Fighting for the Malfoys

-Luchando por los Malfoys-


Capítulo 28 – El Juramento Inquebrantable

-Draco, por favor, no me hagas hacer esto – suplicó Seth, jugueteando nerviosamente con sus dedos mientras él y Draco esperaban en el área de recepción de San Mungo.

-Me prometiste que harías cualquier cosa siempre y cuando yo no les contara a Phil, y Caroline, sobre tu pequeña traición, ¿recuerdas? – dijo Draco posando su mano en el hombro de Seth.

-Sí, pero este es un favor malditamente enorme. ¿No crees que estás abusándote un poco?

Draco sonrió – Claro que sí. Pero esto es lo que necesito y, casualmente, eres una de las poquísimas personas que podrán ayudarme.

-Sí, pero…

-Manos a la obra, Seth.

Sin decir otra palabra, Draco guió a Seth hacia la mesa de recepción.

-Buenos días – saludó a la bruja recepcionista – A mi amigo aquí presente le gustaría visitar a su madre en el Ala de Daños Provocados por Hechizos, y según tengo entendido, necesitamos que alguien desbloquee la puerta para nosotros.

-Sí, por supuesto – dijo la bruja, rebuscando en su escritorio entre unos cuantos pergaminos. Sacó uno de entre ellos - ¿Cuál es el nombre de tu madre?

Seth miró a Draco con súplica, pero él simplemente le hizo una seña para que continuara. Él suspiró – Lucy Littleton – dijo quedamente.

La bruja escaneó el pergamino y luego lo miró lentamente – Si me dan un segundo, iré a contactar al Sanador Encargado.

La recepcionista se levantó de su asiento y se alejó. Regresó varios minutos después, con una bruja más vieja y de apariencia más pomposa, quien les dedicó un asentimiento a cada uno.

-No sabía que la Sra. Littleton tenía un hijo – dijo ella.

-Srta. – la corrigió Seth – Si realmente supieran algo sobre ella, ya deberían ser plenamente conscientes de que ella y mi padre jamás estuvieron casados. Los Mortífagos tienden a tener ciertas reglas en contra de casarse con hijas de muggles, incluso con aquellas con las que tienen hijos. Ellos preferirían que su Lord Oscuro asesinara a la persona con la que se acostaron, y luego ofrecerían a su propio hijo a modo de sacrificio para intentar salvarse. Solo que parece que no salió muy bien ese plan, ¿no? Dado que, bueno, estoy aquí y todo, y ella está confinada a una pequeña habitación por el resto de su vida.

La recepcionista se esforzó en aparentar estar distraída con algo en su escritorio mientras la Sanadora se sonrojaba y seguía mirando fijamente a Seth sin parpadear.

Draco respiró varias veces con profundidad – Como pueden notarlo, él está muy ansioso por ver a su madre después de todos estos años.

Si Draco no hubiera estado tan desesperado por entrar a ese Ala del hospital, habría tomado a Seth por el brazo y lo habría sacado a rastras. Sin importar lo enojado que estuviera con él en ese momento, no le gustaba ver a su amigo tan estresado. Pero él necesitaba entrar, y Seth era la única opción que tenía.

-Po…por aquí – dijo la Sanadora, guiándolos hacia las escaleras.

Draco se aseguró de caminar justo al lado de Seth mientras ella los guiaba hacia el cuarto piso, sabiendo muy bien que él moría por encontrar alguna ruta de escape.

Llegaron al cuarto piso y recorrieron el pasillo hacia el Ala de Daños Provocados por Hechizos. Cuando alcanzaron la puerta, la Sanadora sacó su varita y dijo – Alohomora -. Abrió la puerta y la sostuvo para ellos mientras ingresaban.

Fueron recibidos inmediatamente por la deslumbrante sonrisa de dientes blancos de alguien a quien Draco reconoció como su viejo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts… uno muy malo. No recordaba qué había sucedido con él. Era difícil mantener el rastro de cada profesor que tuvieron con esa asignatura.

-Hola, ¿les gustaría un autógrafo? Tengo toneladas de fotografías que podrían elegir…

-Yo voy a llevarme a Gilderoy a caminar un poco mientras ustedes… se reencuentran – dijo la Sanadora, tomando el brazo de Gilderoy Lockhart – Tu madre está en la cama casi al final. Jamás habla, pero de vez en cuando se levanta y camina por allí.

La Sanadora se alejó con un entusiasta Lockhart tomado de su brazo y bloqueó la puerta tras ella. Seth permaneció en su sitio, pero Draco lo tomó por el hombro y lo empujó hacia delante.

-¿Qué haces? – preguntó él, resistiéndose – Ya logré que entraras. No hay razón para verla en realidad.

-Tus demonios, colega. Todos debemos conquistarlos alguna vez.

Seth lo miró de reojo y bufó – Te odio ahora mismo.

Draco simplemente sonrió – Lo sé.

Draco prácticamente arrastró a Seth hacia la cama que había señalado la Sanadora. Estaba ocupada por una mujer con un largo y enredado cabello blanco como la nieve, quien miraba vagamente al techo con los mismos ojos color azul cielo que su hijo.

Seth la miró y pasó saliva – Por favor, haz lo que tengas que hacer para que podamos salir.

Draco asintió y volteó. No tuvo que escanear demasiado la habitación para encontrar a un hombre y una mujer sentados juntos en una cama justo al otro lado de la madre de Seth. Ellos lo miraban con curiosidad, pero no parecían prestarle atención. Ambos se veían avejentados y cansados, pero la mujer todavía tenía un ligero parecido a Neville Longbottom.

Draco dio un paso al frente – Hola – saludó.

Ambos siguieron mirándolo con los ojos amplios como los de un niño.

-¿Son ustedes los Longbottom?

El hombre abrió su boca como si estuviera por decir algo, pero simplemente hizo un ruidito ahogado antes de volver a cerrarla. Repitió eso varias veces.

-¿Es ella tu esposa? – preguntó Draco, señalando a la mujer.

Mas miradas curiosas.

Draco metió la mano en su bolsillo y sacó su reloj. Lo abrió y lo sostuvo en alto hacia ellos. Ambos se inclinaron hacia delante y lo miraron.

Draco apuntó la fotografía en la que él y Hermione estaban besándose - ¿La ven? – les preguntó.

La mujer levantó sus manos y tomó el reloj, mirando intensamente la fotografía.

-Esa es mi esposa – dijo él – La amo mucho.

Ambos levantaron la mirada y Draco posó su mano en su corazón.

-Amor – repitió, señalando la fotografía.

Los ojos de ellos volvieron a la imagen de nuevo.

-Ustedes… ¿ustedes sienten amor?

La mujer volvió a mirarlo, y luego al reloj, y nuevamente a él, y finalmente a su esposo. Se reclinó y lo besó en los labios justo como la fotografía. Sonrió orgullosamente antes de volver a mirar a Draco.

-Muy bien – dijo él, dándole un breve aplauso.

La puerta de la sala volvió a abrirse y la Sanadora entró con Lockhart aún de su brazo, y con alguien más justo detrás.

Draco rápidamente se alejó varios pasos en dirección a Seth, mientras los ojos de Neville Longbottom aterrizaran en él.

-¿Malfoy? – preguntó Neville, acercándose - ¿Qué estás haciendo aquí?

-Vine con Seth – respondió él, volteando hasta mirar al mago en cuestión.

Fue entonces cuando él notó que la madre de Seth se había movido hasta quedar sentada, con los ojos fijos intencionalmente en su hijo. Seth estaba congelado.

-¿Estás bien, colega? – preguntó él.

Seth asintió, pero Draco no estaba seguro de si había sido un movimiento consciente o no.

Neville se acercó y se paró cerca de sus padres, pero sin despegar la mirada de Draco. De repente, sintió que le ponían algo en la mano. Él bajó la mirada para encontrarse a su madre pasándole un viejo reloj de oro.

-Gracias, mamá – dijo él, tomando un chicle de su bolsillo y pasándoselo a ella, quien lo metió en su boca y masticó felizmente mientras Neville miraba el reloj - ¿A qué estás jugando, Malfoy? – preguntó él, pasándole a Draco su reloj.

-Yo… - bueno, esta era una conversación muy incómoda – Solo quería comprobar una cosa. Antes de ir a ti con la idea.

-¿Algo que tiene que ver con mis padres? – preguntó Neville.

Draco asintió.

-¿Cómo supiste siquiera que estaban aquí?

-Bellatrix era mi tía, Longbottom. Soy muy consciente de los motivos detrás de las encarcelaciones de mis familiares.

-Entonces… todos esos años en el colegio cuando… cuando me molestabas… ¿lo sabías?

Draco suspiró y se guardó el reloj en el bolsillo – No me siento orgulloso de ello, pero sí, lo sabía.

El rostro de Neville enrojeció con fiereza.

-Mira, en cualquier otro momento te daría total libertad de golpearme en el rostro por haber sido el idiota que fui en ese entonces, pero ahora no se trata de nosotros. Se trata de Hermione.

-¿Qué es lo que…

-Tus padres fueron la última pareja en la Cámara del Amor antes que yo y ella.

La boca de Neville cayó abierta - ¿Qué?

-Es cierto – dijo Draco – Encontré un hechizo que muestra una huella de cada persona que ingresó. Ellos eran los últimos nombres que figuraban, aparte del mío y el de Hermione. Y, casualmente, son las únicas personas, de todos los nombres que figuran, que siguen vivos.

Neville miró momentáneamente al suelo antes de mirar de reojo a sus padres. Su madre se quitó el chicle de la boca y lo metió en la de su esposo. Luego volvió a besar sus labios. Como en la fotografía.

-¿Por qué simplemente no me lo dijiste? ¿Por qué viniste antes?

-Yo solo… yo quería asegurarme que todavía hubiera amor entre ellos antes de elevar las esperanzas de todos. Sin amor, no pueden regresar.

-Y si ellos pueden regresar… ¿tú puedes ingresar? – preguntó Neville, frunciendo el entrecejo.

-Eso es lo que me dije… ¡Seth, cuidado!

Seth se había chocado contra él. Draco volteó y se encontró con que la madre de él se había acercado hasta el borde de la cama y se sostenía del barandal mientras se reclinaba más cerca para mirarlo. Seth se estiró hacia Draco y lo agarró con fuerza del brazo.

-Se… Se…th… - balbuceó la mujer. Su voz sonaba seca y ronca, como si no hubiera sido usada en años.

Seth gritó antes de correr hacia el otro lado del salón, desde donde la Sanadora los observaba maravillada.

-¡Pensé que había dicho que no hablaba! – gritó él - ¿Por qué está hablando? ¿Por qué está diciendo..

-En todos los años que llevo trabajando aquí, jamás…

-Se…th – la mujer repitió, bajando de la cama y caminando hacia él – Hi…jo….

Cualquier signo de vida se desvaneció del rostro de Seth. Él la observó caminar hacia él, con los ojos fijados en sus brazos estirados antes de abalanzarse contra la puerta. Tiró de ella, pero estaba cerrada.

-¡Déjenme salir de aquí! – exigió él.

La Sanadora corrió hacia la puerta y rápidamente sacó su varita. Draco y Neville corrieron por el pasillo junto a él.

-Seth, cálmate – dijo Draco.

-¡Déjenme salir! – gritó más fuerte Seth.

Al momento en que abrieron las puertas, él salió. Draco y Neville lo siguieron mientras bajaba las escaleras, cruzaba el piso de recepción y salía a las calles muggles. Lo alcanzaron en un callejón alejado, donde lo vieron desaparecer.

-Thinx – le dijo Draco a Neville, antes de aparecerse en el laboratorio de Seth.

Draco atravesó todas las mesadas de trabajo de Seth hasta llegar a la oficina central. Corrió hacia dentro. Neville resbaló justo detrás de él, cerró la puerta y colocó un hechizo silenciador.

-Seth, habla conmigo – dijo Draco, agachándose junto a su amigo, quien sollozaba histéricamente en su silla - ¿Hay algo más acerca del motivo por el que no querías ver a tu madre?

Seth comenzó a negar rápidamente con la cabeza. Draco no estaba seguro de si intentaba decir que sí o que no.

-Ella me reconoció – gritó él – Dijo mi nombre.

Draco frunció el ceño – Sí, lo oí.

-La última vez que la ví ella estaba… ella seguía allí. No muy bien, pero allí estaba. Estábamos encerrados en una celda, y ellos acababan de lanzarle el maleficio Cruciatus. Ella dijo mi nombre y luego… y luego dijo que lo sentía. Después se la llevaron y jamás volví a verla – Seth secó la humedad de su rostro, pero no sirvió de nada ya que seguía llorando – Siempre me imaginé que ella no me recordaría. ¿Por qué aún me recuerda?

Seth miró a Draco con ojos desesperados. Realmente quería una respuesta. Desafortunadamente, Draco no podía dársela.

-Yo…

-Deberías estar contento de que te recuerde, colega.

Ambos voltearon hacia Neville, quien secaba sus propias lágrimas.

-Visito a mis padres todas las semanas, y apenas noto un pequeño reconocimiento.

Los ojos de Seth se ampliaron – Yo… lo siento. No quise…

-No pasa nada – dijo Neville, mirando el techo – No conozco tu historia, pero parece que nuestras circunstancias son muy diferentes.

-¿Qué… qué les pasó a tus padres?

Justo entonces, la puerta se abrió de un golpe y Chastity entró apresuradamente, pero Draco la tomó por el brazo y la sacó.

-Draco, ¿qué sucede? – preguntó ella mientras él cerraba la puerta detrás de ambos, dejándolos del otro lado – Varios empleados vinieron a decirme que vieron a Seth entrar corriendo como loco.

Draco miró a su alrededor y notó que el laboratorio estaba vacío - ¿A dónde se fue todo el mundo?

-Los mandé a casa –dijo ella – ahora dime, ¿qué pasó?

-Nada que te incumba, Chastity – dijo Draco, cruzándose de brazos.

Las mejillas de Chastity enrojecieron - ¿A qué te refieres con nada que me incumba? ¡Si Seth está mal, tengo el derecho a saberlo!

-No, no lo tienes. Lo que sea que haya entre ustedes dos, se acaba ahora mismo.

-Pe…pero… tú… no tienes idea de qué…

-Ni me importa. Phillip no está en condiciones de lidiar con todo esto ahora mismo. Quizás en un par de años cuando él esté mejor…

-¿Un par de años? – dijo Chastity casi en un susurro – Pero… pero lo amo…

Draco suspiró. Realmente no quería lidiar él tampoco con todo esto – Realmente desearía que ustedes dos hubieran descubierto todo esto diez años atrás. Pero, si lo amas, entonces puedes esperar un poco más.

-Pero…

-Ahora no es el momento, Chastity – dijo Draco, severamente – Tienes que esperar.

-Pero…

La puerta se abrió y Phillip entró en el laboratorio - ¿Qué ha pasado con Seth? – exigió saber mirando directamente a Draco.

Draco miró alternativamente entre Phillip y Chastity, que lo miraban expectantemente. Decidió que no habría problemas si le daba a ella un poco de información – Acabamos de regresar de ver a su madre. Ella lo reconoció, y él entró en pánico.

Los ojos de Phillip se llenaron de preocupación antes de pasar junto a Draco y entrar en la oficina de Seth. Chastity comenzó a seguirlo, pero Draco volvió a tomarla por el brazo.

-Vuelve al trabajo, Chastity. Seth estará bien.

-Pero…

-Ya es suficiente – dijo Draco – Lo tenemos cubierto.

Chastity miró con añoranza hacia la puerta. Suspiró pesadamente antes de asentir y voltear. Dejó el laboratorio con lágrimas en los ojos.

Aunque Draco sentía pena por ella, definitivamente estaba más preocupado por la reacción de Phillip si llegaba a enterarse sobre esta pequeña aventura. El mago ya estaba pendiendo de un hilo con todo lo que estaba viviendo. Enterarse que su ex esposa está follando con su mejor amigo es el tipo de información que lograría destruirlo por completo.

XXX

Incluso con la aprobación del Ministro, pasaron varias semanas antes de que San Mungo le permitiera a Neville sacar a sus padres de allí.

El tiempo que pasaron esperando fue terrible. Para apurar un poco las cosas, Draco trabajó con Kingsley tratando de descubrir de dónde había salido el Patronus de Hermione. colocaron su recuerdo en un pensadero y lo estudiaron, haciendo un mapa con todas las posibles direcciones desde donde se habría originado. Durante esas investigaciones concluyeron que los Sangrepura debían de estar escondiéndola en algunas de sus casas de veraneo. Eran los únicos magos en esa región.

Lo único que ponía en duda esa conclusión era el tiempo que había tardado el Patronus en llegar a él. realmente debía haber aparecido cerca de veinte minutos antes, pero gran número de cosas podrían haber sucedido que lo ralentizaran. Draco deseaba simplemente saber el motivo.

Una vez que hicieron todo lo que podían con eso, Draco comenzó a investigar las leyes del Ministerio, tratando de encontrar algún hueco que le permita a los Aurores rebuscar a consciencia en todos los hogares de los sangrepura. Desafortunadamente, todas las leyes parecían estar muy bien formuladas.

Tan pronto Neville tuvo el permiso para sacar a sus padres, Draco se tomó el día libre del trabajo para ir al Ministerio con ellos. Después de enseñarles cómo, los Longbottom pudieron abrir la puerta y entrar. Draco y Neville los siguieron. Ninguno fue expulsado.

Neville estaba convencido de que el único motivo por el que podía quedarse era por estar relacionado por sangre con ellos, pero Draco estaba seguro de que no tenía nada que ver con eso. Una parte de sus padres, no importaba lo pequeña o insignificante que fuera, lo reconocían y aún lo amaban. Quizás el sentimiento estaba nublado por la locura, pero estaba allí. Eso era todo lo que importaba.

Durante el transcurso del siguiente par de semanas, varias personas probaron suerte con la habitación. No fue una sorpresa cuando tanto Harry como Ron fueron expulsados, pero Ginny se sintió complacida al notar que ella podía quedarse.

-Draco Malfoy me aprecia. Estoy más que adulada ahora mismo – sonrió ella y le guiñó un ojo.

-No presiones tu suerte, Sra. Potter.

Luna tampoco fue expulsada. Ella estaba incluso más sorprendida que Ginny, y no había ninguna burla escondida en su voz cuando expresó su sorpresa. Desafortunadamente, Rolf sí fue expulsado. Draco estaba seguro de que él le caía igual de bien que Luna, pero Hermione no lo conocía demasiado, por lo que ese debió ser el motivo por el que no pudo quedarse en la habitación.

Por supuesto, Phillip, Sophie, Seth, Caroline y Astoria lograron entrar. Y Lucius, pero Draco solo le dejó entrar una vez para que mirara el lugar. No lo invitó de nuevo.

Una tarde de Viernes, cerca de una semana después de que lograran reabrir la puerta, Draco estaba en la Cámara del Amor junto a Neville, que se esforzaba al máximo para evitar que sus padres no tocaran nada. Seth lo ayudaba mientras Astoria estudiaba algunos diarios con Draco. Solo tenían cerca de una hora antes de que el Ministerio cerrara.

-Bueno, ¿qué es lo que buscamos, exactamente? – preguntó ella, dando vuelta una página.

-No estoy seguro – dijo Draco – Hermione y yo habíamos llegado a un punto muerto con esta máquina. No teníamos un plan para los siguientes pasos.

Astoria dio vuelta un par de hojas más antes de cerrar de un golpe ese diario – Esto no tiene sentido. Es todo basura – levantó uno cuantos diarios más y los colocó frente a ella – Voy a ordenarlos según la caligrafía, y así quizás podemos tratar de descubrir quién escribió cada uno. Tú tienes una lista de cada persona que entró aquí, ¿verdad?

-Sí – dijo Draco, estirándose y tomando el diario que le pertenecía a él y a Hermione, abriéndolo en la página indicada. Luego tomó uno de los diarios más viejos que estaban frente a ella y se lo pasó – Este es el que coincide con la letra de Gappelish. Lo noté cuando él me mostró el hechizo.

-Excelente – dijo Astoria, comenzando a rebuscar entre los libros - ¿Crees que será posible conseguirme una muestra de la escritura de tus padres de… de antes, Neville? – se sonrojó ligeramente.

Neville, que estaba en la habitación de la fuente, regresó a la sala principal – Estoy segura de que mi abuela tendrá algo. Puedo ir a su casa a buscarlo este fin de semana.

-¡No, detente! ¡No bebas eso! – Seth exclamó desde la otra habitación. Hubo un sonido de movimiento y luego algo rompiéndose.

Neville salió corriendo hacia allí.

Astoria regresó a los diarios - ¿Te contaron sobre Pansy, Draco?

Él levantó la mirada y arqueó una ceja - ¿Qué pasa con ella?

-No la han visto en al menos un mes. ¿No crees que le pasó algo?

Draco se encogió de hombros – Es posible. Detesto darle algo de crédito a Pansy, pero al menos demostró tener una jodida consciencia.

Astoria miró impasible la mesa y asintió.

-¿Has tenido algo de suerte con Daphne? – preguntó él.

Ella negó con la cabeza – Pensé que, al enterarme de que estaba embarazada, estaría más dispuesta a verme, pero simplemente parece imposible conseguir verla. No ha regresado ninguna de mis cartas. Tampoco Gregory – hizo una pausa – Draco, ¿crees que.. ¿crees que el bebé sea suyo?

Draco volvió a encogerse de hombros – Eso espero. Si resulta ser de Zabini, va a ser malditamente evidente.

Astoria sonrió con burla – Mi padre se pondría furioso si su primer nieto resulta ser de color caramelo. Mi familia no tolera la infidelidad – hizo una pausa – Bueno, al menos aquella infidelidad que queda en evidencia. Los Greengrass estamos llenos de secretos.

-Igual que los Malfoy – Draco le guiñó un ojo.

Algo vibró en la otra habitación. Un teléfono sonó y escucharon a Neville decir – Hola, Hannah, osita – una pausa - ¿De verdad? ¿Probaste con llamar…? – otra pausa larga – Ya veo – una corta – Muy bien, le avisaré yo – una pausa más – Sí, también te amo. Adiós – Neville colgó y caminó nuevamente hacia la sala principal.

-¿Cómo está Hannah, la osita? – él y Astoria rieron.

-Umm… bien – dijo Neville, sonrojándose – Pero ella en realidad llamaba por tu amiga, Sophie.

La sonrisa de Draco se desvaneció al instante.

Seth entró a la habitación, junto a los padres de Neville y preguntó - ¿Qué va mal?

-Digamos que llegó al Caldero Chorreante cerca de una hora atrás y se emborrachó completamente.

-Pero apenas son las siete – dijo Astoria.

-Sí, lo sé – dijo Neville – Hannah intentó detenerla, pero generó toda una escena y ahora está llorando histéricamente en una de las mesas. Intentó llamar a su esposo, pero él no le responde.

Draco y Seth se miraron – Me encargaré de Sophie – dijo Draco – Tú ayuda a Neville con sus padres, y luego ve a buscar a Phillip.

-Solo denme uuuuun segundo – dijo Astoria, rápidamente mirando los últimos diarios de la pila y ordenándolos en otras. Luego tomó el diario de Draco y Hermione y arrancó la hoja con la lista de nombres – Veré que puedo encontrar a partir de las muestras de escritura este fin de semana.

Una vez que eso estuvo hecho, todos salieron de la Cámara del Amor y salieron del Ministerio. Ya no estaba permitido aparecerse hacia y desde allí, por lo que tuvieron que encaminarse hacia el Atrio para salir. Seth y Neville tuvieron que tomar el camino largo, dado que no podían usar la Red Flú con sus padres.

Draco se fue directo hacia el Caldero Chorreante. Cuando llegó, no le fue difícil ubicar a Sophie, incluso si Hannah no la hubiera señalado con la cabeza. Ella estaba sentada sola en una esquina oscura y sollozaba mientras bebía directamente de una botella prácticamente vacía de whiskey de fuego.

Draco suspiró antes de caminar hacia su mesa. La llamó varias veces antes de que ella finalmente levantara la mirada - ¿Te importa si me siento aquí?

Sophie negó con la cabeza y tomó otro sorbo de su botella.

Draco se sentó y bajó su cabeza para intentar atrapar su mirada – Sophie.

Ella giró el rostro en otra dirección.

-Sophie, ¿qué pasó? ¿Phillip y tú se pelearon?

-¿Cuándo no nos peleamos? – dijo ella, tomando otro sorbo – Siempgge es lo mismo. Él no es capaz de miggaggme a los ojos sin pensagg en el bebé. Se culpa a sí mismo. Dice que debeggía habegg sido él. ¡No puede jodidamente supeggagglo! – Sophie golpeó la botella contra la mesa – Ya no sé qué se supone que debo hacegg.

Draco suspiró – Hiciste todo lo que podías, Soph. Él solo necesita tiempo para…

-¡A la mieggda el tiempo! – gritó ella, con los ojos encendidos mirando profundamente a los de él - ¡Ya le di suficiente tiempo! ¡El necesita volvegg a segg mi esposo, o teggminagg con lo que tenemos! Yo solo… - secó sus lágrimas con la mano – No puedo seguigg haciendo esto. Pensé que Phillip y yo éggamos fueggtes. Pensé que podggíamos supeggag cualquiegg cosa, peggo estaba equivocada. Somos igual de débiles que todo el mundo.

-Eso no es cierto – dijo Draco – Ustedes son fuertes, y podrán superar todo esto. Ahora, dame la botella – sostuvo su mano.

Sophie lo miró reacia antes de pasarle lentamente el whiskey de fuego. Draco lo tomó y se lo pasó a la persona sentada detrás de ellos.

-Vamos a llevarte a casa.

Draco se levantó y ayudó a Sophie a incorporarse. Él colocó su brazo alrededor de la cintura de ella y la estabilizó mientras se tambaleaba hacia la puerta. Mientras salían, atrapó la mirada de Blaise Zabini sentado en una de las mesas, mirándolos con diversión en el rostro. Theo Nott y un Auror cuyo nombre Draco no sabía también estaban en su mesa, y los miraban. Él recordaba haber visto a ese auror en el hospital recientemente, por lo que no había estado trabajando, pero nunca se imaginó el por qué. Ahora, verlo allí con Blaise, sabía que tenía que asegurarse de averiguarlo.

Cuando salieron, Sophie trató de caminar por sí misma, pero no tuvo éxito.

-Es como si él se olvidagga de que no es el único que siente dologg – murmuró ella mientras apoyaba su hombro contra la pared de ladrillos – No se da cuenta de que algunas veces a mí me duele tanto que quiero moggigg.

Draco trató de volver a envolverla con sus brazos, pero ella lo alejó y presionó su espalda contra la pared, usándola para lentamente dejarse caer al suelo.

-Deseaggía habegg mueggto junto a mi bebé. Yo solo… - Sophie tenía que jadear para respirar bien, a causa de sus fuertes sollozos – Simplemente quieggo dejagg de sentigg. Quieggo que el dologg se vaya.

Draco suspiró y se dejó caer junto a ella.

-¿Pogg qué ya no me ama, Dggaco? – lloró ella – Esto no es justo. Íbamos a tenegg un bebé. Íbamos a segg una familia. Peggo ahogga… ni siquiegga sé qué somos, peggo cieggtamente no somos una familia – hizo una pausa – Se supone que yo debeggía estagg de ocho meses pagga esta fecha. Habggíamos estado a punto de conveggtiggnos en padgges en cualquiegg momento. Pero en lugagg de eso…

Un grupo de brujas que reían pasaron y los miraron allí en el suelo. Draco las ahuyentó con un gesto.

-Quizás no tendggíamos que habegg modificado el equilibggio el veggano pasado – dijo Sophie, descansando su cabeza contra la pared.

-¿A qué te refieres? – preguntó Draco, haciendo lo mismo.

-Tú y yo… ggealmente somos muy paggecidos – dijo ella, mirándolo de reojo – Y Heggmione y Phillip… ambos son peggsonas buenas y desinteggesadas. Ellos no meggecen lo que les ha sucedido. Heggmione meggece estagg aquí, sana y salva. Y Phillip… él meggece la familia que siempgge quiso. Él meggece una esposa que habggía sido capaz de pggotegegg al bebé cuando fue necesaggio. Alguien que no lo dejagga moggigg… - las lágrimas caían desde las mejillas de Sophie hacia su regazo – Yo fallé.

-Sophie, tú no…

-¡Sí, lo hice! – gritó ella - ¡Le fallé a Phillip! ¡Le fallé a mi bebé! ¡Ni siquiegga soy capaz de manteneggme de pie pagga ayudaggte a buscagg a Heggmione! ¿Qué he hecho? ¡Nada! ¡Poggque soy una inútil! ¡Soy un fggacaso! Soy…

-¡No, no lo eres! – exclamó Draco.

Ella se congeló y lo miró con los ojos húmedos e inyectados en sangre.

Draco volteó hasta quedar mirándola de frente, y le tomó las manos – Eres una increíble persona, Sophie. Haz hecho tantas cosas por mí y, en el breve tiempo que llevo conociéndote, te has convertido en una de las personas más importantes de mi vida – él suspiró y le soltó una mano, para secarle las lágrimas – Detesto verte así. No mereces este dolor. Te mereces lo mejor. Te mereces…

Draco no tuvo la oportunidad de terminar esa oración antes de que los labios de Sophie se estamparan contra los suyos. Al principio él se mantuvo allí, inmóvil y sin saber qué se suponía que debía hacer, pero cuando la mano de ella se movió hasta acunarlo por la nuca, comenzó a sentir consuelo en el gesto. Había pasado un largo tiempo desde que había besado a alguien, y la sensación aliviaba algo dentro de él que ni siquiera sabía que le dolía.

Sus labios siguieron presionados contra los de él.

Esta sensación… de alguien estando allí…

Su boca se abrió ligeramente.

Cómo he extrañado esta sensación… la calidez… el toque…

Las lágrimas saladas de ella caían entre sus bocas entreabiertas, y permanecían en su lengua.

El sabor…

Sus labios comenzaron a temblar, todavía inmóviles, mientras sentía sus propias lágrimas caer de sus ojos.

El amor…

Un flash. Y luego un rostro. El hermoso rostro de la mujer que amaba. La mujer que no estaba ahora frente a él.

Hermione…

Sus ojos se abrieron. No. Definitivamente no era Hermione.

-¡Sophie, detente! – exclamó Draco, empujándola hacia atrás.

Sophie lo miró por un momento, viéndose herida. Luego ese dolor se convirtió en horror mientras sus ojos se abrían y su boca caía abierta – Oh, mi… qué es lo que…. – arrojó sus manos sobre su boca y lloró aún más - ¡Dggaco, lo siento mucho! ¡No tengo idea de qué estaba pensando! Yo… ¡yo amo a Phillip! Y tú… Megglín, Heggmione, ¿qué he hecho?

Sophie se tambaleó hasta levantarse, utilizando la pared para estabilizarse. Ahora lloraba histéricamente mientras corría hacia la calle. Draco se levantó y corrió tras ella.

-Sophie, dónde…

-Pogg favogg, no me sigas – dijo ella, levantando sus manos para mantener cierta distancia entre ellos – Ya he causado suficiente daño esta noche.

Draco la miró y suspiró – Sophie… ve a casa. Quédate con tu esposo. Lo necesitas ahora y, a pesar de lo que él diga, él te necesita a ti.

Sophie sollozó otra vez y asintió, pero no se apareció en casa. En su lugar, giró y se alejó por el Callejón Diagon. Draco tuvo la fuerte necesidad de seguirla, para asegurarse de que estaría bien, pero sabía que verlo ahora mismo solo lograría molestarla aún más.

Después de mirarla hasta perderla de vista, Draco finalmente se apareció en su propia casa. Aterrizó en la acera y subió con pereza los escalones hasta su puerta. Le quitó los seguros y entró, encaminándose directamente hacia su sala, donde se dejó caer sobre el sofá y cerró los ojos. ¿Qué-acababa-de-hacer?

-¡Dwaco! ¡Dwaco! ¡Llegas tarde!

Draco abrió sus ojos para encontrarse con la gran mirada de Teddy sobre él, junto con los ojitos de su Pygmy Puff, que estaba trepado cómodamente sobre su cabecita. Se había olvidado por completo de que Teddy y Andrómeda irían a prepararle la cena esa noche.

-Lo siento, Teddy. Yo… - sus ojos se llenaron de lágrimas.

La amplia sonrisa de Teddy cayó de inmediato – Dwaco, ¿qué está mal?

-Nada – mintió Draco. Aunque, no fue lo suficientemente convincente, ni siquiera para un niño de cuatro años. Observar la carita de Teddy solo le hizo llorar con más intensidad.

Teddy no dejó de mirarlo, sin saber qué hacer.

Andrómeda entró en la sala. Draco se sentó y trató de secarse las lágrimas, pero ese tipo de movimientos siempre son evidentes.

-Teddy, lleva a LD y ve a preparar la mesa, ¿quieres?

Teddy miró a su abuela y asintió. Se inclinó y abrazó a Draco antes de salir corriendo de la habitación.

Tan pronto se marchó, Andrómeda caminó y se sentó en el sofá junto a Draco - ¿Hay algo de lo que te gustaría hablar? – le preguntó.

Draco negó con la cabeza.

-Sabes, Draco, incluso aunque no nos conocemos desde hace tanto tiempo, seguimos siendo familia. Y la familia no juzga. Lo que sea que haya sucedido… puedes contármelo.

Draco sonrió levemente - ¿Cómo supiste que tengo miedo de que me juzgues?

-Llámalo instinto – sonrió ella – Ahora, cuéntame qué te molesta.

Draco respiró profundamente. El simple pensamiento de las palabras a decir hacía que sus ojos se llenaran de lágrimas nuevamente. Se las secó antes de que pudieran caer – Alguien me besó hoy.

-Ya veo – dijo Andrómeda con calma - ¿Y tú le devolviste el beso?

Draco pensó en ello – Yo… no creo haberlo hecho.

-Entonces, ¿cuál es el problema?

Él suspiró – No importa si le devolví o no el beso. El punto es que dudé. Y se sintió… se sintió bien. Tener a alguien allí. Sentirse deseado de nuevo. Y necesitado. Sé que es horrible decirle esto a mi tía pero… jamás me ha faltado ese tipo de comodidad antes.

-Sí, escuché los rumores – sonrió ella – Sigo sin entender el problema. Tú no le devolviste el beso. E incluso si lo hubieras hecho… con todo lo que estás pasando ahora mismo… solo eres humano, y los humanos algunas veces tenemos momentos de debilidad. Eso no significa que eres una mala persona.

-Pero qué si… ¿qué si no la hubiera detenido? ¿Qué si hubiera permitido que esta debilidad me consumiera? Podría… - tragó saliva – Jamás me perdonaría a mí mismo si le hiciera algo así a Hermione.

Andrómeda suspiró – Nadie duda del amor que sientes por tu esposa, Draco – hizo una pausa – Bueno, nadie que importe, de cualquier modo.

Draco rió sin diversión.

-Eres más fuerte de lo crees. Confío en que, sin importar la razón, si te encontraras en esa situación, harías lo correcto. Porque la amas.

-Lo hago – más lágrimas.

-Y quieres estar con ella. Solo con ella.

Draco asintió y lloró con más fuerza.

Andrómeda envolvió sus brazos alrededor de él y lo atrajo hacia ella, permitiéndole sollozar contra su hombro. Le acarició el cabello para tranquilizarlo, haciendo que Draco se sintiera un millón de veces más ligero.

-Merlín, ¿estás segura de que tú y mi madre cayeron del mismo árbol familiar?

Andrómeda rió – Aunque puede que mi hermana tenga muchos defectos, su habilidad para amar no es uno de ellos. Ella tiene buenas intenciones.

-¿Las tiene?

-Claro que sí – dijo ella – Solo quiere que seas feliz – Andrómeda se alejó y se levantó – Vamos. No podemos atravesar todas estas emociones con el estómago vacío. Estás adelgazando demasiado.

Draco miró su estómago y rió. Definitivamente había perdido algo de peso.

Después de pasar la cena apenas tocando su plato, Draco regresó a la sala y volvió a recostarse en su sofá. Sus ojos estaban fijos en el nombre de Hermione en el reloj, cuando Teddy entró y se puso cómodo en el resquicio entre Draco y el resto del sofá, mientras LD se acurrucaba en su cuello. Pronto, Crookshanks se acercó y se unió a ellos acostándose en el estómago de Draco. Polly los miraba con curiosidad desde la chimenea. Ella había tomado la costumbre de mirar el reloj continuamente, aunque Draco no estaba seguro completamente del motivo detrás de ello. Quizás solo lo imitaba a él.

Después de limpiar, Andrómeda ingresó a la sala y los encontró a todos dormidos. Sonrió antes de despertar cuidadosamente a Teddy.

-Es hora de irnos, amor.

Los párpados de Teddy temblaron al intentar enfocarse en su abuela – Quiero quedarme con Dwaco esta noche.

Andrómeda asintió - ¿Te gustaría quedarte aquí más seguido, Teddy?

-Mmhhmm… - dijo él, volviendo a dormirse.

-Bueno, quizás podemos arreglar eso.

Andrómeda besó y acarició las cabezas de los dos muchachos, y luego procedió a caminar hacia la puerta principal. Les echó un último vistazo y suspiró pesadamente antes de dejarlos dormir.

XXX

-Odio cuando tienes el turno nocturno – Ron hizo un puchero mientras Astoria se vestía con su túnica de trabajo.

-Lo sé, lo sé. También yo – dijo ella – Pero, ahora mismo, me sirve cualquier turno extra que pueda tomar.

-¿Por qué no puedes ser como las otras brujas sangrepura y simplemente ser social como profesión?

Astoria rió - ¿Eso es lo que quieres? – le preguntó mientras terminaba de acomodar su túnica.

Ron frunció el ceño – No. Me gustas tal cual eres. Pero tu maldito horario me mata.

-Lo sé, querido – dijo ella, tomándolo por el rostro y besándolo con dulzura – Pero sigo siendo una novata en San Mungo. Quieren ponerme en todas partes hasta que me decida en qué parte quiero especializarme.

-Pero ya sabes en qué quieres especializarte – dijo él, poniéndole las manos en la cintura – Quieres trabajar con los Daños por Hechizos.

-Sí, pero ese es un rango muy importante. Para que ellos consideren ponerme allí permanentemente, tengo que probar mi valor primero. Con turnos nocturnos extra.

Ron hizo otro puchero y se trepó a la cama – Genial. Otra noche de sábado a solas sin mi novia.

-Aww, pobre bebé – dijo Astoria, trepándose junto a él y recostando su cabeza en su pecho – Estoy segura de que sobrevivirás.

-¿Lo haré?

-Eso espero – dijo ella, estirándose y besándolo.

Ron la agarró y la hizo girar hasta dejarla de espaldas. Astoria rió mientras él le besaba el cuello.

-Ron, ¡voy a llegar tarde!

-Oh, bien.

Se sentó y la atrajo junto a él. Astoria acunó su rostro y le dio un último beso antes de caminar hacia la puerta. Se detuvo y lo miró nuevamente.

-Lo bueno de trabajar el turno nocturno de los sábados es que tendré todo el Domingo libre – le guiñó un ojo antes de correr hacia la puerta principal. Unos cuantos segundos después, escuchó que ésta se cerraba.

Ron suspiró pesadamente antes de volver a tirarse en la cama. Menos de un minuto después, llamaron a la puerta. Él se levantó y corrió hacia allí.

-¿Olvidaste las llaves o…

-No, no lo hicimos, Sr. Weasley – dijo Arron Greengrass mientras Blaise Zabini lo agarraba y lo empujaba hacia dentro del apartamento – Acabo de ver a mi hija salir. Se ve bien.

-Mucho mejor sin tenerte en su vida, idiota de mierda.

Blaise sonrió – Palabras muy hostiles hacia el mago que será tu futuro suegro.

-No lo será, considerando que ha sido desheredada – dijo Ron, mientras Blaise lo arrojaba sobre el sofá - ¿Qué demonios están haciendo aquí?

-Vine a hacer un trato con usted, Sr. Weasley – dijo Arron, poniéndose cómodo en un sillón frente a él – Uno que estoy seguro de que le interesará.

-¿Qué le hace creer eso? – dijo Ron, tratando de incorporarse, solo para volver a ser empujado por Blaise.

-Bueno, para empezar, tiene que ver con mi hija, con la que usted parece estar bastante encariñado – hizo una pausa – Y también tiene que ver con otra persona. Una que quizás usted ama mucho más.

Ron entrecerró los ojos hacia el hombre frente suyo - ¿A qué se refiere?

Arron sonrió – Muéstrale, Blaise.

Blaise metió las manos entre su túnica y tomó un espejo. Lo sostuvo frente a Ron – Adelante. Di su nombre, Comadreja – sonrió burlonamente – Sabes que quieres hacerlo.

Ron miró escépticamente el espejo antes de inclinarse hacia él y finalmente decir – Hermione.

El vidrio se movió como si fuera agua y, en unos cuantos segundos, el rostro de la bruja que no había visto en meses apareció.

Ron! – gritó ella mientras luchaba contra lo que parecían ser ataduras.

-¡Hermione! – Ron tomó el espejo de las manos de Blaise – Hermione, ¿estás bien? ¿Estás herida?

-No, estoy bien, ¡pero no los escuches! No puedes tomar esta…

Su boca seguía moviéndose, pero quien sea que sostuviera el otro espejo debió haberla hechizado con un Conjuro Silenciador. Aun así, eso no la detuvo de tratar de gritarle. Ron intentó con desesperación leerle los labios, para entender qué le estaba diciendo, pero jamás había sido bueno con ese tipo de cosas. Merlín, ¿por qué nunca había sido bueno con ese tipo de cosas? – Hermione, yo… no puedo entenderte. No puedo…

Blaise le arrancó el espejo de las manos.

-¡Espera! – exclamó Ron, tratando de agarrarlo - ¡Por favor, déjenla ir! ¿Qué es lo que quieren? Qué es lo que… - se congeló, con todo el color abandonando su rostro – Astoria. Quieren a Astoria.

Arron sonrió – Eso es correcto. Es hora de que me devuelvas a mi hija, Sr. Weasley. Y, parece, que tengo el intercambio perfecto.

-¿Cuál es la trampa? – exigió saber Ron – Dudo que mantuvieran a Hermione prisionera casi tres meses solo para hacer que yo dejara a Astoria.

-Está en lo cierto – dijo Arron, levantándose – No tenemos intención de devolverles a Hermione.

Ron se incorporó – Entonces, ¿por qué debería…?

-¡Ah, ah! Déjeme terminar – usó su varita para volver a empujar a Ron contra el sofá – En tres meses aproximadamente no necesitaremos más a tu querida amiga Hermione, y, por ahora, el plan es deshacernos de ella.

-¿Tres meses? ¿Por qué…?

-¡Dije que me dejara terminar! – Arron le selló los labios – Ahora, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí! En tres meses, planeamos deshacernos de ella. pero, si cooperas con nosotros y haces todo lo que te pedimos en relación a mi hija, estamos dispuestos a hacer un trato – quitó el hechizo.

-¿Qué tipo de trato? – preguntó Ron, frotándose los labios.

Arron dio varios pasos al frente y se detuvo frente a él – Si me ayudas a recuperar a mi hija, me aseguraré de que Hermione viva.

Hizo una pausa que, asumió Ron, era para darle un efecto dramático.

-Obviamente, no volverán a verla. Todos sus recuerdos de este mundo serán borrados, y será libre para iniciar una nueva vida, en algún sitio donde nunca la encuentren.

-¿Entonces qué sentido tiene? – preguntó Ron, levantándose - ¡La quiero de regreso! ¡A toda ella!

Arron frunció los labios – Entonces, ¿estás diciéndome que no es suficiente para ustedes saber que está viva y a salvo?

-No, eso no es lo que… - las orejas de Ron enrojecieron.

-¡Expelliarmus!

El sonido de varias personas forcejeando emergió desde el espejo. Ron movió el rostro para intentar echarle un vistazo.

-¡RON, NO! - la voz de Hermione se escuchó desde el espejo.

-¡MIERDA! ¡Agárrenla!

-Maldita sea, ¡ustedes dos! – exclamó Arron, tomando el espejo de las manos de Blaise - ¡Contrólenla!

-Ron, ¡no dejes que se la lleven! ¡Ella va a…AHH!

El espejo recuperó su silencio. Ron intentó agarrarlo, pero Arron lo sostuvo lejos de él.

-¡No te dejaré verla de nuevo hasta que aceptes el trato!

-¡No lo aceptaré! – exclamó Ron - ¡No confío en ti! ¿Cómo podría creerte que la mantendrás con vida?

Arron arrojó el espejo hacia Blaise y dijo - ¿Será suficiente un Juramento Inquebrantable?

-¿Q-qué? – Ron lo miró con los ojos abiertos y sorprendidos.

-Un Juramento Inquebrantable – repitió Arron – Lo conoces, ¿verdad?

-Sí, ¡por supuesto! – espetó Ron.

Arron y Blaise intercambiaron una sonrisa de burla – Bien. Por supuesto, tendrá que trabajar en ambos lados. No le diré nada a nadie, si tú no lo haces. Tú dictas las razones – levantó un dedo a sus labios.

Ron sintió que su aliento se le congelaba en la garganta – Ella no volverá a ti, lo sabes. Si la dejo, ella simplemente irá a otra parte. No quiere saber nada más contigo.

-Deja que yo me encargue de eso – dijo Arron – Solo enfócate en sacarla de tu vida. Ahora, ¿tenemos un trato?

Ron miró con añoranza el espejo, con las lágrimas inundando sus ojos. Blaise lo sostenía contra su estómago para que él no pudiera verla.

-Vamos, Comadreja. No tenemos todo el día – protestó Blaise – Todo el mundo sabe muy bien qué chica es la que más te importa.

-Eso no es justo – dijo Ron con un siseo – Estás amenazando la vida de Hermione. Eso hace imposible tomar otra elección.

-¿De verdad crees que la vida de Astoria será genial si dejas que regrese con nosotros? ¡Ella es una maldita traidora, Comadreja! Nunca, nadie, volverá a confiar en ella.

-¡Es suficiente, Blaise! – exclamó Arron – Astoria estará perfectamente bien en nuestro mundo. El mundo correcto. Pero estás en lo cierto – miró a Ron – La elección es fácil.

Ron se estremeció – Déjenme verla – dijo él.

Blaise no se movió.

-¡Déjenme verla! – repitió, mucho más fuerte esta vez.

Blaise miró a Arron, quien asintió. Él giró el espejo. Hermione parecía volver a estar sentada y atada, con la cabeza hacia abajo. Levantó la cabeza lentamente y lloro, negando con la cabeza mientras Ron la miraba. Él lograba descifrar las palabras "por favor" formándose desesperadamente en sus labios. Pero, ¿cómo podría él hacer lo que ella le pedía, cuando su vida estaba en riesgo? Si tenía la oportunidad de ayudarla, debía tomarla. Con suerte, lograrían salvarla antes de que fuera necesario. Pero, en caso de que no llegaran a tiempo…

-Lo haré – dijo Ron, sin despegar su mirada de los ojos ambarinos de Hermione. Ella lloró con más fuerza.

-¡Maravilloso! – dijo Arron, levantando su mano derecha.

Ron levantó su propia y temblorosa mano y la tomó. Sentía la garganta seca, y ninguna cantidad de saliva podía aliviarlo.

Blaise sostuvo el espejo para que pudiera verlo y levantó su varita, apoyando la punta sobre las dos manos unidas.

-¿Prometes tú, Ronald Weasley, alejar a mi hija, Astoria, por completo de tu vida, a cambio de la seguridad de Hermione Malfoy?

Ron miró con dudas a la fotografía de él y Astoria sobre un estante justo frente a ellos.

-Yo… lo prometo – dijo él.

Una delgada y brillante llama emergió del extremo de la varita de Blaise y se envolvió varias veces alrededor de sus manos como una cadena.

-¿Y que no le dirás a nadie cualquier cosa que te enteraste hoy de Hermione Malfoy, al igual que lo que llegues a enterarte en un futuro?

Ahora, los ojos de Ron se detuvieron en el globo de nieve Muggle sobre la mesita del café. Su padre le lo había regalado a Astoria cuando ella le había comentado sobre su colección de ellos, y lo molesta que estaba de haberla tenido que dejar atrás. Sollozó.

-Lo prometo.

Hermione lo miró con los ojos llenos de lágrimas, y una nueva llama salió de la varita, para unirse a la primera.

-Tu turno – sonrió Arron.

Ron respiró profundamente – Prometes tú, Arron Greengrass, proteger la vida de Hermione a cambio de que yo deje a Astoria?

-Lo prometo – dijo Arron.

Una tercera línea salió y se anudó en la dirección opuesta.

-¿Y prometes hacer todo lo que esté en tus manos para asegurarte de que Astoria viva una vida feliz… sin mí en ella? – añadió casi susurrando.

-Lo prometo.

Una cuarta llama se unió a las anteriores.

Arron estaba a punto de soltar su mano, pero Ron la sostuvo con fuerza, negándose a dejarlo ir aún.

-¿Y te asegurarás de que nada ni nadie me hará daño, para que tu promesa de mantener viva a Hermione pueda deshacerse?

Arron elevó sus cejas. No había esperado eso. Miró a Blaise, que tenía el cuello tenso y la mano presionando con fuerza su varita. Ambos asintieron.

Una última llama salió de la varita de Blaise y se anudó a las anteriores. Sus rostros se iluminaron con un brillo rojo cuando las cinco llamas se fundieron en una sola, creando un brillante haz de luz, logrando que todos entrecerraran los ojos. Y luego se desvaneció. El juramento estaba terminado.

Arron sacó su mano del agarre de Ron y sonrió – Un placer hacer negocios contigo – caminó hacia la puerta y la abrió – Tienes una semana – dijo antes de salir.

Ron logró robar un último vistazo a Hermione antes de que Blaise metiera el espejo nuevamente entre sus ropas y desapareciera del apartamento junto a Arron.

Él quedó allí solo, todavía sin saber muy bien qué acababa de suceder. Sabía algo que sería de ayuda, aunque nunca se sintió tan desesperanzado. La Comunidad del Dragón ya sospechaba de Blaise y los Greengrass, pero Ron tenía la confirmación de que ellos sabían donde estaba ella. Ahora, más que nunca, necesitaban encontrarla. Pero, ¿qué podría hacer él, sin caer muerto en el proceso?

Las lágrimas cayeron por el rostro de Ron mientras regresaba hacia su dormitorio. Entró al closet y rebuscó en él hasta dar con su vieja y maltratada maleta. Dentro de ella había una vieja esfera de nieve que había ocultado varias semanas atrás. La había encontrado en una tienda de segunda mano en el Callejón Diagon, mientras estaba con Luna, quien lo había arrastrado en la búsqueda de un regalo de cumpleaños para Rolf. Contenía un pequeño pueblito cubierto en nieve en el centro de un bosque y, cuando lo sacudías, un hipogrifo pasaba volando alrededor de los bordes, a través de los copos de nieve.

Tenía un compartimento secreto en la base. Ron lo abrió. Dentro se encontraba un pequeño anillo de diamante que había comprado incluso antes de conseguir el globo de nieve. Lloró al mirarlo, con el diamante brillando al encontrarse con la luz.

Lo apretó con fuerza en su mano. Lleno de ira, arrojó el globo de nieve contra la pared. Se rompió en pedazos al golpearla. Ron se incorporó para arreglarlo, pero se detuvo cuando alcanzó los restos destrozados.

¿Qué sentido tenía? Incluso si llegaban a salvar a Hermione, Astoria jamás lo perdonaría por hacer este trato. Era cierto, una vida estaba en juego, pero eso no dejaba de lado el hecho de que había elegido a Hermione antes que a ella.

No, definitivamente no tenía sentido. Ron jamás podría darle ese globo de nieve, mucho menos con un anillo dentro. El padre de ella se había asegurado de ello.

A pesar de todo, al final, lo arregló. Solo por si acaso.