Dino York: Hi! Antes que nada, debo decir que me encuentro extremadamente feliz, gracias a la buena aceptación que le han dado a nuestro trabajo; es algo inexplicablemente estupendo… Esperamos que sigan con nosotras mientras la trama va avanzando. Debo decir que mi participación en éste cap fue prácticamente nula a causa de mis bloqueos, una disculpa :c ¡Feliciten a Motoko por su excelente trabajo en éste capítulo! Por mi parte, sólo puedo decir, que mantengan sus pañuelos, sacos de boxeo, y demás cosas para sacar el estrés emocional cerca de ustedes, porque éste cap es mega intenso :v Y al final estaré dejando mi tumblr nuevamente, por si hay alguien que desee ver algunas de las cosas y dibujos que posteo, ¿Y por qué no? También pasar un buen rato hablando sobre Frozen xD ¡Saludos!
HOLAAA BUENO ME DIFERENCION POR QUE ESCRIBO EN MAYUSCULAS (¿) XD, BUENO Y QUE LES PUEDO DECIR ¡MUCHAS GRACIAS! POR TODOS ESOS REVS CARGADOS DE BUENA VIBRA, NOS DAN MAS ANIMOS PARA SEGUIR CON LA HISTORIA Y COMO DIJO MI AMIGA DINO MANTENGAN ALGO PARA ALIVIAR EL PESADO AMBIENTE EMOCIONAL DEL CAPITULO Y POR FA¡ ALEJENSEN DE LAS COSAS FILOSAS (¿), SE QUE PODIAMOS HABERNOS HECHO LA VIDA MAS SENCILLA PARA EL FIC PERO NO ES NUESTRO ESTILO, NOSOTRAS QUEREMOS VER ARDER EL MUNDO, MUJAJAJAJA :v ESPERO LES GUSTE EL CAPI Y BUENO LES AGRADECEMOS SUS COMENTARIOS SIN MAS QUE DECIR A LEER¡
LOS PERSONAJES NO NOS PERTENECEN, SON DE DISNEY
II
Elsa Storm
Sintió el puño en su rostro, fue tan fuerte que la tumbó al piso. Sintió que su mundo daba vueltas, seguido a esto sintió dolor de cabeza al ser levantada de su trenza violentamente. Otro golpe. Esta vez una fuerte cachetada; sintió la sangre en su boca, supo de inmediato por el intenso ardor en sus labios que le había reventado alguna parte de su boca. Elsa no gritaba, por miedo a que él se enojara más por hacer escándalo, además no deseaba que su hija se espantara y asustara viendo la escena. Ahogaba sus gemidos de dolor, gruesas lagrimas se deslizaban por su cara; soltó un pequeño grito al sentir que su cuerpo impactó contra la alacena.
– ERES UNA ESTÚPIDA – escuchó que le gritó – TIENES IDEA DE LO CARA QUE ERA ESA CAMISA? – la pateó y la dejo sin aire – MALDITA INUTIL – otra patada.
– per… dón – apenas y pudo articular palabra – se... me olvidó que… estaba... allí – apenas él le escuchaba, sus sollozos ganaban fuerza.
– NO ES EXCUSA ELSA! ERES UN FRACASO DE ESPOSA – le dio una última patada y luego le levantó el rostro cuando se hincó – escúchame muy bien Elsa – siseó amenazante el pelirrojo – más te vale mantener tu mente donde corresponde, no me interesa una mujer que es un maldito fastidio, que no sirve ni para lavar mi ropa correctamente ¿estamos? – No la escuchó hablar – ¿¡por qué no me respondes!? no me hagas perder la paciencia – la observó mejor, vio los ojos cielo de Elsa bien abiertos. Se dio cuenta que intentaba lo posible para tomar una bocanada de aire; se puso nervioso –¿Elsa?... Dios santo, perdóname pero tú me provocas – la alzó y la acomodó en la repisa de la cocina, le dio agua para que se recuperara, y luego la sentó – ¿ves lo que me haces hacerte? – Ella asintió, intentaba no llorar más, menos en su presencia – dime mi amor, ¿te gusta que te esté tratando así? – Elsa negó – mi diosa yo te amo… no me gusta hacer esto, pero debo reprenderte por las cosas que me haces, ¿te portarás bien? – Ella asintió – ¿me harás caso sin chistar? – Lo miró y asintió – si lo haces bien, me complaces y eres buena esposa solo te tocare para acariciarte y darte besos, Elsa eres mi reina lo sabes ¿verdad?
– si Hans – respondió en un suspiro.
– ¿me amas?
– Sí – intentó darle una sonrisa.
– Perdóname por pasarme un poco de la raya, pero debes reconocer que fue tu culpa – siseó.
–Sí mi amor… perdóname – bajó el rostro.
– Te perdono. Ahora, por favor, prepárame una rica cena para cuando llegue del trabajo – esta asintió y dejó que la besara, se aguantó el dolor.
– Adiós… que te vaya bien – lo vio alejarse de ella y salir de la casa, vio cómo se fue en su auto, sonriente.
Elsa corrió al baño a limpiarse, ahogó un grito de susto al verse al espejo; no se reconocía, literalmente la había reventado a golpes. Lloró amargamente, ¿por qué tenía que ser mujer?, no podía creer que tuviera que someterse a tanta humillación y dolor sólo por tener vagina; le tenía tanto miedo a Hans, a las represarías de su padre si se le ocurriera dejar a su marido, ni hablar de la decepción que sentiría su madre de ella. Le había enseñado desde que tenía memoria que la mujer fue hecha para atender su hogar, los hijos y su marido; que las mejores mujeres eran las que lograban sostener su matrimonio con la frente en alto sin importar que tuviera que hacer, pero su gran temor era perder a Selene, su pequeña hija de 5 años, era su adoración lo único bueno y puro que podía haber entre ella y Hans, sabía que si a él se le daba la gana podía quitársela legalmente y no sólo eso, dejarla en la mísera calle. Lo peor de todo era que su propia familia se pondría de parte de él y no de ella… ¿cómo podría mantenerse?, no terminó la universidad, no sabía en que podría trabajar; además las influencias que tenía su marido y padre eran tan extensas que todo el mundo le cerraría las puertas en las narices, sin oportunidad para nada. Se volvió a mirar en el espejo y se asqueó de ella misma, se hundió en sus propios recuerdos.
*****FLASH BACK*****
Se sonrojó al ver a la chica pelirroja de su misma edad después de haberse dado un beso con ella escondidas tras un árbol en el jardín de su mansión.
– esto es raro Elsa… pero me gustas.
– tú también gustas, Merida…
Se besaron de nuevo. Tal demostración de afecto iba subiendo de tono; sintió como Merida colaba sus manos bajo su falda y la acariciaba, se permitió jadear con placer, apretó los ya desarrollados pechos de la pelirroja extasiada. Merida apretó el cuerpo de Elsa contra el árbol, la abrió sutilmente de piernas y se colocó en medio de ellas, Elsa bajó el pequeño short vaquero que tenía su compañera, mientras esta subía las faldas de la platinada, comenzó a clavar a Elsa contra el árbol chocando sus cadera, Merida jadeaba contra la piel del hombro de ella, Elsa mordía su labio inferior mientras daba suspiros de placer por el leve roce de zonas que estaban teniendo, quería más, subió su pierna a la cadera de Merida y ella logró alzarla un poco de ahí, logrando así una mejor estimulación por encima de las bragas que llevaban ,los gemidos se escuchaban cada vez más fuerte, intentaban no hacer tanto ruido, Merida empezó a desesperarse, se apartó de ella para arrodillarse, subió la camisilla de seda y lamio el vientre de Elsa – Me..Merida… ̶ esos besos la estaban volviendo loca, enterró sus dedos en la cabellera de la pelirroja por instinto, animándola a seguir – un poco más abajo… ̶ Elsa soltó un chillido de placer al sentir la punta de la lengua de su casi amante en su intimidad, quería pedirle más.
– ¿¡PERO QUE ESTAN HACIENDO!? - Elsa se congeló. Era la voz de su madre. Merida se levantó del suelo asustada e intento colocarse rápido su short; Elsa se acomodó como pudo la falda – ¡MALDITA! ¿¡QUÉ LE HACES A MI HIJA!? - La señora Storm le dio una fuerte cachetada a Merida, esta sólo se quedó en el piso sin decir una sola palabra.
– ¡MAMA, NO! ¡NO LE PEGUES! – cubrió a Merida con su propio cuerpo.
–¡ ALEJATE! ME DAS ASCO – la empujó fuera de su alcance – TU Y TU MADRE SALDRAN A MAS TARDAR MAÑANA DE MI CASA MALDITA MOCOSA – agarró a Elsa del brazo y se la llevó arrastrada a la casa.
Se sentía culpable. La madre de Merida era una gran mujer, trabajadora, constante en la cría vacuna de la hacienda y ahora estaba desempleada… le dolía Merida, la quería, en verdad la quería. Al día siguiente se le partió el corazón verla llorar sentada en el asiento trasero del auto que la alejaría de su vida para siempre. Alcanzó a verla articular un " TE QUIERO" al ver a Elsa en el ventanal de su habitación que daba a la calle, puso su mano en la ventanilla, no lograba dejar de llorar, Elsa le dibujo un corazón con sus manos en respuesta, coloco su mano en la ventana y lloró viéndola partir, entró su padre segundos después, la agarró del cabello y la arrojó contra la cama.
– te daré una lección que jamás vas a olvidar Elsa – se sacó el cinturón
– no... no padre por favor – sintió el primer correazo en su cadera – ¡AAH! NO – dio un alarido, le golpeó varias veces por donde cayera la hebilla de la correa, dejándole a Elsa marcas moradas y casi negras por toda su nívea piel.
– lo tomaré como que querías experimentar, no tendré a una hija enferma y depravada en casa ¿ESTAMOS? –le gritó y Elsa sólo asintió, su padre se marchó de su habitación azotando la puerta.
Por todos los santos, tenía casi 18 años, no estaba experimentando, Elsa sabía que no era pasajero, le gustaban las mujeres. Quería a Merida y ahora ella ya no estaba; su madre la hizo sentir de lo peor diciéndole que desear a su mismo género era una aberración, que era pecado, ya no sabía que hacer ¿era una enferma?, ella sentía que no, era muy devota, Dios le enseñaba en sus palabras a que el amor va más allá de todo, entonces ¿que estaba mal?, ¿Qué hacía mal?, pero su madre tenía razón, era rara, las leyes de la sociedad el dictaban que lo correcto era hombre y mujer en familia, intento olvidarse de Merida, intentar salir con chicos después de eso, pero duraban poco, hasta cierto día en que Eliana y George Westerguard y su hijo Hans fueron a cenar a su casa.
Hans realmente no quería ir, no le parecía interesante tratar con unos malditos vaqueros, pero su padre lo convención de ir, ya que los Storm tenían la compañía exportadora de carne más importante del país y asociándose con ellos podrían vender carne de calidad al exterior, así como ampliar la lista de clientes y ganarían todos de esta manera, debía estar al tanto de todos los negocios en la compañía ya que la heredaría en un futuro.
Intentó ser lo más cortes posible, pero el señor Storm le parecía un ranchero desagradable, panzón mal hablado, y ni hablar de su esposa, una granjera sin gracia, cuando le dijeron que su hija ya bajaba, la imaginó llena de acné y sonsa, pero grande fue su sorpresa cuando vio la reencarnación de Venus bajar por las escaleras, era de ojos azules como glaciares, profundos y muy dulces, su piel tan blanca como la nieve, ese cabello tan original, único. Tenía un cuerpo espectacular tal y como a él le gustaba; lo que más le llamo la atención fue que no estaba maquillada, era una belleza envidiable natural, tenía la voz de una ángel, cuando tomo su mano lo hizo con cuidado de no romperla, su tacto era muy suave, sin duda era todo una muñeca de porcelana, quedó maravillado con Elsa.
Elsa por su parte, si bien reconocía que el joven era atractivo, no había ni una sola oportunidad de sentirse atraída por el en ningún aspecto, ni por él ni por ninguno, platicaron y se rió de sus bromas, era un muchacho agradable, unas semanas después él se quedó de visita ahí con su familia en Texas, empezó a cortejarla y su madre le animaba para que le aceptara las salidas y mucho más, ¿Cómo negarse? Hans no era un hombre malo, era muy dulce con ella, así que en cuanto le propuso ser su novia no lo pensó, sólo aceptó. Como lo supuso, gritaron un jubilo en su casa, había enganchado al hijo del hombre que los ayudaría a expandirse a otros países, Elsa estaba contenta en lo que cabía, sus padres estaban orgullosos de ella, así que dejó avanzar todo en su noviazgo, cuando Hans fue a pedir su mano en matrimonio, aceptó con gusto, tendría una buena vida con él, aprendería a quererlo si se esforzaba, (eso pensó), la fiesta de compromiso fue el evento importante de la región, dejo la universidad para dedicarse a aprender la labores del hogar.
En 6 meses se vio vestida de blanco, parecía una reina, fue del brazo de su padre al altar, todo era perfecto y todo estaría bien para ella, dijeron ambos que sí frente al sacerdote, hubo una gran fiesta en el salón, se había casado en New York y allí viviría con su esposo, ese mismo día su padre y su ahora suegro firmaron el convenio. No había porque escatimar en leyes, sus hijos se habían unido y los niños que nacieran de la unión de ellos heredarían las dos compañías; todo era perfecto. Que cruel realidad la que tenía que vivir Elsa al llegar la noche de bodas.
Estaba muy muy nerviosa, tendría que tener relaciones sexuales con Hans. No lo amaba, no lo deseaba, no sentía esa atracción química ni física con él; respiró hondo y se tomó un trago para relajarse y soportar lo que tenía que dejarse hacer, si bien era virgen no era tonta, sabía muy bien como era, como debía comportarse, esperó a su esposo en la habitación, caminaba de un lado a otro. Escuchó un golpe en la puerta, cuando volteó a ver, lo vio entrar tambaleándose, estaba borracho, sudado, entró fumando, se paralizó al verlo como la miraba, con hambre, tiró la botella de whiskey a un lado, apagó el cigarrillo en el jarrón con agua que tenía cerca y se le botó encima a Elsa.
– ven acá… ahora eres mía – Elsa se soltó de su agarre.
– Hans estas borracho… así no quiero, tengo miedo y nervios – escuchó que gruñó – por favor… -pero sus ruegos fueron rechazados, la agarró del brazo y la tiró a la cama.
– te follaré hoy, te guste o no – dijo de mala manera, Elsa gritó, pero le tapó la boca – ¿no entiendes? Te deseo Elsa, se mía no forcejees, te va a gustar – Elsa temblaba como una hoja de papel, le repugnaba que la tocara oliendo tan horrible, su aliento hediendo de alcohol se apoderó de su boca y luego de sus pechos, Elsa empezó a llorar, este se detuvo – ¿qué pasa?-
– tengo miedo… no quiero hacerlo Hans… no me siento lista – Hans frunció el ceño y arrancó su vestido, Elsa pataleó, lo alejaba lo más que podía de ella.
–¡QUEDATE QUIETA! - le dio una bofetada – ¡TÚ ME VAS A CUMPLIR! NO ESPERÉ CASI UN AÑO POR NADA, MOJIGATA – la colocó boca abajo en la cama, bajó su pantalón. Ya estaba erecto, lamió sus dedos y untó con su saliva la entrada vaginal de la platinada.
– ¡NO! ¡NO HANS! POR FAVOR – intentó escapar pero este la sostenía de su nuca – HAN…. ¡AAAAAAAAAAAAAH! - dio un sonoro grito de dolor cuando entró en ella sin piedad, le levantó la cadera con una mano y seguía sometiéndola de la nuca con la otra, no le importó oír gritar y llorar a Elsa de dolor suplicándole que se detuviera, antes la clavó más fuerte contra el colchón, estaba tan excitado con la estreches del sexo de su mujer que se regó en ella en poco tiempo, la tiró en la cama como si fuera un trapo.
– que rica que eres – jadeaba en su oído mientras la nalgueaba – ya deja de llorar, me desesperas, maldita rígida – le tiró los trozos del vestido de novia en la cara y salió de la habitación.
Se sentía tan sucia, miserable, se sentía como una prostituta. No pudo levantarse de la cama, su pelvis estaba muy dolorida, sentía como la sangre aún le bajaba de su interior, lloró amargamente toda la noche. Su madre se preocupó al no verla salir del cuarto y ver a Hans con sus amigos disfrutando de la comida, al entrar por Elsa, la vio con su vestido hecho girones, tenía un morado en su mejilla y sus piernas con sangre, se acercó y sólo le dijo - ¿Qué le hiciste? – Elsa no podía sentirse peor… ella había sido violada por su marido y a su madre no le importaba – debiste ser complaciente, si hubiera sido así no te hubiera pasado esto, ven acá – la ayudó a salir de la cama y a bañarse, le dio calmantes para su zona, durmió un buen rato, hasta que lo escuchó entrar al cuarto.
– Elsa?... Elsa mi amor – la abrazó y lloró en su hombro – perdóname, perdóname hermosa, el alcohol me hizo perder la cabeza, por favor perdóname no quería dañarte – Elsa entendía esto, lo miró y lo perdonó al abrazarlo – te prometo que no volveré hacerte daño – ella asintió y así se quedó el incidente.
Como prometió, no la volvió a golpear ni tomar abusivamente, pero si le gritaba e insultaba. Cuando le dijo que estaba embarazada, la trató como cuando eran novios, las ecografías no dejaban ver el sexo del bebe ya que este estaba de espaldas, era emocionante, sería sorpresa. Hans compró cosas de varón, cuando Elsa le dijo que podía ser niña él se molestó con ella y le dijo que tendrían un varón, ella esperaba que así fuera. La enfermera lo llamó, su mujer acababa de dar a luz, este corrió y entró con brillo en los ojos.
– ¿dónde está mi campeón? – Elsa tragó pesado.
– lo siento señor Westerguard es una niña lo que tuvieron –dijo el médico.
- ¿Qué? – Miró a Elsa con odio – ¿ni en esto eres capaz de complacerme? – salió dando un portazo.
Su dieta fue un infierno, Hans no toleraba el llanto de la niña, se volvió más violento. Buscaba cualquier excusa para golpearle, la engañaba con cualquier mujer que encontraba, nada de lo que ella hacía le gustaba, era un maldito cerdo machista. Cuando intentó hablar con su padre para que la ayudara su respuesta fue que ella era la mujer y Hans el varón de la casa, que debía obedecer; su madre le dijo lo mismo, que debía aguantar ahora que tenían una hija, que no podía dejar a la niña sin padre. Su padre la amenazó, que no arriesgaría su convenio con las empresas Westerguard porque ella no supo ser una buena esposa, que bien ganada se tenía las palizas, Elsa en este punto ya no tenía autoestima ni amor propio, era una muñeca que obedecía al pie de la letra; vivía para complacer a su familia y ahora a su esposo, se sintió como mercancía.
Las cosas empeoraron hasta la fecha, ocultaba su cuerpo de todos no sólo por los moretones que Hans le dejaba, sino porque él era un hombre celoso, la golpeaba si otro la miraba, la trataba como una cualquiera sólo por despertar admiración, dejó de arreglarse, de vestir debidamente, sólo para evitar que él la matara a golpes, volvió a violarla, pero después de dos años ella ya no se movía, así no la lastimaba de demás, esperaba que todo acabara y él se fuera, se limpiaba, rogaba a los cielos por fortaleza mientras veía su hija crecer, hasta el momento la alejo de la realidad.
****FIN FLASH BACK*****
Terminaba de limpiarse las heridas cuando escuchó unos pequeños pasitos llegar al umbral de la puerta del baño.
– ¿mami? – Elsa la miró y sonrió, por ella valía la pena el aguantar tanto infierno.
– ¿dime? – dijo arreglándose un poco el cabello.
– y... ¿mi coegio? – mierda, ¿cómo se pudo olvidar de que hoy la niña empezaba clases?, miró el reloj; si se apuraba lograría llegar con unos minutos de retraso con ella.
– espérame afuera con tu mochila, ya nos vamos.
– chi ma, ¿puque el gope ma? – notó como los ojos de la niña se veían preocupados por como lucia.
– me acabo de caer nena pero estaré bien
La niña asintió y se fue a la sala, Elsa se vistió rápidamente con un suéter manga larga cuello tortuga color negro, se puso unos jeans, se colocó unas gafas medio oscuras e intentó disimular el golpe en su mejilla, salió corriendo con su hija en brazos.
**oOo**
– ¿mami tas ben? – sentía las suaves caricias de su hija en el brazo, la adoraba.
– claro que si nenita, mamá se descuidó nada más, pero estará bien – le sonrió a su pequeña hija, esta asintió.
– buenas tardes señora…. ¿Westerguard? – alzó la vista y se topó con una hermosa mujer de cabellos café rojizos, se sonrojó leve, se reprendió por eso, se supone que debió dejar esas cosas atrás.
– buenas tardes maestra, disculpe la tardanza – se disculpó con la mirada baja, usando un tono sincero.
– no se preocupe, llegan a tiempo, soy Anna Summers. Seré la maestra de su pequeña en este año – le sonrió y Elsa correspondió su gesto sutil – ahora, ¿cómo te llamas pequeña? – le sonrió la maestra a su hija.
– Selene – rió.
– es un gusto Selene, ¿podrías por favor dejar tu mochila en ese espacio de allí? – le dijo en tono dulce señalándole el lugar, su hija dio un "si" con la cabeza.
– te amo mami – se despidió su hija de ella dándole un beso en el moretón que tenía en la cara – es para que sane – le dijo seria su pequeña, solo pudo sonreír ante su gesto inocente.
– adiós mi niña, pórtate bien – esta asintió y corrió como un torbellino al salón a colocar su mochila en el espacio indicado.
Sonrió con cariño al ver su hija saludar y estar animada con los niños en el salón, escuchó un carraspeo.
– Discúlpeme, señora Westerguard – llamó la maestra.
– dígame Elsa por favor, ¿puedo llamarla Anna? – le sonrió muy suave, su cara aún dolía, sintió calidez ver a la pelirroja devolverle el gesto.
– Decía señora Elsa, ¿su hija tiene alguna alergia a pinturas o alguna comida? – mientras Anna le hablaba Elsa la observó con detenimiento, era una jovencita como de su misma edad más o menos, bastante alegre y cálida, todo lo opuesto a ella, le llamó la atención las trencitas infantiles que traía en el pelo.
– no, ella come casi todo, los champiñones casi no le gustan – rió bajo al recordar como su pequeña se escondía para que no la obligara a comérselos, escuchó como Anna reía con ella.
– bien – vio como la observó seriamente – disculpe, ¿está bien? –se tensó por la pregunta, no podía verse tan mal, ¿ o sí?
– s.. si cl.. claro – tartamudeó, carajo – ¿por qué lo pregunta? – intentó sonar serena.
– oh, bueno es por su moretón y su labio.
– ¡eso! hoy me resbalé y me golpeé contra la tina – rió tratando de sonar convincente – no es grave.
– ya veo – no le apartaba la mirada – la carne bien fría es muy buena para desaparecer ese moretón – le sonrió leve y ella correspondió el gesto – bueno señora Elsa, no se preocupe por la pequeña Selene. Se va divertir mucho, se lo garantizo
– Está bien. Nos vemos luego, y muchas gracias por el tip – lo dijo sinceramente, la maestra se despidió de ella con la mano, le corrió un fresco. No le harían más preguntas, se despidió de su hija con la mano y se marchó a su casa.
Por el camino compró algo de carne y especias para hacer de comer; le gustaba la cocina, los sabores y experimentar para crear nuevos platos, esperando que Hans aprobara lo que hacía. La bolsa de la compra era pesada y su vecino Eugene, un muchacho de cabellos cafés y ojos del mismo color, fornido de su edad se ofreció para ayudarla, Elsa aceptó e intercambiaron algunas risitas y sonrisas, era por todo amable y educada, aunque no lo pareciera le gustaba conversar. Cuando llegó a la puerta de la casa, palideció. Hans estaba allí esperándola, sonrió cortés al muchacho por la ayuda y vio como este beso educadamente la mano de Elsa.
El castigo no se hizo esperar, la acusó de serle infiel con su vecino Eugene, ella lo negó pero eso no la libró de que Hans la agarrara como saco de boxeo, después de durar varios minutos gritando y discutiendo, la dejó tendida en la sala, sin aire, con la boca reventada y con un gran moretón en el estómago, después de esto con dificultad se levantó y fue al baño, Hans se sentó a ver el partido y cuando llego la hora para ir a recoger a la niña, se maquillo un poco, pero se notaba mucho los golpes, estaba peor que cuando salió a llevarla, pero aun así debía hacerlo.
– ¿adónde crees que vas? – Elsa frenó en seco.
– voy por la niña al jardín cariño
– te ves horrenda, no quiero que la gente empiece hablar, quédate cocinando iré yo – esta sólo asintió y lo vio partir.
Después de 20 minutos volvió con la niña, esta se asustó al verla, pero le dijo que era normal por el golpe que se dio, logro tranquilizarla la envió a su cuarto a jugar mientras ella terminaba la cena.
Como siempre, Hans botó la comida al suelo diciéndole que era una porquería, salió de casa, fue a dormir a la niña.
– ¿mami? ¿Puque a papi no le guta la comida? – Elsa no sabía que responderle.
– no sé nena, ya duerme ¿si? – la infante asintió y luego de que Elsa le cantara cayó profunda. Elsa se bañó y puso su camisón, fue a la cama. Estaba profundamente dormida, cuando sintió que un fuerte golpe en la entrada de la habitación, se levantó asustada y lo vio, borracho oliendo a alcohol, perfume barato de mujer y tabaco.
– ELSA – hablo fuerte.
– Hans… ssshhh despertarás a la niña – se acercó y lo ayudó a acostarse.
– Quiero cogerte – se tiró encima suyo, la empezó a besar, como odiaba su repugnante sabor.
– hhmmm está bien pero no grites ¿si? – se dejó hacer.
La sujetó de las manos y la embestía brutalmente. Le dolía su zona como el infierno pero aguantaba – ¡gime! gime para mí – la clavaba más mientras gemía como un perro en su oído – dejo escapar jadeos pero de dolor, que él los interpretaba como placer, no tardo en sentir el líquido de él regándose por su útero, sintió asco, este se tumbó al lado de ella y se quedó profundamente dormido, se levantó y se metió en la tina, gruesas lagrimas bajaban confundiéndose con el agua.
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BUENAS NOCHES¡
ATT: MOTOKO DRACULIA, DINO YORK
