Wow, no me esperaba esta recepción. Gracias, me alegra que les guste. Y justo cuando me dije "hay que subir este fic" tal vez pueda actualizar el finde… ¡comienza la toma universitaria! ¡Arriba la revolución, arriba los fics! Suerte la mía, con este tiempo libre…

Acá va, entonces, para los que shippean este crack-pairing y a las hisagi-lovers jajaja. A leer!

.

El ruido de remover las mamparas de madera la había sacado del sueño, la luz inundó la habitación. Se incorporó y miró a su colega dormía quien profundamente a su lado. Tan profundo que roncaba suave y babeaba la almohada. No era la imagen del despertar post noche alocada que salía en las películas o series que Momo la obligaba a ver -bueno, la obligaba a ver en un comienzo-. Ella misma olía ácido, una mezcla entre sudor, sake y un aroma dulzón -quizás- y penetrante.

He allí la muestra que la tele mentía, Ichigo siempre lo decía: "Enana, cuando algo se ve genial, no lo es en la vida real". Claro que se refería los documentales de la vida salvaje sobre la isla de los conejos. Suspiró. Claramente no era lo ideal recordar a su amigo pelinaranja cuando viene despertando de una noche de borrachera desnuda al lado de uno de sus colegas.

¿Cómo pudo hacer algo así? Las imágenes de aquel evento pasaron por su mente como una avalancha. Producto del alcohol las escenas las recordaba entrecortadas. No recordaba haber estado tan ebria como para que su memoria sufriera esos vacíos. Trató de ordenarlo.

Primero, en una jugarreta tonta termina besándose con Hisagi en un callejón del seireitei camino a su casa. Fue en ese momento donde tuvo la oportunidad de detener esa locura. Justo cuando él le propuso venir a su habitación, ese era el momento de haberlo dejado todo en un besuqueo inocentón… bueno, un besuqueo algo subidito de tono. Debió decir que no, hacerlo a un lado y partir sola a su casa.

Pero no lo hizo. Muy por el contrario, recordaba haber sido guiada por las calles hasta llegar a las barracas de la novena división y buscar la manera de no encontrarse con ningún shinigami en ronda. Recordaba también haberse reído cuando casi uno los descubre y tuvieron que tirarse al suelo en una zona con el pasto algo más crecido de lo normal. Es entonces cuando tuvo la segunda oportunidad de detener todo, cuando ingresó a su habitación, en ese microsegundo en que sus miradas se cruzaron ya sin la risa del haberse escabullido de los rondines. En ese momento debió decirle que no, y salir de las dependencias de la novena. Pero por el contrario, recordó haber sido ella quien se le lanzó encima. Se cubrió el rostro con las manos. ¡Qué vergüenza!

Hubo un último momento, estando tendida en el futón, él sobre ella… La desnudez, el roce de sus sexos, esa fracción de segundo en que él la miró como si le estuviese preguntando si debía continuar. La respuesta en su nublada mente era solo una: sí. Lo quería, lo deseaba, estaba fuera de sí. Subió una mano a la nuca de su colega y alzó levemente el rostro para besarlo. Luego de eso, ese dolor en su intimidad al verse penetrada. Pero no más terrible que un golpe en batalla, no tuvo reacción a ello, su umbral del dolor era más alto.

Cualquier oportunidad de evitar aquello se desvanecía entre jadeos, gemidos y un par de gritos contenidos. No quiso seguir recordando más ni buscando instantes cuando pudo evitarlo. Estaba hecho.

Se puso de pie y se vistió en tiempo record, acomodó su cabello y salió veloz rumbo a su casa.

Se había vuelto loca, eso seguro. El alcohol y la nostalgia la habían llevado por mal camino. Ella no hacía esas cosas, claro que no. Ella estaba por sobre esas cosas. Había sido un momento de debilidad…

Las 7.20 eran cuando ingresó a la mansión Kuchiki. Pensó hacerlo por la puerta de servicio, pero aquello levantaría sospechas en Nii-sama. Prefirió hacerlo de la manera regular, siempre podía apelar que había extendido la fiesta donde Rangiku.

Pero nadie la esperaba con rictus severo. Pasó directo al baño. Se desprendió de su ropa y se rodeó con una toalla mientras esperaba que la tina se llenara. Pasaba los dedos por el agua mientras volvía a repetir las imágenes en su cabeza, las imágenes y las sensaciones. ¡Qué vergüenza! ¿Cómo podría mirarlo a la cara?

En cuanto el agua estuvo a la altura que deseaba cortó el agua y se introdujo sumergiéndose cuanto pudo. Abrió los ojos bajo el agua y soltó suavemente el aliento que burbujeó hacia la superficie. Le gustaba quedarse un momento sin aire bajo el agua, le parecía un instante íntimo que bordeaba la tortura y la placidez. Salió fuera y se quedó mirando a la nada con su mente en las escenas de hace pocas horas otra vez… no podía detener ese vómito mental.

Nunca pensó que un acto tan sucio pudiera sentirse tan jodidamente bien. Sin notarlo siquiera había llevado una de sus manos en un recorrido lento hasta su pecho. Se tocó tratando de reproducir lo mismo… Bajó la vista y deslizó la mano hasta su abdomen. Su tacto no le traía la misma sensación que había tenido con él, supuso que en sus propios movimientos no había sorpresa, que se distraía con la sensación de su piel contra la palma sin poder sentir la palma contra la piel que era lo que buscaba.

Anoche había conocido sensaciones intensas que no sabía que en su cuerpo pudieran suceder. Bajó su mano más al sur hasta perderse en su entrepierna como su colega lo había hecho. Se tocó concentrándose en los puntos que había reconocido como satisfactorios, del modo que se sintiera más intenso y confortable. Echó la cabeza atrás cuando comenzó a revivir aquel placer que había sentido. Siguió adelante sin variar el ritmo alcanzando esa misma electricidad en todo el cuerpo, la tensión en cada músculo, el ahogo y la mente en blanco. Un gemido escapó de entre sus labios seguido de una espiración temblorosa. Su respiración se había vuelto superficial y sentía el corazón latirle con fuerza… similar, solo similar.

Subió la mano hasta su cadera y la apretó buscando el mismo tipo de agarre que había sufrido. Pero sus manos eran muy pequeñas y la sensación no era la misma. Por una milésima de segundo quiso volver a sentir lo mismo, pero detuvo aquello con rapidez. ¿En qué estaba pensando? Había sido el error más grande que había cometido jamás. ¿En qué momento accedió a ello? ¿Dónde estuvo su mente en ese instante? Pero solo pudo responderse que no tuvo la voluntad. No, no la tuvo y tenía que ser honesta. De alguna forma en ese momento tuvo sentido, de alguna forma deseó volver a sentir lo mismo.

-¿Qué mierda me está pasando? -murmuró llevándose las manos al cabello.

Durante el resto del día, en la soledad de su habitación ponía en orden sus pensamientos. No era de las que huía a las situaciones… bueno, quizás a algunas, pero a esta no podía hacerle el quite.

-No me arrepiento -se dijo -No lo hago.

Y era verdad. Había sido impulsivo y animal, pero no se arrepentía. Debería hacer como si nada hubiese ocurrido, aunque había despertado en ella múltiples sensaciones… sensaciones que quería repetir… unas que intentó repetir durante los dos días que tuvo de franco.

Nada cambiaría entre los dos. Era cosa de hacer como que no hubiese ocurrido… nunca. ¡Pero eso era imposible cuando buscaba revivir aquello cada noche! No, no estaba enamorada, no era una niña, aquello hubiese sido absurdo… digno de un shoujo. Solo debía reconocer que trataba de revivir cada toque, cada caricia… se había obsesionado con ello.

.

La luz se colaba desde fuera, habían ya retirado las mamparas de madera. Debía ser tarde. Se llevó las manos a la cara y se frotó con poca delicadeza para desperezarse. Abrió los ojos y miró a su lado. Su compañera se había retirado sigilosamente. Podía entenderla, la situación había sido de lo más extraña.

Aún podía sentir su olor pegado a su piel. Había sido una amante bastante tímida, debía reconocer. Muy por el contrario de lo que se esperaría de alguien con su carácter. Recordaba como se cubrió al verse desnuda, como la sintió temblar bajo su tacto, como parecía sorprenderse de cada caricia… Sus gemidos, por Dios. Solo recordarlo lo ponía otra vez. Sus pequeñas manos aferrándose a su espalda…

Una ducha fría eso era lo que necesitaba. Se puso de pie y tomando una toalla la anudó a su cintura. Sacudió el futón antes de disponerse a doblarlo y llevarlo a lavar. Una mancha llamó su atención y alzó al futón para examinarlo. Su rostro cambió en un segundo… no, ella no estaba con el período…

-Por la puta madre…

Había desvirgado a Rukia Kuchiki. Con una mierda… ahora todo cobraba sentido… todo. Era una bestia. ¿Cómo no lo notó? ¿Por qué ella no dijo nada? Claro, estaba borracha… Se sentó en el suelo… se sentía miserable. Ni siquiera la trató con afecto, la folló como un animal. No tuvo tacto alguno con ella, había sido algo impulsivo, mero instinto. ¿Cómo no supo ver las señales? Claro, él también estaba medio ebrio. ¿Cómo? ¿Cómo no pudo verlo? ¿Por qué ella no lo detuvo? ¿Por qué se dejó desnudar con esa liviandad? ¿Por qué se dejó tocar de esa manera? ¿Por qué? ¿Por qué no lo detuvo? Él no era un monstruo, se hubiera detenido si se lo hubiese pedido. Pero no lo hizo… No lo hizo…

Se puso de pie bruscamente y tomó el futón para salir de la habitación golpeando la puerta al salir. No, no estaba enfadado con ella, lo estaba con él mismo. Maldito idiota, descriteriado, caliente de mierda.

Llegó al baño y en el lavamanos intentó quitar aquella mancha. Estaba tan avergonzado, se sentía horriblemente culpable. Él no era de esos… solo… solo…

-Soy un maldito animal… -murmuró frotando jabón contra la mancha -Idiota

Debía hablar con ella, debía disculparse… aunque sabía que ello no remediaría nada. Absolutamente nada. ¡Debía estar tan arrepentida! Dejarse arrastrar así… Tenía que hablar con ella… ¿Pero cómo disculparse frente algo así?

Maldita mancha que no salía. Enrolló el futón y lo dejó en el lavamanos frustrado. Compraría otro. Echó a correr la ducha y tiró la toalla al suelo bruscamente. Se odiaba en ese momento.

.

Primer día de servicio para Rukia luego de año nuevo. Aun no era la hora de comenzar la jornada, pero le gusta llegar temprano, y al parecer, a alguien más que golpeó su puerta. Se dirigió a abrirla, no menor fue su sorpresa al encontrarse frente a frente con el causante de sus dos últimas noches de placer solitario.

-¿Podemos hablar? -le dijo y ella le hizo una seña para que tomara asiento -Es sobre lo de año nuevo

-No estoy arrepentida, no voy a quitarte el habla y tampoco estoy enamorada de ti -le lanzó como metralleta, el discurso aprendido todo el fin de semana -Verás, Hisagi-san… No soy una niña, no me arrepiento y fue divertido.

Aquello le quitó en algo la culpa. Sin duda había sido divertido o, al menos él lo había pasado bien. Lo tranquilizó saber que ella lo había disfrutado también.

-Bueno, sí… estuvo bien, ¿no? -se rascó la nuca algo nervioso aún, ella asintió. -Y después de eso el honorífico está demás

Rukia se sentó en la mesa, sus manos en el canto de la madera. Una postura despreocupada.

-Hisagi… -dijo con tono calmado -Te insisto que no me arrepiento… De hecho -caminó hasta la puerta y la trancó -Creo que deberíamos repetirlo.

¿Qué?

Silencio. Vamos por partes. Hasta hace tres días jamás había visto a Kuchiki de otra manera que no fuera una colega prácticamente invisible en el Gotei; segundo, en un arranque de locura/impulsividad/descriterio/despecho/calentura habían terminado en su cuarto revolcándose como condenados; y ahora…

-Si me permites ser sincera… no he podido sacármelo de la cabeza… -se acercó a él -No quiero ser tu novia, no me malentiendas… solo quiero volver a hacerlo sin estar medio ebria… Quiero saber si es tan… tan intenso como lo recuerdo -él la miraba sin reacción -Bueno… a menos que tú no quieras -bajó la vista.

-Yo… -dijo dubitativo -Yo… este… bueno…

No era que no quisiera, era un hombre después de todo y no todos los días una colega víctima de sus bajos instintos le hacía una propuesta así… Bueno, nunca se había involucrado con una colega -las aventuras fuera del seireitei, le había escuchado en sus tiempos de recluta a un oficial- Y de sus escasos amoríos de una noche ninguno había dado para más que eso. Bueno, salvo una chica que lo cortó al mes diciéndole que le gustaba más un oficial de la primera división… Sí, había andado con ambos al mismo tiempo. En fin… No era que no quisiera…

Rukia soltó un bufido ante el silencio de su colega. Claro que no querría repetirlo… ¿para qué? Debió ser sosa y aburrida. Y, para qué engañarse, no tenía los atributos que llamarían la atención de un hombre…

-Disculpa… fue una propuesta absurda -lo miró de soslayo -Dejémoslo así

Dio un par de pasos para alejarse y volver a su silla, pero se vio detenida por la muñeca. Situación que duró un segundo para ser tomada por la cintura y sentada en el escritorio.

-¿Estás segura de lo que me estás proponiendo? -preguntó aún sin creérselo del todo, no en tono dramático ni serio… más bien parecía un niño frente a una dulcería y con dinero a disposición para comprar lo que quisiera.

-No me gusta repetir las cosas, Hisagi -frunció el ceño -Me escuchaste claramente

-Sí, lo hice -afirmó aún incrédulo -¿Estás segura, Kuchiki? -insistió -¿Cien por ciento segura?

-Siempre hay un porcentaje que no está muy de acuerdo con mis decisiones -separó las piernas y lo tomó del antebrazo para acercarlo a ella -Pero dejémoslo en un 75%

-¿Y qué dice ese 25%? -preguntó acomodándose entre sus piernas.

-¿No quieres saber que dice el 75% mejor?

-Prefiero escuchar lo malo primero -reflexionó en tono liviano -Como con las noticias…

-Sí, también yo -le sonrió sin saber muy bien porqué, pero le causó gracia -Bueno, ese 25% dice que si lo repetimos no va a ser tan bueno como lo recuerdo y que mejor lo deje así.

-¿Y el 75%?

-Quiero que me lo hagas hasta que quede bruta

No necesitó más argumentos, no más que esa mirada maliciosa de Kuchiki cuando articuló esas palabras. La besó ansioso y la escuchó reír a contra boca, una risa nerviosa que fue reemplazada por un suave gemido cuando lo sintió tocarla sobre la ropa.

-Vamos a hacer esto rápido -le dijo al oído abandonando su boca.

Bajó sus manos al obi de su compañera y metió sus manos bajo la tela para quitarle los pantalones y la ropa interior de una sola vez, ella se movió para permitirle el movimiento. La tomó por las piernas para acercarla al borde del escritorio, se puso de rodillas en el suelo hundió la cara entre las piernas de la morena probando su intimidad. Ella arqueó la espalda y soltó un gemido… esto él no lo había hecho la última vez… y le gustó. ¿Le gusto? Con una mierda, le encantaba.

La escuchaba gemir y eso lo volvía aun más ávido de ella. Podía distinguir algunos movimientos de sus caderas buscando mayor placer, aquello no mejoraba las cosas… valga decir para su mente que trataba, en vano, volver a tomar el control de la situación.

Le metió un dedo, ella volvió a gemir, esta vez más intenso. Un segundo dedo se coló dentro mientras no detenía su boca. La respiración se le volvía rápida y podía sentir su interior apretarse contra sus dedos.

-Córrete para mí, guapa -le dijo

Justo cuando Rukia sentía que esa sensación la invadía por completo sintiendo tensarse cada parte de su cuerpo, él se detuvo abruptamente dejándola con la sensación congelada. Lo que duró un instante antes de sentirlo dentro de ella guiando el ritmo con las manos en sus caderas.

Buena jugada, fue lo que alcanzó a escuchar en su cabeza la menuda morena antes de volver a sentir esa sensación con la misma intensidad de antes y, de hecho, mucho más sensible que hasta hace un segundo atrás.

Sus gemidos se volvían más intensos y sonoros. A ninguno le importaba si eran escuchados, en ese momento solo estaban demasiado concentrados en sus instintos. Cuando la sintió estrecharse y tensarse supo que ella estaba lista para aumentar el ritmo. Solo escuchó una especie de grito ahogado mientras se volvía un maldito animal follándola como enfermo. La sintió relajarse.

-Hazlo intencional y puede que tengas otro -gruñó y ella obedeció, esta vez concientizando cada estrechamiento, eran costoso, pero le agarraba el ritmo. Hisagi tenía razón, pronto volvió a sentir aquella deliciosa sensación. Él aceleró aun más, dejó escapar una especie de hondo y grave suspiro. Ella gimió suave, no fue tan intenso como el primero, pero se sintió rico.

-Dame… dos… segundos -jadeó el moreno

Rukia recobraba el aliento, poco le importaba si seguía dentro de ella un rato más. Aquello se sentía extrañamente bien. De pronto ambos se miraron a los ojos, y se rieron, suave como si hubiesen hecho alguna travesura. Él se retiró de ella y se subió los pantalones. Rukia se incorporó y se cerró el uniforme. Se bajó del escritorio, él le alcanzó la ropa y terminó de vestirse.

-Esto es un desastre -comentó ella viendo todo lo del escritorio regado por el piso.

-Ve al baño, yo me encargo -le dijo como si fuese lo más natural del mundo.

Rukia no se negó y aceptó la sugerencia antes que sintiera sus muslos seguirse humedeciendo. Salió de la oficina. El teniente recogió los papeles, lápices, hasta la taza del terminado café.

Tocaron a la puerta y llevando los papeles en la mano abrió para encontrarse con el comandante.

-Hisagi-kun, alguien a quien no esperaría encontrar aquí. ¿Y Rukia-chan?

-Debe estar por regresar -respondió sin dar explicaciones.

-Ya veo… y tú estabas…

-Buscando un informe que me pidió revisara -dijo con naturalidad terminando de agrupar las hojas sobre la mesa.

El comandante se sonrió pícaro.

-Abre las ventanas, muchacho, apesta a sexo

-¿Perdón? -exclamó entre sorprendido y avergonzado

-No te hagas el bobo -rio -Informes. ¡Tan ingenuo! -siguió riendo con malicia al ver el rostro lívido del teniente -Mejor dime dónde puedo sentarme…

-Donde quiera -respondió desviando la mirada avergonzado -Solo… no se apoye en el escritorio…

El comandante de sonrió divertido y lo palmoteó en la espalda a modo de aprobación.

-Adoro la juventud, lástima que se pase tan rápido. Procura disfrutarla.

Rukia volvía a ingresar a la oficina para fijarse que el comandante estaba sentado frente a su escritorio y Hisagi parecía congelado mirándolo, las ventanas abiertas. La teniente volvió a su lugar.

-A qué debo esta visita -saludó la chica de buen ánimo -Comandante

-Un tema algo delicado… -miró al teniente -Si nos permites, Hisagi-kun

Hisagi asintió y se retiró de la oficina. Se descubrió silbando una alegre melodía, caminando por el Gotei como si fuera el dueño del lugar. Llegando a su oficina escuchó a Mashiro gritando algo con su usual descontrol. Abrió la puerta y la encontró chillando algo contra un formulario. La mujer alzó la mirada.

-¿Dónde estabas? Llegó este horrible informe -lo tomó y lo batió en el aire -Y no entiendo nada de él.

-Dámelo -le extendió la mano y ella le entregó el documento, pasó a sentarse cantando en voz baja.

-¿De buen humor? -preguntó Mashiro curiosa.

-Siempre tengo buen humor -la miró por el rabillo del ojo -Es alguien más quien suele tener malas pulgas

-Y bromista -masculló. Él se concentró en el informe sin dejar de repetir la misma canción una y otra vez. -Vuelve a tararear eso y me voy de esta oficina

-Es una sociedad libre, Kuna-san

-Insoportable -bufó y se puso de pie -Le diré a Kensei lo que me dijiste -hizo un puchero y salió de la oficina.

La vio salir y se alzó de hombros despreocupado. Nada podría cambiar su buen humor, ni la loca de Mashiro, ni el capitán Muguruma, ni nadie. Se sonrió como idiota.

-Kuchiki me desea -se recargó en el respaldo y cruzó sus manos a la altura de la nuca -Soy el puto amo

Unas cuantas divisiones más allá, Rukia tarareaba una melodía mientras jugaba con un lápiz entre sus dedos. Sus ojos pasaban por las líneas del formulario de designación de shinigami de zona.

-¿A quién envío? -preguntó en voz alta -Es lejos… es un sector movido…

Tocaron a la puerta y Kiyone ingresó a la oficina con cara de dilema. Se dejó caer en la silla ante la mirada de su teniente.

-Sentaro no entiende que debe despejar la oficina de esos informes antiguos.

-Creí habérselo dicho ayer

-Aún no acata -bufó con evidente molestia -No hay donde poner otro documento.

-Seguro no es tan terrible -le sonrió amigable -Pero si necesitas que hable con él otra vez no hay problema

Kiyone la observó al tiempo que la teniente volvía a su trabajo siguiendo una melodía en silencio haciendo un sonido como "hum-hum". Usualmente hubiera fruncido el ceño, llamado a Sentaro y lo hubiese regañado. Kiyone se hubiera reído y burlado de él el resto del día.

-Rukia-chan

-¿Sí? -preguntó levantando la vista del formulario -¿Te parece que envíe a Fukuda a Saporo?

-Fukuda está en Osaka… lo enviaste ayer…

-Cierto -dijo con voz tranquila -Disculpa, estoy algo distraída.

-¿Te sientes bien?

-Sí -respondió con seguridad. Perfectamente bien.

Kiyone salió de la oficina. Rukia se recargó en el respaldo y miró al techo. Se sentía bien, se sentía guapa, se sentía deseada, se sentía sexy.

-Si supieran sus fanáticas de la novena -se rio pícara -Si supieran

.

Pues bien, travesura realizada. ¿Qué sucederá ahora? Este juego está recién comenzando.

Tengo una duda para las más expertas. ¿Al final de los diálogos va punto? Digo, cuando el diálogo no termina en descripción. Si me sacan de esa duda seré feliz.

Nos leemos más temprano que tarde… a seguir ordenando este fic. Qué lindo era cuando tenía a la musa…

P.D.: me siento un pelín pervertida jajaja