarías eso.
-¡Claro que lo hice! – dijo Draco con furia - ¿Cómo demonios se supone que podría olvidar eso?
-Es solo que pensé que la fecha podría ayudarme a aprender. Que el cúmulo de emociones jugaría a mi favor.
-Bueno, eso es estúpido.
-Sí, ¡ahora me doy cuenta de eso! – espetó ella - ¿Podemos ir a casa, por favor?
Draco siguió mirándola fijamente, con los ojos finalmente ablandándose un poco – No – dijo tras una breve pausa – Si quieres aprender, entonces yo quiero ayudar.
Lucius elevó una – Draco, no creo…
-Nadie conoce a Hermione más que yo – lo interrumpió él – Sé que puedo ayudar.
-Draco, yo… realmente no sé si me siento cómoda con eso – dijo Hermione – Sé que no eres un Legeremante, pero que pasa si, de alguna forma, consigues echarle un vistazo a mi mente. Qué pasa si accidentalmente ves… viejos recuerdos – añadió ella lentamente.
El rostro de Draco se frunció cuando la imagen de Ron le pasó por la cabeza.
-Todo irá bien, Hermione – dijo él, esperando estar en lo correcto – Y ni siquiera voy a comentar lo retorcido que es el hecho que te preocupara que yo viera antiguos recuerdos, pero que dejaras que mi padre penetre tu mente con libertad. Él no ha… - Draco miró de reojo a Lucius, antes de inclinarse hacia su esposa y susurrarle al oído – No ha visto nada, ¿verdad?
Hermione negó con la cabeza – No. Pude empujarlo fuera antes de que llegara allí.
Draco dejó escapar un suspiro de alivio. Gracias a Merlín por ello.
-Bueno, ¿cómo crees que puedes ayudarme? – preguntó Hermione, sacando su varita del bolsillo y jugueteando con ella.
Draco salió de detrás del escritorio y caminó hacia ella – Déjame adivinar. Tienes problemas para despejar tu mente porque tienes demasiadas preocupaciones ahora mismo – Hermione le frunció el ceño, por lo que él miró a su padre para confirmar.
Lucius sonrió – Sí, ese es el problema.
Draco frunció el ceño – Eres demasiado emocional, Hermione.
-¡Hey!
-Me amas, ¿verdad?
Eso tomó por sorpresa a Hermione – Claro que sí. Aunque ahora mismo no mucho.
Draco sonrió – Dime que no me amas.
De repente, ella volvió a sentirse enferma - ¿Q-qué? ¿Por qué?
-Compláceme.
Su rostro se contrajo – Yo… yo no te amo – dijo de forma poco convincente.
Lucius se sentó en la silla más cercana y los miró con gran interés. No tenía ni la más pálida idea de lo que se proponía hacer su hijo.
Draco rió – Eso fue horrible, Hermione. De verdad, ni siquiera sé por qué intentas aprender Oclumancia. Realmente no hay necesidad de que alguien penetre tu mente cuando toda la información que necesitan está en tu rostro.
-¡Draco!
-¡Son solo palabras, Hermione! Trátalas como tales. No les des más poder del que merecen – hizo una pausa – Déjame mostrártelo – dijo él, tomándola por la barbilla y obligándola a mirarlo – Recuerda, Hermione, solo son palabras.
Ella tragó pesado y asintió, sabiendo muy bien lo que vendría a continuación.
-Hermione… - Draco tomó una profunda respiración. Luego, con la voz más fría que escuchó en su vida, le dijo – No te amo.
Hermione sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. El rostro de él no se retorció ni dio muestras de ceder. No había nada que lo delatara. Si él no se lo hubiera advertido de antemano, ella se habría convencido de que esas palabras eran ciertas. Gracias a Merlín no lo eran.
-Ahora tú – dijo él, sin soltar su barbilla.
Hermione tomó una profunda respiración también y lo miró fijamente. Y luego, manteniendo el rostro perfectamente en blanco, dijo – No te amo.
Un fuerte aplauso resonó. Ella y Draco giraron el rostro para ver a un Lucius muy alegre – Bravo, Hermione. Muy convincente.
Draco sonrió y se unió a los aplausos de su padre.
Hermione se cruzó de brazos y frunció el ceño – Ustedes los Malfoy son extremadamente condescendientes. ¿Y qué tiene esto que ver con la Oclumancia? – exigió saber.
-Solo dejas ir tus emociones – dijo Draco, sonriéndole con orgullo – Pudiste decir palabras muy fuertes que en realidad no significaban nada. Usa el mismo concepto para limpiar tu mente. Solo son pensamientos, solo memorias, Hermione. No permitas que te controlen. Eres la única que tiene el control. Nunca olvides eso.
-Pero siempre creí que a ti te gustaba tener el control – dijo ella con una sonrisa traviesa.
Draco se la devolvió – No en esto – dijo él, apuntándole la cabeza.
-Quizás debería marcharme – dijo Lucius, levantándose de su silla.
-No, padre. Ya terminamos – dijo Draco, besando la mejilla de Hermione y dando varios pasos hacia atrás – Haz lo tuyo.
Hermione apretó su varita contra su cuerpo y se preparó. Solo son pensamientos. Solo son recuerdos, se dijo a sí misma. No significan nada. Estoy en control. Puedo hacerlo. Puedo…
-¡Legilimens!
¡Empujar! ¡Bloquear! ¡Proteger! ¡Tengo el control!
Justo cuando el recuerdo de ella y Lucius enfrentándose con varita en mano entró a su mente, en lugar de permitir que su mente se pusiera en blanco, Hermione se imaginó el océano de antes convertirse en un escudo alrededor de su mente, bloqueando cualquier agente extraño. Y entonces… ella volvía a estar en su oficina, y Lucius era empujado contra la pared con fuerza.
Ella lo miró, con la boca abierta por un segundo antes de mirar a Draco, quien le sonreía ampliamente. Su rostro inmediatamente se iluminó.
-¡Lo hice! ¡Lo hice! Yo…
Hermione se cubrió la boca con una mano y se abalanzó sobre el cubo de basura. Cayó de rodillas justo a tiempo para soltar todo lo que le quedaba dentro del cuerpo.
La nariz de Draco se frunció por el disgusto. Lucius caminó hacia él. Suspirando, le dijo – Definitivamente progresamos hoy.
Draco lo miró de reojo – No creas que no estoy enfadado contigo por no haberme contado sobre esto.
-Sabía que lo estarías – sonrió él – pero ella necesitaba aprender.
- Es por eso que lo permitiré. Pero, desde ahora en adelante, quiero estar presente.
-Por mí está bien – dijo Lucius. Volvió a mirar a su nuera enferma – Ahora, si solo pudiéramos lograr que dejara de vomitar cada vez que avanzamos…
Nota de la Traductora: Aquí estoy! nuevo capítulo, otro ataque y más avances de Hermione.. mucho, no? solo un comentario al respecto de eso: el océano le da paz a ella, pero no hay cosa que yo deteste más que la visión de un enorme e interminable mar. Le tengo PANICO jajaja
Gracias por sus comentarios! Fue un fin de semana loco, el domingo festejamos el cumple de mi abuelo y lo pasamos bárbaro. Gracias a quienes me dejaron un mensajito de felicitaciones para él. Le agradezco a Dios por sus 87 años, y a ustedes por su cariño :)
Como saben estoy de vacaciones, e intento actualizar lo más seguido posible. Pero como vacaciones que son, y por tener 19 años todavía, dependo de mis padres que me arrastran de un lado a otro. Son paseos cortos, y a lugares cercanos, pero interfieren con las actualizaciones y me embroncan jaja Mañana parto a otro lugar, y vuelvo el viernes por la mañana, así que posiblemente ese mismo viernes por la noche actualizaré de nuevo. El problema es que tengo que traducir tooooodos los capis de nuevo al no tener la portátil que contenía los archivos ya terminados, y me lleva bastante tiempo hacerlo. Pido perdon por la demora, pero realmente no hay mucho que pueda hacer al respecto :( nunca imaginé estar exhausta de viajar y actualizar jajaja pero todo es posible, evidentemente.
Noticias de Merry Christmas MR Malfoy: en hiatus por el momento, porque la autora me pidio que no siguiera publicando hasta solucionar el asunto que ya les comenté. No creo que le lleve mucho más tiempo. De verdad, ¿cuánto más puede tardar? pero bueno, si es posible, retomaremos cuanto antes!
Perdón, no pude responder comentarios, pero INFINITAS GRACIAS A:
Elegv - Lily Leon - Sally Elizabeth HR - Bliu Liz - SALESIA - Carmesilight - Nyx-88 - Rosy Fdez - AliceMlfy
Recomendacion McBusted de hoy: Gone.
Nos estamos leyendo prontito.
Pekis :)
