Fighting For The Malfoys
-Luchando por los Malfoys-
N/A: Acabo de darme cuenta que hay dos mortífagos con nombres parecidos. Quinn (el auror) y Quincy (Nott). Solo recuerden que son dos personas distintas.
Capítulo 21 – Él la dejó ir.
Hermione levantó sus manos para protegerse de la caída cuando la arrojaron sobre el frío piso de piedra. Volteó justo a tiempo para ver a Blaise cerrando la celda que la contenía.
-¡Sácame de aquí! – exigió, levantándose y tomando con ambas manos los barrotes de hierro de su celda.
-Acabas de convencerme – dijo Blaise, sonriendo – Dame un segundo y la abriré para ti.
-No puedo creer que la trajeras aquí – dijo Daphne, mirando a su alrededor con nerviosismo – Si Gregory se entera…
-No va a enterarse.
Daphne no se veía muy convencida.
-Jamás se enteró sobre la otra, ¿o no?
-No – dijo ella, suspirando.
Blaise le levantó la barbilla – Y además, no vamos a mantenerla aquí por mucho tiempo. A lo sumo será un día. Lo suficiente como para darle tiempo a que alguien la hechice con un Imperius. Luego ella estará fuera del camino, y "Gregory" no sospechará nada.
Daphne seguía dudando, pero dijo de cualquier forma – Bueno.
En base a ese pequeño intercambio, Hermione deduzco que estaban en casa de Daphne y Goyle. El por qué tenían calabozos en su sótano estaba más allá de su comprensión, pero los Malfoy tampoco eran exactamente inocentes en ese aspecto. Quizás era parte de los estándares de decoración sangrepura.
-Mandé a Rosier a que busque a alguien capaz de conjurar una poderosa maldición Imperius – dijo Greta, entrando al sótano con Quinn a sus talones – Con suerte, conseguiremos que alguien venga por la mañana, y podremos acabar con todo cuanto antes.
-¿Por qué necesitan buscar a alguien? – preguntó Quinn, levantando su varita y apuntando con ella a Hermione – Puedo hacerlo ahora mismo, Señorita…
-Dije que quiero a alguien capaz de conjurar una poderosa. No voy a arriesgarme con esto. Ella ni siquiera es quien queríamos que hiciera esto – Greta se cruzó de brazos y frunció el ceño – Realmente tenemos que tener cuidado. Tengo el presentimiento de que Draco no será tan crédulo como ella lo habría sido, si la situación fuera la inversa, por lo que tendremos que hacer que actúe absolutamente perfecta.
-Solo dile que sea su muñequita del sexo y que haga todo lo que él diga – dijo Blaise – Eso es todo lo que él quiso alguna vez en una mujer. Jamás imaginé que lo encontraría en la mojigata princesa de Gryffindor – él sonrió y le guiñó un ojo.
El rostro de Hermione se retorció del asco – No pretendas saber todo de él, bastardo arrogante.
-Oh, sí que lo conozco – dijo Blaise, colocando sus manos sobre las de ella en los barrotes y manteniéndolas quietas – Conozco al verdadero Draco Malfoy. No estoy seguro de quién es el idiota con el que te casaste.
Ella se retorció para liberarse, pero él mantuvo firme su agarre.
-La persona con la que me casé es el verdadero Draco Malfoy. El "idiota" que conociste se fue para siempre, y ya es hora de que logres meter esa idea en tu dura cabezota. ¡Jamás volverá a ser esa persona! ¡Se ha convertido en una mejor! ¡Mejor de lo que tú nunca llegarás a ser!
-Oh, pobre de mí. ¿Qué puedo hacer para remediarlo?
-Déjame ir, hijo de p…¡Ah! – Hermione cayó hacia atrás cuando Blaise le soltó las manos y la empujó.
-Adoraría utilizar la Maldición Cruciatus contigo ahora mismo – dijo él, tomando la varita que le había quitado del bolsillo y acariciando con ésta los barrotes. Ella intentó agarrarla, pero él se alejó rápidamente.
-¿Por qué no lo hacemos? – preguntó Quinn, prácticamente salivando ante el pensamiento.
Greta lo miró con ojos entrecerrados – Porque tenemos que mandarla de regreso en una pieza, ¡idiota insolente! Lo último que queremos es que el ministerio sospeche de nuestra jugarreta. Si parece que ha sido torturada, definitivamente le harán la prueba de la Maldición Imperius.
De repente, el cuerpo de Greta comenzó a convulsionar mientras se doblaba hacia delante. Levantó la mirada e hizo contacto visual con Hermione quien, por un segundo, pudo jurar que vio los oscuros ojos de la mujer volverse más claros. Pero, después que parpadeó, volvieron a aparecer normales.
-¡Vigílenla! – exclamó Greta antes de salir corriendo hacia las escaleras.
Tan pronto como se hubiera marchado, Blaise tomó a Daphne por detrás y comenzó a olisquear su cuello. Ella se retorció incómodamente delante de él, lo que solo hizo que la agarrara con más fuerza.
-¿Cuándo llegará Goyle? - preguntó él, mirando a Hermione mientras pasaba su lengua por la oreja de la rubia.
-No lo sé – dijo ella, sucumbiendo a su toque pero negándose a demostrar que lo estaba disfrutando – Ni siquiera sé que hora es.
-Justo pasando las una – dijo Quinn, tomando su reloj de bolsillo.
-Entonces debería regresar a casa en una hora.
-¿Te apetece un polvo rápido frente a la Sangresucia?
-¡Blaise! – Daphne lo empujó lejos de ella.
Él volvió a agarrarla y la sostuvo con fuerza - ¿Qué? Apuesto a que le gusta eso. Malfoy y yo solíamos follar a zorras uno frente al otro todo el tiempo.
Blaise le guiñó un ojo. El rostro de Hermione se retorció del asco.
-¿Qué sucede, Granger? ¿No te gusta escuchar sobre el pasado sucio de tu precioso esposo?
-Soy plenamente consciente de todo eso, Zabini – dijo ella, bufando y recostándose contra la pared – En realidad, lo que más me preocupa es la cantidad de enfermedades que cargas en esos pantalones tuyos. Con suerte, Daphne es suficientemente inteligente como para protegerse, para no llevar nada sucio al lecho marital – ella miró a Daphne y sonrió - ¿Todavía te follas a tu esposo, Daphne? Por tu bien, espero que sigas haciéndolo, porque ambas sabemos que Zabini jamás te será fiel. Es más, estoy bastante segura de que él ha estado imaginándome desnuda todo el tiempo que estuvo toqueteándote.
Los labios de Blaise se congelaron en su sitio y e despegaron de la piel de Daphne. La miró con una combinación de odio y lujuria, permitiéndole saber a Hermione que había dado en el blanco. Ella sonrió con dulce victoria.
-Solo en tus sueños húmedos, Sangresucia – dijo él, mofándose.
-Quieres decir tus sueños húmedos.
Blaise empujó a Daphne a un lado y tomó su varita, esta vez apuntando directamente a Hermione - ¿Qué daño puede hacerte una jodida maldición? – sonrió él – Cualquier cosa con tal de cerrar tu sucia boca.
-¡Blaise, detente! – suplicó Daphne.
-¡Adelante! – exclamó Hermione, levantándose y dando varios pasos al frente – ¡Dame con lo más fuerte que tengas! ¡Usa la maldición Cruciatus en mí! ¡Lastímame del mismo modo en que lastimaron a Sophie! Sabes que quieres hacerlo, ¿por qué entonces no lo haces?
-¿Crees que no lo haré? Estoy bastante seguro de que disfrutaré viéndote retorcerte por el dolor incluso más de lo que disfruté viéndola a ella. Aunque el resultado no será tan satisfactorio. Dime, sangresucia, ¿lloró mucho cuando le dijeron que su bebé estaba muerto?
-¡Tu, maldito bastardo! – Hermione se arrojó a los barrotes e intentó agarrarlo, pero él se movió fuera de su alcance justo a tiempo, riendo mientras movía su varita a centímetros de los dedos de ella - ¡Asesinaste al bebé de mi amiga! ¡Me aseguraré de que te pudras en el infierno!
-Palabras muy duras para una bruja sin varita y encerrada en una celda.
-¡AHH! – Hermione gritó y golpeó los barrotes, más determinada que nunca a escapar de allí. Quería lastimar – no, asesinar – a Blaise Zabini. Y quería que Daphne y Quinn sufrieran de la misma manera.
-¡Blaise, detén esto! – dijo Daphne, posando una mano gentil en su hombro – Ya jugaste suficiente con ella. Solo tenemos poco tiempo antes de que Goyle regrese. Vamos a buscar algún sitio privado.
Daphne no sonaba especialmente seductora. Hermione estaba bastante segura de que solo era un patético intento para conseguir sacarlo del sótano.
-Quiero follarte en la cama de él – exigió él, sin despegar su mirada y varita de Hermione – Ensuciarla antes de que él se meta a dormir contigo esta noche.
Ella se estremeció detrás de él – Bien. Vámonos.
Daphne se encaminó hacia las escaleras, donde Quinn estaba parado con una sonrisa de oreja a oreja, pero Blaise dijo – Solo un segundo.
Bajó su varita y dio dos pasos hacia delante, con el rostro a meros centímetros del de Hermione. Ella no soltó su agarre a los barrotes, echando fuego por la nariz mientras hacía contacto visual con él, negándose a bajar la cabeza mientras él la retaba con los ojos sin parpadear.
-Yo tendría más cuidado, si fuera tú, Sangresucia – dijo él con una sonrisa – Eres tú la que está en una celda. ¿Qué evita que yo tome lo que sea que quiera de ti?
Hermione estaba tan furiosa que su mano instintivamente salió disparada y lo tomó por el cuello, apretándolo con fuerza mientras le decía – No me subestimes.
Blaise tomó su varita y le disparó un hechizo no verbal, mandándola volando contra la pared, golpeándola con fuerza. Hermione cayó al suelo en posición fetal.
-¡Blaise, se supone que no debemos herirla! – exclamó Daphne, corriendo hacia él y tirándole el brazo.
Tanto Blaise como Quinn reían – No fue nada de lo que no pueda recuperarse después, querida. "No la subestimes" – volvió a mirar a Hermione tirada en el suelo y le guiñó un ojo antes de subir las escaleras con Daphne.
-Parece que solo quedamos tú y yo.
-Qué encantador – dijo ella, antes de recostarse de espaldas al suelo y mirar el techo, preguntándose cómo demonios saldría de esta. Pero, sin importar que, tendría que luchar contra ellos mañana. Se negaba a que utilizaran la Maldición Imperius en ella. Y luego se puso a pensar en Draco y la Amortentia; en cómo él había dicho que eran exactamente lo mismo. Cuando ella había tomando la poción se había dejado sucumbir a ella, pero si hubiera luchado contra sus efectos… ¿Habría funcionado?
Merlín, cómo extrañaba a Draco. Justo ahora, todo lo que quería hacer era correr a casa, arrojar disculpa tras disculpa hacia él y derretirse en sus brazos. ¿Por qué se había alejado?
-Draco, por favor perdóname – dijo ella antes de cerrar los ojos e intentar imaginar que estaba recostada en la cama con él, en lugar del frío piso de piedra. Imaginarse sus cálidos brazos envueltos protectoramente a su alrededor era la única imagen capaz de permitirle sucumbir a un superficial sueño.
XXX
-¡NO!
Hermione cayó hacia atrás, completamente exhausta después de bloquear el intento de Quincy Nott de hechizarla con una Imperius por cuarta vez consecutiva.
-¿Por qué no funciona? – preguntó Greta con impaciencia – Pensé que eras el mago más capaz de realizar este maleficio durante la última guerra. Le haz hecho esto a magos y brujas más poderosas que ella, ¿cuál es el problema?
Quincy la miró, viéndose casi tan exhausto como Hermione – El problema es que ella está aplicando los mismos métodos empleados en la oclumancia para evitar que yo tome el control de su mente. No deja que su mente pierda el enfoque.
-Ese bastardo, Lucius Malfoy, debe haberle enseñado eso – dijo Arron Greengrass, caminando hacia la silla en donde Hermione estaba atada, tomándole el rostro y obligándola a mirarlo - ¿Es por eso que ha estado pasando tantas tardes en tu oficina, Sangresucia? Y yo aquí, pensando que estaba probando un poco de la adorada esposa de su hijo.
Hermione le escupió. Él dio un paso hacia atrás y la abofeteó. El golpe fue tan fuerte que su silla casi cae hacia atrás.
-¡Hey! ¡Te lo dije, no la lastimen! – gritó Greta.
-No es nada que no pueda curar antes de mandarla después – dijo él, tomando un pañuelo y limpiando la saliva de su rostro.
-¡Intenta de nuevo! – le ordenó Greta a Quincy, visiblemente frustrada por el resultado de las cosas.
Quincy respiró profundamente y apuntó su varita a Hermione - ¡Imperio!
Hermione se sintió, una vez más, absorta en un abismo de tinieblas que la dejó sintiéndose libre y tranquila. No le importaría permanecer allí por siempre, sin tener que preocupase en nada más.
Haz lo que él te dice… déjalo controlarte… es tan placentero no tener que pensar todo el tiempo…
No - dijo una voz más firme pero lejana, que sonaba casi como ella – No te rindas…
Déjalo hacerlo… te gustará… lo prometo…
No, yo tengo el control. Esta es mi mente y no los dejaré usarme. No les permitiré acercarse a Draco. Debo protegerlo, debo proteger a todos…
-¡BASTA! – gritó ella, logrando expulsarlo con éxito una vez más - ¡Jamás te dejaré entrar! ¡Ríndete, porque nunca ganarás! ¡Jamás seré su marioneta!si Hermione hubiera estado más fuerte, habría fingido estar bajo la maldición Imperius solo para lograr escapar de allí pero no conseguía expulsarlo de su mente sin gritar. Si hubieran secuestrado a Draco, él habría sido capaz de engañarlos. Después de todo, había mantenido a Snape fuera de su mente, y su ex profesor era mucho mejor en esto que Quincy Nott.
-Creo que tendremos que buscar otras opciones – dijo Quincy, dejándose caer en una silla.
-¿Qué otras opciones? ¡Tenemos que hacer esto! – exclamó Greta.
-¿Qué me dices de poción Multijugos? ¿O u hechizo de memoria? La legeremancia posiblemente no funcione, pero no perdemos nada con intentar averiguar la información que necesitamos.
-Si no podemos ni siquiera lanzarle un maleficio Imperio, ¿qué te hace pensar que un hechizo de memoria funcionará? – preguntó Greta, golpeteando su pie contra el suelo – Y la poción Multijugos está fuera de la cuestión. Nadie la conoce lo suficiente como para imitarla a la perfección.
-¿Qué me dicen de la chica Parkinson? – preguntó Arron – Fue al colegio con ella, y probablemente sabe suficiente sobre su vida.
-También tu hija.
-Sí, pero Daphne nunca salió con Draco. Pansy sí. Ella debe saber lo que le gusta, y podrá ser suficientemente convincente.
-Si pasó de la Srta. Parkinson a ella - Greta señaló a Hermione – solo puedo imaginar que sus gustos han cambiado.
-¿Y qué propones entonces? – preguntó Quincy, incorporándose.
Greta lo miró, y luego a Hermione. Bufó – Sigue intentándolo. Y no te detengas hasta que tengas éxito o yo lo ordene – ella caminó hacia la puerta y la abrió – Arron, mantén un ojo en él y asegúrate que no deje de intentarlo. Tengo otras cosas de las que encargarme.
Y con eso, se marchó.
Quincy suspiró y miró a su viejo amigo – Esto no va a funcionar. Rosier y ellos la jodieron. Es demasiado pronto para cualquiera de estas cosas.
-Lo sé – dijo Arron, frunciendo y soltando sus puños – Pero, si sucede lo peor, siempre podemos deshacernos de ella.
Quincy rió - ¿Cómo se te ocurre eso?
Arron se encogió de hombros – Ella nunca tocó la profecía. Draco lo hizo. No tenemos ninguna prueba de que se trate realmente de ella. Él podría casarse con otra sangresucia en un futuro.
Hermione se retorció con furia. Quería escaparse. Quería golpear a ese maldito bastardo en el rostro, y en otros lugares.
Ambos hombres rieron – Tranquilízate, dulzura – dijo Quincy, levantando su varita – Recién empezamos. ¡Imperio!
XXX
Cuando el sol se puso, el Domingo, Draco supo que no podía seguir esperando. Habían pasado ya dos días. Necesitaba a Hermione nuevamente a su lado. Necesitaba arreglar eso.
Se vistió, dado que había pasado todo el tiempo en nada más que su pijama desde la noche en que se marchó, y respiró profundamente varias veces antes de salir y caminar a la casa de los Potter. Necesitaba tomar aire.
Cuando llegó, caminó hacia la puerta y llamó. Varios segundos después, Ginny contestó viéndose confundida.
-Hola, Draco – dijo ella, con los ojos escaneando el área a su alrededor - ¿Qué sucede?
-Es tiempo de que Hermione vuelva a casa – dijo él, cortándola por lo sano.
Ginny parpadeó - ¿A qué te refieres?
¿Realmente iba a tener que deletreárselo? – Her-mi-o-ne tiene que volver a casa. Por favor, dile que venga.
-Uh, lo haría, pero no está aquí.
Ahora fue Draco el que parpadeó - ¿No está aquí?
Ginny negó con la cabeza – En realidad llegamos a casa una hora atrás. Pasamos el fin de semana con mis padres.
Una larga e incómoda pausa se sucedió a eso.
-¿Se pelearon o algo?
Draco asintió lentamente, de repente sintiéndose muy nervioso – ella dijo que vendría aquí.
-Bueno, estoy segura de que fue a casa de Sophie y Phillip o algo.
Draco negó con la cabeza – Ellos tampoco estaban en la ciudad, salieron por su aniversario. ¿Qué me dices de la Comadreja… eh, Ron?
-Astoria y él vinieron con nosotros. ¿Caroline?
-En lo de su novio. Hermione jamás iría allí.
-¿Qué sucede? – preguntó Harry, apareciendo junto a su esposa.
-¿Tienes idea de dónde podría estar Hermione, Harry? – preguntó Ginny, comenzando a sonar nerviosa ella misma.
Harry miró a Draco – No, ¿por qué?
-Nosotros… tuvimos una pelea.
-Ella dijo que vendría aquí. Debe haber olvidado que no estaríamos en casa, porque sé que se lo conté.
-¿Y en lo de Sophie y Phillip? - preguntó él.
-Ya fui por ese camino, Potter.
-Pero ella tiene llave de esa casa, ¿verdad? – preguntó Ginny – No perdemos nada con comprobarlo.
Draco asintió y rápidamente desapareció de ahí. Sophie chilló cuando se apareció en su recibidor, seguido de Harry y Ginny - ¿Hermione está aquí? – preguntó.
Sophie negó con la cabeza justo cuando Phillip entraba a la habitación – No, llegamos hace cinco minutos. El lugagg estaba vacío.
-Aunque la pequeña mesa que Sophie insiste en poner junto a la puerta principal estaba en el piso. Y el jarrón de arriba roto – dijo Phillip, señalando la pila de vidrios rotos que Sophie acababa de barrer.
-¿Acaso ustedes dos peleaggon o algo?
-¡Sí, tuvimos una pelea! – exclamó él, claramente comenzando a entrar en pánico - ¿Dónde más podría ir?
Todos se miraron – Quizás se buscó una habitación en algún hotel – sugirió Harry – Quizás en el Caldero Chorrea…
Draco se apareció allá. Cuando llegó, notó a Hannah detrás de la barra y se apresuró hacia ella - ¿Hermione reservó una habitación aquí?
Hannah levantó la mirada con sorpresa, tomándose un momento para registrar la pregunta – No que yo recuerde, pero puedo comprobar los registros. ¿Qué día debo buscar?
-Viernes – dijo él. Ella caminó hacia atrás.
-¿Te tomó dos días venir a buscarla, Draco? – preguntó Phillip, caminando hacia él.
-¡Fue una pelea importante!
-¿Pogg qué peleaggon? – preguntó Sophie, acercándose hacia su otro lado.
-Nada… todo. Oh, no lo sé. ¿Podrían dejar de preguntar tantas estupideces?
-Tgganquilízate, Dggaco – dijo ella, palmeándole la espalda – Estoy segugga que ella está aquí.
-Lo siento, Draco, pero no veo su nombre aquí – dijo Hannah regresando a la barra. Sostenía un libro gigante en sus manos, que debió ser el registro.
-Estoy segugga que salió de la ciudad unos cuantos días.
-Sí, colega – dijo Phillip, posando su mano en su hombro – Si fue una pelea grande, probablemente solo necesita alejarse un poco para pensar. Regresará mañana por la mañana. Estoy seguro.
-Quizás… pero ¿por qué tengo este terrible presentimiento?
Nadie pudo responderle.
-Me sentiría mejor si supiera en dónde está.
-¿Alguien intentó llamarla? – preguntó Harry, con Ginny a su lado.
-¡Ooh! ¡Buena idea! – dijo Sophie, tomando su celular y marcando el número. Esperaron. Después de varios segundos, frunció el ceño – Diggecto a la casilla de mensajes. Debe estagg sin bateggía.
Draco comenzó a respirar frenéticamente. Phillip y Sophie lo guiaron hacia una silla mientras Hannah iba buscarle un vaso de agua. Él lo bebió rápidamente.
-¿Dónde mierda se metió? – dijo él casi con enfado – Incluso aunque estuviera enojada, si iba a irse a algún sitio debería habérmelo dicho – hizo una pausa – Me lo habría dicho. Me mandaría una lechuza o algo. No creen…. – arrojó una mano sobre su boca, con miedo de vomitar. Justo ahora estaba pensando en lo peor.
-Iré a contactar a todos nuestros conocidos – dijo Ginny, mirando a su esposo – Seguro alguien debe saber algo.
Harry asintió y ella desapareció.
Draco comenzó a removerse en su sitio, con su mente inundada de terribles pensamientos. No dejaba de decirse a sí mismo que ella estaba bien, que estaba preocupándose por nada, pero muy dentro suyo, sabía que algo iba mal. Quizás lo había sabido desde ayer, cuando ella no regresó a casa. Alejarse tanto, incluso estando enojada, no era propio de ella. Hermione habría querido hablar sobre ello. Habría querido solucionarlo. Ella lo amaba. Él lo sabía. ¿Dónde estaba ella, entonces?
-Dggaco – Sophie posó ambas manos sobre las de él y se arrodilló frente suyo – Pogg favogg, tgganquilízate. Estoy segugga de que está bien.
-¿Cómo puedes estarlo? – preguntó él, con las palmas de las manos sudorosas.
-Poggque Heggmione es fueggte e inteligente. Ella puede manejagg lo que sea.
De repente, Ron se apareció en el pub. Los encontró y se acercó a ellos.
-¿Ginny habló contigo? – preguntó Harry.
Ron asintió – Astoria fue a averiguar más cosas – miró a Draco – No vamos a entrar en pánico, ¿verdad? Es muy pronto como para entrar en pánico.
-Claggo que no – dijo Sophie, incorporándose.
Ron no se veía convencido - ¿Buscaron en su oficina? Si no había nadie disponible, casi puedo imaginármela yendo a dormir allí. Trasfigurando su escritorio en una cama o algo así.
Draco jamás había usado la palabra brillante para describir a Weasley, ni tampoco volvería a usarla, pero justo ahora era todo lo que pensaba. Antes de que nadie tuviera la oportunidad de realmente comprender la oración, Draco se desaparecía del pub y se aparecía en la oficina de Hermione. Suspiró al encontrarla vacía, con los ojos escaneando todas las esquinas. Luego se congeló.
Cuatro ¡pops! Resonaron a su alrededor.
-¿Dggaco, qué sucede? – preguntó Sophie, notando la mirada de horror de su amigo.
Él señaló una de las esquinas. Todos siguieron su dedo hasta dar con una maleta.
-¿Es de ella? – preguntó Phillip.
Draco asintió.
-Entonces está aquí, ¿verdad? – dijo Ron, sonando aliviado.
Draco negó con la cabeza. Se acercó a la malta y abrió el cierre, prácticamente arrancándolo hasta que confirmó que sus temores eran ciertos - ¡No la ha tocado!
Todos lo miraron sin comprender.
-¡La ropa que tenía puesta el Viernes no está aquí!
Sus ojos se abrieron.
-¿Dónde está? – preguntó histérico.
Draco salió corriendo de la oficina y comenzó a gritar su nombre.
-Iré a buscar al Ministro – dijo Harry, antes de desaparecer.
Los otros corrieron tras Draco, pero él ya se había desaparecido. Lo encontraron varios minutos después, corriendo por el departamento de Misterios, buscando cualquier signo que indicara que ella estuvo allí.
-Draco, ¡tienes que tranquilizarte! – exclamó Phillip, intentado estabilizarlo.
Draco se sacudió e intentó darle un puñetazo, oportunidad que aprovechó Phillip para sostenerlo mediante una llave de lucha.
-¡Suéltame!
Phillip los apareció a ambos de regreso en la oficina de Hermione. Sophie y Ron llegaron justo detrás.
-¡DIJE QUE ME SUELTES!
-¡No hasta que te calmes! ¡Esto no está ayudándola! ¡Ella no está aquí! Ahora, ¡tranquilízate para que todos podamos sentarnos a pensar!
Draco sabía que él estaba en lo cierto, e intentó hacer lo que le decía, pero era realmente difícil encontrar un ritmo constante de respiración cuando tenía la mente inundada de los pensamientos más terribles. - ¿Dónde estaba ella? ¿Por qué había esperado dos días para ir a buscarla? Él debió salir corriendo tras ella al instante en que se marchó. ¿Por qué no lo había hecho?
Varios minutos después, Draco estaba suficientemente calmado como para permitir que Phillip lo soltara, pero seguía intentando regularizar su respiración, sentado en el piso, cuando llegó Harry con Kingsley.
-Draco, tienes que contarnos todo lo que sucedió – dijo Kingsley mientras Harry y Phillip levantaban a Draco del suelo y lo sentaban en una silla. Sophie salió de la habitación y regresó con otro vaso de agua para él.
Draco lo bebió lentamente y tomó varias y profundas respiraciones. Luego, en la voz más firme que pudo componer, dijo – En la noche del Viernes tuvimos una enorme pelea. Ella dijo algo malo, y yo le contesté con algo mucho peor. Intenté retractarme pero ella estaba realmente molesta, por lo que se fue. Dijo que pasaría la noche con Harry y Ginny para aclarar su mente, y yo no la detuve. ¿Por qué, maldita sea, no la detuve?
-¿Por qué discutieron? – preguntó Harry, sabiendo perfectamente que no era el único muerto de curiosidad sobre ello.
-¿Es realmente importante?
-Podría serlo.
-¡No lo es! Además, ¡peleamos por muchas cosas! ¡No podría simplemente señalarte una! – Draco miró de reojo a Sophie. Tanto ella como Harry lo notaron, con la boca de ambos abriéndose ligeramente al comprender.
De repente, algo comenzó a vibrar. Todos miraron alrededor antes de que Sophie se diera cuenta de que era su teléfono - ¿Hola? – una pausa – Sí, estamos en la oficina de ella… De acueggdo, nos vemos pggonto.
-¡Pop! ¡Pop!
Ginny y Astoria aparecieron; la primera con el celular todavía entre sus manos – Realmente debes comenzar a llevar el tuyo, Harry.
-Lo siento – dijo él.
-¿Qué es eso? – preguntó Astoria, señalando la maleta y todos sus contenidos, que habían sido esparcidos a un lado.
Ron se lo explicó mientras Draco se desconectaba de todo lo que lo rodeaba. Se incorporó y caminó hacia la ventana, donde intentó enfocar su respiración. Él la dejó ir.
-No sabemos nada todavía, Draco - dijo Kingsley, quien de repente estaba junto a él. Ni siquiera lo había oído aproximarse – No hay necesidad de comenzar a preocuparnos aún.
-¿Cuándo será necesario comenzar? - Preguntó él.
-Mañana es Lunes, y Hermione entra a trabajar a las ocho. Jamás llegó tarde al trabajo.
-Entonces… un minuto después de las ocho…
-Mandaremos una partida de aurores en su búsqueda – dijo él – pero por ahora, necesitamos mantenernos positivos. Hasta donde sabemos, es posible que haya salido de la ciudad por unos días.
-¿Y dejó su maleta aquí?
Kingsley se encogió de hombros – Hermione es poco convencional. No necesita muchas cosas.
Por Merlín, Draco esperaba que él estuviera en lo cierto. Si ella realmente había salido de la ciudad, al segundo en que regresara la tomaría y la besaría, y jamás la dejaría marcharse de nuevo.
¡Pop!
Draco volteó para encontrar a su padre parado en el centro de la oficina - ¿Qué haces aquí? – preguntó con dureza.
-Yo le envié una lechuza – respondió Kingsley – Ahora, Draco, antes que sigamos con esto, necesito pedirte que controles tu ira.
-¿Qué controle mi ira?
Kingsley asintió.
Los ojos de Draco refulgieron – Mi esposa está desaparecida, mi padre aparece de la nada para hacer algo, ¿y me pide que controle mi ira? Estoy bastante seguro de que lo que sea que está a punto de decir o hacer va a enfurecerme totalmente, y quiero reservarme el derecho de hacerlo.
-Como lo desees – dijo Kingsley, haciéndole señas a Lucius para continuar.
Lucius miró con preocupación a su hijo antes de caminar hacia el estante de Hermione y detenerse frente a la fotografía que él le había regalado - ¡Specialis Revelio!
Todos se amontonaron a su alrededor cuando la fotografía de repente se convirtió en un espejo. Sophie se paró al lado del mago mayor y miró su reflejo - ¿Qué es esto?
Lucius movió su varita y las imágenes en el espejo comenzaron a ir hacia atrás, revelando todo lo que acababa de hacer como si fuera una cinta rebobinándose – Es mi propio invento – dijo mientras todos lo miraban impresionados – Obtuve la idea de esos grabadores de imágenes muggle que muestran en el folleto de su compañía.
-Videocámaras – dijeron Sophie y Phillip al mismo tiempo, con orgullo.
-Solo investigamos sobre ellas por diversión – añadió Phillip.
-¿Leíste el folleto? – preguntó Draco, levantando una ceja.
-Lo hice.
-¿Y usaste lo que aprendiste de ahí para espiar a mi esposa?
Una esquina de la boca de Lucius se torció hacia arriba – Esperaba nunca tener que usarlo, pero sí. Si te sentiste dejado de lado, no lo hagas. Hice que instalaran uno en tu oficina también.
Draco estaba sorprendido - ¿Cuándo… ¿Dónde demonios está?
-Jamás te lo diré. Porque, si lo hago, te asegurarás de nunca estar dentro de su campo visual.
-¡Obviamente, maldita sea!
-¡Miren! ¡Ahí está ella! – exclamó Ginny, tratando de acercarse para ver mejor.
El espejo se puso negro. Draco recordó que lo había puesto boca abajo cuando… - ¡No dejes que siga retrocediendo! – exclamó.
Lucius lo detuvo. Todos miraron a Draco con las cejas levantadas.
-Somos humanos – dijo él, a la defensiva – Tenemos necesidades.
-Entonces, antes de que Harry y yo entráramos, sí que estaban follando – comentó Ron, viéndose asqueado.
-Mi padre está justo aquí, Comadreja – dijo Draco, fulminándolo con la mirada.
Con otro movimiento de su varita, Lucius hizo que el espejo comenzara a mostrar las imágenes con su correcta secuencia. Siguió oscuro durante un tiempo, donde pudieron escuchar sonidos únicamente, y luego oyeron a alguien que parecía estar bastante enfadado. Había fuertes golpes y sonidos de objetos rompiéndose. Pero la peor parte fue el llanto histérico. La garganta de Draco se secó mientras escuchaba las lágrimas que él había ocacionado.
Eventualmente, el sonido de cosas arrojadas al suelo terminó, y solo persistió el sollozo. Cuando Hermione levantó la fotografía para colocarla en la forma correcta, la habitación volvía a estar acomodada. Solo había pasado un momento en el que ella sollozó mientras sostenía la fotografía, cuando la puerta se abrió tras ella. Hermione colocó el marco en su sitio y se giró para ver quién era. Al igual que todos los que observaban.
-Greta, ¿qué, en la tierra, estás haciendo aquí?
-¿Quién es esa? – preguntó Sophie, moviendo su cabeza incómodamente cerca de la de Lucius. El mago hizo lo posible por no estremecerse.
-Su asistente – respondió Draco.
-¿Qué hacía ella ahí, y a esa hora? – peguntó Ginny – Tuvo que ser, al menos, medianoche.
-Es casi medianoche. Ve a casa. Lo que sea en lo que trabajas puede esperar al Lunes.
-¡Lo dije!
Greta se fue y Hermione volvía a estar sola. Regresó su mirada a la fotografía, se estiró hacia ella y la acarició.
-Eso iba para mí, ¿verdad? – preguntó Draco, abriéndose paso hacia delante – Era el Draco de la foto el que acarició.
-Bueno, dudo que haya sido a mí o a tu madre.
De repente, el rostro de Hermione cambió, demostrando una fuerte determinación. Tomó su varita y la presionó contra su costado antes de desaparecerse de allí.
-¡Espera! ¿A dónde se fue? – exclamó Draco.
-No tenemos forma de saberlo – dijo Lucius, acelerando las imágenes para asegurarse de que no se perdieran de nada – Parece que nunca regresó.
-Ella tenía esa miggada paggticulagg de Heggmione antes de desapaggecegg – dijo Sophie – Ya saben, esa que pone cada vez que tiene algo en mente. ¿De veggdad no se te ocuggge nada que ella hubiegga quegguido hacegg, Dggaco?
Draco observó al espejo mientras las imágenes seguían pasando, eventualmente llegando hasta lo último observado y volviéndose una fotografía de nuevo. Tan pronto como vio a Hermione en sus brazos, viéndose hermosa en su traje de boda, comenzó a lagrimear. Volteó antes de que alguien más se diera cuenta de ello y se tragó el llanto.
-Nuestra discusión comenzó por algo que pasó en esa condenada habitación. Pero ella no puede entrar sin mi.
-Pero, dado que dejó aquí su maleta, diría que es posible que nunca haya dejado este edificio. Al menos, no de inmediato – dijo Harry – Realmente me gustaría hablar con esa Greta para ver si vio algo.
-O hizo algo – dijo Astoria en voz baja.
Todos los ojos se movieron hacia ella.
-No pretendan que no pensaron en eso. ¿Quién demonios trabaja hasta la medianoche un Viernes? Ella es una secretaria, y su jefa se había marchado horas atrás. No había motivo real que la retuviera allí.
Draco podía sentir la ansiedad creciendo nuevamente en él. Cerró con fuerza sus ojos y respiró profundamente varias veces, tratando de encontrar algún tipo de calma, pero todo lo que llegaba a pensar era que la había dejado ir.
-Es demasiado pronto. No tenemos nada todavía. ¿Por qué ellos…
-Draco… - Sophie intentó tocarle el hombro pero él se echó hacia atrás.
-No voy irme de aquí – dijo él, caminado hacia el escritorio y sentándose en la silla de Hermione – En caso de que regrese.
-Muy bien – dijo Ginny – Todos podemos quedarnos…
-¡No! – exclamó él – Quiero estar solo. Por favor, váyanse a casa. Todos. Los contactaré si aparece.
Todos se veían inseguros de qué hacer.
-Regresaré a las seis y media de la mañana, Draco – dijo Kingsley – Si regresa antes de esa hora, contáctame. No importa el horario. De todos modos planeaba no descansar esta noche.
-Ni tú ni yo – dijo Draco, posando sus brazos y cabeza en la mesa – Les avisaré cualquier cosa. Pero, por ahora, váyanse.
Más miradas inseguras.
-Iggé a casa y te pggepaggaggé un poco de té – dijo Sophie – Y te conseguiggé una manta. Vamos, Phillip.
Ambos desaparecieorn.
-Estaré atenta a mi teléfono – dijo Astoria – Por favor, llámame si necesitas algo.
Fue y tomó el brazo de Ron, pero él se veía dudoso de marcharse. Entonces, mirando a Draco, dijo – Vendré aquí a la misma hora que Kings… es decir, el Ministro.
-Bien, Weasley – dijo Draco, solemnemente.
Ron asintió, aún viéndose inseguro mientras él y Astoria desaparecían.
Harry y Ginny anunciaron también sus intenciones de regresar por la mañana antes de marcharse. Kingsley partió detrás de ellos.
Solo quedaba una persona.
-¿Por qué sigues aquí? – le preguntó Draco a su padre.
-Esperaré a que tus amigos regresen con el té para ti – dijo Lucius, tomando asiento en el lado opuesto del escritorio.
Estuvieron en silencio por varios minutos.
-¿Por qué la espiabas?
-No la espiaba, Draco. Era solo precaución.
-¿En caso de que algo como esto sucediera? – preguntó él.
-Desafortunadamente, sí.
Más silencio.
-No tiene sentido. Hermione y yo no descubrimos ningún poder todavía. Es demasiado pronto. ¿Por qué se la llevarían?
-No sabes si eso es lo que pasó, Draco – dijo Lucius – pero, si efectivamente se la llevaron, asumiría que fue algo accidental.
-¿Accidental?
-Sí, quizás, ella hubiera escuchado o visto algo, ellos no habrían tenido otra opción más que reaccionar así. Es por eso que, si Hermione aparece aquí mañana, tendrás que ser extra cuidadoso, hijo.
-¿A qué te refieres? – preguntó él, levantando la cabeza.
-Quiero decir que, no estoy seguro si Hermione es suficientemente fuerte como para evitar que ellos se apoderen de su mente.
-¿Crees que usarán Legeremancia con ella?
-Por supuesto que lo harán – dijo Lucius – O Veritaserum, hechizos de memoria, la maldición Imperius… lo intentarán todo. Especialmente a la última. No me sorprendería si eso es lo que prueban primero.
-Pero… ¿Por qué?
Lucius elevó sus cejas – Quieren saber qué estuvieron haciendo Hermione y tú en esa habitación, Draco. Seguramente, incluso tú te darías cuenta de eso.
-Solo se decepcionarán. No tenemos nada – hablando de eso… - y apreciaría que jamás vuelvas a llevar a mi esposa al Callejón Knockturn –dijo él, cruzándose de brazos – Ni siquiera puedo comenzar a imaginar en qué estabas pensando cuando lo hiciste.
Lucius sonrió – Lo que estaba pensando es que ella iba a ser la mejor dispuesta a ir, de ustedes dos. Por supuesto, si me hubieran contado qué estaban haciendo en esa habitación, yo en persona los habría retirado. Pero, como ahora soy un objetivo tanto como ustedes, preferiría no tener nada de respuestas para darles si alguna vez ellos vienen a buscarme. Cuanto menos sepa de lo que ustedes hacen, mejor.
¡Pop! ¡Pop!
-¡Aquí tienes! – dijo Sophie, colocando un termo de té caliente en el escritorio junto Draco mientras Phillip le arrojaba una manta sobre los hombros - ¿Necesitas algo más? ¿Comida, quizás?
-No podría comer nada ahora, incluso aunque quisiera – dijo Draco, tomando un poco de té.
Sophie asintió, y era evidente que intentaba contener las lágrimas.
-Llámanos si cambias de idea – dijo Phillip, tomando la mano de Sophie. Sabía que tenía que sacar a su esposa de allí antes de que empeoraran las cosas – Volveremos por la mañana.
-Gracias. Y, eh… feliz aniversario – dijo Draco, notando que, exactamente un año atrás, él había intentado romper con Hermione. Y ahora aquí estaba, desesperado por tenerla de regreso.
Tan pronto como Sophie y Phillip se marcharon, Lucius se levantó – Supongo que esa es mi señal. ¿no te importa si regreso mañana también?
Draco se encogió de hombros - ¿Por qué no? Podemos organizar una fiesta con toda la gente que vendrá.
Lucius se movió para irse pero, antes de hacerlo, miró a su hijo con ojos grises casi idénticos y dijo – Solo recuerda, Draco. Si ellos se la llevaron, por la razón que sea, no van a lastimarla. Necesitan que ella regrese contigo. Es la única forma en que la profecía pueda cumplirse.
-Desearía encontrar más consuelo con saber eso – dijo Draco, tomando otro sorbo de té – Pero no lo hago – suspiró – Buenas noches, padre.
-Buenas noches, hijo.
Y con eso, Lucius desapareció, dejando a Draco solo para hundirse en su propia miseria. ¿Por qué le dijo aquello que sabía que la heriría más que nada?... ¿Por qué no fue tras ella?... ¿Por qué esperó tanto antes de ir a buscarla para traerla a casa?... ¿Por qué la dejó ir, en primer lugar?
Por favor, Hermione… solo… mantente a salvo.
XXX
Todos llegaron a la mañana siguiente a la hora que prometieron. Draco no había dormido ni un instante. En cierto momento, se había levantado y había vuelto a empacar las cosas de Hermione, dado que sabía que el desastre le molestaría a ella. Y había pasado el resto de la noche sentado en su silla junto a la ventana, tratando de no pensar en las cosas que podría haber hecho, y qué debería hacer ahora si es que ella no aparecía por la mañana. Necesitaba un plan, por las dudas. Pero, Merlín, esperaba que sí apareciera. Incluso si es que su padre estaba en lo cierto y ellos habían usado hechizos desmemorizantes o la Maldición Imperius, o cualquier otra cosa en ella, al menos podrían arreglarlo. Al menos estaría aquí. A salvo. Con él.
Sophie le trajo el desayuno. Tomó un bocado de eso por ella, pero ni siquiera pudo tragarlo. Tenía el estómago lleno de nudos. Por los nervios. Por la ansiedad. Por el dolor de su corazón. Por el disgusto – principalmente consigo mismo.
-¿Dormiste algo, aunque sea? – le preguntó Lucius cuando llegó, puntual a la hora establecida. Los demás habían llegado un poco antes.
-Claro que no – respondió él, mirando hacia la ventana mientras todos conversaban entre ellos.
Harry y Kingsley organizaron una partida con todos los aurores en caso de que ella no apareciera. Todos dejarían de lado sus variadas tareas, y encontrar a Hermione se convertiría en su principal prioridad.
El reloj marcó las siete y media y Draco podía sentir su corazón latir con más rapidez. En cualquier momento sentía que podría vomitar.
Todos escucharon con atención mientras Kingsley comenzaba a dictar órdenes, que tendrían que comenzar a cumplirse un minuto después de las ocho, si Hermione no aparecía para ese entonces.
-Harry, quiero que bajes a la oficina de Aurores y entregues las órdenes.
-Sí, Ministro – dijo Harry – pero también creo que deberíamos tener a alguien vigilando este sector, para retener…
¡Pop!
-…A Greta apenas…
Todos giraron la mirada con expectación, mostrándose visiblemente decepcionados al ver a Wiley Rosier parado en medio de la oficina de Hermione. Miró a todos, sin expresión en el rostro, antes de que sus ojos aterrizaran en Kingsley – Lamento interrumpir, Ministro, pero pensaba que teníamos una reunión esta mañana y su secretaria me informó que se encontraría aquí.
-Sí, siento eso, Sr. Rosier, pero me temo que tendremos que reprogramarlo. Le mandé una lechuza hace un rato para informarle del cambio, pero usted debe haberse cruzado con el mensaje.
-Llegué temprano – miró a su alrededor una vez más, esta vez notando una mirada particularmente fría en su dirección de parte de Lucius. Maldito traidor. - ¿Está todo bien, Ministro?
-Sí, sí, nada de lo que debas preocuparte, Rosier. Te contactaré en un momento. Por favor, sigue con lo tuyo.
Rosier asintió e inmediatamente se apareció varios pisos más abajo, en el piso principal del Ministerio. Permaneció oculto es una esquina oscura junto a las chimeneas, viendo a todos llegar hasta que encontró la cabeza que estaba buscando. Tomó el brazo de Greta y la arrastró hacia las sombras.
-Estaban hablando de ti.
-¿Quién? – preguntó ella, mirando hacia atrás para asegurarse de que nadie la hubiera visto siendo arrastrada por él. Todo el mundo seguía haciendo lo suyo, sin prestarle atención a las dos personas de la esquina.
-El Ministro, Potter, los dos idiotas Malfoy y toda su pandilla de amigos buenos para nada. Están todos en la oficina de la Sangresucia. Pretendí que me aparecía allí buscando al Ministro por una reunión que él canceló, y los escuché decir el nombre Greta. Sugiero que salgas de aquí antes de que vengan a buscarte.
-Pero nadie me vio esa noche, además de ella. ¿Y cómo están seguros de que desapareció ya?
-No lo sé, pero ellos sí. Ahora, vete de aquí. Comienza limpiando este – señaló al cuerpo de ella – desastre primero. Te mantendré informada con lo que suceda aquí.
Greta asintió y se apareció en la Mansión Greengrass, apresurándose a esconderse detrás de una esquina justo a tiempo para evitar que Gregory Goyle, quien iba caminando hacia el vestíbulo para viajar por red flú a su trabajo. Una vez que escuchó el característico "swuush" señalando su partida, caminó hacia el sótano.
Hermione estaba recostada en el suelo cuando Greta llegó, completamente agotada después de dos días de intentos, por parte de Quincy Nott, de penetrar su mente. Se las había arreglado para mantenerlo afuera pero, si la fuerza de él no hubiera mermado también, ella estaba segura de que no podría seguir haciéndolo por mucho más. Con suerte, no intentarían traer a alguien nuevo y fresco para hacerlo, porque eso sería su perdición. Se rumoreaba que su hijo, Theo, era igual de bueno que él. Pero al parecer, todavía no habían traído a Theo. Por lo que llegaba a entender, intentaban mantener al margen la mayor cantidad de personas como sea posible. Por lo menos hasta que descubran su siguiente plan de acción.
Cuando los pasos de Greta hicieron eco por las escaleras, Hermione pudo escuchar a alguien sollozando en la celda más alejada. Se había dado cuenta de que había alguien más ahí la primera noche, pero cuando intentó hablarle, nadie respondió. Tampoco alcanzaba a ver a nadie desde su propia celda, dado que habían tres paredes de piedra obstruyendo su visión.
Blaise apenas había llegado a montar guardia unos minutos atrás, y Quinn todavía no se iba. Ambos estaban sentados en el suelo, recostados contra la pared, pero se incorporaron al escuchar a Greta acercándose.
-Tenemos un problema – dijo ella, apenas entró – Rosier los escuchó hablando sobre mí. Parece que ya descubrieron que la preciosa Sra. Malfoy está desaparecida. Necesitamos deshacernos del cuerpo.
Hermione se sentó. Al principio pensaba que hablaban de ella, pero vio que todas las miradas se dirigían hacia la celda más lejana.
-Pero ella era nuestro mejor método de entrada – se quejó Blaise – ¿Por qué debemos deshacernos de ella?
-No sé lo suficiente como para seguir manteniendo esta farsa, y si ya tienen sospecha, controlarán la Maldición Imperius y otros hechizos. Por lo que, repito, desháganse del cuerpo – dijo firmemente.
-¿Qué está pasando? – dijo Daphne, bajando las escaleras.
-Que oportuna – dijo Greta – Necesitamos que mantengas un ojo en la prisionera – asintió hacia Blaise y Quinn, y ambos se encaminaron hacia la última celda.
-No… - dijo una leve y temblorosa voz – No…
-No hagas esto más difícil para ti misma.
-¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! – exclamó la persona, a viva voz.
Hermione se arrastró hacia los barrotes para ver mejor. Blaise estaba forcejeando con los brazos de alguien, mientras que Quinn lo tomaba por las piernas. Luego Blaise la dejó ir y la ató por las muñecas antes de arrojársela sobre el hombro.
-¡Noooooo! ¡Por favor, ayuda! ¡AYUDA!
-No van a matarla, ¿verdad? – preguntó Daphne, nerviosa.
Greta la fulminó con la mirada – Claro que sí.
-¿Pero es realmente necesario? ¿Tenemos que hacerlo…?
-Estamos en guerra, chiquilla. Todos nos ensuciamos. Ahora, sé una buena chica y haz lo que te ordené.
-Pero…
-Y no creas que olvidé que la Sangresucia mencionó que fuiste a su boda.
Daphne se sonrojó y bajó la mirada al suelo.
-Estás en la cuerda floja con nosotros, Daphne. Te sugiero que mantengas la boca cerrada, a menos que quieras que tus lealtades también sean puestas en tela de juicio.
Daphne negó con la cabeza y se dejó caer al suelo, cubriéndose los oídos mientras su amante se llevaba a la mujer que no dejaba de gritar ni retorcerse.
-¡NO! ¡POR FAVOR!
Hermione observó a Blaise pasar junto a ella, haciendo contacto visual con nadie más que su secretaria, Greta, mientras ella rogaba y suplicaba que alguien, quien fuera, la salvara.
Hermione palideció mientras levantaba la mirada hacia la mujer parada junto a una temblorosa Daphne. La falsa Greta le devolvió la mirada y sonrió.
Los puños de Hermione se fruncieron alrededor de los barrotes mientras sentía el cuerpo arder de rabia - ¿Quién demonios eres tú? – exigió saber.
La mujer no dejó de sonreír – Lo sabrás muy pronto.
Y luego volteó, siguiendo a Blaise y a una Greta que no dejaba de gritar, por las escaleras, con Quinn justo por detrás.
Daphne permaneció en el piso, con el cuerpo temblando mientras se esforzaba por no mirar a Hermione.
-Tu podrías terminar con todo esto ahora mismo, Daphne - dijo ella.
La otra bruja se sobresaltó.
-Si vas ahora, puedes detenerlo todo. Ve al Ministerio, diles donde estoy. Mándalos a buscar a Greta antes de que sea demasiado tarde.
-Ya es demasiado tarde – dijo Daphne – Esto no es mi culpa, Hermione. Es tuya.
Daphne la miró con rabia. Hermione palideció aún más.
-Mi padre jamás me habría arrastrado a esto si mi hermana no se hubiera enamorado de ese traidor a la sangre. El que no se casara con un Malfoy lo habría aceptado. ¿Pero un Weasley?
Hermione respiró profundamente – Algunas veces tenemos que hacer grandes sacrificios por la gente que amamos. Como por ejemplo, dejar de lado nuestro orgullo.
-¿Hablas de dejar de lado tu orgullo y casarte con alguien a quien no amas? ¿Como eso? – los ojos de Daphne se entrecerraron – Funciona de ambos lados, Sra. Malfoy. Además, tú no conoces a mi padre. Él jamás dejará pasar esto – hizo una pausa – A menos que Astoria regrese a nuestra familia, no puedo hacer nada para ayudarte. Ahora, por favor deja de hablarme.
Hermione volvió a la parte trasera de su celda y se recostó. Daphne era, obviamente, el punto débil de todo el grupo, y había esperado llegar a ella, pero parecía ser una causa perdida. Lo que necesitaba hacer ahora era descansar. Si Draco y el resto realmente se habían dado cuenta de su desaparición, entonces dudaba que sus captores volvieran a intentar utilizar la Maldicion Imperius con ella. Sería demasiado obvio. Aún así, necesitaba prepararse. Por lo que sea que viniera ahora.
XXX
Draco y los demás observaban el reloj en el escritorio de Hermione. Faltaban apenas segundos para las ocho, y ella todavía no llegaba. La puerta a su oficina estaba abierta y todos esperaban que Greta llegara, en cualquier momento.
Dieron las ocho en punto. Draco presionó sus puños contra la mesa y cerró los ojos. No iba a venir. Él sabía que no lo haría. La tensión en el aire era tan palpable que podría ser cortada con un cuchillo.
Draco ni siquiera necesitó abrir sus ojos cuando pasaron los primeros diez segundos. Los pequeños sonidos y sollozos que todo el mundo hacía eran suficiente.
Y luego pasó un minuto después de las ocho.
Abrió los ojos y los movió hacia Kingsley, junto con todos los demás.
El Ministro tragó pesado – Desde ahora, la búsqueda de Hermione Malfoy comienza oficialmente. Todos saben qué hacer.
Todos asintieron y se desaparecieron a ejecutar sus funciones. Solo Lucius, Kingsley y Draco permanecieron allí.
-¿No irá a acompañar a los Aurores, Sr. Malfoy? – preguntó Kingsley.
-En un minuto – respondió Draco, levantándose – Yo solo… necesito un momento.
Kingsley asintió y desapareció. Lucius, quien tenía asignada la tarea de localizar e interrogar a Greta, fue hacia la oficina principal y cerró la puerta al salir.
Draco caminó alrededor de la habitación, finalmente dejando que las lágrimas que había estado conteniendo por las últimas doce horas cayeran libres. Tomó la primera cosa rompible en las que pudo posar sus manos y la arrojó a través de la oficina, dejando que se hiciera añicos como su corazón. Esto era su culpa. Él la había hecho enfadar. Él la dejó ir. Toda gota de sangre de Hermione derramada estaba ahora en sus manos, y él quería morir a causa de ello. Pero, primero, necesitaba encontrarla. En nombre de Salazar Slytherin, la encontraría. Él la salvaría. Era una promesa que pretendía cumplir.
Nota de la Traductora: No quería hacerlos esperar mucho para el siguiente capi, así que aquí lo tienen. Greta no era la verdadera Greta, ¿quién es entonces? quiero ver sus teorías!
SALESIA: La verdad es que esa fue una noche muy muy fea... pero lo bueno es que el asunto de Greta era toda una trampa. Sobre el asunto del reloj de Molly, y el tiempo para rastrear las desapariciones,,, bueno, no sabría decirte por ahora, solo.. esperemos jajaja el asunto de la seguridad de la casa es un arma de doble filo. Por un lado es necesaria la proteccion, pero por el otro es dificil en casos así. Miles de gracias por comentar siempre, linda. Te mando un beso enorme!
Noticias Merry Christmas Mr. Malfoy... VOLVEMOS A LAS PUBLICACIONES! Vamos a hacer así: Martes y Jueves : Fighting for the Malfoys. Miércoles y Viernes: Merry Christmas, Mr. Malfoy, ¿les parece? Prometo hacer lo posible por mantener el ritmo !
Aunque no está bien que lo diga, me encantó la angustia que me transmitieron mediante los reviews por el fin del capi anterior jejejejejeje a la veta malvada de mi cuerpo le fascina ver que están sufriendo, pero la veta buena decidió actualizar cuanto antes ;)
Bueno, la recomendación McFly-Mcbusted de hoy es: Getting it Out...
Nos leemos el MArtes que viene con esta historia, y mañana con Feliz Navidad...
Pekis!
