Hola, people! He decidido rescatar este escrito desde el disco duro. Creo que si uno escribe hay que compartirlo, de eso se trata fanfiction.

Aclaro inmediatamente que se trata de un crack-pairing, o sea, una pareja que no es canon. Tengo, si no me equivoco, un total de 12 fics Ichiruki y solo un crack-pairing… Por lo tanto, si me va a decir que no escriba más un Rukia x Hisagi, se puede ir a buscar la flor de los siete colores.

Advertencias: este fic contiene escenas lime y lemmon.

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Es solo un juego

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Todo había terminado. La Sociedad de Almas estaba vuelta un desastre. Entre los sobrevivientes del Seireitei buscaban la manera de reconstruir el lugar. No eran muchos, pero hacían más que lo que podían.

Rukia caminaba hacia el senkaimon con su rostro inexpresivo, como había aprendido de su familia adoptiva hacía ya más de cuarenta años. Renji caminaba junto a ella, como ya era costumbre, siempre a su lado. De tanto en tanto el teniente la miraba para repasar su rostro. A él no podía engañarlo.

-¿Estás bien? -le preguntó de pronto.

Rukia se volteó hacia él.

-¿Por qué no habría de estarlo?

Renji se rascó la nuca. Rukia volvió su vista hacia el camino sin dar mayor importancia a las palabras de su mejor amigo.

-Bueno… -el pelirrojo volvió a interrumpir el silencio -Porque Ichigo se marcha

Rukia enarcó una ceja.

-¿Y eso tendría que afectarme por? -preguntó con una voz cargada de sarcasmo.

-Porque sé cuánto te afecta saberlo lejos -dejó caer logrando que la morena detuviera su caminata –¿Qué pasa?

-Solo… no vuelvas a mencionarlo -un gesto entristecido se plasmó en su rostro -Es como debe ser, ¿si?

Renji asintió y Rukia retomó la marcha. Él se quedó algo atrás contemplando sus pasos. No debió meter el dedo en la yaga. ¡Pero cómo le jodía que ella no fuera honesta! Debía decirle a Ichigo, era el momento de dejar explícitos sus sentimientos hacia él. O, al menos, los que él creía que Rukia tenía por el pelinaranja… porque ella nunca le comentó nada. Nunca. Pero su preocupación hablaba por ella. Sus palabras cargada de afecto cuando se refería a él, su mirada cuando él estaba cerca. No debía dejarlo pasar. Él era su mejor amigo, debía velar por ella.

Al acercarse al sector del senkaimon Renji se detuvo y obligó a su amiga a hacerlo también, colocando una mano sobre su hombro.

-Rukia -ella se lo quedó mirando con curiosidad -No te enfades conmigo, pero creo que es el momento de ser honesta contigo y con él -la capitana frunció el ceño -Dile, dile todo. No te guardes nada… no tengas miedo de decir lo que pasa en tu corazón…

-¿Y qué es, lo que según tú, pasa en mi corazón? -preguntó inquisidora.

-Si supiera te lo diría, pero creo que tengo una remota idea -le golpeó suave con el índice en la frente -No seas orgullosa, no te escondas. No temas arrojarte al vacío, porque estoy seguro que al final él estará para atraparte -le sonrió.

Rukia desvió la mirada.

-¿Y si no lo está? -preguntó con voz suave.

-Yo lo estaré, te lo prometo -ella lo miró -Ya no estás sola, nunca más

La chica le sonrió leve y continuó su camino al senkaimon, Renji no se movió. Este era su momento. La vio encaminarse hacia el muchacho pelinaranja que esperaba la apertura de la puerta hacia el mundo de los vivos… hacia su mundo.

Al verla acercarse Ichigo le sonrió. Ya no le era difícil, de hecho con ella se le daba bastante fácil… las sonrisas. Era su amiga, su fortaleza, la única que siempre creía en él, la única que lograba remecerlo y componerlo con un par de palabras bien dichas.

-¿Listo? -preguntó Rukia ya junto a él, Ichigo asintió -Saluda a todos de mi parte

-Lo haré -respondió asintiendo -Cuando tengas tiempo… podrías pasarte. Al menos para decir 'hola'

-Me lo pensaré -respondió dándose ínfulas.

Ichigo se volteó hacia el senkaimon.

¿Sería así? ¿Otra vez? pensó Rukia. ¿Debería hacerlo ahora? ¿Por qué no esperar? Quizás en otro momento… quizás este no era su momento…

-Espera -lo detuvo por la manga. Él se la quedó mirando. -Ichigo… hay algo que...

Sus labios temblaron. ¿Realmente iba a hacerlo? ¿Iba a seguir los consejos de Renji? ¿Iba a desnudar su corazón junto con sus aprensiones y sus miedos? Había sentido alguna vez tan intenso como ahora. Y había guardado silencio, por respeto, por lo correcto.

-Ichigo… yo…

¿Debía dejar que sentimientos que se alejaban de lo que deberían salieran a flote? ¿Aun cuando ello significara que pudiesen cambiarlo todo? Su amistad, su confianza… incluso sus mundos.

-Yo…

Unos pasos se acercaron a ellos. Orihime se detuvo a unos pasos observando la escena. Rukia deslizó una mano fuera de la muñeca de Ichigo y soltó un suspiro. No, no debía. Era sentido común, era el destino, era como debía ser.

-Vive tu vida -le dijo, el pelinaranja la observó atento -Vívela bien…

No era la primera vez que lo escuchaba. Dichas por ella, esas palabras cobraban sentido. Ella era la representación de la muerte y él de la vida. No era el momento que sus caminos de trazaran juntos, ya mucho había sido burlado el destino.

-Es hora de irnos, Kurosaki-kun -dijo Orihime logrando llamar la atención de ambos amigos.

Rukia esbozó una triste sonrisa. Vivir… cómo hubiera querido hacerlo, al menos en ese instante. Tener las oportunidades de Ichigo, de Inoue, de Ishida, de Chad… Pero ese no era su destino, ese se había trazado tiempo atrás, mucho antes de la intervención siniestra de Aizen.

Orihime se abrió camino entre ambos y posó su mano en el brazo del pelinaranja. En sus ojos grises detectó un brillo especial, uno que jamás había percibido… era seguridad, arrojo, determinación. La que ella ahora no poseía. Ichigo miró a Orihime y luego a Rukia. ¿Vivir? ¿Cómo de podía vivir media vida? ¿Cómo podría vivir lejos de ella? Volvió a mirar a Orihime… Vivir. Esa palabra era la que se interponía entre ellos. Vivir como Orihime o morir como Rukia. Vivir en su ausencia, vivir media vida… Pero vivir. Era su destino, era lo que debía ser…

El senkaimon comenzó a abrirse.

-Adiós, Kuchiki-san -la voz de Orihime se alzó y en ese segundo se vio más alta que Rukia, mucho más, más allá de lo físico.

-Nos vemos, Rukia -dijo Ichigo.

Las cartas estaban echadas. La vida y la muerte eran opuestos, como el día y la noche… el sol y la luna. Encontrándose solo en un eclipse… eso había sido cada momento juntos, un eclipse.

-Nos vemos, Ichigo

Pero no pudo hablarle a Inoue, algo se atravesó en su garganta en ese segundo al ver esa mirada poderosa de la pelinaranja.

Ambos muchachos ingresaron en el pasadizo que los llevaría de regreso a su mundo, Ichigo se volteó y observó a su amiga, Inoue lo guió suave por el brazo que no soltó en ningún instante. La puerta se cerró tras ellos.

Rukia bajó la vista y apretó los puños. A la distancia Renji imitaba el gesto se su amiga e hizo lo que ella jamás se atrevería a hacer.

-Estúpida humana entrometida -masculló al ver a su amiga volverse hacia él fingiendo tranquilidad.

Él siempre estaría para atraparla, para impedir que cayera de lleno al suelo, al abismo… Ésta no sería la excepción.

¿Por qué?, pensó Renji. ¿Por qué el maldito destino había jugado así con ella? ¡Ya había perdido una vez! ¿Por qué debía hacerlo una vez más? ¿Cuándo iba a ser el día en que ella ganara? Él sabía cada rincón del corazón de su mejor amiga, sabía leer todo gesto en su rostro. Y al verla así, sintió que se le desgarraba el alma.

-Rukia -la llamó Renji.

La morena bajó la vista al suelo apretando los puños con tal fuerza que sentía las uñas clavársele en las palmas.

-Estoy harta de perder -murmuró apenas audible -Estoy harta…

-Desde ahora no hay nada más que perder. Desde hoy siempre ganarás, siempre. Te lo juro.

Fue entonces que una rebelde lágrima cayó de los ojos de Rukia delineando un camino por su mejilla resbalando hasta la comisura de su boca.

-Llora, si lo necesitas -le dijo Renji agachándose para verla a los ojos.

Rukia lo golpeó en la tripa con fuerza, logrando que se encorvara y gimoteara. La teniente sobó sus nudillos con un gesto de alivio.

-Ya me siento mucho mejor

-Si serás… -gruñó Renji.

Rukia se le adelantó para alejarse del senkaimon y de los sentimientos que dejó en ese lugar. Siempre estaría ahí, cada vez que regresara, y recogería esos sentimientos para llevarlos consigo mientras él estuviera a su lado… con la esperanza de, algún día, poder verbalizarlos.

Desde aquel día todos los que seguían habían cobrado un color especial: ceniciento. Ya no había canciones que tararear ni comida que degustar que supiera a dulce. La vida -o muerte- continuaba con su ritmo usual. Asistía a reuniones, trabajaba, iba de misiones, salía con Renji, acompañaba a Nii-sama a alguna cena familiar, salía con las chicas de la asociación… todo pasaba por ella como si no estuviese ahí. Estaba, pero distante, como si lo externo no la tocase… eso sí lo conocía. Así había sido la última vez, la vez de Kaien-dono.

Ichigo no había regresado y así pasaron los días, semanas y meses hasta que pasó un año. Lograba comprenderlo, él estaba en su último año de escuela. Él vivía y solo eso la hacía feliz.

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Año nuevo en el seireitei era un momento especial. Durante una semana habría puestos por todos lados, venderían fuegos artificiales, habría juegos y comida. Esa misma noche daban comienzo a las celebraciones.

Renji había insistido en ir a ver la inauguración de las festividades, aunque honestamente ella no se encontraba de humor para ello. Si tuviese que quemar un solo deseo ese año sería vivir.

Pero ahí estaba junto con el grupo de los tenientes esperando que lanzaran los fuegos artificiales. Nanao hablaba con Momo e Isane, ella misma se había apartado de ese grupo hacía un momento. Rangiku hablaba con Iba sobre Omaeda y su negativa a compartir con ellos. Mashiro era otra de las que no estaba presentes, pasarían las fiestas con su grupo. Honestamente, lo preferían así, sobre todo el pobre de Hisagi que tenía que soportar sus arranques todo el día. Pues bien el mismo sufrido teniente compartía unas copas con Kira y Renji mientras Rukia miraba al cielo; presente, pero ausente.

-¿Qué hora es? -escuchó Rukia preguntar a una de las tantas personas del tumulto de expectantes personas.

-Ya casi son las doce -dijo otro -Recuerda que hacen sonar el gong grandote.

-Es cierto, es cierto… -afirmó el otro sujeto.

Podía escuchar a sus colegas hablar de cosas de hombres que usualmente hubiese disfrutado compartir. Le gustaban las luchas de sumo, los torneos de judo también eran geniales e incluso le había agarrado el gusto al fútbol, aun cuando el equipo en el que jugaba Renji era realmente malo.

-Y yo le dije que era un fuera de juego -dijo Renji y Kira negó con la cabeza -Pero ese árbitro vendido…

-Vendido por un ramen, vendido y barato -agregó Kira con dejo de resentimiento.

-¿Qué es un fuera de juego? -preguntó Hisagi con curiosidad, eso del fútbol era un misterio para él.

-Es como cuando Matsumori te dice que no entres antes en las canciones y siempre te adelantas -aclaró el rubio y Hisagi asintió pensativo -Es lo mismo, pero con una pelota y tipos que corren tras de ella.

-Sé lo básico del fútbol, gracias -respondió algo sentido por la referencia a un nueva banda, que realmente apestaba… él apestaba, pero era un perseverante.

El sonido del gong inundó el lugar y todos buscaron posiciones. Renji atrajo a Rukia por un brazo dejándola entre ella y Hisagi, una manera de evitar que alguien la empujara debido a su menuda complexión. Kira se colocó detrás de ella. A la distancia la morena pudo ver al capitán Kenpachi cargando a una entusiasta Yachiru sobre sus hombros, un poco más adelante, las chicas miraban al cielo expectantes. Rangiku estaba algo pensativa junto a Iba, ella sabía cómo se sentía perder a quien quieres… podía entenderla. Era en estas fechas donde se recuerda, por nostalgia, a quienes ya han partido.

El primer cohete fue disparado y su sonido de chiflido al elevarse llenó el ambiente previo a que todos gritaran emocionados al escuchar el tronar y ver iluminarse el cielo.

Era un espectáculo hermoso sin duda y buscaba disfrutarlo. El ambiente era alegre, con entusiasmo en el nuevo año que se avecinaba. Todas experiencias que se dejaban atrás y todos los deseos para esos nuevos 12 meses. Se preguntaba cuáles serían los deseos de Ichigo ese día.

Renji pasó un brazo por sus hombros distrayéndola de los fuegos por un momento. Se acercó a su oído y le dijo "Feliz año nuevo, Rukia", ella le sonrió de vuelta y miró nuevamente al cielo. A su otro costado Hisagi miró a ambos amigos habiendo sido distraído del espectáculo por el movimiento de Renji en su mirada periférica. No pudo evitar mirar a la morena de reojo viendo como su rostro se teñía del reflejo de los colores de los fuegos y sus ojos claros parecían reflejar las imágenes que se dibujaban en el cielo. Era linda y no sabía porqué no lo había notado antes. Quizás porque su belleza era sutil, como si no quisiera llamar la atención, pasar desapercibida entre las personas. Distante e impenetrable. Sí, así era Kuchiki.

Se sintió observada y miró hacia el lado. Su colega miraba los fuegos fijamente, casi podría decir que traspasaba el espectáculo y su mente estaba muy lejos de ahí. Le gustaba eso de él, podía pasar de un tipo serio y maduro a uno gracioso e infantil. Repasó su perfil con disimulo. Era atractivo, de ese atractivo del chico rebelde, no del niño bonito. Toda chica gusta le gusta un tipo malo en algún momento de su vida, pero Hisagi no era malo, de hecho era bueno e inocentón.

Un último tronar intenso y el espectáculo lleno de colores el firmamento en una explosión de gran magnitud. De pronto todo quedó en silencio y en la oscuridad de la noche. Algunos gritos de aprobación comenzaron a llenar el ambiente nuevamente y pronto la multitud comenzaba a moverse y disiparse.

-Pues bien -Ikkaku acercándose al grupo en compañía de Yumichika -¿Dónde sigue la fiesta?

-En mi casa, obvio -dijo Rangiku acomodándose el cabello.

-Creo que paso -comentó Rukia con ese tono que quería ser amable pero denotaba su reticencia -Estoy algo cansada

-Pero Rukia -Momo la tomó del antebrazo -Es año nuevo, como comienzas el año es como serán los otros 365 días.

-Tiene razón -concordó Yumichika -No seas aguafiestas, Kuchiki

Rukia miró a Renji con súplica, pero su amigo tenía claras intensiones de continuar la fiesta. La menuda morena asintió asumida en su realidad y se vio arrastrada entre la multitud hasta donde Rangiku.

Era un apartamento pequeño pero acogedor en las barracas de la décima división, bastante distante de la mansión Kuchiki. Lo mismo limitaba las posibilidades de huir cuando se viera en la necesidad.

Pues bien, el sake y bocadillos salieron de quien sabe dónde. Una musiquilla pegajosa sonaba de fondo mientras todos hablaban, Momo bailaba con Yumichika e Ikkaku mostraba sus aptitudes en el centro de la sala. El nuevo teniente de la octava división dormía en un rincón pegado al parlante, mientras que Isane le hablaba algo a lo que no estaba prestándole atención. Renji charlaba con Kira, mientras Rangiku, Iba y Hisagi tenían una ridícula competencia de sake.

-No sé qué estoy haciendo aquí -suspiró Rukia logrando interrumpir la verborrea de su colega.

-Compartiendo con tus colegas y amigos -dijo pensativa -Claro que pareces no estar de humor…

-No es eso…

Isane guardó silencio y le sonrió dulce. Entendía que Rukia no estuviera 100% allí. Debía extrañar a Ichigo y saber que no podía visitarlo con la regularidad de antes le debía afectar, sobretodo en estas fechas.

-Rukia-chan -Rangiku la tomaba por el brazo arrastrándola lejos de Isane -Ven a beber algo… Iba ya se retira y me quedo sin gente para jugar.

Mala, mala idea. No supo como, pero terminó jugando con Rangiku, Hisagi y luego se sumaron Renji y Kira. Era un juego realmente tonto, debían seguir una secuencia de un tema y quien repetía una palabra debía beber su vaso sin dejar una gota.

-Vamos… nombres de frutas cítricas -dijo Rangiku -Como pomelo -miró a su derecha.

-Naranja -dijo Rukia

-Limón -habló Renji.

-Lima -agregó Hisagi.

-Mandarina -concluyó Kira cerrando el círculo.

-Kiwi -retomó Rangiku.

Era el turno de Rukia, todos la miraban con atención. La tenía difícil.

-5, 4, 3, 2, 1 -contó Rangiku -Bébete esa copa de una sola vez, Kuchiki-san.

Rukia tomó el vaso con reticencia y se lo empinó de una sola vez. El alcohol le quemó la garganta hasta el estómago. Sacó la lengua en gesto se desagrado al tiempo que dejaba nuevamente el vaso sobre la mesa. Rangiku lo rellenó listo para la próxima víctima.

Ya luego de haber perdido unas cuantas veces estaba lo suficientemente alegre como que se entusiasmara con otra ronda del tonto juego. Cuando Renji quiso retirarse, Rukia insistió en quedarse, se iría donde Momo. El grupo empezó a disgregarse y estaba tan concentrada en su juego que no notó cuando solo quedaban Rangiku, Hisagi y ella… además del chico ebrio junto al parlante.

-Hora de irme -se levantó algo más repuesta de la bebida.

-Dejaré a ese pobre durmiendo ahí -comentó Rangiku poniéndose de pie -Todos a dormir…

Rukia pudo notar que Hisagi no tenía intensiones de retirarse, sino más bien dilatar la estancia para ver si esta vez sí tenía suerte con la rubia. La dueña de casa le hizo un gesto a la morena quien captó de inmediato la sutileza.

-Hisagi-san, ¿te molestaría encaminarme a casa? Estoy algo mareada

Precisa. Un tipo correcto como él jamás se negaría a ayudar a una colega, por mucho que muriera de ganas por jugarse la suerte una vez más… o antes de terminar semidesnudo en el salón haciendo lo que Rangiku le pidiese… todo menos lo que le interesaba.

-Claro, vamos

Emprendieron rumbo a la mansión Kuchiki, ninguno de los dos hablaba. Podían escuchar a la gente que aún celebraba en las calles y casas. Faltaba para el amanecer y eso se sentía en todo el seireitei.

-Fue una buena noche -comentó finalmente Hisagi -¿Lo pasaste bien? No te veías muy animada

-Me divertí -repuso -Pero no deja de ser extraño… estar lejos de Ichigo -no supo porqué fue tan honesta, debían ser las cantidades colosales de alcohol en sus venas.

Hisagi asintió.

-¿Tan cerca pero tan lejos?

-Tampoco es tan lejos -dijo Rukia -Pero entiendo a lo que vas. A veces me parece bastante cruel, jugar con dos personas cuyos tiempos están desfasados y unirlos a la fuerza.

-A mí me parece romántico -reflexionó el moreno -Dos personas destinadas a encontrarse, pero que no se encuentran en la misma dimensión… ansiando el tiempo para verse sabiendo que es contado y que la eternidad de los años cae sobre ellos. Esperando la muerte para poder finalmente estar juntos...

-Si lo planteas así, suena muy romántico -suspiró -Pero el asunto no es así… No tiene nada de romántico o al menos así no

Hisagi asintió mirando al frente pensativo.

-Sé que no tenías intención de acompañarme -dejó caer Rukia.

-¿Ah? -salió de su ensoñación -No, digo, claro que no te dejaría sola… -la miró de reojo -Aunque sé perfectamente que frente a cualquier eventualidad podrías enfrentarte y salir victoriosa. Por lo que me huele a gato encerrado… -Rukia se volteó a verlo -No soy tan tonto, Kuchiki-san. Aunque lo disimulo bien -le sonrió -No hay peor distancia que la que no se puede medir porque aquella persona no deja de huirte. Una distancia virtual…

-Eso también es romántico

-Trágico si me preguntas -dijo sobreactuado.

Ella rio suave.

-Me refiero a luchar por una persona e insistir. Aun cuando sabes que no te corresponden, no perder la esperanza…

-Tampoco la pierdas -le sonrió -La esperanza es lo último que se pierde, sin ella la existencia carece de sentido. Y me refiero a todo tipo de esperanza… esperar por lo que deseas de corazón -hizo una pausa -¿Qué esperas de corazón, Kuchiki-san?

-Que Ichigo viva, una vida real… la vida que yo no puedo vivir -dijo sincera -¿Y tú?

-Vivir esta no-vida intensamente, sin pensar en mañana, sin angustias, sin temores, disfrutando las oportunidades

-Pensé que me hablarías de Rangiku

-Lo hago, metafóricamente

Rukia lo miró un instante y suspiró.

-Quien lo diría -interrumpió el silencio, él se la quedó mirando -Hablando de corazones esperanzados y medio rotos. Te mato si le dices a alguien -iba en serio, pero él se rio -En serio, Hisagi-san, no suelo sostener este tipo de conversación

-A veces es necesario

-Supongo…

Siguieron caminando en silencio. Él parecía muy concentrado en el camino, tal vez aun pensando en las palabras que habían compartido. Rukia rompió el silencio:

-¿Por qué me mirabas antes? -le preguntó directamente. Él pareció sorprendido e intrigado -Durante los fuegos…

-No sé, ¿acaso no puedo mirar a una linda colega? -logró que se sonrojara -Y ya que lo mencionas hacías lo mismo conmigo

-Claro, me sentía observada… y gracias por el cumplido

Él asintió.

-Tú también me pareces atractivo -reconoció, la sinceridad de los residuos de alcohol en sus venas habló por ella otra vez.

De pronto Hisagi se detuvo.

-Kuchiki-san -ella volteó a verlo -¿Alguna vez has hecho algo totalmente idiota e impulsivo?

-Podría nombrar un par -dijo pensativa.

Pero antes que siquiera pudiese relatar dichos incidentes se vio acallada por la boca de su colega sobre la propia. Un segundo de bloqueo para luego apartarlo de un empujón y darle una bofetada que le dio vuelta la cara.

Se lo quedó mirando con furia, esa que nace de las vísceras e invade cada espacio de su cuerpo. Él solo se llevó la mano a la mejilla sabiendo que lo merecía. Sin embargo ninguno de los dos cedía al contacto visual ni retomaba la marcha o huía.

De pronto Rukia lo tomó por la yukata, Hisagi pensó que lo golpearía, pero se sorprendió cuando se vio obligado a inclinarse y Kuchiki lo besaba. Fue fugaz, unos segundos. Lo soltó volvió a empujarlo y le dio por la otra mejilla.

Nuevamente el cruce de miradas. Sin coordinarlo él la tomó por los brazos y ella volvió a tomarlo de la yukata. No fue dulce, no fue romántico ni idílico. Acortaron las distancias y se besaron furiosamente. Las manos de Rukia subieron por el pecho de su colega hasta rodearlo por el cuello, lo sintió agacharse y luego sus manos bajo los muslos. Se vio alzada con facilidad del suelo, lo rodeó con las piernas para asirse a su cintura. La apegó con un muro mientras seguía robándole el aliento. Pronto abandonó su boca para besarle el cuello provocando una serie de escalofríos, de los agradables. Ella se apegó más apretando sus piernas.

Lo siguiente no se hizo esperar.

-Vamos a mi habitación -le propuso Hisagi.

Y contrario a lo que se esperaría de ella, respondió:

-Vamos

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Oh, Rukia, ¿qué has hecho? El alcohol es un mal consejero y te acabas de meter en graves problemas… O quizás no tanto jeje.

No espero muchas lecturas ni reviews en esta historia, porque no es un pairing popular. ¡Pero qué diablos! Me entretengo un mundo escribiendo de ellos y no sé porqué.

Ahora a seguir uniendo los trozos repartidos e todo un enorme documento… ¿a alguien más le pasa que escribe como salgan las ideas y luego tiene que organizar todo? Es estresante un poco.